Disculpen la demora, en compensación hoy habrá actualización doble. Espero que les guste!


—¡Te ves tan bonita!—exclamo alegre Lana observando a la pelirroja mirarse en el espejo de su recamara. Finalmente había llegado el día que había estado esperando desde que tenía quince años. Ella lucía un bonito vestido rojo, se había recogido su cabello con una peineta, que según le había contado su madre había pertenecido a su abuela.

—Gracias—respondió Nastia con alegría, se notaba que estaba un poco nerviosa. La pelinegra miro el reloj de la cálida recamara.

—Ya es hora—le anuncio, la pelirroja asintió con la cabeza, levantándose del banquillo. Lana le abrió la puerta y salieron de la habitación. La primera en bajar fue la pelinegra, pues Anastasia tenía que esperar a su padre. Mientras la joven bajaba las escaleras de la enorme casa de Fabian, pudo observar cómo se veían los barandales adornados con flores de color rojo y largos trozos de fina tela del mismo color.

Camino hasta la sala-comedor, donde los muebles habían desaparecido y en su lugar estaban dos largas mesas, con una pequeña en el centro donde ya se encontraba el ministro enviado de gobierno para oficiar la boda. En el lugar había unas treinta personas, la mayoría eran familiares y amigos de los novios, todos desconocidos para la pelinegra. Pero pronto se encontró con Volker, que lucía su impecable traje negro, el mismo que había usado en la boda de su hermana.

—¡Que linda!—exclamo el rubio en forma de saludo, Svetlana también vestía el mismo vestido color turquesa que uso en la boda de Katya, se rio.

—Lo mismo digo, General—ella se acercó a su lado. Ambos dirigieron su mirada a una esquina de la habitación donde estaba Fabian caminando de un lado a otro muy nervioso. Para la ocasión, el agente opto por un traje grisáceo que resaltaba sus ojos verde claro y se había recogido el cabello en una coleta baja.

—Fabian se ve tan guapo—musito Svetlana en voz alta, Volker la miro con la ceja arqueada.

—¿Disculpa?—pregunto tratando de sonar ofendido.

—¿Pensé en voz alta?—inquirió sonrojada. El rubio asintió y se rio por la reacción de su amiga—¡Volker! Solo digo que se ve bien, eso es todo—se justificó con timidez.

—Claro, solo no vayas a detener la…—Volker no termino la oración, pues en ese momento sintió que tocaban ligeramente su hombro. Él se giró y sonrió abiertamente al encontrarse con la rubia de ojos verdes. Lana observaba curiosa a la mujer, nunca antes la había visto y tampoco había visto a Volker alegrarse de esa forma al encontrarse con un conocido. Usualmente era indiferente a esas situaciones.

—¡General Heisenberg!—exclamo Louise con una sonrisa—¡Que gusto verlo por aquí!—la rubia lo abrazo, haciendo sonrojar a Volker y por supuesto, sorprendiendo a Lana que estaba incrédula por lo que veía—. Que guapo te ves—le susurró al oído.

—Louise, compórtate por piedad—le suplico Volker sintiéndose intimidado.

—Está bien, guapo, está bien—se separó de él, no sin antes darle un sonoro beso en la mejilla. Svetlana estaba riendo, aunque no conocía a esa mujer le parecía una persona muy divertida y tenía que admitir que le encantaba la idea de que ella cohibiese al rubio.

—¿Quién es ella?—señalo Louise a la pelinegra, Volker instintivamente tomo de la mano a Lana.

—Es Svetlana, mi novia—respondió con perspicacia. Louise observo lentamente a la chica de arriba abajo—. Lana, ella es Louise, una compañera de trabajo.

—Encantada—dijo Louise estrechando su mano, sin dejar de mirar dubitante a la pareja.

—Igualmente—respondió tímidamente la pelinegra. La rubia torció la boca y soltó su mano.

—Bien, Volker—dijo con decisión tomando por sorpresa al joven—si lo que pretendías es que te dejara de molestar por presentarme a esta chica como tú novia, no lo lograste. No me timaste—la pareja la miraron impresionados.

—¿Q-que demonios dices?—inquirió Volker nervioso, nunca antes alguien había dudado de su "relación" con Lana. ¿Acaso lo estaban haciendo mal?, se preguntó.

—Lo que oyes, Svetlana no es tu novia. Quizás es alguien especial para ti, pero no es tu novia, ni en esta ni en tu próxima vida cariño—aseguro con firmeza. El rubio estaba sin palabras, pero a Lana le había parecido muy gracioso.

—¿Por qué están tan segura de ello?—inquirió la pelinegra con una sonrisa.

—Te sostiene la mano como un hermano mayor hace con su hermano pequeño y te mira como un padre mira a su hija—respondió devolviéndole una sonrisa cálida. Volker estaba avergonzado y miraba al otro lado, no le gustaba quedar en evidencia frente a los demás. Era como una gran derrota para él.

—Creo que has descubierto nuestro secreto—susurro la pelinegra, ambas escucharon gruñir al rubio.

—Y no tienen por qué preocuparse, lo seguiré guardando—le hizo un guiño—. Además yo también te tratare como mi hermanita ¿verdad, mi cielo?—le pregunto a Volker que estaba huraño. Ambas se rieron.

—Basta Louise, no estoy para tus escenitas de amor—dijo Volker mosqueado soltando a Lana—. Tengo que irme con Fabian, soy testigo—les informo—pero cuando inicie el banquete volveré con ustedes—volteo a ver a Louise—¿Puedes cuidarla sin pervertirla?—inquirió, ambas se rieron.

—Seguro, amor, no tienes por qué preocuparte—el rubio negó con la cabeza y se dio la vuelta para irse.

—¿No se ve muy lindo sonrojado?—inquirió Louise cuando se quedó sola con la pelinegra.

—Creo—respondió riendo—¿Te puedo hacer una pregunta?—inquirió curiosa.

—Dime—sonrió.

—¿Estas enamorada de Volk?—pregunto mirándola a los ojos. La rubia negó con la cabeza.

—No, cariño, no lo estoy—confeso mirándolo—. Yo ya no creo en el amor, pero no puedo negar que me hubiese encantado tener un hombre tan guapo como el cómo novio—lanzo un suspiro—¿Crees que si insisto mucho quiera ser mi amante?—inquirió con una sonrisa traviesa. Lana se carcajeo.

—No lo creo, pero supongo que no pierdes nada con intentarlo—dijo en tono bromista, la rubia asintió con una sonrisa esperanzadora.

Ambas tomaron asiento en una de las largas mesas y mientras esperaban a que diera inicio la ceremonia, Louise le relataba algunas de sus aventuras a Svetlana, que estaba fascinada por conocer a una persona tan alegre y despreocupada como ella.

Fabian por su parte estaba más ansioso de lo que jamás había estado antes. No pensó que esa simple formalidad le fuera a poner los pelos de punta, ni si quiera cuando había estado en sus misiones se sintió así. Estaba dando un gran paso, que siempre había querido darlo, pero de una u otra forma algo sucedía para impedirlo y esta vez, estaba seguro de que nada lo haría. Entonces empezó a dudar en si estaba haciendo lo correcto, ¿no estaría haciendo mal en casarse con Anastasia?, se preguntó mientras recordaba la resistencia. Si alguien los delataba, seguro que se los llevarían presos a todos, incluida ella que desconocía todo lo que ellos planeaban. Odiaba pensar tan negativamente, pero era algo inevitable. Si era menos trágico, ¿Qué tal que lo mandaban a una misión en la India, donde gobierno estaba fuera de control, las personas estaban desquiciadas por la hambruna y había balaceras durante todo el día? ¿De verdad estaba dispuesto a hacer sufrir al ser que más amaba en el mundo? ¿No estaba siendo egoísta por condenarla a ese tipo de vida?, se preguntó angustiado.

—Fabian, te va a dar un infarto si sigues pensando—le susurro Volker al oído. El agente estaba tan absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que su mejor amigo ya estaba a su lado.

—Creo que estoy cometiendo un grave error—le comento en voz baja sobresaltando a Volker.

—¿Otra vez estás pensando en eso?—inquirió con incredulidad. El castaño asintió con la cabeza—, deja de preocuparte. Cometerás un verdadero error si no te casas con ella. Nada saldrá mal, de eso estoy muy seguro—dijo tratando de tranquilizar a su amigo. Fabian suspiro afligido mientras el General le daba una palmada en la espalda.

—Es que ella es tan frágil—susurro abatido.

—Y tú eres el único que sabe cómo tratarla y hacerla feliz; no lo dudes más—el agente miro al rubio que sonreía sinceramente. En ese momento, la sala se quedó en silencio. El momento había llegado, anunciado por Anastasia que apareció tomada del brazo de su padre. Esa fue la señal que el castaño necesitaba. Su amada Anastasia se veía tan hermosa. en un pestañar tenia de frente a su suegro entregándole la mano de su hija. Y entonces al mirarla a los ojos, estos tenían algo que los hacia ver aún más espectaculares. Era un brillo que no había visto en años, era el brillo que ella tenía cuando vivían en Ucrania y con ello divago en su mente por aquellos días en su vieja ciudad.

En la vieja Ucrania, en un pequeño pueblo lejos de la capital vivían Anastasia Petrova de quince años, hija de un herrero y Fabian Kirchner de dieciocho años, el hijo huérfano de padre que tenía pocos años viviendo con su madre, la costurera. Se habían conocido en la escuela local y tuvieron una especie de flechazo con solo mirarse. Su relación fue muy tranquila, sin discusiones, solo se dedicaron a cuidar el uno del otro y a amarse. Pero pronto aquella tranquilidad termino, el señor Petrovich le prohibió rotundamente a su hija menor el que siguiera viendo a Fabian. Se había escudado en la excusa de que Fabian era un don nadie, que no podía ofrecerle la vida que ella merecía. Pero la realidad era otra, el padre de Anastasia estaba negociando su matrimonio con un viejo comerciante de la región que tenía fama de mujeriego. La pelirroja estaba asustada, ella no quería comprometerse con ese hombre y aun sin el permiso de su padre, fue a buscar a Fabian para contarle lo que sucedía. En ese entonces Fabian era un joven debilucho y tímido, sin muchas aspiraciones en la vida más que quedarse en el pueblo a cuidar de su familia y ser un trabajador más de la empresa textil, manejando una enorme maquina por el resto de su vida. Apenas empezaba a resignarse a perder a Anastasia, pues sabía que su padre tenía razón y ella merecía algo mucho mejor que una vida tan simple y miserable. Pero justo cuando pensaba terminar su relación con ella, Nastia apareció en la puerta de su casa hecha un mar de lágrimas e implorándole que la ayudara, que no la abandonarla y de una forma extraña eso fue lo que le dio valor para salvarla.

Esa misma mañana, uno de sus compañeros de la escuela le contó a Fabian acerca de la convocatoria que había sacado la Policía Secreta Oriental para reclutar nuevos agentes. Lo tomo como una señal y sin pensarlo más se fue a Kiev a enlistarse. El joven no regreso al pueblo y dejaron de tener noticias de él.

Los meses pasaron, el compromiso de Nastia estaba ya casi pactado y ella comenzaba a odiar al joven que tanto amo por abandonarla con un montón de promesas rotas. Ya empezaba a perder todas las esperanzas, cuando un día al volver de la escuela lo encontró hablando con su padre. Después de un arduo entrenamiento, Fabian había sido aceptado como Agente Especial en la PSO y traía un bonito anillo de compromiso para Anastasia que había adquirido con su primer sueldo.

El señor Petrovich no tuvo más remedio que aceptar su petición. Pero como Anastasia aun no tenía la edad requerida para casarse y él iba a ser enviado a Pakistán en una misión, el hombre accedió a esperar a que ambos tuvieran una situación más estable para contraer nupcias.

Casi diez años después llenos de muchos esfuerzos y sufrimientos, finalmente estaban cumpliendo su sueño. Su suegro estaba contento con la enorme casa que Fabian "había adquirido" para su hija y tampoco podía quejarse, pues a lo largo de esos años el joven hizo lo posible por ayudar económicamente a la familia de su novia. Así que al final del día, todos estaban satisfechos.

La ceremonia dio inicio, el agente fingía escuchar al Ministro pues el hombre solo hablaba de cómo ser un buen matrimonio que fuese leal al partido. La mayoría del tiempo estuvo mirando de reojo a Anastasia, que estaba aún más distraída que él y le sonreía de vez en cuando. Cuando la ceremonia concluyo, el castaño la acerco rápidamente a sus brazos y le dio un tierno beso en los labios; en medio de estruendosos aplausos. Se sonrieron y acercaron sus frentes en un gesto cariñoso, Fabian por fin pudo sentir que no había cometido ningún error.

Los nuevos esposos, tomaron asiento en su mesa para disfrutar de la pequeña cena que habían preparado para ellos. Sus invitados estaban absortos degustando de los alimentos, así que no prestaban atención al juego de miradas adorables que tenían Anastasia y Fabian, a excepción de la joven pelinegra que los observaba sin pestañar.

—Es tan increíble—susurro Lana llamando la atención que Louise y Volker que estaban sentados a su lado, ambos voltearon a verla.

—¿Qué te parece increíble?—inquirió Volker jugando con su tenedor.

—Que ellos se casen tan enamorados—respondió bajando la mirada al pedazo de carne que cortaba—. Todas las bodas a las que he asistido son arregladas—suspiro para después comer un trozo de carne.

—¡Oh sí!—comento Louise terminando de beber de su copa—A mí, mi padre me caso con ese petardo de Phil, es un cerdo asqueroso—musito con odio, Lana y Volker rieron por su expresión.

—Pero tu boda fue excesivamente costosa—dijo Volker aun riendo—. Recuerdo que Heisenberg y Lundberg terminaron en el suelo de los borrachos que estaban—Louise se rio.

—Tuve una oportunidad perfecta de matarlos envenenando el licor, pero mi padre me lo impidió—alzándose de hombros—. Pero bueno Svetlana, alguien en esta pocilga tenía que casarse enamorado ¿no crees?—inquirió ilusionada.

—Sí, creo que tienes razón. Además me alegra que hayan sido ellos—le sonrió.

—Pues es una pareja en un millón—suspiro Volker con amargura, ambas asintieron con la cabeza mientras volvían a comer.

—¿Puedo hacerles una pregunta?—pregunto la pelinegra varios minutos después, —. Si les incomoda no tienen por qué responderme—agrego atropelladamente.

—Sí, claro—dijo Louise sonriéndole.

—Por supuesto, Lana—le siguió el joven.

—Bueno, yo quería saber si ustedes alguna vez se han enamorado—les dijo mirándolos atentamente. El rubio dejo sus cubiertos sobre la mesa y se quedó pensando unos segundos.

—Claro, de Volker—contesto Louise, haciendo reír a todos.

—Ya mujer, Lana está hablando enserio—musito incrédulo el joven.

—Estoy hablando muy seriamente—le dijo mirándolo a los ojos, el bufo.

—Bueno, "aparte de mi"—señalo el joven.

—Mmm—hizo una pausa—si me enamore alguna vez. Fue de mi maestro de educación física—hizo una mirada libidinosa que sonrojo a Volker e hizo reír a Lana—. Era un moreno, alto, fornido como aquí mi Volker, de preciosos ojos claros—suspiro—¡Qué bárbaro era dando la clase de gimnasia! Le solía escribir cartas de amor—el rubio se aclaró la garganta sintiéndose un poco incómodo imaginando que clase de cartas debió haberle escrito al hombre—y al final de la preparatoria cuando se enteró que me casaría con Von Helker, fue a buscarme a mi casa.

—¿De verdad?—interrumpio Svetlana emocionada por la historia que estaba escuchando.

—Si y no solo eso. Con su masculina voz, me confeso que también estaba enamorado de mi—ambas chillaron de la emoción y Volker se llevó las manos a los oídos para cubrirlos—. Nos íbamos a fugar, ya estaba todo listo. Habíamos quedado de vernos en la estación de trenes.

—¿Y qué sucedió?—interrumpio de nueva cuenta Lana nerviosamente.

—Llegue puntual a nuestra cita y justo cuando íbamos a subir al tren apareció Phil y le dio un disparó—ambas suspiraron tristes—. No murió ahí, pero supongo que hubiese sido mejor porque lo enviaron a una cárcel en Camboya y ya no volví a saber nada de mi sexy amor.

—¡Cuánto lo siento!—exclamo triste Lana, sintiendo cierta pena por ella.

—No tienes por qué. Además, si no hubiese pasado eso seguro Phil hubiese asesinado a toda mi familia—la pelinegra asintió con la cabeza—y no hubiese podido enamorarme de Volker—sonrió picaronamente mirándolo.

—Que cursi eres Louise—dijo Volker con fastidio—¿Por qué te has inventado esa historia?—la rubia abrió la boca sorprendida por la inesperada reacción del joven.

—¡No me he inventado nada!—exclamo ofendida—, es más si quieres comprobarlo, ve a preguntarle a mi marido. Lo más seguro es que te responda y luego te castre dándote un disparo entre las bolas—contesto desinteresada.

—Tu marido es un poco extremista—interrumpio la discusión Lana con algo de miedo.

—Un poco, pero solo es pura imagen—se rio—. En fin, te toca contarnos Vo-vo—sonrió coqueta.

—No me llames Vo-vo—dijo el aludido enfadado por el mote.

—¿Tú también te has enamorado? —inquirió Lana mirándolo a los ojos, esperaba impaciente su respuesta. Volker guardo silencio por un instante, si lo pensaba bien nunca se había enamorado. Había tenido varias novias a las que había querido pero no lo suficiente como para decir que se enamorado de ellas.

—No—respondió después de unos segundos de silencio—, nunca me he enamorado—Louise estallo en risa.

—¿Y yo que gilis? ¿vas a negarlo?—pregunto carcajeándose.

—En tus sueños me enamore de ti, la realidad es diferente, Helker—respondió el joven hoscamente.

—¿Fue por mi culpa?—inquirió Lana desconcertando a los rubios, la ojiverde dejo de reírse de golpe.

—¿Por tu culpa?—pregunto Volker confundido—, no entiendo Lana—las mejillas de la pelinegra se sonrojaron, haciendo que los dos jóvenes la miraran con ternura.

—Si me refiero a que no te has enamorado de alguna chica solo por protegerme—susurro cabizbaja, Volker sonrió dulcemente.

—¿Qué te hace pensar eso?—cuestiono el joven sin dejarla de mirar, lo que le hizo sentirse más avergonzada.

—Pues no lo sé. Yo había escuchado que tienes una infinidad de chicas de tras de ti, que se mueren por salir contigo y tú no te interesas por ellas o quizás no se acercan a ti porque siempre estoy yo a tu lado—Louise volteo a ver a Volker y no pudieron evitar reírse cuando sus miradas se encontraron, lo que hizo enfadar a Lana que considero que se estaban riendo de lo que ella pensaba. En seguida notaron el enfado de la pelinegra y dejaron de reírse.

—No, querida—explico Louise tratando de ayudar a Volker que parecía no saber que decir—, las cosas no son así. Si una chica está muy interesada en un joven este con quien este se acercara a él… como yo—los tres se rieron.

—Además—agrego Volker—, si yo no me he enamorado de alguna de ellas es porque todas las que se me acercan son como ella—señalo a Louise y la rubia lo golpeo en el antebrazo—¡Oye!—gruño sobándose instintivamente.

—Cuida tus palabras—dijo entre dientes, Lana se rio por lo tontos que llegaban a ser ese par.

—Bueno, te decía Lana—dijo ignorando Volker a Louise—. La verdadera razón para no enamorarme, es porque no he encontrado a la persona correcta para hacerlo. Recuerda que ser el hijo de Klaudius atrae a personas interesadas y yo no busco eso—Louise asintió con la cabeza y Lana no pudo evitar recordar a su hermana, ella era una de esas personas.

—Tienes razón—comento la pelinegra—, pero quiero que me prometas algo…

—Dime.

—Si llegaras a encontrar a esa persona, tendrás que dejar de ayudarme aunque la situación con mis padres no se haya arreglado—Volker negó efusivamente con la cabeza. Louise estaba atónita por las palabras de la joven, si ella hubiese estado en su lugar nunca hubiese dicho algo semejante. Si hubiese tenido la oportunidad de evitar casarse con un desconocido como la que tenía Svetlana, no la habría desaprovechado.

—No, yo lo prome…

—Si—le interrumpio Svetlana de forma osca—, pero ya has hecho suficiente por mí y en esa situación encontrare una forma de cuidar de mí.

—No tienes que preocuparte por ello todavía, no creo que se presente en próximas fechas—le sonrió—, mejor dejemos que el tiempo hable para pensar en soluciones.

—¿Qué?—interrumpio Louise fingiendo estar alterada, pero en realidad buscaba disminuir la tensión entre Volker y Svetlana—Bueno—ellos la miraron con una sonrisa—, ya lo has dicho vas a dejar al tiempo y seguramente será a mi favor, escúchame Heisenberg—lo miro a los ojos—, terminaras enamorándote de mí—el bufo—y gracias Lana por darnos tu permiso.

—De nada—dijo riendo la pelinegra.

—Ahora, tenemos que pensar en la solución al primer problema—dijo Louise jugando con cuchillo.

—¿Ah sí? ¿Cuál?—pregunto Volker con la risa contenida.

—¿Cómo vamos a matar a Von Helker? —los tres se rieron por la pregunta.

—¡Estas desquiciada mujer!—exclamo el rubio sin aguantar la risa. Pero aunque Lana se reía con sus peleas, seguía sintiéndose avergonzada. Nunca haría cambiar de opinión al terco de Volker y no quería hacerlo enfadar, ese día nadie debería enfadarse. Lana sentía que en el ambiente de la boda se respiraba amor y era una frívola ocasión como la de hermana, que a pesar de haber sido en un hermoso palacio en el que se gastó muchísimo dinero, se convirtió en una fiesta grotesca.

La recepción termino temprano, a las nueve de la noche todos los invitados fueron escoltados a sus casas y posadas por el toque de queda. Así que los felices recién casados se despidieron a sus amigos y familia que los acompañaron en ese alegre día, dejando la casa vacía.

Anastasia miraba sin animo el desastre que había quedado en la sala y lanzo un suspiro cansado.

—Tendré mucho que limpiar—exclamo en voz alta en ucraniano.

—Te ayudare a limpiar—dijo Fabian en el mismo idioma, tomándola por sorpresa pues no sabía que estaba en la habitación. Ella sonrió al sentir las fuertes manos del castaño rodeando su cintura. Fabian beso su mejilla.

—Gracias, Kirchner—musito con alegría.

—¿Por qué? ¿Por ayudarte a limpiar?—pregunto confundido mientras ella se daba la vuelta riendo.

—Sí y por elegirme a mi—él se rio por la respuesta de la pelirroja—y además por quererme y hacerme tan feliz—lo abrazo con fuerza.

—¿De verdad te hago feliz?—inquirió abrazándola de la misma forma, mientras recargaba su barbilla en la cabeza de la joven.

—¡Oh sí! ¡Muy, pero muy feliz!—respondió con alegría. Se quedaron en silencio por unos momentos.

—Te amo—dijo el agente en voz alta. Se separaron un poco para darse un apasionado beso y se prometió no volver a pensar en dejar al amor de su vida.