Capítulo 36.
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
—¡Estoy en casa! —anunció Mari contenta cerrando la puerta de entrada.
Un rico olor la recibió indicando que Kanan ya se encontraba haciendo el desayuno para ambas y llegaba justo a tiempo.
—¡Bienvenida! —le respondió Kanan con voz animada desde la cocina mientras Mari se cambiaba los zapatos.
Llevaba apenas una semana viviendo con Kanan, producto de su nuevo arreglo, pero Mari se sentía tan cómoda, que por momentos se preguntaba cómo es que había podido vivir de otra forma hasta ese día. Era muy distinto de su vida en el hotel o en los internados, se sentía como un verdadero hogar y eso hacía que cualquier otra cosa fuera solo una frívola nimiedad. La mejor parte del día se había convertido cuando llegaban de la escuela y se podían relajar de estar cuidando cada detalle que pasaba entre ellas y dejaban que las cosas fluyeran de manera espontánea en la intimidad del hogar. Claro, no habían llegado a una instancia más sexual debido a que las palabras de su padre seguían calando fondo, pero eso no evitaba que picara a Kanan en ocasiones. Para su fortuna su sensei jamás había pasado el límite aunque se moría de ganas de hacerlo. Ella respetaba su espacio.
Se dirigió hasta la cocina y abrazó a Kanan por la espalda admirando el perfecto y delicioso desayuno que le aguardaba. Ni siquiera sus mejores chefs podían igualar ese sabor que Kanan le daba a su comida. Su ingrediente secreto el amor que sentía por la rubia.
—¿Cómo te fue con Riko-san? —preguntó Kanan dejando las cosas que estaba haciendo y girándose para dedicar toda su atención a Mari. La miró de arriba a abajo como buscando algo que no encontró—. Veo que no te pegó —concluyó al terminar su revisión en tono de broma.
Mari frunció el ceño haciendo un puchero y luego empezó a reír.
—No, no me pegó —confirmó tocándose por todas partes para simular hacer una revisión también—. De hecho —apuntó con su dedo a la nariz de Kanan que estaba viendo sus pechos—, estoy bastante sorprendida por la plática.
—¿Por qué? ¿Qué pasó? —preguntó Kanan regresando a su actividad después de tallarse la nariz.
—Bueno al parecer Chika confesó lo que le dijo a You en Hamamatsu —Mari le había explicado a Kanan lo que había pasado con su amiga para que Kanan fuera condescendiente y no le pusiera trabas en el viaje que You quería realizar—. Eso obviamente para Riko fue como un balde de agua fría y ahora quiere hablar con You con desesperación.
—¡Ah Chika! Yo no sé en qué estaba pensando —respiró profundo era extraño ver como estas dos chiquillas que se habían querido tanto en su niñez ahora actuarán como enemigas—, siempre termina metiéndose en éstos problemas por ser tan impulsiva. Pero bueno, ya podrá hablar Riko con You cuando esta vuelva.
—Not on my watch honey~ —expresó Mari divertida—. Aquí es a donde entro yo. Riko me pidió ayuda para localizar a You antes de que vuelva, ella quiere alcanzarla en dónde sea que ella esté y poder arreglar este problema.
—Aja… ¿y cómo piensan hacer eso? —preguntó mientras vertía los ingredientes al sartén apenas sin mirar a Mari.
Kanan sintió cuando los suaves brazos de la rubia la rodearon por la cintura para después sentir el aliento de Mari sobre su oreja produciéndole escalofríos.
—Yo esperaba que me pudieras ayudar con esto~ —dijo hablando muy bajo, en tono seductor, afianzando su abrazo y Kanan derritiéndose en sus brazos.
—Ma… Mari, espera, estoy viendo la comida —respondió Kanan nerviosa ante las manos curiosas de la chica que estaban acariciando su abdomen.
—No te estoy tapando los ojos sensei~, puedes seguir en lo que estás, de lo demás me encargo yo —las manos de Mari se fueron sobre la camiseta de Kanan subiendolo un poco y empezando a jugar con los botones de su pantalón.
—¿Qué… qué tipo de ayuda quieres? —preguntó Kanan tratando de detener su avance con las dificultades de tener un sartén en la mano y una espátula en la otra.
—Necesito algo de tu grande y poderoso… —mordió su oreja de manera provocativa.
—¡¿Ah?! ¿En qué estás pensando Mari? —Kanan prácticamente tiró lo que tenía en las manos y se terminó separando para poder pensar con claridad, era demasiada tentación para soportar.
—...barco —dijo entre risas—. Necesito tu barco.
—Vas a hacer que me de un paro y no precisamente cardíaco —le respondió ligeramente molesta mientras se volvía a abotonar el pantalón.
—Oh my god! —expresó sorpresa un tanto fingida poniéndose una mano en el pecho—. Me encantaría ver eso —de nueva cuenta Mari se fue al frente con sus manos sobre Kanan.
—¡No Mari! —chilló Kanan y la rubia rompió en carcajadas al ver sufrir a su maestra de esa manera, era divertirlo molestarla—. Sabes que no tengo eso, solo es un decir.
—Ya ya tranquila —Mari regreso al tono serio luego tanta risa—. Necesito que me ayudes a contactar a You-chan —le entregó el papel que Riko le había dado—. No sé qué es esto pero Riko me dijo que con esto la podríamos contactar.
—Es una frecuencia radial—explicó Kanan y Mari hizo cara de asombro—, puedo usar la radio del barco para contactarlos, ¿y después qué?
—Oh yes! —Mari depositó un beso en su mejilla pero ya no de manera lasciva sino tierna—. Después solo tendría que ver la manera de arreglar a estas dos y así cumplir mi promesa. ¡Y Mari será un elfo libre~! —celebró con felicidad.
—¿No crees que sería mejor dejar que ellas se arreglen por su cuenta? —preguntó Kanan alzando una ceja—. ¿Darles su espacio y que al terminar el verano y You vuelva de su viaje puedan hablar?
—No, creo que en esta ocasión si necesitan ayuda, Riko me preguntó sobre lo que pasó en la fiesta y ahora si creo que por fin ha dejado de culpar a You-chan sobre lo que pasó —suspiró poniendo todo su cuerpo en modo drama con una mano sobre su frente fingiendo un desmayo en los brazos de Kanan—. Y claro una parte egoísta de mi quiere ganarse su perdón, así que ésto también lo hago un poco por mi. ¡No me culpes por eso~!
—Tienes que dejar de latiguearte por lo que pasó —Kanan la abrazó depositando un beso en su mejilla y luego en sus labios acabando con su teatro dramático.
—Lo haré cuando esas dos se reconcilien —Mari correspondió a sus besos con ánimo.
—¡Entonces te ayudaré! —Kanan depositó un último beso en su mejilla antes de regresar a su actividad culinaria—. Pero no hoy, tengo hambre y está comida no se cocinara sola.
—Thank you sweet heart~! —brinco de alegría—. ¿Quieres ayuda con el desayuno? ¿Hay algo que pueda hacer? —preguntó Mari después de su pequeña celebración al ver lo atareada que estaba Kanan.
—¡Oh…! No no, nada, ve a acomodar los platos, ésto ya casi está —informó ya dándole unos últimos toques antes de dejar que terminara de cocerse—. Quiero que desayunes bien porque te llevaré a entrenar más tarde.
—¿Desde hoy? —preguntó Mari con pesar haciendo una cara de flojera acumulada que no podía con ella—. Es domingo, pensé que empezariamos el lunes. ¡No es de Dios iniciar los domingos! Los domingos son de descanso.
—¡No Mari! Ya hemos perdido una semana y no me arriesgaré a que perdamos esa carrera —respondió Kanan un poco regañona y de nuevo Mari volvió a reír a carcajadas.
—It's joke! —se acercó a darle otro beso en la mejilla—. Iré a cambiarme para salir a entrenar, pero por la tarde podemos ir a dar un paseo, me gustaría ir a Numazu —pidió Mari con ojitos de cachorrito para convencerla.
—No, lo siento, tengo que salir por la tarde y estaré ocupada por algunas horas Mari, tendremos que dejarlo para otro día —la expresión juguetona inicial de Kanan había cambiado a una más seria en esta oración y Mari sintió el cambio brusco en el ambiente.
—¿Se puede saber a dónde irás? —Mari fue nuevamente sobre ella para picarle las costillas y calar su estado de ánimo pero Kanan ya no parecía tener ganas de jugar.
—Tengo que atender algunos asuntos del negocio, nada serio —dijo escuetamente yéndose a buscar los platos para servir el desayuno.
—Pero mañana los puedes atender, today is sunday! —trató de negociar la rubia forzando un poco a ver hasta dónde llegaba Kanan.
—Lo siento, ésto no puede esperar —el tono de su sensei se había vuelto tajante, incluso malhumorado y Mari prefirió no seguir presionando, era obvio que Kanan no iba a ceder por alguna razón que no comprendía.
—Shiny! —respondió la chica dejando a Kanan a solas en la cocina no sin antes dar un último vistazo a ese ceño fruncido en su rostro.
Después de ese momento incomodo, las cosas poco a poco fueron volviendo a la normalidad en el transcurso del día. Kanan llevó a Mari a correr al circuito que acostumbraba hacer en la ciudad, cosa que dejó a la rubia francamente exhausta pero satisfecha pues le pudo seguir el paso a pesar de ser la primera vez que corría una distancia tan larga. Eso fue bien recibido por Kanan que la felicito por ello.
Al regresar a casa se ducharon, cada una por separado, hicieron un almuerzo rápido y después de eso Kanan se fue como dijo que lo haría. Aunque seguía intrigada de a donde había ido Kanan, Mari no quiso insistir para no generar otra molestia en la mujer mayor y repetir la situación de esa mañana.
Era la primera vez que Mari se encontraba sola en ese casa pero a diferencia de lo que solía sentir en el hotel, no se sentía vacía. Con todo y que no era una casa muy grande, era una casa muy cómoda. Tenía tantos recuerdos en ella que era imposible no sentir nostalgia aún cuando no fueran sus recuerdos. Era esa sensación de hogar que le había hecho mucha falta mientras crecía y en parte se preguntaba cómo Kanan sola podía haber hecho tan entrañable aquella casa. No es que creyera que su sensei sola no fuera capaz de darle ese matiz, pero se sentía que había algo más allí. Una presencia que le había conferido esa cualidad y Kanan se esforzaba en mantener día a día.
Dio un corto recorrido por la casa y se percató de que la ropa limpia que Aoi le había llevado ya se había terminado, y tendría que hacer algo que nunca en su vida había tenido que hacer… lavar su ropa.
"¿Qué tan difícil puede ser?" pensó. "Muchos hacen esa tarea todos los días, ¿por qué no podría hacer lo mismo?" Con eso en mente fue a su cuarto y tomó toda la ropa sucia e incluso fue por la ropa que se encontraba en la habitación de Kanan, quería darle la sorpresa de que había hecho la lavandería para ambas y ganarse un nuevo cumplido. Era satisfactorio sorprender gratamente a Kanan haciendo esas pequeñas cosas que la gente creería no es capaz de hacer por sí misma.
El cuarto de lavado era un lugar curioso, así lo calificó. Mari realmente nunca había tenido que entrar a uno y el espacio se le hizo demasiado pequeño para la tarea, pequeño y algo incómodo, algo nuevo y desconocido por descubrir. Frente a ella se encontraban dos grandes máquinas, supuso que una era la lavadora y otra la secadora. Se acercó a leer las etiquetas que venían inscritas en los aparatos para darse una idea de cómo hacerlo, incluso pensó en buscar un tutorial en Youtube pero creyó que era demasiado estúpido hacer algo así, por lo que se conformó con lo primero. Era sencillo.
Según la etiqueta, la lavadora podía lidiar con hasta 10 kilos de ropa así que a su parecer, el monton de ropa que poseía no era más pesado que eso, por lo que todo saldría en una sola lavada. Depositó toda la ropa dentro de la máquina y después buscó en el lugar el jabón, pero no lo encontró tan fácil. Al parecer estaba en un lugar secreto, bueno no secreto pero no estaba a la vista. Rebuscó en los estantes y armarios hasta que lo halló y lo vertió dentro.
—That was so easy… podría acostumbrarme a esto —dijo satisfecha al ver que la máquina había empezado la labor cuando le dió encender.
Como Kanan le había dicho que ella se encargaría de llevar la cena, entonces Mari pensó que sería su turno de preparar los obentos para el día siguiente. Se dió a la tarea de buscar algunas recetas en los blogs de cocina que encontró para hacerlo. No es que nunca hubiera tenido que cocinar, lo había hecho en algunas ocasiones; aunque siendo honesta, siempre era Aoi la que le decía que hacer, era un trato más personalizado, pero nuevamente pensó que no podía ser tan complicado si ya tenía experiencia previa en la cocina.
Buscó en la despensa todo lo que requería para ver con qué ingredientes contaba y en base a eso ideó algunas modificaciones a las recetas que encontró y que podía hacer, nada demasiado complicado para que le diera tiempo de prepararlo por la mañana, aunque ya dejaría todo listo solo para cocerlo. Sin embargo se dió cuenta que le faltaban algunas cosas por comprar y decidió ir a la tienda que no se encontraba tan lejos de la casa para comprarlas.
Se tardó más de la cuenta por que no se decidía ante las diversas opciones. El dinero que había llevado consigo empezaba a escasear, así que tendría que elegir entre unas y otras y sobre todo las que cupieran en su presupuesto. Afortunadamente ese problema quedaría resuelto una vez que empezara a trabajar así que no le importó gastar lo poco que le quedaba con tal de adquirir lo más que pudiera y de buena calidad.
Al llegar a casa se dispuso a pasar la ropa a la secadora, pues el ciclo de lavado ya había terminado.
—¡Qué sencillo es lavar! —exclamó emocionada—. No sé porque la gente se queja tanto de esto.
Hizo el cambio de la ropa hacia la secadora y puso a andar el aparato. Regreso a la cocina y guardó lo que había comprado secretamente para que todo permaneciera como una sorpresa para Kanan al día siguiente. "That's amazing!"
Una vez terminó se fue a sentar en la sala y prendió la tv para entretenerse. Al escuchar la alarma de la secadora fue al área de la lavandería y se dispuso a sacar la ropa para poder doblarla, fue ahí cuando se dió cuenta que algo había hecho mal.
Muchas de las playeras deportivas de Kanan parecían haberse encogido, por un momento dudó en si era la misma ropa que había metido pero se dio cuenta que no había duda. Era la misma, pero en versión mini. Peor fue cuando sacó sus uniformes escolares y se dio cuenta que se habían manchados de todos colores, las blusas blancas no lo eran más, habían adquirido unos tonos medios extraños.
Mari estaba horrorizada al ver lo que había hecho a la ropa de Kanan y de paso a la suya. No entendía donde había estado el error. Tuvo la idea de lavarla nuevamente para ver si de esa manera regresaban a la normalidad, pero al termino de todo el proceso se dió cuenta que no, lo que había hecho era irreversible. Tenía su uniforme listo para ser usado como trapo y ropa para una Kanan niña.
Dobló toda la ropa en espera del regreso de Kanan. Ahora encima de que se había acabado todo su dinero comprando en la tienda, había arruinado toda la ropa que lavó, ya no tenía más ropa para usar. Justo en ese momento Kanan había decidido regresar, no dejándole más tiempo para que pudiera resolver el problema ni pensar en una solución.
—¡Estoy en casa! —anunció Kanan a su llegada.
—¡Bienvenida! —respondió Mari desde el cuarto de lavado con algo de culpabilidad.
Al escuchar la voz de Mari proveniente desde ese inusual lugar y debido a que la rubia no hacía su aparición, Kanan decidió ir a buscarla. Podía sentir que algo raro había pasado y se preocupó por ella.
—Hola… —la saludó con una sonrisa que se esfumó al ver a la chica tirada en el suelo y eso la alarmó sobremanera—. Mari… ¿qué pasa? ¿estás bien?
Mari no quería ni mirarla a los ojos, se sentía muy apenada y sentía que quería llorar de la vergüenza. Kanan se acercó con cuidado pensando lo peor.
—I'm fine… —mintió sin levantar la cabeza casi sollozando.
—Vamos Mari, puedo ver que no estás bien —la tomó de los hombros para ayudarla a levantarse.
—Estoy bien, estoy bien —repetía Mari con un nudo en la garganta.
Kanan levantó el rostro de la chica por la barbilla y con suavidad depositó un beso en sus labios para tranquilizarla de lo que fuera que la tenía así.
—Ven conmigo y me cuentas qué es lo que pasó, ¿si? —le dijo en un tono dulce y con una sonrisa cálida.
Al estar tan cerca de Mari se dió cuenta que la chica estaba algo sucia aunque olía a una mezcla de suavizante con detergente.
—¿Lavaste ropa? —preguntó extrañada al ver el montón de ropa que estaba alrededor, al fin dándose cuenta del entorno.
—Em… si, lo hice —Mari levantó la mirada por fin y abrazó a Kanan llorando amargamente ganándose una risa leve de la chica—. Pero lo hice mal, todo salió mal.
Kanan no entendía a qué se debía tanto drama de la rubia pero no dudó en abrazarla y reconfortarla aunque quería reír con ganas.
—Tranquila Mari, tranquila —le repetía dando palmaditas en su espalda—. ¿Qué fue lo que pasó? —preguntó una vez que Mari se tranquilizó.
—Pues… —Mari se limpió las lágrimas y tomó una de las playeras que habían quedado arruinadas por acción de la lavadora, poniendosela en las manos—, yo metí todo a lavar y cuando saqué la ropa de la secadora… ¡Se encogió! —Mari se fue sobre Kanan para abrazarla lloriqueando con más fuerza.
Kanan la recibió y la abrazó, podría haberse molestado como podría haberse le hecho la cosa más absurda y tierna del mundo, no sabía muy bien cómo reaccionar. Por un momento quiso reírse con fuerza, pero afortunadamente algo dentro de ella la siguió deteniendo de hacerlo al ver que la chica estaba verdaderamente afectada por su error.
—No pasa nada Mari, sólo es ropa, podemos comprar más después —la trató de tranquilizar frotandole la espalda.
—No… no podemos… yo… me gasté mi dinero y ya no tengo nada —continuó en su llanto dramático que ya rayaba en lo extremo.
Kanan no pudo contenerse más y empezó a reír descontroladamente. Siendo una escena bastante rocambolesca con una llorando y otra riendo sin parar.
—Perdón, perdón Mari, pero es que es muy gracioso —se disculpó de inmediato al ver con incredulidad tal desfachatez de Kanan al burlarse de ella y le dirigió una mirada de enojo.
Mari se levantó molesta, completamente indignada al ver la reacción de Kanan pero ésta la detuvo antes de que abandonara el cuarto. Respiro profundo para calmarse.
—Todo estará bien Mari —se limpió los ojos—, apuesto que es la primera vez que haces esto, ¿verdad?
—Pues… si… es la primera vez —se sonrojó Mari—. Creí que no tendría ninguna ciencia hacerlo y veo que no, y es que no es sólo la ropa la que se encogió —rebuscó entre el montón de ropa, buscando las blusas que habían quedado manchadas—. Mira, estas también se arruinaron.
—¡Oh vaya! ¿Eso es de tu uniforme? También tendremos que comprar nuevos —Kanan la abrazó nuevamente porque Mari de nuevo quiso echar a llorar—. Pero no pasa nada Mari, sólo tienes que aprender a hacerlo, debiste esperar a que yo volviera para que te enseñara, es sencillo pero tiene su gracia como todo en el mundo.
—¡Te quería sorprender! —dijo Mari haciendo un puchero que a Kanan se le hizo la cosa más adorable del mundo.
—Bueno, lo hiciste —tomó su rostro entre las manos y depositó un beso en sus labios—. ¿Podemos cenar? Tengo hambre —dijo casi suplicante—. Después de comer podremos ver qué hacer con esto, anda ven —la jaló para llevársela.
—¿Y qué haremos con esta ropa? —preguntó Mari con temor.
Kanan busco entre la muda de ropa seleccionando un atuendo.
—Esta está bien mira, es mi pijama y la usaré hoy —depositó otro beso en su mejilla—. Gracias Mari.
Después del drama de la ropa mal lavada, la cena transcurrió en relativa calma. Kanan no había hecho ningún comentario sobre lo que fue a hacer y Mari estaba lo suficientemente apenada como para preguntar algo sobre ello en ese momento. Sin embargo hubo una cosa que la sacó de su vergüenza. Kanan llevo de cenar una selección de onirigis y sushi que antes de que Mari se diera cuenta habían prácticamente desaparecido del plato.
—¡Oye! —dijo enojada—. ¿Donde está la comida?
—¿Cómo? —Kanan levantó la mirada mientras su boca estaba llena de arroz sin entender a qué se refería Mari.
—¿Donde está la comida? —volvió a repetir enfurruñada viendo las mejillas de Kanan con restos de pegajoso arroz—. Sólo he comido un onirigi y ya no hay más.
Kanan acababa de dar la mordida al último y viendo la molestia de Mari se dió cuenta de que los que había comprado se los había comido casi todos ella sola.
—Te doy el mío —le ofreció el mordido y Mari se lo arrebató de las manos.
—¿Qué clase de cordialidad es esa? —sacudió el onirigi frente a su cara—. Encima de que te los acabas todos y no dejas mi parte de la cena me das las sobras mordisqueadas.
—Lo siento Mari, es que tenía hambre —dijo con la cara roja de vergüenza—. Además creí que estabas comiendo igual que yo.
—Lo hubiera hecho pero el plato no se regenera solo y únicamente has estado agarrando uno tras otro sin darme oportunidad a mí —frunció el ceño indignada.
Ahora fue el turno de Kanan de poner ojitos llorosos y sorber la nariz como si fuera a llorar, lo cual en cierto modo asustó a Mari que nunca había visto a su sensei actuar así.
—Lo siento Mari, si quieres te preparo algo más de cenar —gimoteo y Mari rodó los ojos.
—No, me comeré esto —colocó el onigiri en su plato así como el resto de lo que quedaba en la charola que Kanan había traído—, y esto también.
—¿Y yo? —preguntó Kanan viendo como ya no quedaba nada más para comer.
—Tú ya te comiste tu parte —Mari le saco la lengua y Kanan refunfuño un poco pero lo acepto, no había medido de manera adecuada sus porciones y con todo el entrenamiento de la mañana ambas habían quedado hambrientas aún cuando almorzaron al medio día.
Para resarcir su error, por la ropa, Mari se ofreció a lavar los platos mientras Kanan tomaba un baño y al término de éste, fue su turno de hacerlo. Kanan por su parte ofreció hacer la comida el día siguiente, suficiente comida para ambas.
Mari se tomó su tiempo en la ducha, luego de todo el estrés del día, se quiso relajar con el agua caliente y un pequeño masaje corporal con una rica crema humectante. Cuando Mari salió del baño, se encontró con que Kanan ya estaba en su recamara y no pudo evitar sentirse algo decepcionada pues no quería pasar la noche sola pero tampoco quería cansar a Kanan de su presencia así que se fue a su habitación sin decir nada.
Ya cuando se encontraba acostada, con las luces apagadas y en la labor de conciliar el sueño, escuchó un leve toque en la puerta que la sacó de sus pensamientos.
—¿Ya te dormiste? —preguntó Kanan desde el otro lado con cierta timidez.
—No… puedes pasar —respondió Mari de inmediato incorporándose como un rayo.
Mari encendió las luces de la mesa de noche y Kanan se fue a sentar junto a ella en su cama, se le veía algo nerviosa.
—Sólo quería decirte buenas noches y bueno… me preguntaba si ibas a poder dormir hoy… ya sabes, por las pesadillas y eso… quizás quieras… —traía una cara que parecía un poema y Mari no se pudo resistir.
Para esto, el día anterior Mari se había levantado muy agitada a media noche a causa de una pesadilla que tuvo. Tanto fue el ruido que hizo al despertar, que Kanan se alertó con el grito que dio y, al ir a ver qué sucedía, terminó acompañándola para dormir.
—¡Oh! Pues, no lo sé, esperaba que no volviera a ocurrir —dijo con sinceridad y también jugando un poco con ella.
—Bien… bueno… me alegro —respondió Kanan depositando un beso en su frente con algo de decepción—. Si es así entonces iré a dormir a mi habitación.
Kanan se puso de pie con desánimo pero sintió un jalón en la manga de su playera y al voltear vio la sonrisa en el rostro de Mari.
—¿Y si mejor me haces compañía? Sólo como precaución —los ojos de Kanan se iluminaron al encontrarse con esa mirada dulce y casi suplicante de Mari que le impedía retirarse.
—Si… yo creo que sería bueno… sólo como precaución —respondió alegre—. Espera un momento, iré por mi almohada.
No tardó nada en ir por su almohada y su sábana, tanto que hasta Mari pensó que ya lo tenía preparado afuera de su habitación pero no quiso indagar más. Apenas le había dado tiempo de hacerse a un lado para darle espacio en la cama.
Después de acomodarse, Kanan extendió su brazo, permitiendo que Mari se acunara en su pecho y de esa manera ambas pudieran conciliar el sueño tranquilamente. Era una posición cómoda para ambas y sobre todo natural entre ellas, se sentía como si fuera de toda la vida.
Solamente que la noche fue todo menos tranquila. Al principio Kanan pensó que le había picado algún bicho en la espalda, porque empezó a sentir una comezón enorme, pero conforme la noche avanzaba, la picazón se iba extendiendo en el cuerpo. Primero la espalda, luego el pecho y el vientre, incluso las piernas y brazos, llegó el momento en el que hasta la cara le picaba.
—¿Kanan que pasa? —preguntó Mari preocupada al despertarse debido a todo el ajetreo que la mujer estaba haciendo.
—No sé… me pica todo —se quejó rascándose por todos lados con desesperación—. Creo que hay algo en la cama.
Mari se levantó de inmediato a encender las luces temiendo que algún insecto se hubiera colado entre las sábanas lo cual le producía mucho pavor. Cuando lo hizo casi saltó de la sorpresa al ver el rostro de Kanan.
—¿Qué... qué te pasó? —preguntó asustada mirando con ojos desorbitados.
La cara de Kanan se encontraba roja en su totalidad. Los labios y los párpados se habían inflamado, desfigurando su bello rostro. Mari hasta pensó que era un horripilante sueño producto de sus pesadillas, pero no, se dió cuenta que todo el cuerpo de Kanan estaba completamente inundado por pequeñas ronchitas que lo cubrían todo.
—¡¿Que tengo?! —Kanan se tocó el rostro al ver la cara de susto de Mari y como está no podía hablar porque se puso las manos en la boca, así que corrió al espejo a ver qué era lo que tenía.
—¡Aaahhhh! —gritó del susto al verse en el espejo sin dar crédito a su apariencia.
—¡Tenemos que ir al hospital! —dijo Mari asustada reaccionando al fin—. Eso se ve serio.
—No… no es tan ser... —trató de discutir Kanan intentando mantenerse calmada luego de su exabrupto inicial pero de repente empezó a quedarse sin voz.
Abrió la boca sin poder emitir sonido alguno y pudo sentir como su garganta se cerraba impidiéndole casi respirar.
—Yo creo que sí… —Mari se cambió de ropa rapidísimo, en realidad apenas y se puso un pantalón y una chaqueta, y ayudó a Kanan a vestirse también a toda velocidad, tenían que ir al hospital enseguida.
La respiración de Kanan se había ido dificultando poco a poco hasta que Mari vio que la mujer empezaba a palidecer. Sin saber que otra cosa hacer, tomó su teléfono y llamó al número de emergencias con pánico.
Llevó a Kanan hasta la sala a esperar a que los paramédicos llegaran mientras trataba de decirle cosas para calmarla pero solo hacían que Kanan se sintiera más inquieta. No pasó mucho tiempo cuando las sirenas anunciaron que la ambulancia ya estaba afuera de la casa.
Todo parecía salido de una serie al más puro estilo de Urgencias o algo así, de ese modo se sintió Mari. Kanan fue atendida de inmediato haciéndose Mari a un lado para dejarlos trabajar. Vio como la revisaron y le pusieron una inyección rápidamente antes de trasladarla al hospital.
Mari no se despegó de su lado en todo momento. Creía que se moriría de la preocupación, siempre había sido ella la que estaba del otro lado y el ver a Kanan luchando por respirar la había dejado muy afectada.
Los minutos en la sala de urgencias comenzaron a pasar con una pasmosidad lenta, Mari no sabía ya qué hacer pero gracias al cielo llamaron a los familiares de Matsuura Kanan justo a tiempo pues estaba más que decidida en ir y tirar el módulo de las enfermeras para que le dieran alguna noticia.
Kanan estaba ya mucho más desinflamada de la cara cuando la pudo ver por fin. Traía una mascarilla de oxígeno, lo que hizo que Mari se preocupara más y su ansiedad volvió, aunque no se había ido del todo.
El médico le explicó que lo que había pasado era que Kanan había tenido una reacción alérgica muy severa y por esa razón es que había tenido problemas para respirar. Afortunadamente la habían controlado bastante bien y al término de su nebulización se podría ir a casa sin mucho problema más que guardar reposo y estar atentos a cualquier síntoma que pudiera revivir la alergia.
Salieron del hospital sobre las 5 de la mañana, poco antes del amanecer. El médico les recomendó que por lo menos ese día no sé agitara mucho para que no se sintiera sofocada así que tendrían que posponer el entrenamiento. Mari la amenazó en dejarla amarrada a la cama si siquiera sugería hacer la rutina normal.
Ya en casa, un poco más tarde, se dispusieron a dormir nuevamente, por lo menos para recuperar algo de sueño perdido en lo que terminaba de amanecer y un poco más. Kanan entonces recordó que el médico le había recomendado encontrar lo que pudo haber detonado la alergia y ya tenía una idea de lo que podía haber pasado.
—Emm… Mari, ¿qué fue lo que pusiste en la ropa? ¿Con que la lavaste? —preguntó aún rascándose la cabeza.
—Usé uno de los jabones que estaban en el cuarto de lavado —explicó la chica sin entender a qué se refería.
—¿Me podrias mostrar cual fue?
Mari fue a buscar lo que había utilizado para lavar. Debió haberlo dejado por allí en la lavandería cuando lo uso o más bien se lo acabo ya que había usado casi todo lo del envase. Cuando lo vio, el alma se le fue a los pies. ¡Ella había sido la causante del problema de Kanan!
—¡Fue mi culpa! —dijo tan pronto la vió y fue a la sala donde estaba Kanan—. No utilice jabón de ropa, fue esto —se lo entregó a Kanan para que viera el envase vacío.
Tan pronto como Kanan leyó la etiqueta del bote supo que, efectivamente, Mari no había utilizado jabón para ropa, lo que usó fue "Ant-stop plus", un polvo para eliminar las hormigas.
—Perdón, perdón —se disculpó la chica—, yo creí que era el jabón. Cuando la lavadora pidió poner el jabón, yo fui a buscarlo y ese fue el único jabón en polvo que encontré. Pero ahora veo que no era eso.
Kanan soltó una tremenda carcajada que asustó a Mari que esperaba una reprimenda en su lugar.
—Está bien Mari, no sabías que ya no usamos jabón en polvo —dejó de reír regresandole el bote—. Ni que esto era insecticida en realidad.
Kanan fue hasta el cuarto de lavado llevándola de la mano para mostrarle cuál era el jabón de la ropa y nada tenía que ver con el polvo que había usado.
—Ya se me hacia raro que el detergente se llamará "Ant stop", lo siento mucho —se disculpó nuevamente haciendo una reverencia.
—Venga, ya olvidemos esto —la atrajo para un abrazo—. Mejor vamos a dormir que tengo mucho sueño —bostezo y Mari asintió.
Fueron a dormir ahora teniendo más cuidado de no utilizar la ropa que Mari había lavado, y solo para ser más precavidas, terminaron durmiendo en la habitación de Kanan con ropa que aún quedaba limpia de la última lavada y a la cual Mari no le había puesto las manos.
Debido a las altas dosis de medicamentos que le habían inyectado en el hospital, Kanan pasó durmiendo casi toda la mañana. Mari sin embargo, se levantó sobre las 10 ya que su estómago empezaba a demandar comida y el sol de la mañana no la había dejado seguir durmiendo.
El rostro de Kanan había regresado a la normalidad afortunadamente, pero aun se podían ver los rastros que el rascado intenso habían dejado. Algunos arañazos aquí y allá y un poco de enrojecimiento leve en ciertos lugares.
Habían decidido que postergarían un día el inicio del trabajo para que Kanan se pudiera reponer por completo de toda la travesía, así que la dejo descansar.
De mientras la rubia se dedicó a hacer otras cosas. Recordó que siempre que se enfermaba, era Aoi-san la encargada de cuidarla. El mejor recuerdo de su niñez que tenía era la sopa milagrosa de su nana, sopa que era capaz de levantar a cualquiera sin importar lo enfermo que se encontrara. Era algo que muy a menudo su nana le preparaba cuando estaba triste por la muerte de su mamá.
Así que decidió resarcir el error del día anterior preparando la sopa para Kanan, seguro la haría sentir mejor más rápido. Como no quería cometer errores como los de la lavada, le hizo una llamada a su nana para que le diera la receta detallada y le fuera explicando paso por paso que es lo que debía hacer.
Afortunadamente contaba con todos los ingredientes en casa para poder realizarlo y a cómo Aoi se lo explicó, no parecía nada difícil preparar la comida. Puso manos a la obra con su tarea "aliviar a Kanan con una sopa de pollo".
Anotó todo lo que su nana le dijo y empezó su labor de enfermera. Una hora después, todos los ingredientes se encontraban ya en la lumbre de la estufa y la casa empezó a impregnarse de un delicioso aroma que terminó por sacar a Kanan de la cama toda hambrienta. Porque habría tenido todo el cuerpo lleno de ronchas pero aún así su apetito seguía siendo el mismo.
—¡Buenos días! —saludó Kanan muy animada entrando en la cocina aún en pijama—. ¿Qué es eso que duele delicioso?
—¡Buenos días! —respondió Mari halagada por el cumplido velado—. Es solamente la sopa milagrosa que te hará sentir como nueva— explicó con suficiencia orgullosa de su trabajo—, y ya casi termino para que puedas comerla.
—¡Oh! No sabía que supieras cocinar —confesó Kanan extrañada—. ¿Sabes hacerlo?
—Well that is my secret darling~ —respondió Mari guiñandole un ojo sin ofenderse por el comentario de Kanan—. ¿Cómo te sientes? ¿Estas mejor? ¿Te sigue picando el cuerpo?
—No, ya estoy bien —la tranquilizó Kanan echando un ojo a todo lo que había ahí—. Esas medicinas si que fueron efectivas.
—¡Oh! Mi sopa hará que te sientas mucho mejor —concluyó Mari sonriente cogiendo un plato para servirla.
Una vez que todo estuvo listo, Kanan a la mesa, el plato humeante sobre el mantel y ella colocada en un extremo para ver como su creación hacia efecto una vez que Kanan la comiera.
En verdad que el sabor de la sopa era delicioso, fue la conclusión de Kanan. Mari no había exagerado cuando dijo que haría que se sintiera mejor. Era una mezcla de sabores que hacían explosión en su boca y que la hacían sentir feliz instantáneamente. Podía seguir y seguir.
—Vaya Mari, tengo que reconocer que me equivoqué al dudar de tus cualidades culinarias, ésto está muy bueno —continuó comiendo con singular alegría.
Ya que no habían podido trabajar por la mañana en el muelle, y a que prácticamente Mari se había quedado sin ropa para usar debido a su trágico encuentro con las labores domésticas, Kanan decidió llevarla a comprar algunas mudas de ropa para que pudiera usar en los siguientes días en el trabajo, además de uniformes nuevos.
Al principio Mari no quería aceptar el ofrecimiento de Kanan, pero realmente no tenía otra opción ya que sólo tenía la ropa que estaba vistiendo, esa había sido de las pocas que se habían salvado y no podía presentarse al trabajar vistiendo lo mismo todos los días, al menos no de forma seguida.
Fueron a una pequeña tienda que se encontraba en Uchiura y para Mari fue sorprendente la cantidad de ropa que pudo adquirir con "poco dinero" en relación con lo que ella gastaba cuando salía de compras. Prácticamente era un guardarropa nuevo con lo que le costaba uno solo de sus vestidos. Eso la tenía estupefacta, cosas de ricos que no comprenden de los pobres, solo que eso no lo externó.
Kanan también tuvo que adquirir algunas prendas pues su ropa deportiva fue la que había sufrido más daños y no se sentía tan cómoda utilizando otro tipo de ropa, no se sentía ella misma. Mientras se encontraban aún en el distrito comercial Kanan empezó a sentir un poco de nauseas, pero supuso que era normal a consecuencia de los medicamentos que estaba tomando, así que trato de ignorarlo.
Sin embargo estas no se fueron, las náuseas iban aumentando y fue entonces que prefirió precipitar su regreso a casa aunque no le explicó a Mari la razón, no quería preocuparla de más. Iban de camino en el autobús cuando un sudor frío empezó a invadir a la mujer y las nauseas ya eran casi insoportables. De un momento a otro jaló a Mari y se bajó en la parada más próxima. Ni bien bajaron del vehículo, cuando Kanan empezó verter el contenido de su estómago con grandes arcadas sobre la jardinera que estaba a un costado de la parada.
Mari estaba bastante espantada, había notado que Kanan se había puesto pálida pero no pensó que fuera para tanto. Creyó que solo era por el cansancio.
El vómito de la mujer estaba incontenible. Mari la llevó hasta uno de los botes de basura más cercano para que pudiera terminar con lo que estaba haciendo sin seguir estropeando más el pobre arbusto, era increíble la fuerza con la que estaba volviendo el estómago con grandes arcadas.
La piel enrojecida de Kanan del día anterior había regresado pero en esta ocasión se habían quedado pequeñas manchitas como puntos alrededor de sus ojos y en general en toda su cara.
—Mari… creo que …. —continuaba tratando de controlar las arcadas sosteniendo su estómago—, la comida me hizo mal.
—What? No no —negó Mari con la cabeza enérgicamente—, no hay forma, esa sopa es milagrosa y además mírame, yo estoy bien y también la comi… —la rubia buscaba una explicación para lo que estaba pasando que no fuera que su comida había enfermado a Kanan—. ¡Oh! Ya se que pasó, debe ser el medicamento que estás tomando, seguramente te hizo alguna reacción extraña.
—Yo no creo… —una nueva arcada y una nueva descarga de su estómago—, que eso sea... pero de cualquier manera, quisiera que fueramos a casa por favor.
—No honey! Te llevaré al hospital, esos medicamentos que estás tomando te están poniendo peor, será mejor que los cambiemos de una vez —insistió tomándole del brazo.
—¡No! Quiero ir a casa Mari, en serio, necesito que me lleves —una nueva arcada se hizo presente y nuevamente el contenido de su estómago empezó a verterse aunque ya solo era bilis.
Mari la guió sin hacerle caso a su petición. Tomaron el primer taxi que pudieron y aún con la renuencia de Kanan fueron hacia allá. Llegaron al hospital que empezaba a ser ya de visita frecuente.
De nuevo hicieron todo el protocolo en urgencias para que pudieran atenderla. Una vez que pasaron con el doctor y le hicieron una valoración, el médico les informó que Kanan había tenido una intoxicación alimentaria y que tendría que quedarse un par de horas en lo que lograban controlar el vómito.
Mari empezaba a preparar sus argumentos para refutar lo que habían dicho los médicos, cuando una mezcla de olores llegó hasta su nariz, era el olor metálico de la sangre combinado con algo parecido al yodo y ese desinfectante que caracterizaba a los hospitales, no pudo evitar sentir ese sudor frío bajar por la espalda seguido de una tremenda arcada que le hizo volver el contenido de su estómago en un bote de basura del consultorio. Otra vez había hecho algo mal.
Los médicos tenían razón, ambas se habían intoxicado con la sopa y lamentablemente para Mari, no encontró más argumentos para seguir negando su parte de culpa. Fue hasta pasada la medianoche cuando terminaron el tratamiento y les dieron la alta del hospital.
Al llegar a casa las dos pudieron apreciar el daño que su cuerpo había sufrido una vez estuvieron frente al espejo. Las dos llevaban una especie de máscara alrededor de los ojos que se había formado por el esfuerzo que habían hecho al vomitar. Estaban en condiciones deplorables, aunque ya un tanto mejor, al menos ya no seguían vomitando.
Mari se sentía terriblemente apenada con Kanan, de nada había servido el esfuerzo que realizó para sorprenderla de buena manera si en dos días seguidos había mandado a la mujer que le había brindado su ayuda al hospital. Que clase de persona era si no podía hacer nada bien, eso le hacía sentir bastante inútil.
Con eso en mente se metió a la cama, dándole la espalda a Kanan quien ya la esperaba para que se acomodara nuevamente entre sus brazos pero tal cosa no sucedió.
—Mari, ¿pasa algo? —preguntó incorporándose al ver que la rubia le había dado la espalda.
—No… nada, solo estoy algo cansada —dijo tratando de disimular su tristeza pero era bastante notoria.
—¡Oh vamos! Déjame sostenerte —pidió Kanan tratando de voltearla para ponerla sobre su hombro.
—It's time to sleep now —anunció Mari quitándose con el pretexto de apagar las luces, más que nada quería impedirle a Kanan que viera las lágrimas que corrían por sus mejillas.
Kanan hizo un ágil y fuerte movimiento para, de alguna forma, lograr voltear a Mari. Una vez lo consiguió puso su brazo bajo el cuerpo de la rubia y acercándola la atrajo hacia su pecho.
—Dime que es lo que pasa, puedo escuchar en tu voz que no estás bien —la voz de Kanan no era incriminatoria, era más que nada comprensiva pero dejando en claro que quería la verdad de las cosas.
—Es solo que… me siento inútil —confesó Mari en voz baja reprimiendo un sollozo—. Llevo apenas unos días en tu casa y ya te he mando al hospital dos veces. ¡Dos veces! ¡Casi te mato! —dijo eso último con la voz entrecortada llorando—. No sirvo en nada de lo que hago, todo me sale mal últimamente, creo que deberías sacarme de tu casa.
Kanan se acercó hasta su rostro y calló su boca con un dulce beso. Mari había retomado ese tono dramático del día anterior y aunque no quería reír no podía evitar sentir una gran y enorme ternura por la chica.
—No haría eso nunca —acarició su rostro dando otro beso en su frente—, y no eres una inútil. Lo que pasó fueron simples accidentes que le pudieron ocurrir a cualquiera.
—No cualquiera lava la ropa con polvo para hormigas y después, al día siguiente, te manda al hospital de nuevo ahora intoxicada —dijo con la cabeza agachada escondiéndose en el pecho de Kanan.
—Eso es porque eres una persona particular —sentenció levantando el rostro de Mari por la barbilla para dar un nuevo beso en sus labios—. Todo estará bien Mari, aprecio lo que has querido hacer por mi, en verdad, es solo que tienes que aprender poco a poco, pero no te preocupes, yo te ayudaré a aprender a hacer todas estas cosas. ¿Esta bien?
—Solo si tú te encargas de cocinar a partir de ahora —pidió la chica casi en una súplica todavía sollozando.
—Puedes apostarlo —concluyó Kanan con una sonrisa—. Sin embargo me ayudarás con ello para que poco a poco sepas como valerte por ti misma en la cocina sin mandar a nadie al hospital.
—No creo que pueda —dijo aún con los ánimos caídos.
—Claro que puedes Mari —la sacudió con energía—. No conozco a nadie que tenga tu fuerza y entereza para afrontar la vida y una simple sopa o cómo lavar la ropa son obstáculos para ti. Eres increíble y por eso me encantas —le picó las costillas.
—Bueno si tú lo dices… —una pequeña risita empezó a asomar en los labios de Mari.
—No lo digo yo, es un hecho —volvió a besarla en la frente y luego en los labios.
—Esta bien —dijo más alegre—, lo tomaré pero tendrás que ser mi conejillo de indias y aguantarte si algo no sale bien.
—Lo haré —exclamó convencida.
—Aunque es probable que termines de nuevo en el hospital, quizás debamos obtener una de esas tarjetas de descuento por visitas frecuentes —bromeó la rubia.
—Esperemos que no tengamos que usarlas —se rió con nerviosismo.
—Bueno, conseguí una en la última visita y ya tengo el primer sello —busco en la bolsa de su pijama como si en verdad trajera algo allí—. Me darán una comisión por llevarte tres días seguidos.
—¡Mari! —le llamó la atención.
—It's joke —gritó cuando Kanan la asaltó con un ataque de cosquillas que no paro hasta que Mari solicito piedad.
Ambas se durmieron más tranquilas y relajadas después de eso. Mari se sentía mejor y su confianza había vuelto al menos un poco. Las dos se sentían afortunadas de tenerse mutuamente a pesar de todos sus problemas.
A la mañana siguiente Kanan no quiso posponer más el entrenamiento, que ya se había retrasado bastante en el programa que tenía planeado. Debido a que aún estaban en recuperación optó por un circuito corto de trote, seguido por algunos ejercicios de fuerza y un poco de calentamiento para estirar los músculos. Mari aceptó entusiasmada pues también creía que era necesario un poco de ejercicio para desentumecerse y ponerse en acción en su nuevo propósito.
Llegaron a a oficina de Kanan cerca del muelle pasadas las 9 de la mañana. Era un lugar un tanto rústico para el gusto de Mari y bastante desordenado también, por alguna razón se había imaginado una de las tantas oficinas pulcras e inmaculadas que manejaba la corporación de su padre.
En el lugar apenas habían algunos empleados, aunque Kanan explicó que en ese sitio básicamente se llevaba la contabilidad y algo de papelería, ya que todo lo demás estaba en las zonas operativas. Antes de llevarla a conocer las oficinas satélite en los muelles, quería que Mari fuera conociendo un poco del negocio que realizaban y algunas cosas de la rutina.
La impresión que la rubia tenía sobre Kanan es que era una persona muy ordenada en cuanto a su trabajo, puesto que así es como se comportaba en los entrenamientos y en la escuela, sin embargo en ese lugar orden era lo que menos se respiraba.
Los libros de contabilidad se encontraban esparcidos por las largas mesas que había en el lugar, el escritorio que dedujo era el de Kanan se encontraba inundado de pilas y pilas de carpetas y papeles sueltos por todos lados, los estantes que supuso eran para ordenar los expedientes se encontraban en desuso, entre otras cosas más que le estaban dando un gran dolor de cabeza. En conclusión el lugar era un completo caos.
—Y bien, aquí es donde trabajarás —explicó Kanan tratando de hacer espacio en una de las sillas para que Mari se pudiera sentar junto a su escritorio—. Está un poquito desordenado, pero nada grave, en esta época del año trato de ocuparme del trabajo rezagado así que espero poder controlarlo antes de que terminen las vacaciones —se justificó.
Mari miraba por todos lados tratando de entender cómo es que Kanan podía mantener la calma viendo cómo estaba todo de cabeza.
—Claramente necesitas ayuda —dijo la chica sin un atisbo de broma—. ¿En dónde quieres que empiece?
A Kanan le fue curiosa la actitud seria de Mari, al parecer estaba tomándose en serio su nuevo trabajo, lo cual era bueno.
—Pues… no sé —dudó—. ¿Te gustaría revisar un poco de los expedientes para que veas que es lo que hacemos aquí? —sugirió
—Si, esta bien —Mari busco con la mirada en donde podrían estar esos expedientes en el mar de papeles.
La chica se puso manos a la obra en la tarea de forma inmediata mientras Kanan iba a atender algunos asuntos con otro de los empleados para revisar los pendientes. Mari empezó a hojear las carpetas que se encontraban regadas sobre la mesa y a ordenarlas por fechas. Para Kanan fue sorprendente lo bien que Mari parecía adaptarse al trabajo de oficina, lo hacía con gran facilidad, y con mucho más interés del que ella misma le ponía.
Las horas empezaron a transcurrir y llegó el tiempo en que Kanan debía ir a supervisar algunas cosas fuera de la oficina por lo que tuvo que dejar a Mari sola por un buen rato muy a su pesar. A su regreso le sorprendió encontrar la mesa completamente despejada y a la rubia inmersa entre los grandes libros de contabilidad.
—Volví —dijo Kanan asombrada de ver su escritorio libre desde… pues desde que había llegado a tomar el control de la compañía.
—¡No entiendo cómo habías podido estar trabajando de esta manera! —dijo Mari mientras cerraba uno de los libros con fuerza levantando un poco de polvo—. Tienes la contabilidad hecha un verdadero desastre, apenas y cuadran las cuentas, lo cual es decir mucho, me sorprende que no hayas quebrado ya —se llevó los dedos al puente nasal molesta—. Es una verdadera pesadilla.
—¡Oh… vaya! Ni un buenas tardes recibo y ya me estás regañando —se quejó la mujer haciendo un puchero.
—Lo siento —se disculpó Mari pero aún se mantuvo enojada—. Es sólo que me asombra como éste lugar funciona estando todo tan… pues…. fuera de control.
—Eso solo es el papeleo —se defendió Kanan—. El verdadero trabajo está en los muelles, en donde organizamos a los barcos, las entradas, las salidas, ahí es en donde está la diversión. Pero… eres muy buena con estas cosas —admitió Kanan dándole su crédito—. ¿Has trabajado en algo así antes?
—Bueno, no le llamaría trabajar pues no recibía paga por ello —levantó los hombros indiferente—, pero papá siempre me ha mantenido cerca del área administrativa de los hoteles, dice que necesito aprender el negocio familiar así que desde siempre recuerdo estar revisando este tipo de cosas —explicó.
—Ya veo… Bueno, parece que serás de mas ayuda de lo que pensé —confesó la mujer ganándose un golpe fuerte en el hombro por parte de la rubia.
—¡¿Qué quieres decir con eso?! ¿Pensabas que no sería de ayuda? —cuestionó Mari indignada.
—Espera espera —dijo Kanan entre risas por su mal uso de las palabras—, no es que pensara eso, es sólo que creí que tendría que irte enseñando que hacer con calma y al parecer la que me enseñará serás tú.
—Los cambios son buenos —Mari empezó a arrinconar a Kanan contra el escritorio—. Por una vez la gran Matsuura-sensei tendrá que tomar el lugar de alumna —Kanan dió unos pasos atrás—. O'hara-sensei se hará cargo de su linda discípula.
—Supongo que tendré que ser una estudiante muy aplicada entonces —respondió Kanan siguiendo el juego de Mari alzando una ceja traviesa.
Al topar con el escritorio, Kanan jaló a Mari por las caderas para quedar aún más juntas, casi al ras.
—No creas que lo pondré fácil —los brazos de Mari rodearon a Kanan por el cuello—, puedo ser aún más exigente que tú. ¿Podrás estar a la altura de mis exigencias?
—Umm… ¿Tú que crees? —estando tan cerca, Kanan no pudo resistirse, los suaves y atractivos labios de Mari la llamaron y terminó besándola en un arrebato.
El sonido del teléfono las interrumpió y se separaron de golpe por lo inesperado de la llamada. La sonrisa en el rostro de Kanan se borró de inmediato al ver el número en la pantalla y con prisa salió de la oficina para contestar sin oídos curiosos. Mari quedó dentro a la espera, le extrañó ver esa actitud de Kanan y se temía que fueran malas noticias.
Al colgar el teléfono regreso de inmediato a la oficina y le dijo a Mari que tenía que retirarse. No dio muchas explicaciones, sólo que había un problema con uno de los barcos y tenía que ir a resolverlo con urgencia. Le pidió que llegada la hora de la salida, Mari se fuera a casa pues difícilmente podría regresar a tiempo por ella.
La salida de Kanan fue por demás extraña pero Mari supuso que así eran las cosas en éste tipo de trabajo y que poco a poco se iría adaptando. Su padre hacía cosas parecidas cuando a mitad de la nada surgía algo que le hacía dejarla a cargo del personal del hotel en turno para irse. Eso la puso un tanto triste.
A la hora de la salida a Mari no le quedó más remedio que regresar sola pues no hubo señales de Kanan por ningún lado. Sólo que, durante todo el camino de vuelta a la casa le pareció como si alguien la hubiera estado siguiendo, pero realmente no había nadie alrededor, al menos nadie que ella se diera cuenta pues la sensación persistió como una sombra tenebrosa detrás que la acosaba. Esa sensación le recordó la amenaza de su padre y que tanto ella como Kanan habían empezado a bajar la guardia con el paso de los días pues apenas se estaba percatando de ello.
¿Podría ser su padre capaz de mandar a vigilarlas? "Por supuesto que sí", pensó. De hecho era justo el tipo de cosas que el hombre hacía con sus enemigos, y en ese momento, se sentía como eso, como un enemigo de su propio padre. Los juegos con Kanan tenían que parar, por lo menos fuera de casa, o las cosas se podrían complicar para ambas si resultaba que era cierto y el servicio de espionaje iba por así decirlo con el chisme.
Kanan regresó tan tarde, que llevó la cena lista como forma de disculpa por su demora, solo que era una abundante cena dentro de lo que si podían comer luego de su malestar estomacal. Mari seguía curiosa de lo que fuera que la mujer había hecho fuera, pero las explicaciones de Kanan eran tan escuetas y cortantes, que la dejaban con más preguntas que respuestas. Así que no hablaron gran cosa mientras cenaban.
Un mensaje de Riko a su celular le recordó que aún no había hecho nada de lo que dijo que haría.
—¿Cuándo me ayudarás a contactar a You-chan? —preguntó Mari cuando ya se encontraban listas para dormir luego de cepillarse los dientes.
—Umm pues… —soltó un gran bostezo acomodando las sábanas para meterse a la cama—. ¿Qué te parece mañana? Podemos salir por la tarde a dar un paseo y aprovechamos para hacer eso—se giró sobre su costado quedando frente a Mari.
En esta ocasión no había habido permisos para dormir una con la otra, tal parecía que se estaban acostumbrando que era ya normal hacer esa rutina nocturna.
—Me gustaría eso… sí —los ojos de Kanan empezaba a cerrarse anunciando que se quedaría dormida pronto y su atención se estaba perdiendo.
Mari sintió el impulso de besarla pero al verla tan agotada sólo quiso ayudarle a conciliar el sueño y no seguir hablándole pues cada vez respondía más perdida.
—Hasta mañana Mari —Kanan le dió un rápido beso abriendo los brazos para apretarla contra su pecho.
—Descansa —dijo Mari antes de acurrucarse y cerrar los ojos.
Al día siguiente la rutina se repitió. Kanan dejó a Mari en la oficina mientras ella se fue a atender otros asuntos en las oficinas cercanas según se justificó. Mari aún seguía explorando los libros de contabilidad y tratando de poner en orden la desastrosa oficina de su "jefa" cuando Kanan volvió a la hora del almuerzo para hacerle compañía a la rubia. Estaban empezando a comer, cuando nuevamente una llamada telefónica las interrumpió. Al igual que la vez anterior Kanan palideció al escuchar el timbre y ver la pantalla. Repitió los mismos movimientos y Mari estuvo atenta y notó como su semblante cambió por completo por lo que sea que le estaban diciendo. Eso no parecía algo simple de trabajo.
Tan pronto colgó la llamada, Mari salió de la oficina y se acercó a ella para tratar de averiguar que es lo que había pasado.
—¿Está todo bien? —preguntó Mari colocando una mano sobre el hombro de Kanan para llamar su atención.
—Si… si, todo bien Mari, sólo que debo salir de nuevo, creo que tendremos que posponer nuestro paseo un día más —anunció con la voz vacilante y nerviosa, esas llamadas la alteraban demasiado.
—¿Estás segura que estás bien? —presionó Mari con la preocupación en su rostro.
—Si si, es sólo un nuevo problema, nada serio, pero tengo que atenderlo de inmediato —dijo y Mari no le creyó del todo—. ¿Nos vemos en la casa?
—Shiny… —Mari quiso robar un beso para ver si lograba distraerla así pero Kanan estaba tan ensimismada que se volteó dejando a Mari con el beso en el aire sin darse cuenta de nada.
—Yo llevo la cena, no te preocupes por eso —dijo Kanan mientras tomaba sus cosas para salir a toda prisa.
—Yes… está bien —respondió Mari que apenas se pudo quitar antes de ser atropellada por Kanan en su salida.
La oficina se quedó en silencio y ella de nuevo con esa sensación de abandono que experimentaba de manera común desde su niñez. No le quedó más remedio que volver a lo que estaba antes de todo eso y ver si podía distraerse así. No tuvo mucho éxito y solo vio como los minutos pasaron sin pena ni gloria.
Camino a casa, ya bien entrada la tarde, el sentimiento de ser observada regresó a Mari. Había olvidado discutir el tema con Kanan el día anterior pero en esta ocasión no lo dejaría pasar de nuevo. En cuanto la viera le pediría que tuviera cuidado e incluso que ambas dieran una revisión a la casa porque conociendo a su padre, seguramente jugaría bastante sucio contra ellas.
Casi llegando a la casa se dió cuenta de que algo había cambiado, no supo identificarlo en un principio pero sabía que había algo extraño. Puso atención a su alrededor para descubrirlo y se dió cuenta de que la casa que se encontraba frente a la de Kanan, que siempre había estado deshabitada, ahora se encontraba con luces en su interior que indicaban que nuevos vecinos habían llegado. Generalmente eso no sería de extrañar, suele pasar en muchos lugares que vecinos llegan o se van y no es señal de alarma, pero siguiendo su instinto y conociendo a su padre, lo primero que pensó Mari es que sus temores estaban justificados, en definitiva las estaban vigilando.
Entró en la casa y no se molestó en cambiarse de ropa, tenía que averiguar enseguida si era verdad lo que sospechaba. Empezó a buscar por todos lados señales de que alguien hubiera entrado a invadir su privacidad, que alguien hubiera abierto la puerta y buscado entre sus cosas para encontrar señales de que pasaba algo retorcido para su padre. ¿Paranoia? Podría ser, pero no estaba de más hacer una revisión exhaustiva, y si Kanan no estaba en ese momento para hacerse cargo, ella también podía hacerlo.
Rebuscó en todos los rincones de la casa sin dejar un cajón sin ver incluso debajo de la mesa, el sofá, todos lados. Sólo que no había señales de que alguien hubiera entrado y dejado algún aparato de espionaje al más puro estilo de las películas pero aun así quiso estar segura aunque pareciera exagerado. La idea de que alguien más podría estar observando lo que pasaba detrás de esas paredes la dejaba complemente intranquila. Todas las habitaciones de la casa fueron revisadas, menos una, la habitación que Kanan se había rehusado a mostrarle desde que llegó y que se encontraba cerrada con llave de manera permanente.
Se debatió entre si debía entrar o no a ese lugar. Claro era parte de su investigación, se justificó, pero también era parte de la curiosidad que sentía por ese lado oculto que Kanan no le dejaba ver y que comenzaba a asustarla. Estaba tratando de llevar las cosas con calma, respetando la intimidad de su sensei en medida de lo posible, pero esa falta de información empezaba a sacarla de quicio y a hacerla pensar en mil y un tonterías.
Dentro de las habilidades que Mari había adquirido durante sus constantes cambios de residencia y en particular de escuelas ultraconservadoras, elitistas y herméticas, era aprender a abrir una puerta cerrada. Cosa que la había salvado de ser castigada en incontables travesuras que había realizado en el pasado y ahora le ayudaría a llevar a cabo una más de ellas aunque en esta ocasión difícilmente podría considerarlo como una travesura.
Con gran habilidad ayudada de un par de pasadores logró violar la cerradura y abrir la puerta. Esperaba que fuera una especie de habitación secreta o algo sacado de una historia de ciencia ficción o de una serie de asesinos como las que había visto por la tv, pero no, lejos de ser algo como eso, era una habitación normal, muy parecida a la de Kanan con la única diferencia de que era evidente que pertenecía a una persona de sexo masculino pues todo, desde la ropa, los zapatos, los accesorios en el tocador, lo indicaba.
Mari se sintió aún más intrigada por esto e intentó averiguar más sobre la identidad de esa persona, quizás Kanan tenía algún fetiche raro o alguna fijación extraña de la que no tenía la más remota idea o simplemente era la habitación de un familiar. No sabía mucho sobre Kanan, eso era verdad, ni sobre su pasado realmente. Lo único que supo es que fue la pareja de Dia por algun tiempo en su adolescencia, pero, aquí venían más ideas locas, ¿si ella tenía algún tipo de relación con un hombre? ¿Y si esa era la razón por la que se escabullía de la manera en que lo hacía? Porque era obvio que no quería que Mari se enterara y sincera así es porque debía ser algo muy malo.
Fue allí que se percató de una cosa. Ciertamente en la casa no había una sola fotografía de Kanan o de alguien más y nada pudo encontrar sobre la identidad de la persona a la que pertenecía la habitación, pero lo que era claro es que esa persona aun se encontraba viviendo en esa casa, la ropa no tenía un olor a "humedad" o a "guardado", no había polvo en la habitación, incluso se percató de que hacía falta una maleta en el closet de la habitación pues el juego se encontraba incompleto y habían zapatos faltantes en la zapatera. El misterio se hacía más grande conforme más lo pensaba y estaba decidida a interrogar a Kanan una vez que estuviera de regreso para acabar con ese secretismo estúpido.
Con el correr de las horas su ansiedad se iba incrementando, hasta que llegó el momento en que se hizo insoportable, fue entonces cuando decidió hacerle una llamada a Kanan. La cual ignoró en un principio pero como insistió, Kanan terminó respondiendo luego de varias llamadas. Le dijo que tardaría un poco más de tiempo en volver pero que había comida en el refrigerador por si tenía hambre, cosa que hizo que Mari se molestara sobre manera. ¿Acaso Kanan no entendía que se preocupaba por ella? ¿Por qué seguía sin decirle la verdad? Algo estaba pasando y no tenía ni idea de que era. Lo que más le molestaba y dolía era que si no se lo decía es porque no confiaba en ella.
Quiso esperar despierta a su regreso, pero perdió la batalla cerca de las 3 de la mañana cuando se quedó dormida sin remedio.
Esa mañana, el rico aroma del desayuno y del café la sacó de su profundo sueño. Pudo ver que ella había sido la única que había ocupado la cama en la noche y eso la hizo terminar de despertar. Corrió casi con desesperación hacia la cocina para encontrarse con Kanan.
—¡Oh Mari buenos días! —saludó Kanan con una amplia sonrisa que no ocultaba las bolsas debajo de sus ojos signo de su desvelo—. Hice té y café, ¿qué prefieres?
—El té está bien —respondió Mari con recelo, estaba enojada pero no sabía muy bien cómo abordarlo sin que riñeran por ello—. ¿Por qué no llegaste ayer?
—Tuve un contratiempo que se prolongó más de lo debido, pero ya está resuelto —informó con tranquilidad siguiendo en lo que estaba apenas sin prestarle atención.
Mari la abrazó por la espalda aunque lo que quería realmente era golpearla por mentirle.
—Si algo estuviera ocurriendo, ¿verdad que me lo dirías? —dijo Mari con temor aferrándose con más fuerza.
—Claro Mari, todo esta bien, no pasa nada, son solo cosas del trabajo… —trató de calmarla—. ¡Oh por cierto! ¿Sabes cuando se mudaron los nuevos vecinos? No me había percatado de eso pero hace rato pude ver que hay gente en esa casa —desvió la conversación con total descaro.
—De eso quería hablar contigo, creo que papá nos está vigilando —informó Mari aún sin soltarla—. Debemos tener cuidado.
Kanan agarró las manos de Mari que la sostenían por la cintura y las retiro para poder moverse.
—Eso quiere decir que ni en casa estamos seguras, tal como él dijo —Kanan fue hasta la estufa para servir el desayuno ignorandola.
Mari respiró profundo, esa actitud de Kanan estaba sacándola de sus casillas.
—Lo siento, siento haber traído tanta complicación a tu vida —dijo con pesar.
—No tienes que disculparte Mari —dejo los platos sobre la mesa—, yo quiero cuidarte, yo… lo necesito, no puedo estar tranquila si no estás conmigo —diciendo tal confesión Kanan se sentía apenada y de nuevo Mari se fue sobre ella abrazándola, pudo sentir el temblor proveniente del cuerpo de Mari lo que le dijo que había hecho lo correcto en ser sincera en ese aspecto—. No estamos haciendo nada malo y no permitiré que se acerquen a nosotras.
—May I ask you something? —aprovechando ese momento de sinceridad Mari quería hacer la pregunta temida.
—Puedes —respondió Kanan con dulzura aún sosteniendo con suavidad el cuerpo de la rubia.
—¿Tú… estás con alguien más? Quiero decir… umm… —sentir celos no era algo a lo que estuviera acostumbrada y lidiar con ellos podía ser más molesto de lo que había imaginado—. ¿De manera sentimental?
—¡¿Ah?! ¿De dónde sacas eso? —Kanan la miró de frente alzando su rostro que permaneció agachado mientras hablaba, pues Mari se sintió muy avergonzada por haber preguntado algo así cuando en su corazón sabía que Kanan sólo tenía ojos para ella.
—Bueno… no es que lo haya sacado de ningun lado, es sólo que… no has venido a casa y has estado extraña… —balbuceó.
—Entiendo, pero no tienes que preocuparte por algo así. Es cierto que no tenemos una… relación … estable digámoslo así —bajó la voz en eso último sólo por si las dudas, ya se había contagiado de la paranoia de Mari—, pero tampoco es que no tengamos nada, tenemos una especie de algo complicado, pero… estamos juntas, ¿no es verdad?
—Well, we are but… —dudó cabizbaja.
—Pero nada —Kanan le dió un rápido beso en la mejilla—. ¿Podemos comer ya? Muero de hambre.
—Bien, comamos entonces —respondió Mari con una sonrisa sabiendo que no obtendría más allá de eso.
Mari se hubo hecho el propósito de averiguar un poco más sobre las extrañas obligaciones de Kanan por las cuales se había estado ausentando en las tardes, esto debido a que todo pintaba a que por tercera ocasión hiciera lo mismo. Si la mujer no le daba información entonces ella estaba dispuesta a encontrarla así tuviera que ir al fin del mundo.
Justo cuando creyó estar encontrando algo, ya había planeado una estrategia de actuación, Kanan la llamó para que la acompañara, al parecer iban a salir a navegar.
—¿A dónde iremos? —preguntó Mari emocionada.
—Tengo que ir a Numazu a hacer unas entregas de un material que me solicitaron —le mostró una gran bolsa que iba cargando—, pero también quiero aprovechar para que contactemos a You-chan, se que prometí que lo haría ayer y no lo pude cumplir.
—¡Ah, eso es genial! Pensé que no lo recordarías —Mari se colgó del otro brazo de Kanan entusiasmada.
Fueron al muelle y abordaron un barco que, aunque era pequeño para los estándares de Mari, era bastante bonito y funcional. Kanan lo encendió y salieron a toda velocidad rumbo a Numazu. Mari conocía ya algunas facetas de Kanan pero aún existían algunas otras que desconocía. Como ahora, viendo a Kanan tan feliz y apacible navegando libre en mar abierto, como si el barco fuera una extensión de su propio cuerpo y disfrutará del viento y la brisa salada del océano, eso era algo que poco había mostrado en estos días, esa felicidad y tranquilidad.
Fue hasta su regreso que se detuvieron cerca de una isla algo alejada de tierra firme para que Kanan pudiera utilizar la radio satelital con la que contaba el barco.
Estuvo algún tiempo probando con las frecuencias hasta que recibió respuesta de alguien que Mari supuso, por la reacción de Kanan, que era de donde You estaba. Había tenido éxito con la misión.
La radio se quedó unos minutos en silencio hasta que una conocida y muy animada voz las saludo con su cordial modo.
—¿Kanan-sensei? —se escuchó la voz sorprendida de You del otro lado del parlante.
—Hola You-chan —respondió al saludo Kanan y le dejó la radio a Mari para que pudieran hablar.
—You-chan, ¡te escuchas tan "shiny"! —fue el turno de Mari de saludar.
—¿Mari-chan? ¡Oh vaya! ¡Hola hola! —dijo You explotando de felicidad—. Me siento muy bien, estar en altamar es genial, papá es genial y su trabajo es más que genial. El sol, el mar, todo es increíble.
—¿En serio? ¿Hasta donde has ido mi pequeña marinero? —preguntó Mari contagiándose de su entusiasmo.
Lo que iban a hacer para no levantar sospechas es averiguar toda la ruta que You seguiría y de esa manera Kanan podría calcular cuando y en donde la podrían encontrar sin levantar sospechas. Quería que fuera una sorpresa.
—Pues hemos estado por todos lados, ahora mismo estamos por dejar mercancía en ¿adivina dónde? —preguntó You jugando un poco—. ¡Guam! Vamos a desembarcar mañana en Guam, eso es otro país Mari. Nunca he estado en otro país. Recogeremos mercancía y emprenderemos el regreso. Cuando sea grande quiero hacer esto.
Kanan de inmediato sacó un mapa que colocó en una mesa a lado de la radio y marcó el punto en donde estaba You con la fecha y empezó a hacer anotaciones en el mapa a la par que seguía la conversación.
—Oh my god! You-chan eso suena genial, ¿a qué otros lugares irás? —preguntó Mari con perspicacia.
—Pues, pasado mañana saldremos de Guam, pararemos dos días en las Islas Marianas del Norte umm… ahí creo que solo haremos una pequeña parada de un día y después nos enfilaremos a la isla de Ogasawara —hizo una pequeña pausa en la que Kanan aprovechó para hacer todas las anotaciones restantes en el mapa—. Dice papá que eso espera que sea dentro de 1 semana y después haremos una pequeña escala en la isla de Hachijo para terminar el viaje en la bahía de Tateyama.
—¡Wow! You-chan tienes una agenda muy apretada. ¿Irán a otro lado después de eso?
—Si, bueno, papá dice que tiene otro cargamento que entregar pero aún no me ha dado detalles de ese —expresó pensativa—. Aún así esto es genial, amo la vida en el mar, es… liberador.
—Me da tanto gusto You-chan, solo espero que quieras volver y estés pensando en quedarte desde ya viviendo en el mar —bromeó Mari.
—Claro que volveré, tenemos una competencia que ganar, ¿recuerdas? Dile a Kanan-sensei que he estado entrenando todos los días, ese programa que me dió es impresionante —expresó la chica con suficiencia.
—Ella te escuchó y está sonriendo, dice que espera lo puedas demostrar en el agua a tu regreso —se oyó la risa de You.
—Lo haré Mari-chan, me siento mejor, más fuerte y más rápida, ya lo verán —un ruido se escuchó del lado de You seguido de un espacio de silencio que inquieto a Mari—. Me tengo que ir Mari-chan, no sé cómo me encontraron pero me dió mucho gusto hablar con ustedes.
—Solo queríamos asegurarnos que estuvieras bien You-chan, eso y que te extraño mi pequeña lobita de mar —dijo en tono cariñoso—, te escucho mejor que bien y eso me hace estar más tranquila.
—Lo estoy Mari, creo que esto es lo que necesitaba, estar lejos para poner mis sentimientos en orden y creo que ahora lo están, pero ya hablaremos de eso a mí regreso. Cuidate Mari y saludame a sensei, nos vemos —la comunicación se cortó dando por terminada la plática.
—¿Y bien? ¿Podremos hacer algo por estas dos? —preguntó Mari viendo cómo Kanan trazaba una serie de líneas en el mapa y hacía anotaciones por todos lados.
—Pienso que sí, aunque tendremos que esperar a que estén más cerca —Kanan encerró una pequeña isla en el mapa—. ¿Ves ésto? Aquí es en donde podremos alcanzarlos, la isla de Hachijo se encuentra a unas 4 horas de aquí, ellos estarán pasando la próxima semana, aunque tendríamos que viajar desde el viernes sólo por precaución. ¿Crees que Riko-san quiera?
—No es cuestión de que quiera mi dulce capitán, ella estará ahí, no tengo la menor duda~ —concluyó la rubia en tono cantarín.
Tan pronto como llegaron a tierra, Mari se encargó de llamar a Riko para informar la noticia. Acordaron en verse el viernes muy temprano por la mañana para viajar a esa isla en donde probablemente pasarían todo el fin de semana. Kanan se había ofrecido a llevarlas, aún si ella no tenía nada que ver en lo que había pasado con You y Riko, ella se seguía sintiendo responsable por haber contribuido al desastre y quería hacer su pequeña aportación para resolverlo de la mejor manera para todas.
No era tan tarde cuando volvieron a la oficina. Retomaron las labores y el resto del día transcurrió en relativa calma. Estuvieron en la oficina hasta bastante tarde en lo que Mari le mostraba a Kanan los avances que había hecho con sus desordenadas finanzas.
—¿Hoy no tienes trabajo fuera? —preguntó Mari al ver que ya era más o menos la hora en la que Kanan había estado ausentandose en los días anteriores.
—No, hoy no tengo ningún pendiente —dijo Kanan sin quitar la vista de lo que estaba haciendo.
—¿Irás conmigo a casa hoy? —preguntó Mari con recelo sin creer que fuera verdad.
Una sonrisa se dibujó en la cara de Kanan, quizás era la felicidad contagiosa de You o el tiempo que habían estado en altamar que tenían de tan buen humor a Kanan.
—¿No quieres que lo haga? —preguntó alzando las cejas en tono seductor.
—No lo sé… may be —respondió Mari para tocar el orgullo de Kanan.
—¡Oh muy bien! Entonces cancelaré la cena que había planeado para ambas… —tomó su teléfono fingiendo marcar un número.
—No… no tienes que hacerlo —la detuvo Mari—, me gustaría eso.
—¡Perfecto! —Kanan se puso de pie y le ofreció su brazo para que se incorporara—. Me parece que hoy hemos trabajado lo suficiente.
Mari dejó lo que estaba haciendo y tomó el brazo de Kanan para abandonar el lugar, debía aprovechar ese buen humor. Ya por la hora que era, ellas eran las únicas que se encontraban en la oficina, pero desde que habían iniciado las sospechas de que estaban siendo vigiladas, sus muestras de afecto se habían reducido considerablemente no solo en público.
Kanan quería invitar a Mari a un restaurant que amaba aunque apenas se le podía llamar así, pues era una especie de cocina casera a donde Kanan amaba ir a comer por las noches ya que está era como la comida que su padre le preparaba.
Estando en la cena y con la conversación fluyendo de manera normal, Mari quiso saber otro tema importante que tenía pendiente.
—Emm odio ser una molestia y todo eso —dijo Mari una vez que ordenaron la cena—, pero quería saber cuándo me llegará mi primer pago, ya casi llevo una semana trabajando.
—Umm… tres días —aclaró Kanan de manera molestosa para hacerla enojar—, solo has trabajado tres días y bueno considerando el día del mes en el que estamos, yo diría que tú cheque te llegará dentro de —hizo una pausa para hacer las cuentas—, 20 días —concluyó.
—¡¿Qué?! ¿20 días? Pero… ¿Como se supone que viva de aquí a fin de mes? Para entonces ya estaremos casi de regreso en clases —dijo Mari decepcionada—. ¡Qué horrible es ser asalariado!
—Tampoco es que te haga falta algo —rebatió Kanan indignada—, te dije que no necesitarías trabajar.
—No es que me haga falta algo, pero… bueno yo quería no tener que depender tanto de ti —confesó Mari exhalando con desánimo.
—Supongo que algo podemos hacer al respecto —Kanan encogió los hombros y dejó que la señora que atendía el lugar les dejara la comida en la mesa—, déjame hablar con el jefe.
—Pero el jefe eres tú —respondió Mari divertida tomando los palillos—. ¡Sólo estás jugando!
—¡Es cierto! —fingió sorpresa—. En ese caso entonces tendrás que convencerme a mí —le guiñó el ojo coquetamente.
—Veo que quiere jugar rudo sensei~, pero no estamos en un lugar en donde podamos hacerlo —expresó la rubia con desagrado—, supongo que tendremos que dejarlo para la casa.
—Supongo que así será —le dió la razón Kanan.
La cena transcurrió tan amena y divertida que ambas se relajaron bastante de las presiones de los días anteriores. Tenían un viaje en puerta que les serviría para alejarse de los problemas que las rodeaban y ambas tenían la esperanza que eso les ayudara a acercarse un poco más y a quitarse los fantasmas de la paranoia que les había asaltado en los últimos días.
Esa sensación de estar siendo observadas se incrementaba cuando estaban en casa y aunque esa era la principal razón por la que no tenían mayores acercamientos, ninguna de las dos había renunciado a dormir en compañía de la otra, aún si no tenían intimidad del tercer tipo, era agradable y cómodo el dormir abrazadas toda la noche.
Muy temprano cuando aún el sol no hacía su aparición, Mari alcanzó a escuchar a Kanan tomando una llamada. Supo que algo malo pasaba al ver, con la poca luz que llegaba a la habitación, la expresión rígida en la mujer, era casi inexpresiva.
Supo entonces, que nuevamente Kanan se ausentaría pero en ésta ocasión, a diferencia de las anteriores, no se quedaría con los brazos cruzados y averiguaría que rayos estaba pasando con sus salidas misteriosas. No más secretos.
Apenas Kanan abandonó la habitación, ella se puso de pie y se cambió de ropa de manera sigilosa. Salió casi corriendo tratando de adivinar hacia donde había salido Kanan siguiéndole los pasos de cerca pero sin ser descubierta.
Afortunadamente pudo encontrarla caminando a lo lejos en la calle y empezó a caminar manteniendo distancia suficiente para evitar delatarse.
Miles de pensamientos pasaban por su cabeza. ¿Por qué Kanan era tan misteriosa y no podía simplemente explicarle lo que fuera que pasaba? ¿Siempre era así o solo es desde que ella se quedaba en casa?
Mari se lamentaba por no haberse interesado más en estos detalles antes. Siempre estaban centradas en los problemas referentes a ella que Kanan en muy pocas ocasiones le había compartido cosas referentes a su vida privada. Mari estaba más que decidida a cambiar eso a partir de ese día.
Sólo que, la caminata de Kanan las había llevado ¿al hospital?
—¿Otra vez? ¿Por qué? —se preguntó, pero no había nadie que le diera una respuesta.
Mag Max Kuv Bigotes: ¡Albricias! ¡Albricias! ¡Al fin acabe! Se me hizo eterno este capítulo pues si lleva un poco de trabajo. Debo decir que, bueno más bien que este capítulo fue basado en algunas partes en historias reales que cuenta la leyenda les pasaron a las autoras de este fic, así que espero al menos se hayan reido con las peripecias que sufrió Kanan y Mari.
Ahora los dejo con la notita de mi querida novia, además de que dado que ya muero de sueño, publicaré la primera parte del final de Deber el día de mañana sin falta.
Gaby: ¿Qué les pareció el capítulo? Espero se hayan divertido con las aventuras de Mari y Kanan. Me divertí mucho escribiendo este capítulo porque en verdad que pusimos algunas experiencias personales.
Dejo la notita al final para agradecerles todo el amor que le han dado a este pequeño fic. Y dado a que ya nos encontramos con el espíritu navideño y las fiestas a cuestas, hemos decidió publicar un capítulo especial navideño. Esperamos poder publicarlo antes de Navidad o esa es la intención al menos.
Como parte de la dinámica navideña, si tienen alguna duda o pregunta referente al fic que les gustaría saber o algo que quisieran se aclarara (porque estamos conscientes que tenemos fallos y puede ser que algunas cosas quedarán algo raras o complicadas de entender), estaremos respondiendolas en el especial navideño y con eso despediremos el año esperando retomar la historia como hasta ahora en el mes de enero.
¡Gracias por todo!
