Beyond of Times
by
Aline S.V
Disclaimer: Como siempre aclaro que los personajes no me pertenecen, sino que son de propiedad de la maestra Rumiko Takahashi.
Capítulo XXXVI: Live the present to live tomorrow
La vida tiene una curiosa y retorcida manera de darte o quitarte las cosas. Uno no obtiene jamás lo que desea si no da nada a cambio. A estas alturas, yo ya he dado algo que me pesará por el resto de mi vida, bueno, en realidad, puede que toda la eternidad.
Me he convertido en algo más que un simple humano, aunque desde un principio jamás fui normal, ahora soy longeva y mi deterioro celular es tan lento como lo es el de Inuyasha e, inclusive, Sesshoumaru… la única diferencia es que sigo siendo tan frágil como un humano común, puedo morir con facilidad por alguna enfermedad, envenenamiento, si pierdo demasiada sangre… ¡incluso si llegase a tener un parto complicado a futuro!
Pero, ¿cuál fue el precio que tuve que pagar?
Hace un poco más de un mes, a principio de las vacaciones de verano, decidí que lo amaba demasiado como para condenarlo a permanecer en un cuerpo humano, cuando sabía de sobremanera que él, a pesar de haber renacido así, se sentía incapaz de protegerme o más. Inuyasha había sacrificado años, siglos, para encontrarme, ¿por qué yo no habría podido sacrificar un poco de mi vida para devolverle lo que siempre ha sido? Así que acepté, se lo dije.
Sabía que nunca más podría ver a mi familia de la misma forma, de hecho, ya no puedo mirarlos a la cara sin que se me oprima al corazón. Soy consciente que tarde o temprano los perderé a todos.
Y aquí estoy, haciendo las maletas como cualquier humana común que se irá a Canadá para seguir con sus estudios de medicina en la Universidad de Toronto. Inuyasha piensa que es un poco precipitado marcharnos en pleno verano, y es que el tiempo se había pasado volando, pero ambos debíamos volver a disimular al otro lado del mundo, aparentar ser una pareja joven de humanos, aunque en realidad ya éramos marido y mujer frente a los nuestros y la CID, que era lo que realmente importaba.
Ahora que divago en eso, podríamos intentar… vivir juntos. Tal vez arrendar un departamento, aunque; claro, aquello se sale de nuestro presupuesto, apenas y tendríamos dinero para mantenernos con la cantidad de estrés que recibiríamos en unas cuantas semanas.
―Kagome―llamó.
Me erguí en mi puesto junto a la cama, donde había estado guardando ropa y algún que otro regalo para mis amigos. Inuyasha estaba parado en el umbral de la puerta, con una pose arrebatadora. Yo le sonreí, podía verlo a través de su encanto y no pude evitar reír al ver sus orejas moverse de un lado a otro, captando todos los sonidos cercanos.
―Dime―dije con voz cantarina.
―Tu madre dice que dejes un rato de empacar, ella ha servido la cena―dijo con un tono que intentaba ser serio.
― ¿Quieres que adivine qué ha preparado? ―él hizo un sonido chistoso que tomé como afirmación―ramen casero, ¿no es así?
―Bingo―dijo y se relamió los labios― ¿vamos? ―extendió su mano hacía mí.
Casi había pasado un año desde que nos reencontramos, pero sigo sorprendiéndome de la actitud distendida de él. Amo esa nueva faceta también, tanto como amo sus ataques de celos y su carácter troglodita de algunas ocasiones.
―Con gusto―dije en una sonrisa antes de coger la mano que me ofrecía.
―Dime una cosa, ¿sabes hacerlo? ―me susurró mientras salíamos de mi vieja habitación.
―Inuyasha…―advertí. Tal vez debería aprender, para complacerlo un poco. A ver qué tal se comportaba él si lo regaloneaban un poco más de la cuenta.
Mamá me miró con nostalgia mientras cenábamos, esta sería la última noche que nos veríamos. Era poco probable que lograra costearme un nuevo pasaje a mediados del año universitario, aunque ella también comentó algo de ahorrar para un viaje durante alguna de las festividades nacionales.
Suena bien. Aunque no sé si es viable.
Recuerdo bien ese día, cuando llegó el taxi a las puertas del templo. Recuerdo el recorrido y la angustia que me embargó a cada paso que daba hacía mi nuevo destino. Oh, sí, recuerdo las ganas de llorar que me abordaron cuando avanzaba.
Ahora que hago el mismo camino, siento cosas muy diferentes, no me siento apesadumbrada ni asfixiada por mi pasado. Me siento libre y completa al fin y después de tanto tiempo.
Caminando al lado de él, con las ruedas de la maleta atascándose en cada grieta que encontrase bajo ellas, toda la atmósfera turbia que alguna vez me rodeó parece una ilusión, un sueño muy lejano y pensar que la única razón por la que Inuyasha y yo nos volvimos a encontrar fue por una sugerencia sutil de mi madre era increíble… todo parecía tan perfecto e irreal que tenía ganas de reírme a carcajadas.
Oh, gran destino, al final no has sido tan cruel conmigo.
Souta está ahora más grande, pronto tendrá el estirón definitivo y adiós estatura de hermana mayor, seré yo la que aparentará ser menor que él. Mi hermano me abraza con fuerza, su cabeza sobrepasa ya un poco mi hombro, no le cuesta tanto alcanzar mi rostro para dejarme un beso en la mejilla… él está dejando su niñez atrás.
Mamá tiene unas cuantas canas en su corto cabello negro y en su rostro ya se dibujan líneas de expresión, pero su espíritu y el brillo de sus ojos sigue siendo tan jovial como siempre. ¿Hasta cuándo durará?, sus brazos me rodean de forma protectora, me susurra buenos deseos al oído. ¿Qué puedo decirle?, la amo.
El abuelo está cada vez más viejo, tose con más frecuencia desde la última vez que me fui. Me duele verlo con movimientos tan lentos y sus oraciones pausadas, era diferente al anciano que tiempo atrás gritaba eufórico por un poco de atención mía. Su escaso cabello se hacía menos con cada día que pasaba, quizás pronto deje de usar esa cola de caballo y su cabeza quede calva.
Ellos eran mi familia humana, yo nací de mi madre, fui criada por ella y mi abuelo, crecí con un hermano preguntón, pero adorable…
Me duele pensar que, en años venideros, ellos ya no estarán a mi lado. Tal cual pasará con los descendientes de mis amigos y prima, tal cual los descendientes de mi hermano. Mi nombre irá desapareciendo con cada generación que venga a este mundo, pasaré a ser un espejismo dentro de ese círculo. Pero ese es el costo de la felicidad, todos tenemos que dar algo a cambio por ella y cuando decidí permanecer al lado de Inuyasha, decidí que dejaría ir a mi familia, que la vería envejecer y morir ante mis ojos mientras yo permanezco joven durante décadas, siglos… incluso milenios.
Sonrío. Beso la coronilla de mi abuelo. Escucho a Souta y a mamá despedirse de Inuyasha.
La voz impersonal del altoparlante nos avisa que es tiempo de abordar el avión. Inuyasha apenas logra despedirse de mi abuelo con un ademán y una sonrisa antes de tomar su modesto bolso de ropa y tomar con la otra mi maleta de ruedas.
―Les escribiré cuando lleguemos―dije haciendo señas con las manos, como si estuviese tecleando.
―Y nosotros a ustedes, cariño―respondió mamá.
Tarde o temprano los e-mails dejarían de ir y venir, pero esperaba que ese día llegara bien tarde. Sonreí de nuevo a ellos antes de darme cuenta que teníamos otros parientes de los qué despedirnos.
―No me lo esperaba―musitó Inuyasha cuando se percató.
Sesshoumaru y Miharu, apenas visibles entre la multitud que iba y venía en el aeropuerto, nos dieron la despedida con las manos. De pronto, también pude ver la mano de Shippou alzarse, y uniéndosele a él, la mano de Rin.
Me embargó una felicidad indescriptible, un sentimiento cálido en el estómago que ascendía por mi garganta.
Perdería a mi familia mortal con el reloj, lo sabía, pero disfrutaría a concho cada minuto que tuviera con ellos, les recordaría cuánto los amaba. Le haría una torta, cuando aprendiera, enorme a Souta, esas que estaban embarradas en merengue y que él deseaba comer solito. Le daría a mi madre la oportunidad de ver a sus nietos y que la CID se fuera al demonio si intentaban impedirme que ella los conociera y a mi abuelo lo llenaría con esas historias que él mismo intentaba meterme en la cabeza cuando era una cabeza dura.
Sí, ellos tenían un tiempo muy limitado aquí, ¿pero qué importaba eso? Dicen que no importa cuánto sea el tiempo sino cuánto lo disfrutes y eso pienso hacer, porque el mañana aún no llega, todavía es un presente y yo… con todo, pienso vivirlo y compartirlo con mi subnormal familia.
Reí. ¿Quién diría que entre humanos y demonios puede formarse una gran familia feliz?
― ¿De qué ríes? ―me preguntó Inuyasha mientras se acomodaba en su asiento.
―Sólo pensaba―contesté ambiguamente.
― ¿En qué? ―prosiguió.
―En todo―susurró―en lo que tenemos que dar para recibir.
Inuyasha me miró dubitativo.
―Mi familia―musité.
―Oh―Inuyasha hizo una mueca, yo sabía que seguía sintiéndose un poco culpable por, supuestamente, hacerme tomar una decisión precipitada.
―Oye…―musité mientras buscaba en la mochila que me había negado a soltar cuando me senté. De allí saqué mi viejo cuaderno especial y su segundo tomo.
― ¿Qué es eso? ―sonreí, él a veces tenía la curiosidad de un gato, por más irónico que suene.
―Algo especial―jugué― ¿quieres leer?
Inuyasha me miró unos segundos, extrañado, pero al ver mi expresión tranquila, él sonrió y tomó los cuadernos. Cuando abrió el primero, apenas leyó la primera línea cuando jadeó y volteó a verme.
―Esto es…
―Nuestro pasado, y lo más importante, nuestro presente.
Y un futuro en páginas blancas.
Martes 14 de junio, 01: 25 hrs.
Como prometí, el último capítulo de la historia está escrito. Inuyasha por primera vez es consciente de la significancia de los preciados recuerdos que Kagome escribe en sus cuadernos, por sobre todo, este es un capítulo alegre y nostálgico, por una parte, ambos permanecen juntos de aquí hacia el mañana, pero Kagome sabe que no todo es color de rosa y que habrá momentos en que finalmente su recuerdo se perderá de su familia. Un sacrificio que ella misma aceptó.
El próximo capítulo es el Epilogo, toma lugar alrededor de veinticinco años después de esta última escena, es lo único que adelantaré.
