Recordatorio: Actualizo cada dos semanas más o menos. Podéis ver comentarios de los avances en mi perfil, donde pone "Tablero de anuncios" con su fecha.
¡Hola a todo el mundo!
Empiezo con una mini petición: si aún no conocéis mi cómic de Hell and Heaven (Entre el Cielo y el Infierno), porfa, dadle una oportunidad, ya que está en una posición bastante buena del ranking en Wattpad y me encantaría poder llevarla más arriba. Podéis encontrarlo en mi perfil de Wattpad (también lo actualizo cada dos semanas), Tapastic y Webtoon (estos dos últimos en inglés). En Wattpad tenéis hasta el capítulo 8, donde me encuentro actualmente. Y si no, siempre podéis ir a la web oficial: hellandheaven net/es (añadidle un punto entre las dos primeras palabras).
Ahora el fanfic:
Creo que empiezo a comprender en quién me basé realmente para crear a Richfield. Buscaba alguien de gran influencia que tuviera tanto poder como las influyentes familias que están actualmente en lo alto de la pirámide, o al menos, es lo que se dice. Un "intocable".
Por cierto, he intentado buscar dónde vivía Nick exactamente y aparte de la escena de la película no tengo muchas más referencias así que pido perdón si no os convence cómo he usado esa información. De todos modos, ahora debería vivir en otro sitio más acorde a su trabajo, así que lo he alojado en un apartamento similar al de Judy con ciertas ventajas. .;) Del mismo modo, no tengo más información sobre ciertos personajes, así que me he tomado la libertad de imaginarme su historia. En cuanto a Finnick, no he encontrado su apellido, así que uso el de su doblador original: Lister, aunque se dice por ahí que el pequeñajo podría ser medio francés.
Y sí, sé que en Zootrópolis no deberían existir armas, pero ya las he usado alguna vez y en parte son un elemento que necesito para contar esta parte así que, con vuestro permiso, las usaré en el relato.
Otro dato: buscando he localizado que el hospital de Zootrópolis parece estar en Tundratown, pero me parece poco lógico. Si alguien está enfermo o no puede moverse, la nieve y el hielo no son precisamente una ayuda. No obstante, lo dejaré así de momento hasta que alguien me confirme otra ubicación.
Ah, y una curiosidad... Clawhausser toma leche con cereales en la peli... esa leche... deduzco que será vegetal. Yo, por si acaso, lo dejaré así.
Respuesta a comentarios:
1) Gracias por las felicitaciones nuevamente y por toda la información criminológica, judicial y demás que algunos de vosotros me habéis ido proporcionando. Sé que la ley tendría que ser suficientemente poderosa para meter a Glenn entre rejas, pero con la falta de pruebas físicas y conociendo cómo funciona nuestro mundo, por ahora espero que esté resultando algo creíble. No es fácil pero tomo referencia de la situación en España. Corrupción everywhere.
2) A los que habéis comenzado a leer ahora, gracias por el comentario sobre la edad de los conejos. Lo tengo en cuenta para cuando tenga que modificar el PDF.
3) Ya queda poco para que las cosas vayan cayendo en su lugar... No puedo deciros cuántos capítulos quedan pero nos estamos dirigiendo a la recta final. No llegaré al segundo año, lo siento. ;)
Y ya sin más, os dejo con el capítulo. ;) ¡A leer!
Banda sonora:
Judy:
- Will and Anna (Notting Hill) - Trevor Jones [hasta donde llegue]
Nick de visita / Nick en casa:
- Mr. Big (Zootopia) - Michael Giacchino
- Country Hymn (Corduroy Road) - Adam Young [hasta 2:25]
Judy llega tarde / Conversación con Bogo:
- Nova Scotia (The spirit of St Louis) - Adam Young [a partir de 0:44]
- A father's wish (Leap year) - Randy Edelman
Nick en Palm view:
- Rick's Long Rod (The mummy: Tomb of the dragon emperor) - Randy Edelman
La llamada y la carrera del metro:
- Pack Ice (The Endurance) - Adam Young [hasta donde llegue]
Capítulo 36: Intocable
El edificio tenía mejor aspecto que la vieja fábrica en ruinas donde Nick había pasado ciertos años de su vida; una pieza única con baño y cocina americana que bien podía considerarse un lujo, y más al precio que estaba el alquiler en la zona.
Algunos de los vecinos se dejaban siempre la puerta de la calle abierta y, aunque con ello invitaban a cualquiera a colarse en el portal, fue muy oportuno para Judy, ya que el interfono no respondía.
Un par de vecinas estaban hablando junto a una de las ventanas del segundo piso y la saludaron al pasar, reconociéndola de refilón. Había venido varias veces desde que Nick se alojaba allí y siempre se las encontraba de cháchara en el mismo lugar, cotilleando sobre los inquilinos del cuarto o la solterona del primero. Suponía que también hablarían del zorro, pero se reservaban esa parte para cuando ella ya había desaparecido.
Habiendo ascendido los sesenta escalones sin ni siquiera inmutarse por el ascensor, por fin se plantó en la puerta de Nick. Llamó un par de veces, dándole tiempo por si estaba indispuesto, pero no obtuvo ninguna respuesta. Paró la oreja en la puerta por si acaso, mas fue inútil, su compañero no estaba en casa.
Como último recurso intentó llamarlo una vez más, comprobando que el teléfono se encontraba también apagado o fuera de cobertura, así que no tuvo más remedio que darse por vencida. Habría podido esperarlo un rato pero, siendo tan tarde no era plan pasearse con la maleta arriba y abajo. Aunque aquella zona de la ciudad era bastante segura, no tenía ganas de llegar a casa a las tantas. Además, estaba bastante cansada y, de acostarse tarde, no estaría en plena forma para volver al tajo, así que desistió y regresó a su piso que, por suerte, estaba a sólo algunas manzanas de allí. No tuvo que usar ni el metro.
Una vez en su habitación, dejó los bártulos en un rincón sin ganas de desempaquetar, atrapó uno de los tuppers de su madre y devoró el puré de zanahoria y calabacín tranquilamente mientras preparaba su uniforme. Al no tener nada en el frigorífico, le fue de perlas; no obstante, se encargaría de hacer la compra al día siguiente, después del trabajo.
Y hablando de frigoríficos; aunque esta vez se sentía más a salvo, Nick no le quitaba ojo a los osos polares que aguardaban pacientemente mientras le explicaba la situación a Don Bruto, quien lo escuchaba con atención, cómodamente sentado en la intimidad de su despacho.
Resultaba quizás una osadía presentarse con las manos vacías para predicar ayuda, pero no lo habría hecho de no ser estrictamente necesario, y menos aún sin Judy a su lado, que era la que tenía más relación ahora mismo. Sin embargo, la situación exigía al menos que el capo estuviera al corriente del peligro que suponían esas fotografías y del propósito para el que estaban siendo usadas.
Las cejas de Don Bruto se arquearon a medida que el pelirrojo le contaba todo cuanto había sucedido con Glenn, remarcando que, aunque no afectara estrictamente a la família, sí podía implicar un problema para la madrina de la recién nacida hija de Fru fru.
No sabía si era el mismo fotógrafo quien le habría vendido las fotos a Richfield, pero Don Bruto era, actualmente, el único que podía aportar algo de luz a la incógnita y quizás usar su poder para proteger a Judy.
A pesar de todo, su respuesta tras el largo relato, sorprendió a Nick.
—El nombre que mencionas, Nicky, está fuera de mi alcance.
—¿Qué? —El pelirrojo abrió unos ojos como platos.
—Conozco a ese Richfield. —Prosiguió la zarigüella con su afónica voz. —Mantuvimos algunos negocios en el pasado... pero nunca directamente. Siempre usaba intermediarios para evitar que se nos relacionara y no creo que ninguno de ellos esté dispuesto a poner su vita en peligro. Siempre se ha cubierto muy bien las espaldas. De hecho, fue por uno de esos affari que nuestro vínculo se rompió. Y la verdad, no deseo recuperarlo.
—Pero... Don Bruto —le pidió con mucho respeto, uniendo las patas a modo de súplica —si usted pudiera concederme un poco de su ayuda, yo...
El capo lo detuvo con la pata y suspiró.
—Voy a serte sincero, Nicky. Me gustaría echarte una pata esta vez, ya que Judy forma parte de la famiglia... pero en este caso no puedo.
Nick se arriesgó, agarrándose a su esperanza como si fuera un clavo ardiendo.
—¿Puedo... preguntarle por qué?
Don Bruto se tomó unos segundos para responder, con cejas tristes y gran dolor en el corazón.
—Verás... todo sucedió unos meses antes de cortar mis negocios con James Richfield. —Puntualizó. —Por aquel entonces, comerciábamos con gatera porque salía rentable y la ley no era tan dura. Desconozco de dónde la sacaba, pero siempre cumplía su parte a través de terceros que nos hacían llegar la mercanzia in perfetto stato. —Se permitió una pequeña pausa antes de seguir. —Sin embargo, un día dejó de llegar el cargamento. Como es normal, me interesé por su paradero, pero no tuve manera de contactar con él. Pensé simplemente que ya no podría importar la hierba y que nuestros asuntos quedaban finiti. A pesar de todo, una semana después, recibí una carta sin firma con amenazas y una copia de todos los envíos de gatera a mi nombre. Richfield no figuraba en ninguna de ellas.
—Porque no constaba como vendedor. —Completó Nick, recibiendo un asentimiento de su interlocutor.
—Al principio no me dejé impresionar. Siempre he tenido muchos recursos y buena protección... —su semblante se volvió aún más sombrío —pero fue la mia mamma... quien recibió el golpe a causa de mi arrogancia.
Nick tragó saliva. El tema se había vuelto más delicado de lo que esperaba. Sí, se acordaba de la mamma. Era una buena mujer, alta, esbelta, con un encantador acento italiano, siempre con una expresión dulce en los ojos... y sin movilidad en las piernas. Le guardaba gran respeto por la bondad que le había demostrado en sus años mozos... y por el giro que estaba tomando el relato de Don Bruto, no le costó imaginar lo que había sucedido, pero prefirió oírlo de su boca.
—La atacaron a traición en una de sus visitas al parque. Un tipo le disparó desde lejos, usando un ripugnante periódico para encubrir el arma mientras la apuntaba... y mis chicos no pudieron evitar la primera bala. Fue un duro golpe y casi no sale de allí con vita. El canaglia escapó y nunca supe hasta qué punto guardaba relación con Richfield, pero jamás he vuelto a saber nada de él hasta ahora, incluso intentándolo varias veces. Y por lo que dices, el que lleva el negocio actualmente es su figlio, así que no creo que haya dejado cabos sueltos.
—Si al menos pudiera encontrar a algunos de esos intermediarios sería suficiente para...
—Nicky, escúchame. —Lo cortó la zarigüella. —Cada vez recibíamos el cargamento de alguien diferente; y el que hablaba de más desaparecía del mapa. Es como buscar una aguja en un pagliaio. Aunque pudiera darte la lista, esos intermediarios son ilocalizables; quizás ni existan ya. Te estoy hablando de hace muchos años.
—Pero tengo que encontrar algo con lo que contraatacar a Richfield... —Nick sintió que sus fuerzas lo abandonaban poco a poco.
—Richfield es intocable y yo no puedo poner a mi famiglia en peligro. —Insistió Don Bruto. —Puede que tenga influencias... pero hay ciertos sujetos en este mundo a los que no puedo enfrentarme, ni siquiera para ayudar a la madrina de mi nieta. Tan sólo puedo reclamar mi derecho a la privacidad por esas fotos si alguien decide publicarlas. Ni siquiera puedo denunciar a ese bastardo a menos que pueda demostrar que las tiene. Y aunque pudiera, sólo me aportaría una compensación económica tras la publicación de las fotos; no antes. Podría enviar a mis chicos a hacerle una visita, pero tiene ojos y patas en todas partes. Mis acciones no pasarían desapercibidas y ya me estoy haciendo muy vecchio para estos trotes. Lo único que puedo decirte, Nicky, es que se lo cuentes a Judy.
—No puedo hacerlo. —El zorro bajó las orejas. —Glenn es capaz de todo. Si no puede tenerla...
—Si no lo haces, la perderás tú. —Replicó el capo. —Aunque Judy dejara la comisaría seguiría siendo la madrina de mi nieta. En ese caso, sí podría contrataros a los dos a mi servicio porque ya no importaría...
—Su sueño se cumplió cuando se convirtió en agente de policía. —Nick frunció el ceño. —Si pierde este trabajo... todo se desvanecerá para ella.
—Es mejor que vivir una mentira. —Insistió Don Bruto, acomodándose un poco más en su butaca. —Pero tú eres el que decide. Os ayudare como pueda si Judy se queda en el paro, pero por ahora no puedo hacer más por vosotros.
El pelirrojo negó con la cabeza, posando la frente en sus patas mientras aguantaba los codos en las rodillas. ¿De verdad el capo más temido del distrito no podía hacer nada contra ese maldito ricachón? ¿Quién diablos era Richfield, el hijo del demonio? ¿Cómo podía tener semejante escudo? ¿En serio estaba esforzándose tanto para nada? ¡Maldita sea, algún punto débil debía tener! ¿Acaso tendría que contratar a un asesino a sueldo para terminar con esta tortura...?
Descartó ese último pensamiento. No, Nick no era quién para matar a nadie, aunque en el fondo lo estuviera deseando. Judy se habría sentido muy decepcionada con él sólo con pensarlo, pero tenía que haber una solución. No era posible que todas las puertas se estuvieran cerrando.
—Vete a casa, Nicky. —Le aconsejó Mascarpone. —Te irá bien dormir un poco.
El zorro inspiró profundamente y asintió con lentitud mientras dejaba escapar el aire. Se puso en pie para besar la mano de su anfitrión y se dejó acompañar por Raimond y Kevin, a quienes conocía de sobra, hasta su apartamento.
Ascendió en ascensor para evitar a las vecinas del segundo y entró en casa arrastrando los pies y la cola. Estaba muy frustrado y su última esperanza, por ahora, era Finnick. Atrapó la bolsa de guisantes congelados que tenía y se preparó un plato de pelotitas insípidamente verdes con algo de tofu. Al final le había cogido el gusto a esa cosa blanquinosa.
Mientras la mezcla se freía en la sartén, atrapó el móvil, que había silenciado antes de su visita, y comprobó que tenía varias llamadas perdidas de Judy. Con todo el embrollo, no había pensado en su llegada. Ahora ya estaría probablemente acostada, lista para madrugar al día siguiente; aunque la tentación de llamarla era bastante fuerte...
Posó un dedo sobre la pantalla sin llegar a tocarla, preguntándose si debería ceder a sus impulsos, pero abandonó la idea en cuanto reconoció el problema. Saludarla y preguntarle cómo había ido el viaje sería fácil, ¿pero qué más iba a decirle? ¿"Nos vemos mañana"? No, por supuesto que no. No volverían a verse en el trabajo al menos durante dos semanas, y eso si Bogo conseguía que le dieran luz verde en ese período de tiempo. Judy le pediría explicaciones y no tenía una buena excusa aparte de la verdad... y eso no podía contárselo... ¿no?
Lo meditó un minuto más. Si Don Bruto estaba atado de patas, Bogo también... y no había nadie más a quien pudiera acudir aparte de Finnick... ¿qué garantía tenía de que las cosas fueran a salir bien? La verdad, ninguna.
Si Judy supiera la verdad, querría hablar con Glenn para hacerlo entrar en razón; siempre había sido bastante diplomática... pero eso sólo traería consecuencias. A Richfield no le importaba destruirle los sueños si no conseguía su propósito. Y si intentaban obligarlo por la fuerza o amparados por la ley sin una prueba evidente... tenían nuevamente las de perder. Inevitablemente, seguía llegando a la misma conclusión: no; no podía decirle la verdad a Judy.
Echó hacia atrás en el menú y resopló con pesadez. Estaba harto de esa situación. Ahora también era tarde para llamar a Finnick y conocía el humor de perros que se le ponía cuando lo despertaban de sopetón, así que se limitó a enviarle un mensaje, citándolo al mediodía en la parada de metro de Palm view, lo suficientemente lejos de la comisaría para no encontrarse con Judy en caso de que saliera a patrullar. Tenía pensado invitarlo a comer y averiguar si habría logrado recopilar algo de información entre sus contactos o, por lo menos, localizar a alguien que estuviera involucrado con Glenn. Todo era posible y más en esa ciudad.
Dejó nuevamente el móvil en la mesa antes de que se le quemaran los guisantes y se sirvió el plato entero, devorándolo con hambre. La digestión hizo el resto. Tras una breve ducha, su cuerpo decidió que ya había tenido bastante y le reclamó una buena noche de descanso. Se acostó a las once y su móvil se quedó sin batería una hora después, justo antes de recibir una llamada perdida de la que no llegó a enterarse.
Cuando se levantó a la mañana siguiente, más en forma, se tomó su tiempo para ducharse otra vez y prepararse unas buenas tostadas con mantequilla y mermelada de arándanos acompañadas de una gran taza de café amargo. Estar de "vacaciones" tenía sus ventajas.
Se vistió tranquilamente y atrapó el móvil cuando ya eran las diez pasadas. Había estado tan ocupado que no había pensado ni en cargarlo, así que no le quedó más remedio que enchufarlo y esperar. Al encenderlo, reparó en la llamada perdida. Era de Finnick y no esperó un segundo a devolvérsela. Sin embargo, el pequeñajo no respondió; su móvil se hallaba fuera de cobertura; quizás apagado. ¿Seguiría durmiendo?
Consultó el reloj. Aún quedaban un par de horas para encontrarse, pero Nick supuso que no debía ser muy urgente si no le había dejado ni siquiera un mensaje de voz, de modo que aprovechó el tiempo para seguir investigando sobre Glenn en su pequeño ordenador portátil. No se arrepentía de haber invertido parte de su sueldo en comprarlo y estaba seguro de que le iría muy bien concentrarse en ello ahora que no tenía trabajo. Al fin y al cabo, iba a ser un día muy largo.
Judy tuvo un despertar algo más ajetreado. Su iCarrot sufrió un pequeño error a causa de un actualización automática del sistema y no la despertó, obviando la alarma que había programado para las cinco y media. De no ser por sus ruidosos vecinos, se le habrían pegado las sábanas. No obstante, no se privó de tomar su pequeña ducha matinal y se vistió a toda prisa sin inmutarse por el desayuno. De camino a la oficina, compró un par de rosquillas y las devoró antes de llegar al trabajo.
Habría querido pasar a buscar a Nick a casa para ir juntos, pero con lo tarde que era estaba segura de que su pelirrojo ya estaría allí.
Respiró hondo tras tragar el último y pegajoso pedazo de dulce y se dijo que hoy sería un buen día. Vuelta a la rutina. Tan sólo tenía que concentrarse en su deber y esperar el momento oportuno al final del día. Cuando estuviera a solas con Nick, aclararía las cosas por fin. Llevaba ya 48 horas sin verlo y tenía muchas ganas de volver a patrullar con él, con sus bromas y su buen humor.
Saludó a Clawhausser al entrar en la oficina, deseándole buen provecho con sus Lucky Chomps con leche vegetal de todas las mañanas y se fue a la sala de reunión con todo el mundo. El guepardo apenas pudo tragar lo que tenía en la boca antes de devolverle el saludo. Habría querido prevenirla de un detalle importante, pero ya la había perdido de vista y estaba seguro de que lo descubrirá pronto.
Bogo ya estaba frente a su atril, repasando las prioridades del día. Cuando la vio entrar, en vez de preguntarle por sus vacaciones, se limitó a remarcarle el retraso.
—Llega tarde, Hopps.
—Lo siento, Señor. No volverá a ocurrir.
Judy se plantó en su silla de un salto, no sin antes darse cuenta de que Nick no estaba ahí. No obstante, por respeto y profesionalidad, atendió a las instrucciones de su jefe en silencio, esperando pacientemente para poder preguntarle sobre su compañero; más no hizo falta. Cuando el comisario terminó de distribuir las tareas, añadió un breve comentario.
—Por cierto, el agente Wilde no asistirá a la comisaría durante las próximas semanas por... indisposición. Eso es todo. Pueden retirarse.
—¿Indisposición? —La expresión de Judy se enturbió.
¿Qué había querido decir con eso? Nick estaba bien cuando se había marchado... ¿o quizás era ese asunto del que no había querido darle detalles? ¿Un posible caso? Judy se hizo una película mental, imaginando que el zorro habría sido enviado por el jefe a cumplir alguna misión que requiriera muchísima discreción... tal vez una infiltración. Esa habría sido una buena excusa a utilizar por Bogo, pero el búfalo tenía otra réplica.
—Señor... —Nuestra policía saltó al suelo para detenerlo cuando se dirigía hacia la salida. —¿Qué ha querido decir con lo de que Nick está indispuesto?
—Eso debería preguntárselo a él, Hopps. —Bogo dejó caer la contestación con su habitual pasotismo, pero Judy no picó.
—¿Le ha pasado algo?
Verla preocupada no ayudaba a la conciencia del comisario, quien sentía el peso de la mentira sobre sus hombros, pero si Wilde tenía razón, arriesgarse a que lo supiera sería peor, de modo que optó por la vía rápida.
—No lo sé y me da igual, Hopps. Me pidió una excedencia y se la concedí. Así de simple. Ahora ocúpese de sus tareas y no pierda más tiempo con memeces. —La respuesta le salió más agresiva de lo que pretendía, pero Bogo odiaba mentir y no se sentía precisamente orgulloso de sus actos.
En cuanto cerró la puerta tras de sí, Judy recuperó algo de su determinación. Si el jefe no lo sabía, en efecto, no le quedaba más remedio que ir a buscar a Nick y preguntárselo directamente. Sin embargo, no podía escabullirse del curro así como así y Bogo se había encargado de darle un par de investigaciones recientes que precisaban tiempo y dedicación, para mantenerla bien ocupada.
Lo sensato sería concentrarse en su trabajo por ahora y esperar al final de la jornada para ir a buscar al pelirrojo nuevamente a su apartamento. Todo este asunto le olía mal y no terminaba de creerse que no le hubiera dicho nada al respecto. Para ser sincera, ni siquiera le había devuelto todavía las llamadas. ¿Qué estaría pasando?
Ahora que lo pensaba, su repentina retirada cuando aún estaba en Bunny Burrow ya era extraña. Había creído que, en efecto, se trataba de algo relacionado con el jefe... pero ahora que Bogo le había dado su versión, nada encajaba. ¿Le había mentido? ¿Estaría Nick metido en algún lío?
Intentó llamarlo de nuevo antes de salir de la habitación. Necesitaba comprobar que estaba bien, pero no había forma de contactarlo. No le respondía y ya era el tercer mensaje de voz que le dejaba desde su regreso. Tenía que haberle pasado algo; no era normal.
Se dirigió hacia su escritorio con la carpeta de sus dos casos y verificó las direcciones y toda la información que pudo conseguir de la base de datos. Afortunadamente, el primero estaba en el distrito de Sabana Central, muy cerca de la comisaría y del apartamento de Nick, así que no dudó ni un segundo en tomar la iniciativa. Con la excusa perfecta, se dirigió nuevamente al apartamento de Nick. Tenía que averiguar lo que estaba pasando.
Ya en Palm view, Nick se encontraba al lado de una de las pequeñas palmeras que adornaban la calle, echando pata de su móvil para distraerse un poco mientras esperaba a su compañero. Había decidido llegar un poco antes y reservar una mesa en Camel's para poder degustar un buen cuscús mientras Finnick lo ponía al día sobre sus indagaciones.
Sin embargo, llevaba ya más de media hora aguardando al pequeñajo sin novedades. De no conocerlo bien, tal vez se habría esperado un retraso accidental... pero el zorrillo no era de los que se hacían esperar. A pesar de su mal genio, era un tipo muy puntual y eso le daba razones a Nick para sospechar que algo no iba bien.
Terminó su partida de Clawy Crash para darle un poco más de tiempo y terminó por ceder al impulso de llamarlo, más no llegó a marcar su número que el teléfono empezó a sonar.
El número no era privado pero tampoco lo reconocía, así que descartó a Richfield de sus sospechas. Al responder, una voz femenina tomó la palabra.
—Buenos días, ¿el señor Nicholas Wilde?
—Yo mismo. —Simplificó.
—Disculpe las molestias, le llamo del hospital en Tundratown. Anoche ingresamos a un paciente llamado Finnick Lister quien nos ha facilitado su número para que le avisemos de su situación.
Nick sujetaba el aparato de milagro. Su rostro se había transformado en la viva expresión del terror al confirmar sus sospechas, aunque nunca habría imaginado que fuera tan grave.
—¿Señor Wilde? ¿Sigue ahí?
—S-sí, sí... esto... —intentó recuperarse un poco de la impresión a pesar de que las patas le temblaban. —¿Finnick está bien? Me refiero a si es grave lo que...
—El señor Lister se encuentra actualmente fuera de peligro y en rehabilitación, en la habitación 387. —Le informó la enfermera, consciente de su aliviado suspiro. —Ha insistido mucho en que nos pongamos en contacto con usted. Si quiere venir al hospital, el tiempo de visita es hasta las dos, pero necesitará pasar por recepción antes de subir a la habitación.
—Sí, lo entiendo... ahora voy para allá.
—De acuerdo. Le esperamos.
En cuanto finalizó la comunicación, Nick echó a correr de vuelta al metro. Aunque fuera un consuelo saber que su amigo se encontraba a salvo por ahora, estaba seguro de que el mencionado "accidente" no había sido una casualidad.
Finnick podía parecer un busca bregas por su modus operandi; de hecho, siempre iba con su bate de beisbol en caso de sentirse amenazado, pero no era estúpido. Jamás se metería en problemas él solo y sin ayuda; y menos aún arriesgarse a terminar en el hospital. La única explicación que tenía nuestro pelirrojo era que lo hubieran atacado a traición, quizás hasta le hubieran tendido una trampa, y no se sorprendería de saber que hubieran sido varios a la vez. El pequeñajo podía defenderse muy bien en una lucha de uno contra uno, pero su estatura no le permitía más. Escabulléndose era bastante bueno y puede que fuera eso lo que le hubiera salvado la vida; pero todas esas teorías no eran más que suposiciones y Nick necesitaba saber la verdadera.
Corrió a toda prisa por los pasadizos y tomó el primer vagón en dirección a Tundratown. Una vez allí, avanzó por la nieve a grandes zancadas, estando a punto de caerse un par de veces, y se plantó en la recepción del hospital con urgencia.
—Soy Nicholas Wilde. Vengo a ver a Finnick Lister. Habitación 387.
La recepcionista se tomó unos segundos para confirmar la información en su base de datos y tecleó un par de acciones.
—De acuerdo, ya puede subir.
—Gracias.
El zorro desistió de tomar el ascensor al ver a todos los que esperaban en fila y se precipitó hacia las escaleras, subiendo los peldaños de dos en dos.
Cuando alcanzó la habitación, el corazón se le encogió al ver el estado en que se encontraba aquel quien había sido su compañero de fatigas apenas un año atrás.
Las vendas rodeaban gran parte de su cuerpo, ascendiendo a la cabeza, y su rostro, aparte de un ojo bien morado, lucía varias magulladuras, prueba de una despiadada sesión de golpes.
Las piernas le temblaron cuando éste captó su presencia y parpadeó con un hilito de voz.
—Hola, Nick...
