Capítulo 35.
La euforia por la victoria de Gryffindor se extendió durante todo el día siguiente al partido, en especial entre los estudiantes y antiguos pertenecientes a la casa del león, aunque las casas de Hufflepuff y Ravenclaw (ésta última no tanto, porque Gryffindor les había arrebatado la victoria a ellos) también mostraban una relajada satisfacción dado el hecho de que no fue Slytherin la que consiguiera la victoria. Tan inmersos estaban en el partido que había terminado en una victoria casi milagrosa, que los estudiantes de quinto y séptimo, en especial de Gryffindor, no encontraban la manera de concentrarse en sus estudios para los exámenes próximos.
Pero a medida que pasaban las horas, anunciando que los TIMOs y EXTASIS se acercaban rápidamente, los esfuerzos por retomar los repasos se endurecieron. Ya para el día siguiente, sólo los estudiantes que no debía presentar alguno de esos dos exámenes seguían comentando el partido. La Biblioteca volvió a llenarse de alumnos estresados que se dirigían ahí en busca de un rincón silencioso donde estudiar, con acceso cercano a los libros que necesitaban.
El clima mejoró aún más en cuestión de pocos días. Las nubes desaparecieron completamente del cielo, permitiendo que el sol brillara a su antojo y los bañara con sus cálidos rayos. La superficie del lago era completamente lisa, como un espejo, perturbado solamente cuando el calamar gigante subía a la superficie a disfrutar un poco del cálido inicio del verano. El renovado césped era acariciado por la suave y fresca brisa de junio, trayendo consigo, finalmente, los TIMOs.
Los profesores dejaron de mandarles tareas a los estudiantes, y las clases eran dedicadas a repasar los temas que los docentes creían más probables para aparecer en los exámenes. Aquella atmósfera apartó la mente de todos los involucrados con los exámenes de todo lo que no tuviera que ver con ellos. Incluso Claire se encontró particularmente atareada en aquella época directamente anterior a los exámenes. Como a varios de los profesores, le habían pedido que ayudara a vigilar el correcto transcurso de las pruebas, tanto teóricas como prácticas. Y dado que ella no tenía clases que enseñar, la directora consideró que su "tiempo libre" sería mejor utilizado con aquellas tareas. La mayoría de los exámenes serían vigilados por ella, en compañía del Inspector Hielsen además del examinador del ministerio correspondiente.
Claire no había encontrado particular gusto en que llamara a sus obligaciones como consejera "tiempo libre", en especial cuando aquellos últimos días apenas si había encontrado tiempo para desayunar, almorzar y cenar entre todos los estudiantes que se acercaban a su oficina para pedir ayuda con sus estudios o simplemente en busca de un desahogo de todo el estrés que estaban sufriendo. Había tenido que ampliar su horario de recibimiento en su oficina casi hasta la hora límite permitida para que los estudiantes anduvieran por los pasillos para poder tener la oportunidad de recibirlos a todos. O a la mayoría, por lo menos. Era una suerte, visto desde el punto de vista de la optimización de su tiempo, que muchos de los estudiantes que iban a verla, sobre todo las chicas, terminaban llorando a mitad de su consulta. Claire sólo tenía que darles ánimo, ofrecerlos algo de chocolate y conversar con ellos, entregarles algunos puntos importantes sobre los exámenes y, en casos más extremos, acompañarlos a la enfermería para que Madam Pomfrey les diera un tónico para los nervios.
También se le había solicitado, al igual que a Hielsen, que estuviera al pendiente de la venta ilegal de supuestos productos que ayudaban a la concentración, la agilidad mental, la memoria y el desvelo. Naturalmente, para mantener una vigilancia completa, el Inspector y ella habían informado a los Prefectos de cada casa para que vigilaran dentro de las Salas Comunes.
Aquel primer viernes de junio, al igual que los estudiantes que serían examinados, Claire recibió los horarios de los exámenes que supervisaría junto a los examinadores. La primera semana de exámenes la supervisaría prácticamente ella solamente, pero pudo notar que los turnos entre los profesores desocupados, el Inspector Hielsen y Umbridge se intercambiaban regularmente.
- Por supuesto. – comentó Claire, con un suspiro. – Atiborremos aún más el calendario de la consejera…
Claire sabía que Umbridge le había dado toda esa carga extra como una manera absurda e inmadura de vengarse por, bueno, por todo. Pero sabía que no había nada que hacer. El genio de la Directora estaba sumamente voluble aquellos días. Lo que era, dentro de todo, comprensible, pues los resultados de aquellos exámenes reflejarían en gran parte la efectividad de su manera de dirigir el colegio.
No le dio muchas más vueltas al asunto, pues tenía que organizarse para estar preparada para estar presente en cada examen en la que la requería su jefa. Aquel día domingo antes del inicio de los TIMOs, no alcanzaba a despedir a algún estudiante que entraba para hablar con ella y hacerle consultas antes de que el siguiente pidiera pasar. Y a pesar de estar agotada, sabiendo que un par de semanas muy pesadas se le venían encima al tener que combinar sus responsabilidades normales con las adicionales, se dio el tiempo de escuchar y ayudar como pudiera a cada chico que fuera en su búsqueda. Aquel día ni siquiera almorzó para poder estar ahí para absolutamente todos quienes requerían su asistencia.
Así que para la hora de la cena, estaba completamente hambrienta. Tras despedir al último de los estudiantes de aquel día, un chico de Hufflepuff que le hizo algunas preguntas sobre unas cuantas leyes mágicas (entraban en su TIMO de Historia de la Magia), colgó un horario en la puerta de su oficina donde señalaba su ausencia durante la mayor parte de los exámenes de las próximas dos semanas, y se fue al Gran Comedor.
La cena transcurrió sin mucho ánimo aquella noche. No sólo los de quinto y séptimo comenzarían sus exámenes la semana que estaba por llegar, el resto de los cursos también comenzarían sus períodos de exámenes esos días.
Los examinadores llegaron durante la cena, y causaron revuelo entre los estudiantes, y en Umbridge. Claire sonrió desde lo alto de la mesa de profesores al ver a los mismos ancianos que la habían examinado a ella durante sus TIMOs y EXTASIS, y apurando lo que quedaba de comida en su plato, finalizó su cena antes de ir a reunirse con todos los profesores en la sala de maestros para las instrucciones que seguramente daban todos los años.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
El desayuno de aquel lunes fue más silencioso que la cena de la noche anterior. En las cuatro largas mesas de las casas podían verse estudiantes practicando hechizos de última hora, o repasando acontecimientos importantes o instrucciones en voz baja y con ojos cerrados. Y, claro, también había chicos bastante más confiados o ya completamente resignados que solo se dedicaban a comer.
Una vez que el desayuno terminó, todos los estudiantes abandonaron el Gran Comedor, con los de quinto y séptimo agrupándose en el vestíbulo. Como parte de las tareas que le habían asignado para aquel primer día de exámenes, Claire era la encargada de arreglar las mesas para que los alumnos pudieran rendir sus exámenes teóricos. De hecho, tenía aquella tarea todos los días durante la duración de los TIMOs y EXTASIS. Claire estaba convencida de que Umbridge le había dejado aquella tarea porque era aburrida y repetitiva, y bastante simple como para que la directora o un profesor se encargara.
Claire se puso de pie sobre la plataforma elevada en la que descansaba la mesa de profesores y blandió su varita, y las cuatro largas mesas de las casas desaparecieron. La consejera agitó la varita una vez más y otra más, y otra, y pronto el Gran Comedor estuvo equipado con todos los pupitres individuales necesarios para los exámenes de aquel día, ordenados impecable y simétricamente a la misma distancia entre ellos, luego pasó a repartir los pergaminos de preguntas, una por pupitre. Miró a la profesora McGonagall, quien asintió en señal de aprobación, y se volvió para dirigirse hacia las puertas, con una lista en mano.
Llamó a los estudiantes por clases, primero a los de Slytherin de quinto, luego de los de séptimo. Después a los Ravenclaw, de igual manera. Después a los de Hufflepuff y, finalmente, a los de Gryffindor. Se permitió dedicarles un guiño a sus tres Gryffindor consentidos cuando pasaron a su lado. La ubicación era sencilla; estudiantes de distinta casa y de distinto curso se sentaban intercalados hacia los lados y hacia atrás, para evitar los intentos de copia entre compañeros. Además, por decisión mayoritaria, los estudiantes de Slytherin, que estadísticamente eran los sorprendidos haciendo trampa con mayor frecuencia, se sentaban mayoritariamente en posiciones cercanas al frente.
La profesora McGonagall, de pie frente a la mesa de profesores, se encargaría de vigilar desde ahí, mientras Claire se paseaba entre los pupitres en silencio, también vigilando. Una vez estuvieron ordenados y sosegados, la profesora McGonagall volteó un enorme reloj de arena y declaró que podían comenzar; y así los exámenes de Encantamientos dieron comienzo.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
El examen terminó sin ningún incidente, dos horas después. Los pergaminos fueron retirados y los estudiantes pudieron salir del Gran Comedor para descansar o prepararse para el examen práctico de aquella misma tarde.
- Bueno, no ha sido tan horrible, ¿verdad? - preguntó Hermione con ansiedad en el Vestíbulo de Entrada. - No estoy segura de si hice todo lo posible en Encantamientos Vigorizantes, me quedé apenas sin tiempo. ¿Añadieron el conjuro contra el hipo? No estaba segura si debía, me parecía demasiado... y en la pregunta veintitrés...
- Hermione. - expresó Ron, con seriedad. - ya discutimos esto antes... no vamos a repasar cada examen una vez finalizado, ya es bastante horrible hacerlos una vez.
- Hey, chicos… - llamó Claire, dándoles alcance. Los tres se voltearon a verla. - ¿Les ha salido bien el examen?
Harry y Ron contestaron vagamente, pero Hermione aprovechó la presencia de la consejera para hacerle consultas acerca de lo que ella había respondido con algo más de detalle, algo que ellos dos no estaban dispuestos a hacer.
Los de quinto año almorzaron con el resto del colegio (las cuatro mesas de las casas reaparecieron a la hora de la comida), y luego se marcharon en tropel a una pequeña cámara al lado del Gran Comedor, en donde tenían que esperar antes de la llamada para su examen práctico. Mientras pequeños grupos de estudiantes eran llamados en orden alfabético, los que quedaban detrás murmuraban encantamientos y practicaban movimientos de varita, de vez en cuando apuntando en la espalda o el ojo de otro por error.
Claire se asomó y llamó a Hermione. Temblando, dejó la cámara junto a Anthony Goldstein, Gregory Goyle y Daphne Greengrass. Los estudiantes que ya habían sido examinados no regresaban, por lo que Harry y Ron no tenían ni idea de cómo le había ido a Hermione.
- Lo hará bien. ¿Recuerdas que obtuvo un ciento doce por ciento en una de nuestras pruebas de Encantamientos? - comentó Ron.
Diez minutos después, Claire volvió a aparecer y llamó:
- Parkinson, Pansy; Patil, Padma; Patil, Parvati; Potter, Harry.
- Buena suerte. - le deseó Ron, tranquilamente. Harry caminó hacia el Gran Comedor, aferrando su varita con tal fuerza que su mano se estremeció.
- El Profesor Tofty está libre, Potter. - chilló el profesor Flitwick, que estaba de pie justo en la puerta. Le indicó a Harry el que parecía ser el examinador más viejo y más calvo, que estaba sentado detrás de una pequeña mesa, en una esquina alejada, a poca distancia de la profesora Marchbanks, que se encontraba en la mitad de la prueba de Draco Malfoy.
- Potter, ¿verdad? - preguntó el profesor Tofty mientras se acercaba, consultando sus notas y mirándolo con insistencia por encima de sus lentes. - ¿El famoso Potter?
Por el rabillo del ojo vio claramente que Malfoy le lanzaba una mirada mordaz; la copa de vino que Draco estaba haciendo levitar cayó al suelo y se rompió. Harry no pudo contener una risita. El profesor Tofty le devolvió la sonrisa alentadoramente.
- Eso es. - le animó con su vieja voz temblorosa. - No hace falta ponerse nervioso... Ahora, si te pidiese que cogieras esa huevera y la hicieras dar unas volteretas para mí...
Desde la puerta, junto al profesor Flitwick, Claire sonrió cuando Harry apuntó su varita hacia la huevera y ésta comenzó a dar volteretas, y no pudo evitar recordar la época en la que ella dio sus exámenes. Luego, el profesor Tofty le indicó que levitara esa misma huevera, cosa que Harry hizo sin problemas.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Junio, 1986.
Claire White, una estudiante de Gryffindor delgada y de cabello negro, agitó su varita con suavidad y la apuntó hacia el canario que estaba dentro de la jaula frente a ella.
- Multicorfors. – pronunció con claridad.
La pequeña ave emitió un suave canto antes de que el color amarillo de sus plumas cambió a un rojo opaco, como el que le habían pedido. Detrás de la jaula, la profesora Marchbanks asintió e hizo una corta anotación en su hoja de examinación. Luego la miró a ella a los ojos.
- Buen trabajo. – le dijo con satisfacción. – Ahora, si pudieras hacer que el canario tome el tamaño de un cuervo, por favor.
Claire sonrió y asintió, apuntando su varita al canario nuevamente.
- Engorgio. – conjuró, y el pequeño pájaro comenzó a crecer a un ritmo constante, hasta que ella calculó que era suficiente y detuvo el hechizo.
Una leve sonrisa se dibujó en el los arrugados labios de la examinadora antes de que anotara nuevamente en su hoja de examinación, luego levantó la vista y le asintió.
- Eso ha sido todo, señorita White. Puede retirarse.
Claire le dedicó una cortés reverencia con una sonrisa antes de hacerse a un lado y dirigirse hacia la salida del Gran Comedor. Le sonrió al profesor Flitwick cuando pasó por su lado y, como seguramente todos sus compañeros de curso hicieron antes que ella, se dirigió hacia la Sala Común para un breve repaso para su Examen de Transformaciones del día siguiente antes de cenar.
Entró por el agujero detrás del retrato y se encontró con varios de sus compañeros sumergidos en montañas de apuntes y libros, leyendo a toda su capacidad para memorizar lo que más pudieran para la prueba del día siguiente. Al verlos a todos así de estresados, se le quitaron las ganas de repasar. Por suerte, sentado en uno de los sillones en el centro de la sala, vio a su amigo Bill, de un curso inferior, quien leía con tranquilidad algunos de los folletos informativos sobre carreras mágicas que les habían repartido a los de quinto, y que éstos habían dejado por ahí.
Sonrió y se acercó para sentarse a su lado.
- ¿Escogiendo una carrera, Weasley? – le preguntó con completa confianza, haciendo que dejara de leer y la mirara.
Bill simplemente emitió una risa y dejó el folleto sobre la mesa de centro.
- ¿Qué tal ha estado el examen? – preguntó.
- Nada del otro mundo, la verdad. – respondió la chica, subiendo las piernas al sillón para acomodarse mejor. – Me hicieron levitar algunas cosas, mover algunas otras, cambiarle el color a un canario y agrandarlo.
Claire se encogió de hombros.
- Solo espero haberlo hecho lo mejor posible.
- Seguramente lo hiciste. – confirmó Bill, sonriente. – Eres la mejor de tu curso en Encantamientos.
Claire iba a negarlo, por modestia; no le gustaba ser señalada de esa forma. Pero un niño de segundo la interrumpió antes de que pudiera hacerlo.
- Y en Transformaciones, y Pociones, y Defensa… - agregó Charlie Weasley, apareciendo desde atrás del sillón y sonriendo de modo burlón. – Y Astronomía, y Aritmancia, y Runas y Cuidado de Cr…
Bill tapó la boca de su hermano menor con una mano.
- ¿No deberías estar haciendo tarea? – preguntó Bill, molesto.
- Ya la hice. – aseguró Charlie, quitándose la mano de encima del rostro.
- Me cuesta creerlo. – Bill rodó los ojos.
Claire los miraba a ambos. Siempre le asombraba la diferencia entre ellos dos. Bill, un muchacho maduro, bastante para sus catorce años, responsable, trabajador y aplicado, era completamente diferente a su pequeño hermano, quien era travieso, gracioso y, si bien no era mal estudiante, que priorizaba la diversión por sobre los estudios. Incluso, dejando de lado el cabello rojo y las pecas, de las cuales Charlie tenía tantas que casi parecía moreno, físicamente eran completamente distintos. Bill era alto y delgado; Claire estaba segura de que era el más alto de los estudiantes del rango de trece a quince años. Charlie, por el contrario, era más bajo, aunque se hallaba dentro de lo normal para su edad, pero era bastante fornido para tener solo doce años.
- ¿Te han dejado mucha tarea, Charlie? – quiso saber Claire, sonriéndole al chico.
Charlie negó, lleno de energía.
- La profesora McGonagall nos mandó a hacer un resumen de medio pie del conjuro para convertir animales en copas de cristal. – respondió el niño. – Y ya lo hice.
Claire alzó una ceja y lo miró a los ojos, con una sonrisa incrédula en los labios. Charlie le sostuvo la mirada durante algunos segundos antes de suspirar.
- Bueno, me faltan unos centímetros. – confesó finalmente.
Claire sonrió, victoriosa.
- Tráeme lo que tienes y veamos cómo podemos llenar esos centímetros. – le ofreció.
Le gustaba ayudar a los más chicos, era una buena forma de repasar cosas que ya sabía. Pero sentía especial debilidad por el hermano mejor de uno de sus mejores amigos. Charlie sonrió y asintió, antes de salir corriendo hacia los dormitorios para buscar el pergamino donde tenía escrito su resumen.
Bill observó cómo su hermano se retiraba antes de volverse hacia Claire, alzando una de sus cejas.
- Mi madre te cogió mucho cariño el año pasado por ayudarlo con sus estudios. – le recordó Bill. – Si sigues así, pronto te adorará.
Claire emitió una risita.
- Oh, no es nada. – aseguró. - ¿Le diste mi agradecimiento por el huevo de chocolate que me envió?
- Lo hice. – respondió Bill.
Y Charlie regresó con un corto trozo de pergamino. Claire le echó una leída a lo que había escrito y agregó algunos puntos para que él completara, así como algunas correcciones ortográficas. En menos de diez minutos, Charlie tuvo un bosquejo de un resumen más acorde a lo que le había pedido McGonagall.
El chico se retiró para volver a escribir todo en un pergamino nuevo, dejando a Bill y Claire solos nuevamente.
- Oh, sí. Te adorará de aquí al final del año. – dijo Bill, divertido. Claire rio. - ¿Y qué tal estás para mañana?
Claire lo pensó un segundo.
- Tranquila y confiada. – dijo, y sonrió.
Hola! Otra capi para ustedes!
Les está gustando?
Si es así, por favor dejen un review con comentarios. Me animaría mucho ;)
Esperen una sorpresa dentro de poco; una sorpresa que espero les guste :)
Saludos a todos!
