Capítulo 35: Norrington Vende su Alma y Billy Hace Nuevos Amigos

Habían pasado cerca de quince minutos cuando Jacky Sparrow decidió que ya había llorado todo lo necesario y que eso no la llevaría a nada, así que resolvió que era tiempo de tomar al toro por las astas y hacer algo al respecto con su situación actual.

—Bueno —dijo mientras se secaba las lágrimas con las manos—, de nada me vale ponerme a llorar como una mozuela. ¿Qué se diría de mí si me vieran llorar de esta manera por un hombre? ¡Buena la he hecho! Mejor bajo a la taberna para tomarme unas jarras de ron y conseguir el valor necesario que me hace falta para reconquistar a Norry… que me imagino que ya debe haber pensado muy bien sobre todo lo que le dije…

Se calló, y mirando con tristeza hacia la botella de ron que se había hecho pedazos cuando la lanzó contra la pared presa de la desesperación y la angustia, dijo apesadumbrada:

—Es increíble lo que uno puede llegar a hacer cuando se está desesperado por amor…

Mientras tanto, en la habitación de al lado, sentado sobre el sucio y viejo piso de madera, James Norrington mantenía su cabeza oculta entre los brazos que descansaban sobre las rodillas. El silencio y la oscuridad reinantes en aquel cuartucho le habían dado el tiempo y la tranquilidad suficientes como para poder pensar en las inesperadas confesiones de amor de Jacky Sparrow. A pesar de su embriaguez, su mente seguía lo bastante despejada como para poder llegar a una conclusión de la que esperaba no arrepentirse en el futuro: no tenía sentido que Jacky le hubiera confesado su amor cuando él ya no poseía nada de lo que supuestamente la había acercado a él, por lo tanto, había decidido darle otra oportunidad a su querida pirata.

"Me dijo que me ama —pensó emocionado—. Me ama a pesar de que yo ya no soy nada ni nadie. Realmente a ella jamás le importó mi rango, ¡solamente le importé yo! ¡Yo!".

Ya decidido con lo que iba a hacer, James se puso penosamente en pie y se dirigió hacia la puerta para salir en busca de su amada y darle las buenas nuevas, pero, cuando la abrió, enorme fue su sorpresa al encontrarse frente a frente con el almirante George Jacobson.

—¡Almirante Jacobson! ¿Pero qué hace usted aquí? —le preguntó estupefacto.

—Vine a arreglar algunos asuntos con usted, comodoro Norrington —le contestó con su falso tono masculino—. Hágame el favor de dejarme entrar para que podamos tratar a solas la propuesta que le vengo a exponer.

James tardó unos segundos en asimilar aquella imprevista visita y, haciéndose a un lado, dejó pasar dentro del cuarto a quien antes había sido su mejor amiga.

Tan sólo por algunos minutos, Isabel y Jacky no se habían cruzado en el camino, afortunadamente para la segunda, pues ésta lo hubiera pasado muy mal. Para cuando Isabel había entrado al cuarto de James, la pirata había salido del suyo y se había dirigido directamente hacia la taberna.

—¿Pasó algo durante mi ausencia, Mabel? No me digas que se acabó el ron —preguntó mientras miraba a su alrededor y notaba a todo el mundo completamente atemorizado.

—No lo vas a poder creer —comentó la obesa tabernera—, pero hace un momento entró a este respetable negocio ese asqueroso almirante a quienes todos odian y temen.

—Quizás vino a beber tu maravilloso ron… —bromeó Jacky, acodándose sobre la barra y sirviéndose ron en una sucia jarra, sabiendo muy bien a quién se refería la mujer.

—O tal vez vino a visitar a tu noviecito —propuso maliciosamente la tabernera.

Apenas terminó de escuchar esto, Jacky escupió lo que había tomado sobre la cara de la mujer.

—¡¿Cómo?! —exclamó terriblemente sorprendida para luego mirar hacia el piso de arriba, preocupada.

—¡Ja! ¡Ya sabía que tú eras la que había arruinado a ese condenado inglés! —festejó la mujer.

—¿Bromeas? Ya te dije soy la sobrina... de un primo hermano...conocido... un vecino... pariente lejano... que no ha visto en muchos años... y tantas otras cosas más… —y mientras decía esto, había tomado una botella de ron y se había dirigido discretamente hacia las escaleras con la intención de llegar sigilosamente hasta la habitación de James y escuchar detrás de la puerta. Tanta precauciones había tomado a su paso, que casi se cayó escaleras abajo al errarle a los escalones. Una vez frente a la puerta deseada, pegó la oreja en ella, tratando de escuchar algo de lo que allí se decía mientras que, de vez en cuando, tomaba unos sorbos de su botella. Jacky frunció el entrecejo bastante disgustada, los clientes de abajo hacían demasiado ruido como para poder llegar a oír algo detrás de la puerta.

—¡Shiiit! ¿Es que no pueden hacer menos alboroto? ¡Aquí hay gente tratando de espiar! —pidió en un susurro mientras abanicaba la mano, pero, como es de suponerse, nadie la escuchó ni le hizo caso.

Soltando una sarta de palabrotas en voz baja, los ojos negros de nuestra protagonista se toparon con un vaso. Sonriendo de oreja a oreja, lo alzó del suelo y lo contempló llena de felicidad.

—¡No hay nada como un vaso para poder escuchar detrás de las puertas! —exclamó con júbilo, e inmediatamente lo llenó de ron y procedió a beber de él, pero se detuvo cuando sus labios casi tocaron el vaso, dandose cuenta de que había actuado por instinto.

—Es verdad, para esto no era… —murmuró, y se lo tomó de un solo trago.

Cuando hubo terminado, contempló el vaso vacío y declaró mientras alzaba los hombros:

—"El hombre es un animal de costumbres…".

Y colocando la boca del vaso sobre la puerta de madera, pegó su oreja en la base y se dedicó a adivinar lo que allí se decía.

Una vez adentro y con la puerta bien cerrada, Isabel se dedicó a echarle una mirada de desaprobación a todo aquel precario y asqueroso lugar. ¿Cómo era posible que su amigo viviera en esa pocilga?

—Ha elegido un lugar apropiado para su lamentable estado, comodoro Norrington —opinó pensativa.

—Hace tiempo que ya no soy comodoro, almirante Jacobson… —le confesó Norrington—, pensé que ya lo sabía.

—Ya estaba al tanto de eso, comodoro Norrington, y de todo lo demás también. Todo —aclaró mientras giraba lentamente sobre los talones y lo miraba detenidamente con una mezcla de enfado y decepción.

James no pudo mantenerle la mirada, la vergüenza lo invadió, desvió sus ojos verdes al suelo y, dando un suspiro entre ansioso y desesperado, se dejó caer sobre una silla, tomándose la cabeza entre las manos.

—Debes estar muy decepcionado conmigo… —dijo—. Actué como un verdadero idiota y merezco este castigo…

Isabel nada dijo, ni siquiera se acercó a él, pues aún estaba muy molesta con todo lo que había hecho su amigo.

—¿Cómo te atreviste a proponerle matrimonio a esa sucia pirata, James Norrington?

—¿Eh? —fue lo único que James logró decir, estupefacto, alzando la cabeza para mirarla.

—¡Dime! ¿Por qué lo hiciste? —le espetó con dureza.

—¿Por qué tengo que decírtelo? —le replicó sonriendo con ironía—. A ti ya no te importa nada sobre mí.

—¿Cómo dijiste? —inquirió Isabel, bastante sorprendida con el tono de voz que su amigo utilizaba para con ella.

—Que yo ya no te importo y no tengo por qué darte explicaciones. ¿Por qué no te marchas de aquí junto con Madame Foubert y Billy y me dejan en paz de una buena vez? —James no iba a soportar que nadie hablara mal de Jacky, nadie.

Terriblemente furiosa, Isabel no iba a dejar pasar aquella falta de respeto hacia su persona, así que se acercó rápidamente hasta James y le propinó un formidable cachetazo en el rostro, haciéndole volver la cabeza.

Sorprendido, el vapuleado ex oficial se llevó la mano a su adolorida mejilla y la miró con sus ojos verdes llenos de furia.

—Jamás vuelva a hablarme con ese tono, James Norrington, jamás —le advirtió con dureza.

Pero él ya estaba harto, ya no le importaba nada y estaba lo bastante borracho como para sentir ánimos de enfrentarse a su amiga sin importarle el resultado. Y así, con los ojos brillantes por la humillación y la ira, declaró:

—Yo ya no soy tu subordinado, no tienes derecho a tratarme de esta manera.

—¿Ah, no? —replicó hirviendo de rabia—. Pues eso lo veremos…

Y sin darle tiempo a reaccionar, Isabel volvió a golpearlo en la otra mejilla aún con más fuerza que antes con el revés de la mano, doblándole la cabeza hacia un lado. La humillación a al que lo había sometido al golpearlo de esa manera había dado resultado, pues ya se podía notar el cambio de ánimo operado en Norrington, volviéndose más dócil al trato.

—No voy a hacerte daño a menos que tú te lo busques, James —declaró—. Sé que estás borracho y te sientes completamente desamparado y perdido en este camino que tú mismo escogiste transitar por tu propia estupidez… Ahora dime: ¿por qué demonios te apegas tanto a una pirata? ¡Por amor de Dios, James Norrington! ¡Tú eres un oficial de la Armada! ¡No puedes ni debes mezclarte con gentuza de esa clase! ¡Con una asesina!

Luego de permanecer en silencio por unos segundos, Norrington se animó a hablar:

—Jacky Sparrow no es ninguna asesina —susurró sin atreverse a mirar a su amiga a la cara—, ella podrá ser cualquier cosa, pero no una asesina…

—¿Cómo? ¿Qué dijiste? —replicó incrédula—. ¿Te atreves a defenderla? ¿A contradecirme? ¿Acaso necesitas otro golpe para que termines de entrar en razón y dejes de comportarte como un imbécil?

—No me malinterpretes, George. Conozco lo suficiente a Jacky como para saber que ella no es ninguna asesina…

Pero Isabel no lo dejó terminar, pues lo tomó violentamente del cuello de la casaca y lo levantó de la silla, tirándola al suelo y lo arrinconó contra la pared, en donde lo aprisionó con su mano, aferrándose fuertemente del cuello del desdichado como si fuera la garra de un águila para volver a golpearlo con mucha más fuerza que antes.

—¡¿Qué tú la conoces lo suficiente?! ¡No la defiendas! ¡Ni siquiera intentes hacerlo! ¿Qué sabes tú de ella, eh? ¿Te atreviste a acostarte con esa mujerzuela? ¡Dime!

—¡No! ¡No me acosté con ella! ¡La respeté como ella me respetó a mí!

Isabel se quedó impactada con aquella inesperada declaración, pero enseguida sonrió, incrédula y furiosa.

—¿Dices que ella te respetó a ti, James? No digas tonterías… ¡Los piratas no saben nada de respeto! —Y agregó con un marcado tono de desprecio—: ¡Por ella es que has caído tan bajo! ¡Mírate! ¡Eres una basura! ¡Un pordiosero! ¡Un pobre infeliz que solamente vive de mendrugos! ¿Te has visto en un espejo? ¿Eh? ¿Te has visto en un espejo? ¡Eres un sucio cerdo borracho que apesta a rayos! ¿Qué pasó con el gran comodoro James Norrington? ¿Qué pasó con el hijo del gran almirante Lawrence Norrington? ¡Eres una vergüenza para tu familia tal y como siempre lo opinó tu padre! ¡Un inútil!

—¡Agh! ¡Ya basta! ¡Basta! —pidió el pobre hombre, cubriéndose desesperadamente los oídos con las manos, pero ella no paró ahí, siguió atormentándolo, quería que reaccionara.

—Mírate hasta dónde has caído por culpa de esa mujer… Ese gran hombre que fuiste se convirtió en una porquería… Por culpa de esa mujer que tanto defiendes ahora eres un donnadie, un borracho asqueroso sin ningún futuro decente… ¿Dónde están todas las cosas por las que luchaste toda tu vida? ¿En dónde están? ¡Tanto luchar para demostrarle a tu padre que vales la pena y todo lo arruinaste por culpa de tu tonto enamoramiento! ¿Acaso se te ocurrió pensar alguna vez en el honor de tu familia? ¡No lo creo! ¡Ahora son ellos los que deben soportar las burlas de los demás por la estupidez de su hijo! ¡A ver! ¡Dime! ¿En dónde está el comodoro James Norrington? ¿Eh? ¿En dónde está? —Y luego de hacer una corta pausa, ella misma respondió a su propia pregunta—: Yo no lo veo. Solamente veo a un completo y mediocre perdedor que lo único que hace es compadecerse de sí mismo y que sigue siendo el mismo idiota ingenuo de antes…: enamorado de quien le destruyó la vida.

Tremendamente adolorido por aquellas punzantes palabras de desprecio, James hubiera preferido mil veces los golpes a ser imprecado de aquella manera tan cruel. Sentía que se la había hecho un enorme nudo en la garganta y que su cabeza y su pecho estaban a punto de estallar por la inmensa angustia que embargaba su corazón.

—¡Oh! ¡Ya déjame en paz! —pidió James entre aturdido y molesto mientras se desembarazaba de las manos de Isabel y se dirigía presurosamente hacia la ventana para apoyarse en ella y poder tomar un poco de aire fresco para relajarse un poco.

Pero Isabel no tenía ninguna intención de acabar con su discurso, pues quería convencerlo a toda costa de seguir adelante y salir del horrible pozo en el que se había metido.

—Te dije que te cuidaras de los piratas. Te dije que te iban a hacer un daño irreparable tanto como me lo hicieron a mí… —comenzó a decirle suavemente, pero poco a poco volvió a alzar la voz, pues no sentía ni una pizca de compasión por su amigo, ya que odiaba los hombres débiles y quería volver a verlo fuerte y orgulloso como antes. Pensaba que con aquellos insultos iba a lograr devolverle el valor. ¡Oh! ¡Pero qué equivocada estaba! ¡No se daba cuenta de que eso era justo lo que más lo lastimaba cuando en su infancia había sido siempre martirizado y menospreciado por su padre! —¿Te dije o no que ellos iban a terminar por destruirte? ¡Dime! ¡Responde si aún te consideras un hombre!

A James le costó hablar, pero haciendo acopio de toda su voluntad, logró responderle:

—Sí… Me lo dijiste… Y yo no te hice caso… —Bajó la cabeza, humillado—… Me comporté como un estúpido…

—Sparrow, esa sucia pirata logró corromperte hasta destruirte, James. ¿Es que no te das cuenta de que fuiste vilmente utilizado? ¿Qué jugaron contigo?

—… Sí… Me soy cuenta… —replicó casi sin voz.

Ella, viendo que ya casi estaba en sus manos, cambió de táctica y utilizó una voz mucho más persuasiva, casi dulce.

—¿Entonces no quieres volver a recuperar tu vida de antes? ¿Volver a ser alguien? ¿Regresar a Inglaterra con la frente en alto para que tu padre se sienta orgulloso de ti?

—Sí, claro que sí quiero. Es lo que más deseo en este mundo…

—Entonces, ¿no quieres vengarte de los que te hicieron mal? ¿De los que destruyeron tu vida y te mandaron al olvido?

Al escuchar aquello, Norrington alzó la cabeza y se volvió para mirarla directamente a los ojos. Había olvidado por completo la declaración de amor de Jacky; lo único que deseaba ahora, era vengarse y recuperar su vida.

—Sí. Quiero vengarme.

—Bien… —Isabel sonrió triunfal—. Entonces debes escuchar con cuidado todo lo que te diré, pues, si logras hacer lo que voy a pedirte, regresarás triunfante a Inglaterra como el Almirante James Norrington…

—¿Y qué es lo que debo hacer?

Su amiga hizo una breve pausa antes de responderle.

—Debes casarte conmigo.

—¿C-cómo…? —balbuceó incrédulo.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------

Mientras tanto, afuera de la taberna en donde se estaban dando estas escenas, el pequeño y simpático niño sordomudo apodado como "Billy" por Jack Sparrow, se encontraba paseando por el mercado, mirando aquí y allá todos los productos que ofrecían los comerciantes, llamándole especialmente la atención una jaula llena de apetitosas ranas.

En un momento dado, cuando el vendedor sacó una para ofrecérsela a un cliente, ésta se le escapó de las manos de un salto y comenzó brincar por el suelo, desesperada por recuperar su libertad perdida.

Mientras el vendedor de ranas perdía el tiempo imprecando a la desventurada sin hacer el más mínimo esfuerzo por volverla a atrapar, Billy salió corriendo detrás de la rana fugitiva con claras intenciones de apoderarse de ella. Pero él no era el único que había visto el escape de la rana, pues una pequeña niña de rubios cabellos vestida con harapos, había decidido que nadie se comería a aquel pobre animal, así que también corrió detrás de ella para evitar que otro la capturase y la convirtiera en su alimento.

Corriendo entre medio de la gente y provocando algunos pequeños accidentes sin importancia entre los clientes, los vendedores y sus mercancías, la pequeña niña y Billy lograron poner sus manos casi al mismo tiempo sobre la rana luego de haberla arrinconado en unas cajas de frutas, con la diferencia de que el muchachito también había "atrapado" las manitas de la nena.

Molesto porque alguien le había ganado su cena, Billy se dispuso a golpear a su adversario, pero, cuando alzó la vista, se dio de golpe con la angelical belleza de la niña, aturdiéndolo.

—¡Suelta a la ranita! ¡Yo la atrapé primero! —se quejó la pequeña, quien no era otra que nuestra querida Alwine, la niña a quien el difunto doctor había salvado de las garras del pirata Bart "Sangre Negra" Morgan.

Obedeciendo en el acto, Billy soltó a la rana y las manos de la niña, quedándosele mirando como un tonto.

Alzando rápidamente al animalito entre sus manos, la dichosa niña se dio media vuelta para retirarse, radiante de felicidad por haberla rescatado. Pero su alegría no duró mucho, puesto que el hijo del vendedor de ranas, —un chico de quince años con todo el aspecto de un malandrín—, la tomó sorpresivamente de los cabellos y la lanzó bruscamente al suelo.

—¡Regrésame mi rana, sucia ladronzuela! —le exigió mientras intentaba arrebatársela de las manos, pero Alwine, testaruda a pesar de estar muerta de miedo, no la soltaba.

Si aquel duro forcejeo hubiera durado unos segundos más, la niña de habría visto obligada a soltar al anfibio, pero la oportuna intervención de Billy hizo que todo cambiara, pues el muchacho, sin previo aviso, se le lanzó encima al acosador y comenzó a golpearlo ferozmente con todas sus fuerzas, logrando que éste soltara a la niña.

A pesar de haber puesto toda su voluntad en defender a la pequeña y su rana, la fuerza de Billy no podía compararse con la del otro chico, por lo tanto, pronto se vio superado en fuerza por su adversario. De espaldas al suelo, el italianito no tuvo más remedio que evitar como pudiera los golpes de su atacante hasta que ambos comenzaron a rodar por el suelo fangoso, rodeados por los curiosos que se habían acercado para observar la pelea.

Viendo que su salvador llevaba las de perder, la pequeña Alwine decidió actuar, así que, metiendo a la rana en un saco de lino, procedió a tomar cuidadosamente una langosta de un tanque y, acercándose sigilosamente hasta los muchachos que aún seguían peleando encarnizadamente, hizo que las pinzas del crustáceo se aferraran fuertemente al trasero del agresor, haciéndolo aullar de dolor y salir corriendo despavorido hacia quién sabe donde.

Aprovechando el alboroto, Alwine ayudó a Billy a levantarse y, luego de tomar el saco con la rana adentro, ambos salieron huyendo en sentido contrario al que el otro muchacho había tomado.

Luego de correr sin detenerse por varios minutos, los dos chicos se escondieron dentro de un viejo galpón, tratando de recuperar el aliento. Viendo que nadie los había perseguido, ambos niños pudieron respirar tranquilos.

—Gracias por ayudarme. ¿Cómo te llamas? —quiso saber la pequeña Alwine, pero como Billy no podía hablar, escribió su nombre en el suelo.

—¿Billy? ¿Te llamas Billy? —repitió la niña en cuanto leyó lo escrito para luego alzar la cabeza un tanto curiosa—. ¿No puedes hablar?

El chico asintió sonriente con la cabeza.

—¿Puedes escucharme?

Esta vez, Billy lo negó.

—¿Y entonces cómo puedes saber lo que te estoy diciendo?

Billy, quien no era un chico tonto, se llevó una mano a los ojos y la otra a la boca, señalándolos, como si quisiera darle a entender la manera como podía comprender a los demás, pero, la pequeña Alwine, que tan sólo tenía seis o siente años, no podía entender del todo aquel extraño mensaje que él le quería hacer comprender, así que comenzó a divagar.

—¿Lees por la boca? ¿Hablas con los ojos? ¿Y cómo comes? ¿Cómo puedes ver?

Billy comenzaba a exasperarse, señalando con insistencia sus ojos y su boca hasta que una voz femenina intervino.

—Quiere decir que "lee los labios", pequeña rata.

—¡Oh! ¡Qué mala eres, Elena! ¡Ya te dije que no me gusta que me digas así! —Se quejó Alwine.

Y así era, la joven que había hablado era quien antes había acogido y traicionado al bueno del doctor Christian Jacobson, arrepintiéndose luego de haberlo hecho y acogiendo a Alwine como si fuera su hermana menor.

La visión de aquella chica harapienta y salvaje que se mantenía con una actitud desafiante con los brazos en jarra, una mirada de lince y con la boca fruncida por el disgusto, intimidó de alguna manera al pobre sordomudo, quien se quedó quieto en el lugar en que lo había sorprendido, agazapado y esperando alguna retahíla de insultos o golpes, claro que, a pesar del miedo, no iba a dejar a su nueva amiga desprotegida ante semejante bruja; él iba a quedarse costara lo que le costara.

—¿Y quién es el mocoso? ¿Acaso un amigo tuyo, pequeña rata? No parece de aquí… —observó Elena al darse cuenta de que sus ropas no eran las de una persona de bajos ingresos.

—Se llama Billy y me ayudó a recoger esta ranita —le explicó mientras sacaba al animalito del saco y se la mostraba sonriente.

—¡Oh! ¡Pero qué mocosos tan adorables! ¡Consiguieron algo qué cenar! —llena de felicidad, la joven quiso tomar la rana entre las manitas de Alwine, pero la niña la apartó inmediatamente.

—¡No! ¡Yo no la atrapé para que la comamos, mala! ¡La rescaté de ese malvado señor para que nadie se la coma!

—¡¿Es que ahora te crees el mesías de las ranas, grandísima tonta?! ¡Hace días que no comemos como la gente decente!

—¿Y a mí que me importa? ¡No me voy a comer a una inocente ranita aunque esté tan flaca y fea como tú!

—¿¡Cómo me dijiste, renacuajo!? ¡Esto no va a quedar así, ¿sabes?! ¡Oye! ¡Te estoy hablando, pequeña lombriz! —le gritó ofendida mientras veía cómo la niña salía corriendo hacia el lado opuesto del pueblo seguida por un dubitativo Billy, pues temía que la llamada Elena pudiera lanzarle uno de sus viejos y agujereados zapatos a la cabeza.

Corriendo detrás de ellos entre la vegetación tropical, la angustiada y hambrienta Elena vio cómo los chicos se acercaban a un hermoso arroyuelo cristalino y dejaban ir a la afortunada rana. Dando un pequeño grito de angustia, la joven se quejó a viva voz de aquella liberación piadosa e "injusta":

—¡Perfecto, condenados demonios! ¿Y ahora qué vamos a comer? ¿Barro, quizás?

Viendo que la pobre chica se moría de hambre, Billy, quien poseía un corazón generoso, tomó a Alwine de la mano y se acercó a Elena, a quien también tomo de la mano.

—¿¡Pero qué haces, pequeño renacuajo mudo!? ¿¡Qué demonios quieres?! —exclamó retirando rápidamente su mano de la del niño, quien la miró entre extrañado y asustado.

—No seas tonta, Elena. ¿No ves que quiere invitar a comer? —le explicó Alwine con un dejo de contrariedad en su voz.

—¿Quiere invitarnos a comer? —repitió asombrada mientras contemplaba a Billy con cierta incredulidad—. ¿Es verdad?

Leyendo perfectamente los labios de Elena, el aludido asintió sonriente con la cabeza y extendió la mano para que ella la tomara, pero ésta la rechazó terminantemente.

—Voy a ir con ustedes, pero ni siquiera pienses que voy a tomarte de la mano, pequeño renacuajo —protestó mientras se cruzaba de brazos y giraba la cabeza hacia un costado con marcada testarudez.

Entonces, Billy y Alwine intercambiaron pícaras miradas cómplices, decidiendo fastidiar un poco a la joven montaraz. Y así, sonriendo maliciosamente, la niña declaró:

—Bueno, pues mi amiguito dice que si no lo tomas de la mano, no habrá cena para ti.

—¿C-cómo? —Elena se preocupó, pero notó con alarma que los chicos ya se habían puesto en marcha hacia el pueblo, abandonándola—. ¡Oigan! ¡Esperen! ¡No se vayan sin mí!

Y, aunque no le gustaba ni pizca hacerlo, Elena se vio obligada por el hambre a tomar la mano de su pequeño benefactor y caminar con ellos como si fuera una nena más. Ella estaba muy avergonzada, pero aquella situación le había devuelto algo de su niñez perdida.

Mientras caminaban los tres juntos por el sendero que llevaba al pueblo (dos de ellos muy felices y la otra muy molesta), Elena quiso saber algo.

—Oye, pequeña rata —miró a Alwine—, ¿cómo supiste que éste renacuajo quería invitarnos a comer?

—¡Oh! ¡Es muy fácil! Lo escuché con mi corazón —fue la extraña explicación.

—¿Lo escuchaste con tu corazón? ¡Pero qué estupidez! —rebatió completamente incrédula.

Feliz por haber hecho nuevas amigas, el pequeño Billy era dichoso y las conducía amablemente hacia la taberna en donde madame Foubert y su idolatrado oficial de la marina se encontraban hospedados, ignorando que el tan temido almirante Jacobson se encontraba allí al igual que su adorada pirata y que las cosas se iban a poner muy serias.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

—¿Casarme… contigo…? —balbuceó Norrington, impactado con aquella idea—… ¿Casarnos…? ¡Pe-pero eres mi amigo…! ¡No! ¡No podría hacerlo!

—¡Oh, James! —exclamó Isabel dirigiéndose rápidamente hacia él para tomar sus manos entre las suyas—. ¿Por qué no? ¡Yo te amo! ¡Siempre te he amado desde que era una niña!

James alzó la cabeza, en su rostro estropeado se leían tanto la desesperación como la tristeza.

—¡Pero eres mi amigo!

—¡Y lo somos! ¡Pero podemos ser mucho más! Escúchame con atención… —lo tomó de las mejillas—. Si accedes a casarte conmigo, yo mismo me encargaré de limpiar tu imagen. Regresarás como un héroe a Inglaterra y nadie se atreverá a hablar en tu contra ni de tu pasado…

—Pero…

—¡Shit! No digas nada aún —le puso un dedo en los labios para silenciarlo—. Yo te amo y soy capaz de hacer cualquier cosa por ti… Sé que aun no me amas, pero pronto lo harás cuando compartamos nuestra vida como marido y mujer. Dime, ¿qué tienes qué perder? Cásate conmigo y conseguirás todo lo que has deseado en toda tu vida: el almirantazgo, una esposa que te adorará y todos los hijos que quieras tener. ¡Tendrás todo lo que has soñado con tan sólo aceptar mi mano en matrimonio!

—¡No sé…! —gimió James, demasiado confundido como para decidirse en aquel momento, escondiendo su rostro entre las manos.

—¡Oh, James! ¡Acepta mi proposición! ¡Arriésgate a ser feliz! ¡Ya no dudes más! —y tomándolo de las manos, las apartó de su rostro, obligándolo a mirarla—. ¿No crees que ya has sufrido suficiente por culpa de tu amor no correspondido? ¡Acéptame como tu esposa y tendrás todo lo que has deseado en tu vida y te aseguro que jamás te arrepentirás de haber tomado esta decisión!

El ex oficial se le quedó mirando en completo silencio, sin saber qué decir, pero en su mente los pensamientos se arremolinaban sin piedad alguna.

"¡Oh! ¿Qué es lo que debo hacer? —pensaba lleno de desesperación—. ¿Debería aceptar lo que ella me está proponiendo? ¡Con tan sólo aceptarlo mi vida se arreglaría en un abrir y cerrar de ojos! ¡Podría regresar a Inglaterra con la frente en alto! ¡Mi padre ya no me despreciaría! ¡Casándome con mi amiga tendría todo lo que he anhelado en mi vida: el almirantazgo, una esposa e hijos! Isabel es hermosa, inteligente, valiente y tenaz, debo admitirlo, pero… no puedo verla como una mujer, ¡es como una hermana para mí…! Además, Jacky dijo que me ama… ¡Me ama a pesar de que ahora yo soy un donnadie! ¡No le importa que yo ya no sea un oficial del cual pueda aprovecharse! Pero… —Miró a Isabel—. ¿Y si Jacky me está mintiendo otra vez? ¿Y si estuviera jugando conmigo como siempre? ¿Qué pasaría si realmente me está engañando? ¿Podré soportarlo una vez más? No… No lo creo. Me moriría ahí mismo si me enteraría de su engaño… ¡Oh, Dios! ¡Yo no puedo vivir como un pirata! ¡Yo nací para ser militar! —Se tomó nuevamente la cabeza entre las manos, mirando hacia el suelo, terriblemente angustiado y confundido—. ¿Qué es lo que debo hacer?".

Un profundo silencio se hizo entre sus confusos pensamientos hasta que una vocecilla de su interior se encargó de aclararlo todo, aquella vieja vocecita que siempre lo había guiado durante toda su vida: la voz del intelecto frío y calculador.

"Debo casarme con Isabel y olvidarme de Jacky. Con la primera tengo futuro y con la segunda tengo asegurado el fracaso…".

Entonces, todo se aclaró en su mente.

Y así, permitiendo una vez más que la razón dominara a su corazón, vendiendo su alma al Dios de la Codicia, James Norrington tomó una de las decisiones más equivocadas de toda su vida de la que estaría arrepentido de haberla tomado hasta el día de su muerte.

—Accedo a casarme contigo, amigo mío —le dijo sin ningún sentimiento en su voz, pues no era algo que hubiera deseado hacer realmente.

Al escuchar aquello, Isabel Jacobson únicamente se limitó a sonreír, deleitada con su triunfo, pues había conseguido aquello que siempre había anhelado: que James fuera su esposo y el de nadie más. Una vez más, había obtenido lo que deseaba.

Tomando las manos de su atribulado amigo, exclamó gozosa:

—¡Te aseguro de que jamás te arrepentirás de esto, James! —Declaró—. ¡Te haré el hombre más feliz sobre la Tierra!

El aludido, sin decir nada, simplemente se limitó a forzar una triste sonrisa, sintiendo que se estaba traicionado tanto a sí mismo como a una muy querida amistad que jamás en su vida hubiera deseado perder.

Habiendo ya experimentado lo que era estar con un hombre, Isabel no reparó un solo segundo en besarlo, así que unió sus labios con los de él, sorprendiéndolo y rompiéndole el corazón.

Pero aquel beso no había sido como ella hubiera deseado: profundo y apasionado; él se había quedado completamente tieso, sin devolverle el beso. Furiosa porque sabía perfectamente que James no la amaba como ella quería y que seguía enamorado de aquella maldita pirata, Isabel decidió vengarse.

—No me gustó tu beso, te ves horrible y me das asco —fue la poca cariñosa declaración de su amiga, haciéndolo sentir terriblemente miserable.

Entonces, apartándose despectivamente de él, el almirante comenzó a caminar por el cuartucho mientras comenzaba a revelarle a su prometido lo requerimientos que necesitaba para conseguir el perdón de la Corona.

—Tienes otras cosas que hacer para conseguir tu nueva vida aparte de casarte conmigo —empezó a decir—. Mientras estabas ausente has sido acusado por alta traición junto a la hija del gobernador Swann y William Turner.

—¿Qué? ¿Pero por qué los acusaron a ellos?

Isabel se detuvo y lo miró como si lo culpara de lo más obvio.

—Ustedes han sido los responsables de la liberación de Jack Sparrow, ¿lo recuerdas?

James nada dijo, pero se había puesto muy pálido. Isabel reinició su caminata.

—Lord Cutler Beckett fue quien trajo las órdenes judiciales para detenerlos a los tres y hacerlos ejecutar, tomando el poder en Port Royal. Elizabeth Swann fue apresada y se dejó libre a su prometido por orden de Beckett para que trabajara para él y le consiguiera un objeto para así librar a su novia de un muy posible encuentro con la horca.

—¿Elizabeth condenada al cadalso? ¡Pero eso es inaudito!

—Guarde sus sentimientos hacia esa señorita para otra ocasión que yo no esté presente, señor Norrington —le espetó con severidad—. De nuestros planes para que usted vuelva a ser un caballero respetable y no un inmundo borracho es de lo que ahora nos ocuparemos, ¿comprende la seriedad de su situación, futuro almirante Norrington?

—Sí. Lo comprendo perfectamente, señor —asintió intimidado.

—Bien. Continuemos —dijo ella, muy satisfecha por el poder que ejercía sobre él—. Lord Beckett le encargó a William Turner que consiguiera una brújula que posee el pirata Jack Sparrow. Si llegara a conseguirla, Beckett le concedería una Patente de Corso para el perdón de su novia.

—¿Acaso quieres decirme que yo consiga esa brújula para que Beckett me conceda la Patente de Corso? ¿Y que será de Elizabeth Swann?

Isabel le dirigió una mirada terriblemente penetrante.

—¡Oh! No te preocupes por ella, pues ya logró escaparse… Pero, dime, James, ¿acaso ella se preocupó por ti cuando estuvieron a punto de colgarte? ¿Eh? —le preguntó fría y ásperamente.

Por unos segundos, James se quedó mudo como una estatua, mirando sin mirar a su amiga, comprendiendo que ella tenía toda la razón. ¿De qué valía preocuparse por alguien que jamás se había dignado a preocuparse por él y que solamente se había molestado en dejarlo en ridículo cuando había elegido a otro hombre para casarse a pesar de que ya se había comprometido con él?

Viendo que su amigo parecía dudar en su proceder, Isabel decidió ayudarlo a resolver sus conflictos y, acercándose a él, comenzó a hablarle con voz persuasiva pero segura:

—Escucha, James, sé que en el pasado le has tenido en muy alta estima a la señorita Swann, a su padre y a tus hombres, pero, ¿alguno de ellos te ha ayudado cuando necesitaste ayuda desesperadamente? ¿Acaso aquella sucia pirata hizo algo para ayudarte? ¿Para que seas feliz? ¡Ellos únicamente te han traído sinsabores en la vida! ¡No tienes por qué dudar! ¡Mira en el estado en el que te encuentras por culpa de ellos! —Lo tomó de los hombros y lo obligó a mirarla a la cara—. ¡Deja de dudar y actúa ya mismo! ¡Hazlo solamente por ti y no pienses en nadie más! ¿No te das cuenta de que uno alcanza el éxito únicamente pensando en sí mismo? ¡Mírame a mí! ¡Mira hasta dónde he llegado por mis propios medios! ¡Tu has lo mismo si quieres llegar a ser lo que tanto has deseado, James Norrington!

Aquellas palabras habían cavado profundo en los pensamientos, sentimientos y razón del ex oficial, llegando a la conclusión de que ella tenía toda la razón, aclarando así su mente aunque su corazón siguiera gritando por su eterno amor a Jacky Sparrow, pero, como nadie es perfecto y todo el mundo muestra lo peor de sí cuando se siente solo, desamparado y traicionado, el odio y el desprecio que James sentía hacia todo y todos, ensombreció sus buenos sentimientos, permitiendo que su latente personalidad cruel y egoísta acallara su naturaleza generosa y honorable.

—Tienes razón. Que se vayan todos al diablo, es hora de pensar a hacer las cosas para mi propio beneficio… ¡A mi salud! —celebró su decisión sirviéndose un poco de ron en un vaso.

Y así, James Norrington había terminado de corromper su alma, vendiéndola a un precio tan alto, que su conciencia jamás lograría soportar el resultado de su egoísmo.

Frunciendo el entrecejo bastante disgustada al ver la manera tan desagradable con la que su amigo bebía el ron, Isabel se alejó de él, lo miró despectivamente y dijo:

—Encuentra la manera de conseguir la brújula de Sparrow y regresar a Port Royal para entrevistarte con Lord Beckett y conmigo, así te asegurarás la Patente de Corso, el perdón del Rey, tu rango de almirante y… mi mano.

—¡Ja! ¡Será como tú quieras, amigo! —aseguró James, sintiéndose feliz y miserable a la misma vez.

Isabel lo fulminó con la mirada.

—Ya deja de ser tan patético, James —dijo—. Si lo que quieres es seguir bebiendo, hazlo abajo en la taberna, no frente mío.

—Como quieras… —replicó éste mientras se dirigía endeblemente hacia la puerta—. No te preocupes más por mí, te juro que conseguiré como sea la brújula que tanto quiere Beckett...

Se quedó parado por unos momentos, ensimismado en nuevos pensamientos y, girando sobre sus talones, preguntó:

—¿Para qué demonios quiere Beckett una brújula que no sirve?

—No lo sé —se alzó de hombros con marcada indiferencia—, pero lo averiguaré. Lo importante es que la consigas, ¿entendido?

—Entendido, mi almirante —y se dispuso a abrir la puerta, ignorando que la capitana Sparrow se encontraba espiando al otro lado—. ¿No quiere beber una copa conmigo, almirante?

—¡Claro que no! ¡Jamás me rebajaría a beber con un borracho miserable como tú!

James solamente se limitó a soltar una carcajada, pero por dentro se sentía terriblemente abatido por los insultos de su amiga.

Mientras tanto, muy molesta porque casi no lograba escuchar nada, nuestra protagonista, sentada al estilo indio, comenzó a maldecir su mala suerte hasta que una voz la sorprendió y la hizo volverse.

—¡Ajá! ¡Usted! ¿Se puede saber qué está haciendo a la puerta de mi niño?

—¡Ma-madame Foubert! ¿Usted aquí? —gritó muy sorprendida la pirata al ver a la mencionada mujer parada detrás de ella, con los brazos cruzados y su típico aire de severa superioridad, pero ahora se la podía notar un poco demacrada.

—La misma que conociste en Port Royal —rebatió la francesa, inclinándose para tomar a la aludida por la oreja, haciéndola chillar de dolor—. ¿Cómo es que te atreves a regresar aquí para importunar al pobre señorito Norrington? ¿Acaso no has hecho ya suficiente para destruirlo, pirata?

—¡Ouch! ¡Le juro por todo el ron del mundo que yo nunca quise que esto terminara así! —se defendió mientras intentaba soltarse de las garras de Annete.

—¿Ah sí? ¿Y usted cree que caeré en ese cuento? ¡Nunca! —la mujer estaba furiosa, si hubiera tenido una varilla en ese mismo momento, le hubiera dado unos buenos azotes en el trasero para que aprendiera a comportarse como una verdadera dama.

—¡Es verdad! —repitió Jacky—. ¡Que se muera usted si no es cierto!

—¡¿Cómo?! —exclamó la ex institutriz, presionando con más fuerza la oreja de su prisionera, haciéndola aullar de dolor.

—¡Bueno! ¡Que se muera Barbossa si no es cierto! —se corrigió inmediatamente la capitana del Perla Negra—. ¡Acabo de confesarle a Norry de que lo amo!

—¡¿Quéee?! —asombrada, Annete la soltó y la tomó de los hombros para comenzar a sacudirla febrilmente—. ¡¿Pero cómo pudiste hacerle algo así al señorito?! ¡Con lo mucho que ha sufrido por tu culpa! ¡Eres una pirata malvada!

—Pero sexy… —agregó mientras le sonreía pícaramente y alzaba su dedo índice para enfatizar lo dicho.

Exasperadamente furiosa, madame Annete Foubert procedió a ahorcarla con sus propias manos, pero justo en ese momento, la puerta del cuarto de Norrington se abrió, dando paso al ex comodoro y al almirante Jacobson, quienes se quedaron estupefactos al ver a la capitana Jacky Sparrow.

—Oh, oh… Creo que llegó el momento de levar anclas… —fue lo único que dijo la pirata al ver el furioso rostro del almirante.

Notas de Una Autora Descuidada:

Ups! ¿Y ahora qué pasará entre Isabel y Jacky? ¿Pelearan a muerte? ¿James hará algo para evitarlo? ¡Muy pronto lo sabrán! Ahora James vendió su alma, ¿pero logrará soportarlo? ¿será capaz de traicionar a la mujer que ama? ¿Podrá Jacky hacer algo al respecto? ¡El futuro de James se hace oscuro e incierto como el de los demás! Como verán ahora demoré menos, lo que pasa es que me estoy acostumbrando a esta vida que llevo... ¡pero pronto volverá a cambiar¡

Querido D4rK Sid3:

Ya te estaba extrañando… : ) ¿te pareció largo el capi? Creo que comparado con otros no lo es tanto… Creo que te hace falta una dosis de acción ¡que habrá en el próximo capítulo! XD ¿Qué estudiás en la uni? A mí me hubiera gustado mucho ir a una, pero no se dio… qué se le va a hacer, ¿no? ¡Pero igual espero estudiar en una uni alguna vez en mi vida! : ) Je, yo te cuento lo que no contó la peli, ja! XD pero bueno, pensé que debía tener una buena excusa para que nadie matara a Norrington en Tortuga… ¿Quién no quisiera matarlo teniéndolo servido en bandeja de plata? Los piratas no son buena gente, ni mucho menos piadosos… En cuanto al encuentro entre James y Jacky, bueno, yo también pensaba que iban a tener un encuentro más que hostil, pero a medida que iba escribiendo las cosas me salieron así, aparte de que James no estaba en un estado como para ponerse a combatir, mucho menos en contra de la persona que aún ama con locura : D Por ahora ganó la fría razón en James, pero estate seguro de que se va a arrepentir más adelante : ( Bueno, je, la daga en la entrepierna fue uno de los tantos jueguitos pervertidos de Jacky, je , je, je… XD Lástima que James no estaba de ánimo como para disfrutarlo… Mmm, bueno, creo que en el capi que sigue comenzará de revelarse la verdad del pasado de Isabel… ¡y sobre todo cuando aparezca otro personaje! Saluditos desde Argentina : )

Querida Pisom Ninjutsu:

¿Qué te pasó? Es fiebre? ¡Espero que ya estés mejor! Beckett, je, espero darle más protagonismo en esta historia, ya que él es un personaje adorablemente odiable : D Ahora creo que diríamos: que tonto Norry, pobre pobre Jacky y maldita Isabel, ¿no? : ) No creo que se solucionen rápido las cosas, aún falta bastante… : ( ¡No te esforces mucho y alejate un poco de la compu, que vivir sin ella no te hará daño!Tendré en cuenta las canciones que me recomendaste, y no te preocupés, que aunque caiga muerta, seguiré escribiendo ; ) Bye!

Querida Harisha:

¡Y me parece que esta vez James se dejó, pero se dejó convencer por Isabel! X( Ay! Los celos y la ira de Isabel la ciegan! Pues en ella hay mucha bondad aparte de inteligencia, valor y obstinación! Su tío ya la había advertido, que su propia ira la iba a destruir… ¿se detendrá antes de hacer un daño irreparable? ¡eso espero! Vamos a ver si Seagull logra hacerla cambiar… : ) Mmm, tenés razón, él y Jacky como psicoterapeutas sería muy digno de ver, je XD ¡Oh sí! ¡La tan temida explosión comenzará a darse el capi que viene! ¡Imperdible! X) En cuanto a los libros, espero poder conseguirme Peter Pan algún día y leerlo, claro está : ) que, como siempre, nunca es como en la tele o el cine : ( A veces me gustan las versiones basadas, otras veces, no. ¡Cómo no voy a darle mi opinión sobre un libro a una de mis bien queridas lectoras! ¡Faltaba más! (Aunque era más seguro olvidarme, no por tener otras cosas en la mente, sino por tener memoria de pez-cado…) Oliver Twist es la historia de un huerfanito a quien todo el mundo usa o maltrata, pero cuando encuentra a gente que lo quiere, descubrirá que tiene un pasado muy profundo e importante : ) Es un libro escrito por Charles Dickens, que contiene un humor sarcástico respecto a la aparente "bondad caritativa" que las personas de bien tienen para con los menos afortunados, pero a veces me resulta un poco empalagosas algunas escenas, demás dulzonas. Pero el libro entretiene y te deja escapar varias sonrisas y una que otra lágrima, que es lo que importa, no? : ) ¡Muchas gracias por tu ayuda con el nombre del padre de James! Soy un caso… lo olvido todo… En fin, qué se le va a hacer… ¡Chau! mmm, ¿me agregaste a su msn?

Querida Romina Grondona = ):

Sabía que te iba a gustar! Qué alegría! (Me divertí tanto la otra noche cuando lo inventamos…) Claro que le hice algunos arreglitos, saqué algunas cosas y agregué otras… y la segunda parte la voy a guardar para la tan anhelada reconciliación : ) No te preocupés si no podés leer seguido, amiga, pero, si podés, no dejés de leerlos porque siempre estoy esperando una opinión tuya a la que valoro un montón : ) En cuanto a la sesión de escritura, siempre estoy dispuesta ; ) Muchísimos besos, amiga! (Del final aún falta bastante…)

Querida Jenny Flint:

¡Sí! Yo también estrené la nueva apariencia del Fanfiction! ¡Muchas gracias por la canción ranchera! ¡Les queda justito a los dos! (A ver si le encontrás alguna para Isabel, je XD) ¡Pero cómo te tomás tu tiempo para transcribir la canción! ¿Te la sabés de memoria? : ) Y sip, Norry tiene una voz demasiada inglesa para ponerse a cantar una ranchera… X( Je, sí, Jacky jamás dejaría de codiciar el cuerpecito ni los accesorios de su adorado James… XD Ya sabés, Jacky jamás se rendirá, pero Norry ya se entregó a su suerte a pesar de que aún tiene una oportunidad de torcer su destino… ¡pero qué hombre codicioso y caprichoso! : ( Mmm, más bien creo que la mano de la muerte los separará, como van… Jue, jue… ¿sos capáz de venir hasta quí y darme mi muy merecida paliza si mato a Norry? Aunque no creo que seas la única que quiera hacerlo… X( ¡Ah, Isabel! ¿Cuándo aprenderás? Nos leemos! Me encantan tus rebiews! Son siempre tan originales! : )

Querida CeledrianMoon:

Bueno, como verás, ahora se arma la linda entre Isabel y jacky, y el pobre y desesperado Norry ha decidido vender su alma al diablo por tener otra oportunidad… : ( De alguna manera, Jacky sigue siendo más fuerte que Norry, no? Nos leemos! Chau! : )

Querida León Dorado:

Sí, te dan ganas de llorar y a Jacky le dan ganas de ahorcar al testarudo de su ex prometido… por idiota… Yo creo que ella va a soportar su desprecio, pero no sé si va a soportar que la traicione más adelante… : ( Como verás, Isabel ya lo complicó todo y Norry aceptó su propuesta, lamentablemente… Bueno, supongo que Norry se siente tan perdido, que no está en pleno uso de su conciencia : ( Mirá, tendrías que haberme visto llorar por alguna cosa cuando leo libros… o veo pelis… Las lecturas están hechas para que sientes, y si una historia o sus personajes no te hacen sentir feliz, triste, asustada, enojada, o tenerle cariño u odio a los personajes, no es una buena historia o no tenés sentimientos... No creo que Norry salga corriendo a los brazos de Jacky, pero no sé qué va a hacer ahora que su amada estará en verdadero peligro de muerte! Nos leemos pronto y espero poder chatear otra vez con vos!

Querida : y sí, a veces el fanfiction tiene problemas, a veces yo no puedo publicar... Bueno, ahora creo que fue Isabel la que lo dejó maltratado al pobre de james... ¡no tiene suerte en pobre¡ ahora comenzará su cadena de errores fatales... Jacky si que sufre, pero no va a darse por vencida, no señor, pero ahora que apareció Isabel, no sé, como que se le complica la cosa, no? Oh, el toque Seagull no tardará en hacerse notar¡ Besos

Las pelis que he visto son: Rambo 4, Oliver Twist, Una Loca Película Épica ( en donde cargan la peli de Narnia, Piratas del Caribe, Harry Potter y tantas otras más), El vengador del Futuro, El Proyecto de la Bruja de Blair, Alerta Roja (peli china) y Arma Mortal 4. Ahora estoy descargando una novela koreana llamada "Escalera al Cielo" que me dijeron que es muy muy buena. Yo no soy de ver novelas, pero si me gusta, la recomendaré : ) Ahora estoy leyendo La Cabaña del Tío Tom en castellano y Emma en inglés. Estoy viendo Las Aventuras de Tintín : )

Nos leemos pronto!

Gracias por leer!

Sayounara Bye Bye!

Gabriella Yu