Capítulo 36: Mira lo que has hecho


Título del capítulo: Look What You've Done de Jet


Greg no se levantó hasta el mediodía del sábado, decidiendo quedarse a dormir hasta tarde. Dimmock lo llamó a eso de las 12:30, y Greg accedió a encontrarse con él y Molly en el McDonalds que había al lado del Tesco. Joe y Dylan tenían un partido de fútbol en una localidad cercana y ya se habían ido, dejando a sus amigos con sus asuntos.

Greg estaba aliviado, de verdad; aunque Joe y Dylan eran sus amigos, no eran como Dimmock. No comprenderían porque Greg quería besuquearse con Mycroft, incluso cuando conocían su lado fiestero. Y habían estado lloriqueando y quejándose toda la semana por las "desapariciones" de Greg, así que sería genial simplemente ir a una fiesta y poder pasar el rato junto a Mycroft.

Así que Greg se sentía animado cuando salió de casa, su mamá estaba en el hospital haciendo su turno del día. Manejó hasta el McDonalds y se estacionó a un par de lugares de donde estaba estacionado el BMW de Dimmock. Entró y ubicó a Dimmock junto a su novia sentados al fondo, en las sillas rojas acolchadas, pero fue a buscar algo de comer antes de unirse a ellos.

—Hola, niños —dijo Greg, inclinándose sobre la mesa para besar la mejilla de Molly.

—Hola, Greg —dijo Molly, sonriendo.

—¿Y?, ¿Fiesta esta noche? —preguntó Dimmock, comiéndose una de las nuggets de Greg.

—Mm, finalmente me voy a poder sentar junto a Mycroft sin que Dyl y Joe exijan una puta explicación de mi vida.

—Sólo están preocupados —dijo Dimmock con una sonrisa—. Si les confiesas que tienes un novio…

Greg frunció el ceño cuando tanto Molly como Dimmock sonrieron ampliamente.

—No tengo novio, ¿está claro?

—¿Ves cómo continúa negándolo? —dijo Dimmock a Molly, quien asintió con la cabeza—. Siempre es lo mismo; no me gusta Mycroft, no quiero a Mycroft, no soy la novia de Mycroft…

—¡No lo soy! —siseó Greg.

—Claro, claro —dijo Dimmock, haciendo un gesto despectivo con la mano.

—¡No lo soy! —repitió Greg—. Jesucristo, ¿por qué sigues con eso? No me…

—...gusta Mycroft Holmes —interrumpió Molly—. Excepto que sí te gusta, Greg.

Greg gruñó.

—¿Por qué me odian?

—No te odiamos —dijo Molly, sonriendo—. Sólo estamos tratando de ayudarte a descubrir el amor.

—El amor hace que todo sea mejor —dijo Dimmock, pasando un brazo por los hombros de Molly—. Queremos que seas feliz, Gregory.

Molly asintió con intención, y el ceño fruncido de Greg se profundizó.

—¿Se dan cuenta de que se están volviendo una de esas molestas parejas que creen que lo saben todo?

—No lo sabemos todo —dijo Molly—. Soy una chica, obviamente, y tú y Mycroft son chicos.

—Puede que sí, porque parece que realmente te gusta que Mycroft controle todo —dijo Dimmock, riendo, ganándose una patada.

—¿Por qué lo niegas? —preguntó Molly.

—¡Porque no me gusta! —siseó Greg.

—Honestamente, Greg, ¿cuál es el problema? —preguntó Dimmock—. Tú mismo me dijiste que sólo te acostabas con cualquiera porque todos los chicos eran una pésima cogida. Bueno, ahora has encontrado a un tipo que te mantiene interesado. ¿Por qué no hacerlo oficial?

Greg se inclinó hacia atrás, repentinamente silencioso.

—Mycroft no te esperará para siempre si es que no le ofreces algo más —añadió Molly—. Encontrará a alguien que lo aprecie como se debe, y sólo conseguirás un corazón roto.

Eso detuvo a Greg de golpe. Recordó cómo es que se había sentido cuando Mycroft se había ido de fiesta a encontrar posiblemente a un tipo con quien follar. Greg había visto a Mycroft en acción; había visto cómo el pelirrojo adolescente atraía a desconocidos. También había logrado convencer a John Ralling, un tipo heterosexual al cual Greg había intentado levantar, de follar con él después de un solo encuentro.

No les tomaba mucho a los hombres entregarse a Mycroft Holmes; Greg mismo había besado al tipo después de una fiesta.

Se mordió el labio, jugando con su comida mientras pensaba. Dimmock y Molly lo observaron, pero ni uno de los dos lo interrumpió.

Greg se imaginó ver a Mycroft junto a alguien más; ver el brazo de otra persona alrededor de la cintura de Mycroft, saliendo de fiesta con él y besándolo. Se imaginó a otro tipo riéndose con Mycroft en la biblioteca, soltando risitas y robándose breves beso, pasándose notitas en clase y compartiendo cigarrillos en el estacionamiento.

El nivel de furia que inundó a Greg en ese momento hizo que parpadeara con sorpresa. El simple pensar en otra persona besando a Mycroft hizo que Greg quisiera arrojar su bandeja por el restaurante y golpear algo, de ser posible el auto de Dimmock.

Pero… ¿eso significaba que le gustaba Mycroft? No, no podía ser cierto, ¿verdad? Era… Mycroft. Dulce, encantador; el puto y absolutamente increíble Mycroft Holmes.

A Greg nunca antes le había gustado alguien. Su única meta era siempre meterse en los pantalones de otro tipo y divertirse. Pero con Mycroft era mucho más. Sí, Greg quería meterse en sus pantalones, y amaba por completo besar al otro adolescente, pero con Mycroft era… diferente. Greg disfrutaba hablar con él, besarlo, y simplemente pasar el rato junto a él.

¿Eso significaba que le gustaba?

¿Y qué hay de Mycroft?

Porque si es que, y este era un enorme y puto si es que, si es que a Greg… le gustaba Mycroft, ¿entonces que podía hacer? Mycroft nunca había dado ninguna señal de que quería a Greg más que por un poco de diversión. Mycroft tenía una reputación, como Greg, y había estado acostándose con cualquiera tanto como Greg.

¿Qué es lo que Mycroft haría si… si… Greg de repente empezaba a realmente gustar de él? ¿Terminaría las cosas de inmediato? ¿Estiraría las cosas con Greg hasta que finalmente follaran y después se alejaría? ¿Serían recíprocos sus sentimientos?

Suspiró y se hundió más en su asiento, de repente sin hambre. Miró fijamente su comida, sus dedos jugueteando con su hamburguesa.

—¿Y? —preguntó Dimmock finalmente.

Greg levantó la mirada, y Molly lo miró también.

—No lo sé —murmuró.

—¿Qué? —dijo Dimmock.

—No lo sé —repitió Greg, encogiéndose ligeramente de hombros—. Simplemente… no lo sé, Dimmock.

Alejó la mirada y Dimmock y Molly compartieron una mirada antes de decidir cambiar el tema de conversación. Pudieron ver que Greg finalmente estaba pensando en ello; y eso era suficiente por el momento.

—¿Qué les parece si vemos una película? —sugirió Molly.

Greg le lanzó una mirada de agradecimiento y Molly sonrió en respuesta.

{oOo}

Greg estaba en la parte trasera del auto de Molly cuando su celular sonó.

—¿Novio? —preguntó Dimmock.

—Cierra la boca, loco de mierda —espetó Greg, haciendo que Dimmock hiciera un puchero y que Molly lo besara cuando se detuvieron en una luz roja.

Y por fin mi tutora se fue; excelente, no necesito estrangularla con mis cordones — M

Greg sonrió, ignorando la sonrisa juguetona de Dimmock.

Pobre Mikey. Bueno, ahora que ya se fue, relájate y fuma un cigarrillo, o quizá estrangula a alguien más.

No me des ideas — M

De repente, a Greg se le ocurrió algo, y se mordió el labio; sus ojos pasando de Dimmock a Molly.

Y bueno… ¿qué harás hoy?

Fumar una cajetilla de cigarrillos, escuchar algo de música, y ahogarme en mi angustia adolescente. ¿Por qué preguntas? — M

Greg se mordió el labio inferior.

Um… bueno, estoy yendo al cine con Dimmock y su novia Molly. ¿Quieres venir?

Se arrepintió de mandar el mensaje de texto ni bien lo mandó; ¿que era, un puto idiota? Dimmock demandaría que es una cita, y Molly chillaría y haría un escándalo. Greg frunciría el ceño y putearía todo el viaje hacia el cine, y Mycroft deduciría lo que pasaría.

Además, también había que considerar los sentimientos de Greg; ¿le gustaba Mycroft? ¿No le gustaba Mycroft? ¿Era Mycroft un simple polvo o algo más? ¿Iba Greg a asesinar a Dimmock y a Molly por hacerle pensar en esas putas cosas?

Antes de que pudiera acercarse a los asientos de adelante a simplemente hacer eso, su celular sonó.

Me encantaría. ¿A qué hora? — M

Greg respiró profundamente, Dimmock lo miró.

No estamos dirigiendo ya para allá. Me aseguraré de que te esperemos :)

Estaré allí en veinte minutos, Gregory querido — M

No veo la hora de que sea así, Mycroft cariño :)

Greg hizo a un lado sus pensamientos y sentimientos mientras guardaba su celular.

—Bueno, um… Mycroft está en camino.

Como predijo, Molly chilló, y Dimmock le sonrió.

—¿Invitaste a Mycroft?

—¿Y qué? —bufó Greg, mirando por la ventana y cruzando los brazos—. Los amigos invitan a otros amigos al cine todo el tiempo.

—Ah, pero no todos esos amigos follan entre ellos —dijo Dimmock.

—No te atrevas a decir una puta palabra, ¿está claro? —exigió Greg, fulminándolos con la mirada—. Hablo en serio.

—Mis labios están sellados —dijo Molly, haciendo la mímica de cerrar su boca con un cierre.

—Ya, bueno, no diré nada —dijo Dimmock, poniendo los ojos en blanco.

—Bien —gruñó Greg, volviendo a ver la ventana.

—Greggie y Mikey… —canturreó Dimmock.

—Vete a la mierda, cabrón —gruñó.

Dimmock simplemente sonrió.

{oOo}

Mycroft llegó media hora después de Greg, Dimmock y Molly. Vestía unos jeans grises apretados con una cadena que colgaba de su bolsillo derecho, una camisa a cuadros negros y azules que resaltaba sus ojos, y un suéter negro con botones.

Greg sonrió desde donde estaba inclinado contra el mostrador, ignorando las miradas que sabía que Dimmock y Molly le estaban dirigiendo, caminó hacia Mycroft y presionó un beso casto sobre sus labios.

—Hola.

—Hola —dijo Mycroft, sonriendo.

—Te conseguí una entrada —dijo Greg, sacando dos de su bolsillo. Mycroft le dio un vistazo al nombre de la película y alzó una ceja—. ¿Qué? A Molly le gustan las películas de comedia.

—Mmjmm —musitó Mycroft.

—Es en serio —dijo Greg—. Quería ver una película de acción, y Dimmock quería una puta película de terror, y esas a mí no me gustan mucho.

Greg negó con la cabeza.

—Molly quería ver esta, y sólo porque Dimmock está saliendo con ella, esto es lo que vamos a ver.

Mycroft sonrió.

—¿Y el hecho de que esta película es muy similar a las vidas fiesteras que vivimos es sólo una coincidencia?

—Absolutamente —dijo Greg, sonriendo más ampliamente.

Mycroft simplemente continuó sonriendo cuando Dimmock y Molly se unieron a ellos.

—Hola, Mycroft —dijo Dimmock, estrechando la mano del más alto. Molly saltó hacia adelante y besó a Mycroft en la mejilla, logrando hacerlo sonrojar y aclararse la garganta.

—Um, hola, ¿qué tal? —preguntó Mycroft.

—Excelente —dijo Molly sonriendo de oreja a oreja—. Realmente excelente.

Mycroft alzó una ceja.

—Um, su hermana no fue expulsada ayer así que Molly está de muy buen humor —dijo Dimmock.

—¿Hermana? —preguntó Mycroft.

—Lily —dijo Greg—. Su hermana gemela, ambas van al Santa María.

Mycroft asintió con lentitud.

—¿Y tu hermana está en frecuente riesgo de expulsión?

Molly suspiró.

—Ella es un poco… ehm, extraña. Y digo eso en un muy buen sentido; simplemente dice lo que piensa, siempre está tratando de averiguar todo sobre todos, y tiende a romper cosas en el laboratorio de ciencias para inventar cosas.

Mycroft soltó una risita.

—Suena como mi hermano.

Los cuatro se dirigieron dentro del cine, Greg le compró a Mycroft una limonada, y también chocolates, dulces, y popcorn. Greg se sentó en la última fila junto a Mycroft a su lado, y ambos observaron sentarse a Molly y a Dimmock en la fila delante de ellos, ambos sonriendo.

Mycroft se volvió hacia Greg, con una ceja levantada.

—Um… ellos son muy, muy raros.

—Sí que lo son —dijo Mycroft, asintiendo—. Pero no dejan de mirarme para luego sonreírte. Y cada vez que me tocas o simplemente me miras ambos se ríen.

Greg gruñó. Parecía que Dimmock y Molly aún estaban tratando de jugar a los casamenteros. ¿No era ya suficiente que Mycroft y él se besaran siempre que había oportunidad? ¿Por qué sus amigos necesitaban más que eso?

Y ahora que lo pensaba, ¿por qué Greg necesitaba más que eso? Él y Mycroft prácticamente estaban saliendo; pasaban todo su tiempo libre juntos, sólo tenían encuentros sexuales el uno con el otro, y hacían más que eso. Hablaban, se reían, ellos… ellos hacían todo juntos.

Pero no están saliendo, le susurró una voz que sonaba como a Molly dentro de su cabeza. ¿Qué es lo que detiene a Mycroft de hacer todo eso con cualquier otra persona? Nunca dijo que no estaba acostándose con alguien más.

Y ese es el verdadero problema, pensó Greg. Él sabía que no se estaba acostando con nadie más, pero Mycroft nunca dijo que no lo hacía. Por todo lo que sabía Greg, Mycroft podía estar pasando todas las noches que no pasaban juntos follando con otros tipos.

Por eso es que Greg necesitaba algo más. No quería que Mycroft saliera con otros tipos. Quería a Mycroft sólo para él; quería que Mycroft fuera suyo.

Mierda, pensó Greg, realmente me gusta.

Y con ese pensamiento dando vueltas en su mente, Greg entró en pánico y dio un brinco.

—¿Greg? —dijo Mycroft—. ¿Qué sucede?

—Yo… um… ba-baño —dijo Greg, yéndose. Estaba consciente de que Mycroft lo llamaba, y de que Dimmock y Molly también, pero ignoró a los tres sólo para poder irse.

Logró llegar a los baños, y agradeció a Dios descubrir que estaba solo. Greg se quedó de pie, apoyándose con fuerza contra el lavabo, sus nudillos blancos por agarrar con fuerza la dura porcelana.

No sabía porque estaba en pánico, pero lo estaba. Su respiración era agitada, inhalaciones cortas, y su cabello estaba por encima de su ligeramente sudorosa frente. No podía sacarse las palabras de Dimmock de la cabeza; no podía sacarse a Mycroft de su cabeza.

Mierda, pensó, mirando el lavado. ¡Mierda, mierda, MIERDA! ¡No fue su intención que esto sucediera, no se suponía que le gustara Mycroft! Se suponía que tenía que ser una aventura rápida, quizás un par de folladas, ¡y eso es todo! No se suponía que Mycroft se volviera su compañero, su amigo, su…

—¡MIERDA! —gritó Greg, golpeando ambas palmas de su mano contra el lavabo. Sintió el dolor viajar por sus brazos, pero lo agradeció; logró hacer que se concentrara, hacer que dejara su locura el tiempo suficiente para pensar con propiedad.

Le gustaba Mycroft.

Está bien… está bien. Así que… eso era todo; todo estaba acabado. Porque Greg sabía que Mycroft no gustaba de él. Mycroft era un conquistador como Greg, dormía con cualquiera, follaba y se iba. No tenía novios, parejas, ni nadie especial. Tenía sexo.

Fin.

Del.

Cuento.

Así que Greg estaba completa y absolutamente jodido, incluso antes de que Mycroft y él hubieran cogido de verdad. Greg no podía ocultar algo como esto al otro chico; Mycroft era demasiado inteligente, demasiado bueno leyendo a todos por el atuendo, acciones y simplemente… por todo.

Lo cual significaba que Mycroft era capaz de saberlo. Sabría que Greg gustaba de él, y lo dejaría. No pasarían más el rato en la biblioteca haciendo tarea, no saldrían más de fiesta, no se darían más besos y caricias a escondidas, no pasarían más el tiempo en la habitación de Greg cuando Maggie dormía o trabajaba.

Todo eso, se acabó. Greg otra vez estaría solo, atrapado en simplemente follar a cualquier tipo guapo que se le cruzara. Y aunque eso había sido bueno por un tiempo, ese ya no era el Greg de ahora. Ahora sabía lo que era salir y quedarse con una sola persona. No quería follar con cualquiera.

Quería a Mycroft.

—Mierda —espetó Greg—. Que puto idiota, Lestrade; ¡eres un puto idiota!

—¿Por qué?

Greg se sobresaltó y se dio vuelta, golpeándose con la pileta y haciendo un gesto de dolor. Mycroft estaba de pie justo al lado de la puerta, apoyado contra la pared de azulejos, con los brazos cruzados. Levantó una ceja cuando la respiración de Greg se incrementó, y sus ojos se abrieron como platos.

—My-Mycroft —tartamudeó—. ¿Ha-hace cuánto estás acá?

—Un minuto, quizás menos —dijo Mycroft. Sus brillantes ojos azules viajaron por el cuerpo de Greg con lentitud, antes de dirigirse nuevamente a su rostro—. ¿Qué sucede?

Greg tragó con dificultad. No le podía decir a Mycroft que es lo que pasaba; Mycroft se iría antes. Greg tenía que tratar de mantener esto en secreto. Quizás podría empezar a limitar el tiempo que pasaban juntos, alejándose lentamente antes de que Mycroft se diera cuenta. Al menos entonces Mycroft no se iría, y no le dolería tanto.

Sí, claro, bufó Greg para sí mismo.

—Gregory, ¿qué pasa? —preguntó Mycroft, su voz llena de preocupación.

—Nada —dijo Greg, negando con la cabeza. Se guardó en sí mismo, dejó que sus emociones se enterraran profundamente en sus entrañas. Dios, no tendría porque mierda haber invitado a Mycroft. No tendría que haber dejado que Mycroft lo besara aquella vez. Todo hubiera sido distinto si Greg nunca hubiera conocido al verdadero Mycroft puto Holmes—. Sólo estaba… ¿qué sucede?

Greg frunció el ceño cuando vio que todo el cuerpo de Mycroft se tensó, sus ojos se estrecharon y se volvieron duros. Se paró con firmeza, con sus manos en forma de puño.

—¿Mycroft?

—Me tengo que ir —dijo Mycroft, volviéndose para abrir la puerta.

Greg dio un salto hacia adelante para sostenerlo del brazo. Mycroft lo miró con furia cuando fue detenido.

—Mycroft, ¿qué pasa?

—¿Qué pasa? —exigió Mycroft—. ¿Qué es lo que crees que pasa?

—Yo… ¿qué? —dijo Greg—. ¿De qué estás hablando?

—¡No me quieres aquí! —espetó Mycroft.

Todo el color se drenó del rostro de Greg. No, Mycroft no podría haberlo descubierto tan rápidamente.

—Yo… yo...

—Suéltame —dijo Mycroft, su voz fría como el hielo. Greg lentamente permitió que su agarre se debilitara y que Mycroft se alejara

—Siento haberte hecho perder tu tiempo —espetó Mycroft antes de abrir la puerta y desaparecer.

Greg se quedó de pie, helado, con los ojos y la boca abierta, cuando la puerta se cerró. No. No, no, no, no, no, no, ¡NO! Greg se dio vuelta y golpeó la pared con su puño, el dolor viajando por su brazo, haciendo que se retorciera. Lo hizo una vez más, y otra vez, y otra más, hasta que la sangre corrió por su adolorida mano y los azulejos.

¡No, no, no! La había cagado, había mandando todo a la mierda. Había permitido que las palabras de Dimmock y Molly le afectaran, había pensado demasiado, y ahora Mycroft se había ido. Todo lo que habían hecho juntos, todo lo que habían vivido, ahora estaba todo ido.

¿Cómo había pasado esto? ¿Cómo una simple tarde se hizo mierda en menos de veinte minutos?

—¿Greg?

Greg parpadeó, volviendo a enfocarse para darse cuenta de que aún estaba de pie en el baño. Su mano palpitaba como mil demonios, y había sangre goteando en el suelo.

—Mierda —dijo Dimmock, acercándose más—. ¿Qué mierda pasó?

—Todo esto es culpa tuya —susurró Greg, su dolor rápidamente volviéndose ira—. Mandaste todo a la mierda.

—¿Qué? —dijo Dimmock, parpadeando.

—¡Tú! —gritó Greg—. ¡Tú y tus putas bromas! ¡Dando vueltas y vueltas sobre mí y Mycroft y… y… todo es tu puta culpa!

—¿De qué estás hablando? —exigió Dimmock—. ¿Qué le hiciste a tu mano?

—¡Es tu culpa! —gritó Greg, agarrando a Dimmock de su camisa, estrellándolo contra la pared.

—¡Jesús! —gritó Dimmock con dolor. Envolvió ambas manos alrededor de las muñecas de Greg y tiró de ellas—. Greg…

—¡Mycroft lo sabía, lo pudo ver! —gritó Greg.

—¿Ver qué? —insistió Dimmock.

Greg abrió la boca y luego la cerró. "¡Que me gusta!", pero las palabras no salieron. Dimmock no se merecía saber que a Greg realmente le gustaba Mycroft. Merecía un puñetazo en la cara.

—Greg —trató Dimmock de nuevo. Greg lo soltó, y Dimmock se quejó, frotándose los hombros—. ¿Qué mierda te pasa hombre?

—Vete a la mierda —gruñó Greg—. Simplemente vete a la mierda, Dimmock.

Hizo a un lado a su mejor amigo y abrió de un tirón la puerta, para rápidamente desaparecer afuera.

—¿Qué demonios? —murmuró Dimmock, mientras se frotaba los brazos y observaba la sangre que Greg había dejado en la pared.

{oOo}

Greg tenía doce llamadas perdidas de Dimmock, catorce de Molly, e incluso dos de Lily, la hermana de Molly. Parecía que Dimmock aún no entendía porque Greg no le hablaba.

A Greg no le importaba. Cuando llegó a casa se encerró en su habitación… bueno, puso una silla debajo de la manija de su puerta… e ignoró a Maggie cuando trató de preguntarle qué es lo que pasaba.

¿Cómo podría contarle la verdad? ¿Cómo podría admitir que había arruinado la mejor cosa de su vida? Porque fue así. Había arruinado todo por haberse enamorado de Mycroft y luego por haber permitido que Dimmock y Molly lograran llegar a él.

Y ahora estaba en su habitación, un sábado por la noche, fumando y pensando, arrojando cosas y gritando. Había planeado ir a la fiesta de Matt Sanders esa noche y emborracharse con Mycroft. Bueno, ese plan se había ido a la mierda.

Greg suspiró. Estaba cansado. Estaba tan cansado de todo.