Capítulo 35: Los Potter
James y Sirius habían llegado a la casa de los Potter, desde el verano pasado que Sirius pasaba más tiempo allí que en su propia casa. Por lo mismo siempre decía que se había ido de su casa el año pasado y que ahora vivía con los Potter, pero la verdad era que más que una realidad, eso era un idea. Pero una idea que iba a ocurrir si o si, porque ya no iba a aguantar a unos amantes de la sangre como su familia, los Black. Lo tenía todo pensado, un tío lejano prometió dejarle su herencia en caso de que se fuera de casa, así que no sería una babosa de lo Potter y además no creo que su madre se opusiera en exceso a la idea de dejarlo ir. Total, ella lo aborrecía y lo más que iba a atreverse a hacer, era borrarlo del árbol genealógico.
Los padres de James eran todo lo contrario a los suyos, siempre sonreían, aunque cuando retaban a James (y últimamente también incluían a Sirius en los retos) por alguna travesura en Hogwarts se volvían sumamente estrictos. Eran de sangre pura, igual que él, pero aun así, creían que un gran mago podía provenir de cualquier persona y que un idiota puede ser muggle, como un mago.
- Debo admitir que me he sorprendido con las cartas de Hogwarts, chicos – dijo el señor Potter que caminaba por el jardín con su bastón – Me han llegado muy pocas respecto el año pasado, incluso Albus me felicitó por eso.
Sirius y James se miraron y fingieron tristeza, siempre superaban cada año las cartas de criticas y castigos que Hogwarts mandaba a sus padres el años anterior, pero este, ni habían pensado en eso.
- Aunque quisiera saber sobre como lograron intervenir en las túnicas de quidditch del otro equipo – agregó la ya anciana señora Potter mientras abría la puerta de la casa.
- ¿Cómo sabes de eso, Mamá? – preguntó James sin entender como era posible que supiera de una travesura por la que nunca los habían acusado (a pesar de ser los verdaderos culpables, obviamente)
- Hijo, ¿Crees que Albus es estúpido? – dijo la señora sin avergonzarse de las palabras que usaba – Que no tenga prueba de que fueran ustedes, no significa que sepa que fueron ustedes.
Así eran los Potter, que a pesar de la avanzada edad que tenían, no dejaban de ser activos, risueños y sin pelos en la lengua. Sirius los amaba, no era solo una expresión, ellos lo habían salvado de quedarse en la calle en los veranos, de sentirse sin cariño, ellos le habían dado el amor que le habían dado a James y lo retos que se merecía. Sin duda Sirius, era un hijo de los Potter.
- Y cuéntame, hijo – pidió el señor Potter mirando inquisitoriamente a James en la cena de uno de los días - ¿Por qué no has traído a alguna muchacha estas vacaciones?
- Golpe bajo – carraspeó Sirius.
- Eso no se hace, Sirius – le retó la señor Potter mientras le servía una gran porción de puré de patatas – y siéntate derecho.
- Lo siento – Sirius se disculpó mirándola con esos ojos que sabían que enternecían su corazón y se puso recto en la mesa.
- A ver, ¿Quién es la muchacha, James? – preguntó la señora Potter cambiando el tema.
- No quiero hablar, mamá, en serio – se disculpó James comiendo un gran pedazo de costilla de cerdo, pensando que en lo último que quería hacer era hablar de la pelirroja y el pacto que habían hecho hace unos días.
- Entonces cuéntame tú, Sirius – dijo el señor Potter - ¿Quién es la chica de James?
- Se llama Lily Evans – empezó el chico riéndose de los ojos de furia de su mejor amigo – un chica de buenas calificaciones, prefecta, posible premio anual, ya saben, una chica encantadora, que cuida la compostura siempre y amar el orden
- Al fin una chica con futuro, cariño – le dijo la señor Potter a su marido. – lo siento, James – siguió al ver la cara de furia de su hijo – pero debes aceptar que esas chicas que has traído a casa, no han sido… ¿Cómo decirlo sin que suene mal?, no han sido muy brillantes que digamos.
- Vamos, dilo, una no supo ni responder en que curso iba – saltó el señor Potter haciendo reír a todos en la mesa, incluso a su hijo – y bueno si nuestro hijo no quiere hablar ahora de esa tal… Lily – prosiguió cuando la risa había terminado – podemos echarle veritaserum en su chocolate caliente algún día y preguntarle.
James pasó todos los días de semana santa volando en escoba con Sirius, yendo a Londres con Sirius y teniendo cuidado de cualquier líquido que les dieran sus padres.
- Cornamenta, deja de ser tan histérico – le pidió Sirius mientras preparaban sus maletas para regresar a Hogwarts a la mañana siguiente – tus padres no te van a meter una poción de la verdad.
- No puedo creer que digas eso, Canuto – dijo Sirius mientras metía cuidadosamente a su escoba en una funda de piel de dragón – los conoces bien, son capaces.
- Olvídate de eso y tranquilízate.
- Ya verás como voy a empezar a decir la verdad en cualquier momento – le recordó James – además, todo esto es tú culpa, ¿Por qué les hablaste de ella?
- Sabes muy bien las reglas, amigo. Los merodeadores primero – recitó Sirius – exceptuando con los padres de Cornamenta, que en algunos casos, van primero.
- Maldigo el día en que se nos ocurrió agregar esa excepción – farfulló el chico mientras tiraba su ropa arrugada.
- Olvídate de eso, que te tengo que contar algo – la cara de James mostró una sonrisa de atención - ¿Recuerdas que he estado juntando un tercio del dinero que me mandan mis padres cada mes para Hogwarts desde que llegamos aquí? – James asintió con la cabeza intrigado – Pues ya se en qué me lo gastaré.
- Dime por favor que es algo grandioso y no estúpido – rogó James ansioso.
- Veras, Cornamenta – comenzó Sirius – ayer cuando fuimos a Londres y nos separamos porque tú querías comprar no se que bobería me encontré con Ignotus en uno de los baños públicos.
James supuso que si lo que su amigo iba a comprar tenía relación con Ignotus, su amigos traficante de licor y objetos ilegales, debía ser algo peligroso, pero grandioso.
- Una moto voladora – terminó Sirius sonriente, a lo que james saltó de felicidad junto a él.
El sueño de cualquier persona era tener un vehiculo muggle peligroso, modificado para que hiciera algo mágico como volar. Sin duda esta vez Sirius no había hecho algo tan idiota como gasta sus galeones en una tonelada de chocolate (cosa que confesó, era su segunda opción)
- La tendrá lista para inicios de vacaciones – informó Sirius – y lo mejor es que será legal, Ignotus me conseguirá los documentos y todo.
Se pasaron toda la tarde planeando travesuras con la moto, los viajes ilegales que harían sobre ella y como sería el vehículo oficial de los Merodeadores.
- Adiós, mamá, Adiós, papá – gritó James mientras se subía al expreso de Hogwarts.
- Hasta el verano, señores Potter – gritó Sirius mientra seguía a sus amigos.
- No hagan rabiar a Minerva – recomendó el señor Potter sujeto de su bastón.
- Cuídense, niños – gritó la señora Potter mientras tomaba la mano de su marido - ¡Y recuerda James cuidado con lo que tomas en el verano!
- Lo sabía, Canuto – comentó Sirius mientras se sentaban en el último vagón – para el verano se conseguirán veritaserum solo para torturarme.
- Oh, Cornamenta – suspiró Sirius – es por eso que adoro a tus padres.
oOo
Tuve una inspiración luego del temblorcito que sentí aquí en Chile, me demoré como media hora en escribir esto, es por eso que es tan corto, pero ciertamente me gustó.
Primero estaba escribiendo el capítulo que ahora sería el número36, que por cierto estaba listo,
y me vi obligada a no saltarme tantos meses en la historia y escribir este capítulo donde salen los padres de James.
Así me los imagino, como unos ancianos, casi decrépitos que se niegan a perder la vitalidad y la alegría
No quise agregar sus nombres, porque ya sabrán que muchos creen que se llaman Charlus y Dorea, pero esta desmentido, así que simplemente no quise ponerle nombres a los Potter.
Espero les agraden los padres de james y que comenten este "capítulo express" que no espera en mi cabeza.
Además les aviso que el siguiente capítulo está más que listo así que pido comentarios a cambio de su publicación, (mentira, lo subiría igual, pero quería sonar malvada)
Simona
P.D.: A quien me pregunto mi universidad, lamento decirle que por cuestiones de privasidad no lo publico,
pero que si supiera como mandar mensajes internos por , le respondería sin problemas.
