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FRIEND ZONE.

XXXIV: Nuevos comienzos.

Palabras: 7.243


"Todo comienzo tiene su encanto"

Johann Wolfgang Goethe.


Hinata.


Si tuviera que responder honestamente a la pregunta ¿qué harás con tu vida? Hinata Hyüga contestaría sin rodeos que no tenía la más mínima idea, que su proyecto de vida había pasado de ser astronauta a enfermera, y de ahí a policía, bombera, odontóloga, profesora, bailarina, cantante, deportista y –no podía faltar- veterinaria (todo eso sólo en el lapso de la primaria) y que ahora a duras penas sabía dónde estaba parada.

Pero había una cosa que había tenido clara desde que usaba pañales; lo que nunca, por ningún motivo del mundo, ni aunque el sol empezase a girar alrededor de la tierra, ni aunque Sasuke Uchiha bailara la macarena públicamente y ni aunque Eiichirö Oda perdiera completamente la razón y llevara a One Piece por el camino del Yaoi salvaje (¡ni siquiera ante eso!), lo que jamás de los jamases llegaría a ser: abogada.

Y bien, alguien podría sorprenderse y decir: ¿pero no es tu padre abogado? ¿y tu primo no estudia para serlo? ¿no son casi todos en tu familia estudiosos del Derecho? ¡cómo es posible!, y ese alguien posiblemente tendría razón, pero Hinata realmente nunca le había hallado el gusto a esta profesión. Y porque su familia fuese esto o aquello no necesariamente implicaría que ella debía seguir la tradición.

No le gustaba.

Punto.

Es más, lo más aburrido en el mundo, lo que verdaderamente te mata del aburrimiento tiene nombre: Derecho procesal.

Y ella no iba a gastar su vida entera llenando papeles, escribiendo peticiones, interponiendo tutelas y presentando recursos, así que no le iba a servir de nada.

Nunca.

No lo haría.

Y si eso era así… ¿entonces qué rayos estaba haciendo ahí, sentada en el auditorio de la universidad, viendo como desfilaban uno a uno la infinidad de maestros de (¡oh, Dios!) Derecho mientras les recitaban la aún más infinita lista de títulos que cada uno poseía y les felicitaban por haber elegido la mejor carrera del mundo?

Bueno, uno termina donde menos lo espera, se dijo con un suspiro, preparándose para escuchar el himno de su, desde ahora, universidad.


Empezar algo siempre es difícil, sobre todo cuando se está completamente solo.

Y Hinata lo estaba.

Después de haber comprado un jugo de naranja en la cafetería, había buscado el lugar más recóndito y menos visible para pasar el tiempo del receso (treinta minutos) y para sentirse miserable de paso.

Era raro; no le gustaba sentirse solitaria, menos le gustaba que los demás se dieran cuenta de que estaba sola, pero tampoco quería que nadie se le acercara. En realidad, lo que quería realmente era volver al colegio y matricularse de nuevo. Ella no quería más amigos –bastante trabajo le había costado mantener los que tenía-, no quería estar allí, no quería estar en ningún lado…

Un suspiro profundo brotó de sus labios: lo que quería verdaderamente era que Naruto y Kiba estuviesen allí.

Y un segundo después ya no se le antojaba tanto la idea.

Naruto aún no había regresado de su viaje a casa de sus abuelos maternos (ya había pasado un mes) y, aunque habían tenido muchas conversaciones telefónicas y por chat, aún no había podido comentarle sobre el beso que había compartido con Kiba en la fiesta de año nuevo. Pensaba que era algo que debía comentarle, claro, pero en persona.

Ella amaba a Naruto y él… él había dicho que también estaba enamorado de ella… tanto que le dolía.

Sólo el recordarlo hacía que un rubor se extendiera por la superficie de la piel en sus mejillas.

Y sobre el beso con Kiba…

Se sintió como un beso fraternal. Era algo que los dos necesitaban hacer de una vez por todas para seguir adelante… Además de que el ambiente y la situación entera se prestaron para ello. Sí, también la chica jorobada que había acosado a Kiba desde las sombras fue una fuerte razón para que se diera...

El caso era que estaba en un plano totalmente diferente a un beso con Naruto. Cuando él la besaba, sentía que el mundo giraba ciento ochenta grados, que sus rodillas eran de gelatina y que la gravedad dejaba de existir. Flotaba. Su estómago se revolvía y el infinito se condensaba entre sus labios en algo que, definitivamente, era lo más cercano al concepto de magia que Hinata había idealizado toda su vida.

Sin darse cuenta, se encontró deseando que él estuviese allí. Al diablo las explicaciones, los dramas y las disculpas… Anteponiéndose a todo estaba el deseo de abrazarlo, de palpar las hermosas marcas en la piel tostada de sus mejillas, de perderse en sus ojos de diamante, de acariciar las hebras de oro en su cabeza, de tocarlo, de sentir su aliento caliente –y con aquella pizca de olor a ramen- sobre los labios…

El deseo de verlo, eso lo era todo.

Un mes.

Treinta días.

Setecientos veinte horas sin Naruto.

Lo extrañaba tanto.


"No puede ser, no puede ser, no puede ser…"

Pero sí podía ser. Lo peor del mundo, la cosa más horrible del mundo, el tercer mayor temor de Hinata Hyüga después de las ratas y una invasión de alienígenas come cabezas, dos palabras que despertaban el terror en la mayoría de universitarios y les erizaba los vellos de la nuca: Presentación grupal.

Maldita fuera eternamente el día de Inducción Universitaria.

—Bien, ahora es su turno, muchachos. Vamos a conocernos un poco: nombre, edad, pasatiempo, cosas que les disgustan y, muy importante, ¿por qué eligieron estudiar Derecho de entre todas las cosas?

¡Dios mío, que la tierra se la tragara! ¿qué se supone que iba a inventar?

—Hm… empecemos por acá. Señorita…

¡Diosa de la mala suerte! Suertedemierda-chan, así se llamaría de ahí en adelante.

—H-Hyüga…

—¿Cómo? Un poco más alto por favor.

—H-Hyüga.

La sonrisa en el rostro regordete del hombre calvo frente a ella no le hizo sentir nada de confort. —Deben aprender a usar el tono adecuado de voz si quieren llegar a algún lugar en este campo —y, aunque hablaba para el salón entero, era obvio que era una cátedra centrada para ella. Eso la intimidó más—Póngase de pie, señorita Hyüga, para que todos puedan verla y oírla correctamente.

Obedeció rápidamente, girándose para observar al resto de sus –ahora- compañeros, pero a duras penas pudo darles una rápida ojeada antes de que sus perlas se centraran en las luces del techo. Tener tanta atención no era lo suyo…

—La mirada en el auditorio, que es el resto de la clase —su espalda se enderezó rápidamente, sintiendo la presencia del profesor tras ella y tuvo que contar mentalmente hasta tres para no salir corriendo.

¡Tú puedes Hinata´ttebayó! ¡Demuéstrale al calvito que eres la judía más fuerte del mundo!

Carraspeó, sintiendo las mejillas calientes. —M-Mi nombre es Hinata, Hyüga Hinata —empezó—, tengo diecisiete años y me acabo de graduar de la secundaria. M-Me gusta —Naruto—ehm… Me gusta leer y-

—¿Leer? ¿qué clase de lectura acostumbra?

—Eh, s-sí, señor… pues mi género favorito es el realismo mágico. Tal vez por ello mi autor predilecto es Gabriel García Márquez, pero también acostumbro leer obras de fantasía, ciencia ficción y otras…

—Espero que lea también cosas reales como el periódico, por ejemplo —espetó el hombre con un tono amargo que le causó escalofríos, pero no se dejó vencer.

—E-en realidad, señor, leo hasta la lista de compras del presidente. ¿P-puedo seguir?

Unas risitas se hicieron audibles, pero Hinata supo que no eran de burla hacía ella, sino de simpatía por su comentario y audacia.

¡Ja, ja, por cosas como esa es por las que estoy enamorado´ttebayó!

—Continúe.

—Me gusta leer y ver películas —decidió omitir su fuerte afección por el anime y manga—, no muchas cosas me disgustan… y —lo más difícil—, bueno… supongo que elegí estudiar esta carrera porque me gusta… Provengo de familia de abogados y, a-aunque mi intención no era seguir con la tradición familiar, decidí que sería interesante… probar.

Su tono de voz había ido decayendo lentamente en su presentación y sus dedos índices se juntaron torpemente en su vientre, pero pudo sentirse satisfecha de su trabajo. —Bien, señorita Hyüga, gracias por su presentación —ella asintió, sintiéndose internamente aliviada por haber superado el obstáculo, cuando el hombre se plantó frente a ella—, pero debe dejar su timidez atrás. Recuerde lo que le voy a decir: un abogado tímido es como una prostituta virgen, ¿me entiende?

¡¿Ese hombre acababa de hacer una analogía entre el Derecho y la prostitución?! ¿Qué demonios estaba mal con él? Las risas de los jóvenes no se hicieron esperar y Hinata asintió, estando ya completamente abochornada. —Puede tomar asiento.

Lo que vino después fueron un montón de presentaciones de personas cuyas caras parecían tan ajenas que apenas podía figurarse estudiar cinco años con alguna de ellas. Se pararon uno a uno, hablaron sobre sus gustos, sus disgustos y respondieron la pregunta formulaba. Nada más. Nada menos. Y estaba segura que a nadie le importaba en realidad (ni siquiera al promotor de tan absurda actividad), es más, estaba segurísima que si decidieran preguntarle a la chica de largo cabello rubio y uñas de colores cuál era el nombre del tipo de los pantalones amarillos (que estaba frente a ella y que apenas acababa de hablar, cabe mencionar) no lo sabría.

Hinata tampoco lo sabía.

Pero es que ella estaba ocupada, mirando el reloj y rogando al cielo para que al encantador del primer y más desagradable maestro universitario que había conocido le pareciese suficiente charla absurda para un solo día y los dejara largarse felizmente a sus casas; en cambio la rubia no tenía mínima excusa.

—Bien, me tomará un tiempo distinguir sus caras, así que terminamos por hoy.

Hinata casi llora de felicidad y, juzgando por el suspiro masivo, no fue la única aliviada. Hasta que…

—Lo siguiente es un recorrido informativo por las instalaciones de la universidad.

Un gemido colectivo.

Más de uno quiso apostar que el hombre se había inventado el jodido recorrido.

Más de uno hubiera ganado la apuesta.


A la hora del almuerzo, con todos sentados en el comedor familiar como era costumbre, Hinata fue víctima de la pregunta que quería evitar a toda costa y fue acosada por cuatro pares de ojos perlados (Neji había sido invitado):

—¿Cómo fue la Inducción, Hinata?

"Oh, genial, padre. Estuve dos horas escuchando nombres y títulos –desde el de preescolar hasta los doctorados- de un mar de profesores y no logro acordarme de uno solo, después vino un himno de ochenta estrofas que, a propósito, esperan que nos aprendamos antes de la graduación, luego estuvo la presentación más bochornosa del universo cortesía de un calvo sexoso y por último, pero no por ello menos excitante (difícil de creer, ¿eh?) el recorrido más largo e inútil que sólo me sirvió para ubicar los baños… Y para hacer más grande la dicha, me regalaron un bolígrafo y una agenda con el logo de la universidad. ¡Ah, y también me regalaron el reglamento! Muero de ganas por empezar a leerlo.

¡Mejor día no pude haber imaginado, padre!".

—Oh, —Hinata sonrió levemente—fue… interesante, padre.

La ceja derecha de Hiashi Hyüga se alzó apenas un milímetro. —Entonces, ¿estás segura de querer continuar?

"¡No, no, no! ¡"no" con mayúscula!".

—P-por supuesto, padre —quiso encogerse, tomar una pastilla de chiquitolina y perderse en una de las albóndigas de su plato—, será una experiencia fascinante.

—¿Viste el consultorio jurídico de la universidad? Es uno de los mejores del país.

¿Consultorio jurídico? ¿siquiera había uno? Joder… ¿sería ese sitio raro que estaba entre la biblioteca inmensa y el sitio espeluznante donde guardaban los cadáveres o aquél entre los laboratorios de bacteriología y el baño?

Hora de fingir. Nadie podía notar que no tenía idea de cómo era ni donde quedaba el dichoso consultorio del que su progenitor parecía tan orgulloso. Empezaba a sentirse un poco como Naruto en clase de física, pero, a diferencia del anteriormente mencionado rubio, ella tenía un poco más de talento para guardar las apariencias.

—Oh, s-sí, es genial.

Bueno, quizá no tenía tanto talento.

En fin, la mejor técnica para evitar ser el centro de atención era concentrándose en la comida, así que una papa fue la afortunada. O mejor…

El plan B.

—Entonces, Neji-niisan... ¿A qué semestre pasaste?

Neji era más efectivo que una papa, por raro que sonara.

—Neji-kun, ¿vas casi en la mitad del recorrido, cierto? —preguntó jovialmente su mamá.

—Así es. Quinto semestre.

—Eso es genial, Neji —Hiashi aduló y Hinata se sintió un poco –sólo un poco- mal sentir el instintivo deseo de rodar los ojos—, y con esas calificaciones fácilmente podrás ganar una beca en el exterior.

—¡No quiero que Neji se vaya! —exclamó sorpresivamente Hanabi, ganando cada gramo de la atención que Hinata había tratado tan desesperadamente quitarse de encima. Pudo jurar que en las mejillas de su generalmente estoica hermanita menor aparecía un pequeño rubor producto de la consciencia de su impulsividad—Digo, es terriblemente irritante y todo, pero es el único primo que tenemos, ¿no? —la adolescente se encogió de hombros.

—Sólo es una opción, Hanabi-chan —la mujer mayor sonrió gentilmente.

—Una que no consideraré siquiera —Neji tomó un bocado tranquilamente y el silencio reinó. Hinata parpadeó ante la imagen de su padre con la quijada abierta, pero al segundo él se recompuso y ella ya no estuvo segura si en realidad tal cosa había pasado.

—Neji, creo que no es momento de-

—Lo es, tío —¡Dios mío, Neji había interrumpido a Hiashi Hyüga en medio del almuerzo! Hinata fue la de la boca abierta—. No quiero que se hable siquiera de la posibilidad de trasladar mis estudios ni en este momento ni en ningún otro y, por favor, le agradecería a usted, a mi padre y al resto de esta obsesiva familia que dejaran de planear mi vida entera.

¡Neji se estaba rebelando!

¡Neji!

¡El perfecto y obediente Neji de entre todas las personas del mundo!

¡Y les había llamado obsesivos!

Señor bendito, los días proféticos de la destrucción del mundo estaban cerca, ya no había duda. Lo mejor sería ir guardando atún y agua para sobrevivir lo más posible en el refugio subterráneo que convencería a su padre construir. Sí, y también (de cualquier manera) le convencería para que dejase entrar a Naruto en él. Seguramente él cargaría con su ración ilimitada de ramen instantáneo, así que no disminuirían los comestibles para la familia Hyüga… Además, si eran los únicos sobrevivientes del Apocalipsis, entonces… ¿alguien tendría que salvar a la humanidad de la extinción, no?

Procrear entre familia no era siquiera una opción, así que la carga de tan gigante responsabilidad recaería exclusivamente en ella y Naruto, ¿no?

Justo cuando su sangre empezaba a hervir ante la imagen mental de muchos niños rubios de ojos blancos escalando por los brazos y hombros de Naruto, la voz de Neji y su mirada suave la hicieron reaccionar. —Me alegra muchísimo verla contenta con su elección, Hinata-sama —Oh, Neji, doloroso experto en hurgar heridas—, deseo que tenga éxitos en su futura profesión. Usted será la mejor abogada del mundo y podrá largarse, si desea, al culo del mundo. O quedarse. Como prefiera.

Su cerebro se trabó. ¿Qué se suponía que debía contestar?

… ¿Gracias?

La mirada de su primo parecía chispear ironía a diestra y siniestra, pero afortunadamente él no esperaba una respuesta a su comentario. No es que hubiera podido obtenerla tampoco, de parte de nadie, porque todos estaban tan consternados que ni una sílaba hubiesen podido soltar.

—Muchas gracias por la comida, estaba deliciosa, tía —Hinata vio a su madre trastabillar antes de asentir como un robot cuando Neji se puso de pie—. Ahora, si me disculpan, debo irme rápidamente, pues tengo un compromiso inaplazable con Tenten.

Sólo fue hasta cinco minutos después que alguien, por fin, encontró su voz.

Fue Hanabi.

—Creo que Neji está en sus días del mes —comentó.

Nadie la contradijo. Y cuando el celular de Hinata vibró sobre su regazo, anunciando la llegada de un nuevo mensaje, y su rostro enrojeció más rápido de lo que se dice "Neji tiene la menopausia", la atención volvió a caer sobre ella, la tan odiada atención.

—Hinata, ¿has comido piña? ¡Pero si eres alérgica, cariño! Mira nada más cómo te pones.

Claro que su piña tenía el apellido Uzumaki.


Naruto.


Ese año no había empezado como imaginaba.

Estar un mes lejos de Konoha no había sido nunca parte del plan de Naruto. Simplemente fue el resultado de algo que su madre llamaba "tiempo de reflexión", lo que él no entendía porque reflexionar era lo último que se podía hacer en una casa llena de pelirroja gente Uzumaki, y que tenía como razón de ser su futuro.

¿Qué pasaba? ¿cuál era el problema con el mundo? ¿acaso uno no podía estar por ahí haciendo nada y, aun así, tener un futuro?

¿Qué significaba en primer lugar tener un "futuro"?

En lo que a él concernía hasta los vagabundos tenían futuro. El de la esquina había estado allí desde que Naruto tenía memoria, día tras día, y él sospechaba que seguiría así por un no muy corto periodo de tiempo. O sea, que tenía futuro en esa esquina.

En fin, aparte del Bullying común por parte de su familia materna, el último mes se había caracterizado por estar lleno de inútiles y largas charlas incómodas en las que cada Uzumaki (y no Uzumaki; en realidad, cada habitante de Uzushio) había dado gentilmente su opinión sobre su vida. Y apreciaba el gesto, de veras, pero…

Mierda, su cordura casi arma maletas.

Afortunada o desafortunadamente –aún no podía decidirse- no fue el único blanco; Karin, recién graduadita también, era carne fresca para ellos. Afortunadamente en el sentido de que no fue la única víctima, desafortunadamente en el sentido de que tuvo que aguantar las quejas infinitas e inaguantables de su prima pelirroja, junto a su peculiar y excesivo mal humor (no había quien aguantase a Karin, en serio, era más estresante que Kiba e Ino juntos y eso decía mucho).

Naruto había estado un poco malhumorado también. Una noche en especial, hace ya una semana, su enojo llegó a un nivel mayor y abandonó la casa, azotando la puerta de la entrada con toda la fuerza. Había oído a su madre gritarle que volviera, que se disculpara, pero tanto era el sentimiento enclaustrado en su pecho que ni siquiera tuvo miedo de ella… Dios, esa vez estaba tan enojado de que todo el mundo pareciera querer entrometerse en su vida sin considerar su opinión ni por asomo.

"¿Qué soy yo?" había preguntado, conteniéndose para no romper el vaso de vidrio en alguna cabeza de los sentados en mesa, antes de hacer la espectacular salida "¿Una puta mierda? ¿Estoy pintado? ¡Dejen de joderme´ttebayó!".

"¡Naruto!".

"¡Naruto, espera, vuelve aquí ahora!".

Estaba tan frustrado esa noche. Tan, tan, tan malditamente enojado, pero sobretodo, tan abrumadoramente deprimido… Joder, hasta llegó a pensar que se le habían pegado las tendencias emo de Sasuke, pero luego desechó la idea. Todo el mundo debería tener derecho a enviar a los demás a la mierda alguna vez. Todo.

No se había calmado hasta llegar a un pequeño puente peatonal sobre el rio Uzu, su lugar favorito del poblado, y el observar la corriente pareció servir como un bálsamo sobre sus emociones. Allí, recostado al barandal, mirando las aguas pacificas ir y venir en la noche más estrellada desde hacía mucho, Naruto se preguntó si alguna vez, en algún momento de su maldita existencia, él llegaría a saber exactamente qué hacer y a dónde ir.

Pensó en sus cualidades hasta ahora: notas mediocres, bueno en deportes, torpe en absolutamente todo lo demás.

Pensó en todo.

Pensó en Hinata, en lo estúpidamente lento que había sido con ella durante prácticamente toda su vida, en la forma en que casi la pierde. A ella, que era tan importante, a la que adoraba tanto… ¿Así sería él para cada cosa?

Pensó más y más en Hinata; en lo terriblemente inteligente, en lo adorablemente gentil, en lo absurdamente linda que era. Pensó en lo que ella diría si estuviese allí, y luego pensó en cuánto la extrañaba.

Diablos, habían hablado hace unas dos horas atrás y él la extrañaba tan mal…

Justo cuando había cerrado los ojos e imaginaba la sensación de un cuerpo pequeño y frágil abrazándolo con amor, sintió una mano pesada en su hombro. —Ey, chico.

Naruto suspiró, sin dignarse siquiera a mirarlo. No necesitaba hacerlo. Ni aunque pasasen un millón de años podría olvidar la voz de su abuelo.

—¿Qué quieres, viejo?

—En vez de estar ahí solo sintiéndote miserable pudo adivinar su sonrisa— ¿qué te parece si me acompañas por unos tragos y nos sentimos miserables juntos?

—Tengo diecisiete.

—¿Dices que eres demasiado joven? —una risa—, tengo cincuenta y seis, muchacho, y no estoy demasiado viejo. No hay edad mínima o máxima para esto. Diecisiete está perfecto, te lo digo yo.

Sus músculos se relajaron con el tono sincero y cínico que le era tan familiar. Aun así, le dedicó una desconfiada mirada de soslayo. —¿Quiere darme un sermón mientras estamos en eso´ttebayó?

—Maldita sea, Naruto, ¿me ves echando sermones? —casi suelta una carcajada por la mueca asqueada del hombre mayor—Eso es más una cosa del tipo Tsunade, así que dejémoselo a ella.

—O a mamá —agregó.

—O a Kushina —Jiraya aceptó, brindando una condescendiente palmadita en su espalda—. Chico, te espera una buena en casa, así que yo en tu lugar disfrutaría al máximo el tiempo con mi espectacular abuelo de varonil cabello blanco.

Naruto lo vio alejarse unos metros. Él nunca volteó a verlo. Su andar era firme y constante, sin un atisbo de duda. Naruto lo supo; él sabía que lo seguiría. Siempre había sido así y, maldita sea, siempre lo sería.

El niño rubio corriendo tras el hombre canoso que le ofrece una paleta doble.

El joven siguiendo los pasos del anciano en busca de un consejo.

—¡Espere, sabio pervertido´ttebayó!

—¡Maldito mocoso, te he dicho mil veces que no me llames así!

Horas más tarde, al llegar a la residencia principal de todos los Uzumaki esa madrugada, aun cuando llevaba recargado sobre su hombro a un Jiraya muy ebrio que canturreaba feliz una tonada alegre sobre un hombre del sur que moría por una tal Marianita y aunque él mismo estaba un poco mareado, Naruto se sentía extraordinariamente ligero, feliz, ubicado y motivado. La determinación inundó su rostro al momento de gritar, no sin un poco de esfuerzo: "¡Se pudre el universo si no soy el mejor futbolista del jodido mundo´ttebayó!".

No fue muy buena idea, considerando que eran pasadas las tres de la mañana y que –se suponía- debían ser silenciosos. —¡Ssshh~! —le recordó su abuelo, posando el dedo índice sobre sus propios labios.

Él abrió los ojos y asintió con entendimiento, sus ojos azules brillaron en la oscuridad de la sala. —Ssshh, cierto, me olvidaba que no queremos que se despierten… —sonrió—, pero no se preocupe, sabio pervertido, ya sé cómo arreglarlo´ttebayó —e inhaló de manera potente antes empezar a maullar: —¡Miau, miau, miaaaaaauuuuu~!

—¿Para qué… haces eso, muchacho? —Jiraya murmuró a duras penas, luciendo confundido e interesado, similar a un niño pequeño.

Naruto se inclinó, reacomodándolo sobre su hombro, y buscó su oreja: —Así creerán que ha sido un gato en vez de nosotros´ttebayó.

—¡Ohh, buena idea!

Naruto le miró con el ceño graciosamente fruncido y él se cubrió la boca con la mano que no estaba colgando sobre el hombro de su nieto. Ante la inevitable emoción por tan espléndida creatividad del joven, su tono de voz se había elevado demasiado como para ser saludable. Mierda, la había cagado. —¡No pasa nada, soy otro gato! —enmendó con satisfacción—¡Miau, miau!

—¡Miau´ttebayó!

—¡Miau, miau!

Cinco segundos después, cuando se vieron cegados por las exageradamente brillante luces encendidas de la sala y se presentó ante ellos el peor espanto posible –Kushina Uzumaki a un lado del encendedor, con los brazos cruzados y una mirada de pocos amigos-, Naruto profirió una queja llena de la más genuina decepción.

—No puede ser… Estoy seguro de que al chavo del ocho sí le funcionó´ttebayó.

Una risilla se escapó de sus labios ante el recuerdo de una semana atrás, mientras doblaba una camiseta de un fuerte color naranja y la metía a la maleta abierta sobre la cama; el sabio pervertido no era el mejor ejemplo, nadie lo negaba, pero en realidad no era tan malo. Aunque era generalmente inútil para cualquier cosa que no fuese timar, beber e incomodar a mujeres, resultaba ser también una excelente fuente de relajación y, Naruto tenía que admitirlo con total franqueza, en medio de su aparente idiotez, el viejo daba consejos tremendamente sabios. A veces ni su padre –que era la persona más sensata que conocía- podía alcanzar un nivel de utilidad y comprensión tan grande en sus palabras.

El viejo no era el mejor ejemplo a seguir, pero a veces (sólo a veces) su guía era increíble.

Aunque le costó el casi ser masacrado por su madre, había encontrado la luz. Había valido cada hematoma sobre su aporreado cuerpecito; después de aquella accidentada noche de gatos, él se había reunido la suficiente fuerza y determinación que se debía, manteniéndose sobrio, y afrontó a su familia con fiereza. Él no sería ingeniero como el tío Pepito, abogado como Fulanito, ni mucho menos psicólogo como la tía Jacinta (bien, ninguno de sus tíos tenía alguno de estos nombres, pero sólo quería dar a conocer su punto), no, él era Naruto y, aun en contra los insistentes argumentos por parte de su madre y la mayoría de miembros adultos de su familia sobre lo dificultoso que era al camino de un futbolista y la escasa posibilidad de triunfar en el campo, consiguió que le permitiesen, al menos, intentar seguir su camino.

Tenía un periodo de prueba: un año.

Después de eso y, si no conseguía siquiera un mínimo resultado, tendría que ir preparando el estetoscopio, o el código penal o los planos.

Él esperaba realmente jamás tener que hacerlo, aunque no sería el fin del mundo. Aprender (aunque era un martirio para su cerebro) siempre era útil, sea cual fuese el área de conocimiento.

"Todo es ganancia", se dijo jovialmente, girando su vista la pared.

El reloj marcaba las diez de la mañana y su mente vagó por centésima vez en el día, sin poder controlarlo, hacía Konoha -más precisamente hacía la Universidad privada de dicha ciudad-sin poder evitar el preguntarse (también por centésima vez) cómo le estaría yendo a Hinata en su inducción.

La fugaz idea de llamarla pasó por su mente, pero la desechó con pesar casi al instante, pues no quería que su celular sonara en un momento inapropiado y causarle problemas. También porque se había prometido no mantener ningún contacto con ella esa mañana, le haría creer que no había recordado que era un día importante para ella, todo pensado por el bien del factor sorpresa.

Se pondría un poco triste, pero la alegría que experimentaría al verlo llegar desvanecería hasta el recuerdo del sentimiento.

Sin embargo, era él el que más estaba sufriendo. No podía dejar de pensar. ¿Le gustaría el lugar? ¿estaría arrepentida? ¿serían sus compañeros unos bastardos?

"Bueno, sólo estoy seguro de un bastardo que estará allí", pensó con una mueca cuando la cara de un cierto conocido suyo llegó a su cabeza, pero luego sonrió. Él no le había dicho a Hinata que emprendía su camino de regreso a Konoha ese mismo día, en cambio, ella estaba convencida de que estarían separados por lo menos una semana más. No le gustaba hacerla sufrir (porque Hinata sufría por él, ¿cierto? Joder, qué emoción), pero quería sorprenderla. A ella le gustaban las sorpresas se suponía… Digo, él era un tipo tremendamente sorpresivo, y a ella le gustaba él… así que las leyes de la lógica le aseguraban que era una pequeña amante de las sorpresas.

¿Y qué podría ser mejor que él siendo su sorpresa? No era por presumir ni nada, pero tenía su encanto.

Y ya, ya, ya, ya quería verla.

Las perlas brillantes en sus ojos, su cabello oscuro y tan, pero tan suave al tacto, el tinte rosa en sus mejillas de porcelana, sus índices tímidos bailando esa danza tierna y sensual uno contra el otro, su tono de voz celestial al pronunciar su nombre, su olor a vainilla, sus labios…

Gimió suavemente, echándose de espaldas sobre el mullido colchón. Sus ojos cerrados y su mente trabajando a toda máquina y sobrecargada de sólo una cosa.

"Hinata", una suave sonrisa se coló en sus labios, "apuesto que te encantaría verme tan desesperado´ttebayó".

Era increíble lo que provocaba una mujer.


—Mi tía me mandó a ver si terminaste de empacar —la voz de Karin era altanera (como siempre que se dirigía a todo ser humano que no se llamase Sasuke Uchiha), y la madera del suelo sonó ante su zapateo impaciente.

Naruto hizo una mueca al verla allí, recostada al marco de la puerta y cruzada de brazos. —¿Qué dices? —sonrió—, ¿tienes que inventar algo así para ocultar las ganas que tienes de despedirme y llorar por lo mucho que me vas a extrañar, Karin?

—¡Que te den, Naruto!

Fue tan graciosa su expresión airada que no pudo hacer más que soltar una carcajada, mientras corría el cierre de la maleta, antes de sentarse cómodamente sobre ella. Eran las once de la mañana y Karin siempre estaba dispuestica a empezar una pelea. —Era broma, era broma, esto está listo —se sacudió las manos con satisfacción, luego sonrió, fijando los ojos de diamantes en su prima y, ya con una expresión más seria, habló: —¿Cuándo te devuelves tú a Konoha´ttebayó?

—No lo sé.

Algo recorrió su espalda al notar que sus pupilas rojas rodaron tras los vidrios de los anteojos, algo incómodo. Parpadeó. —Pensé que empezabas la universidad la siguiente semana.

—¿Sí? Bien, pues pensaste mal, como de costumbre.

Un sinfín de escenarios pasaron por su mente. Se suponía que Karin estudiaría administración de empresas para hacerse cargo del negocio de su padre. Era lo establecido y, maldita sea, que ella nunca se había quejado… entonces, ¿qué sucedía? ¿qué podía estar pasando como para que ella no volviera a Konoha a tiempo?

¿Acaso el negocio iba tan mal?

¿Acaso se habían quedado tan, tan pobres como para no permitirle siquiera asistir a una universidad pública?

¿Karin iba a quedar sin educación, bruta y hormonal para siempre? ¡Jesús!

Tal fue la desfigurada mueca de horror y pena ajena en su rostro, que Karin se apresuró a hablar con tono molesto: —No es nada de lo que estás pensando, idiota —suspiró, y él se sintió un poco más relajado.

—¿Segura? Porque siempre me puedes pedir prestado dine-

—Ni aunque estuviera agonizando —le cortó toscamente, pero una leve sonrisa se abrió paso en sus labios.

—¿Entonces qué sucede´ttebayó?

—No pasa nada, está todo bien —Naruto la vio jugar descuidadamente con un mechón de cabello encendido, como lo hacía cada vez que quería parecer despreocupada—, me quedaré un poco más de lo previsto en el pueblo, eso es todo.

Las cejas rubias se contrajeron en confusión. Era extraño con todas las letras, hasta él podía ver que una pieza no cuadraba en la afirmación de la fémina. ¿Karin queriendo pasar más tiempo en Uzushio? ¿había enloquecido o simplemente era una señal que indicaba el inicio del fin? Que alguien le dijera, por favor, para ir almacenando ramen de emergencia. —L-la pregunta… —carraspeó un poco, enderezando su postura y centrando su mirada en ella, todavía sentado sobre la maleta cerrada—La pregunta es por qué. Que yo sepa, y que todo el mundo sepa en realidad, odias este pueblo, ¡si has pasado todo el mes llena de quejas´ttebayó!

Las pupilas rojizas giraron. —No es tanto como odiarlo, es exagerado.

Naruto entrecerró los ojos. —Hace una semana te encerraste en tu cuarto y amenazaste con cortarte las venas si no te sacaban de aquí.

—No vale, porque no iba a hacerlo en realidad, así que no significa nada.

—¿Y qué hay de aquella vez en que tomaste los cuchillos del carnicero y nos perseguiste gritando "¡llévenme a la civilización o los mato, bastardos!" —¿y por qué sería que mayormente arrojó los ataques a él…?

—Una crisis adolescente, no tiene absolutamente nada que ver.

—¿Y aquél día en la plaza cuando exclamaste exactamente, y frente a muchos testigos, que odiabas este pueblucho de mierda alejado de la mano de Dios y que serías eternamente feliz si se abriera la tierra y nos arrastrara a todos a las profundidades más aberrantes, calientes y asquerosas del infierno mientras te-

—¡Ya, ya, entendí! ¿Cuál es tu maldito problema, Naruto? ¿sólo has estado pendiente de mí todo este tiempo? Joder.

—Karin, todo el mundo ha estado pendiente de ti —enfatizó—Eres un peligro para la comunidad y, específicamente, para mí ya que soy tu más grande víctima, así que no me culpes por tener siempre un ojo sobre ti´ttebayó.

Ella resopló. —Tan sufrido —dijo con sorna.

—¿Debo mostrarte la cicatriz de aquella vez hace dos años cuando-

—¡No! Mierda, que es horrible…

—¡Lo sé! —Naruto lloró—¡Por más que me aplico Cicatricure una y otra y otra vez no mejora… y eso que tengo buena cicatrización!

—¡Lo sé, eres un monstruo! —Karin exclamó, luciendo entre sorprendida y entusiasmada—Aún sigo sin creer que no te hayan quedado secuelas de aquella vez en la que te convencí de acostarte en aquella camilla de púas y me senté sobre ti. Fue alucinante, estaban tan profundamente clavadas…

—Y dolían como el infierno´ttebayó.

—O la vez en la que estábamos en piscina y subiste al trampolín, pero yo te recomendé saltar hacia el asfalto, porque en realidad eran suaves arenas movedizas y no ibas a sentir nada —inconscientemente ella se acercaba más y más a medida que hablaba, al punto de quedar frente a él—¡no puedo creer que me creyeras! —río.

—¡Oye, es que era un niño inocente! —Naruto brincó enérgicamente sobre la superficie acolchonada de su maleta.

—¡Tenías quince!

—¡Catorce y medio, en realidad!

Karin soltó una risa y le miró de manera petulante, poniendo las manos en su cintura e inclinándose hacia él, para establecer un contacto visual. Naruto se mantuvo. —Eso se llama simple idiotez.

Él hizo una mueca. —Lo tuyo se llama simple maldad —le acusó—, ¡siempre me estás maltratando, Karin! Te lo juro, si no fueras mi familia, hace rato te hubieran caído unas cuantas demandas por intento de homicidio´ttebayó.

—¿Ah? —ella se inclinó un poco más, exigiendo explicaciones con su mirada—¿es así como me agradeces haberte vuelto hombrecito, maldito enano endeble?

—Hombrecito muerto, querrás decir. Preferiría ser un cobarde vivo, gracias.

—Desagradecido.

Naruto entrecerró los ojos, enfrentándose a una distancia más cercana entre sus rostros. —Bruja.

—Descerebrado.

—Abusadora.

—¡Lo haces sonar como si te hubiera violado!

—¡Poco te faltó´ttebayó!

Casi le falta el aire por la sorpresa. Karin, aprovechando la ventajosa altura que tenía actualmente, al estar de pie y él sentado, lo atrajo hacia su cuerpo y besó su frente cariñosamente. Naruto se congeló, con los no demasiado abundantes pechos de su prima cerca de su rostro y sus labios sobre la piel de la frente, se sentía casi, casi… como su hermanito menor. Karin nunca había expresado una muestra tal de afecto.

—Cuídate, enano.

Y salió de la habitación en un parpadeo, dejándolo tan o quizás más sorprendido que si le hubiese dicho "Te quiero", con un diminuto rubor en las mejillas y el más grande sabor amargo en la garganta.

Por alguna razón, se había sentido como un adiós.


Las doce y veinte minutos, Naruto se dijo, después de observar impacientemente el antiguo reloj de la sala desde su asiento en el comedor, ya habrá llegado Hinata a casa. Aun cuando había sido él quien se había impuesto la prohibición de contactarse con ella, la curiosidad y preocupación lo estaban enloqueciendo. Partiría pronto a Konoha, pero aún lo separaban varias horas de su muy querida amiga.

¿Estaría bien? ¿fueron todos buenos con ella? ¿fue alguien demasiado bueno con ella, como para tener que intervenir?

Oh, Dios, le daría una buena.

Justo cuando su mente empezaba a formar el rostro de cierta persona, canalizando en la imagen toda la ira, la voz de su padre le hizo caer en la realidad. —¿Has acabado, Naruto? —el hombre lo miró extrañado—, ¿quieres más?

—Eh, —echó un vistazo al tazón vacío y sonrió—, no, no, así está bien.

Minato alzó una ceja. —¿En serio? —preguntó—, es raro que no quieras un tercer plato. Sobre todo si estamos hablando de ramen.

Sintió los ojos de su madre, el sabio pervertido y cinco pares más provenientes de otros Uzumaki.

—¿Estás enfermo, Naruto?

—¿Tienes diarrea?

—Mamá, estoy asustado, ¡Naruto no quiere más ramen! —escuchó un lloriqueo.

—Ya, ya… tenemos que tener fé, cariño.

—Es el apocalipsis…

Carraspeó y trató de lucir la mejor sonrisa, tratando de ocultar la creciente ansiedad que burbujeaba por todo su cuerpo. Desvió la mirada hacia las maletas listas a un lado de la mesa y se le ocurrió algo razonable para excusar la falta de apetito que tanto preocupaba a su familia. —No es nada, ¡es sólo que olvidé empacar una cosa importante! —exclamó, poniéndose de pie y emprendiendo la carrera, escaleras arriba, hacia su habitación vacacional.

—¡Apúrate, Naruto, nos vamos en quince minutos´ttebane!

—¡Sí´ttebayó!

Se aseguró de cerrar bien la puerta y se echó sobre el colchón, con el celular en la mano. Un extraño cosquilleo le recorría las manos. Faltaba poco para verla, sólo unas horas, pero aun sabiéndolo, las ganas incontrolables de oír su voz le estaban asfixiando.

Pero si le llamaba… estaba seguro que terminaría contándole que estaría de vuelta pronto y la sorpresa se iría abajo. No, no, no…

Entonces…

Justo cuando estaba a punto de tirar el aparato por la ventana, una idea le animó; no podía hablarle, pero bien sí podía escribirle algo, ¿verdad? Técnicamente no estaba rompiendo ninguna regla.

Así fue como, con una sonrisa pícara en el rostro, Naruto empezó a teclear.

Siete minutos después, veía sonriente el mensaje que, él sabía (oh, estaba completamente seguro), sacaría uno de esos bellos sonrojos en Hinata. No es que fuese un mensaje muy atrevido, sólo que… Diablos, se trataba de ella, ¡claro que se iba a sonrojar!

¡Ey, hola! No iba a escribirte, pero no pude contenerme… Estoy enloqueciendo, Hinata-chan, es increíble la forma en la que te extraño (¿acaso me diste algún brebaje especial de judíos o algo así? Por favor, dímelo, no me enojaré´ttebayó); sólo pienso en esa vocecita tuya y en lo suavecita que te sientes entre mis brazos. ¡Aawwwwwwwww! *colapso por desbordamiento de ternura*

¡Estoy muriendo, Hinata, basta!

P.D: Iré a pescar con el sabio pervertido, así que no trates de contactarme por unas horas, te quiero, ¡hablamos en la noche!

P.D de la P.D: A propósito, anoche soñé con esa cosa deliciosa que haces en mi oreja con tu boca… ¿Podrías hacerlo la próxima vez? ¡En serio, me gustó mucho´ttebayó! Puedo recompensarte muy bien si dices que sí *guiño* *guiño*.

Perfecto.

Lo del sabio pervertido y la pesca era, obviamente, un señuelo…

¡Y… enviar! Ya estaba. Completamente satisfecho con su obra literaria, y oyendo cómo empezaba el bullicio en la planta de abajo, Naruto decidió apresurarse antes de que su madre subiera y lo arrastrara de las mechas. Pero entonces, ocurrió algo inesperado: el celular, todavía en sus manos, sonó (tenía como tono de llamada el opening de Doraemon, pero no viene al caso).

Su corazón casi dio un vuelco y sus manos temblaron.

¿Ya habría visto Hinata el mensaje? ¿Era ella la que llamaba? ¡si era ella, él no podría ignorarla… y si no podía ignorarla, terminaría hablando de más, y si hablaba de más, entonces cagaba la sorpresa!

Presa del pánico, empezó a dar saltos por la habitación, el celular rebotando peligrosamente entre sus manos. —¿Qué hago? ¿qué hago? ¡¿qué hago´ttebayó?!

Bien, pues lo primero era mirar el número en la pantallita del celular, ¿no?

Haciendo un par de respiraciones profundas, bajó la vista temblorosa hacia el aparato. —¿Y esto…?

La anterior desesperación (y emoción, también) se disolvió y sus ceja rubias se fruncieron un poco a causa de la extrañez. No era que le molestase, pero…

¿Por qué estaba el sarnoso llamándolo?

—¡Ey, Kiba, qué pasa! —contestó jovialmente, decidiendo que estaba un poco feliz después de estar tanto tiempo sin hablar. Nunca lo admitiría públicamente, pero le agradaba Kiba. Él siempre protegía a Hinata, igual que él, y eso le hacía sentir un poco tranquilo, pues ella jamás estaría a la deriva. Además, le gustaba pelearse por ella con él desde que eran unos niños. Sin darse cuenta, una sonrisa se coló en sus labios.

—E-ey, hola, Naruto.

Sonrisa que se descompuso ante la voz inusualmente falta de animosidad. Un escalofrío recorrió su espalda. —¿Hay algo mal? —se apresuró a preguntar—¡¿Le pasó algo malo a Hinata?!

—¡No, no, hombre, no es nada de eso! —Naruto suspiró, poniendo una mano en su pecho—, tranquilízate, no le pasó nada malo… Bueno…

—¿Bueno qué, Kiba? ¡me vas a dar un maldito infarto´ttebayó!

Los nervios se le dispararon cuando el silencio inundó la línea. Después de unos segundos, el gruñido de Kiba le zumbó el oído.

—Naruto —dijo, de una forma tan tensa que casi se desmaya. Cuando Kiba suspiró, supo que todo estaba jodido—: Tengo que contarte algo, viejo.


Neji.


—¿Está bien que hayas dicho eso?

Neji sonrió, levemente, pero una sonrisa es una sonrisa. Allí, bajo el árbol de mango en el patio trasero de la humilde casa de su novia, con la cabeza en su regazo y los dedos finos recorriendo las raíces de su largo cabello, a la vez que disfrutaba la frescura que el ser vivo inmóvil les proporcionaba en esa calurosa tarde, parecía que el mundo se detuviera. Sólo estaban ella, él y el mundo.

O eso parecía a simple vista.

La verdad aún era un secreto de los dos.

Una sensación de hormigueo recorrió su cuerpo…

—Tenten —pronunció el nombre, sin contenerse del disfrutar el sabor de las letras en sus labios. Sus ojos aperlados, característica común de la familia Hyüga, se abrieron por primera vez en minutos y la visión del rostro ovalado y comúnmente precioso de una chica con chonguitos en la cabeza los llenó por completo. Unos orbes grandes de un fuerte color chocolate completaban el perfecto cuadro, lo observaban de esa manera curiosa y atenta, casi infantil, y Neji no pudo evitar sentirse un poco demasiado conmovido (era hermosa, joder, y era suya). Sobre ella, el verde de las hojas y el azul del cielo se unían armoniosamente.

Era perfecto.

Y él no quería que nada acabara.

Casi inconscientemente, su mano se levantó con lentitud. Antes de darse cuenta, estaba acariciando el -temporalmente- abdomen plano y estrecho de la mujer. Sus ojos no perdieron el contacto, perla y café se mantuvieron unidos.

—Hay cosas que simplemente no puedo dejar —la vio sonrojarse suavemente y parpadear, pues siempre lo hacía cuando él decía algo emotivo, que era muy rara vez. Neji decidió hacerlo más intenso al agregar: —Ni quiero dejarlas nunca.

Luego, ella se inclinó y lo besó.

Sí, definitivamente él no quería que esto acabara.


¡Estoy viva!

Sí, ha sido un tiempo difícil, y agradezco a todos ustedes su preocupación y buenos deseos. Ya me encuentro mucho mejor y mi corazón responde bien :) Estoy verdaderamente conmovida por el apoyo que recibí de su parte 3 Gracias.

Lamento tardar en actualizar, trataré de agilizar, en serio :3

¡Nuevamente, gracias por su fidelidad!

Y, por Dios, díganme que les gustó el mensaje de Naruto ;) Sé que están ansiosos por tener a los tórtolos juntos, pero este break era necesario. De cualquier forma, su espera va a ser recompensada en el siguiente capítulo. ¡Ajá, Naruto vuelve, señoras y señores! 3

Y si a alguien no le quedó claro... Sí, habrá un Mini-Neji corriendo por ahí en el futuro ;)