Disclaimers en el capítulo 2 (sí en el 2, en ese tiempo amaba ir en contra de lo "normal"… y aun lo sigo haciendo XD)
No hay ninguna equivocación, usted ha recibido correctamente el mail donde decía que actualicé :D Y es que he decidido hacer un capítulo de Navidad, y como esta historia lo amerita, sí va a haber angst… y algo bien sexy también… ja!
Dividiré esta pequeña historia en los capítulos que sean necesarios, no quiero demorar más allá de Navidad en terminarlo así que atentas que actualizaré rápido.
Resumen: Luna, la hija de Emma y Regina, decide regalarle un deseo de Navidad a August con ayuda de un contrato con el Sr. Gold, lo que Luna no pensó es que para él siempre hay una letra chica. Aquel párrafo que no leyó hizo que su familia se desintegrara de la noche a la mañana, con Emma sin recordar nada de lo ocurrido desde que se enamoró de Regina y con la morena desesperada por tratar de hacerla recordar.
Capítulo especial de Navidad: Te regalo un deseo (parte I)
Ya habían pasado un poco más de cuatro años, y la vida de Emma y Regina se veían dentro de lo cotidiano en una familia, los chicos habían crecido bastante, Henry ya entraba en la adolescencia y Luna a pesar de sus cortos cinco años de edad aparentaba tener casi la misma que Henry, y es que Ruby no había mentido cuando le había advertido a Regina sobre el crecimiento de un licántropo. Todo eso se hizo aún más difícil para ambas en la crianza de la chica, porque con Henry había sido pausado y a su tiempo, con Luna era todo más rápido, desde algo tan simple como tenerle que comprar ropa más seguido hasta aceptar que con tan sólo cinco años ya debían explicarle lo que pasaba con los demás chicos y sus hormonas a esa edad. Fue difícil, pero con Ruby como madrina de la chica siempre tenían una ayuda extra, ella también iba criando a Raksha a la misma rapidez, por lo que siempre estuvo atenta a la crianza de Luna.
Con todo lo que conlleva la adolescencia, se sumaba el interés por los chicos, Luna siempre sintió en Raksha como un amigo de infancia, o al menos eso pensaba ella, nunca quiso mirarlo con otros ojos, se habían criado juntos así que por una razón o por otra siempre negaba un acercamiento más allá de la amistad. Así fue que por algún motivo puso los ojos en el mejor amigo de Henry, August, el hijo del carpintero de Storybrooke.
—Buen día Sr. Gold –dijo Luna entrando en la tienda- He venido por enésima vez a pedirle que me devuelva el libro de hechizos de mi madre –le sonrió mientras se apoyaba en el mostrador- en serio, lo necesito.
Gold se echó a reír de buena gana.
—Y yo por enésima vez te voy a decir que no es seguro que lo tengas ni hagas uso de él.
—Vamos, es por una buena causa –suspiró- Mire, si tanto quiere tenerlo, me lo presta y luego se lo devuelvo –Gold no decía nada- Mire de verdad esto me molesta, primeramente porque ese libro lo tenía en mi poder y Henry me lo robó, así que devuélvamelo de una vez por todas –le dijo ya enojada.
—¿Qué es lo que realmente necesitas?
Las mejillas de Luna se ruborizaron.
—Necesito una poción para regalar un deseo –no era necesario decirle para quién era así que continuó ya más despreocupada- Ya se viene Navidad y necesito hacer un regalo especial.
—Mmmmm especial, defíneme "especial" ¿Es para el chico que te gusta no?
Los ojos de Luna se desorbitaron.
—Bueno, sí, para ese tipo de personas, de las especiales –dijo con vergüenza.
—Insisto en que no te voy a dar ese libro, sin embargo puedo darte un hechizo para eso.
—¡¿En serio?! –dijo entusiasmada.
—Pero sabes que siempre necesito algo a cambio –hizo sonar los dedos y apareció encima del mostrador un pergamino con un contrato- solo debes firmar ahí –le mostró la línea punteada.
—Uhmmm, y eso que quiere a cambio ¿qué sería?
—Este regalo viene con otro regalo incluido para tus madres….
—Ah pues, si es así muy bien –le dijo interrumpiéndolo y sin leer nada Luna firmó apresuradamente bajo la mirada atónita de Gold.
—¿Tu madre nunca te enseñó a leer antes de firmar?
—Ahhh que aburrido son los adultos.
—Pfff jóvenes –Gold negó con la cabeza- Bien señorita, aquí tiene su poción y el pergamino que con el hechizo escrito con las instrucciones al reverso. Espero que después de esto tenga una buena Navidad.
—Igualmente señor Gold –tomó la poción, el pergamino y los guardó en su bolso, saliendo contenta por la puerta de la tienda.
La pequeña loba sabía que iba a ser difícil poder entregarle el presente a August el mismo día de Navidad, Regina era una maniática por las fechas importantes en familia, tener una discusión así con su madre sería tiempo perdido y energías mal gastadas, por lo demás, tampoco es que quisiera esperar mucho por entregarle su presente, estaba ansiosa por hacerle entender al chico que él era especial para ella. Así que sin pensárselo dos veces se fue a casa de August para entregárselo con anticipación, a fin de cuentas ¿Cuánto faltaba para Navidad? El sentido del regalo no se afectaría por entregárselo con una semana de anticipación.
—¿Qué es esto? –preguntó August mientras sacaba todo de su envoltorio.
—Es un hechizo para pedir un deseo –le apuntó al pergamino- el que tú quieras. No sabía qué regalarte así que pensé en que podías elegirlo tú mismo. Mira, tan sólo tienes que hacer lo que dice en el pergamino y ¡voilà! Deseo concedido.
August abrió los ojos atónito, al tiempo que sus manos comenzaban a temblar de la emoción, luego de recuperarse se abalanzó hacia Luna dándole un fuerte abrazo.
—Wow Luna, esto es demasiado, no sabes lo que esto puede significar para mí.
Inmediatamente la loba se puso nerviosa, sus mejillas se ruborizaron y las piernas comenzaron a temblarle. No iba a poder sostenerse así durante mucho tiempo y ya le estaba aterrando enfrentar una declaración de amor hacia el muchacho.
—Bueno –le dijo casi con un hilo de voz- debo irme, tengo un horario de llegada a casa, si no la bruja se enoja.
August rio de buena gana
—¿Hablas de Regina? La verdad es que siempre he pensado que es demasiado estirada y enojona.
—No siempre es así, Emma siempre me ayuda a calmarla cuando la saco de sus casillas –se rio junto con August.
—Por cierto, mándale saludos a tu otra mamá –sonrió de oreja a oreja.
—Dale. Bueno, me voy –miró la poción en las manos de August- No es necesario que esperes a Navidad para pedir tu deseo, hazlo cuando quieras.
—No creo que pueda esperar –se rio con emoción.
August la besó en la mejilla haciéndola ruborizar nuevamente, provocando que Luna apresurara su salida al sentirse tan tremendamente expuesta a sus sentimientos.
—Como quieras. Nos vemos pronto –le dijo mientras cerraba la puerta.
A la mañana siguiente
Emma luchaba por no despertar, se sentía tan a gusto bajo las sábanas, el calor en su cuerpo hacía que no quisiera sacar un pie fuera de la cama, más aún con aquella suave piel que se pegaba a la suya y ese olor a perfume añejo a manzanas que estaba respirando en un abrazo posesivo y contenedor hacía que bajo ninguna circunstancia quisiera abrir un ojo siquiera.
Tenía la leve sensación de estar soñando, algo no le cuadraba en las cosas que estaba sintiendo ahora mismo, ya un poco más consciente decidió abrir los ojos y fue allí donde se llevó la gran sorpresa. Estaba durmiendo abrazada de Regina Mills.
—¡Oh por Dios! – Se levantó de un golpe tapándose la cara- ¿Qué hago acá? –se preguntó con voz baja, temerosa de que la alcaldesa se despertara.
—¿Emma? –Preguntó con voz adormilada- ¿Qué ocurre?
Emma se levantó de un salto de la cama y comenzó a mirar hacia todos lados buscando su ropa de forma inútil.
—Debe ser eso del sonambulismo –trataba de taparse la desnudez pero el nerviosismo hacía de las suyas encontrándose moviéndose de un lado a otro sin poder hacer nada.
Regina se levantó de un golpe y despertó del todo al escuchar la palabra "sonambulismo" y es que Emma no había tenido ninguno de esos episodios desde que se habían casado, lo que la hizo ponerse alerta pensando en que luego de cinco años Morfeo haya regresado para hacer de las suyas.
—Emma cálmate –se le acercó cautelosa- debes estar media dormida aún –la tomó por las mejillas y la miró a los ojos- estoy aquí, nada malo va a pasar.
La cara de confusión de Emma era una poesía, lo que hizo que Regina encendiera las alertas, algo le pasaba, algo no estaba bien.
—Quiero vestirme –dijo Emma respirando rápido- ¡¿Qué demonios hago aquí!?
Rápidamente la morena cogió su bata de seda y se la entregó para que pudiera taparse, al tiempo en que irrumpían en la habitación Henry y Luna.
—¿Qué les pasa? –Preguntó Luna- los gritos se escuchan por toda la casa.
Henry llegaba tras la pequeña rubia con cara de asombro para cambiarla luego a una de desesperación al ver a Emma ahí.
—¿Mamá? –Preguntó Henry- ¿Qué haces acá? –Luego miró a Regina- ¿¡Qué le hiciste?! –le gritó mientras se interponía entre ambas.
Emma abrazó a Henry mientras miraba con miedo a la morena, la cual no podía esconder su rostro de preocupación y angustia. Estaba confundida, no entendía que le pasaba a Henry tampoco.
—Me parece que me perdí de algo –caminaba cautelosa hacia Regina y la abrazaba y miraba a Henry- ¿Por qué estas asustado Henry? Como si mamá fuera a hacerle algo a mami. –arrugó la frente.
—Y tú ¿Quién eres? –le preguntó Henry con cara de disgusto.
Luna y Regina se miraron con asombro y sorpresa, ninguna de las dos estaba entendiendo nada de lo que estaba ocurriendo.
—Necesito vestirme y llamar a August –dijo Emma mientras reconocía su teléfono en la mesita de noche y lo tomaba rápidamente.
—¿August? –preguntó Luna arrugando la frente mientras miraba a Henry que la miraba de la misma forma.
—El novio de mi mami –dijo Henry como si fuera obvio.
Luna cerró los ojos y se tomó la cara entendiendo muy bien lo que había pasado.
—Demonios –se rascó la cabeza desordenando aún más sus rizos dorados- estoy en problemas- murmuró.
A regañadientes y entendiendo aún menos que antes Regina buscaba ropa de Emma y la dejaba en la cama tirándola de forma brusca. Miles de cosas se le pasaban por la mente, ya no sabía si Morfeo tenía que ver en todo esto, ¿Acaso Emma la había engañado con un niño? ¿Qué demonios estaba diciendo Henry? ¿Novio de mami? ¿Estaban hablando del mismo August? Tantas preguntas sin sentido, aun así la angustia crecía más y más.
Bajaron al salón en un silencio incómodo, sus caras eran de confusión y se miraban como si trataran de encontrar la respuesta en alguno de los cuatro. Emma comenzó a pasearse de un lado a otro, a veces miraba a Regina de reojo, otras veces a Luna. Regina estaba parada en de brazos cruzados a punto de soltar una lágrima, otras veces a punto de sucumbir a la ira y tomar por el brazo a Emma y hacerla volver a la habitación.
De pronto llamaron a la puerta y Regina corrió a abrirla.
—¿August? –Regina se tapaba la boca de impresión.
Emma salió corriendo hacia sus brazos mientras miraba a Regina que seguía así de sorprendida.
Luna se quedó con los ojos abiertos mirando al vacío mientras se tiraba en peso muerto en el sillón, dejando caer una lágrima sin quererlo. ¿Ese había sido su deseo? El August que ahí veía era un hombre hecho y derecho de aproximadamente unos treinta y tantos, pero sí, definitivamente era él. Ahora entendía el por qué siempre se quedaba mirándola como bobo cuando le hablaba de Emma, no era por ella, él estaba enamorado de su mamá.
—Luego te explico todo –le dijo Emma al hombre de ojos claros. Miró a Regina sin saber muy bien qué decirle- Perdóname, prometo que esta es la última vez que ocurrirá, entiende que no soy consciente de lo que hago dormida –Miró a Henry y le hizo una seña para que se fuera con ella- Despídete de tu madre.
Henry pasó por el lado de Regina sin siquiera mirarla, casi le pasó por el lado empujándola para luego cerrar la puerta bruscamente.
—¿Qué… fue todo eso? –preguntó Regina aun mirando la puerta ya cerrada, absorta en sus pensamientos de lo rápido que había pasado todo.
No recibió respuesta alguna, sin embargo un pequeño sollozo la hizo darse vuelta a mirar a Luna que jugaba nerviosa con el puño de su pijama mientras lloraba muy discretamente. Se sentó en el sillón a su lado y le acarició su larga melena y la quedó mirando esperando a que dijera algo, y la verdad es que ella no sabía qué decirle, no entendía absolutamente nada.
—Es mi culpa mamá –la miró con ojos llenos de angustia, como si buscara su perdón- yo le regalé un hechizo a August para que pidiera un deseo –bajó su mirada avergonzada- pensé que si le daba algo especial se fijaría en mí, pero bueno –volvió a sollozar- él está más interesado en mami que en mí. Al parecer su deseo fue convertirse en adulto y ser el novio de ella.
Regina miró al cielo y cerró los ojos mientras varias lágrimas caían por sus ojos.
—¿Cómo conseguiste eso? –le dijo tratando de sonar calmada.
—Firmé un contrato con el señor Gold –finalmente soltó el llanto- y no lo leí –dijo con dificultad mientras se tiraba a los brazos de Regina apretándose fuerte, como si no tuviera perdón de ella.
—Ve a tu habitación, te vistes y bajas de inmediato –le dijo mientras le rascaba la cabeza para calmarla- vamos a solucionar esto ahora mismo.
—¿No estas enojada? –le preguntó ahora más calmada al ver la reacción de su madre.
—Ohhhh cariño –se rio sarcástica- lo estoy y no sabes cuánto, pero no precisamente contigo.
Un estruendo en la puerta de la tienda de Gold hacía estremecer las paredes al paso que Luna entraba furibunda dirigiéndose directamente al mostrador donde Gold limpiaba uno de sus objetos tranquilamente. Seguida de Regina con la misma o peor cara.
—¡Dijiste que la letra chica decía que había un regalo para mis madres! –le gritó golpeando el mostrador.
—Vaya –Gold levantó las cejas- aprendes rápido de las maneras de tu madre.
—No desvíes el tema Gold –le dijo Regina con voz profunda, llena de ira- te aprovechaste de la ingenuidad de una niña, ¿Qué es lo que pretendes ahora destruyendo a mi familia?
—A ver, primeramente fue tu hija la que vino aquí en busca de ayuda, podría habértela pedido a ti pero… -soltó el objeto que limpiaba- ¿acaso no confía en ti?
—En mi casa no se usa magia de forma indiscriminada –Regina bajo el tono de la voz, lo que le había dicho Gold con respecto a la confianza le había dolido en lo más profundo- de todas formas, por la razón que fuera que haya venido mi hija no fue justo hacerla firmar, debiste haberle leído todo el contrato.
—Y se lo iba a leer, pero tiene lo de su otra madre, a veces actúa sin pensar.
—¿Qué dices? –le reclamó Luna enojada.
—¡Firmaste antes de explicártelo todo!
—Bien, perfecto, mi hija es una adolescente y es normal. Ahora necesito que me expliques cómo solucionar esto Gold –le dijo Regina
—Luna, podrías dejarnos a solas con tu madre –le dijo Gold señalándole la salida- es mejor que nos dejes a nosotros hablar de esto -Sin muchas ganas, Luna salía por la puerta igual de enojada que cuando entró- ¿Belle? –miró para atrás de la tienda.
—Lo siento, no quise importunar ¿Ocurre algo?
—Ve afuera un momento cariño.
Sin decir nada, Belle salió de la tiendo, apenas mirando a Regina, mirándola casi con miedo de importunarla con su presencia.
—¿Qué es lo que ocurre Gold? Me parece que esto no solo se trata de Emma. Todo el mundo me mira como si fuera algo despreciable.
—Te lo resumo –Gold salió del mostrador para quedar frente a Regina- Emma ha perdido su memoria, ella y todo Storybrooke. Prácticamente, los recuerdos de todos se quedaron estancados poco antes de que Emma aceptara que estaba enamorada de ti.
—No recuerda nada –Regina se tapaba la boca incrédula- nada de toda nuestra historia, nada de nada.
—Ni ella ni nadie, para el pueblo sigues siendo la reina malvada en el puesto de la alcaldía.
—Espera un momento ¿Cómo es que Luna no se vio afectada? Incluso tú.
—Ciertos seres mágicos no caen tan fácilmente bajo los hechizos. Ni Luna ni ningún licántropo. Ni yo, que aún sigo siendo el Oscuro –sonrió.
—Espera, hay otra cosa que no puedo entender –se tomaba la cabeza tratando de ordenar sus ideas mientras se paseaba- todo esto… ¿Es a causa de un simple deseo de August?
—No precisamente –Gold suspiró- yo sólo vi la oportunidad de darte mi regalo de Navidad y la tomé.
—¿Un regalo? –Se comenzó a reír nerviosa- ¡¿En serio?! –Regina ya iba a perder la paciencia- Basta de juegos Gold, tan solo dime como soluciono esto lo antes posible.
—Es simple, un beso de amor verdadero.
—Bueno en ese caso –Regina comenzaba a pensarlo y a reaccionar más racional- eso es fácil, sólo tengo que besarla y ya ¿no?
—Mmmm no es tan fácil como supones. El beso te lo tiene que dar ella, tiene que nacer de ella misma.
—Ahora sí me jodiste la vida Gold –Regina ya estaba a punto de llorar- ¿Cómo se supone que voy a lograr eso? ¡Si hasta tiene novio! –una lágrima se dejó caer por su mejilla- ¿Por qué haces esto Gold? Nosotras estábamos bien, vivíamos bien, estábamos haciendo todo…
—Monótono –la interrumpió Gold. La tomó por los hombros, frotándolos para que se calmara.- Vamos Regina no te engañes, ustedes se estaban olvidando de las cosas que amaban la una de la otra. Después de cinco años cada una tomó su zona de confort. ¿Acaso no extrañas las cosas que hacían cuando recién se habían casado?
—Yo la amo ¿Acaso eso no basta?
—Yo sé que se aman –le sonrió- Hasta el fin de los tiempos ¿Recuerdas? –la abrazó y la condujo hasta la puerta- Regina, lo único que tienes que hacer es que Emma se enamore nuevamente de ti, y estoy seguro de que eso va a pasar, pero tienes que poner de tu parte. Además no vas a estar sola, recuerda, tienes a los lobos de tu parte.
La besó en la frente y la dejó salir mientras Belle entraba de brazos cruzados con cara de preocupación.
—¿Qué está pasando cariño?
—Nada, simplemente hilando oro… un nuevo bordado se ha comenzado a dibujar.
Continuará…
Me parece que esta pequeña historia tiene mucho de su esencia original, así que creo que muchas van a volver a sentir esa sensación familiar cuando sigan leyéndola.
Hace más de dos años y medio que esta historia dijo fin, sin embargo no pude pensar en otra cuando decidí escribir el especial de Navidad, como siempre digo, esta historia tiene más de mí de lo que imaginan, así que trátenla con cariño XD
Besos y siempre gracias por sus comentarios.
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