Stephanie Meyer es la genio que creó tan maravillosos personajes. ¿Yo? Sólo soy una aprovechada y se los robo para hacer esta historia.


36. TRABALENGUAS

Bella POV:

—Me estás jodiendo. ¿Y luego te besó?

Miré hacia todos lados y sentí como el calor trepó por mi cuello y se alojó en mis mejillas.

—Grítalo más fuerte, Emmet. Creo que no te escucharon en todo California.

Cruzamos la entrada de una cafetería del centro de la ciudad y nos sacudimos un poco la lluvia.

Emmet había insistido en acompañarme para pasar un poco de tiempo, juntos, y hablar de lo que nadie parecía querer hacerlo. Él tampoco quería, era obvio. A los hombres no se les da muy bien esto de escuchar y aconsejar. Eran más bien de los que bromeaban y te decían que siguieras adelante, no importando el desastre que tenías adelante.

Yo tampoco tenía intención de hablarlo, ya era incómodo saber que Leah lo sabía porque se lo dije en un momento de debilidad, y al parecer Embry y Quil también lo sabían porque Jake debía de habérselos contado. El único que se mantenía neutral era Emmet, y a pesar de todo, podía percibir que algo había pasado.

No tuvo que insistir demasiado, mi necesidad por desahogarme me hizo cantar como Lady Gaga.

—Espera —dijo taciturno, entornando los ojos—. Quiero saber exactamente qué fue lo que pasó. ¿Acaso él te besó… o se besaron? Es una sutilidad muy, muy importante.

Suspiré y me dejé caer en mi silla. Emmet hizo lo mismo y quedamos uno frente al otro.

—Nos besamos —confesé, algo cortada. Rasqué una pequeña mancha en la mesa de centro para no verlo a los ojos—. Jake estaba diciendo todas esas cosas y yo… me sentía tan mal, Em. Luego me dijo que me ama y yo pensé; ¿qué es lo peor que puede pasar?

—¡Wow! Alto, alto. Demasiada información para mi pequeño cerebro. ¿Acaso me quieres matar? —exclamó con horror—. Necesitamos desglosar esta conversación, porque nunca pensé que sería tan complicada. Joder, yo sólo pensé que habías visto a Cullen a lo lejos y por eso estabas tan deprimida.

Ya quisiera que solo fuese eso. Mi vida definitivamente quería acabar con un final pomposo.

—Así que… Jake te ama, ¿eh? —agitó sus cejas y me miró con picardía. Al ver que no seguía su juego arrugó su entrecejo—. Espera, ¿es bueno o malo?

—No lo sé —me tapé la cara con mis manos.

Y era verdad; no tenía idea de nada. Ni siquiera quería intentar de descifrar todo lo que había pasado. Era tan cansador y doloroso. No quería pasar por eso otra vez.

Pensar apestaba.

—Dios, Bella. En serio estás hecha un desastre.

—Bueno, gracias —musité con sarcasmo.

—No, en serio. Necesitas de mi genial ayuda para poder entender todo.

Enarqué una ceja y me permití usar mi cara de "no me creo ni la primera letra". ¡Vamos! Como si ayudara hablar con alguien de lo que pasó. Las cosas que habían pasado y revivirlas, hablando, no hacía más que torturarme. Pero por alguna razón, me sentía lo suficientemente sádica como para rememorarlo todo.

—¿Y qué pasa con Cullen? —preguntó Emmet sin tapujos.

Enrojecí una vez más y miré hacia otro lado.

—Nada —me escuché decir—, nada pasa.

Él tomó aire y se cruzó de brazos. Se veía enorme y estoy segura que varias chicas del restaurante querían lanzarle sus bragas en este momento.

—Bien, te voy a preguntar algo y quiero que me respondas…

—Oh, Dios. No te vas a confesar tú también, ¿cierto?

—¡Infiernos, no! —exclamó, como si estuviese diciendo una barbaridad. Mi ego disminuyó a niveles negativos— Quiero decir, eres linda, Bells. No me malentiendas. Pero eres dulce y pequeña. ¡Y eres mi amiga! Eso es como incesto —puso cara de asco—, no me agrada pensar en eso, no me hagas pensar en algo así. Eres una gran chica y Cullen se pierde una gran oportunidad por idiota, y es por respeto a ti que no voy a su casa y le saco todos sus lindos dientes blancos de un solo manotazo.

—Pienso lo mismo, Emmet. Quiero decir, lo de ser amigos, no el manotazo.

—Entonces, ¿qué pasó con Jake?

Mordisqueé mi labio inferior antes de hablar. Toda la situación es tan incómoda, no me hacía mucha gracia volver a hablar de ello.

—Después de besarlo… nada pasó. No quiero sonar cursi, pero no hubo mariposas, chispas a nuestro alrededor ni fuegos artificiales. Fue tocar sus labios, nada más. Al parecer él vio mi expresión de desconsuelo, porque sonrió con pena y juntó nuestras frentes, sin decir nada. Luego dijo; "Te advertí que no me disculparía. Sólo quería intentarlo, aunque fuese una vez". Lo intenté, Em, pero al parecer no era mi decisión escogerlo o no, mi corazón ya sabía la respuesta —miré nuevamente a Emmet y él tenía una expresión pensativa—. Lo siento, ¿dije demasiado?

—Para nada, Bells. Tranquila, yo sólo recordé algo y me gustaría compartirlo contigo para que entiendas lo que pasó —asentí y él continuó—. Cuando tenía doce años era un chico bastante grande para mi edad. Con grande quiero decir gordo y fofo, aun tenía mi grasa infantil y no era muy bueno para mi autoestima adolescente —se acarició su mentón y sonrió con añoranza—. No era tan malo. Aun era joven y las chicas seguían siendo un estorbo para poder jugar sin quejas remolonas. Pueden ser bastante molestas con sus falditas rosas y su manicura, a pesar de su corta edad…

—Emmet, prométeme que esta historia tiene un propósito.

—No me apresures que olvido lo que estaba diciendo… ¿Qué estaba diciendo? Ya, las chicas y su molesta manía por hacernos la vida imposible —guiñó un ojo juguetón. Yo le saqué la lengua—. Resulta que ese año llegó al colegio la chica más linda que había visto en mi vida. Era adorable con sus pecas en su nariz y sus mejillas, sus ojos verdes y su boca que parecía estar pidiendo un beso. La amé, Bells. Fue ese flechazo que sientes en tu estómago y el deseo imperativo de escribir su nombre en cada hoja de mis cuadernos. Con lápiz rojo. Y corazones cursis. Lo sé, el amor me pegó fuerte —rió—. El punto es que por primera vez me acerqué a una chica con el deseo de ser algo más.

—Dios, Emmet. No me tienes que contar todo esto.

—¿Qué dije sobre las interrupciones? Bueno, uhm… se llamaba Callie. Y resultó muy amable y simpática. Señor, era la chica perfecta. Me vi tomados de la mano con ella, casados, con hijos y nietos, y apenas habíamos hablado ese día. Ella, a diferencia de las otras chicas, habló conmigo con naturalidad y no se burló de mi peso o del hecho que tenía una seria adicción a los pastelillos de crema.

—Aun lo tienes —interrumpí, juguetona.

Qué puedo decir; cuando el ambiente está cargado de seriedad, tiendo a decir bromas.

—Cómo decía —me miró con severidad—, después de un mes de conversaciones, risas y toques inocentes, le confesé mi amor por ella justo fuera de su casa. Era un día bastante caluroso y la acompañé a pesar que mi hogar era al otro lado de la ciudad. Ella me miró con ojos desorbitados y después de unos agonizantes segundos en silencio, me dijo las peores palabras que se le pueden decir a un necio enamorado —sus ojos vagaban por la cafetería, nublados por el recuerdo—; "pero Emmet, yo te quiero como amigo".

—Lo siento, Em.

—No lo hagas, pasó hace mucho tiempo —se encogió de hombros—. Mi punto es que fue mi culpa, no de ella. No podía obligar a Callie a amarme, sólo porque yo la amaba como desquiciado. Ella siempre fue amable conmigo, sin pedir nada a cambio. Yo cometí el error de comenzar una amistad con intereses ocultos. Es cierto que tampoco lo pude evitar, no puedes mandar al corazón, pero tampoco puedo culpar a la chica en cuestión sólo porque no me corresponde. Son cosas que pasa, así es la vida.

Aquella historia se me hacía demasiado conocida. Jake y yo éramos amigos. Creo que lo seguimos siendo. Me encantaba pasar el tiempo con él, sin ataduras ni problemas de por medio, sólo siendo nosotros mismos. Comencé nuestra amistosa relación con una petición de ser sólo eso; amigos. Él aceptó. ¡Lo hizo! Es por eso que estaba tan confundida, nunca lo vi venir.

También me equivoqué en besarlo. Quizás le di alas a algo que no tenía la intención de emprender vuelo, sólo por buscar algo que extrañaba de otra persona.

Edward…

Y la verdad era que quizás esos sentimientos que yo tenía dentro de mí, nunca corroboré que él sintiera lo mismo que yo. Quizás también ese fue otro de mis errores; tal vez Edward nunca me quiso de la misma forma, y nuestra relación tenía dos definiciones distintas para cada uno.

—Vaya… eso es mucho más profundo de lo que esperé al comienzo de esta conversación —murmuré, entre sorprendida y desorbitada por mis cavilaciones internas.

—Lo sé. Soy una caja de sorpresas.

Sonreí.

—Gracias Emmet. No admitiré que ahora ya no estoy confundida, pero ciertamente tu historia clarifica algunas cosas.

—No te martirices por Jake, ese idiota es fuerte y tarde o temprano entenderá lo mismo que yo. Nada más dale tiempo.

—Si —suspiré—. Lo haré.

—¿Y que piensas hacer con Cullen?

—Eso sí no tengo idea. No me molestaría si me dieras un consejo con ello, también —sonreí.

—Creo que eso está fuera de mis conocimientos —revolvió mis cabellos y yo le miré con odio—. Tendrás que ingeniártelas a solas esta vez. Y dime —miró a su alrededor—, ¿por qué vinimos acá?

—Ya te dije, Em. Tengo que encontrarme con alguien.

—Oh… ¿es Edward?

Mi pecho se estrujó.

—No, no es Edward.

—¿Entonces por qué estás tan nerviosa?

Miré la hora en mi celular. Sólo faltaban cinco minutos para la hora acordada.

Emmet tenía razón; estaba muy nerviosa. Ni siquiera sabía bien por qué me había citado, si apenas crucé palabras cuando estuve frente a ella.

—Porque Rosalie Hale me llamó hoy en la mañana y me dijo que necesitaba hablar conmigo acá —solté de golpe.

Mi amigo se quedó de piedra.

—¿Barbie? —dijo, inquieto— ¿La muñeca cubierta de lodo?

—La misma —susurré.

—¿Y por qué demonios vas a hablar con ella? Bella, tenía entendido que se odiaban a muerte.

—Yo no la odio —solo la detesto a niveles razonables—. Es que… cuando me habló… no lo sé, Em. Sentí el impulso de hacerle caso y encontrarme con ella. Es una especie de presentimiento.

Él alzó una ceja.

—Permíteme dudar de tus dotes de clarividencia, Madame Swan, pero la última vez que seguiste a tus instintos, terminaste besando al asno de Jacob Black.

Me esmeré en enviarle odio con mis ojos. Emmet rió como sólo él podía hacerlo; de forma escandalosa y agarrándose el estómago.

—Bien, bien —dijo entre risas—. Demasiado pronto para bromas, lo comprendo.

La campanilla que estaba sobre la puerta del restaurante sonó, indicando que un nuevo cliente acababa de entrar. Tal como me lo esperaba, Rose entró con elegancia, sacudió su cabello rubio con un manotazo y miró a su alrededor.

—Ya llegó. Emmet… ¿podrías esperar en la barra? Necesito hablar con ella a solas.

—De acuerdo —se levantó justo cuando Rose entrelazó nuestras miradas. Le hice un pequeño gesto de saludo—. ¿Estarás bien? —preguntó con la voz teñida de preocupación.

—No te preocupes. Nada puede empeorar ahora con una simple conversación.

—Espero que tengas razón.

Rosalie y Emmet cruzaron miradas cuando el último se levantó y le dejaba el lugar a ella. La rubia se quitó la chaqueta de gamuza, moteada con pequeñas gotas de lluvia y la dejó en el respaldo de su silla. Se veía incómoda y ligeramente apenada.

—Buenos días —dijo muy despacito.

¿Dónde había quedado la Rosalie Hale que había conocido hace semanas atrás?

Sus ojos azules me miraban con tanta atención que sentía la compulsión de cavar un hoyo y hundirme en él. Era hermosa. Sus mejillas sonrosadas por el frío, su nariz pequeña, levemente curvada en el puente, y su cabello brillante y rubio le daban un aura de perfecta muñeca de porcelana. ¿Cómo era posible que alguien fuese tan perfecta? Y yo acá, frente a ella, sintiéndome cada vez más pequeña.

La última vez que la vi había sido en esa fatídica noche de fiesta, semanas atrás, en donde ella estaba usando unos zapatos de infarto y un vestido rojo que mataba al sexo masculino sólo con pasar a su lado. Ahora, sin tanto maquillaje y con un estilo de ropa más recadado, seguía siendo imponente ante los demás.

Creo que esto no había sido una buena idea después de todo.

—Muchas gracias por aceptar encontrarte conmigo —dijo suavemente, como si controlara cada una de sus palabras—. Esperaba que me dieras más pelea —sonrió, pero la alegría no le llegó a sus ojos.

—A decir verdad, no sé muy bien qué hago acá —susurré de vuelta.

No sabía qué iba a lograr de todo esto. Obviamente Rose no iba a solucionar la ensalada de pensamientos que tenía en mi cabeza, ni tampoco haría que Edward se preocupara lo suficiente como para llamar. A estas alturas, ya había dado mi relación con él por terminado. Ninguno de los dos llamó, ni tampoco hizo el intento de ver al otro. Para mí era un claro síntoma de final.

No podía decir que me sentía feliz con ello, ni remotamente aliviada. Por muy extraño que pareciese, si esto debía terminar, me hubiese gustado hablar con él para aclararlo todo. Un epílogo en mi vida, por así decirlo.

—Lo siento —dijo de sopetón, y las mejillas de Rose se tiñeron de un furioso rojo escarlata. Era como si acabara de revelar uno de sus más preciados secretos.

—¿Perdón?

—Por favor, no me hagas repetirlo… —suplicó, con una mueca en los labios.

De acuerdo, ¿la dimensión desconocida me acaba de tragar o acabo de escuchar de la boca de Rosalie palabras como "lo siento" y "por favor"?

En algún lugar del planeta está ocurriendo un desastre natural, estoy segura.

—No. No estoy tratando de hacer que lo repitas, sólo que no comprendo por qué me estás diciendo eso…

—Por todos los cielos, Isabella —gruñó—, por todo lo que pasó entre tú y Edward, por supuesto. Fue mi culpa y estoy intentando disculparme.

Si Rose me hubiese abofeteado en ese mismo momento, no habría quedado tan alucinada.

—¿Tu culpa? —dije una octava más alta— Bien, no puedo decir que seas completamente inocente, pero Rose —la miré con asombro—, difícilmente fuiste la única culpable de todo esto. Créeme que todos aportamos en esto. Se podría decir que fue un trabajo en equipo.

¿Ninguna sonrisa?

No era mi día como humorista.

—Maldita sea, Isabella Swan. Estoy tratando, en serio tratando, de hacer algo bueno en mi vida y tú me lo coartas. Sé que fui una perra sin corazón con todo el asunto y tú ahí diciendo todas esas cosas tan comprensivamente hace que me quiera ahorcar con mi bolso de alta costura.

Todo esto estaba siendo tan surrealista. Increíblemente absurdo. Sin embargo, de todas las preguntas que podrían estar pululando por mi cabeza, sólo una se escapó de mis labios.

—¿Edward te mandó a que hablaras conmigo? —traté que mi voz no se escuchara esperanzada, pero mis intentos fueron en vano.

Ella negó con pena.

—Lo siento, no. No he hablado con Edward desde… desde ese día.

—Oh.

—Tuve una pelea bastante fuerte con él —sonrió con melancolía—. Dice unas cosas horribles cuando está enojado, eso te lo puedo asegurar. La mayoría de ellas me las merecía, creo que agradezco el remezón que me dio, porque así pude despertar de mi burbuja de egocentrismo. ¿Sabías que el mundo no gira en torno a mí? —bromeó. Hice una mueca con el costado de mis labios— Y creo que entre todo mi despertar y para comenzar a reivindicarme, lo primero en mi lista era disculparme con los que dañé. Empezando por tú y Edward.

—¿Y qué dijo Edward? —la pregunta brotó de mi boca sin poder detenerlas.

Ella arrugó su nariz, su boca adoptó un gracioso puchero.

—No me habla, Isabella. Ya te lo dije.

—Oh, cierto —enrojecí—. Lo siento.

—Vengo yo a disculparme y terminas disculpándote más que yo. Es injusto —sonrió y me miró de soslayo. También sonreí, porque, a pesar de todo el lío armado, me estaba resultando muy cómodo hablar con ella. Casi natural.

¿Pero qué estaba diciendo? Aquella mujer que estaba frente a mí me hizo la vida imposible desde que dio su primer paso en este país. Algo de rencor tenía que demostrar.

—Aun no lo comprendo del todo, Rosalie —arrugué mi entrecejo y miré hacia la mesa, evitando su intensa mirada azul—. Me odiabas. Me detestabas. Era como la mugre de tus zapatos Jimmy Choo. No entiendo por qué ahora estás tan solidaria con dar amor y pedir redención por todos tus pecados. No soy el Papa.

eso —farfulló, restándole importancia con un movimiento de su manicurada mano—. Es por eso que quería explicarte todo lo que pasó antes y después de venir al país, para que comprendas todo lo que tuve que pasar. Lo que sentí. Entiendo que no tiene justificaciones suficientes para tratarte tan mal, pero al menos te diré mis razones. Es lo mínimo que mereces.

Después de pedir una taza de café, Rose se enfrascó en su monólogo fácilmente durante quince largos minutos. Ella hablaba y yo escuchaba sin interrumpirla, porque sentía que si la detenía en algún momento, Rose perdería el hilo y se iría sin mis respuestas.

Era un deseo masoquista de mi parte saber todas esas cosas después de haber terminado mi relación con Edward, escuchar de la boca de Rosalie todo lo que se querían, "pero no de esa forma" según ella. Alice una vez me dijo que Rose y Jasper perdieron a sus padres cuando eran muy jóvenes, y ellos eran ya bastante cercanos a los Cullen. Era esperable que Esme se acercara a ellos para cuidarlos mientras crecían. También era esperable que los Hale se encariñaran con ellos, era imposible no hacerlo. Lo que no me esperaba es que Rosalie me revelara que ella sintió celos de mí cuando llegó después de tanto tiempo a la casa de los Cullen.

¡Porque creía que yo la estaba remplazando!

Casi la interrumpo cuando dijo eso. Casi. Si no fuera por la mirada gélida que me dio apenas abrí la boca, habría terminado con decirle que todo lo que me estaba diciendo eran barbaridades.

Luego, ella entró en el campo de las emociones, y de pronto me sentí una intrusa al escuchar todas aquellas revelaciones. Rose contó lo mucho que extrañó a sus padres después que murieron y la infinidad de cosas que hizo para llamar la atención. Sacó buenas notas. Era excelente deportista. Participaba en todas las organizaciones posibles en el instituto. ¡Incluso aquellas consideradas sosas y nerds! A pesar de todo, era popular y perfecta. Y así le gustaba, controlar todo. Era seguro y le traía muchos beneficios sentimentales. Esme siempre la alabó por todas aquellas cosas, tal como una mamá lo haría. Se alegró tanto cuando apareció de la mano de Edward y ambos le dijeron que eran novios. Era la guinda para completar su adolescencia perfecta. Todos eran felices con las cosas que hacía, y ella era feliz por ello.

Es por eso que cuando llegó y me vio entre los Cullens, sonriendo y pasándola tan bien, sintió que había perdido a su familia substituta, y todo lo bueno y perfecto de su vida se iba desmoronando como un castillo de naipes.

—Fue dramático y estúpido pensar así, Isabella —dijo con la voz un poco cortada—, pero es exactamente lo que sentí en el momento. Ahí estabas, hablando con Esme y prometiéndole a mi hermano que jugarías a los videojuegos con él. No tienes ni idea cuanto tiempo ha pasado desde que me senté la última vez con Jasper y jugamos un juego, juntos. Él jamás me reclamó nada, debo de admitirlo. Fui dejando a un lado el único pariente vivo que poseo, de la misma forma que Edward me fue dejando de lado a mí. La vida hace eso, Isabella. Terminamos preocupándonos de otras cosas menos importantes, cuando deberíamos valorar lo que realmente importa. Yo lo entendí de la forma dura.

—Siento escuchar eso, Rose —dije muy despacio. Si hablaba muy fuerte, sentía que esta burbuja de sinceridad se iba a reventar de un momento a otro. Miré al fondo de mi taza de café y seguí hablando—; Lamento que te hayas sentido excluida, nunca fue mi intención hacerlo —ella negó frenéticamente con la cabeza, pero le impedí que me interrumpiera—. A pesar de todo, debes entender que todo esto pasó hace muy poco y no puedo decir que acepte todas tus disculpas sólo porque te arrepientes. ¿Estoy enojada? Sí, lo estoy. Pero no solo contigo. También estoy muy enojada con Edward por dejar que todo esto llegase a un punto muerto. Él debería… no sé qué debería haber hecho —dije con cansancio—, sin embargo, debería haber hecho cualquier cosa. No fue por ti la razón de mi enojo. Fueron las acciones que él tomó de acuerdo a los acontecimientos.

Suspiré y me tragué el nudo que tenía en la garganta.

—Sé que estás enojada con él, pero creo que deberías darle tiempo para aclarar su mente. Está igual o peor de lo que tú lo estás.

—Gracias, Rose, pero creo que es innecesario.

Ella me miró con un deje de lamento, mas no siguió insistiendo. Le agradecí el gesto.

Bebimos el resto de café que teníamos, en silencio, como si estuviésemos procesando todo lo que había pasado. No me sentía completamente sanada, ni hablar con todas las dudas que aun tenía sobre todo, pero siento que, si hacía un balance, esta conversación concluía a niveles positivos.

No era mi amiga, apenas estábamos conociéndonos sin mirarnos con odio o amargura. Pero me sentía satisfecha con nuestra conversación civilizada. A decir verdad, sí me había servido bastante. Al menos ahora sabía que no era un odio tan falto de razones las que Rosalie tenía contra mí, yo también tenía mis propias rencillas en su contra.

Y mientras miraba a la rubia que estaba frente a mí, me di cuenta que no era más que otra chica, con inseguridades y su pasado a cuestas. ¿Por qué creía que debía ser perfecta? ¿Sólo porque era hermosa? La verdad es que estaba más dañada de lo que jamás hubiese imaginado, y al verla beber su último sorbo de la taza, pude ver en sus ojos como miraba hacia la barra con añoranza.

—Alice dijo que necesitaba hablar contigo —musitó, distraída—. Te llamará más tarde.

No me fue difícil suponer a quien era que miraba, ya en el partido que tuvimos hace semanas atrás había supuesto que algo pasaba entre ella y Emmet.

—¿Quieres que los presente?

Rosalie parpadeó, confundida, y me miró con los ojos muy abiertos.

—¿A quién? —preguntó, imitando a la perfección una voz con tintes de confusión.

—A Emmet —le seguí el juego. ¿Para qué matar la ilusión que ella no me había engañado?

—No… por qué deberías… quiero decir, ya nos conocemos, Isabella… no hay necesidad…

Sus balbuceos me hicieron sonreír. Así era, Rosalie era tan chica como el resto de las demás mortales, poniéndose nerviosa por un chico que le gusta.

Me sentí animada de pronto. Era la primera vez que podría hacer de cupido y eso me tenía tan entusiasmada como un día tranquilo de Alice… y eso ya era decir demasiado.

—No será ninguna molestia, ya verás que te encantará Emmet.

—Permíteme dudarlo —bufó—. Cuando jugamos en el parque hablamos un poco… —sus mejillas se tiñeron de un rosa vergonzoso. Esto no podía ser cierto; Rosalie Hale sonrojada por un chico. Necesitaba recordar esto por el resto de mi vida— él es lindo, no lo puedo negar —lo dijo como si no tuviese importancia, como si fuese lo más obvio—. Me acerqué para hacer conversación, pero apenas lo saludé, él me llamó… me dijo… ¡Agh! Me llamó Barbie —murmuró, enfurruñada.

—¿Y qué? A mí me llama enana, pequeña, debilucha… Emmet dice muchos apodos. El tuyo no es tan malo.

—Sí, pero también me fijé que te dice sexy, amor, dulzura… Debo admitir que estuve un poco celosa ese día —se mordió su labio inferior—, no estoy orgullosa con mi comportamiento. Casi te disloco un hombro con mi tacle.

—Yo te hice caer en una poza de lodo. Creo que estamos a mano —reí—. Y por Emmet, no te preocupes, sólo somos amigos. A él solo le gusta jugar a que es un macho irresistible y dice cosas sin pensarlas. Juro que nada pasó ni pasará entre nosotros.

—No tienes que darme explicaciones —dijo, apenada.

—Lo sé. Quiero hacerlas —me levanté de mi silla y le hice gestos a Emmet, sin esperar que Rose dijera algo más. Me sentía espontánea—. ¡Ey, Em! Ven acá un momento.

Por el rabillo de mi ojo pude ver que Rose se peinaba rápidamente y veía su reflejo en la cucharilla de su café, haciendo graciosos gestos con sus labios. Emmet llegó de inmediato, sonriendo y marcando los hoyuelos de sus mejillas. Me interrogó con la mirada antes de saludar a Rose con un asentimiento. Yo sólo me encogí de hombros, tratándole de decir con mis gestos que todo estaba bien.

Rosalie sonrió, visiblemente emocionada, y él, aunque quisiese negarlo, estaba de la misma forma que ella.

Aplaudí a mi celestina interna.

—Emmet, ¿recuerdas a Rosalie Hale?

Él sonrió, esta vez elevando lentamente una de las comisuras de sus labios y con los ojos levemente entrecerrados. Rosalie cruzó sus piernas, tratando de disfrazar su nerviosismo con sensualidad.

Oh, sí. Creo que se llevarán bien.

Y por más extraño que pareciese, ahí estaba yo, presentándole un novio a la novia de mi ex novio.

¿Acaso eso había sonado como un trabalenguas?

No me extrañaba.

Ahora mismo, mi vida era uno de ellos.


Capítulo corto, pero completamente necesario. No apareció Edward esta vez, en el próximo y último capítulo tendrá más protagonismo. ;)

¿Qué les pareció el momento en que Emmet cuenta sobre su primer amor? Es tan lindo él, definitivamente de mis personajes favoritos. Tan macho, sexy, pero a la vez tan inocente y lleno de amor :') Y bueno, así son los primeros amores, siempre nos rompen el corazón *música triste* :c

Jaja… ¿opiniones? C: