Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y uno que otro personaje.


Capítulo Beteado por: Dess Cullen


Capítulo 31

Sorpresa

Bella

Lo único que veo cuando me acerco al lavabo son las dos desesperantes rayitas perfectamente marcadas en el aparato. Es el segundo positivo que consigo en estos últimos quince minutos. La explosión que veo venir me da el tiempo suficiente para acercarme al váter y vomitar como si fuese la única cosa que puedo hacer en la vida.

Estoy cansada de despertar en medio de la noche con la sensación de la cena dando vueltas igual que una secadora llena de ropa en funcionamiento. Ahora, sabiendo la respuesta a mis "supuestos" cólicos, esto no hace más que confirmar mi sexto sentido. Pese a que compré una prueba para saberlo con certeza, una parte de mí siempre lo supo, solo que no quise reconocerlo hasta hace poco. Lo sé. Lo puedo sentir. Conozco mi cuerpo mejor que nadie y sé que un simple malestar no puede durar con vómitos más de seis días. Mientras estoy hincada, me invade el terror por la noticia.

Estoy embarazada.

Enjuago mi boca con una mueca y seco mis manos en una toalla de baño. Tiro la caja del test a la basura, metiendo trozos de papel encima y escondo las pruebas confirmadas dentro del cajón donde guardo las cremas humectantes.

Estoy demasiado choqueada para reaccionar, demasiado aturdida para pensar al respecto.

Me encuentro a Edward entrando a la habitación cuando salgo, haciéndome un gesto con los ojos.

—¡Aquí estás! —Luce ansioso. No alcanzo a decirle nada cuando sentimos el portazo propio de Elif. Es de esos en el cual no sabes si viene enojada o con demasiado impulso. Él me regala una sonrisa— ¿Estás lista?

Inflo el pecho, mareada por la sorpresa.

—Sí

El pasillo es lo suficientemente ancho para los dos. Elif está llenando un vaso con agua en la cocina, girándose hacia nosotros.

Edward y yo hemos estado un poco ávidos por decirle a Elif acerca de la boda. No es como si esperásemos que se enojara, pero tampoco podemos llegar y decir "¿Tienes hambre? Hay papas asadas en la cocina. Por cierto, nos vamos a casar" Edward dice que tenemos que ser directos, pero yo no encuentro otra manera más directa que decírselo sin pelos en la lengua. No estamos haciendo nada malo, por esa razón la ansiedad. Aunque de los dos, Edward es el neurótico. Cuando lo llamé de esa forma a la cara, él estaba con la ceja levantada de una forma muy graciosa.

Ella levanta la mano cuando nos ve, bebiéndose de sopetón el vaso con agua.

—Guau… menos mal no tenías tanta sed ¿eh? —Bromea Edward. Elif suelta un suspiro, recobrando la respiración. Su sonrisa sincera me hace olvidar un poco a lo que venimos. Edward me mira con intención y tengo que regresar a la realidad. Aclara su garganta— Tenemos que hablar… contigo.

Ladea la cabeza, pasando de Edward a mí dos veces.

—¿Qué fue lo que hice? —Pregunta de inmediato.

—¿Hiciste algo malo? —Me dirijo a ella.

Gira los ojos.

—No

Edward tira de su mano para atraerla y nos sentamos en sofás diferentes. La tenemos frente a nosotros y por un segundo no es la boda lo que tengo en la cabeza. No es eso lo que he estado pensando desde hace cinco minutos. Estoy simulando que les doy la noticia bomba. Un… bebé no es lo mismo a un anillo de compromiso, para nada. Quito la imagen de mi cabeza haciendo un sonido con la garganta. Tal vez ni siquiera estoy embarazada. Tal vez es un tumor gravísimo y termine muriendo Bueno, basta de tragedias, para eso prefiero un bebé.

Elif nos mira con verdadera impaciencia, moviendo la pierna derecha sin parar. Empujo el brazo de Edward para que reaccione. Él aclara su garganta de nuevo, rascándose la mejilla.

—Tu madre y yo… queremos… contarte que… bueno, estábamos pensando… No, no estábamos pensando, estamos decidiendo… más bien, ya está decidido...

Suelto un suspiro.

—Nos vamos a casar —Acabo diciéndolo por él que comienza a toser descontrolado.

Ella no reacciona de inmediato. Su pierna sigue moviéndose mientras nos mira como si acabara de saber que somos sus padres. Perdida y un poco desorbitada. No parpadea, claro signo del shock. Finalmente cuando decido que es hora de tronar mis dedos delante de su cara, la escucho suspirar.

—¿Casarse?

Vuelvo a codear a Edward.

—Sí —Le contesta— Queríamos que fueses la primera en saberlo.

—¿Cuándo?

—En un mes —Le digo.

Frunce el ceño.

—¡¿Un mes?! ¡¿Tan pronto?!

Me muevo de mi lugar, poniéndome un poco nerviosa. Realmente, si la miro ahora ni siquiera sé si esto le enfada o le agrada.

—Nosotros queremos saber qué opinas. Es importante que nos digas lo que piensas al respecto, ya que eres una parte fundamental en nuestras vidas —Digo con certeza.

Elif abre la boca, pero no sale nada de allí, hasta unos segundos más tarde.

—O sea que… ¿vamos a vivir juntos?

Miro a Edward.

—Es la idea ¿no? —Él responde.

Asiente pausadamente, sin prisas.

—Estoy… sorprendida —Reconoce — y no-sorprendida a la vez —Eso no tiene sentido alguno— Es obvio que tiene que pasar alguna vez ¿verdad? No serán novios para toda la vida y no creo que papá quiera venir acá cada semana como si fuera un nómade.

Suelto una risita nerviosa.

—¿Entonces… qué opinas? —Edward pregunta un poco tartamudo… y nervioso como yo.

Encoje los hombros, quedándose en un silencio incómodo, causando que mi pierna se mueva enérgica frente a los dos. Sin embargo, cuando veo el esboce de una genuina sonrisa, siento como el alma vuelve a mi cuerpo.

Lo está haciendo a propósito.

—¡Quiten sus caras de tragedia! ¿Por qué piensan que puedo enojarme? O mejor dicho ¿Por qué siempre me miran como si yo fuese Chucky en persona? —Yo no tengo respuesta para eso. Sus brazos se envuelven en los nuestros antes de pensar en alguna excusa. Ella logra sacarme la carga que llevo, incluso si sabía que no se molestaría por la noticia. Busca en mi mano algún anillo, teniendo que mencionarle sobre la margarita. Mira a Edward con incredulidad— ¿En serio, papá? ¿Una margarita?

—Estaba al alcance de mi mano ¿o querías que deshilachara la hamaca para hacerle un anillo? Nos hubiésemos ido de bruces al suelo.

Se lo queda viendo con cara de falsa preocupación.

—Papi, pensé que eras más creativo.

—Lo soy.

—No —Insiste, tomando mi mano— Bella ¿dónde está…? oh, se marchitó tu anillo.

Eleva sus cejas hacia Edward, claro signo de que ha ganado. Sin embargo, él no va a quedarse tranquilo, de modo que la atrae hacia sí para llenarla de besos.

.

Tanya gira el tazón vacío de café con el bolígrafo. Todavía nos faltan tres horas de trabajo antes de poder largarnos a casa. A diferencia de Ángela, mi plato solo tiene migas de pan, razón por la que mi estómago se ha hinchado tanto que la blusa me incomoda. Ni siquiera recuerdo cómo es que acabé tan pronto mi comida. Pego mi espalda en la silla plegable en un intento vago de reposar. Eso lo único que logra es que me enderece con una mano en la boca.

Trago con dificultad.

—¿Qué te pasa, Bella? —Pregunta Tanya.

Logro esquivar de mala gana el vómito.

Ángela me sonríe sentada en la otra silla.

Jaque mate —Murmura y tengo que rodar los ojos. Estoy pensando seriamente que ella es una especie de vidente o algo así.

Tanya no comprende nuestra pequeña interacción, pero tampoco pierdo mi tiempo explicándoselo. Sería a la última persona a la cual le confesaría esto porque en menos de lo que canta un gallo, hasta la reina de Inglaterra estaría enterada. Camino de regreso a la oficina –ahora sin la rubia- seguida de Ángela, que no hace más que llamarme en susurros para que le preste atención. Sé lo que va a preguntarme y realmente no estoy de humor para sus suposiciones con sentido. Me siento en la silla giratoria, encendiendo el ordenador y olvidándome por un segundo de la contraseña. Empiezo a navegar por internet mientras sermonea sobre hacerme una prueba de embarazo casera, tal vez dos, para estar seguras. Quiero evitar esto de algún modo pero sé que no podré hacerlo demasiado tiempo.

Cuando me embaracé de Elif las cosas fueron rápidas. Yo no estaba sospechando de un embarazo, ni siquiera cuando el doctor me preguntó si había tenido relaciones sexuales. Y todavía puedo recordar la cara de mamá después de decírselo. La gran diferencia de entonces y ahora, es que tengo 32 y no puedo comportarme como una de 15 en un tema así.

—Supongo que por la cara de desolación que tienes, diría que estás sospechando…

Presiono una tecla con fuerza, soltando un suspiro tembloroso.

Voy a fingir un poco más con ella.

—No sé… puede que sí.

Apoya las manos en el escritorio, murmurando por lo bajo palabras ininteligibles. Su cuerpo se inclina tan cerca que tengo que echarme para atrás en la silla.

Siempre tuvo la razón, maldita sea.

—¿Te estás cuidando, verdad?

—Sí

—¿Con la píldora?

—Sí

—Y me imagino que te la tomas todos los días sin excepción —No respondo— ¡¿Bella?!

Mierda.

—Puede que… lo haya olvidado una vez —Le respondo en un hilo de voz, el recuerdo cayéndome de golpe— ¿o dos?

Ángela se va para atrás, soltando una risa de suficiencia. Yo le doy una mala mirada antes de que eleve los brazos como si intentase volar.

—¿De verdad creíste todo este tiempo que eso era estrés? ¡Cariño, ese estrés trae pies!

Llevo mis manos a la cara, apoyando los codos encima de la mesa y sacudiéndome en la silla.

—De acuerdo, no voy a ocultártelo a ti porque no tiene sentido. Me hice dos test de embarazo y en los dos salió positivo. Estoy embarazada. —Lo digo tan rápido como me es posible.

Estoy imaginándome la cara de un bebé con mejillas rosadas. Y no puedo evitar recordar el parto de Elif ni de su carita en forma de corazón. La habitación me da vueltas cuando escucho nuevamente la voz de Ángela, demasiado alta para mi gusto.

—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! —Hace puño sus manos, sonriéndome— ¡¿Qué fue lo que te dije?! ¡Era tan evidente! ¡Oh Dios mío! ¡Felicidades, Bella!

Sonrío un poco, los nervios adueñándose en mi estómago como mariposas. Ella parece tan feliz y yo parezco con tanto… pánico.

—Necesito a tu amigo ginecólogo con urgencia, Ángela. Lo necesito para cerciorarme que esto es en serio, por favor.

.

Me quedo de pie cerca de un mural.

Los primeros que siempre salen cuando la campana suena, son los chicos de primaria. Ellos corren a toda prisa por el pasillo, queriendo de una vez por todas salir al aire libre fuera del colegio. Los veo estrechar manos, abrazarse. Las niñas intercambian conversaciones sobre maquillaje, cosa que me sorprende, no deben de pasar los diez años. De algún modo, o solo es apreciación mía, los chicos se ven más inocentes que las chicas. Los escucho comentar de algún comic o de alguna película infantil. En cambio las niñas, o es el maquillaje, como dije anteriormente, o es sobre tal persona que les gusta. Frunzo el ceño con una sonrisa, sabiendo que los tiempos han cambiado. Eso me hace sentir un poco vieja.

El pasillo cambia de entorno, comienzo a escuchar los murmullos de secundaria. Es un cambio bastante drástico; piernas más largas, voces más roncas. Susurros y muchos grupos entre sí. Pese a que no corren como los de primaria, no suelen estar demasiado pendientes en la dirección que caminan. Pueden pasar a tropezarse con alguien mayor y ellos no van a darse cuenta. Algunos. Porque todavía quedan los que se disculpan si pasan a chocarte sin querer.

Elif viene con Casey y Hanna. Algo dicen entre ellas que les causa risa. Luego del episodio de las metanfetaminas, Elif y Hanna se habían distanciado, pero con el tiempo lograron olvidarlo y Hanna volvió al grupo como era habitual.

Casey es la primera que ve. Se aleja del grupo para correr a abrazarme. Ella es muy demostrativa la mayor parte del tiempo.

—¡Bella! —Aúlla por la emoción. Respondo a su abrazo con una sonrisa, casi sin aliento.

Unos segundos más tarde, Elif llega a nosotras para apartar a Casey tironeando de su suéter.

—Ya déjala en paz ¡No la agobies! —Dice con tono de enfado.

Casey se alisa la falda con un gruñido.

—¡Deja de ser tan celosa! A tu mamá no le importa ¿Verdad, Bella?

Miro entre las dos. No consigo responder porque la voz de Hanna nos interrumpe para saludarme. Tomo la mano de Elif para que su cara de póker se suavice un poco. Nos despedimos de las chicas, viéndolas irse por la puerta principal. Ni siquiera sé qué hacemos todavía paradas en medio de la recepción. Damos marcha a la salida, caminando una al lado de la otra.

—Casey suele ser… un poco molesta —Comenta cuando hemos bajado la escalera.

Trato de recuperar el aliento.

—Yo pienso que es amable y muy cariñosa —Recalco las últimas dos palabras con una sonrisa, recordando su exaltación.

Elif no dice nada por el momento. Avanza mucho más rápido, dejándome atrás.

—Bueno, entonces quédate con Casey.

Tardo unos segundos en notar su tono de voz. Tomo impulso para que caminemos al mismo nivel. Las escaleras siguen causándome cansancio y aún estoy recobrando la respiración.

—Espera un segundo ¿estás celosa de verdad? —No me responde. Atrapo su mano— ¿Eso es un sí?

Me mira con las mejillas enrojecidas. Otra de varias cosas que he aprendido de Elif, es que cuando sus mejillas enrojecen, es porque está enojada. No puedo ocultar la sonrisa ni la carcajada que suelto después, cosa que la hace enfurecer más.

—¡No te burles! —Intenta soltarse de mi mano, pero hago más presión en ella— Bella…

Sin embargo, ni aun así le suelto la mano.

—No te puedes poner celosa de Casey, Elif —Sigo sonriendo— Siento reírme, es que no te das una idea de lo hermosa que te ves poniéndote así.

Ladea la cabeza.

—No estoy celosa.

Me acerco, mirándola a los ojos.

—¿Segura? —Frunce los labios, respondiendo sí con la cabeza— Está bien, pero aquí entre nos —Susurro, señalándonos con el dedo índice— A mí me gustan tus abrazos.

Reprime una sonrisa, sacudiendo la cabeza.

Edward nos está esperando en el auto.

—¿Por qué tus mejillas están rojas? —Le pregunta. Me abrocho el cinturón de seguridad, viendo que Elif ignora su pregunta y lo saluda con un beso— ¿Estás enojada?

—No —Responde con cansancio— Tengo calor.

—¿Calor? Pero aquí hace frío… —Hago ademán a Edward con los ojos, captando mi indirecta de inmediato. No vuelve a preguntar.

Cae una pequeña llovizna en la ciudad cuando Edward me va a dejar a casa. Sin embargo, nos compramos tres conos de helado a pesar de que la lluvia parece querer intensificarse. En el camino no pude resistirme a las vitrinas de una heladería cerca del parque. Ni siquiera alcancé a ver los sabores, simplemente me quedé pegada al cartel con la imagen del cono con dos bolas de helado. Así que Edward se estacionó en la entrada, corriendo para no mojarse demasiado y comprándonos uno con distintos sabores. El de Elif es de pistacho, el mío de mango y el de Edward de chocolate suizo. Quería probarlos todos, pero no iba a estar pidiéndoles cuando ya tengo el mío.

—¿Por qué estamos comiendo helado en invierno? —Pregunta Elif.

El dulzor frío anestesia mi paladar.

—¿No comes helados en invierno? —Respondo con otra pregunta.

Ella se queda pensando.

—No… creo.

Me despido de Edward con un beso, riéndome por sus comisuras llenas de chocolate. Elif se baja para ocupar mi lugar, abrazándonos con cuidado de no estropearnos la ropa con el cono. Los veo irse y me doy prisa para refugiarme de la lluvia. Mientras busco mi llave de la puerta, siento los primeros nervios en mi estómago. Agradezco que ellos se hayan ido hoy, pero no porque quisiera estar sola, sino para poder ir a mi cita con el ginecólogo.

Me doy una rápida ducha; uno no puede ir así como así al ginecólogo, menos si se trata de un doctor y mucho menos si vas porque piensas que estás embarazada. Me pongo unos jeans cómodos y uso la misma gabardina que antes. Mientras utilizo un color rojo en mis labios, solo para tratar de controlar mis nervios, no puedo evitar mirarme directamente a los ojos en el espejo. Necesito tranquilizarme, incluso si eso es casi imposible. No voy para que me den una mala noticia, es solo que me produce cierto terror confirmar algo que es evidente. No creo que el test vaya a mentirme, a menos que lo haya usado mal o esté caducado.

Tomo una profunda inspiración, tragando con dificultad y no apartándome del espejo.

Es ahora o nunca, Bella.

El ginecólogo de Ángela es endemoniadamente guapo, para qué voy a decir otra cosa. Su nombre es James Witherdale y tiene una sonrisa de anuncio de pasta dental. Él me hace algunas preguntas sobre mi periodo, cosas normales para estos casos -bastante incómodas- pero las respondo sin problemas.

Me envía al cuarto de baño con una bata para desvestirme de la cintura para abajo. Soy un manojo de nervios tan pronto me recuesto en la camilla. Pongo los pies en cada estribo y espero. Él escribe algunas cosas más en una hoja antes de ir conmigo. No es para nada cómodo tener a un completo desconocido viéndome hasta el alma casi en medio de mis piernas pero supongamos que es necesario. Él me habla mientras introduce la sonda –que lo único que causa en mí son cosquillas- y enciende un monitor. Mi corazón se detiene.

Lo veo mover la mano mientras que con la otra presiona botones sin parar. La pantalla está encendida, pero todo parece tan confuso.

—¿Ves eso de ahí? —Señala con su dedo una mancha pequeña. Dejo de pestañear— No te preocupes por nada que él está en el lugar adecuado allí dentro.

La imagen se mueve como si estuviera en el agua. Me quedo paralizada mirando la pantalla, sabiendo que esa manchita es mi hijo.

Dios… —Susurro— ¿Cuántas… semanas tengo?

Él me mira con una sonrisa.

—Lo suficiente para que puedas escuchar esto.

Mueve su mano de la sonda y de pronto la habitación se llena de un sonido ronco. Mierda. Ese es su corazón.

Y es demasiado para mí. Lágrimas gruesas comienzan a descender por las esquinas de mis ojos intentando asimilar el hecho de que ese corazón mantiene vivo a mi hijo en mí. No lo puedo creer… simplemente no puedo explicar el sentimiento que tengo en este minuto. Es… maravilloso y abrumador a la vez. Pero por sobre todo maravilloso.

El doctor Witherdale imprime copias de la imagen y un audio del corazón. Estoy ansiosa mientras termino de vestirme. Me da algunas indicaciones, citándome nuevamente y mencionando que tengo nueve semanas de embarazo.

Salgo de la consulta flotando en mis pies, revisando cada tanto las imágenes en blanco y negro. Trato de controlar el sollozo que me viene de repente, pero no puedo gobernarme a mí misma. Hay mucha gente en espera cerca de mí mientras camino, segura de que están mirándome llorar, pero no me importa, maldita sea. Voy a tener un bebé de nuevo. Me limpio las lágrimas de la cara al sentir el golpe frío del viento en la calle. Tomando una profunda inspiración, reanudo mi camino hasta la camioneta, asimilando todo nuevamente.

.

Edward

—¿Bella? —Le hablo al teléfono— ¿Dónde vienes?

Camino al cuarto de baño con el móvil en mi oreja.

—Voy camino a casa, cariño. ¿Por qué?

Suelto una risita.

—Tú y yo tenemos un lugar al cuál visitar.

Unos días más tarde, decido que es hora de pensar en los anillos, ya que lo que menos tenemos ahora es tiempo y no quiero que mi novia no tenga nada brillante en su mano, aunque suene vanidoso. Luego de colgar la llamada abrocho el último botón de mi camisa. Ya estoy adueñándome del espejo de Bella en su baño, uno que compartiremos cuando estemos casados. Solo espero que pronto podamos tenerlo en un nuevo baño, en nuestra casa propia para los tres.

Con la única persona que he comentado sobre esto es con Jasper, quien me dice que tiene un amigo que vende su casa porque él y su familia se han mudado permanentemente a Canadá. Sin embargo, tengo que consultarlo y ver opciones. Tampoco sé cómo es la casa por fuera, tampoco sé si me gustará o si les gustará a Bella y a Elif. La opinión de ellas es de suma importancia.

Veo a Elif apoyarse en el umbral de la puerta.

—Ey ¿cuándo llegaste? —Le pregunto.

Me sonríe.

—Hace quince segundos.

Me pongo un poco de perfume en el cuello.

—Voy a comprarle el anillo a Bella.

—¿Vas con ella? —Se endereza, cruzada de brazos. Muevo la cabeza en respuesta— Asegúrate de que sea bonito, no vayas a ponerte tacaño a estas alturas de tu vida.

La miro con el ceño fruncido, una sonrisa apareciendo en mis labios.

—Gracias por la advertencia.

Ríe devuelta. Se acerca y deja un beso en mi cara.

—Buena suerte con lo del anillo… Por cierto, hoy me quedo con la abuela.

—¿Quieres que mejor te alcance a casa?

—No, no, ve con mamá —Dice yéndose y se detiene. Se vuelve con una mirada sorprendida. Hace un gesto con la cara impresionada y quiero echarme a reír por eso— ¿Dije lo que creo que dije?

—Estoy seguro que escuché lo mismo —No me responde nada, quedándose apoyada otra vez en la puerta. Al cabo de unos segundos, decide reanudar su camino— ¿Elif?

—¿Hm?

—Es una lástima que Bella no esté aquí para escucharte.

Tampoco me dice nada. Me regala una sonrisa nerviosa antes de irse finalmente.

Bella llega unos minutos más tarde a casa. Se balancea del tocador al armario para darse prisa. Ha estado agitada desde hace días, como si necesitara un calmante todo el tiempo. Tal vez solo está nerviosa por la boda, que se yo. La rodeo por la espalda para dejar un cariñoso beso en su cuello. Acomoda su mano en la mía antes de enderezarse y pegar la cabeza en mi pecho. Hace presión en mi mano, queriendo que sostenga con firmeza su cintura curvada.

Gira sobre sí misma para mirarme de frente.

—¿Seguro que quieres hacer esto hoy? —Su pregunta es suave, sus manos subiendo y bajando en mis brazos. Nuestras narices casi rozándose.

De pronto, la habitación carece de aire.

—Sí —Muevo un mechón de pelo situándolo detrás de su oreja. Amo como luce con el cabello largo— ¿O es que tenías otros planes?

Me mira detenidamente, esbozando una sonrisa.

—No —Menea la cabeza— pero espera un segundo, estoy suponiendo a dónde vamos porque aún no me dices nada.

Dejo un beso rápido en su nariz, entornando los ojos.

—Estoy seguro que lo sabes.

Menashe & sons Jewelers es una joyería con bastante categoría. Queda en medio de una avenida repleta de tiendas. Hay un local de sushi al frente, una tienda de antigüedades al lado, una librería, una florería más allá, en fin. Hay una moto estacionada por delante cuando apago el motor. El sol nos acompaña esta tarde, apaciguando un poco la lluvia y el frío, aunque es raro no ver llover. Supongo que es una forma de darle la bienvenida a la primavera que se avecina.

Entrelazo mi mano con la de Bella antes de que entremos. Una campanilla suena cuando empujo la puerta. La dependienta casi inmediatamente nos sonríe a modo de recibimiento. No sé si tomarme eso como un gesto de amabilidad o porque nadie viene a comprar aquí. A menos que últimamente tengan todo a un precio excesivamente alto. Eso hace retorcerme el estómago. No soy multimillonario ni nada, pero me prometí esmerarme en comprarle el mejor anillo a mi futura esposa.

No me importa endeudarme con esto hasta que sea anciano, vale la pena.

Lo primero que me encuentro, son mostradores y más mostradores con una cantidad infinita de sortijas. Los focos de luz no son necesarios en este lugar, los anillos brillan tanto que simulan la electricidad. Miro a Bella por el rabillo de mi ojo, notando su rostro maravillado mientras observa cada una con verdadero detalle.

El mostrador de los anillos de boda está en otra sección, pero nos quedamos en la de compromisos.

—¿Cuál te gusta?

Bella se muerde el labio, negando.

—Todas son tan bonitas… —Susurra para sí misma— Mira esa ¿no es hermosa? —Señala uno de oro blanco con diamantes incrustados.

Le digo a la chica que nos enseñe el anillo. Ella se queda embobada con el brillo del diamante, como una niña entusiasmada con un juguete.

—¿De verdad te gusta ese?

No me mira, el anillo acapara toda su atención.

—Es precioso.

Me fijo que el precio es asequible a mi presupuesto, aunque como dije, no importa endeudarme.

—Queremos este —Le digo a la vendedora y Bella aleja la mirada del anillo. Súbitamente se da cuenta en la sección que estamos.

—Edward… esta no es la de anillos de boda.

—Ya lo sé —Niego con la cabeza. No aparta la mirada de mí, como si esperara que continuara. Me echo a reír antes de darle un beso en los labios— ¿Acaso pensaste ser la única mujer en el mundo sin anillo de compromiso?

Se ve pasmada.

—Pensé que dijiste que eran las alianzas para… —Insiste. Ladea la cabeza sorprendida— ¡Oh Dios mío! ¡¿Me vas a regalar ese anillo?!

Sus ojos brillan por la emoción, y eso suficiente para saber que he hecho bien en traerla.

—Sí, por supuesto.

Se queda en silencio, dejando un beso sorpresivo en mis labios, maravillándome con su sonrisa aun cuando todavía no nos separamos.

—Gracias —Susurra mientras se aleja abruptamente, chocando nuestras barbillas— Cariño, pero es un poco… caro —Hace una graciosa mueca, que solo nos produce risa.

Encojo los hombros.

—No te preocupes por eso. —La dependienta nos trae una caja con anillos similares para buscar uno que se ajuste a la medida de su dedo. Luego le tiende el anillo correspondiente, pero se lo quito— Esto necesita ser formal también ¿no crees?

Sus mejillas se ruborizan.

—Edward, no…

Abro la pequeña caja con el anillo luminoso dentro. Las miradas curiosas de las dependientas y de dos varones que acaban de entrar no me detienen a hacerlo. Bella se ve tan abochornada mientras lo hago.

—Este día tendría que haber pasado hace mucho, mucho tiempo. Y los dos sabemos por lo que hemos pasado en todos estos años. Pensé que ya no te encontraría más, pensé que no volvería a reencontrarme contigo —Aclaro mi garganta— Bella, te amo como nunca amé a nadie más y te lo pregunto por tercera vez ¿quieres casarte conmigo?

Para mi sorpresa, los ojos de Bella se llenan de lágrimas, regalándome una de sus sonrisas nerviosas.

—Claro que quiero casarme contigo.

Obviamente sabía su respuesta, pero eso no quita que suspire con tranquilidad. Mi sonrisa se amplía mientras sostengo su nuca para acercarla. Nuestra proximidad no hace más que ponerme más ansioso. Sentir el dulzor de su boca un leve segundo antes de atrapar su labio inferior con emoción, inclinando la cabeza hacia el lado derecho para que mi nariz y la de ella no nos entorpezca. Me devuelve el beso con la misma agitación y noto como lágrimas ruedan en las esquinas de sus ojos cerrados. Eso produce una ternura en mí casi incomprensible. Reparto besos cortos a lo largo de su mandíbula, limpiando con mis pulgares sus lágrimas. Los aplausos de las vendedoras y de los dos señores me sacan de aquel momento y me encuentro con los ojos de Bella, ahora abiertos, totalmente enternecidos.

Me quedo contemplando la belleza de sus ojos durante mucho tiempo.

Escucho a una chica más atrás:

—¡El anillo, póngale el anillo!

Parpadeo y Bella pasa un dedo por debajo de su párpado para quitar la lágrima que está a punto de escaparse.

Con torpeza saco el anillo de la cajita, tomando su mano y depositándolo en su dedo anular. Eso la hace sonreír más, pero no sigue llorando.

Dejo otro beso, ahora cerca de su mentón.

—Te amo tanto, Bella.

Suspira

—Y yo a ti, no sabes cuánto.

.

Nos pasamos el resto de la tarde paseando de la mano, como nos gusta. No es muy agradable en invierno pero cogidos de la mano y conversando temas que nos importan, lo hace muy interesante y entretenido. Los ojos de Bella no dejan de brillar. Tengo el presentimiento de que va a decir algo, mas no lo hace y presiona sus labios, volviendo a mirar hacia el frente. Yo no le pregunto nada, no es la primera vez que tengo esa sensación.

—Hay… una casa que quiero visitar un día de estos. En realidad, quiero que vayamos a visitarla. Me han dicho que es espaciosa, suficiente para los tres. Me gustaría saber tu opinión y si Elif viene con nosotros, mucho mejor.

—¿Queda en la ciudad?

—Sí, es un barrio muy tranquilo.

La veo morderse el labio.

—¿Espaciosa dices?

—Tiene dos habitaciones, justo lo que estamos buscando. —No me dice nada— ¿Quieres una casa más grande? ¿Con más habitaciones?

Vuelve a mirarme y nuevamente tengo la misma percepción de que está pensando algo sin decirlo. Quiero preguntar qué pasa, sin embargo, no alcanzo a hacerlo.

—Tal vez un cuarto de huéspedes. Ya sabes que a veces… podemos tener visitas.

Sus dedos se presionan en los míos con demasiada fuerza.

—Es cierto, pero de todos modos me gustaría que la vieras. No es la única opción que tenemos, por supuesto.

—Por supuesto —Repite. No hablamos más, hasta el final de la calle. Me suelta de la mano para rodearme por la cintura, apoyando la cabeza en mi pecho. Esbozo una sonrisa acariciando su nuca, envolviéndola y besando el tope de su cabeza— Gracias por todo, Edward.

—¿Por qué todo?

Encoje los hombros, aun estrechándome.

—Por volver a mi vida.

Se separa unos centímetros. Sostengo su rostro con mis manos, deseando mantenerlas ahí todo el tiempo necesario. Hay lágrimas en su rostro, pero sé que son lágrimas de emoción.

—Entonces yo también te doy las gracias por volver a mi vida.

Me da un tierno beso con una sonrisa. Cuando se separa, la veo fruncir el ceño.

—No, creo que estamos equivocados —Muevo la cabeza, esperando que se explique— Esto es gracias a Elif.

Suelto una carcajada.

—Tienes razón, si no fuera por sus dotes de investigador privado.

—De hecho, eso fue debido a Ethan.

Entrecierro los ojos, causando que se eche a reír. Su risa es encantadora.

—Sabía que algo bueno debía de tener ese chico.

.

Mamá está tejiendo un nuevo gorro de lana para Jackson. En esta ocasión es amarillo para simular un patito. Tiene botones para los ojos, un pico naranjo para la boca. Se ve entusiasmada mientras me siento junto a ella en el sofá.

No puedo evitar notar su cambio en este último tiempo.

No fue fácil para ella su separación con mi padre. La tristeza que emanaba era casi perceptible durante los siguientes meses, luego de que él se fuera de la casa. Ella quería evitar todo contacto con Carlisle, pero a sabiendas de que para divorciarse debían verse, tuvo que buscar valentía de alguna parte. Mamá dice que esto no es echar por la borda tantos años de matrimonio, como le han dicho incontable de veces. Señala que tener tres hijos y cuatro nietos maravillosos es suficiente para saber que ha cumplido con su deber en la vida. Sin embargo, tener a tanta gente en casa no hizo que se sintiera menos sola. Ahora puedo decir que está comenzando a superarlo, comenzando a vivir su vida de mujer divorciada. Sonríe más, bromea más. Y desde la llegada del hijo de Alice, mi madre parece más rejuvenecida.

—¿Estás haciéndole un patito? —Pregunto divertido.

Tuerce la cabeza.

—Me gusta el color —Explica levantando la mirada— a ti te gustaban los patitos de hule cuando niño.

Arrugo la nariz.

—No lo recuerdes —Se ríe, siguiendo con el tejido. Me quedo mirando sus macetas con flores blancas, las que cuida como si fueran un miembro más de la familia— ¿Madre?

—¿Qué? —No desvía su mirada del tejido, moviendo enérgica sus dedos junto con los palillos. Haciendo esos extraños puntos que dice tener, explicándonos cuando le preguntamos, pero que al final nadie entiende.

Tomo una profunda inspiración.

—Bella y yo vamos a casarnos dentro de un mes.

El sonido de los palillos desaparece y poco a poco levanta la mirada nuevamente hacia mí. Su expresión de sorpresa me hace querer sacudirla para que reaccione.

—¡¿Un mes?! —Abre desmesuradamente los ojos ¿Por qué todo el mundo se sorprende por eso? — ¡Estás loco!

Frunzo el ceño.

—¿Por qué?

Aparta el tejido de sus piernas, mirándome y alzando sus brazos al aire.

—¿Te das cuenta de lo difícil que es bajar de peso para un matrimonio y tú vas y me dices que dentro de un mes se casan? —Me quedo unos segundos petrificado hasta que rompo a reír. Y ella lo hace también. — Oh, es solo una broma. ¿En serio piensan casarse? ¿Ya es oficial? —Suena interesada.

Asiento.

—Le compré un anillo de compromiso y ya se lo dijimos a Elif.

Mamá esboza una sonrisa maternal, estirando sus brazos hacia mí para rodearme.

—¡Felicidades, hijo! ¡Estoy tan feliz por ti! —Nos balanceamos de un lado a otro— ¡Tenemos que darnos prisa! Hacer todos los preparativos para la boda y sumado a que tienes que remodelar tu cuarto de soltero para tu esposa.

Frunzo los labios.

—Eh, sí. Justo iba a hablarte de eso —Me rasco la cabeza— Bueno, Bella y yo vamos a vivir juntos, por supuesto pero… no aquí —No me dice nada— y Elif se viene con nosotros. Aunque bueno, si a ella se le hace un poco extraño, puede quedarse aquí el tiempo que quiera hasta que esté preparada. Ella creció junto a ti y sé que va a ser difícil…

—¿Te vas… a ir?

He olvidado lo que le cuesta a mamá desprenderse de nosotros. Cuando ofreció que nos mantuviéramos unidos fue cuando Emmett y Rose se casaron, y desde entonces todos hemos estado revueltos en la misma casa. Y Elif ha estado junto a ella desde su nacimiento, por eso sé lo complejo que será para ambas.

—Vamos a estar en la misma ciudad, nos vamos a ver todo el tiempo —Sigue mirándome como si estuviera en otra parte— ¿Mamá?

Parpadea.

—Lo siento, es que estoy algo sorprendida —Me responde estupefacta. Nos quedamos un momento mirándonos. Sacude la cabeza con una sonrisa — Aun así siempre supe que sería de esta manera.

—¿Qué cosa?

Aparta un mechón de mi cabello con dulzura.

—Que serías el primero en irte —Encoje los hombros— Siempre has sido más libre que tus hermanos.

—¿No estás enojada?

Arruga el entrecejo.

—¿Cómo crees que podría enojarme el que mi hijo quiera formar su propia familia? No, para nada. Pero me pone triste que te vayas, claro —Me da un beso en la mejilla— No te preocupes por mí, no estoy sola. Y el lugar de Elif es con sus padres, ella sabe que las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para ella… para ti y para Bella.

Le sonrío, sostengo su mano cálida que acaricia mi mejilla.

—Gracias, mamá.

—Bueno, bueno, explícame cómo es eso de que en un mes. ¿Cómo nos vamos a organizar? Porque yo quiero ayudar, por supuesto.

Le cuento un poco sobre nuestros planes. Bella y yo estábamos pensando en hacer nuestra boda a las afueras de Seattle, en una cabaña cerca de la playa. Hay un jardín precioso que conecta la entrada hasta el jardín trasero, antes de que comience el camino de arena. Hay un muelle en la orilla. La cabaña es lo suficientemente espaciosa para la fiesta y si el día nos acompaña, podemos celebrar nuestra unión civil al aire libre.

Ya dijimos que sería algo solo para nosotros, pero que fuese pequeño, no significa que no sea inolvidable. No podía no ser minucioso en el día más importante de mi vida.

.

Bella

Ness vuelve a cogerme de la mano para mirar más de cerca el diamante que descansa en mi dedo anular. Lo ha estado mirando desde que le di la noticia de la boda. Mamá y Nany han dejado de invadirme la sortija, sentándose cada una en el sofá largo.

—¡Yo puedo hacer el pastel! —Chilla mi madre entusiasmada en su lugar, apretando las manos en puño de la emoción— Puede ser un pastel a base de fondant ¿verdad? Hoy en día se usa mucho ese pastel para las bodas.

—Bella, este anillo… es… guau —Es la tercera vez que Nessie murmura "guau" desde que notó el diamante.

Me acomodo mejor el anillo, entrelazando mis dedos.

—¿Puedo verlo otra vez? —Pregunta Elif enderezándose en el sofá y yo estiro mi mano para que lo vea. Pasa un dedo con suavidad, como si fuera a romperse— Papá es un genio. Le dije que no fuera tacaño.

—¡Oh, qué buena idea! —Mi abuela exclama— ¡Elif! ¡Ella tiene que ser la niña de los anillos!

Nessie jadea.

—¿No es la niña de las flores?

—En este caso, de los anillos. ¿No sería bonito que su hija entregue los anillos? Aunque estos siempre suelen ser menores de diez años, pero hagamos una excepción.

—No entiendo —Dice Elif dirigiéndose a mí.

Me giro en el sofá cerca de ella, acomodando mi brazo en el respaldo.

—¿Has visto que en las bodas siempre hay alguien que le entrega los anillos a los novios? A ellos se les llama pajes, porque acompañan también a la novia al altar. Los anillos están en una cajita y cuando sea el momento, esa persona entrega los anillos para sellar la unión. Aunque no vamos a tener boda en la iglesia, pero igual podría ser… —Me mira parpadeando— Bueno, es solo una idea…

Me detiene.

—¿Qué? ¿Piensas que no quiero? —Encojo los hombros y ella sacude la cabeza— No seas tonta…

Enarco una ceja, haciéndola reír. Se acerca para rodearme con sus brazos, apoyando la barbilla en mi cabeza. Está sentada en el brazo del sofá, razón por la que está mucho más alta de lo que habitualmente es. El celular de mamá comienza a sonar, cosa que la hace dar un respingo, disculparse y esconderse en la cocina. Nessie refunfuña cosas que no entiendo y Elif no comprende el repentino cambio, pero no tengo tiempo de explicarle.

—¿Y qué regalo le vas a hacer a tu futuro esposo? Aparte, claro está, de la noche de bodas —Mueve sus cejas con picardía y Elif suelta un gritito— ¡Oh, vamos! ¿No piensas regalarle nada? Siempre es lindo tener algún obsequio para él o ella, según sea. Porque me imagino que se van de luna de miel ¿verdad? Probablemente ese sea su regalo, pero ¿y tú?

Me muerdo el labio.

—No lo sé, tengo que pensarlo.

—¡No hay tiempo, pecosita 1! ¡En menos de un mes vas a ser la señora Cullen con todas las de la ley!

Cuando Nany menciona que seré la señora Cullen de inmediato estoy sonriendo.

El único regalo que se me viene a la mente no puedo entregárselo ahora, porque está creciendo aun en mi vientre. Luego de la confirmación de mi embarazo, me sentí un poco culpable –bastante- por Edward. Me hubiese gustado que él escuchara su corazón como yo, pero era demasiado tarde para arrepentirme. Había estado deseando volver a casa después de la consulta para darle la noticia, pero luego recordé que ellos se habían ido a dormir a casa y pasados unos días, no supe cómo hacerlo. Cuando fuimos a comprar los anillos estuve a punto de confesárselo, pero algo en mí me lo impidió. La emoción del momento me hizo retrasarlo un poco. La pregunta de Nany me hace dudar de decírselo ahora… y si las cosas salen tan bien como las pienso, le voy a dar la noticia tan pronto nos casemos, como mi regalo especial de bodas.

Ni siquiera sé cómo haré para mantenerme callada las siguientes tres semanas.

El resto de la familia de Edward tomó sobradamente bien la noticia, cosa que esperábamos de todos modos. Rose se ofreció a ayudarme con el vestido puesto que tiene una tienda de diseños en el centro. Alice se encarga de mantener todo en orden con respecto a los invitados. Mi madre y Esme el banquete. Edward y yo logramos arrendar la cabaña para ese día y pudimos conseguir un juez civil para que asistiera al lugar donde se efectuaría el enlace.

Todo está comenzando a tomar forma. Todo está yendo de las mil maravillas. Estaba muy nerviosa y muy, muy ilusionada.

.

Para la noche los tres cenamos lasaña vegetariana y por muy extraño que parezca, no me dan nauseas. No sé qué otra excusa hubiese dado si me ven corriendo al baño de nuevo. Mi asco va directamente a las carnes de todo tipo. Al parecer, el bebé quiere ser vegetariano.

Bebé

Tengo una mezcla de emoción y terror, como ya me es conocido. Pero sobre todo emoción.

Todavía no sé qué palabra darle a la sensación que tengo. Estoy embarazada, incluso lo puedo sentir. Solo necesitaba que alguien lo confirmara, escucharlo de la boca de otra persona para entender finalmente que voy a ser mamá de nuevo.

Cristo… Jamás pensé que podría volver a serlo, la verdad.

Lavo los trastes en silencio, sumida en mis propios pensamientos y sabiendo que tengo una noticia en la punta de la lengua y una boda que preparar.

No hay mucho que hacer por la noche y pronto nos vamos a la cama. Por algún motivo me siento exhausta y cuando mi cabeza toca la almohada, me siento en paz y algo anestesiada. Edward me da un beso en la frente antes de meterse a la ducha. Empiezo a hacer zapping con el control remoto. Estoy resoplando por la mala programación cuando Elif entra al cuarto. Se acuesta junto a mí, al lado vacío de Edward. Está boca abajo y juguetea concentrada un mechón de su cabello. Me vuelvo a su expresión extraña.

—¿Sabes lo que acabo de decidir? —Pregunta sin mirarme.

—¿Qué?

Presiona levemente sus labios.

—Dejar el boxeo.

Pestañeo, sorprendida.

—¡¿Cómo?! ¿Es en serio? —Asiente— pero ¿Por qué?

Contrae los hombros.

—Ya no me es tan atractivo como antes. —Contesta— Si bien… lo comencé como una forma de controlar mi ira... —Se queda callada un momento— uno de los principales motivos fue por ti.

Levanto la cabeza de la almohada.

—¿Por mí?

—Sip. Cuando empecé a buscarte, yo siempre pensaba en ti. Bueno, en la otra imagen. Quiero decir, en lo que creía que me encontraría… una bruja mala y desconsiderada —Medio sonrío, viendo que aún no está mirándome— y cuando te encontré, las ganas de boxear crecieron.

—Me odiabas

—Un poco —Responde y luego se levanta unos centímetros, apoyándose de los brazos y ya no del pecho— No te vayas a poner a lloriquear, Bella. Ya sabes que te quiero.

Le sonrío— Yo también te quiero.

Ahora vuelve a apoyarse del pecho, estirando los brazos y cogiendo otro mechón de pelo.

—El entrenador dice que tengo potencial para boxeadora. Hasta quería incentivarme a que compitiera en un ring ¿puedes creerlo? Eso fue al principio y realmente estaba emocionada, pero ahora no es algo que quisiera hacer.

Acaricio su mejilla con el pulgar.

—A mí tampoco me gustaría que hicieras eso. Subirte al ring… Es muy peligroso.

—Bien, no tienes que preocuparte más por eso. Ya renuncié.

—Me alegro, entonces —Doy un suave apretón a su mejilla, antes de apartarla para cambiar el canal de la televisión.

Me quito el anillo del dedo para dejarlo encima de la mesita de noche. Elif se queda acostada a mi lado todo el tiempo en silencio. Me acomodo en la cama luego de sacarme la bata. Escucho el agua de la ducha caer aun, de modo que a Edward le falta un poco para salir. La noche luce tranquila, de hecho, nosotros mismos estamos tranquilos. Una de las cosas que anhelo de casarnos, es esto. Vivir los tres de forma permanente y que las noches sean tan tranquilas y cálidas como ésta. Cenar como lo hemos hecho hoy, conversar de todo y nada a la vez. Sentir… ese ambiente familiar.

—Mamá—Alcanzo a escuchar su susurro apenas audible. A pesar de que no es la primera vez que la escucho decirlo, esta vez es muy diferente a aquel día, cuando lo gritó sin apenas ser consciente. Mi corazón bombea con una fuerza increíble, tratando de que su voz llegue a mi cerebro. Me vuelvo a ella para mirarla sorprendida. Se ha movido de su lugar, su cabeza apoyada en la almohada y su mano descansado en la tela delgada de la sábana. Sus ojos no apartan los míos— Mamá —Repite ahora con más claridad, con más fuerza.

No puedo evitar que se me forme un nudo en la garganta.

—Hija —Le contesto, acomodándome más abajo en la cama para estar más cerca de ella. Estoy segura que probablemente estoy llorando sin darme cuenta, porque los ojos de Elif brillan de una manera muy especial. De pronto, ella deja escapar una solitaria lágrima, sonriendo.

—Hace tiempo que… quería decírtelo —Aparta su lágrima con la mano— no sabía cómo.

Rodeo su cuerpo con mis brazos, acercándola y mi barbilla pegándose en el tope de su cabeza. Cuando toco mi cara, confirmo que estoy derramando lágrimas sin parar.

—Sí, soy tu mamá. —Le digo, sorbiendo mi nariz y separándome para mirarla con una sonrisa— Pensé que nunca me lo ibas a decir.

—Es que no es fácil.

—Ya lo sé —Aseguro— yo no iba a obligarte a decirme mamá si no estabas cómoda con ello.

Edward sale del baño con una toalla en la cadera, sacudiéndose el pelo con la mano y salpicándonos agua. Se queda mirándonos algo desconcertado por las lágrimas. Ya debería de acostumbrarse, sobre todo porque siempre interrumpe momentos como estos.

—Vaya ¿me perdí de algo otra vez?

Elif se sienta en la cama, acercándose más a mí.

—Nada, mamá y yo estábamos hablando de que dejé el boxeo.

Estoy segura que Edward no obvió el hecho de que me llamó mamá, porque en cuanto lo dice sus ojos se posan en los míos.

—¿Dejaste el boxeo? ¡Dios escuchó mis plegarias!

Nos reímos de él. Aprovechando que Elif está tan cerca de mí, acuno su rostro con mi mano y dejo un largo beso en su mejilla, uno que queda allí mucho tiempo, y realmente si no es porque necesitara aire, no me separo.

Edward se acuesta a nuestro lado, haciendo que la cama sea pequeña con los tres encima. Empieza a acomodarse y nos deja casi a la orilla. Luego nos quita la frazada, tirándole a Elif la almohada por la cabeza.

—¡Papá! —Le grita entre risas.

Él se ríe también, atrapándola y dejando un beso en su frente, rodeándola con un brazo alrededor del cuello para estrecharla. Estoy asegurándome de no caerme de culo al suelo, pero esto es justamente lo que mencioné anteriormente. Es la misma sensación familiar que estaba buscando desde hace años. Y los tres estamos aquí ahora en la misma cama, como si no hubiésemos pasado tantos años separados. Sé que las cosas van a cambiar tremendamente con un nuevo bebé, pero así como le dije a Alice que los bebés vienen en el mejor momento para dar un poco más de alegría, éste también viene con el mismo objetivo, a complementarnos más.

Ahora necesito urgentemente un candado en mi boca para no comentárselo a nadie. No sé cómo lo haré, pero lo haría.

Iba a ser mi sorpresa.


Disculpen la demora.

Estamos en la recta final! (Ahora sí en serio, la vez pasada fue falsa alarma) pero esto ya se acaba :(

Gracias por leer y estar ahí. Un beso chicas!