CAPÍTULO 035

Cuando subieron a la planta de su habitación y abrieron la puerta, Richard miró extrañado hacia el sofá donde Alexis, junto a Clive, se había convertido en un estupendo colchón para Anne que descansaba mirando la televisión.

- ¿Habéis salido antes de clase?

- Sí. - asintió Alexis.

- ¿Cómo habéis llegado hasta aquí? - Richard.

- Sé moverme por el transporte público.

- Estamos en un momento crítico como para que estéis por la calle sin nadie. - Richard.

- Rick... - Kate acarició su espalda, transmitiéndole algo de calma.

- Lo siento. - Richard alzó su mano a modo de disculpa.

- Creo que será mejor que recojamos todo y nos vayamos. - Kate.

- Por cierto, Rachel ha llamado diciendo que lo tenía todo controlado. - Clive.

- ¿Ha llamado aquí? - Richard.

- Sí, al teléfono de la habitación.

- ¡Qué confianzas tiene esta mujer! - bufó.

- Prometo hablar con ella. - Kate se acercó a coger en sus brazos a Anne que se aferró gustosa - Y ahora, nos vamos.

Richard se acercó hasta Clive mientras Kate cogía varias cosas.

- ¿Qué te ha dicho la gran provocadora? - susurró ante la sonrisa de su hija y su novio.

- Por lo visto han podido sacar parte de la mudanza sin problemas.

- Bien, son buenas noticias. - sonrió el escritor mirando a Kate - Las camas están a punto de llegar. - miró su reloj y alzó un poco más la voz para ser oído por todos - Así que será mejor que salgamos de aquí cuanto antes.

- Rick... - Alexis lo agarró del brazo.

- Dime.

- Entre tú y Rachel, siempre ganarías tú. - pronunció indicándole con la mirada hacia la dirección de Kate - Créeme.


Entraron en la nueva casa, completamente sorprendidos. Entre la mudanza de Kate y la que esa mañana había estado a cargo de Rachel, la entrada y el salón parecían un auténtico caos. Richard comenzó a sentir que una furia interna lo invadía al recordar perfectamente las indicaciones que le habían dado a Rachel.

- Parece que Rachel se olvidó de decir dónde se debían dejar las cosas. - susurró Alexis al observar atónita la situación.

- Será mejor que nos pongamos al lío si no queremos que nos de la noche. - Richard no ocultó su enfado y comenzó a subir varias cajas.

Kate subió tras él. - Rick... - lo detuvo un segundo antes de que entrase en la habitación principal.

- ¿Pasa algo?

- Rachel.

- No quiero discutir ahora ese tema, Kate. Mejor colocamos esto lo mejor que podamos y cuando terminemos, hablamos. - entró dejando las cajas en una de las esquinas de la habitación.

- Voy a hablar con ella.

- Mira, puede que no nos escuchase bien.

- Lo hizo. Pero también sé que no es capaz de ver los límites.

- ¿Cómo puede ser tu mejor amiga?

- Ya te lo dije.

- Sí, pero... No sé, Kate. No creo que Lanie vaya a tratarte nunca así.

- ¿Lanie? - lo miró con curiosidad.

- Ha estado de vacaciones obligadas durante una buena temporada por un caso que no viene al tema. Si no recuerdo mal me prometió que volvía esta semana. - comprobó la fecha en su reloj.

- ¿Tengo que preocuparme por Lanie?

- Es la única amiga que tengo. - la miró sonriente.

- Vaya...

- La conocí cuando comencé a colaborar con Gates. Al principio nos tirábamos los muertos a la cabeza.

- ¿Los muertos a la cabeza? Ese refrán no existe.

- Es forense. La forense principal de la unidad de Gates.

- Entiendo. - sonrió.

- Fuimos conociéndonos, una cosa llevó a la otra y, hasta que aparecistéis todos vosotros, era mi único apoyo.

- ¿También te acompañaba a las fiestas?

- Hmmm... Hacíamos competición mensual.

- Creo que no quiero saber de qué.

- Quién terminaba ligándose a más personas del sexo contrario.

- Y ganabas siempre tú, imagino.

- ¡Oh, no! - rompió a reír al recordar algunas aventuras - ¡Te aseguro que no! ¡Lanie me gana por goleada!

- Veo que encontraste la horma de tu zapato.

- No, la horma de mi zapato eres tú. Ella ha sido una amiga estupenda de fiestas y espero que siga siendo tan buena amiga ahora que no iré a ellas.

- ¿No piensas salir conmigo nunca?

- ¿Querrías salir conmigo?

- ¿Tú que crees?

- ¿A bailar?

- A bailar... A lo que sea. - se encogió de hombros un poco tímida.

- Es bueno saberlo. - se acercó hasta ella y se abrazaron.

- Creo que tengo que enfrentarme a Rachel sin dejar pasar mucho más tiempo.

- No hace falta que le des un toque porque viene de camino. - les anunció Alexis en el marco de la puerta.

- Sí, tiene el don de aparecer siempre. Cuando se le necesita y cuando no.

- ¡Rick! - le dio un golpe en el pecho.

- ¿Creéis que Clive y yo podemos ir esta tarde al cine? - Alexis.

- ¿Sin volver tarde? - Richard.

- ¿Antes de las doce?

- Mañana madrugas.

- Por favor...

Richard miró a Kate y asintió, incapaz de negarles nada.

El móvil de Kate comenzó a sonar y la agente lo atendió lo más rápido posible.

- Beckett.

- ¿Algo nuevo? - Gates.

- Richard ha encontrado un par de USB's pero no estamos seguros de que pueda haber algo en ellos.

- ¿Los vais a analizar vosotros previamente?

- ¿Tenemos permiso?

- Permiso concedido.

- ¿El protocolo a seguir?

- Revisarlo, si encontráis algo importante, venir inmediatamente. Dile a Richard que debéis entrar por la entrada B.

- ¿Entrada B?

- Sí, a partir de ahora entraréis por ahí. Evitaremos el encontronazo con Sorenson. Al que por cierto debéis ponerle todos los sentidos porque no creo que vaya a estarse quietecito a pesar de las amenazas.

- ¿Alguna información que se pueda compartir?

- Tener cuidado con él y con la prensa. He visto su perfil y ataca a la yugular. No tiene compasión. Os puedo cubrir en todo lo necesario pero ya sabéis que la prensa es algo que se escapa de cualquier mano.

- Está bien. Lo fundamental es que no se entere de nuestra nueva dirección.

- Creo que no será tan hábil como para descubrirlo de forma inmediata.

- Revisaremos el material y te informamos.

- De acuerdo.

- ¿Ryan y Espósito han podido averiguar algo?

- Presionaron a la empleada. No han tenido suerte pero al menos su nerviosismo es palpable.

- ¿Por qué estamos centrándonos en esa mujer?

- Porque creemos que si la mujer y la hija tienen algo que ver con la extorsión al senador, esa empleada es el enlace.

- Está bien. Hablamos en un rato.

- Estaré pendiente.


Richard aguardó sentado en una de las cajas. - ¿Todo bien?

- Tenemos que revisar tu gran hallazgo. Si hay algo, entrada B.

- Entrada B... - alzó sus cejas de forma misteriosa.

- Si esperas a que te lo pregunte, lo llevas claro. - pronunció la agente saliendo por la puerta de la habitación.

- ¡Oye! ¡Venga! - salió tras ella - Para un secreto que guardo yo, ¿y no me preguntas? Analízalo. No es nada justo.

- No, es que confío en ti.

- ¿Y no te mueres de la curiosidad? - la alcanzó bajando las escaleras.

- No, ya lo veré cuando vayamos.

- ¿Ni un poquito? - insistió.

- Para nada. Soy una adulta.

- ¡Ouch! ¡Qué golpe más bajo!

Detuvieron sus pasos al ver como Alexis y Clive se despedían de Anne.

- ¿Os llevo? - sonrió Richard.

- No, no hace falta.

- ¿Y no te da un poco de reparo que te vean con esos golpes? - Richard.

- Rick... - Kate.

- No, Kate, tranquila. Tiene razón pero es que... No sé... Creo que es bueno que salgamos un poco. Además lo más visible es el labio.

- Lo hace para picarte. - se abrazó Alexis a Clive.

- Igual que tú le abrazas delante de mí para picarme. - Richard.

- Eso es. - Alexis le guiñó un ojo.


Kate y Richard estuvieron analizando el primer USB durante toda la tarde. Documentación financiera de la que no pudieron sacar mucho más que varias cuentas clandestinas. Justo cuando iban a realizar un pequeño descanso, Rachel hizo acto de presencia.

- Rachel... - Kate abrió la puerta.

- Amiga, ¿cómo va el día?

- Te esperábamos un poco antes.

- Me ha surgido un pequeño problema.

- ¿Cuál? - Kate la detuvo a medio camino de la entrada del salón.

- Me he tropezado con Sorenson.

- ¿Cómo?

- Estaba rondando por el edificio de Richard.

- ¿Y no lo has visto venir?

- No, estaba confiada. Lo siento.

- ¿Y hasta aquí? ¿Te ha seguido?

- Por supuesto que no. Soy la mejor en esto.

- No podemos dejar que nos encuentre.

- ¿Tan grave es?

- Lo suficiente.

- Está bien. Hemos cruzado cuatro palabras y lo he esquivado.

- Rachel... - se acercó Richard hasta ellas.

- Os veo algo cansados. - valoró Rachel.

- Estábamos analizando unos documentos. - Kate.

- ¿Necesitáis ayuda? - Rachel.

- No. - respondió Richard al momento.

- Veo que no me quieres por aquí cerca, ¿o me equivoco? - sonrió.

- No vas mal encaminada.

- Eres sincero. Me gusta.

- Estaré con Anne en la cocina. - anunció Richard antes de desaparecer.

- Va a ser complicada nuestra relación. - valoró mientras lo veía entrar en la cocina.

- ¿No puedes bajar el ritmo?

- Kate... - agarró sus brazos - Me conoces. Sabes como soy.

- Sé que tú objetivo es protegerme pero soy feliz. Y me gustaría que vuestra relación fuese algo más que aceptable.

- Si tú no estás en guardia, tengo que estarlo yo.

- Nos equivocamos los dos, Rachel.

- Pero fuiste tú la que llegaste destrozada a mi vida. Yo solo he visto tu parte. Puede que no sea objetiva pero me va a costar un poco. Te mudaste de pronto Kate. Tienes dos hijas, un marido. El novio de tu hija. Muchos cambios en muy poco tiempo.

- Es lo que quiero. - pronunció con convicción.

- ¿Segura?

- Sí. Lo estoy.

- ¿No es por esos dos últimos casos que salieron mal, verdad?

- No tiene nada que ver.

- Yo creo que sí. Que si tienen que ver. Perder a dos niños no es nada fácil. Y mucho menos si se pierden a ambos de forma seguida.

- Rachel, baja el pie del acelerador. Hazlo por mí. Eres mi única amiga.

- Lo prometo. - asintió - Voy a mover algún hilo para ver cómo puedo parar los pies de Sorenson. Seguro que se puede hacer algo más.

- No quiero que nos perjudique ni en la adopción de Anne ni en perder a Alexis.

- Lo sé. - abrazó a su amiga y se despidió.


Kate sorprendió a Richard cocinando con Anne. La pequeña amasaba la masa para una pizza casera con harina de pies a cabeza. - Creo que después os tendré que meter a ambos en la bañera, ¿os habéis visto? - sonrió.

- Rick me enseña.

- Sí, ya lo veo. - acarició su cabecita.

- ¿Y Rachel?

- Se ha ido. Va a intentar ayudarnos con Sorenson.

- Bien. - asintió concentrado en picar los ingredientes.

- Ha prometido que cambiará. - lo abrazó por detrás, dejando un suave beso en su espalda.

Richard se revolvió y buscó sus labios. - Puede que al final no sea tan malo que esté por aquí. - susurró antes de robarle un beso.


Aquella tarde, tras una última llamada de Gates, emplazándolos a un par de pistas nuevas que habían llegado, decidieron aparcar la investigación y centrarse en Anne. Cenaron y jugaron un rato con ella hasta que la pequeña desapareció mientras Kate le preparaba su cama.

La agente entró en la habitación de Alexis, buscando a Anne. Se la encontró metida en el vestidor.

- ¿Qué haces ahí dentro?

- Buscando.

- ¿Has perdido algo?

- Es que yo tengo un peluche muy, muy pequeñito que duerme siempre conmigo.

- ¿Un peluche?

- El delfín. ¿Sabes dónde está? - se giró ansiosa.

- No, cariño, no te lo he visto nunca.

- Es que no quiero dormir sin él. Sin él, no puedo. Y como Alexis vendrá tarde quiero tenerlo.

- Tranquila, no te preocupes. Seguro que lo encontramos. ¿Quieres que te ayude?

- Sí, sí. ¿Sabes como es?

- No, pero si me lo describes, seguro que lo encontramos.

- Es que Alexis siempre viene a dejármelo antes de dormirse ella. Me lo deja a mi ladito.

- ¿Por qué lo buscas aquí? - entró con ella al vestidor de Alexis.

- Porque Alexis siempre me lo guarda.

- Ya veo. - acarició su cabecita.

- Es su delfín pero cuando una noche tuve una pesadilla muy fea, me prometió que todas las noches, vendría a darme un besito y me dejaría a Lin.

- ¿Te dijo quién se lo dio? - le preguntó con un nudo en su estómago.

- Me dijo que era lo único que siempre ha tenido con ella. Está muy viejito pero lo queremos mucho.

- ¿Te dijo algo más cariño?

- Le pregunté quién se lo había dado.

- ¿Y qué...qué te dijo?

- No lo sabía.

Kate se dio cuenta que en la mochila de Alexis había un bulto algo extraño y la alcanzó. Al abrirla se tropezó con Lin, el delfín. Su cerebro corrió a tanta velocidad que sintió vértigo al recordar aquella mañana en la que regresó al hospital, subió hasta maternidad en busca de su hija y se encontró el vacío. Cuando preguntó por ella, le confirmaron que asuntos sociales ya se la había llevado. Aquella enfermera le prometió que entregaría el peluche que colgaba de su mano. Hundida y sin creer en la promesa de una desconocida, salió convencida de que si el destino había corrido más que ella para cuidar de su hija, era la decisión correcta. Y ahí estaba, frente al peluche. Frente al delfín que compró como regalo para su hija. Como si fuese el salvoconducto para que su bebé, recién nacido, pudiese perdonar su decisión y comenzar desde cero. Juntas.

- Kate... - Anne acarició su rostro, preocupada.

- Dime, cariño. - intentó sonreír.

- ¿Estás triste?

- No, claro que no. Este delfín es muy, muy importante.

- Sí, sí lo es.

- Y esta noche te va a cuidar mucho. Como siempre.

- Gracias por ayudarme. - se abrazó fuerte contra la agente.

Ante el movimiento de Anne, la mochila cayó de las manos de Kate y un pequeño bote de pastillas terminó rodando. Cuando lo alcanzó, se extraño al no ver ningún tipo de referencia sobre aquel medicamento.

- Cariño, ¿sabes si Alexis está malita?

- Son sus pastillas mágicas.

- ¿Sus pastillas mágicas?

- Sí. Si se toma las pastillas siempre estará conmigo.

- Mágicas... - susurró Kate con preocupación.

- Clive se las da. Pero es un secreto.

- No se lo diré a nadie. Lo prometo. - besó su cabecita.

- Tú la quieres mucho.

- Sí, cariño, mucho. Como también te quiero a ti. - la estrechó contra ella.

Kate acomodó a Anne en su cama, le leyó un pequeño cuento y cuando la pequeña terminó por cerrar sus ojos, se despidió de ella con un tierno beso en su frente. No fue capaz de ir hacia la habitación. Se encerró en aquella biblioteca. En aquel sueño de cuatro paredes. En sus recuerdos. El pasado. Las decisiones que tomó. De las que se arrepintió. Del momento en el que corrió en busca de su hija y no la encontró. Su desesperación. Su posterior aceptación. Las consecuencias. Su huida a Washington. Lejos del pasado. De él.

- Ey... - no escuchó a Richard hasta que el sonido de su voz le recordó su realidad.

- Lo siento. - susurró.

- ¿Por qué? - se sentó a su lado, en el suelo, apoyando su espalda contra la fría pared.

- Te prometí una noche inolvidable.

- Para mí son todas así desde que volviste. - agarró su mano - ¿Qué ocurre?

- He encontrado esto en la mochila de Alexis.

- ¿Le estás espiando?

- No. Estaba buscando a Lin con Anne y se ha caído de su mochila.

- ¿No pone qué es?

- Ha dicho Anne que Alexis les llama sus pastillas mágicas.

- Y luego me dice a mí fantástico.

- ¿Y si es algo grave? - lo miró preocupada, buscando cierto consuelo.

- Puedo hablar con Lanie, trabaja en comisaría y ella nos podría decir de qué se trata.

- ¿Es de confianza?

- Sí, no dirá nada.

- No quiero que se enfade pero necesito saber qué es esto.

- Tranquila, no será nada grave. - la abrazó, ocultando su misma preocupación.


El móvil de Richard vibró.

- ¿Clive?

- Richard...

- ¿Ha pasado algo?

- Alexis...Alexis...Estamos en urgencias.

- ¿Cómo? - se incorporó nervioso - ¿Qué ha pasado?

- ¿Qué pasa? - Kate se pegó a Richard.

- Será mejor que vengáis. - Clive.

- ¿Está bien? - Richard.

- Os espero aquí. - colgó.

- ¿Qué pasa? - insistió Kate.

- Alexis... - el móvil del escritor volvió a vibrar y pudo leer el nombre del hospital. - No me ha querido decir que pasa pero están en urgencias. Nos tenemos que ir.

- Hay que despertar Anne. - salió corriendo.


Richard, con Anne en sus brazos, observando, en todo momento a Kate, buscó a Clive a lo largo y ancho de varios pasillos hasta que dieron con él. Sentado, cabizbajo.

- ¿Qué ha pasado? - gritó Kate cuando se acercó hasta él.

- Le dije que os lo contase. Se lo dije. Os lo prometo. - exhaló perdido en cierta culpabilidad.

- ¿De qué estás hablando Clive? - Richard se mostró lo más sereno posible.

- Alexis sufre aplasia medular. Ha tenido varios tratamientos pero ha vuelto.

- ¿Aplasia medular? - Kate se dejó caer en una de los asientos.

- Lo siento. Lo siento mucho, Kate. Iba a decírtelo. Mañana. Me lo prometió antes de irnos al cine.

- ¿Qué demonios es eso? ¿Y de qué estás hablando? - Richard se enfrentó a Clive.

- Si me dejan, yo mismo lo haré. - la voz del doctor hizo que Richard soltase el brazo de Clive.

- Yo me quedo con Anne. - la pequeña pasó a los brazos de Clive con cierto temor al no entender nada de lo que estaban hablando.

- Por favor, pasen conmigo. - les indicó el doctor tanto a Kate como a Richard.