¡Ahola a todos! Por aquí me dejo caer un día más para traer otro capítulo nuevo así de forma rapidilla después de varios "problemas técnicos" que mejor omitiremos.
DISCLAIMER: Code Lyoko es de Moonscope; Digimon Frontier es de Toei; raf-lily y yo somos dueñas de nosotras mismas nada más (bueno, y más cosas pero ninguna es una serie de animación de nada). Los personajes pertenecen a esas series, salvo un reducido grupito que lo hemos sacado de la manga para la ocasión. Cualquier parecido de todas estas criaturitas con la obra de otra persona es una coincidencia que estaremos encantadas de hablar con esa persona.
AVISO: por favor, sed educados a la hora de dejar vuestros reviews. Las críticas son siempre bien recibidas, tanto si son favorables como en contra de nuestras ideas, siempre y cuando sean constructivas y no despectivas. Recordad, no hagáis a otros lo que no queréis que os hagan a vosotros (o traducido para quien es un poco lento, quien ataque será atacado)
Dicho lo de siempre, ¡adelante con el capítulo!
Capítulo 35: Acecha el peligro
Xana-Lucemon frotó sus manos con satisfacción. Descubrir el paradero de sus enemigos y de la fugitiva había acrecentado su rabia, pero la idea de atraparlos desprotegidos, en un mundo lleno de indefensos humanos, le satisfacía.
—Sólo ha sido un pequeño golpe de suerte, BlackKazemon. No vas a poder esquivarme siempre —sonrió mientras Myotismon entraba al salón seguido de los clones —. Justo a quienes quería yo ver… ¡Duskmon!
—¿Sí, amo?
—Iréis con la Scyphozoa a la Tierra —dijo —. Vuestra misión es destruir a esos niños elegidos y sus digimons para siempre. Y no os olvidéis de matar a BlackKazemon. Sabe demasiado y podría alertar a esos humanos.
—Como ordenéis, amo.
—Preparaos para partir inmediatamente —con una leve inclinación, los clones abandonaron la sala en silencio.
—Mi señor, ¿cómo piensa enviarles a ese mundo? —preguntó el vampiro.
—Materializándolos en la Tierra, donde están esos humanos —respondió —. Pero, claro, es algo que no lograrías comprender jamás… ¡Ni en mil años! —rió.
...
Yumi caminaba enfurruñada de camino a Kadic. Tras ella, Kouji caminaba tranquilamente con Koichi escondido a su espalda, notablemente risueño.
—Venga, Yumi, no puedes culparle todo el día por haber dicho aquello en voz alta. Él no sabía nada —dijo Kouji dándole un codazo a su gemelo para que dejase de reír.
—¿Ah, no? Ahora voy a tener a mis padres preguntándome por Ulrich toda la maldita semana —dijo mirando fijamente al de cabello corto —. ¡A mí no me hace gracia!
—¡No tenía ni idea! —dijo entre risas Koichi.
—Ah, claro, no tenías ni idea… ¿Es tu excusa para explicar por qué has chillado que Ulrich es mi novio? —preguntó —. ¡No lo es!
—¡Sólo repetía la pregunta de tu hermano! —dijo.
—Huye, hermano. Recuerda lo peligrosa que puede llegar a ser su ira —suspiró Kouji. Su gemelo no tardó en echar a correr, perseguido por la chica —. Menudo par…
—¡Kouji, aquí! —llamó Takuya —. ¿Vienes solo?
—Hasta que mi hermano y mi prima han decidido jugar al pilla-pilla, no —respondió mirando hacia atrás.
—Yo no jugaría demasiado —se unió Odd —. Pronto empezarán las clases y dudo que se las quieran perder.
—No pienso intervenir en sus discusiones —alzó las manos el guerrero de la luz.
—¿Discusiones? ¿Por qué discuten al punto de perseguirse? —preguntó Ulrich.
—Oh, nada, un pequeño descuido sin mucha importancia —respondió —. Venga, vamos a…
—¿Qué es ese jaleo? —preguntó Takuya.
Algo atemorizados, el grupo volteó la vista atrás justo para ver a un grupo de chicas corriendo hacia ellos. Por el otro lado, Sissi, Aelita y Zoe se acercaban corriendo, cargando con libros.
—¿Qué está pasando aquí? Debemos ir a clase —señaló la pelirrosa.
—Oye, ¿por qué no se apartan del camino si estamos en medio? —preguntó Zoe.
—Porque vienen a por nosotros —respondió Kouji.
—XANA puede estar detrás de ello —advirtió Odd.
—Imposible —negó Jeremy.
—Pues algo me dice que tienen los ojos puestos en mí —dijo Takuya, dando pasos hacia atrás antes de echar a correr.
—¡SE ESCAPA! —oyeron chillar a una.
—¡Eh! ¿Por qué no venís? —gritó Tommy desde la puerta —. Pero ¿qué pasa?
—Qué amables, nos están esperando —dijo Yumi, acercándose con Koichi atrapado por el brazo.
—Más bien estamos viendo cómo una marabunta de chicas persigue a Takuya —dijo Odd —. ¿Será una nueva técnica para que Odd el Magnífico se fije en ellas?
—Baja de las nubes, Della Robia, acabas de quedar en segundo puesto —negó Sissi.
—Dejadle en el tercero —intervino Kouji —. Ahí hay un grupo que mira demasiado a mi hermano…
—¡NO! Mi tiempo de gloria ha terminado —lloriqueó el rubio —. Bueno, soy el tercero… creo.
—Sí, lo eres —respondió Zoe, tomando del brazo a Kouji y arrastrándolo hacia clases.
—¡No me abandones a mi suerte con ellas también, hermano! —lloriqueó Koichi.
—Mejor dejaos de tonterías y vayamos a clase —dijo Chiaki, algo molesta.
Con algún murmuro molesto por las persistentes chicas y sus cuchicheos, el grupo entró al edificio, separándose para ir cada uno a su clase. La entrada de la profesora Hertz no impidió que los más cercanos a Odd siguiesen oyendo su lloriqueo y otras quejas; ni tan siquiera la incorporación de una nueva compañera al aula le calló.
—Por favor, señorita Sunshine, siéntese en aquel asiento vacío —indicó la profesora.
—Oh, vaya, junto a Takuya —murmuró Odd con desgana.
—Della Robia, ¿ocurre algo? —preguntó la profesora Hertz.
—No, nada —negó rápidamente.
—Me lo temía —asintió —. Por favor, Kanbara, comparte tus libros con ella hasta que tenga su material.
—Sí, profesora —respondió acomodando las cosas mientras la chica nueva se acercaba.
—Hola, me llamo Leire —saludó, tomando asiento y apartándose el largo cabello oscuro del rostro —. Gracias por dejarme tus libros.
—Ah, no… De nada… —dijo intentando no tartamudear.
A varios asientos de distancia, cierto grupito intentaba no reír ante la diversión que preveían para esas aburridas horas lectivas. Durante el cambio de clase, más de uno se desahogó a costa de dos chicos en concreto.
—No creo que sea el momento de tantas risas —comentó Jeremy.
—Va, no nos hagas eso —pidió Chiaki.
—Eso, eso. Algunos no somos testigos de esos hechos tan divertidos —siguió Tommy.
—Eh, ¿queréis dejarlo ya? —protestaron Takuya y Odd.
—Sí. Hay temas más importantes de los que hablar —asintió el informático.
—A ver, Einstein, ¿cuáles? —preguntó Ulrich.
—Hemos de pensar en la forma de regresar al Digimundo —respondió. Más de uno miró alrededor comprobando que nadie escuchaba a hurtadillas.
—¿Se te ha olvidado que los que nos abrieron la "puerta" la primera vez están aquí y no pueden hacer nada? —preguntó Sissi.
—No, no lo he olvidado. Pero estoy seguro que ha de haber otra forma de acceder —dijo el rubio —. Por no decir que ahora somos más en el grupo que antes.
—¿Más? —preguntó Emily.
—Antes únicamente teníamos que contactar con Yumi, la única en otra clase. Y de no haber sido atrapado por la Scyphozoa, William va a su misma clase, así que ella se habría encargado de pasarle el mensaje de alguna forma. Pero ahora, aunque Yumi puede encargarse de avisar a William y a JP, tenemos más gente en otras clases.
—Eso es cierto —asintió Teruo —. Pero estamos en la misma situación que ellos. Somos varios.
—Yo no —alzó la mano Tommy —. Lo siento, chicos, soy el más pequeño y el que más problemas acaba dando siempre…
—¡No das problemas! —negó Aelita.
—Soy compañero de clase de las dos reporteras —se encogió de hombros —. Yo creo que sí tengo problemas y los acabo cargando al grupo —suspiró.
—Olvidémonos de eso —negó Kouji —. Yo no veo ningún problema actualmente.
—Hemos de volver al Digimundo para frenarle los pies a Xana-Lucemon —remarcó Jeremy —. Si no encontramos la entrada…
—Podemos buscarla después de clase —convino Koichi —. Si lo que preocupa es que somos muchos, podemos hacer grupos para salir a investigar que no llamen la atención, dejando a los otros haciendo los deberes o avanzando la faena de trabajos.
—Exacto, podemos turnarnos entre nosotros —aceptó Aelita.
—Pero si encontrásemos una entrada al Digimundo…
—No pasaría nada —dijo la voz de Lunamon. Aelita enseguida mostró su D-Tector —. Recuerda que el tiempo en el mundo real no pasó mientras estuvisteis en el mundo digital.
—Es cierto —asintió Yumi.
—Y sobre comunicaros entre vosotros, tampoco hay problema —habló Gaomon —. Recuerda que podemos movernos de un dispositivo a otro.
—¿Incluso al los otros guerreros? —preguntó Jeremy.
—¿Acaso no fue lo que hicieron Renamon y Kitsumon? —preguntó el digimon —. Los espíritus digitales no tienen cuerpo físico, pero pueden tomar forma dentro del dispositivo.
—Tranquilo, todo irá bien —dijo Zoe.
...
Bokomon no paraba de pasar páginas de todos los libros que encontraba en la Ermita, exclamando y murmurando cosas mientras BlackTamekimon permanecía sentada tras él, cabizbaja y silenciosa.
—Bokomon, ¿acaso estás entendiendo algo de lo que pone en esos libros? —preguntó Lopmon, pasando junto a él y observando por encima de su hombro.
—Pues no, pero lo estoy intentando. No ha de ser difícil.
—Yo diría que sí —se burló Gatomon.
—¡Basándonos en los dibujos, se puede sacar una idea! —exclamó el digimon blanco.
—Por supuesto, ¿para qué si no van a poner dibujos? —comentó Patamon, riendo con los otros dos.
—¡Ah! —exclamó la clon del viento.
—¿Qué te ocurre? ¿Tienes frío? —preguntó Gatomon.
—Tengo un mal presentimiento… Como si fuese a ocurrir algo —respondió mirando alrededor.
—Aelita dijo que nadie pasa por aquí —comentó Patamon —. No tendría que pasar nadie por aquí, así que no hay peligro.
—Pero…
—No te preocupes —saltó Lopmon —. Nos esconderemos bien si viene alguien.
La clon asintió lentamente antes de volver a bajar la vista al suelo hasta que, unos minutos más tarde, las orejas de Lopmon se alzaron de golpe.
—¿Habéis oído?
—Sí —asintió Gatomon.
—Uy, ¿qué pasa, chicos? —preguntó Bokomon.
—Alguien se acerca —respondió Patamon acercándose a una ventana.
—¿Y si es lo que ha sentido Kim? —preguntó Lopmon.
—Tiene mucho que ver —bufó Gatomon —. Mirad.
—¡Duskmon! —exclamaron los otros dos.
—¡¿QUÉ?! —chilló el digimon blanco.
—Bokomon, tú y Neemon tenéis que llevaros a Kim a la fábrica por los pasadizos y ocultaros allí.
—De acuerdo. Vamos, Kim —indicó el de faja rosa —. Neemon… ¿Neemon?
—Está dormido —susurró la clon.
—¡Arriba, Tontomon! ¡Hemos de marchar! —exclamó tirando del elástico del pantalón.
—¡Ay! Me has hecho daño, Bokomon —lloró el conejo anaranjado.
—Vamos, marchad antes de que se den cuenta —apremió Gatomon.
La digimon felina regresó dos minutos después, tras asegurarse que los otros tres se dirigían a la fábrica.
—¿Cómo es posible que estén aquí? —preguntó Lopmon.
—¿Y si existe una puerta? —preguntó Patamon.
—Imposible —negó Gatomon —. Nunca hemos oído nada sobre una puerta.
—¿Y si ha sido cosa de Xana-Lucemon? —preguntó Patamon.
—Jeremy lo comentó una vez —asintió el marrón —. Debemos avisarles.
—Iré yo —decidió Gatomon —. Aun en mi nivel, no soy rival para ellos… Pero soy rápida y, a demás, soy la que más desapercibida puede pasar de los tres.
—Les intentaremos distraer mientras tanto —dijo Patamon.
—Contamos contigo, así que no tardes —pidió Lopmon saltando de la silla y corriendo hacia la puerta.
—¡Los traeré enseguida! —aseguró la gata.
Sin perder el tiempo, subió al piso superior y esperó hasta que el grupo de criaturas de XANA se desvió tras sus dos compañeros antes de tomar el camino hacia Kadic. Sin atreverse a mirar hacia atrás, recorrió la distancia hasta el campus lo más rápida que pudo. Trepó al primer árbol que encontró y rezó para encontrar un rostro familiar al otro lado de la ventana.
—¿Qué hace Gatomon ahí? —oyó.
Sin dudarlo, saltó hasta la ventana y se pegó a ella, a la espera de que Emily le abriese. Pero antes de lograr acercar la mano a la maneta, la chica empezó a caer hacia atrás.
...
Estaba divirtiéndose como nunca antes en su vida con dos de las digimons felinas que más quería en el mundo a la espera de la comida. Como siempre, habían acabado a los pies de la misma pared.
—Te digo yo que no lograrás trepar esa pared escarpada jamás —retó una de sus dos compañeras.
—¿Eso crees? —preguntó la otra —. Pues yo digo que sí la sube.
—Gracias por apoyarme, hermana —sonrió algo tímida Mikemon.
—Pues claro. Yo sé que vas a subir… Pero luego te caerás al bajar —rió.
—¡No se vale! ¡Creía que estabas de mi lado! —protestó hinchando los mofletes la gata atigrada —. Os demostraré que no sólo subiré, sino que también bajaré perfectamente.
—¡Se lo está tomando totalmente en serio! —rieron ambas gatas.
Con la vista centrada en la pared, Mikemon empezó a hacer estiramientos. Para las tres, aquello era un mero reto a superar cada día: llegar más alto que la última vez o llegar más rápido a la última marca conseguida. Justo iba a empezar a correr cuando la voz de Gatomon les llegó por detrás. Con curiosidad, las tres se voltearon.
—¡La comida ya está lista, hermanitas!
—Oh, vaya, te has salvado de milagro, Mikemon. Pero que sepas que ni nuestra querida hermana mayor podrá salvarte de trepar hasta lo más alto —señaló la gata negra.
—Ni caso —negó la otra blanca —. Está celosa porque ella no tiene la suerte de ser salvada con las interrupciones de "nuestra querida hermana mayor" —rió.
—No os entretengáis o me lo comeré todo yo solita —volvió a chillar Gatomon, alejándose.
—¡No nos hagas eso! ¡Nosotras también queremos pescado! —gritaron las tres mientras corrían al encuentro de la gata blanca.
