Los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer. La historia es mía.

Capitulo Beteado por Irene Cullen, muchas gracias por todo linda :)

Edward

—Sí. —Murmuré. —Quiero confiar en ti, quiero perderme en ti, olvidarme de quien soy, de todo. —Suspiré. De cualquier forma, Bella me había robado el alma y sin ella, yo no era nada, estaba muerto. —Te quiero. —Finalmente lo dije y enterré el rostro en su cuello, pero inmediatamente me acordé de lo sucedido y me quité.

—No… —sujetó mi cabello y me guió a su cuello. —Bésame ahí… borra mis miedos… hazme sentir que nunca te iras de mi lado, sálvame otra vez.


**Bella POV**

Te quiero.

Como una sola frase, puede llenar el corazón y agitar el alma. Mi corazón fracturado, parecía unirse poco a poco en sus cálidos brazos. Habíamos permanecido tanto tiempo alejados, que había olvidado lo bueno que era Edward para mí. Lo necesitaba, lo quería siempre a mi lado. Y al parecer él también.

Me besaba con suma delicadeza el cuello, lentamente paseaba sus grandes manos por mi espalda, seguía reconfortándome, acariciándome con ternura y sin prisa. Yo continuaba a horcajadas sobre él con las manos apoyadas en su pecho. Deslizó una mano cuidadosamente hacía mi garganta, pasando como una suave pluma sin dejar de verme, midiendo mis reacciones. Sus dedos barrían con sutileza de arriba hacia abajo, con la otra mano me sobaba la espalda infundiéndome confianza. Suspiré y cerré los ojos, me repetí cientos de veces que era Edward él que me tocaba, era la persona que acababa de confesarme uno de sus más grandes miedos: aceptar en voz alta que me quería.

Abrí los ojos y le regalé una cálida sonrisa, él me sonrió devuelta y su boca encontró suavemente la mía. Sus labios eran tiernos y dóciles, como si me estuviera pidiendo permiso. Tocándome con el cuidado con el que moldeas un cristal, con el que reconfortas a una persona herida. Pensándolo bien, Edward que sabía reconfortar. Era increíble cómo podía cambiar para mí y por mí. Siempre hacía lo que yo le pedía, si le decía que fuera rudo lo hacía, si en cambio lo necesitaba suave y delicado como hoy, se encargaba de llevarse mis pesadillas.

Aún me sentía débil entre sus brazos. Lo que había vivido hacía apenas unos momentos, había sido tan real que me ahogué en ello. Edward me había rescatado otra vez, como muchas veces, yo no tenía otra cosa a que aferrarme que no fuera él. Sus ojos llenos de amor, pero oscurecidos por el deseo, me daban la suficiente fuerza para volver de esa horrible pesadilla donde me encontraba. Lo besé hundiéndome ahora en sus cálidos y tersos labios y en todo el amor que me estaba profesando, subí las manos a su cabello para deleitarme con su suavidad pero… estaba pegajoso y duro.

— ¿Nos damos un baño? —Pregunté sonriendo entre sus labios.

—Encantado. —Susurró.

Me tomó en volandas y subió cargándome hasta el baño, la tina de mi departamento era pequeña, pero si podíamos meternos los dos perfectamente. Me bajó al suelo y me dio un beso en la frente, antes de darme la espalda para preparar el agua.

Afortunadamente, tenía todo pulcramente limpio. El baño era blanco y lo había decorado en tonos verdes claros y café oscuro. Tenía un enorme y redondo espejo frente al lavamanos, la tina tenía alrededor toda clase de cremas y espumas para ducharse. Pasaba mucho tiempo sola y sí, pasaba mucho tiempo en la tina.

Mientras el agua se calentaba, Edward volvió a mi lado y me atrajo a sus brazos con una cálida sonrisa. No quería detenerme a pensar en mi rostro, para que Edward me estuviera tratando como lo estaba haciendo.

— ¿Segura que quieres que me bañe contigo? —Me ruboricé porque quizás él no quería esto, pero lo necesitaba conmigo así que solo asentí.

Me besó el rostro, las mejillas y finalmente los labios. Lentamente, bajó el cierre de mi vestido, haciendo que este se deslizara por mi cuerpo cayendo suavemente bajo mis pies. Sin dejar de verme a los ojos, acarició de arriba abajo mis hombros desnudos.

Desvié la mirada hacia su tonificado pecho. Los músculos de su abdomen se marcaban por su respiración, mientras le desabotonaba torpemente la camisa verde olivo, seguía temblando y no podía controlarme. Suspiré tratando de calmarme y aprensé mi labio. Era tan gloriosamente perfecto. En cambio, seguramente yo me vería… no pude evitar hacer una mueca, mi respiración se aceleró y sentí como poco a poco iba perdiendo la batalla contra mis demonios personales. Deslicé por sus hombros la camisa, pero antes de que esta cayera al suelo, la tomé y me la puse. Un enorme terror se instaló en mi cuerpo, invadiéndome de vergüenza al estar completamente desnuda frente a él…

—Eso es absurdo. —Murmuró con voz ronca, como si hubiera leído mis pensamientos y empujó la camisa delicadamente por mis hombros. Pero yo me encontraba muy lejos y llena de pánico, me crucé de brazos impidiendo que siguiera.

—Tienes razón… mejor… quisiera ducharme sola —Cuchicheé aguantando en lo posible las lágrimas.

—Sé que no quieres eso. —Susurró. —No te cubras de mi Isabella, te conozco perfectamente. —Bajé aún más la mirada, hacia mis pies descalzos. No dije nada, no podía. —Mírame, —me sujetó el mentón y me obligó a verlo —te deseo, eres preciosa.

—Edward no… —gemí intentando desviar los ojos.

—Quiero comenzar de nuevo Isabella, quiero inventarme una nueva historia contigo, crear nuevos recuerdos, ¿no quieres lo mismo? —Preguntó pasando el cabello detrás de mis oídos. —No te encierres en tu mente, déjame estar contigo. Por favor…

Respiré con dificultad cuando lentamente, tomó mis brazos obligándome a descruzarlos. Sin embargo, no volví hacer nada por evitar que retirara la camisa de mi cuerpo y no pude evitar tensarme al sentir que estaba terminando de desnudarme. De nuevo, los fantasmas revoloteaban a mí alrededor. Unos diciéndome lo flaca que era, como luciría frente al adonis que me miraba con expectantes ojos verdes. Otros recordándome lo que acaba de revivir aquel horrible día, con James. Estaba perdiendo la batalla. Me quedé estática mirando los ojos de Edward, eran profundos; verdes con tonos azules. No reflejaban dudas, ni tampoco miedos, me miraba como si fuera su todo. Tan oscurecidos, que parecían unas piedras preciosas. ¿Cómo no quería que tuviera miedo? Alguien como él, tan perfecto y hermoso, debería estar con un similar. No con alguien como yo. Aunque ese miedo estaba latente cada vez que lo veía, hoy mi peor miedo, eran las marcas que James había provocado a mi corazón, seguían frescas y ardiendo en mi interior.

Por estar perdida en sus ojos, ni siquiera vi a qué hora terminó él sólo de desnudarse y tomó mi mano. Se sumergió en la tina y me obligó a entrar con él. Mi espalda quedó contra su duro pecho, suspiré rendida. Estaba abrumándome demasiado y definitivamente quería empezar de nuevo.

Él no dijo nada, tomó una esponja y roció gel de baño sobre ella. El agua estaba tan caliente, justo como me gustaba. ¿Sabría que me gustaba literalmente cocinarme mientras me bañaba? O quizás teníamos algo en común y también le gustaba el agua hirviendo.

—Este gel huele delicioso, a ti. Tendré que buscar esta marca de jabón y comprármela, aunque me vea muy gay. —Murmuró haciéndome sonreír.

Pasó la esponja por mi cuerpo, comenzando por la espalda y deslizándose suavemente por mis brazos y por mis costados, luego roció champú sobre mi cabello y me dio un largo masaje, una vez que terminó de enjabonarme, comenzó un suave recorrido con sus manos.

—Estás tan tensa. —Murmuró dándome un masaje en los hombros que se sentía como la gloria. Cerré los ojos y me entregué a la sensación. —Eres hermosa Bella, —suspiró y deslizó lentamente las manos hacía mis costillas, subiendo y bajando los dedos con lentitud —no dejaré que nada te pase.

—Lo sé. —Suspiré.

—Si pudiera volver el tiempo a aquél día, te diría en ese estúpido hotel cuanto te necesitaba. Te forzaría a que habláramos y a que permanecieras a mi lado. Sí te negabas, -como es tu costumbre- te raptaría varios días. —Murmuró mientras echaba agua caliente por mis hombros. —Habría dejado mi orgullo de lado y te habría suplicado si fuese necesario, que te quedaras. —Se rió con desgana. —Quizás esté tan loco por ti, que terminarías huyendo de mi lado por otros motivos, que nada tendrían que ver con los que utilizaste para marcharte. —Sonreí mientras me acariciaba con ternura la cabeza.

—Eres el único loco que pienso soportar. —Murmuré con los ojos cerrados. —Y me quedaré todo el tiempo que tú me quieras a tu lado.

—Ahora que estás otra vez aquí entre mis brazos, —me estrechó —me encargaré cada día de borrar esos malos recuerdos de ti, me alegra que quieras quedarte por tu voluntad, porque de todas formas no pienso dejarte ir. Eres mía. —Murmuró contra mi cabello. Sonreí.

—Ese día en las Vegas… —suspiré —quería quedarme contigo, estaba dispuesta a contarte todo en cuanto despertaras pero… —tragué saliva, no podía decirle de Renée, no hoy —una… llamada me hizo salir de la habitación. —El calor subió por mis mejillas. —Quise volver, pero no tenía llave. Me quedé afuera…

— ¿En serio? —Preguntó deteniendo sus caricias.

—Sí. —Susurré y tomando todo el valor que me quedaba, me di la vuelta para enfrentarlo.

—Quiero reírme y a la vez quiero matarte. —Comentó con una media sonrisa y pasó el cabello mojado detrás de mis oídos.

—Yo quería lo mismo ese día. —Suspiré.

Sus ojos estaban tremendamente oscurecidos, me miraba como si estuviera famélico, me moví de forma que quedé a horcajas sobre él, sintiendo su dura erección en mi vientre. Tomó más gel de ducha y comenzó a enjabonarme, ahora lentamente el cuello, respiré hondo y cerré los ojos. Siguió por mis pechos, por mis piernas. Aunque podía ver en sus ojos el deseo, estaba mezclado con una profunda preocupación. Su ceño fruncido lo delataba. Era su cumpleaños y seguramente el peor de toda su vida, enredé las manos en su cabello, mojándolo un poco para quitarle los restos del pastel y comencé a besarlo.

—Siento tanto no portarme bien contigo… —murmuró entre mis labios, sus grandes manos me rodeaban la espalda y me presionaban contra él. —Lamento ser tan… brusco, cuando lo que necesitas es que te trate con suavidad. Que me porté como un salvaje cada vez que estamos juntos, es lo último que necesitas.

—Eres todo lo que necesito, me encanta como eres. —Pasé las manos mojadas por sus anchos hombros, por su rostro. —No quiero que el pasado siga entre nosotros.

—No. —Aseguró como si sintiera lo mismo que yo. —Pero tampoco quiero presionarte.

—Quiero estar contigo de todas las formas posibles. —Susurré contra la piel de su cuello. Me estrechó un poquito más hasta no dejar espacio entre nosotros.

—No necesitamos hacer esto, solo… —resopló —ignora mi erección, con solo verte tengo una, así que no hay que hacerle caso. —Me solté riendo y lo besé suavemente en el pecho.

—Eres tan ridículo, te quiero. —Me enderecé para verlo y me regaló una sonrisa torcida.

Su cabello cobrizo, ahora oscurecido por el agua, le caía por la frente de manera seductora. En su rostro, pequeñas gotas de agua resbalaban por sus mejillas, su corazón golpeaba con fuerza mi pecho y sus labios estaban entre abiertos. No quería pensar en nada que no fuera él, aunque dijera que lo ignorara, era imposible. Así que comencé a besarlo. Deslicé lentamente la lengua para jugar con la suya y comencé a ondularme contra su cuerpo, su lengua me buscaba delicadamente y sus manos eran suaves con mis pechos. Frotarme contra él, fácilmente podía llevarme al orgasmo. Su boca y sus manos eran maravillosas.

—Lo digo en serio. Salgamos mejor… para que descanses. —Murmuró con voz ronca. —Bella… —intentó que su tono de voz sonora como amenaza, pero falló terriblemente.

—No… por favor quiero esto… —jadeé bajando una de mis manos por su pecho.

— ¿Segura? —Asentí y lo besé, mordisqueando su labio inferior. —Entonces, dame un segundo. —Musitó entre mis labios, lo miré sin entender cuando me indicó con una mirada que me levantara, lo hice al igual que él.

A penas iba a protestar, cuando me dejó boquiabierta con la imagen de él poniéndose el preservativo, no sé por qué, pero aquello me parecía siempre tan excitante. Volvió rápidamente a la tina y se sumergió. Lentamente me volví a poner a horcajas sobre él, estaba tan excitada, que no quería otra cosa que no fuera sentirlo dentro de mí. Me deslicé lentamente por su miembro, sintiendo que todo mi cuerpo se abría para poder recibirlo. Edward resopló apoyando la cabeza en mi hombro y nos quedamos unos segundos quietos. La penetración era profunda y me hizo jadear. Él depositó suaves besos por mi cuello, acariciando con suma delicadeza mi espalda.

— ¿Estás bien?

—Sí… —susurré.

Subió dándome besos por la mandíbula, y encontró mis labios. Comencé a besarlo mientras me movía sobre él. Deslizó las manos por mis costillas, hacía la parte baja de mi espalda, moviéndome acompasadamente mientras el agua a nuestro alrededor saltaba, mojando todo el baño.

Mordí mi labio aferrándome a su cuello mientras me movía un poco más rápido. Mi respiración se estaba volviendo más agitada, todo mi cuerpo se sentía como gelatina. Quería aprisionarlo entre mis brazos, sostenerlo así por siempre. Me besaba tan delicado, tan cuidadoso, que quería llorar. Abandonó mis labios y bajó dando besos hasta mis pechos, metiéndose uno en la boca y con su lengua, jugueteó con mi pezón. Sus manos recorrían mis facciones, mis glúteos, mis piernas. Aferrándome a él con cada embate y venerándome con cada toque.

—Te quiero Edward. —Gemí en su oído, sintiendo como mis entrañas se iban contrayendo, estaba por llegar. Apoyé la cabeza en su hombro y le clavé las uñas en la espalda.

— ¿Bella? —Su voz era áspera y ronca, sujetó mi rostro —abre los ojos. —Salí de la penumbra en donde estaba y los abrí no sin dificultad. Edward me estaba mirando, sus ojos verdes claros me miraban con ardor, tan intensamente, que casi creo que podía ver mi alma. —Te quiero. —Susurró.

Elevó las caderas solo un poco, dándome una última estocada. Su cuerpo tembló bajo el mío, pero en ningún momento dejo de mirarme. Mostrándome su vulnerabilidad, su amor por mí. Sentirlo de esta manera entregándose a mí por completo… alcancé el orgasmo perdiendo toda noción del tiempo, sintiéndome después de tanto tiempo, al fin en casa.

**Edward POV**

Estaba nervioso viendo a Bella, a penas con la luz que se colaba de afuera. Lucía más pálida de lo normal, y si no fuera por el sonido de su corazón, parecería que estaba… muerta, joder. De sólo pensarlo, se me estremeció todo el cuerpo, me dieron unas ganas terribles de abrazarla muy fuerte para despertarla. Ella se había quedado dormida, después de tanto llorar y de la intensa sesión que habíamos tenido en su tina. Nos habíamos duchado nuevamente en la regadera, pero sin tocarnos de ninguna forma que implicara algo más.

Lucia tan cansada y frágil, que ni siquiera se quejó cuando le sequé todo el cuerpo con la toalla, le ayudé a ponerse una fresca bata de seda rosa. Observé con una sonrisa como se hacía un turbante en la cabeza, para secarse el cabello al igual que Alice y mamá.

Nos acostamos en su cama, quedando de frente y poco a poco cayó rendida. Busqué en mi bolsillo y saqué su pulsera que era igual a la mía. Los símbolos de un eclipse estaban grabados en ella, lentamente se la puse. Mientras seguía inconsciente, jugué con su mano viendo el contraste del negro en nuestra piel.

Así que una barrera… pues bien, no habría más entre nosotros. Bella se estremeció ligeramente y suspiró. Nos arropé un poco más con las cobijas y la atraje hacia mí para seguir observándola, hacia tanto tiempo que no la veía así, tan apacible, tan tranquila y sobre todo finalmente a mi lado. Sus suaves pómulos, sus pestañas largas y oscuras. Deslicé el pulgar por su labio inferior.

— ¿Por qué me dejas dormir? —Preguntó con una cálida sonrisa y sin abrir los ojos.

—No quería molestarte... —Acaricié sus mejillas.

— ¿Molestarme? Edward, eres tan ridículo. —Abrió sus intensos ojos chocolate. —Qué pena, —se levantó un poco y miró el reloj que marcaban más de las doce de la noche —te traigo sólo para que me veas dormir cielo. Soy pésima haciendo fiestas de cumpleaños ¿no? —Una sonrisa se dibujó en mis labios y recargué la frente con la suya.

—El pastel en la cara fue toda una sorpresa. —Aún en la oscuridad pude notar su rubor, sonreí recargándome en un codo. —No te preocupes nena… ¿Cómo te sientes?

—Ahora me siento mejor. —Cerró los ojos, su ceño seguía fruncido mientras extendía sus brazos buscándome.

—Lo que sí sé, es que eres pésima actriz. Actuando yo creo que sí te mueres de hambre. —Lentamente me acerqué y me acomodé entre sus piernas, procurando que no tuviera que cargar con mi peso.

—Hum. —Refunfuñó y luego suspiró abrazándome por el cuello. — ¿Edward crees que…? —Se interrumpió y aprensó su labio inferior.

— ¿Qué cosa? —Acaricié delicadamente su mandíbula con mis labios.

—Nada. —Cuchicheó.

—Bella… ¿en qué quedamos? —Suspiró.

— ¿Te puedes… podrías… si no estás muy ocupado quedarte hoy conmigo? —Cerró los ojos con fuerza, como si temiera la respuesta. Era tan tierna que me daban ganas de morderla, pero por hoy más valía abstenerme.

—Por supuesto… fresas. —Lo haría, hoy me quedaría con ella porque lucía tan frágil e indefensa, que incluso aunque no me lo hubiera pedido lo habría hecho. —No puedo creer que a estas alturas te ruborices todavía… —susurré. Se ruborizó aún más y me solté riendo, luego busqué sus labios.

A pesar de que continúe besándola, no podía dejar de pensar que ese grandísimo cabrón perturbara de esa forma a Bella, sentía mi cuerpo tenso e hirviendo de coraje. Ella tiró deliciosamente de mi cabello, haciéndome lentamente olvidarme de todo en su dulce sabor.

Sus labios eran lo más embriagador que hubiera probado en toda mi existencia; carnosos, bien definidos y suaves. Ella era mi adicción, y no me importaba admitirlo. Hoy la necesitaba como nunca. Quería confiar en ella y que hiciera conmigo lo que le viniera en gana. Le correspondí entonces esperando no perturbarla, no sabía si ya se sentía bien o no, pero como siempre pasaba con nuestros besos, nunca me era suficiente. Como si sintiera lo mismo que yo, Isabella introdujo la lengua despacio pidiendo permiso, sonreí saliendo a su encuentro, por instinto o por necesidad, o por incluso algo más… básico.

Por la mañana, abrí los ojos desorientado. No reconocía la habitación crema en la que me encontraba, ni tampoco las sabanas satinadas de color blanco; me senté y el aroma a fresas y lavanda me golpeó. Sin duda estaba en su habitación pero, Isabella no se encontraba a mi lado, escuché ruidos en la planta baja y supuse que ahí estaría.

Me levanté para ir con ella, como no encontré la camisa sólo me puse mi pantalón de vestir, ni siquiera me molesté en abotonarlo. Descalzo, bajé las escaleras perezosamente hacia la cocina mientras estiraba los brazos. Luego, me quedé helado observándola. El olor era exquisito a café y pan tostado. Bella estaba de espaldas, sus largas y cremosas piernas hacían contraste con una camiseta oscura y rota que tenía puesta, era tan vieja que se veía incluso su nívea piel a través de la tela. Su cabello estaba todo enmarañado, pero seductoramente esparcido por su espalda, tenía una cuchara en la boca y tarareaba una canción. De pronto toda mi piel hormigueaba como si me doliera, no me contuve más y caminando a la velocidad de un felino, llegué hasta ella y la abracé por la espalda.

— ¡Me asustaste! —Gritó. Se giró hacia mí y golpeó mi pecho levemente con la cuchara. —Creo que te diviertes haciéndolo. —Entrecerró los ojos mirándome.

—No lo hago a propósito… —Susurré entre sus labios. —Por cierto ¿Qué haces?

—Te preparo un desayuno ligero… —se apartó sutilmente de mí —sé que tienes el platillo fuerte con Lauren. —Rezongó de nuevo como una niña pequeña, sonreí y la estreché más contra mi cuerpo.

— ¿Estás celosa? —Pregunté deslizando los labios con mucho cuidado por su cuello.

—Es evidente que dispones de un harén listo y dispuesto para servirte la comida siempre que lo requieras. Así que ni siquiera me molestaré si decides desayunar, comer o cenar con todas esas… mujeres, que te pretenden.

Una carcajada amenazaba por abandonar mi garganta pero al ver la cara de Bella, supe que no debía hacerlo; apreté los labios, se suponía que debía sentirme ofendido por aquellas palabras, estaba sacando todo de quicio, harén vaya… pero hacia tanto que no había estado tan cerca de echarme sinceramente a reír a carcajadas…

—Comprendo lo que dices Bella, comunicaré a mi harén que no tiene por qué preocuparse por una posible rival.

—No es divertido Edward. —Espetó molesta. Mi celular sonó, y lo saqué sin dejar de verla. Sólo desvié un poco los ojos al ver que ella los clavaba en la pantalla de mi celular, la furia de su mirada se intensificó al ver el número de Lauren llamando.

— ¿Preferirías entonces que te reserve un lugar especial en mi harén? —Pregunté sarcástico.

—No, desde luego que no. —Me empujó y se giró furiosa hacía los panes que ahora se le habían quemado.

Masculló una maldición y sin poder evitarlo me solté riendo en voz alta, Bella me vio con una expresión que oscilaba entre la ira y una reticente diversión, tomó los panes y se quemó la mano. Gritó y los soltó, cayeron en sus pies y retrocedió resbalándose, lo bueno es que seguía detrás de ella y la sostuve. Suspiré, esa motricidad en ella... Apagué la estufa y tomé sus manos, besándolas.

— ¿Por qué eres tan celosa? —Susurré deleitándome con su suave piel

—Mira quien lo dice, el señor no quiero-que-te-pongas-vestidos, Neanderthal. —Retiró las manos y se cruzó de brazos.

—Yo no niego lo que soy. —La atraje hacia mí y di besos por su cuello, hasta llegar a sus labios.

Sus ojos brillaban, con ese chocolate que me derretía. Sí, definitivamente podría acostumbrarme a esto; podría olvidarme de todos, podría terminar de destrozar esa horrible playera y perderme en sus pechos. Sonrió entre mis labios y tiró de mi cabello.

—Creo que podría acostumbrarme a esto. —Murmuró como si hubiera leído mis pensamientos y se paró en puntitas enredando sus brazos en mi cuello.

Le correspondí aferrándola a mi cuerpo. Mi erección de por si matutina, despertó feliz al sentir a Bella tan cerca. La empujé contra la barra de la cocina haciéndole sentir lo angustiosamente excitado que estaba, ella no me ayudó en nada al pasar las manos por mi espalda, apretándome contra sus suaves pechos. Pude sentir que no traía sostén, y toda mi mañana estaba por irse al trasto; quería tumbarla aquí mismo, enterrarme en ella hasta que tuviéramos que volver a dormir por el cansancio. La playera se le subió a lugares insospechados… pero no, definitivamente no debía portarme así.

—Desayunemos… se me hará tarde. —Musité con voz áspera. Bella frunció el ceño y se despegó desganada de mí para servirme. Me senté y ella hizo lo mismo sentándose a mi lado.

—Edward, mi padre va a venir en unas semanas... —Murmuró jugando nerviosamente con su comida. —No sé si…

—Quisiera conocerle.

— ¿Lo dices enserio? —Preguntó con una gran sonrisa que se dibujó en su rostro.

Por supuesto, ¿qué te parece si nos ponemos de acuerdo para comer en algún lugar?

—Sería genial. —Se levantó feliz y se lanzó a mi regazo.

— ¿Cómo te sientes hoy? —Murmuré besando suavemente su cuello.

—Mejor. —Respondió y aprensó el labio entre sus dientes.

—No te muerdas ese labio, te vas a lastimar. —Pasé los dedos por su labio presionando para que soltara, luego tomé su mentón y me acerqué a su oído. — ¿Sabes que sólo con ese gesto, me dan ganas de desnudarte y tomarte aquí mismo sobre la mesa? —Mi voz sonó ronca, el rostro de bella se incendió.

— ¿Y por qué… no lo haces? —Susurró seductoramente enredando los dedos en mi cabello.

Cerré los ojos y respiré hondo, intentando calmar los latidos furiosos de mi corazón. Un escalofrió recorrió toda mi columna vertebral, esa respuesta fue como un azote a mi cuerpo, mandándome choques eléctricos. Mi pelvis tembló de deseo, trátala como se merece, sé prudente… me repetí mil veces. Abrí de nuevo los ojos tratando de emerger del maldito salvaje en que siempre me transformaba. Con las manos dibujé sus parpados que enmarcaban su pequeño rostro, puse las palmas sobre sus mejillas y cubrí con mis pulgares sus ojos. La miré detenidamente; tenía los labios entre abiertos, las mejillas sonrosadas, sus manos descansaban sobre mi pecho, era simplemente preciosa.

El cabello le caía en ondas oscuras por los hombros, enmarcándole su bello rostro; me acerqué a su boca y finalmente la besé, como si hiciera años que no la besaba y aunque, bien sabía que no era cierto, ella me respondió con el mismo ímpetu. Estuve besándola hasta que sentí los labios entumecidos. El pasar la lengua por su paladar, era como estar en el cielo. Respiré hondo, esto tenía que terminarse aquí y ahora. Di besos en su mandíbula, la nariz, los pómulos, los parpados. Finalmente enterré el rostro en su cabello, inhalando su aroma a fresas, ahora me resultaba más necesario para respirar que el mismo aire.

—Nena… —murmuré en su oído. —Se me va hacer tarde —me removí intentando que captara que me quería poner de pie. No dijo nada, buscó mi boca para silenciarme y tiró suavemente de mi cabello a sus labios.

—Por favor… —Susurró acomodándose a horcajadas sobre mí.

—Bella yo… —lentamente deslizó su otra mano más abajo tanteando mi erección. Contuve el aliento.

— ¿Tu qué?

—Es… es tarde. —Mis palabras salían torpes y entrecortadamente. Me miraba con una sonrisa triunfal en su rostro. Me tenía justo donde quería y parecía disfrutarlo.

—Entonces… —Su mano que se había colado fácilmente hasta mi erección, la liberó condenadamente lento y comenzó a bombear de arriba abajo — ¿quieres que me detenga? —Preguntó mirándome sensualmente a través de sus largas pestañas. Cerré los ojos y siseé tratando de calmarme. —Le pregunté algo, señor Director. Responda. —Estaba perdiendo todo el control, su modo mandona activado, siempre lograba ponerme por las nubes. Me rendí quizás demasiado pronto.

—No. —Mascullé entre dientes.

— ¿No qué? ¿Qué es lo que quiere director? Dígame… —Suavemente se onduló por encima de mi erección, — ¿qué no haga esto? —soltó mi erección — ¿O esto? —deslizó sus manos por mi pecho. Solté el aire bruscamente.

—Maldición Isabella. —Me removí buscando en mis bolsillos hasta dar con lo que quería. —Ten, quiero que hagas esto, —le di el preservativo —pónmelo. —Se quedó estática y mirándome como si me hubiera salido un tercer ojo.

—Pe… pero es que yo… nunca he hecho esto. —Balbuceó con el rostro imposiblemente rojo y mirando el preservativo casi con horror.

Abrí los ojos como platos sin poder procesar bien esto, primero porque estaba terriblemente excitado, segundo porque esto no podía ser posible, había cambiado de dominatriz a adolescente inexperta en un segundo.

— ¿Cómo?

—Lo… lo que escuchaste. —Apresó su labio. Quería reírme, de verdad quería hacerlo pero respiré hondo y rasgué el preservativo. Ella me miraba atentamente, como si de esta forma fuera a grabarlo en su memoria. Tomé sus manos. — ¿Qué haces?

—Te voy a enseñar. —Se quedó sin aliento y le regalé una sonrisa malévola. —No debes dejar que entre aire. —Lentamente pusimos el preservativo en la punta —ahora… deslízalo tu sola.

Lo hizo con tanta lentitud y paciencia, que por un momento pensé que me estaba tomando el pelo, salvo que estaba mordiendo su labio y tenía el ceño fruncido. Luego que terminó, se quedó ahí, observando como si fuera una obra maestra. Finalmente asintió y me miró sonriendo.

Verla así, tan inocente y ridículamente feliz, despertó el cavernícola que no debía de salir de mi interior. La sujeté con algo más de fuerza, moví sus bragas a un lado y me hundí sin previo aviso, siseando al sentirla tan húmeda y estrecha. Bella gritó sorprendida y por un momento, me sentí mal por perder el control, pero eso cambio inmediatamente cuando comenzó a moverse sobre mí. El ansia que teníamos el uno por el otro era como un combustible, nos consumía y nos quemaba sin remedio. La cocina se inundó con gemidos y bocanadas de aire, con sonidos de cuerpos chocando. Media hora después, estábamos recostados finalmente en su habitación. Con la respiración aún entre cortada, y la satisfacción instalada en nuestras miradas.

— ¿Ves? No era cosa del otro mundo, —toqué su nariz —no voy a preguntar por qué no sabías hacerlo, pero quiero que sepas que me siento muy complacido con los resultados. —Y con el hecho de que no supiera hacerlo, me encantaba ser su primero al menos en algo, pero claro, eso no tenía por qué decírselo en voz alta.

—Sólo necesito un poco de práctica. —Murmuró con una inocente sonrisa. Contuve un escalofrío con la imagen que acudió a mi muy avivada mente. Quería reírme otra vez pero respiré hondo para calmarme.

—No te preocupes. —Me limité a decir. —Ya practicaremos muchas veces. —Sus mejillas se sonrojaron, suspiré. —Haz hecho que se me haga tarde, fresas… —Ella sonrió y pasó los dedos por mis mejillas.

—Estaba pensando que podíamos salir… ya sabes para festejarte como se debe… quiero enmendar lo que pasó ayer.

—Conozco otras formas de que me festejes… —Deslicé las manos a su respingón trasero.

—Me gustaría que invitaras a tus amigos… quizás pueda invitar a Angie…

—De acuerdo, —sonreí —entonces nos ponemos de acuerdo más tarde. ¿En dónde está mi camisa? —Se puso de pie sin decir nada y a los segundos volvió con el resto de mi ropa, lavada y perfectamente planchada.

—Espero que no te moleste que lo haya lavado. —Sonreí.

—Claro que no, de hecho no te hubieras molestado. —Me incliné para darle un suave beso. —Gracias.

Sonrió y se puso de puntitas, comenzó a ponerme la corbata mordiendo ligeramente su labio inferior mientras la anudaba perfectamente, suspiré. Me encantaba verla haciendo esto de la misma manera que lo detestaba. Porque en esto, se notaba que sí tenía práctica, y no pude evitar pensar cuantas veces habría vivido esta misma escena con Jacob Black, otra vez estaba con mis estúpidos celos, respiré hondo y me concentré únicamente en su cálida mirada.

**Bella POV**

Me quedé mucho tiempo recostada, turbada con todo lo que habíamos vivido en estos días. Eran tantas cosas, unas muy buenas y otras muy malas. Como Jessica y sus intentos de separarnos o… Edward diciéndome te quiero.

Lo había dicho con tanta ternura y mesura, que se me encogió el corazón. Él no era como yo, no decía te quiero como si nada. De hecho, sólo me lo dijo dos veces. Cuando aceptó confiar en mí, y mientras se movía en mi interior. Sonreí, sintiéndome tan feliz y me levanté. Escogí ponerme una blusa azul marino y una falda negra. Hice lo mismo que todas las mañanas, mi rutina de guardarlo en la maleta.

Saqué unos jeans, mi cazadora y me vestí. Como aún era muy temprano, sequé mi cabello en ondas y al terminar, tomé mi maleta y salí hacia donde estaba mi motocicleta. Para mi desgracia, hoy era el día en el que Edward y Jessica iban juntos al cementerio. Me sentí de nuevo mortificada todo el trayecto y sólo un poco menos mientras entraba al estacionamiento de la empresa.

Había estado tentada a pedirle que me llevara, yo podía ir con él en lugar de ella… ¿no? Pero Edward ni siquiera me daba cabida en ese espacio, hablar de ese tema se había vuelto como un tabú. Se le tensaba la mandíbula y se le oscurecían los ojos, casi estaba segura de que preferiría incluso ir solo. Entré directo al baño, saqué mi blusa azul y mi falda negra. Me cambie rápidamente y al ver que quedé bien, sonreí y salí directa a la oficina.

—Aun no comprendo cómo logras dominar ese aparato Bella. —Mike, vestido impecablemente de negro sonrió al encontrarme en el pasillo.

—Mike… —me sonrojé —sabes bien que cargo con mi maleta…

—Lo sé, —respondió — ¿vamos a la oficina? —Asentí.

El pasillo era amplio y completamente blanco, mis tacones resonaban por todos lados. Había muchas oficinas alrededor y todos corrían de un lado para el otro. La oficina de Mike, estaba justo al fondo del lado izquierdo. A Mike le gustaba mucho tener todo impecablemente y en orden. Su escritorio era grandísimo de caoba oscura, su silla presidencial de cuero negro, una gran ventana a sus espaldas con una espléndida vista hacia Central Park, al lado derecho había una pequeña cascada artificial que era muy relajante en realidad. Pero para sorpresa mía y al parecer de Mike, dentro de su despacho nos esperaban Aro Vulturi y Eric. Toda mi mañana se fue a la basura, mi estómago incluso cayo diez pies bajo tierra.

—Bien señor Aro, ya ha llegado el licenciado Newton, con permiso. —Eric desapareció rápidamente de la oficina y me dieron unas ganas terribles de seguirle.

Detestaba a Aro, Dios mío verlo ahí, solo hacía que recordara cosas que ya había recordado lo suficiente. Por un lado, agradecí el episodio de ayer en el baño, porque quizás eso me habría pasado aquí frente a Mike y Aro… y no gracias.

Al parecer el sentimiento era mutuo, porque su mirada fue despectiva y fría, cuando nuestros ojos se encontraron, su piel lucia más pálida de lo habitual en su traje oscuro. Su cabello recogido en una coleta, sus grandes ojos negros recorriéndome de arriba abajo.

—Mike, que gusto volver a verte. —Aro tendió su mano saludando a Mike. —Isabella. —Murmuró saludándome también, su piel era tersa y cálida. Contraste con su apariencia.

— ¿Qué tal Aro? ¿A qué debo tu visita? —Preguntó Mike con voz contenida, como si ya supiera la respuesta.

— ¿Qué has pensado de lo que… hablamos?

—Ella va a seguir trabajando para mí. —Espetó Mike con voz seria. —No hay nada que James Gigadent pueda hacer, si lo que quiere es joderme, se ha equivocado de persona.

Las piernas me flaquearon, todo me dio vueltas obligándome a apoyar una mano en el marco de la puerta, cerré los ojos. James. Me quedé estática, incapaz de moverme y me forcé a mí misma a no llorar, ni a desmayarme.

—Tienes sólo una semana más para pensarlo. —Aro caminó hacia la puerta donde yo estaba estática. —Con permiso… Isabella. —Murmuró mi nombre de una manera que me estremecí.

— ¿Qué ocurre Mike? —Pregunté con voz débil en cuanto Aro se marchó.

—No es nada Bells, no te preocupes. —Llegó a mi lado poniendo las manos en cada lado de mis hombros y luego tocó mi frente. —Rayos Bella pareces un fantasma, ven sentémonos.

—Dímelo, por favor. —Susurré mientras nos sentábamos, él me miró llenos de dudas.

—Aro quiere que te despida, —apoyó las manos sobre sus rodillas —James y él son socios, no quieren hacer negocios con alguien que lo metió a la cárcel. Al parecer el rumor de que intentó bueno… —desvió su vista de la mía y lo agradecí sinceramente, porque sentía el terror en mis propios gestos —atacarte, ya se ha expandido entre varios compañeros, y ha perjudicado su sociedad. Hasta hoy, solo muy pocas personas saben que Gigadent está tras las rejas.

—Oh. —Fue lo único que pude decir, mi cuerpo completo se sacudió como una hoja contra el viento.

—A mí no me preocupa si deja de invertir aquí o no Bella, yo tampoco quiero a un tipo que intentó propasarse con mi auxiliar contable, —apretó ligeramente mi mano —imagínate ¿qué clase de jefe me hace eso? —Miró su reloj. —Tenemos mucho trabajo… pero Bells, no te preocupes. —Intentó sonreír. —Todo está bien.

—Mike… —susurré —esto es terrible para Newton LTD, sabes bien lo que significa perder a la familia Vulturi… —Aseguré sin temor a equivocarme.

—Son sólo dos inversionistas, Gigadent y Vulturi no es como el fin del mundo. Sé que Cullen va a firmar el contrato con la familia Mallory, lo que nos pone en una ligera desventaja. —Elevó una rubia ceja en claro signo sarcástico. —Pero aún tenemos a Garret.

Yo lo sabía mejor que nadie, la liquidez que adquiriría Cullen se volvería inmensa. Sí Edward lograba el contrato con Lauren Mallory, obtendrían un posicionamiento en el mercado tan grande, que aseguraría el futuro de su familia, de los hijos de sus hijos y de los hijos de sus bisnietos.

**Edward POV**

Entré casi corriendo al restaurante Masa. El mesero me condujo hasta una mesa privada. El restaurante japonés no estaba muy concurrido por la hora. Estaba decorado todo con detalles orientales, en las paredes había escritura japonesa, bambús por donde quiera que mirara. El aroma a incienso floral se percibía tenuemente, detrás de una delgada cortina hecha de madera clara, vi a Lauren. Vestía un sencillo, pero elegante vestido azul cielo, su cabello castaño claro, caía lacio por enfrente de sus pequeños hombros, sus ojos verdes se encontraron con los míos.

—Pensé que me estabas haciendo pagar lo de ayer. —Murmuró con una sonrisa mientras me sentaba a su lado.

—Lo siento, ahora yo me quedé dormido. —Mentí.

El mesero se acercó a nosotros y ordenamos dos platillos de pollo Hibachi. Comencé hablar de nuestro contrato, que quedaría listo a finales de Abril. Carslie se encargaría de unificar nuestros bienes y aclarar otros puntos, pero fuera de eso todo estaba en orden. Lauren lucía incomoda y pensativa, no podía entender por qué.

— ¿Pasa algo con el contrato? —Pregunté finalmente y apuntando hacia los papeles.

—Bueno yo… —desvió la mirada hacía la pequeña fuente de piedra a un lado de nosotros — ¿estás con esa niña… la de las Vegas?

—Isabella. —Respondí en tono seco.

— ¿Están juntos? —Susurró. Fruncí el ceño, estábamos en medio de algo muy importante y su mente estaba en otras cosas.

—Por qué lo preguntas ¿ocurre algo?

—No… es solo que bueno yo… pensé que seguías con Jessica. Escuché que se iban a casar…

—Ya no estoy con ella. —Interrumpí este extraño dialogo. Abrió los ojos sorprendida y sonrió.

—Ah… bueno entonces después… tú y yo podíamos no se… salir, divertimos un rato. Pronto seremos socios y…

—Quizás no sea buena idea, —interrumpí —mezclar los negocios y las amistades…

—Éramos amigos antes de ser socios, ¿ya lo olvidaste? —Espetó molesta.

—No… —suspiré, tenía razón.

— ¿Entonces? Te comportas tan distinto, la verdad prefiero mil veces ser tu amiga que tu socia, sabes bien lo que pienso de este tipo de cosas.

—No te lo tomes tan apecho Lauren, —sonreí —ayer fue mi cumpleaños y hoy voy a ir a festejarme con unos amigos… ¿quieres ir?

— ¿Lo dices en serio?

—Iremos al Times. —Le regalé una sonrisa.

— ¡Por Dios! —Gritó emocionada —sí, sí quiero ir. Hace tanto que no voy a divertirme ni nada…

Así pues, Lauren estaba invitada. Esperaba que a Bella no le molestara, de cualquier forma le explicaría que ella no significaba nada más que una amiga. Y siendo honestos, necesitaba cerrar el contrato. Así lo hicimos, firmó y ahora, oficialmente era mi socia.

Al regresar a mi oficina, Jessica me estaba esperando. Se había puesto un vestido rosa pálido de cuello en pico, cada curva de su cuerpo se marcaba de forma exagerada, se veía bien ¿pero cómo diablos había logrado meter en ese vestido? Sus tacones negros y cerrados eran tan altos, que nadie le creería que estuvo meses en silla de ruedas. Fulminó a Lauren con la mirada en cuanto entramos. Lauren hizo lo mismo, yo me sentía entre la espada y la pared, a la espera de cualquier cosa. Sin embargo, Lauren recogió unos papeles y por obra de Dios, omitió decir algo como: te veo en el club y solo se despidió. El trayecto fue silencioso hasta que finalmente, Jess rompió el silencio.

—Me cae tan mal Lauren.

—Te caen mal todas. —Respondí con una media sonrisa y mirando hacia el frente.

—Esa chica se muere por acostarse contigo, —rodé los ojos —no importa lo que tu creas, es la verdad.

—Jessica, no pienso acostarme con ninguna socia.

— ¿Estás seguro? —Preguntó mientras nos bajábamos del auto y comenzábamos a caminar.

—Sí, muy seguro. —Rodó sus intensos ojos azules.

Jessica y yo estábamos juntos desde hacía ya tres años. Yo la había engañado innumerable cantidad de veces, ahora podía verlo como fue. Estuve mal y fuera de control porque, cuando amas a alguien, no te pasa por la cabeza si quiera lastimarlo. Parte de mi vida había sido mal gastada en tratar de olvidar a Tanya, y luego, en tratar de amar a Jessica. Sus celos no eran infundados, si no justificados. Ya no éramos pareja pero seguíamos de alguna manera atados. La necesité por mucho tiempo para olvidar a Tanya y luego ella me necesitó a mí al quedar desvalida, además cuando Bella me dejó, la necesité de nuevo. Parecía que caminábamos en un círculo vicioso. Ahora, producto de nuestros descuidos teníamos otra cosa terriblemente en común: un hijo, no nacido.

Suspiré y el frío viento se coló por mi nariz. A veces me gustaba pensar que no veníamos a un cementerio, si no a un parque. Uno donde seguramente, Edward se habría divertido mucho, ¿de qué color sería su cabello? ¿O sus ojos? Desgraciadamente, aquí no se escuchaban risas, si no llantos. No se veían niños jugando si no personas orando o sollozando. El único ruido que me acompañaba, eran los tacones de Jessica resonando por todo aquel silencio sepulcral. Como siempre que veníamos, irremediablemente volví a sentirme un pendejo por la forma en la que perdí a mi hijo, un montón de cosas me oprimían con fuerza el corazón.

—Solo falta que alguna de esas mujerzuelas te encadene con un hijo. —Murmuró Jessica sacándome de mis pensamientos.

—Eso no va a pasar. —Espeté molesto, el recuerdo de Edward me lastimaba y me hundía en el pantano negro de todos mis errores, como para andar pensando en ser padre. Jessica negó incrédula, viendo las flores que sostenía en su mano. Unas hermosas fresias de color morado y amarillo. Continuamos caminando en silencio.

— ¿Nunca te has preguntado, que hubiera sido si nuestro bebé estuviera con nosotros? —Preguntó después, cuando ya estábamos en la tumba.

—Sí, lo he hecho. —No quería decirle que frecuentemente lo hacía.

—Quizás seríamos tan felices los tres, tú y yo nos habríamos casado. Pondríamos una casa en otro lado, lejos de todo este bullicio, me habría encantado que nos mudáramos.

— ¿A dónde? —Pregunté, sintiéndome de pronto envuelto en ese sueño.

—Había pensado en Arizona. Edward estaría feliz en el campo, a estas alturas incluso, me gustaría subirlo a uno de los caballos del rancho de mi papá, me hubiera gustado que creciera donde se respira el aire limpio y fresco, podríamos enseñarle un montón de cosas. —Sonreí, eso habría sido genial.

Imaginar a mi hijo corriendo o montando caballo, era esplendido. Podría llevarlo también a Miami, a casa de mamá y enseñarle a surfear las olas. Emmett sin duda se moriría por enseñarle a jugar futbol americano. Alice lo habría mimado hasta volverlo malcriado. Imaginé a Jessica incluso, sonriendo feliz con nuestro hijo en brazos. Me lo imaginé de cabello dorado como el de ella, con ojos azules o verdes. Daba lo mismo, sería hermoso de cualquier manera. Nos imaginé a los tres, siendo una familia.

Edward estaba a solo unas semanas de cumplir ya un año. Recordé ese día, cuando me enteré que iba a ser padre y luego, así como me ilusioné, todo se desvaneció. Todo era tan borroso, fue una noticia que de solo recordarla, me dejaba sin aire. Todo mi mundo se vino abajo por un tiempo. Ni siquiera podía asimilar una noticia cuando ya tenía otra, no me importaba absolutamente nadie que no fuera Edward. No quería ver a nadie y… Respiré profundamente, ya no podía seguir pensando en eso.

—Pero ahora estamos aquí, hay que enfocarnos en la realidad. —Mi voz salió ronca y tuve que aclarármela. Jessica cerró los ojos. —Desgraciadamente no pasó y no hay nada más que pensar…

—Me abandonas en este dolor, con el tiempo tendrás otros… hijos… te olvidaras de Edward.

—Eso jamás pasará, nunca olvidaré a Edward. —Bufé molesto. —Tampoco quiero otros hijos, ten por seguro que eso nunca volverá a pasar.

—Eso dices ahora, pero sé que algún día pasará. Sólo ten en cuenta que con ninguna de ellas vas a encontrar la felicidad. Isabella solo se fija en tu dinero y Lauren te ve como una diversión. —Acomodó lentamente las fresias, sobre la tumba. El viento jugaba con su cabello rubio.

— ¿Y tú como me ves? —Pregunté fastidiado.

—Como el amor de mi vida. No puedo dejar de amarte aunque me trates como un cero a la izquierda. —Espetó mirándome con rencor.

—Cada vez que venimos aquí, lo único que ve nuestro hijo son peleas y llantos. —Pasé una mano por mi cabello. —Quizás si estuviera vivo, vería más de lo mismo. No estaríamos casados, ni felices. Yo te mandaría dinero para lo que le hiciera falta y el pobre, solo me vería con suerte una vez a la semana.

—¿Cómo puedes decir eso? —Sus ojos azules llenos de lágrimas, se puso de pie, encarándome.

—No digo más que la verdad. Hace mucho tiempo que dejé de quererte y lo sabes.

— ¿Por qué Edward? —Sollozó su cuerpo temblaba, como una hoja de papel. Y aquí estábamos otra vez, hundidos en una discusión frente a mi hijo. —Estoy harta de que te portes así, de que me restriegues en la cara que estás con Isabella, que has dejado de quererme… —Se dio la media vuelta, y antes de que procesara que estaba pasando, se hecho a correr

— ¡Jessica! —Grité corriendo tras ella —detente… —no hizo caso y aceleró su carrera, a travesó corriendo sin fijarse por el estacionamiento pero en eso… — ¡Cuidado! —Grité con más fuerza, Jessica se giró para verme, quedándose paralizada justo en medio de la calle. Cerró los ojos escuchando únicamente el rechinido de las llantas de un automóvil que venía a gran velocidad directo hacia ella...


Hola hola Chicas ¿como están? yo aquí pensando que Jessica es un imán para los accidentes peor que Bella. Por otro lado Aro está tratando de que Mike despida a Bella ¿ustedes creen que James este tramando algo desde la cárcel?

Bueno gracias a mis nuevas lectoras por seguirme y agregarme a favoritos Giorka Ramirez Montoya, AnnaLau2, Rommyev, jacke94, yrcl

A mis nenas: Liht Jamari hola nena que bueno que te gustó el capi, que te parecio este? dani0501 ya sabes que me salgo por la tangente con las cosas jajaja ahora como viste a Jessica es tremenda y hará lo que este en su mano para sino retener a Edward, atormentarlo. EmilyLuchia Como viste a Jessibitch esa esta lista para no bajar la guardia y lo peor… ahora Lauren como socia, en fin jaja me dices que te parecio? Hola hola Janalez como estás Bella tiene que contarle a Ed de Renée pero va por partes, ojala que no se le adelanten por andar de lenta. Vale Potter que te puedo decir Jessica esta dando patadas de ahogado pero son muy efectivas y Bella no puede saber que tanto tienen Jess y Ed si el no la involucra, haber como siguen con eso. Tiuchis , hola nena gracias por comentar pues como veras con Jessica pasa que no se quita del medio y con Bella que ahora tiene encima a la familia Vulturi, a ver si no le ocasionan problemas, me dices si te gusto el capi? Maru-Chan1296 jajaja la pareja feliz, ojala que lo siga estando aunque pues como ves, por todos lados les llueve. Abi se que me estas leyendo desde el cel, yo siempre leo desde mi cel jaja Jessica pues ahí la tienes estorbando y amenazando el caso es que siempre en medio de los dos, yo creo que Edward ya no debería ir con ella al cementerio ¿tu como ves? Y luego para colmo se acerca el aniversario de su hijo… no quiero imaginarme que va a pasar. Espero que tengas un excelente fin de semana :) Cindy linda esta semana el bullying genial que bueno que no vivimos cerca o nos pelearíamos por los mismos hombres jaja lamento el corte de inspiración que te di la semana pasada espero esta no haberte defraudado, ya sabes la zorra de Jess a la orden del día espero que Lauren mantenga sus distancias y que Aro no logre su cometido. Kim aun no me da por ponerlas a sufrir hasta ahorita solo peleítas y gente molesta ;) Edu hola linda como estás, pues yo aquí regalando lemmons y cerrando con maldades ya ves como soy fea pero bueno, además de que Aro esta buscando que despidan a Bella me intriga saber porque sigue teniendo contacto con James ;) gracias por tu coment linda Melania hola hola aww lo ultimo que quiero es hacerlas llorar… de momento jaja sip necesita al menos seguir hablando con Sue por muchas cosas por su ataque, por sus complejos, por los problemas con su madre en fin, le sobran cosas por hablar como siempre un gusto leerte. Hola Vale 55 Jessica sigue molestando tu como la viste, Jupy hola linda Edward avanzando reprimiendo sus celos y tratando de superar las cosas, la quiere y por fin se lo ha dicho y demostrado, ahora solo falta que deje de estar con Jessica, ¿tu que dices? Marah linda pues aquí mi parejita sorfeando las olas y que si que hay, pues por un lado Jess molestando, luego Aro, ahora hasta lauren ¿tu crees que le caiga en gracia a Bella que la invitara al club? Yo digo que nop. Felicytas linda te extrañaba! me imagino que andabas muy apurada pero mil gracias por tomarte la molestia en comentarme los capis que te habias perdido. Ojala que este te gustara también. IMaryG te exxtrañé donde andas!

Muchas gracias a todas por leerme y comentarme. Nos leemos pronto :)