Aclaraciones del capitulo:

Aclaración; este fic no es mío, no es de mi propiedad, yo nunca lo escribí,….solo soy una tipeja que se encarga de traducir, esta gran creación es de asashouryuu , y puedes encontrarlo en su idioma original en este vinculoà http://www(punto)fanfiction(punto)net/s/2922292/1/

Sean advertidos del SasuNaru

ESTO ES LO QUE ESCRIBE LA AUTORA AL FINAL, LEANLO UNA VEZ LEÍDO EL CAP…CONTIENE SPOILER DEL FIC XD: Esto fue todo lo que pude hacer. Sé que este es el capítulo más largo de la historia y todo porque no sé cuando cortar el capítulo. Espero que su tamaño no les diera un dolor de cabeza o hiciera doler sus ojos.

Kouhai significa junior y senpai categoría más alta.


Capítulo XXXVI: Por su cuenta

Yuuzuki se deslizó hacia la habitación de Akemi, silenciosa y ligeramente como una aparición. Incluso en la oscuridad que envolvía el corredor y el cuarto, no necesitaba su sharingan para que lo guiase hacia la cama de su hermano. Conocía el camino como la palma de su mano. Cuando llegó a su destino, observó la durmiente figura de su estúpido hermano, entonces sonrió con satisfacción. Su hermano no se había cambiado lo que le facilitaba las cosas. En un segundo, un kunai brilló con la leve luz lunar que fluía a través de la ventana a la vez que el arma se cernía sobre el pequeño muchacho. Y como la luz de un relámpago, cortó a través del aire, mortal y precisa, mientras se movía hacia su único objetivo — el corazón de Akemi —.

Yuuzuki resopló cuando su arma perforó la cama, la que ahora se encontraba desocupada. Su sonrisa se amplió cuando sintió la presencia de su hermano tras de él. Levantó su brazo derecho para bloquear el golpe entrante. Desafortunadamente, no notó el kunai que venía de su izquierda hasta que fue demasiado tarde, haciendo que se hiciese a un lado. Se movió tan rápido que a los ojos de una persona normal él había desaparecido.

"Impresionante", dijo a la vez que se ponía de pie junto a la ventana, su mirada clavada en la de su hermano. "Pero deberías moverte más rápido", continuó y movió la cabeza significativamente hacia el rasgón del cuello de la camisa.

"Es mi camisa favorita", siseo molesto Akemi.

"Más razón para que te muevas rápido".

El menor de los muchachos se sentó al borde de su cama, estudiando silenciosamente su hermano mayor quien estaba inclinado contra el muro. "¿Qué haces a esta hora en mi pieza?"

"Entrenarte, por supuesto", fue la melodiosa respuesta.

"Pero tienes una misión, estúpido".

Yuuzuki sonrió, "si, dentro de tres horas".

Akemi miró el reloj de su velador y gruñó, "todavía son las 2:30 a.m".

"Si, lo sé".

¿Su aniki tenía que ser tan insufriblemente calmado? Ni los idiotas entrenarían tan temprano como a las 2:30 por amor a Dios, al menos… Esta vez fue Akemi quien sonrió. "Simplemente estas emocionado por la misión como para poder dormir unas cuantas horas más".

Sabía que había adivinado, si es que la avergonzada sonrisa de superioridad del niño mayor era alguna indicación. "Ese es el porqué he decidido supervisar tu entrenamiento como cualquier día".


Nerviosismo y excitación.

Estas eran las emociones que rebullían en el equipo de Yuuzuki. Pero tales sentimientos eran comunes entre ninjas cuando eran emparejados con el mejor y más exitoso equipo ANBU — el equipo de Sasuke — otra razón por la que el joven capitán ANBU se sentía presionado a actuar bien. A pesar de que su otousan lo hubiese elogiado por sus logros y había oído sus cortos, pero precisos relatos de sus batallas durante las misiones; esta sería la primera vez que su padre lo vería operar al igual que la primera vez que sus equipos colaborarían en conjunto en una misión de rescate y asesinato.

Las personas que les habían ordenado aniquilar eran aquello que había secuestrado un grupo conformado por dos jounins y dos chuunins. Sabían el porqué del secuestro — recolección de información —. Desafortunadamente para los secuestradores, esos ninjas habían estado bajo el cargo de Ibiki por tres años, y anualmente habían pedido simulaciones de esta clase de situaciones, y ¿quién estaba más cualificado para realizar simulaciones que el mismísimo Ibiki? No había hombre sobre la tierra que fuera más cruel que Ibiki y ninguna tortura más efectiva que la suya. Estaban seguros de que sus camaradas no divulgarían información alguna, pero eso no significaba que podían retrasar la misión. Cada segundo contaba porque sabían que un hombre que permanecía en silencio, incluso mientras era torturado, era tan bueno como un cadáver.

Lamentablemente, lo que les dio la bienvenida fueron los grotescos cadáveres de quienes debían rescatar. Yuuzuki se acuclillo y tocó el charco de sangre. "Todavía esta tibia", anunció en el pesado silencio que colgaba en la atmósfera, mientras comprendían que habían llegado demasiado tarde. "Por la forma en que fueron asesinados, está claro que esos idiotas estaban molestos", comentó Ken.

Siendo el líder del grupo, Sasuke fríamente ordenó a nadie en particular, "dispongan sus cuerpos apropiadamente. El resto seguirá a los enemigos. Estoy seguro de que no están lejos aún".

La misión de rescate había fallado pero la de aniquilación era otra historia. Completarían la segunda parte de la orden en venganza a sus camaradas caídos. Sin embargo, no necesitaban perseguirlos, no cuando una lluvia de flechas ardientes caía sobre ellos. Como es esperado de los miembros ANBU, sus reflejos fueron rápidos y sus movimientos tan suaves como la seda, mientras esquivaban las flechas. Ahora estaban comprometidos en una lucha contra unos notorios ninjas que sobrevivían en el salvajismo. Armas contra armas poniéndose en contacto, produciendo estridentes sonidos en el proceso; ninjutsu versus ninjutsu, cada técnica ardiendo en chakra y taijutsu versus taijutsu, sólidos golpes mientras extremidades hacían contacto con demasiada fuerza.

A pesar de toda la habilidad, poder e inteligencia que Yuuzuki tenía, aún le faltaba algo —mucha experiencia —, el factor más decisivo en el campo de batalla. Comparado con otros, la cantidad de experiencia que él tenía era mínima. Así que no fue una sorpresa cuando el chico se encontró asimismo arrinconado por sus oponentes. Fácilmente contuvo su pánico y observó en anticipación con su Sharingan el ataque que estaría por venir.

Se movieron y los músculos de Yuuuzuki se tensaron, listo para bloquear cualquier ataque mientras el entregaba el suyo. Como un relámpago, comprendió, mientras sentía la tierra bajo él temblar — el ataque real sería desde abajo —. Saltó un segundo antes de que las manos emergiesen del suelo. En el aire, el muchacho observó aliviado mientras sus manos se movían rápidamente haciendo su ataque común — la danza del zorro de fuego —. Podía sentir la prisa de su chakra — caliente y poderoso como una real llama —. Sólo un sello más y todo terminaría, al menos para sus oponentes.

El instinto y su afilada intuición hicieron que mirase hacia arriba y sus ojos rojos se dilataron de sorpresa cuando vio a un enemigo con cara de sapo posesionando un ataque que caería sobre él.

¿Cómo demonios…?

No fue capaz de terminar la pregunta mientras la respuesta inmediatamente surgía en su cabeza.

Ocultamiento de chakra.

Y el hombre lo hizo también, únicamente los ninjas más experimentados y observadores lo detectaban y desafortunadamente, Yuuzuki, aún no estaba en ese nivel y ciertamente no lo estaría, porque iba a morir en ese momento y en ese lugar. Con su cuerpo congelado y su mente ya pagándose, lo vio como un distante observador, mientras todo a su alrededor se movía lentamente.

A la vez que su enemigo se acercaba, su cuerpo se preparó para recibir el impacto de la espada y el dolor que vendría con él, mientras los recuerdos de cuando fue rescatado de sus secuestradores por sus padres fluían en su mente, burlándose. Pero sabía que esta vez nadie lo salvaría — su otousan y el resto del grupo tenían sus manos llenas y estaban bastante lejos de él, y su chichiue estaba tras el escritorio de Hokage —, pero no le importaba. Había aceptado su muerte, no tenía otra opción y no se iba a amargar por eso. Su experiencia le había enseñado que el débil siempre perecía ante el fuerte. Él era débil. Ese fue su último pensamiento antes de que todo lo que viera fuese sangre fluyendo libremente como una cascada.

Soy débil.


Antes de que el equipo de Yuuzuki se separara del de Sasuke luego de regresar a la mañana siguiente, el capitán pelinegro colocó su mano sobre el capitán más joven y dijo, "no te preocupes por lo que paso."

Y gracias a su máscara, su padre no notó el ceño que estropeaba su cara. ¿Cómo no le podía preocupar? Pero en vez de decir lo que quería, se quedo con 'gracias' porque en ese momento no eran padre e hijo, sino senpai y kouhai.

"Gracias por su duro trabajo," todos se saludaron el uno al otro, antes que el equipo de Yuuzuki, como demandaba la convención de jerarquía senpai/kouhai, se marchara hacia el edificio donde entregarían el reporte de la misión. El joven capitán encontraba la tarea una táctica para retrasar la llegada a casa. Estaba huyendo, sabía eso, pero era mejor de esa forma. No quería enfrentar a sus padres, especialmente a su chichiue.


Cuando caminaron fuera del edificio, Yuuzuki estaba más que convencido de que sus subordinados una vez más lo veían incapaz y falto de 10 años más para tener el liderazgo, sí su silencio era alguna indicación. Se había acostumbrado a sus bromas, las que en su mayoría eran hechas por su diferencia de edad, y ahora no había ninguna.

El muchacho casi saltó cuando sintió una mano aterrizar pesadamente sobre su cabeza. Miró hacia arriba para ver a Kazue. "Yuu-chama, estamos planeando llevarte a un bar". Dijo, y su amigo cercano, Tomo, agregó, "por supuesto, que por tu edad tan sólo puedes beber jugo, pero no te preocupes, ¡nos aseguraremos de que bebas todo lo que puedas! Entonces podrás tener todos los caramelos que desees".

Taiyou hizo rodar sus ojos ante el pobre intento de sus camaradas para animar al muchacho, pero honestamente, esta sería la primera vez que animarían a su comúnmente alegre capitán, y se encontraron perdidos porque hasta ahora, nunca lo habían visto decaído, incluso, cuando se habían burlado de su posición.

Los tres pensaban que tener a una mujer como capitán era lo peor que les podía ocurrir, pero su opinión cambio cuando un niño de 12 años de edad fue asignado para liderarlos. Para ellos, tener un niño como líder era como marchar estúpidamente hacia su muerte. Les desagradaba porque, a pesar de haber oído del potencial y la fuerza del niño, no podían aceptar todavía que tuviera que seguir las órdenes de alguien que era más o menos 10 años más joven que ellos.

Lo llamaban capitán más por burla que por respeto. Su obediencia no era ni más ni menos de lo que se les pedía. Le hablaban cuando era necesario y en un tono monótono, pero a pesar de todo eso, Yuuzuki sólo sonreía y redoblaba sus esfuerzos para trabar amistad con ellos. No fue hasta cuando el niño casi sacrifico su vida para salvarlos, que se dieron cuenta de lo superficial que eran. Finalmente, comprendieron porque lo habían ascendido a capitán. No era tan sólo por su línea sucesoria, inteligencia y potencial, sino que también por su compasión, determinación y compromiso.

Desde entonces su trabajo en equipo había mejorado y una amistad se estableció entre ellos. Habían dejado de llamarlo 'capitán', exceptuando las reuniones oficiales, mientras preferían llamarlo Yuu-chama, siendo 'chama' una mezcla de 'sama' para demostrar su diferencia y 'chan' para mostrar su cariño.

Taiyou se acercó a Yuuzuki y se acuclilló frente a él. "Yuu-chama, pensamos que lo hiciste genial. Te viste con esos tipos mejor que cualquier ninja que conozca, así que no seas tan duro contigo mismo".

Yuuzuki, quería sonreír pero todo lo que pudo lograr hacer fue una mueca, porque sus amigos no comprendían el crimen que había estado a punto de cometer.

"Los veré más tarde, chicos", dijo y dejó a sus subordinados, quienes se sentían impotentes e inútiles.

En su camino hacia la Montaña Hokage, fue visto por su tío Sai.

"Bienvenido a casa, Yuu. ¿Te gustaría tomar desayuno conmigo y hablar de tu última misión?" dijo Sai casi canturreando. Siempre buscaba pasar tiempo con Yuuzuki.

"Quizás para la próxima", fue lo único que dijo antes de desaparecer con un 'poof'. La genuina sonrisa de Sai se transformó en su comúnmente falsa. Miró el cielo y entrecerró los ojos por la brillante y suave luz del sol. "Y yo que pensé que hoy era un día soleado", balbuceo.


Yuuzuki se sentó sobre la herbosa cuesta de la montaña. Por un momento, observó como el pasto se inclinaba hacia donde el viento soplaba, antes de sentirse aliviado por su casi cercano encuentro con la muerte…

A la vez que su enemigo se acercaba, su cuerpo se preparó para recibir el impacto de la espada y el dolor que vendría con él, mientras los recuerdos de cuando fue rescatado de sus secuestradores por sus padres fluían en su mente, burlándose. Pero sabía que esta vez nadie lo salvaría — su otousan y el resto del grupo tenían sus manos llenas y estaban bastante lejos de él, y su chichiue estaba tras el escritorio de Hokage —, pero no le importaba. Había aceptado su muerte, no tenía otra opción y no se iba a amargar por eso. Su experiencia le había enseñado que el débil siempre perecía ante el fuerte. Él era débil. Ese fue su último pensamiento antes de que todo lo que viera fuese sangre fluyendo libremente como una cascada.

Soy débil.

Se preguntó porque no sentía dolor alguno cuando había tanta sangre, antes de que sintiera unos fuertes brazos sosteniéndolo, protectoramente. "Enfócate", le dijo una voz firme, llenando el vacío silencio de su interior. Elevo su vista y encontró los ojos rojo-sangre de su otousan.

Aterrizaron en las ramas de un árbol y a la vez que el muchacho inmediatamente dejaba que su mirada vagase por sus alrededores. Vio a los ninjas que lo rodearon hace uno cuantos segundos desaparecer, pero en el suelo, donde solía estar, se encontraba el cuerpo de quien hubiese sido su asesino si su padre no hubiese intervenido. El cuerpo estaba separado de su cabeza por unos cuantos metros.

"¡Enfócate!", escuchó que su padre le ordenaba antes de abandonarlo para ir a lidiar con los enemigos restantes. Miro la sangre sobre su hombro y supo que aún estaba fresca. No era la sangre de su atacante, sino la de su padre. Estaba herido por su culpa y Yuuzuki se odiaba por eso…

Yuuzuki suspiró mientras el auto desprecio que había sentido en ese instante seguía presente. Creía que no desaparecería mientras el recordara que su otousan casi es asesinado, algo que haría llorar a su chichiue. No podía comprender la profundidad y la fuerza de su amor, pero de esto si que estaba seguro: la muerte de uno de ellos sería la defunción del otro. Tal era su dependencia. Tal era su unión y él por sus debilidades casi lo destruye. Peor, casi había roto el juramento que hizo cuando se percato de sus poderes — proteger a sus seres queridos —.


Cuando su agenda no estaba tan agitada como hoy, Naruto ocuparía su tiempo en hacer las tareas domésticas por sí mismo en vez de utilizar clones. Eran momentos como estos cuando él se sentía como una esposa común haciendo cosas normales.

Luego de limpiar la casa, Naruto procedió a acarrear la ropa hacia afuera para secarla. Se detuvo por un momento para estirar sus brazos hacia el cielo y bostezar. Se sentía con tanto sueño, debido a que un hiperactivo Kisho, lo había mantenido despierto hasta altas horas de la madrugada. En ese instante, una parte de él deseaba poder unirse con Kisho, quien seguía durmiendo, pero ese deseo se desvaneció en el delgado aire cuando vio a Sasuke caminando hacia la casa.

"¡Hey, bastardo! Bienvenido a casa", saludó alegremente. Pero su sonrisa se transformó en un ceño cuando notó sus ropas manchadas de sangre. De hecho en su nariz podía notar la pálida esencia de la sangre seca.

Sasuke le dio una cansada sonrisa antes de entrar a la casa. Ya en su modo automático, Sasuke se quitó sus ropas y tomo un baño. Dejó que el agua caliente relajara sus músculos al mismo tiempo que lavaba el cansancio que clamaba por él en este instante. Mientras se encontraba bajo la ducha, dándole la bienvenida al agua que le hacía suaves cosquillas, dejó arrastrarse hacia lo ocurrido hace unas cuantas horas.

Espada contra espada y kunai contra kunai…

Estaban casi iguales. Casi, pero Sasuke sabía que era mejor. En un remolino de hojas y espadas derroto a sus enemigos. Pero no le fue permitido tomar un respiro ya que le llovían kunais explosivos. Saltó perfectamente hacia arriba y agraciadamente esquivó el impacto de la explosión y el gas lacrimógeno. Se giró para esquivar un ataque y fue en ese momento que vio algo que hizo enfriar su sangre y que la adrenalina explotase dentro de él, como la explosión anterior. Ignoró a su adversario, quien parecía sorprendido y luego insultado por la grosería de Sasuke.

Sasuke hizo un atajo — interrumpiendo los combates entre otros ninjas, jamás prestando atención a los cortes que recibía en el camino . En un desesperado movimiento, lanzó su cuerpo en el aire y como el mismísimo diablo, apareció tras el atacante de Yuuzuki y con un rápido movimiento de brazo decapitó al hombre. Su movimiento fue tan fuerte que no sintió la resistencia de su carne o la dureza del hueso de su cuello. Era como si perforara gelatina — suave.

Sin esfuerzo, Sasuke sujetó a Yuuzuki y lo llevó a un lugar seguro. "¡Enfócate!", le ordenó antes de dejarlo para lidiar con los ninjas que se movían hacia ellos. Sasuke los encontró a medio camino, chocando contra ellos dándole oportunidad al otro capitán ANBU para recuperar su compostura. Sin prestarle atención al agudo dolor de la herida en su pecho, aterrizó en otra rama. Desafortunadamente, su pie izquierdo se resbaló cuando piso sobre la sabia reunida allí y por ende haciéndolo perder su balance y que su pierna izquierda raspase contra su dentada superficie. La equivocación sólo le quito unos segundos pero su oponente lo aprovecho bien. El hombre se lanzó hacia adelante, el kunai de su mano izquierda bien equilibrado para ser clavado en la garganta de Sasuke mientras que el otro para su corazón. El capitán pelinegro torció su cuerpo justo a tiempo, salvando sus órganos vitales, posteriormente, estremeciéndose al sentir el dolor de sus nuevas heridas.

"Idiota," siseo antes de enviar al hombre rápidamente al infierno.

Cuando Sasuke pisó fuera del baño, vio a Naruto sentado en su cama con un botiquín de primero auxilios junto a él. Se mantuvo frente a su esposa, observándolo silenciosamente.

Naruto dejo que su mirada inspeccionara el pecho de Sasuke y cuando vio sus profundas heridas se sintió culpable. "¿Está bien Yuuzuki?" pregunto silenciosamente.

"No está herido, igual que el resto".

"Eso es bueno", comentó el rubio. "¿Fue un éxito la misión?"

Sasuke aparto su mirada, asustado de que sus ojos demostraran la respuesta que no quería decir. No quería responder porque sabía la reacción de Naruto demasiado bien, y no podría soportar verla.

Viendo la falta de expresiones en su esposo y el silencio que venía de él, Naruto supo el resultado y otra ola de culpa lo golpeo. Miró la cara que amaba y vio que estaba arruinada por algunos cortes.

"Sasuke, yo –" dejó de hablar mientras Sasuke acercaba su rostro al del rubio. "No lo necesito," susurró determinantemente. Cuando su esposa abrió su boca para hablar una vez más, el capitán ANBU aplasto sus labios, tragándose las disculpas.

No quiero oírla, porque no la necesito.

Naruto ya no podía disculparse o hablar mientras su boca era asaltada. Cuando Sasuke cambio a su cuello, fue sólo entonces que logro tragar aire, antes de demandar más — lo que su compañero estaba más que dispuesto a hacer —.

Necesitaban este bendecido contacto, Naruto para asegurarse que su amor continuaba con vida, y Sasuke lo necesitaba porque era la mejor forma de confortar a su dobe. La necesidad que cogía a Naruto; la lujuria que se imponía como una roca dentro de su estómago, y el deseo que se aferraba alrededor de él, como una cuerda de satín que lo obligaba a cerrar sus labios contra los de Sasuke, al mismo tiempo que jalaba su cabeza hacia abajo de forma que su lengua pudiera llegar más hondo.

Sasuke se encontró bajo Naruto, cuando el último cambio sus posiciones sin mayor esfuerzo. Miro esos ojos azules que decían, déjame. En respuesta, empujó las ropas del rubio mientras sus fríos dedos acariciaban la calurosa y lisa piel. El rubio dejó escapar un gemido ahogado antes de regresar el favor. Donde sus anhelantes manos vagaban, su demandante boca las seguía, presionando cálidos y húmedos besos, lo que dejó a su esposo temblando y gimiendo suavemente. Dejó que su lengua deambulara sobre su piel, probando a Sasuke y al deseo. Gimió y sus ojos estaban casi cerrados, mientras largos dedos embromaban su virilidad, expertamente. Sus necesitadas miradas se encontraron y Naruto martillo su cabeza de forma seductora antes de agarrar la botella de lubricante.

Sasuke no pudo evitar sisear cuando el frio gel hizo contacto con su llorosa erección. Brillantes colores del arcoíris bailaron en los bordes de su visión, mientras sentía como el lubricante perdía su frialdad bajo las habilidosas administraciones de su esposa. Urgentemente, levanto las caderas de Naruto, ubicándolo y apoyándolo, mientras su dobe descendía por sí solo. En bendición, gimió cuando sintió el apretado anillo de músculos envolverlo lentamente, jalándolo más y más hondo al mismo tiempo que acogía su dulce intrusión. Estaba completamente rodeado y se sentía divino e irrisorio.

Un profundo gemido salió del rubio mientras sentía dolor y placer pulsando en él, mientras su esposo se deslizaba en su interior, llenándolo y completándolo de una forma que sus besos nunca lograban. Hubo un momento de quietud antes de que Naruto comenzara a moverse, y Sasuke dejó que lo montara a su propio ritmo. El contacto visual que establecieron en el momento en que sus cuerpos se conectaron íntimamente nunca fue roto, incluso cuando el placer, que lograba que sus pies se enroscaran, comenzó a formarse en su interior. Y cada movimiento de la mano de Sasuke sobre la erección de Naruto y de sus caderas los conducía hacia un frenético delirio.

"Sasuke…" balbuceo Naruto sin aire, entre jadeos.

"Lo sé", respiró el hombre pelinegro, su agarre sobre la cintura del rubio se apretó así como su ritmo se volvía desesperado y febril, girando completamente fuera de control. Todo lo que les importaba era la completitud del otro — ese breve, pero poderoso momento de éxtasis, cuando todo el mundo que los rodeaba se volvía silencioso y de un pulcro blanco, mientras llegaban al centro de todo lo que era y sería —.

Con un profundo y gutural gemido, Sasuke encontró su clímax. Fue tan intenso, que sus ojos se cerraron involuntariamente. Unos cuantos segundos después, Naruto le siguió, cayendo del precipicio, cayendo agraciadamente.

Sasuke abrió sus pesados ojos y vio a través de una placentera visión, la erótica escena — el cuerpo de Naruto en un perfecto arco, su cabeza hacia atrás, su sudoroso rostro prendido en dulce liberación y su boca abierta en un silencioso grito, inundando su sistema con deseo, despertando su cansado cuerpo —. El ilógico anhelo que giraba a su alrededor lo llevó a embestir aquella húmeda y cálida caverna, profunda y poderosamente. En un minuto, volvió a venirse. Atrapó a Naruto, mientras el último caía hacia él. Y por uno o dos minutos jadearon, mientras hacían aplomo de las cenizas de su pasión.

Naruto suavemente siguió el rastro de las heridas en el pecho de Sasuke. Le desagradaba cuando sus subordinados resultaban heridos; odiaba cuando morían y despreciaba cuando sus seres queridos resultaban heridos por su culpa, las casualidades eran su culpa, y prueba de su error era el comandante en jefe, amigo, padre y esposo. A pesar de que la mayoría de las veces no era él quien salía con el plan de pelea para la misión, él siempre era quien seleccionaba la estrategia de todos sus subordinados, así que era su responsabilidad. Su cruz.

Cuando Sasuke se puso al tanto de su alrededor, lo primero que sintió fue algo suave presionado contra su pecho. Abrió sus ojos, descendió la vista y encontró a su esposa besando suavemente cada herida y cicatriz. Frunció el ceño cuando captó las lágrimas reunidas en los bordes de esos devastadores ojos azules.

"Hay cosas que están más allá de tu control y esta es una de esas. Además, mis heridas a pesar de ser profundas, no son vitales", dijo fieramente, queriendo que el rubio comprendiera.

"Pero un día tus heridas lo serán y…" dejó de hablar, no queriendo mencionar la caída de su esposo. Temía que llegara el día en que sería como las viudas o amantes de los miembros caídos del ANBU — recibiendo la máscara de porcelana junto con las descorazonadas noticias del fallecimiento de su amor, por boca del ninja encargado de disponer de su cuerpo —.

Viendo esas azules lagunas, continuó Sasuke, "mientras mis hijos esperen mi regreso, volveré. Mientras me sigas necesitando, continuaré engañando a la muerte. Lo prometo".

Naruto soltó un resoplido burlón a la vez que limpiaba de forma infantil sus lágrimas con la mano derecha. "Bastardo, no puedes hacer eso", dijo, pero sus ojos comenzaban a brillar de felicidad una vez más, porque de alguna forma creía en la promesa de Sasuke.

"Obsérvame", respondió su esposo tan seriamente que lo hizo reír.


"Gracias", balbuceo antes de besar suavemente a Sasuke. "Ahora, es tiempo de que yo atienda tus heridas", anunció mientras se alejaba de su esposo.

"El día está demasiado hermoso como para pasarlo malhumorado", dijo una voz familiar antes de que pudiese oír los pasos acercándose. Miró a su chichiue, quien de forma natural e infantil se arrojó sobre el pasto.

"Tengo una razón para estarlo", murmuró, evitando la suave mirada de su padre. Esperaba ser regañado. Se lo merecía como el hijo que había puesto en peligro a su papi y como un subordinado por su ingenuidad. Pero aquí estaba su chichiue de forma serena ofreciéndole una caja de chocolate blanco.

"Otousan hizo lo correcto", dijo Naruto mientras veía el horizonte.

Tal declaración hizo que el muchacho frunciera el ceño. Incluso con su inteligencia, Yuuzuki no podía comprender porque arriesgar la vida estaba bien. En su profesión para proteger a sus compañeras en una determinada ocasión que lo demandaba, era una obligación. Siempre una obligación, pero no lo correcto. Sacudió su cabeza en desacuerdo.

"No", dijo. "Él casi muere por mi culpa".

"Hay cosas por las cuales vale la pena morir".

"¿No te importaría si otousan muriese?" casi ladró el niño en confusión.

Por supuesto que si, pero tú también eres importante para nosotros. Yo hubiese hecho lo mismo".

Mirando hacia otro lado, Yuuzuki suspiró. Inclino su cabeza sobre sus piernas y balbuceo, "Para ser salvado de esa forma… soy débil".

Su confesión salió ahogadamente. Era tan difícil decir eso, especialmente para alguien como Yuuzuki, quien actuaba excelentemente en la academia y en el campo de batalla, completando todas sus misiones. Sus logros le habían hecho pensar que si bien el no era perfecto, todas las cosas que hacia lo eran, hasta que ocurrió ese incidente. Naruto estaba orgulloso del coraje que tenía su hijo para admitir tales cosas de forma humilde, aunque estuviera avergonzado.

"Incluso los ninjas tan fuertes como tu otousan necesitan ser salvados dentro o fuera del campo de batalla", comentó el rubio, recordando aquellas veces que había salvado a su esposo. "Además", agregó, rodeando con su brazo el hombro de su hijo en apoyo, "nadie es débil. Nacemos con infinita fuerza pero es nuestra labor el despertar tal fuerza y utilizarla mientras continuamos nuestro viaje". Sus dedos tocaron la nuca de Yuuzuki para que sus ojos se encontraran. "Otousan te salvó no tan sólo porque eres su kouhai, sino porque eres su hijo. No deberías estar avergonzado de eso".

"No lo estoy", replicó el muchacho, "pero estoy avergonzado de mí mismo por ser tan débil".

"Tienes 14", dijo su chichiue, equivocándose intencionalmente en la edad de su hijo.

"¡Doce!" corrigió Yuuzuki con molestia en su voz.

El hombre mayor sonrió, "¿ves? Todavía te queda un largo camino". Desordenó el cabello del muchacho y se levantó para ir a su oficina donde toneladas de problemáticos papeles lo esperaban.

"¡Chichiue!" lo llamó Yuuzuki, sin molestarse en mirar por sobre su hombro. "Me volveré más fuerte".

"Te creemos", fue la respuesta del rubio antes de lanzar la caja de chocolates hacia su hijo. Agraciadamente la mano de Yuuzuki se elevó en el aire para sujetar suavemente el objeto lanzado. Miró la caja de caramelos y sonrió. Continuaría protegiendo a sus amados con su fuerza y poder.

Me volveré más fuerte que ayer y hoy, juró silenciosamente para sí y sabía que lo haría, porque tenía el poder para creer una vez más.

Continuará...

La tipeja que traduce… tengo que decir primero que nada, que este capítulo me costó traducir, no sé porque…pretendía subirlo ayer, pero ya ven no se pudo así que lo hago hoy… espero que sea comprensible, porque en este capítulo si que estoy consciente de los errores que posee, pero espero que la persona que me esta editando los capítulos los arregle rápido así no tanta gente se va a espantar con el trabajo XD…. Jejeje….eso tau tau…

MUCHAS GRACIAS POR LEER LA TRADUCCION DE ESTE EXELENTE FIC