Disclaimer 1: Fanfic escrito sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad intelectual y material de Nickelodeon Intl, y licenciado por Viacom y Jam Filed Entertainment.
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Rojo atardecer
Royal Woods, Michigan
Pascua
6:30 pm
El ático de los Loud
Todos los animales son iguales, pero algunos lo son más que otros.
-George Orwell, ensayista inglés.
En batalla, vale más una mente descansada que una espada bien afilada
Es la primera vez, en toda su vida, que Lincoln no participa en una caza de huevos de Pascua. Más allá de él, solo Lori y Lynn se quedaron solos en casa. Lori por el hecho de no querer salir, y Lynn creyó conveniente pasar tiempo con ella, para variar.
Al peliblanco le resultó extraño ver que, ahora, Lori no quería saber nada de sus palos de golf. Algo que Lisa encontraba posible, pues la forma de los mismos podría asociarse, en su mente, con miembros viriles. No la puede culpar. No en su condición actual ni mucho menos. Había hecho lo imposible por entrar al equipo de la preparatoria, teniendo en su primer partido dos hoyos en uno, tres águilas y un albatros, además de dos bajo par, que le permitieron ingresar.
Por mucho, él es al único varón en casa a quien Lori ya le da cierta libertad de paso, a pesar de que su padre ha hecho intentos por acercarse. Ello le ha permitido estar más en contacto con ella que en otros tiempos, lo que habría agradecido de no ser por razones que ya son de dominio público.
Pensativo, fue al ático. Necesita despejarse un poco viendo un par de libros de sus hermanas como bebés. Lori, con su cabeza un poco puntiaguda, no dejaba un teléfono de juguete. El gorrito de Lucy, las pesas de Lynn, incluso la mantita y la jirafa de Lily, son algo que remite a su inocencia. Una inocencia que, por y para mal, le fue robada a su hermana mayor más lejana.
Le pareció deprimente saber cómo era su hermana hace casi dieciocho años atrás. 3.825 kilos, cuarenta y nueve centímetros al nacer por parto natural y atendida por Jan Patel... Clyde se habría referido a ella como la más hermosa bebita que hubiese pisado la tierra con sus piecitos planos. Sus primeros juguetes fueron el zorro Fenton -del cual no se separa pese a no tener pilas en su interior-, ése viejo teléfono de juguete y Bun-bun, cuando su omnipresente compañía nocturna se llamaba Snowy.
-¿Lincoln? -llamó Lynn desde la entrada del ático.
-Necesito estar solo, Lynn -pide Lincoln, molesto por ser interrumpido.
-Dejaré esto por aquí, ¿sí?
-Mejor devuelve eso a mí...
-Lo dejaste en Vanzilla el otro día -cortó la castaña-. Luna pensó que lo ibas a abrir con Luan.
-Lo mismo que le dije a ella. Ahora te lo digo -se calmó el hombre del plan-. Necesito estar solo cuando lo quiera abrir. ¿Lo puedes dejar en mi cama por favor?
-Solo porque lo pides -devuelve la atleta, sonando un poco pensativa.
Bajando la escalerilla, Lynn había tenido cierta curiosidad por saber qué había dentro. La dirección del remitente en el sello de la misma no aparece. Ello le resulta raro, pues si bien la caja no era tan grande, era más o menos pesada. Bien puede ser algún modelo a escala que se pidiera por correo, aunque desechó la idea. Por experiencia sabe que Megacomics, la tienda que su hermano frecuenta más a menudo para comprar sus "cosas de nerd", no surte a domicilio, además de que, de hacerlo, estaría obligado a dar razón social.
-¡Sabré si lo abriste! -escuchó a su hermano, previniendo sobre ello
Molesta, dejó el paquete sobre la cama, tirando a Bun-bun sin querer. Se vio forzada a dejar de lado la privacidad de su hermano, olvidando en el proceso que Lori se halla en el baño.
Con cierta satisfacción, la primogénita ve cómo es que su color rubio natural empieza a recuperar el terreno perdido. No puede evitar sentir un ligero alivio, a pesar de las molestias que siente en su cuerpo. Mareos, antojos y ligeros desvanecimientos se han vuelto una molesta parte de su vida. Hasta hace un par de meses, habría rechazado una Eructo Sencilla con pepinillos diaria si fuera al Burpin' Burger, prefiriendo en su lugar una ensalada con trocitos de jamón y quinoa tostada. Ahora, al menos da cuenta de dos Eructos Dobles con pepinillos dulces, cebolla caramelizada, patatas y soda grandes al día.
Con todo, está decidida a relajar su postura lo más que pueda. Todavía tiene ciertas reservas con Lincoln sobre el contacto físico, aunque ya no hay noche en que no se mantengan dormidos, conversando en línea vía Whatsapp. Para no gastar en un nuevo dispositivo, el peliblanco compró una nueva tarjeta SIM y la puso a un móvil que ella misma tenía en reserva, por si algo le pasaba a sus demás aparatos.
Caso contrario, el de su padre. No deja que él se acerque, a menos que su madre esté con él, y eso, si no está rodeada por el resto. Sencillamente le cuesta trabajo no sacarse ciertas ideas de la cabeza, por mucho que él y Lincoln trabajen en ello.
Por el espejo, vio salir a Lynn de la habitación de Lincoln. El paquete que llevó en brazos se veía un poco pesado, y había escuchado a su hermano decirle que no lo abriera. Lo mismo que le escuchara decir a Luna antes de salir y a Lola el mismo día que regresó.
Fue, en el más absoluto silencio que pudo, hacia la habitación de Lincoln. Las sandalias que lleva puestas no le ayudan mucho, a pesar de pisar sobre la alfombra del pasillo. No quiere despertar sospechas ahora que sus hermanos le tienen una mayor precaución, y más aún, no desea que, por encima de todo, sea Lincoln quien sospeche.
La caja que Lynn dejó no era más grande que la caja en que llegó un motor eléctrico de repuesto para el jeep de Lola. Más allá de que es un simple embalaje del servicio postal, lo único destacable es la etiqueta donde pone el destinatario.
Lincoln Loud
1216 Franklin Ave
Royal Woods, MI
Todo ello estaba escrito con una letra hecha por una mano que, sabe reconocer, se había quebrado, manteniendo un cierto orden. Olía a lavanda, y solo conoce a una persona a la que le gusta ése aroma más que a ella misma.
Con todo, le había dicho que no volviera a ver o a hablarle siquiera a Carol Pingrey. No le dijo, empero, nada de recibir paquetes a su nombre de ella. Ella ignora, por completo, lo que sucediera con ella mientras estuvo en casa de Huggins.
-¿Qué haces aquí?
Dejando caer la caja sobre la cama, se asustó al escuchar a su hermano. No está molesto, como normalmente estaría de ver a alguien buscando entre sus cosas, sino tranquilo. Y no sabe si eso es señal de algo bueno o malo.
~o~
-El juez Vynal no es muy tolerante con ninguna falta vehicular -expone Gwendolyn, antes de dar un trago a un vaso con agua, sentadas ambas en la mesa de la cocina-. Es como si Joe Arpaio tuviese un admirador en Perry.
-Arpaio... -María sonó preocupada- ¿No es el alcaide de Maricopa?
-Era -confirma la ex-militar-. Lo cesaron cuando se fugó un reo en enero pasado y no se le pudo capturar. Ahora está preso pero... con la nueva administración, se habla de indulto presidencial.
Frustrada, Gwendolyn se llevó las manos a la frente. Sabe de primera mano que aquel juez es de ultraderecha, y las pocas veces que lo encaró en la oficina del gobernador éste no quería que ella se quedara. No porque pudiera irse de lengua con la prensa, sino por el simple hecho de asumir que su carrera militar se debiera al nepotismo. Irónicas palabras de un juez de distrito que entró exactamente por la vía que denuncia.
-En cuanto a Vynal... el maldito es demasiado escrupuloso. No se ha dado el gusto por deportar a nadie, y si lo va a hacer es para congraciarse con la Casa Blanca. Y es el juez que llevará su juicio. ¿Sabe lo que quiere decir?
-No -María responde, tratando de mantenerse seria-. ¿Por qué debe mentir?
-No tengo por qué hacerlo. Que ése hombre esté a cargo reduce toda posibilidad de un juicio a favor a casi nada.
Mientras hablaban, Ronnie Anne escucha en el pasillo. Hablar con alguien le es demasiado simple ya, y desahogarse golpeando a alguien por cualquier motivo no le basta. Teniendo ya las tareas pendientes terminadas y con Jordan fuera del radar por ahora, solo quería que toda la porquería en que se ha vuelto su vida terminara de una forma u otra.
Yendo a su habitación y dejando caer su humanidad en la cama, vio no pocas fotos de su familia antes de que todo se fuera al drenaje. Desde su primera caminata y la primera vez que Bobby le diera a lamer medio limón hasta la pasada fiesta de año nuevo. Vio la foto que ambos hermanos y tres de los Loud se pintaron las caras, justo después de haber sido el "sujeto de pruebas" para un pretzel humano.
"¿Qué cambió?" se pregunta, aunque la respuesta era más que obvia. Bobby no está, Lincoln está en las últimas, abusaron de Lori por lo que el peliblanco le dijera aquella tarde en el gimnasio, y lo peor. Luna, aparte de cuatro de las hermanas Loud, no quieren verla cerca de Lincoln. Tiene entendido, y no las culpa, que son Lynn, Lucy y Lola. Lily es una obviedad por ser influenciable, Leni... es demasiado ingenua. Lana puede que haga lo que su gemela y hermana menor inmediata le diga y es posible que Luan siga insistiendo con que Lincoln sea su novio. Lisa, ni por asomo puede entenderla.
En cuanto a lo que los señores Loud respecta, no tiene ni la más remota idea de lo que pase por la mente del marido de Rita. Ella, por su parte, supo aceptar que no tiene la culpa de nada. No sabe si darle las gracias por ello o solo aceptar lo inevitable y cortar todo lazo.
Sola. Odia estar totalmente sola. Por lo menos hasta las ocho llegaba su padre y le pedía cierta ayuda cuando hay tareas de gramática -que no necesitaba ella en realidad, sino para mejorar su dicción), su madre necesitaba descansar con los turnos dobles que tomaba dos veces por semana y, si Bobby tenía tiempo entre Lori y algún empleo, procuraba pasar tanto tiempo como le era posible. Ahora, todo cuanto le queda es su madre. Cansada, estresada y con una mayor desesperación por tener noticias de padre e hijo. Y de eso, puede que no tuviera mucho tiempo, pues el juicio será en Perry.
Tomó su patineta y, sin dar aviso siquiera, decidió salir a pasear. No le importaba el toque de queda al que ya está sometida, antes de las seis y media, y necesita pensar en lo que tiene, en las posibilidades de que todo se salve... o se vaya al Infierno mismo.
Sin fijarse, no reparó en que Chandler estaba cerca. No quería ser reconocido, y la intención era más que clara, pues llevaba pintura en aerosol, sellador y algunos petardos.
Viendo una luz prendida, el pelirrojo no presta atención hasta tropezar con una todoterreno que, pudo apreciar, tiene placas del estado y un banderín en el espejo retrovisor de la cabina con el Sello del Estado de Michigan. Sabe, por su padre y algunas relaciones suyas, que solo hay dos clases de gente que se sirve de tales distintivos para circular libremente por todo el territorio estatal. Empleados del gobierno y gente orgullosa de su procedencia. Y esa camioneta no le pertenece a nadie que conozca, pues en todo Royal Woods no conoce a nadie que posea un auto así. Ni siquiera Tetherby, aquél estirado a quien su padre estafó a cambio de un convenio para la planta de tratamiento de aguas de la que es heredero.
En su mente, surgió la idea más absurda que pudo tener. El pelirrojo abandonó su plan original de vandalizar la casa de la doctora Schiller y abandonar las latas con los Loud. En su lugar, comenzó a pintar consignas contra el presidente. Y las latas...
-¿Sabes que es delito lo que está haciendo, jovencito?
Chandler había dejado a medias una oración que, en español y con pésima ortografía, rezaba "A LA BERJA EL MURRO DE EL PEN...", aterrado, mientras veía a cierta ex-militar, detrás de él, con el ceño fruncido. A su lado, la madre de los Santiago estaba furiosa, buscando controlarse lo suficiente para no tener que golpear a un menor.
-¿Sabes que es delito vandalizar propiedad del gobierno? -pregunta Gwendolyn, molesta.
-¿Sabe usted quién soy, saltamuros? -cuestiona el pelirrojo, desafiante.
-Lo tomaré en cuenta cuando me ordenen atenderte -repuso irónica María, antes de que su invitada interviniera
-Sé bien qué clase de persona eres, mocoso -espeta la soltera, amenazante-. Eres un vago que solo quiere hacer lo que quiere sin pagar consecuencias por lo que hace, sin saber en realidad qué es lo que quiere y abusa de la cómoda posición social que el dinero de tu familia compró a buen precio. Ahora, al suelo y dame cincuenta, gusano.
-No está en el Ejército ni en la marina -suelta el elitista con acritud.
-¿No hablé claro, desgraciado saco de estiércol? -remata la ex-militar- ¡Al suelo, y quiero cien flexiones! ¡Ya!
Sin posibilidades de escapar, y aún con la cara crispada por la furia y la impotencia, empezó con el castigo de la teniente. Esta, impasible, lo obligó a repetir cada que llegara al piso o hiciera una flexión mal.
"Si esa bruja es militar, espero que se prepare para un juicio civil", piensa mientras cae al suelo, empezando con una nueva sucesión.
.
Para cuando Chandler se fue, entumecido por el esfuerzo y el aire frío, Ronnie Anne ya había llegado. Le divirtió ver que al fin pusieron en su lugar a su dolor de cabeza, lo que no le salvó de que su madre le impusiera dos semanas sin salir de la casa.
Mientras toma un par de sándwiches de jamón fríos y un vaso de agua por cena, no evita escuchar un sonoro ronquido desde la sala. Su madre se había ido a cubrir el turno de la noche en el hospital y la teniente Cameron, con tal de no contrariar a sus anfitrionas, aceptó quedarse en el sofá.
Intentó llamar a Lincoln solo para matar el tiempo antes de dormir. Hablar con alguien que tenga tantos problemas como ella, pero no podía hacerlo en línea. Necesita hacerlo cara a cara, con franqueza y sin cortapisas de ninguna clase. Cansada, cerró los ojos. Deseaba perderse en sueños y tratar de olvidarse, de nuevo, del horrible regreso a la escuela que tendrán ambos.
~o~
Sentada en la cabecera de la cama, Lori se siente aliviada por saberse a salvo. La caja que tenía frente a ella está un poco olvidada, ya que si antes tenía paso franco, ahora tiene que tocar antes de entrar o, si él no está presente, avisar. No era nada gracioso, por tanto, la dulce ironía de tener a Lincoln frente a ella, solo un poco mejor respecto a cómo se ha dejado ver en los últimos días, convenciéndole de buen modo sobre su propia privacidad.
-No me interesa que entres a buscar algo que necesites -remata el peliblanco, sonando tranquilo pese a su molestia inicial-. No me interesa tener paso casi libre a tu habitación, pero si necesitas cualquier cosa, solo dímelo, aunque sea después.
-¿En serio? -pregunta Lori, un poco esperanzada.
-No es nada personal -asevera el chico-. Solo es algo que nos exigías y yo solo te pido. No hiciste nada malo, en realidad, pero debes avisarme antes si necesitas mi habitación.
-Entonces...
-No creo que quieras ver que hay allí- cortó Lincoln, antes de tomar unas tijeras para cortar la cinta adhesiva del embalaje.
Creyendo comprender lo que él busca a cambio, Lori se separó un poco de su hermano y comenzó a alzar la sudadera y la blusa que lleva encima, pensando que algo tan vergonzoso como su torso desnudo podría comprar su voluntad. Falló en eso, pues ni bien estaba a medio abdomen el peliblanco la detuvo. No quería que ella lo viera como un degenerado, aún si ello le cuesta una pubertad normal.
-Bien -suspira Lincoln, abatido-. No me hago responsable de... lo que pase. Ya vi demasiado cuando regresaste de la fiesta en casa de... de ella.
Cortando la cinta del paquete con las tijeras, no tardó en abrir el mismo, revelando su contenido.
Con cuidado, sacó una botella de un perfume que Lori había querido hace un par de años. El mismo, al parecer, tenía una etiqueta que había sido desprendida y sustituida por otra, mal pegada, con la leyenda "Para mi mejor rival en la vida". Idéntico ademan con el que fue extrayendo una foto de su hermana con Becky -a quien conociera de vista-, Whitney -a quien nunca había visto- y Carol misma, sonrientes frente a la cámara, en un campamento de verano; un collar de plata con una amatista engarzada y una pulsera con una pieza de ámbar tallada. Al fondo, cosa que la adolescente notó, estaba una hoja de papel. En otras circunstancias, ella hubiera tomado la misma y la destruiría sin permitirle a Lincoln leerla.
-¿Qué es eso? -preguntó Lincoln, apenas ella tomó la hoja, misma que está doblada en tres y, en un lado, tenía escrito "para Lincoln"- ¿Puedo?
-Si quieres leerla solo, yo me...
-Quédate -suspira él, pensando que no podía ser tan malo que su hermana se quedara-, pero hay algo que debes saber sobre Carol. ¿Te digo antes o después de leer?
-Como quieras.
-Solo porque tú me lo pides... Para Lincoln -empieza a leer-, mi querido chico intocable...
Estas son mis últimas líneas, y he vivido mi vida. Mis noches se han terminado y no puedo sentir mi vida fluir más. No puedo decirte lo mucho que me duele hacer esto, pero es mi única salida a lo que ha destruido mi vida.
No puedo culpar a Lori de tener mucho de lo que yo quise. Para cuando leas esto, y si es que hay un sitio así, yo ya no tendré perdón de Dios al tomar lo que no debí tomar, la máxima afrenta contra toda vida. Si aparezco en las noticias, sabes qué hice, no el por qué lo hice, mucho menos el responsable.
No quiero que me perdones por todo lo que Lori pueda culparme. Las cosas entre nosotras eran poco menos que una enemistad cordial hasta que él publicó mi diario en Internet. Un miserable idiota que me utilizó para vengarse de una tal Ronnie Anne por golpearlo hace tiempo. No hace falta nombrarlo, pero puedo decirte algo sobre él.
No lo odies. Prestarle atención es justo lo que menos debes hacer con toda persona que tenga algún problema contigo. ¿Por qué digo algo que suena como al discurso de un abuelo? Quiero suponer que es por haber escarmentado. Tuve envidia de Lori desde que tengo memoria, y eso me hizo odiarla poco a poco. Envidié el volumen de su cabello, que fuera la novata más joven en entrar al equipo de golf de la preparatoria, por ganarme a Bobby en buena ley... la envidié por todas sus hermanas, y en especial por un ángel de cabello blanco que tiene por hermano. Uno que, deseo en mis últimos minutos, no debe dejarse llevar por el resentimiento, la ira y el odio.
No quiero que me olvides, ni que ella lo haga. Hazle saber a Lori, cuando la veas de nuevo, que no merezco su perdón. No puedo suplicar por una redención que yo misma he perdido, por sujetar las cartas de un muerto.
No tires a la basura tu vida. Lo último que necesitas es crearte problemas, o atajar uno que no puedas atajar. No espero verte ni en esta vida ni en la otra.
Siento pensar que tú y tus hermanas eran apenas ratas.
Carol Pingrey. Por siempre tuya en los recuerdos que tengas de mí.
Las cosas que incluí son para Lori. Lo siento.
El peso de una aflicción, a menudo, es insostenible. Habiendo sentido que carga sobre su conciencia el peso de una vida perdida, ahora se imagina cargando con todo el peso del mundo. A pesar de lo leído, ve a Lori por un momento, hiperventilada por la doliente misiva de despedida. Intentó ponerle la pulsera que, antes de la preparatoria, Carol presumiera orgullosa, jactanciosa sobre tener lo que Lori no. En vano, pues con cada aspiración se agotaba más, al grado de querer vomitar.
Tras volver el estómago en el cubo de basura de la habitación, y luego de llamar a Lynn, ambos la llevaron a su habitación. Cansados, no querían baja a cenar, sino dormir espalda contra espalda en la pieza que ella comparte con Lucy. A ella, concluyó la atleta, quizá no le importe devolverle el favor.
-¿Estás despierto? -llama la castaña, bostezando.
-¿Quieres hablar de tu juicio?
-Es algo más serio, tonto.
-¿Qué puede ser más serio?
-Es algo que Lisa me dijo -susurra Lynn, acostada-. Sobre Lori.
-Lynn, tuve suficiente con que ella vomitara hoy, o en pleno viaje, como para que el olor me importe. No creo que tenga que ver con...
-Está embarazada.
El sueño se le cortó de inmediato. No puede creerse lo que acaba de escuchar. Ni un mes desde su primera baja en la presión y, ahora, la noticia solo empeoró su ánimo.
-¿Es una broma? -pregunta Lincoln, incrédulo.
-Quisiera que lo fuera. De verdad...
El abrazo de Lynn solo lo hizo sentir peor. Ya no importa quién causó sufrimiento a Lori, sino quién pagará los platos rotos. Y gracias a la carta de Carol, ése alguien ya tiene rostro y nombre. Piensa en ello mientras ignora los acordes de Detroit, City of Smooch and Roll que configuró como timbre.
En lo que a él concierne, Chandler puede empezar a suplicar por la misma piedad que él no tuvo para brindar a sus hermanas humillación y pesar.
Al otro lado de la puerta, y sin ánimo de querer ir a la cama pese al cansancio, Lori escuchó toda la charla. Si era la única que no lo sabía, ahora sabe por qué ha tenido esos mareos, malestares y antojos. Habría querido tratar de dormir con Lynn en brazos, a falta de Lily, pero escucharle cada palabra dirigida a su hermano fue como una mala broma de Luan. No una donde nadie sale herido, sino peor que las más crueles que a ella se le pudiera ocurrir.
No resistiendo más, solo fue a la cama. La misma pesadilla que arruinó su vida volvió con fuerza, recordando a aquella mujer de la "enfermería". El niño... o niña que está esperando, no tendrá padre. Abortar en Michigan no es opción, y el papeleo de algún orfanato debería ser infinitamente agobiante...
Abrazada de Fenton, deseó haber muerto. Sin valor para querer seguir viva, y sin valor para tomar su propia existencia. Así se siente justo en ése momento, antes de volver al único mundo donde podía sentirse segura, si es que ésa sensación sigue existiendo.
~o~
La lectura de testimonios y de los resultados obtenidos por la doctora Trubisky y el pasante Schiller fueron entregadas al jurado durante el fin de semana. Por suerte, para ellas, algunos de los miembros del mismo eran conocidos de Luan, casi todos clientes suyos y una de las empleadas de la cafetería de la primaria. Por desgracia, algunos lanzan miraras de decepción hacia la comediante, como si se tratara de un peligro a la sociedad. Otros solo habían tenido la suerte de tener, entre manos, un proceso sobre una razón de sus dolores de cabeza de toda la vida, entre padres inconformes con las constantes victorias de Lynn y un profesor que no había sentido ningún aprecio por la comediante Loud.
-¡De pie para el veredicto! -llamó uno de los guardias, quien deseaba estar en cualquier sitio menos allí.
Lo mismo jurados que concurrencia e implicados recibieron al juez. Éste, con aire grave, sostiene una carpeta que uno de los guardias le pasara, toda vez que la presidenta del mismo, una mujer delgada con el cabello castaño y de prominente nariz, se lo entregara con ciertas reservas.
-En toda mi carrera al frente de una corte -empezó a disertar el juez, mientras Luan bajó la mirada y tanto Rita como Lynn mantenían cruzados los dedos- he visto numerosos casos de vandalismo. Admito que, cuando era joven, yo mismo me divertía destrozando la propiedad privada hasta que un vecino de mi cuadra se accidentó seriamente por mi culpa. No se había podido comprobar, pero siempre tengo en mente que pudo ser alguien mucho menos tolerante con la estupidez ajena.
"No obstante, y gracias a información por parte de un miembro del jurado que solicitó derecho de anonimato, se declara a Luan Loud, por los cargos de daños en propiedad privada y lesiones... no culpable."
Extrañada, Luan no evitó soltar un bufido. Lo menos que esperaba era la declaración de culpabilidad por la posibilidad de alcanzar un trato que le permitiera evitar prisión. Lo más... arruinar su carrera escolar y pasar seis meses en el reformatorio, resarcir el daño y pasar por el escarnio público.
-Tocante a los cargos de lesiones en primer grado que pesan sobre Lynn Loud Jr. -prosigue, ante la mirada estupefacta de los Chandler-, son mucho más graves, a pesar de los atenuantes de la edad de la acusada y el criterio de defensa de terceros.
-Objeción, Señoría -interrumpe el abogado de los Chandler.
-No a lugar -corta el juez-. No se consideró que en las instalaciones educativas del Estado, y a raíz del incidente de Newport en Connecticut, haya videovigilancia que se estimó como prueba presentada por solicitud de la defensa.
-El hijo de mi cliente fue cazado por las Loud -intentó infamar el tinterillo-. Esas salvajes...
-¡Una palabra más, y a usted lo encierro por desacato, señor Willingham! -sentencia la máxima autoridad en la sala- Y para que no se vuelva a repetir, se presentará la grabación efectuada el día siete de febrero del año en curso.
Mientras hablaba el juez, un par de guardias ingresaron jalando un televisor con un reproductor de DVD conectado y encendido. Chad, palideciendo, no tuvo de otra que esconderse bajo la camisa.
En la pantalla, se reproducen todas y cada una de las acciones de la fecha señalada. Si bien el contenedor apenas se veía desde una de las esquinas del exterior del gimnasio, le daba una buena posición para grabar lo suficiente.
-Miren nada más -dijo el Chandler de la grabación con evidente alegría junto al contenedor de basura- ¡¿Qué tenemos aquí?! Una comedora de basura -señaló a Lola, sin saber realmente lo que pasaría.
-Yo no -carraspeó la menor de las gemelas- como nada de la basura. ¿Y qué haces aquí?
-Matando el rato, mientras veo a una cochinada hablarme como su igual -bostezó y limpió sus uñas contra la camisa-. Oh, espera... ¿No eres la niñita que hizo su numerito rascándose el trasero y bailando como idiota? ¿O la que se tragó un gas de aquella cerda con la boca abierta? -remató.
-Eso es... -intervino Lana, saliendo del contenedor.
-Tú no te metas, traga-basura -Chandler empujó a la niña, cerrando el contenedor.
La cámara registró todos y cada uno de los ademanes de Lola. La niña, de la que no pocos entre la concurrencia no evitaron soltar un bufido, se mantenía orgullosa, a pesar de que la están insultando. Por su lado, Chandler no quería que la poca reputación que le quedaba se fuera por el drenaje. Impotente, solo podía ver.
La toma siguió su curso, dando fe de la que, para muchos entre los miembros del jurado, es prueba inequívoca del salvajismo de Lola y Lynn. La primera había intentado atacarle con uñas y dientes sin éxito, para que después Lynn apareciera atacando al pelirrojo por la espalda, sin lograr derribarlo.
La única advertencia que Lynn había hecho al chico, además del sordo sonido de sus pisadas en plena carga, fue un bramido que emitió solo segundos antes del impacto, mismo que no fue suficiente para derribarle, aunque sí para que éste dejara en paz a Lola, inmóvil tras alejarse unos dos metros de ambos.
-¡¿Crees que puedes venir y jodernos la vida por tu estúpida fiesta?! -a cada palabra que la castaña soltaba con la pregunta, el chico era sacudido con violencia contra la pared, casi fuera de foco.
-¿Y qué si lo hago? -devolvió el pelirrojo, frente a lo que ella se detuvo- Tu estúpido hermano se atrevió a rechazar una buena oportunidad. Solo... -interrumpe solo para escupir sangre y un objeto diminuto que la lente no podía apreciar-... les regreso el favor a él y a sus hermanas.
Chandler no pudo decir más, pues ni bien Lana había salido del contenedor y el adinerado chico fue a dar a él, cayendo al fondo, junto a una bolsa con desperdicios de la cafetería.
-Vuelve a acercarte a mi familia de cualquier forma, o de verdad, y esto va muy en serio, desearías nunca haber nacido -remató su amenaza escupiendo a su cara, antes de alejarse en dirección a sus hermanas menores. El elitista, por su parte, solo se quedó murmurando algo ininteligible e inaudible.
La toma se interrumpió, dando por finalizada la consideración hecha por el juez y solicitada por el defensor de las hermanas. Luan no podía creer lo que vio, pues ello fue días después del regreso de su madre y hermanos menores de DC.
-Con base en ello, y dando fe el Honorable Jurado de que lo presenciado fue considerado legítima defensa, esta corte declara a Lynn Loud Jr. -el juez alzó su mazo antes de emitir su veredicto final- no culpable. Y dado que, de acuerdo a la ley del Estado de Michigan, es improcedente que se la someta a encarcelamiento, deberá, junto a su hermana, acudir el día viernes veintiuno de abril para que se le dicte sentencia. Se levanta la sesión.
.
Alejándose lo más posible de la sala, las tres fueron a la escuela. Ya que Lori se limitó a entregar su licencia y estaría en casa con un cuaderno de tareas para toda la semana, a Rita le tocó llevarse a Vanzilla. No podía tenerlas en casa toda la mañana, por lo que tuvo que dejarlas en la escuela para que, en lo posible, recuperen el tiempo perdido.
El viaje de vuelta, igual que el anterior junto a su padre, fue bastante silencioso, si no más, a causa del pequeño reajuste que Lana hizo a regañadientes el sábado. Rita no solo estaba molesta por el hecho de tener que haber pedido el día al doctor Feinstein, sino porque dos de sus hijas, dos de las que menos esperaría que tuviesen problemas legales, ahora tienen antecedentes penales. Luan no tenía ánimo de romper el silencio. Mucho menos de pensar en lo que le espera en casa o en la escuela.
-No quiero -habló Rita, apenas llegaron al estacionamiento de la escuela- que vuelvan a meterse en algo así, niñas. Estoy demasiado avergonzada como para tener que decirles que vendré por ustedes en unas horas. ¿Tienen idea de las estupideces que tendré que soportar de los vecinos en cuanto llegue a casa? No, no me respondas, Lynn -la deportista apenas abrió la boca y fue silenciada-. Tú tienes todavía culpa de eso, y el salvar a tus hermanas no basta para que salgas tan fresca.
-Pero ya lo...
-¡Ni un pero más, jovencita! -ladró Rita- Tú y Luan van a tener suerte si entran en una escuela decente. ¡Ni hablar de una buena escuela! Y eso, si es que entran a una... ¿No tienes nada qué decir, Luan?
La ahora achocolatada no responde por prudencia. Ni siquiera Leni sería tan idiota como para desafiar a su madre en semejante estado de ira helada, por lo que prefiere usar un poco de sentido común y no hablar, asentir o incluso suspirar.
-Las veré en la tarde -sentenció la rubia, antes de dirigirse a casa y dejando atrás a sus hijas.
Luan solo enfiló a clase de ciencias, con las posibles sentencias que le esperan a ella y a Lynn, un poco nerviosa sobre lo que puede ser, descartado el internamiento en una celda del reformatorio de Beaverton. No le interesa saber si es servicio comunitario, pues no le importaría pagar su cuota limpiando los caminos, visitando un asilo o haciendo alguna otra tarea. Mientras no separe o recoja residuos médicos, puede vivir con eso.
-¿Puedo hablar contigo? -la detiene Lynn, antes de entrar al edificio.
-¿No vez que trato de cambiar la idea de una jaula por una de verdad? -rió con un dejo de amargura en su voz, resultado del viaje a la corte.
-Es importante.
-Puedes llamar a una Junta de Hermanos en cuanto lleguemos a casa.
-¿Segura?
-Sin problemas, a menos que nos quieran en otro lado -dijo Luan, tomándose un respiro antes de dar la espalda-. Ya no necesito decirte qué hacer.
-¿Sobre qué?
-Lo he visto todo. Ahora, si me disculpas, tengo tareas que pedir.
Viendo entrar a Luan en la escuela, Lynn no tuvo otra idea de qué hacer. No sabía si entrar o, sencillamente, ganarse un problema más y no entrar a clases. Tampoco sabe si sentirse un poco aliviada por la charla con Luan o por tener que soltar la bomba que le soltara a Lincoln y que Lisa le comunicó.
Llegó a preguntarse si en verdad Lori está embarazada de Bobby. Nunca se imaginó a su hermana teniendo relaciones, pero se hizo a la idea una vez que ella perdió un torneo de mini-golf previo a uno interescolar de golf. Había llegado un poco desarreglada a casa y no dijo nada al respecto.
Nerviosa, solo se le ocurrió una fecha tentativa para llamar a Junta. Y eso, solo si se puede dar el lujo de poder convocar a una.
~o~
Centro Correccional Metropolitano, Chicago, Illinois.
Adolorido. Así se siente justo ahora, pues la paliza que recibió el lunes en la madrugada, al parecer injustificada, lo habría mantenido en la cama. Su viejo compañero de celda había pecado de imprudente, pues a él le confiaron varias dosis de ibuprofeno y medio kilo de marihuana. El infeliz, al ser reclamado por la corte estatal de Michigan, había sido trasladado tras la revista a las celdas y haber atacado a uno de los celadores.
El primer contacto con sicarios de las distintas mafias de Chicago había sido muy doloroso para su persona. No tenía idea que los días de los grandes sindicatos criminales seguían vigentes. Sabe por sus familiares que, en sus mejores días, los padres del abuelo Santiago vieron el auge de no pocos mafiosos en la zona en los Días de la Prohibición. Al Capone, Lucky Luciano, Frank Nitti... todos ellos, auspiciados por el gobierno mexicano hace noventa años, lograron establecerse en un corredor entre Sinaloa, Sonora y el entonces territorio de la Baja California donde se suministraron de licor. Miles y miles de litros de tequila y mezcal habían sido pasados de manera clandestina por la frontera solo para dar trabajo a los cuerpos policiacos. Policías que, le contaron, no tenían nada que hacer hacia 1919, año en que el Acta Volstead entró en vigor.
Una cosa eran las grandes mafias de entonces, simples y llanos contrabandistas de alcohol. Una muy distinta son células de las mafias rusas, la Yakuza y los carteles latinoamericanos, en teoría enemistados pero que, al menos en prisión, están en una guerra fría. Esos dos, al parecer, tenían nexos con alguna de las células de "La M", como mucha gente conoce de forma indiscriminada a los carteles mexicanos.
Por lo menos, ahora tiene la celda para él solo las próximas horas. No desea más compañías que él y solo él.
Por la tarde, mientras trabaja en la lavandería, llegó a preguntarse sobre sus amigos en Royal Woods. Extraña las pocas horas que no dedicaba a Lori, sus empleos de medio tiempo y su familia. Tal vez Chaz no fuera el más despierto, ni Tad el más aseado, pero al menos se divirtieron juntos. Obviamente Lori no le permitió que le dirigiera la palabra a Dana, al menos hasta que pudo demostrar que a ella no le atraen tanto los latinos como los coreanos. Quizá todos ellos entenderán de una forma u otra. Joey puede servirle, pues por tener a su tío Marty en prisión de forma continua sabe algo sobre el tema.
Invariablemente, ello le llevó a pensar en los Loud. Si les llegó la noticia de que no hizo nada por proteger a Lori, y no duda que ello les llegó, se imagina recibiendo numerosas miradas, todas entre la rabia y la decepción. No esperaría ser recibido con los brazos abiertos, ni siquiera por Lincoln, con todo y que él es quien más cercanía tuvo con él sin contar a Lori.
Con todo, no puede negar que "su hermanito" y Ronnie Anne pudieran acercarse mientras no está en casa. No cree posible que, con todo, pudieran hacer las paces de forma definitiva y ella renuncie a ser su matona, del mismo modo que Lori fue la propia en su momento.
No se dio cuenta del momento en que la lavandería se quedó sola. El reloj ya marca las seis, hora de la última comida del día. Perdió el tiempo mientras se la pasó doblando sábanas y pensando en cómo actuarían varios amigos y conocidos si supieran de su estadía en prisión. Su juicio, sumario y sin jurado, apenas le deja tiempo para descansar su mente. Necesita acomodar sus ideas lo mejor que pueda, aunque no puede contar con nadie.
Un solo golpe, mal dado por la espalda, le llevó a concluir que no está tan solo como creyó. Un interno, latino como él aunque más bajo y delgado, intentó llegar a su cuello, aunque su propia estatura no le sirvió de mucho. Por arma, únicamente cuenta con un alambre de acero que pretendía usar como instrumento de asfixia.
Al ver que su emboscada falló, Bobby aprovechó para someterlo y ahorcarlo hasta dejarle inconsciente, no sin antes recibir un gancho al rostro y detener una patada. Sin otra cosa qué hacer, empezó a revisar su ropa. No le enorgullece tener que robarle, pero cayó en cuenta de una regla básica del infierno penitenciario. No importa cómo, el respeto está en el fin, no en el medio. Y el fin en una prisión es vivir para salir.
Una nota, con una foto suya, hizo que se le fueran las ganas de comer. Él era un mero objetivo. Uno que tiene suerte de respirar otro día.
~o~
Corte estatal, Lansing, Michigan.
Todo está listo.
La defensa está lista, aunque sabe y entiende perfectamente la diferencia entre sacrificar y desperdiciar. Apelar al recurso familiar puede no haber sido la mejor idea, pero al menos puede ganar algo de tiempo. Dos meses más, cuando mucho, para que Roberto fuera deportado o liberado.
Había sido una mera casualidad que Gwendolyn conociera al abogado de Roberto Santiago. El haber coincidido en un pelotón de infantería destinado a Bagdad no fue una coincidencia, pues ella era, en su momento, su superior. Lo que no fue casualidad fue el remarcado desprecio con el que el juez la vio apenas cruzaran por el mismo pasillo.
-Por ahora, solo queda esperar -susurra la ex-militar, solo un poco nerviosa-. No podré estar sentada con ustedes, pero digan lo que tengan que decir.
-Espero no echarlo a perder -María trató de darse ánimos.
La atmósfera en la sala no le ayuda a calmarse. Las caras de los asistentes, aunque expectantes, emanaban todo el morbo que sentían por ver un par de juicios y largarse a casa como si no fuera nada. No había señales de periodistas, lo que la relajó un poco.
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Los cargos, mismos que le fueron leídos de nuevo para retomar la sesión previa, tenían un ligero cambio. La posesión de narcóticos de procedencia no aclarada, misma que Gwendolyn leyera en el expediente, fue cambiada por narcotráfico. Algo definitivamente no cuadraba en su lugar.
El juez Vynal no parece de aquellos hombres tolerantes a nada. Calvo, canoso y delgado, tiene todo el aspecto de alguien que abusa del nepotismo y la labia para obtener lo que desea de sus superiores. Misógino y adulador, no siente agrado de tener que esperar para congraciarse con gente en altos cargos, aspirante perpetuo a la Suprema Corte.
En las últimas dos horas, mismas en que no hubo recesos de ningún tipo, el litigante y la fiscal estatal -una mujer afroamericana que, al parecer, no era del agrado del juez- debatieron largo y tendido sobre situaciones migratorias delicadas, y esta, piensa María, es muy delicada.
-¿Piensan que la forma I-94 es una mera formalidad? -la fiscal no dudó en jugar un poco con eso- ¿Creen que la ley no es más que un asidero para que los inmigrantes acudan en masa para meter drogas como si de Colombia se tratara?
-Objeción, Señoría -acusó el defensor-. ¡No estamos hablando de la amenaza inmediata que supuestamente representan quienes vienen de fuera!
-No a lugar -responde el juez, fastidiado de tener que escuchar alegatos a diestro y siniestro.
-Gracias, señor -la fiscal sonó lo bastante cargada de lisonjas como para que cambiara su tono-. Es un hecho que la gente honrada como ustedes y yo, damas y caballeros, termina empobrecida a costa de gente como los cubanos y los mexicanos que cruzan ilegalmente. O los que se aprovechan de su estado migratorio para trasladar elementos como las pruebas A y B.
De su maletín, sacó un par de objetos. Una foto impresa con la fecha convenientemente censurada sobre un toldo azul, la cual exhibe algunos bloques con marihuana, y un frasco de enalapril. Irónica, supo en ese momento que ya tenía ganado al juez.
-El elemento A -continúa la fiscal- es un frasco con un fármaco cuya venta está rigurosamente controlada. Imposible de conseguir con los programas de salud existentes que, por fortuna, serán reformados desde cero. El elemento B son un riesgo sanitario imperdonable, al atentar contra el país, con alevosía, transportando drogas en su vehículo. Damas y caballeros del Jurado, me remito a preguntarles. ¿Es menester que delincuentes como él trasladen, abusando de políticas nefastas de buena vecindad internacional, armas de destrucción social masiva?
El conjunto de jurados, impaciente tras el tiempo y los intercambios de posturas y testimonios, empezaron a murmurar, a pesar de los reiterados llamados al orden que Vynal hace golpeando con su mazo. María, para su desolación, escuchó las palabras que menos quisiera haber escuchado en una corte, sea por alguna trastada de sus hijos o de su consorte.
-Llamo al estrado -remató la afroamericana, queriendo finiquitar por completo el juicio- a María Casagrande Santiago.
~o~
Necesita un respiro. Pacowski, con todo y que el obeso entrenador le desagrada, le había proporcionado ciertas víctimas, y está un poco conforme con haber sacado al conserje de la escena. El sujeto sabía demasiado, y el que usara su armario no le dejaba más opciones. Quiso adelantarse, y la policía está inoperante con todos los casos que habían tomado, incluido el de un joven de séptimo grado en la Competencia Samurái Ultraextrema, justo el Viernes Santo.
Pacowski... No era que el tipo le desagradara en lo más mínimo. Ellie le había dicho, antes de que él fuera a Glendale, que mientras menos gente supiera de lo que pase entre ambos, era mejor. El pastor Blaine, su abuela materna, su amor de infancia... pocas personas le quedan en Flagstaff que se dignaran a aceptarlo de vuelta, ninguno de buena gana. Sus padres, muertos cuando contó catorce, lo entregaron al pastor Blaine, pues nadie en su familia lo quería, y su abuela estaba desahuciada por un linfoma no-Hodgkin, lo que le impidió estar con ella en sus últimas horas.
Buscó con desespero una Biblia. Por la fuerza, aceptó que el único consuelo que debía tener se halla en el libro más sacrosanto de su existencia. Contra su voluntad, terminó aceptando que el consuelo que requiere procede de palabras escritas por hombres "inspirados" por Su Deseo.
-¿No fue Su Voluntad lo que te hizo lo que quieres, Gary querido?
Creyendo haber escuchado esa voz en alguna otra parte, y hace largo tiempo, soltó su Biblia y la dejó caer, dando paso a un ominoso golpe en la solitaria aula. Una voz que creyó haber desterrado para siempre de su vida y de su mente había vuelto a torturarle de nuevo.
-¿Ellie? -preguntó el trigueño, viendo a la vieja Ellie. Escuálida, aunque con el cabello no tan castaño por lucir ya algunas canas.
-Tan falto de modales como siempre, cariño -se acercó la espectral imagen que Gareth se formó en la cabeza-. ¿Has estado ocupado?
-No sé d-de qué hablas -quiso evadirse levantando su Biblia-. ¿N-n-no estás...?
-Muerta... como si eso fuera posible -la viuda del pastor de Flagstaff se sentó en el escritorio de Lucy-. Nunca me iré de tu lado hasta que Nuestro Señor se digne a llamarte.
-Se supone que hice lo que hice para alejarme de ti -el docente, nervioso, encaminó sus pasos a uno de los ventanales.
-No me iré de tu lado, Gareth. Nunca. Y menos si aceptas tu propio pecado... marica -dijo la mujer, antes de que él reaccionara, de tal forma que arrastró precisamente ésa última palabra.
-¡Mientes, Ellie!
Asolado, tomó uno de los borradores y lo arrojó en dirección a la castaña, sin darle, antes de cerrar los ojos. El ruido de una ventana rompiéndose le indicó, para su desazón, que el único blanco que tuvo fue el vidrio de la ventana de la entrada quebrándose y el borrador cayendo contra el suelo, patinando por el pasillo. Asustado, se dio cuenta de una cosa.
Ellie tenía razón. No se iría aunque quisiera. Su unión, una infidelidad para ella y abuso para él, lo perseguirá más allá de la muerte.
Hacía poco tiempo que la campaba había sonado. Vio a varios chicos de uno de los salones del quinto grado, saliendo en pequeños grupos, uno de ellos con aquél chico con el que Henrietta se obsesionó en detención. Uno de ellos, bajito, pelirrojo y con lentes, le había parecido más interesante que el resto.
Necesitaba deshacerse de Ellie... de su crimen atroz, aunque lo intente una última vez.
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-Detestable primavera, detestable sol, detestable demonio hecho ser humano...
Lucy no deja de mascullar a cada paso que da. Con todo el tiempo pasado desde que Lori regresó, solo tenía en mente esconderse hasta que el año escolar se terminara. Esconderse y no salir hasta que el siguiente curso tomara forma. No le importaría tener que dejar de presentarse y pedir la misma prerrogativa que Lola en temporada de concursos y Lori por su condición.
Las clases ya habían terminado, y gimnasia era la última del día. Para colmo, Lincoln le había pedido un par de consejos para poder pasar desapercibido. Su hermano no quería terminar lamiendo el piso alfombrado de la oficina del director Huggins para complacer a la psicóloga... si es que existe modo de complacer a semejante demonio.
Apenas pasaron los cuatro primeros días tras las vacaciones de primavera, y ya quería irse a casa. Pacowski no dudó en hacerlos correr alrededor de la pista de atletismo por diez minutos como "enfriamiento". Eso era demasiado para su piel... si no fuera por el horroroso conjunto que, por exigencia de Howick, debe llevar en horarios de clase.
Odiaba cambiarse en la escuela hasta cuatro veces. De casa, sale vestida como siempre. Antes de entrar, tiene que verse en la onerosa necesidad de ir a los vestidores de la escuela y usar una horrible falda aguamarina, una blusa blanca sin mangas que no usaría ni muerta y esa horrorosa chaqueta rosa que la tía Ruth le envió cuando cumplió ocho, misma que le queda dos tallas grande todavía y tiene un persistente hedor a naftalina. Terminada la jornada, y si no tiene gimnasia, de vuelta a los vestidores.
"Comprendo ahora a Lana", piensa mientras regresaba al aula. "Ella odia olvidar su almuerzo o alguna herramienta en el casillero de Lola. Especialmente cada vez que confunde almuerzos".
Procuró no tropezar con nadie. Había olvidado un cuaderno, lo que le valió perder tiempo valioso en recuperarlo. Su madre se puso peor que Lori en sus mejores días para ir por todos a la escuela, ya que si no estaban tres minutos después de haber tocado la campana de la escuela, independientemente de qué hicieran, se iba. No lo hacía por prisa como su hermana más distante para mandarse mensajes con Bobby, sino por verdadera prisa. Por todo el tiempo solicitado, el doctor Feinstein ya no quería un margen de error, tanto más cuando Luan y Lynn regresaron de la corte, lo que le obligó a tener que abandonar todo un cuaderno donde tenía anotada nada menos que una tarea que le costó una calificación reprobatoria sin posibilidades de compensar.
Avanzando hasta el salón que ocupa, escuchó la voz del profesor Howick. Lo oyó gritarle a alguien, sin siquiera prestarle atención a si él podía verla.
-Se supone que hice lo que hice para alejarme de ti -su profesor sonaba desesperado mientras avanzaba hasta detenerse en un sitio que no pudo ver. Esperó unos segundos más antes de que éste se quebrara- ¡Mientes, Ellie!
Vio volar un borrador hacia el muro, atravesando la puerta del aula. Trató de permanecer imperturbable, antes de ver salir a Lincoln, Zach y Rashid -que al parecer está un poco mejor que en otras veces que lo ha visto- por un lado, y Rusty con Rocky, Liam y Clyde por el otro. Logró darse cuenta que entre el chico de campo y el egipcio había pleito.
-¿Vienes, Lucy? -le preguntó Rocky- Liam la hizo en grande hoy.
-Yo paso -niega la poetisa Loud-. Olvidé un cuaderno. ¿Que se supone que hará ese hatajo de locos?
-Ése chico -señaló a Rashid- dice que su hermana se acostó con Liam todo el tiempo que ella se fue de casa. ¿Sabías que tiene una hermana?
-La conocí, Rocky. Y no es una chica a la que le interesen los chicos en formas por demás perturbadoras hasta para el más oscurecido espíritu.
-Si no tienen motivos para seguir aquí, Loud -la voz del profesor Howick se oyó un poco quebrada pero autoritaria-, les sugiero que se vayan.
-Dejé un cuaderno de tareas, profesor. ¿Me permite pasar por él, por favor?
-Rápido, Loud -ordenó el trigueño, aún con sudor en la frente-. Que no pase lo que sucedió con el ensayo sobre la derrota de los hebreos que se menciona en el Libro de Jeremías.
-Eso planeo -devuelve Lucy, aunque susurró algo que solo ella pareció escuchar.
Habiendo buscado el dichoso cuaderno, junto a éste había una pen-drive blanca. No venía con la capacidad especificada, ni tenía alguna seña de pertenecerle a nadie en particular. Sabe que lo ajeno no debiera tocarse, a menos que se pidiera o se le invitara.
-¿Loud? -llamó el docente, ansioso de tener que irse. Al entrar, ya no había nadie- Supongo que tiene prisa por hacer tarea.
Corriendo lo más que pudo, y dejando atrás a Rocky -que apenas alcanzó a gritarle que se detuviera, sin éxito-, no tuvo tanto cuidado como antes, tropezando con la profesora Shrinivas en el proceso.
-¿De dónde vienes con prisa? -la india alcanzó a preguntar.
-Solo había ido por un cuaderno, y encontré esto junto a él -respondió, al tiempo que alzaba la pen-drive que encontró.
-¿Sabes si tiene dueño? -la pelinegra negó, antes de que ella extienda la mano- Veré de quién es esto, Lucy. Mañana quiero que pases a la sala de maestros antes de clases.
-Sí, profesora.
Abandonando la escuela, Lucy se quedó con las ganas de saber de quién era ese dispositivo. La natural curiosidad que siente debía esperar, pues, a que su otrora mentora le dijera qué demonios contiene y qué debía hacer al respecto.
Pocos minutos después, el menor de los Spokes le dio alcance. El chico, sudoroso, no tardó en caer como cartón con huevos. Comprensiva, la niña se detuvo un poco y lo cargó, lo mejor que pudo, hasta que dio con un arce, bajo el cual se detuvieron a descansar.
-¿Me puedes explicar ahora qué problema tenían?
-Verás -el cobrizo tomó un poco de aire-. Dices que conociste a la hermana de aquél chico, ¿no?
-Como dije, ella no es de buscar algo con un chico.
-¿En serio? -dijo sorprendido Rocky- Entonces van a golpear a Liam por nada.
-No hay nada qué hacer -repuso Lucy, sonando un tanto cínica mientras que, a lo lejos, Vanzilla ya se aleja-. Si bien les va, pueden resolverlo solos.
-No, Lu -contradijo el rizado, viendo hacia donde están los hermanos de ambos, sus amigos y los dos chicos en conflicto-. Dudo que esos dos quieran verse en pint... ugh...
-¿Qué pasó?
-Liam está en el suelo -empezó a describir Rocky, pues a casa de la luz y la falta de su flequillo apenas y puede ver bajo el sol-. Rusty y Clyde no pudieron contener a Rashid y él se fue sobre Liam. Tu hermano...
-¿Lincoln?
-Si... él quiso separarlos. No pudo y ahora solo se queda viendo. Zach y Clyde se apartan... Liam regresó un golpe, pero Rashid lo paró. Trata de levantarse... eso dejará marca. Todo terminó.
A lo lejos, pudieron apreciar, lo mejor que pudieron, cómo Lincoln y Rashid se alejaron del lugar, luego de que Clyde se acercara al hombre del plan y le dijera algo al oído. En cuanto a Rusty y Liam, necesitan un poco de ayuda para cargar a su camarada caído. Lucy solo tuvo que acompañarle hasta donde le permitieran.
~o~
No esperaba encontrarse en semejante situación. Trata de mantenerse calmada, a pesar del consistente bombardeo de preguntas al que está siendo sometida. Hábitos, familia, trabajo. La fiscal, implacable, buscaba terminar con ello de forma contundente, así sea queriendo destruir a quien sea.
-Entonces dígame -la fiscal había pasado diez minutos que, para María, se volvieron el más duro hostigamiento de su vida-. Sabe que el enalapril puede provocar insuficiencia renal en pacientes con estenosis.
-Es elemental conocer sobre fármacos cuando se estudia enfermería -responde la latina, tratando de permanecer impasible-. Es teratogénico y tusivo, aunque la tos es más frecuente entre mujeres, lo que no evita que en hombres llegue a darse.
-¿Y por qué le provoca tos, si es que eso le provoca?
-Mi es... -la enfermera se cortó, recordando que debía imaginarse a sí misma en sus días de universidad cuando tomó en serio la cátedra-... Roberto es fumador desde que nació nuestra hija menor. Es posible que ello empiece a degenerar en EPOC, por lo que el uso de atenolol y esmolol está contraindicado en pacientes con dicho trastorno pulmonar.
-¿Cuantas al día?
-¿Perdón?
-¿Cuantas cajetillas se fuma su cónyuge al día?
-No entiendo qué tiene que ver eso con el juicio.
-No se lo voy a repetir -la fiscal empezó a usar un tono hostil-. ¿Cuantas cajetillas se fuma él al día?
-Me niego a responder eso.
-¡Está en una corte! ¡Debe responder!
-¡Quisiera convocar mi derecho a reservar declaración!
-¡El número! ¡Un maldito número!
-¡Se fumaba dos a la semana! ¿Sí? -la mujer explotó, cediendo a la presión- ¡No me gusta que lo haga, pero lo quiero y respeto por moderarse! ¿Tiene algo de malo que él se quiera zafar de preocuparse? ¡Es eso o dejarle que me se emborrache como poeta en día de paga!
-¿Y tenía una idea de que su tabaquismo pueda hacer ineficiente su tratamiento? -la pregunta se quedó en el aire- No más preguntas para usted, y llamo a mi siguiente testigo... Julian Schiller, al estrado.
Para la recién interrogada, ceder solo apresuró la decisión del juez. Simplemente ya no había nada que hacer que esperar a lo que el pasante tuviera que explicar.
~o~
Silencioso, Lincoln entró al hogar de los Abbas. Siguiendo a Rashid, el peliblanco vio el interior, ya amueblado por completo, y ambos se sentaron en un sofá biplaza. El egipcio tiene un corte bajo el ojo, lo que causó que su remera blanca se tiñera de rojo.
-¿Cuál es tu problema? -el peliblanco, tratando de ocultar su propio pesar, se distrajo un poco al aplicar alcohol a la herida con un copo de algodón.
-¿Crees que tengo problemas?
-Apestas a ellos.
-Es por Layla -el moreno se relajó un poco antes de un nuevo ardor por el alcohol-. ¿Tienes idea de los problemas que trae que tu hermana sea un imán de tontos?
-Que si la tengo... bueno -Lincoln desechó el primer copo, ya enrojecido, y empezó con un segundo, bañándolo en agua oxigenada- . Puedes decirme eso con calma. He tenido algunos problemas con el hermano de Ronnie Anne hasta que congeniamos, como si él fuera el hermano que nunca tuve. Una vez... dije que ella era molesta, tosca y fastidiosa, y que preferiría lamer el piso del baño a besarla... ¡Oye!
-L-lo siento, Linc -se disculpó el egipcio tras darle un ligero puñetazo al brazo.
-Eso -continúa narrando Lincoln- hizo que su hermano rompiera con Lori. Ella hizo lo posible para que me disculpara y, bueno... una cosa llevó a la otra, volví a cometer los mismos errores por culpa de varios chicos de los otros grupos de quinto... creo que el universo me devolvió las mismas palabras... con una bofetada.
-Habría querido estar en tu lugar...
-¿Qué?
-Ser tocado por un ángel...
-Si... sobre eso... creo que te desviaste un poco.
-¿Insinúas que soy un desviado? -pregunta el moreno con incredulidad.
-De lo que iba. Y... no quiero seguir con lo de Lori.
-Lo siento.
-Leni... -el chico con nieve en el tejado suspiró un poco-... con ella si tengo que ponerme un poco rudo. Sabes cómo es.
-¿Linda y tonta?
-Prefiero pensar que es noble, y es mejor de lo que puedo decir de algunas personas -recordando un poco el pasado, le pareció ver al único chico que se interesó en su hermana modista, pálido por una serie de insultos espeluznantes por parte de Lola, huyendo de un feroz bombardeo de pañales usados de Lisa-. Cómo sea, el único novio que ella tuvo, solo diré que una llamada de Lola me ayudó bastante.
Mientras hablaba, el egipcio fue a la cocina por un cartón de jugo de mango. Ni siquiera se molestó en ir por un par de vasos, estando un poco cansado incluso para guardar ciertas formas. No podía decir que era mal anfitrión, pero el haber llegado a los golpes con Liam por algo que Lincoln consideraba de continuo una bagatela lo dejó cansado.
-¿Qué me dices de las otras? -preguntó Rashid con reservas, pues teme que con Luna y, peor para él, Lynn, puedan ser un tema delicado.
-¿También Lynn?
-En especial la... esa...
-Si no lo sacas será peor -tranquilizó el peliblanco, conteniendo un leve malestar por los ya lejanos insultos que la castaña le escupiera.
-Esa bruja.
-Bueno, Luna me dijo que una chica se le insinuó una vez.
-¿Sabes si es una en...?
-Conoces a los papás de Clyde -interrumpe el huésped- . Cómo sea, el que Luna no me diga de su vida amorosa no quiere decir que ella no confíe en mí. Lo más enferma que la he visto siempre es en casa.
-Supongo que por...
-Resfriado -el peliblanco cierra los ojos, pensativo-. Tal vez cuando se enteró de mi primer concierto. ¿Qué pensabas?
-Que era l-leeeees...
-¿Lesbiana?
-Sí, eso.
-No creo que lo sea... al menos hasta donde ella me diga. Luan... ella si es de las que no perdona que nadie se meta con lo que ama, la comedia incluida. Y Lynn... ella solo es algo tosca. Una vez le arrojó su suspensorio de la suerte a un chico que le gustaba.
-¿Y eso es sano?
-Viniendo de Lynn, diría que es riesgo sanitario -sopló el peliblanco- . Sucio y todo, pero lindo a su manera.
-¿No tienes problemas con que alguien del grupo se vaya a la cama con tu hermana?
-¿Cómo?
-Es, bueno... es incómodo decirlo... para "hacer cosas sucias".
-Te refieres a...
Unos tres golpes a la puerta interrumpieron su charla. Aliviado, Lincoln no dudó sobre si Rashid iría a temas que, para él, son incómodos en extremo, sobre todo por lo que ello implica. No podía estar más que agradecido por la molestia que el llamado a la puerta significó.
-Vamos, señorita Shrinivas -dijo el egipcio tras él-. Esp-pero no incomodarle.
-Gracias -dijo la mujer india-, pero esto es algo ur... gente...
-H-hola, maestra Shrinivas -saludó nervioso el hombre del plan, nervioso.
-Pero si no es otro que el tonto que echó a perder un tiempo a mi mejor estudiante -saludó ella con acritud, sin ocultar cierto desprecio.
-¿Se conocen? -Rashid se mostró poco asombrado.
-¿Conocerlo? ¡Su hermana menor Lisa es la estudiante mejor evaluada a nivel preescolar en todo el Medio Oeste del país!
-¿Necesita algo? -el moreno se relajó un poco, a pesar de la tensión previa.
-Es algo delicado. Y tú -se dirigió a Lincoln-, será mejor que te vayas a casa. Necesito, de verdad, hablar con él. A solas.
Estando ya a una buena distancia del lugar, Lincoln decidió evaluar lo que había pasado desde que él mismo y Lucy habían ido a DC. Luan arrestada, Luna herida, la relación de ambas fracturada y restaurada, el desprecio hacia Lynn, las visitas de Lisa, Lucy y propia con la psicóloga escolar, el desastre de Lori, la suerte de los Abbas...
En el poco tiempo que trató a Rashid y a su familia, no los vio ni mejor ni peor de cómo el mundo ve a quienes viajan de países musulmanes. Obvió las etiquetas, como lo hiciera con Clyde, Ronnie Anne e incluso consigo mismo. Apenas unos pocos encuentros con ambas mujeres, madre e hija, le hicieron ver que podían ser buenas personas. Se había enterado por terceros de sus problemas, así que juzgó conveniente no juzgarlas. Pero él...
Influenciable. La palabra le llegó como si nada. No lo culpa. Como a Ronnie Anne. La única diferencia entre ambos es que ella quería probar al mundo que ella no era débil, y el solo deseaba encajar en un mundo totalmente distinto al de nacimiento.
A punto de llegar a su propio hogar, vio a Clyde, apresurando su paso. No lo ve sino destrozado, casi herido de muerte. Junto a él, la mirada de Lucy estaba gacha, como si deseara no haber dicho o escrito algo que no debía decir. Como si de una película se tratara, las nubes y las partículas suspendidas dieron al chico McBride un marco apoteósico, como si toda la sangre de todas las guerras se usara para bañar al sol y darle un matiz más propio de una matanza.
~o~
Al mismo tiempo que Lincoln acompañó a Rashid a casa, Liam apenas despertó en el estacionamiento del Burpin' Burger, muy aturdido para recordar los golpes recibidos. Clyde, cargado como podía con un botiquín de emergencia, tuvo que usar sus sales aromáticas para reanimar al granjero. Para beneplácito de los demás pelirrojos y del afroamericano,
-La... Lay...
-Tranquilo, Liam -susurraba Zach, a la vez que Clyde pasaba el frasco de sales bajo su nariz, rota por uno de los golpes recibidos.
-¿Cuantos dedos ves, viejo? -Rusty levantó su mano y mostró, erguidos, tres dedos.
-Layla... Layla...
-¿Sabes qué dice? -preguntó Rocky a Lucy.
-Es por una chica que le dejó a la deriva, flotando en un océano de desesperanza bajo las estrellas... -salmodió la poetisa- suspiro.
-¿La de la semana del proyecto de ventas? -cuestiona Clyde, acordándose de aquella desastrosa semana del emprendimiento.
-Más bien algo parecido a lo que él siente por mi hermana innombrable -responde Lucy, procurando no mencionar el nombre de Lori al señalar a Clyde-. No te ofendas, Clyde, pero ella está demasiado lejos de tu alcance.
-¿Le decimos a su mamá? -preguntó Zach, ansioso por tener que evitar cargar a su mejor amigo.
-Solo no le diremos quien fue -resolvió Rusty, decidido.
-Siento interrumpir -intervino la gótica-, pero ¿me pueden prestar a Clyde si no es mucha molestia?
-Bien -cedió molesto el larguirucho-. Solo no tarden. ¡Todos los demás! ¡Formación Serpiente!
Apenas indicó Rusty, su hermano y Zach no tuvieron de otra que cargar a Liam de pies y manos para que el trayecto no fuera tan pesado. La idea de que Rusty se colocara al frente es, en sus palabras, cortar la resistencia al viento que pudieran encontrar.
Tan pronto se fueron ellos, Lucy se decidió a tomar de la mano a Clyde y lo llevó en dirección a la biblioteca. El último sitio a donde alguien de su familia se atrevería a buscarla.
A pesar de las evidentes ausencias, la biblioteca no había cambiado en lo más mínimo. El vestíbulo está bastante más lleno de lo usual, dado que ya todos los niveles entraron, para su desgracia, en la última ronda de exámenes. Cierto es que los estudiantes del último grado de la preparatoria ya estaban alterados por la presión de entrar en una buena escuela, la mayoría en regiones más cálidas como la Costa Este y el Sureste. Los menos, con suerte, se esfuerzan en evitar la Universidad Comunitaria y las dos del estado.
Lucy siente desagrado por ver uno de sus pocos sitios favoritos profanado por las multitudes. Un mal necesario, juzga, para una charla que espera tener que verse obligada a tomar con Clyde.
Les tomó tiempo encontrar una mesa disponible que estuviera lejos de oídos indiscretos como Mollie Nordberg, o vengativos como Kat Carmichael. No prestaron atención, empero, a gente como Chandler, quien no está presente a pesar de necesitarlo, o Andrew, a quien Jordan le sigue guardando un fuerte resentimiento por aquél horno danés a inicios de curso.
-Me imagino que tienes una idea sobre el porqué estamos aquí.
-La verdad es que no.
-Bien... -a pesar del inquebrantable dominio sobre sus emociones, la poetisa Loud no está tan segura de soltar semejante bomba-... es sobre ya-sabes-quién.
-¿Has estado leyendo los libros de Lola sobre aquél mago huérfano? -pregunta el moreno, a lo que ella frunce los labios tanto por molestia como por nervios.
-Odio tener que rodear, así que voy al grano. Sobre Lori.
-¿Qué? -en el acto, Clyde sacó una bolsa de papel, presentando principios de hiperventilación.
-Dije lo que dije porque tengo mis dudas sobre si Lincoln tendría valor para decírtelo -detalló la gótica, sintiendo todo el peso del mundo sobre sus hombros-. ¿Qué sabes sobre su condición?
-Nada que Lincoln no me haya dicho ya -el afroamericano hizo memoria, a pesar de que Lucy, a sus ya nueve años, se acostumbrara a tomar giros un tanto oscuros en su conversación habitual.
La única vez que charló con Lori a su regreso, habiendo hecho uso de un distorsionador se voz para ella. Tuvo que contener como pudo el llanto cuando supo que, tras haber peleado con Bobby fuera de la biblioteca de la Universidad -teniendo que emplear a fondo tanto chocolate como pudo-, había sido secuestrada, "rescatada" y prostituida. Había culpado a Bobby de forma desangelada hasta que una fuerte sacudida y una explicación más exhaustiva lo calmaron un poco.
Entre esa charla y la de ese día, si hubo confianza entre Lincoln y Clyde, la tormenta perfecta se ha sembrado, y las consecuencias no serían tan imprevisibles como cualquiera imaginaría que serían.
-Verás -en verdad, Lucy empezó a sentir un sudor frío en su espalda, y las palabras se agolparon en su mente, queriendo asaltar la salida-, Lori está emb... emb...
-¿Qué tiene? -volvió a preguntar Clyde, ansioso y con la cara desencajada- ¡¿Qué?! ¡¿Dime qué rayos le pasó?!
-... embarazada.
Y entonces, la noche se hizo.
Esa palabra, esa bendita palabra que en un mundo imaginario esperaba oír de Lori en unos años hacia él con ternura, la escuchó de Lucy. Fría, depresiva y con toda la amargura que aún a ella le es posible resistir. Y la helada daga no terminó sino por clavarse más en su pecho. Hiperventilado, el colapso era inminente. Lucy no quería que el mejor amigo de su hermano terminase igual que Carol Pingrey, e hizo lo que, al menos para ella, era impensable que ella hiciera a otro ser humano.
No olvidará eso en su vida. Medidas desesperadas para acciones desesperadas, reza el dicho, y el beso que dio fue impulsivo, impetuoso, desesperado y, contra lo que pensara, salvaje. En lo más recóndito de su corazón esperaba darlo, pero no sabía a quién lo daría o quién lo tomaría. Si era para sacar a alguien como Clyde de una crisis semejante por unos minutos, es lo de menos.
Los murmullos de la gente no se habían hecho esperar. Algunos de asombro, otros bastante reprobatorios, pero a Lucy no le importa.
-Necesito hablar -habló Clyde, tras cinco minutos con la mente turbia por lo sucedido.
-¿Quieres que olvide lo que pasó? -preguntó Lucy, a sabiendas que ello sería una mentira.
-¿Crees que Lincoln ya haya llegado a casa?
-Si no está, puedes esperar.
Apresurando el paso, ambos olvidaron ver que Chandler iba camino a la biblioteca. El pelirrojo estaba de malas por la resolución del juez, y no tuvo reparo en tratar de meterles zancadilla.
Sin lograrlo, vio a Joy, cuchicheando sobre lo que vio hace unos momentos, junto a Kat y Mollie. Decía algo sobre "el rarito McBride y su novia, la fenómeno Loud". Eso, para él, es oro puro. Escuchando lo que esas tres hablaban, y con lo que sabía de Lori, una sola idea se formó en su cabeza.
Por sus hermanas, "Larry" Loud caerá.
~o~
La semana transcurre sin sobresaltos en la preparatoria, salvo por el accidente que Joey tuvo en su Vespa el martes y el rayón que el auto de la profesora de música sufrió por accidente el viernes. La mujer, para no variar, se lo tomó con humor antes de llevarlo al taller que llevan algunos estudiantes para uso escolar. Tampoco se pasó por alto el que George, aquél guitarrista y vocalista con quien Luna suele verse los jueves antes de ir con Chunk, creara por accidente un malentendido entre los miembros del equipo de golf que lo envió al hospital.
Para Luna, era extraño tener que hacerla como asistente de Luan. Lincoln está indispuesto por una presentación que tendría en clase, y el mensaje que se quedó grabado en la contestadora fue claro. Comedia musical británica, y ella es la única que podía comprender el humor de las islas. Vestía un tanto acorde para la ocasión, pues el ajustado leotardo que Luan le consiguió con prisa le recordaba al de un video que viera hace poco. Blanco a la izquierda, negro a la derecha, como si del grupo Queen en sus inicios se tratara.
Se le hizo raro. Los cumpleaños más cercanos que ubica en el calendario son el propio el veintidós, el de Luan el veinticinco y el de Tabby el treinta. Después de eso... Lincoln, las gemelas, Sam, Lori, Leni y Lily...
La lista que le entregó a Lisa no fue una bagatela. Apenas le dio el enlace a su hermana, lo que ésta le contó que hizo fue echarlo abajo. No fue cosa sencilla, pero con un virus de gusano poco convencional el trabajo se hizo. Lo único que quedó fueron una captura del sitio y un archivo original del virus que se guardó en una pen-drive que Lincoln, en palabras de Luan, no extrañará por el contenido que ésta tenía consigo. Para la niña, y eso se lo pudo agradecer, esa es su venganza por ser despedida de la NASA. Una pequeña herramienta de chantaje en extremo inestable que envió a un periodista con el que contactó, estando él en Palm Beach.
-¿Sabes dónde queda esa casa? -preguntó Luan, aún con el cabello teñido y vestida como si le robara la ropa a alguna integrante de la Guardia Real británica.
-Veamos... -la rockera leyó un plano en el móvil, de pie junto al semáforo-. Calle Elm 726, tercer piso, departamento 2-B. Lynn dice que esta calle es de mala suerte.
Mientras hablaba, un ave dejó sus desechos sobre el estuche de la guitarra de Luna, mientras que el maletín de Luan fue generosamente rociado con orina por un perro, como para dar validez a la absurda creencia de Lynn sobre esa calle.
-Bueno, somos afortunadas por comprobar sus apestosas palabras, ¿entiendes? -rió la teñida, tirando el sombrero de su padre.
-No gastes los chistes -reprochó la rockera, ocultando una ligera risa.
El sitio se le hace poco menos que un lugar antitético para un evento que suele realizarse al aire libre. Una buena parte del primer piso la ocupa una tienda de regalos, además del pequeño vestíbulo del edificio. El portero, un desagradable hombre castaño rizado de mediana edad con una horrorosa verruga en la cara, no las recibió con buenos ojos, gritándoles que se largaran a donde tenían que subir. Ambas, queriendo devolver el gesto, solo no le dieron la importancia que el sujeto se daba a sí mismo.
-Departamento 2-B. ¿No? -preguntó Luna.
-Si -cortó Luan.
-No se oye animado.
-¿Y no tiene que estarlo?
-No tan temprano.
-Se supone que sea a las tres.
-Son las dos y media. ¿Tocamos?
-A eso venimos.
A pocos centímetros de que tocaran el timbre, la puerta se abrió mostrando a Sam, vestida apenas con un camisón blanco hasta la mitad de los muslos y un evidente olor un tanto desagradable y excitante al mismo tiempo.
-¿Luna? -la rubia del mechón cerúleo se extraña de ver a Luna un poco más a la usanza de un arlequín.
-No fue mi idea, chica -bufó la castaña natural.
-No sabía que trabajas en fiestas infantiles.
-Es su primera vez -aclaró la castaña teñida, un tanto desilusionada por lo vacío del domicilio-. ¿No era aquí una fiesta?
-Más bien una pequeña reunión con amigos -se excusó la rubia-, pero entre los finales, los vecinos quejumbrosos, George y el estúpido portero, no pude llamar para cancelar. ¿No quieren pasar?
-Si no hay remedio... -se resignó Luna.
-Solo porque no quiero atajar al guardameta, ¿entienden?
-Ahora no, hermana -se quejó la mayor, mientras Sam soltó una estridente carcajada-. ¿Qué dijo?
-¡Atajar... al guardameta! -dijo la rubia, partida de la risa- ¡Ay! ¡Qué cosas dices, chica! ¡Atajar al portero!
-¿Al portero? -la rockera Loud no comprendió el chiste.
-Lo del guardameta- explica la comediante-. Hay sitios donde llaman "portero" al guardameta del soccer. Por eso se ríe.
-Sabía que es de humor algo simple, pero no es para tanto.
La sala del departamento es de todo menos ordenada. Sam les explicó que alguien tenía que quedarse con George tras su "accidente en la caja de bateo", pues su madre, empleada de limpieza del hospital general, no ve a la rockera cono una buena influencia. Le permitió quedarse a cuidarlo, con la condición de que no se robara nada ni hiciera nada indebido con él o cualquier otra persona que invitara. Y eso incluye meter chicos.
Otra de las cosas que la rubia no alcanzó a cancelar, y ello si fue un inconveniente para el atontado anfitrión, fue media docena de pizzas familiares y doce litros de cola. Al parecer, piensa Luna, la idea de Sam no era sino celebrar su cumpleaños, casi a espaldas de su familia y amigos. Algo mucho más íntimo, para ellas dos.
~o~
Aquél hombre había sido claro. Mientras su madre está fuera, él estaría a su cargo. No tanto un favor que le hiciera a su madre, sino por el empujón que derribó a la doctora Schiller, semanas atrás. Él no era, pese a todo, tan severo como la mala fama de su apellido da a entender, no obstante que sea estricto con los horarios de llegada a más tardar.
Apenas él había llegado el sábado de Lansing. Hasta entonces, su madre la dejó con los Marshall. La situación entre ambas hijas de familia, ella misma y Paige, no era la mejor, llegando casi a los golpes reales. Lo usual era que las veces que entraron en conflicto se desahogaban en el arcade, definiendo el precio de la discusión a la mejor de cinco partidas. Eso, hasta el viernes, que realmente se fastidiaron una de la otra. Ronnie Anne se molestó porque, a causa de un anzuelo de pesca botado en la cama, su sudadera se atoró y rasgó desde el pecho hasta la axila.
Ello obligó al pasante a regresar a Royal Woods, y apenas se enteró del "pequeño logro" de la chicana, decidió relajarse un poco y ganarse su confianza. Sin embargo, ello le obligó a tener que darle noticias del juicio. Ninguna de ellas halagadora.
Intentó hablarlo con Lincoln y Clyde, pero ninguno de ellos está disponible. Ambos están enfrascados con una presentación que tendrán que dar el lunes entrante, y por añadidura, ella no tenía que preocuparse por ello. Ya lo tenía resuelto con una presentación de PowerPoint acerca de los sucesos de la batalla de Midway, y a Jordan le correspondía hacer unos retoques finales.
No podía salir tan a gusto como quisiera. Hasta las siete tenía libre salida, a petición de su madre. Un minuto más, y no habría postre. Típico castigo que, para variar, no hace efecto en ella, tan desfasado que ya a nadie afectaría en realidad a menos que fuera educado a la vieja, muy vieja, escuela.
Nunca se había dado el lujo de visitar, por gusto, el centro comercial. No podía decir que las tiendas deportivas tuvieran algunas piezas que necesita para su patineta. Necesitaba otra cosa esta vez. Necesita despejar su mente de lo que azota su vida, así termine encaminando sus pasos a un sitio que solo visita cuando no tenía opción.
El único sitio más o menos decente, para ella, es la tienda de cómics. Usualmente queda con aquella chica, Renee, para negociar en la zona de comida rápida. Lo mismo le daba encontrarse con ella en el local que en los corredores y jardines del lugar, pues era preferible, para ella, hacerlo antes de que vendiera ejemplares que no fueran de Ace Savvy en buen estado a precios de estafa. Los mejor preservados, cree, se los guarda para sí.
-¡Miren quién se aparece a la civilización! -celebró sarcástica una voz tras ella, a metros de ingresar a la tienda de cómics.
-Si no es otra que la golpeadora de ancianas -secundó otra voz, más alegre pero igualmente irritada.
Apenas volteó, y fue una cruda ironía. Mollie Nordberg y Kat Carmichael, cargando sendas bolsas de la recién inaugurada tienda de ropa Stratovarius, la veían lo más neutral que pudieron.
-¿Qué demonios quieren? -preguntó molesta la morena.
-Solo felicitarte, rara -escupió Kat, con el cabello suelto sobre la espalda hasta la cintura baja-. Por Jordan.
-Gracias por decirle que Lincoln Loud no es tan raro como es en realidad -secundó la rubia, soltando una breve risa.
-¿Sabes lo que el tonto nos hizo pasar como el gurú de chicas? -la chica de ascendencia asiática no quería contenerse- ¿Lo que le hizo pasar a Jordan, a Joy? ¿A la pobre de Sadie?
-Se lo escuché a la maestra Johnson -dijo entre dientes, conteniendo la rabia lo mejor que podía-. Esa semana estuve enferma.
-Te lo vamos a dejar claro, Santiago -mientras Mollie habló, Kat no dudó en empujarla contra la vitrina-. Aléjate de Jordan y di que ella lo hizo todo, o...
-¿Creen que les temo? -silbó la morena, desafiante- ¿Creen que no sé de lo que hablan a sus espaldas? ¿O lo que ella piensa de ustedes?
-Como sea... -dijo desdeñosa la rubia-... vámonos, Kat.
-No quiero que la delincuente se lleve mi ropa -murmuró Kat, apenas volteando hacia un estudio fotográfico.
-Como si tener un hermano secuestrador y violador no fuera suficiente -imitó Mollie, sin cuidar el volumen.
No necesitó una segunda vez para que las tres pasaran un momento vergonzoso. No soporta que hablaran mal de su hermano, y ellas, dos de las más populares del quinto grado, se dieron el lujo de hacerlo.
En menos de un segundo, Kat yacía inconsciente en el suelo, con la boca sangrante y un diente astillado. Aterrada, Mollie quiso huir, aunque sintió un tirón de la chaqueta que terminó por mandarla al suelo. La latina, sin pensarlo dos veces, la alzó un poco y la colocó en una llave conocida como la "Casita invertida", tomando un brazo de la rubia y aplicando una palanca al mismo, pasándolo bajo su entrepierna y reforzando dicho agarre sentándose sobre su hombro.
Los aullidos de dolor de la rubia de pantaloncillo rojo no se hicieron esperar. Nunca había visto tan molesta a alguien, mucho menos contra ella. Cualquier súplica, cualquier ruego que Mollie soltara con el afán de tener piedad, le era negado hasta que la latina se cansó.
-¡Te reto a que vuelvas a hablar de mi hermano, Nordberg! -rugió Ronnie Anne- ¡Vamos! ¡Escupe lo que tengas que escupir, pequeña idiota!
-¡L... lo siento! -dijo suplicando la chica blanca- ¡De veras lo siento! ¡No fue tu culpa, lo lamento! ¡Ya suéltame, por favor!
-¡¿Quién les dijo eso?! ¡¿Quién?!
-¡Eso se ha repetido en los pasillos! -solloza la rubia, atormentada por semejante llave- ¡Ya suéltame! ¡Me duele! ¡Duele!
Solo hasta que vio al personal de seguridad fue que Ronnie Anne soltó a Mollie, antes de irse. Una última mirada hacia la sollozante Mollie le bastó para saber que ella no dirá absolutamente nada que la incrimine. No podía decir lo mismo de Kat. El puñetazo que le astilló un diente dejó una herida bastante fea en uno de sus nudillos, y es posible que pudiera tener ciertas secuelas.
Abandonó el centro comercial, demasiado afectada por los comentarios de aquellas dos. Ya no tiene sentido, concluyó, permanecer allí más tiempo.
Cruzando por la calle Elm, vio a dos de las hermanas de Lincoln. Luan le había dejado en claro, durante la semana, que si deseaba ir con Lincoln tenía su total permiso. Luna, por otro lado, terminantemente le prohibió acercarse a su hermano por el nada grato antecedente. Quiso ignorarlas, pero a lo lejos, pudo ver con claridad, la mala suerte sentó plaza en su campo.
Junto a la tienda de regalos, estaba saliendo la doctora Schiller.
~o~
Para haber tenido que cancelar de última hora, la tarde no fue tan mala para Luan. Dos cajas de pizza y una botella de cola como compensación por los inconvenientes suscitados eran más que suficiente para declarar, oficialmente, que Negocios Graciosos está de vuelta con todo. Era posible que sus hermanas quisieran parte del botín, pero lo dejará pasar solo porque está de buen humor.
Se preguntó sobre la tardanza de Luna. Aquella chica, Sam, le resultó bastante agradable. Si quería una prueba de que las rubias ajenas a su familia no eran para nada unas cabezahuecas que se ríen de cualquier estupidez que ella diría, ella lo es sin dudarlo. No tiene mucho inconveniente si Luna, piensa, sale del armario. Ya otras veces la sorprendió en situaciones poco menos que incómodas, un par de ellas luego de que Layla, aquella chica a la que un dopado Lincoln llamó en cuanto regresara del hospital "Leni morena", se fuera a algún lugar en Canadá.
Vio a la pantalla de su móvil. Iban ya a dar las seis y media, y Luna al fin se dignó a salir. Con el leotardo monocromático un poco desarreglado, ella se veía bastante sonriente, a pesar de que la proyectada fiesta se canceló. El único habitante del hogar a esas horas seguía un tanto adormilado, pues los sedantes ya dejaron de hacerle efecto.
Para cuando ambas hermanas bajaron, el portero ya no estaba. El sujeto, aclaró Sam, se retiró al pequeño cuarto que es su vivienda, entre quejas de que estaba mejor considerado en Seattle.
-Siento mucho que no se hayan podido quedar -la rubia se lamenta un poco.
-Tenemos escuela -la comediante trató de levantar los ánimos-. Solo no maten clases.
-No entendí.
-No es un chiste.
-Nos vemos mañana, chica -se despide Luna, un tanto cohibida por la breve conversación entre su hermana y su interés amoroso.
-Hasta mañana, amor -la rubia hizo lo propio, lanzando un beso al aire que, para su buena suerte, Luan no alcanzó a ver...
Mismo que, para su mala suerte, vio una cierta mujer.
-Veo que ha vuelto a las andadas, Luan -ni el menor saludo dedicó la anciana.
-No me venga con sus chocheos -replicó la aludida, cargando su bolso.
-Si no tiene nada mejor que hacer, le sugiero que se largue.
-Mi consultorio está a una calle de aquí, niñas -la falsa castaña trata de mantener un tono amable-. Así que, si lo desean...
-No volveremos a tratar de nada con usted, bruja -soltó Luna, molesta por recordar su último encuentro-. No tiene ningún derecho a...
-Claro que lo tengo, vándala -la especialista mantuvo su postura-. Ahora veo, y se lo puedo decir sin miedo, dónde quedó la hombría que a su pobre hermano le hace falta.
-No vamos a quedarnos a escuchar...
-Usted necesita mi ayuda más que esa excusa de hombre que son su padre y hermano, Luna. Ya veo que está enferma como la delincuente de aquél edificio.
Aquella palabra la dejó helada. No por la posibilidad de querer mandar al diablo sus principios o por su estilo de vida. Eso, después de lo vivido por ella en días pasados, era una verdadera ofensa. La persona adecuada debía lanzarla... y Henrietta Schiller no se molestó en decir nada menos hiriente.
-Me alegra que lo diga... -habló Luna, dando a su habitual acento británico una connotación helada que provocó que Luan empezara a temblar-... doctora...
-Entonces, si me hace el favor de acompañar...
-... me alegra que diga que soy una enferma... ¿por qué no va a casa y se mete un enorme hueso de pavo en el culo?
-Insolente... mocosa malcriada -la mujer trató de alzar su bastón, queriendo golpear a la rockera.
-O mejor aún -contraatacó la castaña natural, deteniendo el apoyo de la anciana en el aire a dos manos-. ¿Por qué no se larga y nos deja tranquilas, nazi de mierda?
-Mis ideas no le...
-¡OJALÁ SE MUERA, MALDITA IMBÉCIL! -explotó la comediante, harta de los insultos que su hermana recibiera- ¡Por su culpa, mis hermanos temen regresar a detención!
-¡¿Cree que no sé qué le gusta, infeliz anciana?! -escupe Luna, casi echando espuma por la boca- ¡¿Cree que nadie sabe lo que quiso hacerle a su medio hermano?!
Sin mediar palabras, Luna se abalanzó furiosa hacia la anciana, contenida a duras penas por su hermana menor. Henrietta, pálida por el terror que Luna inspira en ese momento, se encogió, reducida a una suplicante anciana que solo pediría clemencia.
No esperaron contar con público. Los curiosos se agolparon, como si la psicóloga fuese la víctima de todo ello. Una sola mirada de la rockera bastó para que los espectadores se alejaran de ellas. Asustados, los pocos testigos vacilantes que estuvieron desde el principio solo de alejaron, mientras que el resto trató de darle apoyo a la "pobre anciana".
No se molestaron en ver que, entre los testigos, se encontró Ronnie Anne. La chicana, sorprendida por todo lo que presenciara, se quedó inoperante. El perfecto cierre para un día de porquería.
~o~
Los planes habían cambiado. No hablará con Lucy de lo que vio, y apenas colgó el teléfono, fue directo a la primaria y secundaria. No se siente con ganas de lidiar con un problema menor como sus alumnos, sino que ella misma acudiría a la oficina del director Huggins.
No quería sino ver aquella cara ser sometida por oficiales. Escuchó varias cosas de las prisiones americanas, muchas de ellas decepcionantes. No era como en la India, donde el aire apenas y es respirable por los hedores de la suciedad y el sudor de los reos, donde éstos bien pueden pelear por un puñado de comida al día y los celadores viven en una perpetua corruptela. Peor, al menos, es nada.
"Mientras se haga justicia", pensó.
No reparó en que sus estudiantes dormían su siesta, ni en que casi arrolla a la psicóloga, a un día de que ella se retire en consideración a su edad. Decidió esperar a la siesta de sus niños para dar pruebas contundentes. Le dirigió una mirada asesina a Howick apenas lo viera en el pasillo con material audiovisual, esbozando ella una sonrisa siniestra. Éste, perturbado, solo se alejó, un poco nervioso.
Encontró al director Huggins en su oficina, leyendo un ejemplar de Ace Savvy. Ignora qué demonios le ve su superior a aquél superhéroe, y sencillamente le da igual. Si en algún momento de su vida esperaba que los dioses dejaran sentir su voluntad, ahora era ese tiempo. Y, para ella, la justicia es rápida, sin consideraciones de ninguna clase.
La hora del juicio ha llegado. Y ella misma se encargaría de que no hubiese sobrevivientes.
~o~
Por primera vez en mucho tiempo, Lincoln se siente tranquilo. No solo por haber tenido tiempo para digerir cuanto pasara desde que dio lectura a la carta de Carol, sino incluso para ultimar detalles de aquella tarea.
Para dar una variable a la presentación de aquella mañana, la profesora Johnson indicó que serían dos dias de presentaciones. Y el hecho de ser número impar en lista desde que Jordan-niño se fuera no les habría ayudado a él y a Liam. Clyde todavía tendrá veinte horas más para prepararse, mientras que se le hizo raro no ver a Kat en clase.
Por alguna razón, dirigió su mirada hacia Mollie. Sentada a dos asientos de Ronnie Anne, está visiblemente aterrada. A su entender, haría esa presentación el día siguiente junto a Kat, siendo ambas pareja, mientras que Jordan y su no-novia serían la última pareja en exponer.
Deseó estar nervioso. No podía permitirse el lujo de estarlo, pues sus propias calificaciones ya están en caída libre, y a estas alturas un error le costará muy caro. No le importaría si obtiene una B+ o una D. Con tal de no perder el año escolar se da por bien servido. Y esperaba que el pesado abrigo gris que Luan le prestara, la ushanka y el chaleco rojo que tuviera en un baúl y la pieza que preparó para acompañar le sirvan de algo. Ya algunos entre sus compañeros intuyen que, con todo lo que empieza a escucharse en las noticias sobre la supuesta injerencia rusa en las elecciones pasadas, se está haciendo un "rojo", un comunista.
Rashid, contra lo que pudo adivinar, apenas calificó con C, con todo y que su corto documental sobre la Primera Batalla de El Alamein estuviera bien realizado. Chandler, fatal con su presentación sobre la evacuación de Dunkerque, mientras que Arizona (rubia, cabello largo sujeto con una diadema y reconocible por su suéter blanco) y su interpretación de una operadora de un T-34 en Kursk no destacó mucho. Zach, por su parte, fracasó miserablemente con su réplica de un cohete V-2.
-Excelente -dijo Agnes, al tiempo que se llevó a la boca una "trufa de chocolate" con receta inglesa de la Segunda Guerra, que más bien era un dulce de zanahoria-. Por lo menos veo que alguien no se esforzó en imitar a un soldado o enfocarse en un suceso histórico mayor.
-Gracias, profesora -respondió Joy, antes de volver a su asiento.
-Veamos... el último en exponer antes del descanso. Lincoln, al frente, por favor.
Sudando bajo el pesado abrigo y el gorro, Lincoln no perdió concentración. Recordó, para distraerse, aquella charla que tuviera con Clyde aquella tarde que Liam y Rashid se enfrentaron a golpes.
~x~
-Déjanos solos, Luce. Por favor.
-Estaré en el patio trasero -salmodió Lucy, avergonzada-. Si a alguien le interesa, lo cual dudo mucho que pase.
Ante la extraña petición de Lincoln, Clyde solo tuvo que resignarse. Era lo ideal, pues el doctor López le aconsejó que, si bien hablar es un desahogo, debía elegir con quién y las palabras que usará. No era lo mismo practicarlo en su consultorio que hacerlo de frente.
Alejándose un poco de la casa, decidió que ambos pasearan alrededor de la cuadra. Lincoln vio que Clyde tenía que hablar con él sobre algo sobre lo que no debía decir nada pero que necesita sacar para no sentirse tan mal, y puede hacerse una idea de qué podía ser.
-¿Por qué no me dijiste nada? -soltó al fin Clyde, demasiado turbado para pensar con claridad.
-¿Sobre qué?
-Sobre Lori -el moreno suspiró, queriendo sacar el tema a colación.
-¿Sobre si voy a ser tío? -recibe un asentimiento por respuesta- Sigo pensando en ello.
-¿Y por qué no me dijeron nada tú o las demás?
-Porque ya hemos tenido suficiente de todo para pensarlo demasiado. Y porque ella tiene la última palabra.
-¿No van a hacer nada?
-Sabes que no puedo decir nada -refutó el peliblanco, tendiendo a sonar resignado.
-Lo siento, pero creo que si debes pensar...
-No me salgas con algo que te dijera el doctor López, ¿quieres?
-Iba a decirte que si necesitas algo, o si ella lo...
-Está fuera de todo alcance -susurró el hombre del plan, no tanto abatido como resentido-. Ella siempre tuvo ojos para Bobby desde que lo conoce, y tú solo le hacías sentir mejor consigo misma. ¿Sabes qué hacía con tus regalos? -no esperaba respuesta alguna, por la que siguió- O los tiraba o se los daba a las gemelas si eran galletas o peluches. A veces ni eso, tenía que usar un simple tope de puerta. No es que ella no agradeciera el detalle, pero... no les veía sentido entonces.
Con lágrimas en los ojos, Clyde se sentía aplastado. No solo por las palabras de su "hermano de otra familia", sino por la honestidad con la que él refería al destino común de sus obsequios. Sabían ambos que la verdad duele, pero a la luz de los hechos lo mejor era, simplemente, hablar y dejar que la pus saliera de las heridas abiertas, antes de ser lavadas.
El peliblanco se sintió terrible. Hacerle eso, destrozar contra las rocas los sueños y esperanzas de su mejor amigo, fue algo necesario. No le enorgullece, y sabe que, por Lori, es necesario hacerlo. Cinco minutos detenidos en la esquina de Olive y Franklin bastaron para que ambos pudieran procesar lo dicho y lo escuchado.
-Gracias, hermano -Clyde rompió el silencio, no tan dañado como se esperaba.
-Sé que suena gastado y eso, pero lo menos que puede hacer contigo es verte como un hermano -sentenció Lincoln-. Solo eso.
-Supongo que puedo vivir con eso -resuelve el moreno, queriendo sonar sincero-. Si es lo más a lo que puedo aspirar con Lori, puedo vivir con eso.
-Míralo por el lado bueno, viejo -soltó el peliblanco, recuperando un poco de su habitual semblante-. Por lo menos sigues aspirando a ser mi futuro pariente
-¿Qué?
-Solo diré que podríamos ser consuegros -río Lincoln por lo bajo, a pesar de que Clyde no tiene ni la más remota idea de lo que podía decir.
-Tonto -secundó el afroamericano, recuperado el buen humor con el que empezara su día-. ¿Clyncoln McLoud?
-Hasta donde alcance -en el acto, Lincoln no dudó en abrazar a su hermano de otra familia, aceptando lo bueno dentro de lo malo.
-¿Tienes listo todo para mañana?
-Lo tengo, Clyde. Solo... espero no fallar.
~x~
Frente al resto de la clase, Lincoln se llegó a sentir un poco nervioso. Las palabras que encontró de aquél poema ruso de tiempos de la Segunda Guerra hacen que, en su opinión, Lucy sea menos que una novata. Versos desoladores que reflejaban una ingenua esperanza de las milicias rurales que, inevitablemente, serían enviados a las brutales carnicerías que fueron Moscú, San Petersburgo y, muy en especial, la hoy llamada Volgogrado.
Esperame, y regresaré. Pero espera con firmeza.
Espera cuando el dolor te embargue al mirar caer la lluvia.
Espera cuando el viento barra las nieves.
Las palabras que había memorizado no parecen hacer mella en nadie. Tan solo Clyde, quien le dio la idea, Rashid y Ronnie Anne comprenden un poco lo que el autor de aquellos versos se puede referir. Los demás, incluidos Mollie, Jordan y Chandler, no están ansiosos. El pelirrojo, en particular, no siente sino desprecio y deseos de interrumpir.
Espera en el sofocante calor,
espera cuando otros han dejado de esperar.
Olvida el ayer. Espera aún cuando otros se han cansado de esperar.
.
Espera aunque mi madre e hijo crean que ya no existo,
y cuando los amigos se acerquen bebiendo a mi memoria,
espera, y no corras también a beber en mi memoria.
.
Espera, pues regresaré desafiando a la muerte.
Deja que aquellos que no esperan digan que tuvieron suerte,
jamás entenderán que, frente a la muerte,
tú, con tu espera, me salvaste.
Algunos de los más apáticos, como Andrew y Cookie, hicieron lo posible por no tallar sus ojos. La castaña no se contendrá si el remate le llega, mientras que el chico despreciado por Jordan alegaría una basurilla en el ojo.
Lincoln supo, con la mirada, que ya tenía en el bolsillo a varias de las demás chicas. Solo Joy, un tanto recelosa por ver su calificación comprometida, y Mollie, concentrada más en rumiar su dolencia, siguen sin estar convencidas. Los chicos, por su parte, siguen sin entender el por qué rayos prefirió un poema a la Operación Overlord, alguna otra gran batalla o los bombardeos a los que, por igual, Londres, media Francia, la U. R. S. S. y Berlín fueron sometidas.
Tú y yo sabremos cómo sobreviví.
será porque esperaste.
como nadie más lo hizo.
En silencio, y sin esperar a que la profesora Johnson le diera la indicación para ello, Lincoln fue a tomar asiento. La docente, en silencio durante toda la presentación, no dudó en tomar su bolígrafo y garabateó en su registro una A-, similar a la nota que le diera a Joy.
-Pueden retirarse -indicó Agnes, sujetando un pañuelo-. Nos vemos después del almuerzo.
La gran mayoría de los miembros del grupo se fueron al patio, mientras que Clyde y Lincoln enfilaron rumbo a los sanitarios. En silencio, el dúo solo se concentró en terminar el día de la mejor forma posible, antes de que el hombre del plan tuviera que confrontar una reunión en casa que, extrañamente, Lucy había pedido en el desayuno.
Acalorado, se despojó del abrigo, la ushanka y el chaleco, guardando las prendas en una valija que sacó de su casillero. Nada habría salido mejor hasta ahora para él, e incluso puede darse el lujo de especular sobre su propia suerte. Si era lo que necesitó para recuperarse, puede darse el lujo de redondear la tarde. Incluso pedirle a Ronnie Anne ser su novia, mandando al carajo las burlas.
Su regocijo, sin pensarlo, fue interrumpido. La puerta del sanitario se abrió, dejando paso a la persona que menos deseaba ver el resto del año escolar. La misma persona que, con rudeza poco propia de él, abrió la puerta del cubículo que está ocupado.
-Hola, Larry.
.
Presuroso, Chad no se tentó en seguir a Lincoln y a Clyde. Esos dos pagarán todo lo que pasó desde que las hermanas que lo agredieron. Solo trescientas horas de servicio comunitario y una multa no valen la paliza que padeció a cargo de aquella mujer, las burlonas miradas que esas dos le dedicaron al salir de la corte del condado y el que ahora fuera superado.
No le perdonará a Larry esa afrenta. Se esforzó en buscar reportes en internet, se afanó en buscar cualquier cosa sobre Dunkerque que le pudiera servir de algo, como para que esa bruja le diera una D. Y, piensa, el tarado Loud se da el lujo de sacar un gorro estúpido, un abrigo y se pone a recitar como si fuera la gran cosa.
-Quítate, cuatro ojos -empujó a Penelope, quien aprovecharía el almuerzo para ir al club de ajedrez para ultimar detalles de la semana de la foto del anuario.
-¡Con cuidado, Chandler! -alcanzó a protestar la pecosa, buscando sus anteojos en el suelo.
Avanzó hacia los sanitarios, siendo seguido por la pelirroja sin que se diera cuenta. En la puerta, vio a Clyde, recargado a un lado de la puerta mientras leía sus propios apuntes, mismos que estampó contra su cara.
-Una palabra de esto, McMarica -silbó Chandler, estrellando su frente contra la del afroamericano-, y yo mismo te regreso a África.
Más asustado que otra cosa, Clyde se hizo a un lado, permitiendo al pelirrojo entrar. En el fondo agradecido por saber que puede intimidar a una persona sin apoyo, buscó con la mirada en los cubículos. Se olvidó, empero, del propio McBride, y de la posibilidad de que él fuera directo a acusarle por insultos raciales, o de su oculta perseguidora.
Por fín dio con el cubículo que buscaba, por lo que, haciendo gala de una prepotente rudeza, abrió la puerta del mismo.
-Hola, Larry -saludó el pelirrojo, burlesco.
-Lárgate, Chandler -regresó en automático Lincoln, tomando su valija.
-Vamos, Loud, ¡no seas un aguafiestas! -Chandler se recargó contra los lavamanos, con una sonrisa y su único plan en mente- No sabes cuanto me agradan los chicos que tienen hermanas... tan entregadas.
-¿Qué dijiste? -tras preguntar, tuvo una pequeña corazonada sobre un desastre, queriendo irse de allí.
-Dije que me agradas, Larry -repite con ironía, eligiendo sus palabras al azar.-. Supe de tu hermana mayor, Laurie... o como sea. ¡No sabes qué deliciosa es!
Se detuvo en el umbral de la puerta. Si debía seguir esa corazonada, optó por no hacerlo, recordando algo que escuchara decir a su padre cuando estuvo en Inglaterra. Visitando una vez el Museo Nacional de Armas y Armaduras, encontró un pendón escocés con una frase en latín que, traducida, sonaba como "nadie me ataca sin impunidad" o algo por el estilo. Le parecía ridículo entonces, pero es la primera vez que se alguien se mete con sus hermanas sin recibir una retribución a cambio. No estaban Lymn y Luan para irse encima, y las gemelas, Lucy y Lisa no estarán en las sombras para emboscar a quien se atreviera a decir algo sobre sus hermanas mayores o sobre ellas. Por ello, decidió ignorar a los estudiantes que quisieron entrar al baño y se quedaron como mudos espectadores.
-¿Tienes algo qué decir de mis hermanas? -pregunta el peliblanco, dibujando una sonrisa que incluso Lola haría bien en temer- Vamos, amigo. Quiero escucharlo todo.
Chandler lo hizo. Y deseó nunca haberlo hecho.
~o~
Nunca en su vida se había sentido tan asqueado con nada en su vida. En parte por el remordimiento de ordenar el arresto del conserje, en parte por haber empleado a un lobo en piel de cordero. Se atrevió incluso a vomitar sobre una de las plantas que ya adornan la oficina, y eso era poco.
-Hay demasiados enlaces en redes TOR, director. Ninguno agradable.
-Necesito pensarlo, profesora- razonó Wilbur, mareado y perturbado por las fotos y videos que allí había-. No sé por qué rayos dimitió McGrady, pero era competente.
-¿Le parece que esto deba pensarse y no piensa llamar de una vez? -la docente de origen indio se cruzó de brazos, sin esperar respuestas verbales.
-Por su bien...
Estuvo a punto de alzar el teléfono de la oficina cuando, de la nada, una cierta pelirroja de lentes entró intempestiva a la oficina, evitando a la secretaria y con el rostro turbado.
-¿Sabes que un estudiante no debe entrar sin avisar, Pessin? -cuestiona Wilbur, molesto por la actitud de la chica.
-¡Es urgente, director Huggins! -vociferó Penelope- ¡Hay una pelea en los pasillos!
~o~
La oficina del juez Vynal estaba a punto de ser abandonada. El susodicho ya había tomado su toga, listo para despachar los siguientes casos. Una demanda contra la gelateria Rosato, el asunto de un tal Frank Mora, trasladado de Chicago a Ingham, el sonado caso Savino ppr malversación de fondos y fraude al tener nexos a una cuenta ilegal en Panamá, el juicio de deportación de Roberto Santiago...
Un golpeteo a su puerta lo sacó de sus pensamientos. Abrió la puerta solo para ver a una mujer afroamericana alejarse sobre el pasillo a la izquierda, a la que reconoció como la fiscal. No le agradaba que una mujer se destaque, así sea gobernadora o senadora. Para él, las mujeres que se meten en asuntos de gobierno solo deben estar en puestos poco más que honoríficos.
Escuchó caer un sobre con una nota. Con prisa, leyó el mensaje.
El juicio Santiago se adelanta al mediodía. La defensa no está enterada del cambio.
J. Gronkowsky
~o~
Resulta curioso. Si bien el discurso de campaña del hoy mandatario estadounidense sonaba disparatado en lo referente a que la seguridad nacional de los Estados Unidos, lo cierto es que las cifras suelen ser sobre lo que se intenta meter. Cifras maquilladas a grosso modo, se dice. Se dan cifras exactas, y esto aplica para toda nación cuyo problema principal sea el narcotráfico, sobre la cantidad de drogas ingresadas. Lo que se oculta, y eso es por tener solo estimaciones de ello, es sobre las cantidades que entran.
Cifras estimadas maquilladas para tranquilizar a la población en general. Y todo para hacer ver que los impuestos se desquitan hasta las heces. Se habla de grandes decomisos, pero no de las entradas exitosas que terminan "envenenando a millones de americanos". ¿Y quién demonios, si hablamos de naciones, es la más drogada?
*abandona su búnker, apestando a drenaje y otras porquerías*
Dios mío... si sigo así, tendría que cobrarle a los webmasters un porcentaje modesto. Pero... se bien que hay fics más largos. Una cosa es segura. De seguir como sigo ahora, y de haber tomado una sugerencia dejada en las reviews, lo más seguro es que esta cosa tendría segunda temporada... y creo que agoté mis recursos en esto. Tanto como las libertades en el aspecto de recreación legal.
Palabras estimadas sin contar notas y respuestas... cerca de 380 mil. Y eso, al tanteo y con las correcciones pertinentes, que son muchas las que debo de hacer.
Como sea, ésta será la última vez que recomiende algo por aquí. Y ¿qué mejor? Las colaboraciones no son mi fuerte, pero el que UnderratedHero y Slash Torrance se carguen con un trabajo que promete brevedad y terror... siempre hay motivos para temer a las Sombras de la Noche.
Fun facts: el poema es una (creo) mala traducción de Espérame, del poeta ruso Konstantin Simonov. La transliteración la hallé mientras veía un documental de la SGM producido por Thames Television, televisora que subsistió hasta 1992...
Tercera vez que recurro a OCs de un solo capítulo. Y una de ellos tiene el apellido de alguien que odio profundamente *mastica un jersey de los New Englan Patriots con el apellido Gronkowsky en él*.
Respondiendo...
Sr. Kennedy, creo que ya tengo suficiente con Fuego y Furia. ¡Dios! Más material para el cierre... debo ajustarme.
En fin, con algo así (y lo que se viene), creo que conviene tener una salida. Digo, por donde entró la compañía de Thorin a la casa de Bardo en El Hobbit... mejor saco una máscara. No es la primera vez que pasa, ni la última Gracias, Dross. Las advertencias valieron queso. Y es la primera vez que inserto elementos de la nueva temporada (la "larguirucha" con quien Ronnie Anne chocó *suspira un poco*, las dotes de Luna más allá de la música...). No, Ronald no es hijo de Forrest. Recuerda, Trump satírico-paródico.
Bobby... aún tiene cosas y un proceso por pasar. Y originalmente tenía planeado algo así, pero no sé si ser fiel a eso... que Hettie disfrute su ataque de alergia.
¿Mencioné que no metí frijoles enlatados al búnker? ¿O que alguien, no doy nombres, se acabó la mermelada de fresa por sus antojos de algo dulce "para los nervios"?
Julex93, si hay pocas cosas buenas es mejor explotarlas tanto como sea posible, aunque esta vez ya fue invitable el choque de trenes. El que Luna desarrollara eso... consideremos que la chica es bastante pasional, y su relación con Bobby, pienso, puede tener dos puntos sin retorno. Uno de los cuales, bueno... Es curioso que uses el término "burbuja", aunque si va a pelo, pero lo del embarazo... puedes darte el lujo de dudar sobre la paternidad del niño.
Sobre Luna (de nuevo), ya es tiempo de cerrar arcos, y, en la presente, los de Luan y Chandler son prueba de ello. Otros tantos... "ahí, pa'la otra".
Bobby, solo digamos que, como el cocodrilo al matar. Cada vez más al fondo para ahogar. Vaya ironía. Y la charla Abbas-McBride, bueno... dejó una alérgica al pelo de gato. Saludos hasta Colombia, y que Simón no te reclute para el Friendzone Army.
J. Nagera... *se cruza de brazos* antes que nada, y ahora que me pongo a pensar, puedo culpar de ello, en parte, al bueno de Tad Williams y a su máximo referente (que ya el año pasado dio inicio la segunda parte... no, ni Otherland ni las andanzas del gato Cazarrabo). Muchos arcos que colisionan y terminan diluyéndose o chocando con líneas argumentales principales. Y me disculpo por sacarte del búnker, pero a alguien, y no lo quiero nombrar *ve al baño, pensando en quién demonios fue*, se le ocurrió tapar el baño por el exceso de frijoles (de los que metí bolsas, no latas) y mermelada que se desapareció. Ahora... *se pone a destapar el drenaje, que iba a ser su salida*... ciertamente es bueno releer. Siempre que algo se me escapa, la siempre confiable app es tan fiable como los documentos originales, tanto como ver los capítulos que dan cierta data complementaria.
¡Por fin! Alguien identificó al peliblanco del calvero hecho prostíbulo... el tipo nunca me agradó, de ahí su única utilidad. No hay broncas, igual ya en un chat solté una buena data sobre cierta psiquiatra... ojo si alguien le envía una piña. Bobby, de menos ya tuvo un respiro. Uno puede ser un pesado cuando renuncia a defenderse por cuestión de honra... o de vergüenza.
Tuve que sellar de golpe el asunto de las listas. Tal vez tirar el sitio no sea buena idea, pero... un pequeño bien causado por un gran mal es de agradecerse. Y esos dos... vaya que lo dejé bien cocinado. Como sea, Gareth ya es hombre muerto.
El legado... creo que, al menos cuando lo dejé en claro, obvié la carta. Si hay algo que, pienso, da lugar a un buen drama, es el suspenso y mantener ciertas pretensiones. Ya lo dije, lo visto en "Selfie improvement" fue de mucha ayuda... amén a que le patee las bolas al canon... dos veces *revisa de nuevo "Pipe dreams" y llora de alegría porque le fusilaron una idea al meter de forma activa a los insertos del staff... léase Fish 'n Luna*.
Los ojos de Lucy... es gracioso. Hay quienes se los han puesto azules, pardos e incluso verdes. Los dos tonos más raros que he tenido noticia... grises (una chica en mis años de secundaria era toda una belleza rara... rubia de ojos grises) y violetas (si mal no recuerdo, Elizabeth Taylor es la única persona registrada con dicho color, y ya está muerta). Para cerrar... creo que dejé una pequeña laguna que tuve que secar. Quizás el... "producto"... será mejor dejar en claro. Ya se ha visto que hay quien es tan bruto, en serio, que termina rompiendo el condón por la violencia con que llega a penetrar. No prometo nada hasta el epílogo. Por lo pronto, ya lo sabe Clyde.
La cuenta directo con la secre de Sr. Kennedy, porfa... igual ya alguien puso a Lori en una peor situación antes... y es de los primeros en dar seguimiento a este pasquín. Saludos.
Con afecto, y una botanita, Sam the Stormbringer.
*revisa Pipe Dreams y Fish 'n Luna de nuevo* Esos infelices... me volaron la idea... soy tan putamente feliz.
