N/A - Esta es una traducción literal al español del Fic "Altered Destinies" del autor DobbyElfLord, del cual he obtenido el permiso para hacerlo. Es seguramente el Fic de Harry Potter que más me ha gustado de todas las que he leído. Para traducir la historia no utilizo ninguna herramienta de traducción. Así, evitamos las pésimas traducciones literales (palabra por palabra) y la lectura resulta más llevadera.

N/A - Atencion! Este Fic fue desarrollado con anterioridad al último libro RM, por lo que su historia se desarrolla a partir del fin del sexto libro El Misterio del Príncipe.

N/A - Todos los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling, salvo el argumento y los personajes adicionales que ha creado el autor DobbyElfLord.


Capítulo 34 – En el ojo de la tormenta

27 de Julio de 1943

Durmstrang

Tom sintió que alguien o algo lo había empujado hacia la pared de la habitación en donde lo mantenían cautivo. Su padre había intentado atacar al guardia de su derecha sin éxito, lo que derivó en un caos entre los presentes. Al instante de golpearse fuertemente contra la pared, la bruja oscura Christina cayó sobre él, y antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba ocurriendo sintió el tirón característico de un traslador que se había activado.

Un par de segundos después, Tom se encontraba en un lugar totalmente diferente.

Dos fuertes manos tomaron los brazos de Tom y lo levantaron, al tiempo que la bruja oscura se ponía de pie con una expresión de furia incontenible.

"No tenía que entrometerse!" Gruñó mientras se sacudía la nieve de su capa. "El Conde es mío. Juro que si el Conde no mata a esa comadreja lo haré yo!" Christina siguió murmurando iracunda, pero Tom la ignoraba.

El muchacho miró sobre sus hombros al que lo sostenía, pero tuvo que levantar su vista. Media 1,75 metros a sus dieciséis años, pero ese sujeto medía más de dos metros! Observando bien hacia arriba, descubrió que era una mujer. "Merlín, debe ser mitad Troll." Pensó.

Las manos eran fuertes como el acero, y a diferencia de Hagrid, quien era un semi-gigante, esa mujer parecía una gimnasta de enormes proporciones.

"Me alegra que hayas vuelto después de tanto tiempo, Christina." Dijo la mujer. "Y quién es este atractivo muchachito?"

Christina dejó de murmurar su ira y miró a la mujer. "Es Tom Riddle, Helena. Es el que buscaba nuestro Señor en Inglaterra."

"Mi nombre es Tom Evans." Gruñó.

El comentario de Tom fue ignorado por las dos brujas. "Ah, alguien está malhumorada. Hubo un duelo y no te han invitado?" Preguntó la enorme mujer.

Christina comenzó a relatarle lo que había ocurrido en el depósito de Hamburgo; Tom se sorprendió de su preciso y correcto uso de insultos muggles, y de cómo había perdido sus estribos por primera vez desde que estaba cautivo junto a ella.

Helena sonrió durante toda la explicación de Christina. Luego de algunos minutos la semi-Troll rió aparatosamente. "No has cambiado nada desde nuestro primer año de colegio, querida! Siempre tan fácil de hacerte perder tu temperamento!"

Christina miró hacia arriba. "Y tú, molesta como siempre. Nunca sabré cómo has logrado ser profesora."

"Quizá asuste a los de primero con mi tamaño, pero a diferencia de alguien que conozco aún no he estampado a ninguno de ellos contra una pared!" Respondió Helena.

Casi sin quererlo, Christina esbozó una pequeña y fría sonrisa. "Verdad, pero fue tu culpa. Tú lo convenciste para que me tocara el trasero. Vamos, hace demasiado frío aquí para recordar viejas épocas."

En cuanto Helena se movió para seguir a Christina, Tom vio los alrededores por primera vez.

Caminaban por un sendero que subía por una escarpada montaña, y tanto el sendero como las montañas todo a su alrededor estaban cubiertas de nieve. El traslador los había arrojado al principio del camino, y por la oscuridad no podía distinguir si tendrían que caminar mucho.

El sendero apenas tenía un par de metros de anchura y estaba bordeado por antorchas mágicas que iluminaban con su luz titilante a medida que se acercaban, y se extinguían cuando pasaban. Subieron dificultosamente por el sendero hasta que llegaron a una especie de meseta; estaba todo muy oscuro como para distinguir detalles pero Tom pudo ver un enorme castillo que poseía una solitaria y alta torre. Parecía más grande aún que Hogwarts.

Una gran puerta de piedra los dejó pasar al interior del castillo. Las paredes, el techo y el piso eran de piedra, aunque éste último estaba alisado y muy pulido. El vestíbulo al que habían entrado tenía hilera de estandartes; Tom reconoció algunos de ellos, ya que portaban los escudos de algunas de las familias de sangre pura más tradicionales de la Europa central y del Este.

"Tu habitación está lista, Christina. Nuestro nuevo amigo se alojará en la sección de invitados, cerca de tu habitación."

"Excelente." Dijo Christina sin detenerse. "Será bueno dormir finalmente en mi propia cama después de tanto tiempo en ese país lleno de ingleses."

Llevaron a Tom a través del castillo hacia la base de una torre ubicada justo en medio del colegio. Christina ingresó sin titubear a un ancho conducto abierto situado en medio de la torre; la bruja se elevó rápidamente dentro del conducto y pronto estuvo fuera de vista. Tom miró a Helena, dubitativo.

"La magia de la Torre sabe a qué nivel te diriges. Es como un elevador muggle, aunque sin cables ni ascensor." En contra se su voluntad, Tom se maravilló: era una soberbia demostración de magia.

Tanto Helena como Tom entraron al interior del conducto y automáticamente comenzaron a subir con rapidez a través del aire; antes de que se diera cuenta estaban parados en una saliente a media altura de la Torre. Christina estaba allí, esperándolos.

Llevaron a Tom hacia una puerta de madera que estaba abierta y lo empujaron dentro; antes de que se cerrara la puerta, Helena le dijo: "Hallarás ropa adecuada en el closet. Sugiero que te abrigues. He utilizado encantamientos calentadores esta noche pero no más. Un elfo te traerá el desayuno por la mañana. Que duermas bien, muchacho."

Una vez solo, Tom miró la habitación. Había una gran cama en un rincón, cubierta de gruesas frazadas y cubrecamas, y un escritorio con una pequeña biblioteca en la pared opuesta a la entrada. Todos sus libros estaban relacionados con magia oscura. Salvo el closet y la puerta de madera que llevaba al baño, no había nada más allí.

Tom se dejó caer en la cama de espaldas mientras luchaba contra la desesperación. Esa misma mañana creía que su padre lo rescataría y que se iría a su casa, pero todo había resultado mal; ahora estaba en una peor posición.

A la maña siguiente los rayos de sol que se filtraban por las ranuras de las persianas de la venta despertaron a Tom. Con curiosidad, se envolvió en una frazada y fue hacia la ventana; era pequeña pero aún así pudo ver hacia fuera.

Los Alpes aparecieron bajo su vista magníficamente. Las montañas estaban cubiertas de nieve en sus cúspides pero en sus laderas crecían grandes cantidades de árboles, conformando bosques por debajo de la línea de la vegetación. La saliente con forma de ángel de su ventana no le dejaba ver hacia abajo.

"Y yo creía que Hogwarts estaba en medio de la nada." Murmuró.

Luego de unos momentos, para matar la ansiedad fue hacia la pequeña biblioteca a echarle una ojeada a los libros. Uno de ellos se titulaba Dominando los Imperdonables, y a su lado otro en cuyo lomo decía Uso de sangre mágica para fortalecer el poder mágico. Sacó uno de su estante y leyó su primer página: el argumento era que no había tal cosa como la magia negra, sino solo magia que los magos débiles temían y no podían controlar. Pero el título que más le llamó la atención era el de Muertos Caminantes: Guía para Principiantes.

"Sin sutilezas." Murmuró preocupado.

Un ligerísimo pop anuncio la llegada de un elfo doméstico cargando una bandeja de desayuno. A diferencia de los elfos que conocía, éste se vestía con una gruesa y abrigada toalla.

"Squezzy es mi nombre. El amo Riddle desea su desayuno?"

"Sí, gracias. Y mi apellido es Evans, no Riddle."

Squezzy se puso nervioso. "El gran Señor dijo que usted es el amo Riddle. Tengo que obedecer al gran Señor!" El miedo en la voz del elfo se acrecentaba a cada palabra.

Tom lo calmó. "Bien, llámame así, pero puedes decirme Tom cuando estamos solos." Tom le sonrió encantadoramente. Su madre siempre le decía que había sido elegido en Slytherin no por su línea de sangre sino porque podía utilizar su sonrisa para obtener lo que quería.

"Puedo hacer eso, amo Tom." Le respondió el elfo, sonriendo nerviosamente.

"Bien. Ahora déjame ver que me has traído para desayunar."

El elfo conjuró una mesa y apoyó la bandeja, mientras Tom luchaba por mantener su aspecto externo positivo y amable. Sabía que un elfo podía volverse en contra de su dueño solo en situaciones extraordinarias; solo sabía de uno que se había rebelado de su amo. No esperaba que Squezzy actuara como Dobby, pero quizá un poco de información o ayuda no le vendrían mal.

Tom tuvo que admitir que el desayuno estaba delicioso.

Justo antes del mediodía Squezzy se apareció nuevamente en la habitación. Tom estaba sentado mirando por la ventana, aburrido hasta la médula: sin varita y sin nada que leer salvo libros de artes oscuras, no podía hacer otra cosa más que mirar por la ventana.

"Amo Tom, el gran Señor dice que usted almorzará con él. Ama Christina vendrá a buscarlo pronto y debe estar listo para cuando llegue."

Tom sintió que su estómago se daba vuelta y un repentino cosquilleo recorrió su cuerpo. "Gracias Squezzy, estaré listo." Le contestó con toda la calma que pudo fingir.

Se levantó de la silla y fue a revolver su closet en busca de una túnica adecuada. A su padre le iba a llevar tiempo localizarlo y rescatarlo, y se mentalizó en ganar todo el tiempo que pudiera.

Exactamente al mediodía, la puerta de la habitación de Tom se abrió y Christina entró; el muchacho notó cómo la bruja se alivió al verlo.

"Creíste que me había escapado?" Le preguntó, con una sonrisa sarcástica. "Estamos en lo alto de una maldita montaña en medio de los Alpes, y estoy sin varita. A dónde piensas que puedo escaparme?"

"No pude detenerte en Hamburgo." Observó la bruja, entrecerrando sus ojos.

"Si hubiera podido escaparme del depósito en Hamburgo, hubiera podido ocultarme entre la población muggle." Bufó Tom.

"Vamos, mi Señor nos espera." Le ordenó, cortando la plática.

La bruja oscura guió a Tom a un comedor. El lugar no era ostentoso sino funcional, con una mesa rectangular para seis personas. Y en su cabecera estaba sentado un hombre.

Tom sabía que debía tener la misma edad que su profesor de Transfiguración, pero el sujeto parecía más viejo. Su cabellera marrón estaba surcada por varios mechones de canas, y sorprendentemente (para Tom) tenía una expresión amable y abierta en su rostro. No parecía un tenebroso mago oscuro.

"Entra Tom, entra!" Saludó, levantándose de su silla de respaldo alto y labrado. Tom obedeció, sin sacarle sus ojos de encima; al instante sintió una leve presión sobre su mente. Aparentemente Grindelwald estaba examinando sus defensas mentales.

"Por fin estás con nosotros. El verdadero heredero de Slytherin sentado a mi propia mesa, un día memorable! Yo también he asistido a Hogwarts, como tú ya sabrás."

Tom consideró fingir que no sabía nada mientras tomaba asiento, pero concluyó que no sería creíble. "Este es un extraño sitio para encontrar a un Ravenclaw." Comentó casualmente.

El señor oscuro pareció complacido. "Sabes mi Casa! Dime, qué más sabes sobre mí?"

"Gellert Grindelwald, generación Hogwarts 1861. Miembro de sangre pura de Ravenclaw."

Grindelwald sonrió con amabilidad, aunque no así sus ojos. "Estoy seguro que has escuchado otras cosas sobre mí. Después de todo, sé que Albus aún tortura a todos en mi viejo colegio."

Tom se encogió de hombros. "El profesor Dumbledore no platica en clase sobre su antiguo compañero que se convirtió en un señor oscuro y que busca destruir Europa."

Christina no pudo contenerse e interrumpió. "Han querido evitar que mi Señor aprenda sobre su verdadero destino. Su búsqueda de conocimiento ha asustado a los débiles que no comprenden la grandeza de su búsqueda."

Tom levantó sus cejas. "Por supuesto, cómo se atreven a no permitirle que abra un portal hacia el reino del mal? Los demonios son criaturas amorosas e incomprendidas y no son capaces de hacer ningún mal."

El rostro de la bruja se sonrojó furiosamente, y sus dedos parecían anhelar coger su varita.

"Dime cómo está mi otro gran amigo, Thomas Potter? Entiendo que tu familia es muy allegada a él." Interrogó Grindelwald, cambiando de tema para que Christina pudiera calmarse.

"Es lo más cercano a un abuelo que he tenido. Estoy seguro que usted sabe que los Potter han adoptado mágicamente a mi familia; es público."

Grindelwald sonrió con satisfacción. "Thomas siempre ha sido divertido. No muy poderoso ni inteligente, pero siempre divertido." El señor oscuro se inclinó hacia delante. "Dime de dónde ha salido ese tal James Evans. Los reportes que he recibido sobre su pasado son contradictorios."

Tom sintió que la presión sobre su mente aumentaba.

"No he podido constatar su existencia con anterioridad a su llegada a Inglaterra."

Tom fortaleció su mente por medio de la Oclumancia. "Permanezca fuera de mi mente." Le contestó en un tono seco.

La presión aumentó momentáneamente y luego se diluyó por completo.

"Tienes buenas defensas." Le dijo Grindelwald, complacido y sonriente. "Has sido bien instruido por Albus." Tom le hizo un gesto de desinterés, dejando que lo creyera. Jamás le diría que había sido instruido por su padre.

"Imagino que ha sido de utilidad para resistir la maldición que corre por la sangre de tu familia, es decir, de tu verdadera familia, Thomas Riddle. La misma maldición que te terminará volviendo loco sino aceptas tu lado oscuro." Dijo Grindelwald.

"Mi nombre es Tom Marvolo Riddle, no Thomas Riddle." Le respondió con sequedad. "Mi madre biológica, Merope, estaba un poco loca, pero nada en comparación con mi tío."

Christina y Grindelwald se miraron momentáneamente confundidos. "Sabías que Morfin Gaunt era tu tío?" Preguntó Christina con incredulidad.

"Sí. Lo conocí dos veces. La primera, cuando mi padre me llevó a visitarlo el mismo día que fuimos a visitar a mi familia biológica muggle. De hecho, Tom Riddle ha quedado un poco chafa también, casi con seguridad debido a la poción de amor que Merope le daba." Explicó, actuando desinterés. "La segunda, cuando la dama sentada frente a mí (Tom hizo un gesto despectivo con su cabeza, señalando a Christina del otro lado de la mesa) invadió Hogwarts e intentó secuestrar a mi mejor amigo. Pero creo que ese orate de Gaunt ni siquiera me había reconocido; no hubiera sido importante, ya que el Conde se encargó de dejarlo sin cabeza."

Los dos captores ahora parecían shockeados: no habían recibido ningún reporte de lo que había ocurrido en la Sala común de Slytherin ese día. Habían asumido que el Conde había dado por tierra la invasión y forzado a Christina a que se fuera del colegio.

Tom prosiguió, satisfecho consigo mismo por haberlos confundido. "Asumo que usted se refería a la legendaria locura a la que los descendientes de Slytherin son propensos? Mi padre y yo creemos que es debido a la estupidez de esa familia de sangre pura a tener descendencia entre ellos. Mi madre cree que como soy un sangre mestiza estoy a salvo de esa maldición. De cualquier forma, crecer en la casa de los Gaunt podría desquiciar a cualquiera."

El señor oscuro se recostó sobre el respaldo de su silla, considerando lo escuchado. Tom no pudo sonsacarlo bien, pero intuyó que Grindelwald no había esperado escuchar todo eso.

El mago oscuro palmeó un par de veces llamando a la comida; la mesa se llenó instantáneamente de toda clase de alimentos. "Comamos."

Tom tomó una pata de cordero y unas patatas, y comenzó a comer cuidándose de mirar el plato. Así era más fácil para él mantener sus defensas mentales.

El almuerzo había estado magnífico. Christina le preguntó dos veces sobre lo ocurrido con el Conde en la Sala Común de Slytherin pero Tom la ignoró y siguió comiendo; Grindelwald comía en silencio pero no dejaba de mirar al muchacho.

Cuando el señor oscuro terminó de comer, Christina lo notó y dejó de comer también; no contenta con eso, le clavó la mirada a Tom hasta que éste se percató y dejó su tenedor en el plato.

"He decidido hacerte mi aprendiz." Declaró Grindelwald, sonriendo. "Siento que tienes un poder que tiende a la oscuridad, y que tú buscas evitar eso. Durante el próximo mes serás entrenado por mi querida Christina, y para otoño podrás asistir a las clases con el resto de los estudiantes de Durmstrang."

El señor oscuro se levantó de su asiento y se marchó del comedor, pero se dio vuelta cuando ya estaba en la puerta para mirar a Tom. "No se te está permitido irte de aquí excepto como mi aprendiz de confianza. Necesito algo que solo tú puedes darme, y eres lo suficientemente inteligente como para descubrirlo por ti mismo. En consecuencia, te darás cuenta de que no quiero matarte. Sospecho que tomar por la fuerza ese conocimiento de dentro de tu mente no me servirá de nada, pero estoy seguro de que hallaré formas muy creativas de castigarte si te resistes."

2 de Agosto de 1943

Los últimos cuatro días habían sido muy aburridos pero tensos al mismo tiempo. Grindelwald y Christina no había vuelto a aparecer y los únicos seres vivos que Tom pudo ver fueron los elfos que le llevaban sus comidas a la habitación. Nunca enviaban al mismo elfo, por lo que no podía proseguir con su plan.

Los primeros dos de esos días Tom se la pasó durmiendo, practicando Oclumancia y mirando por la ventana. Mientras era cautivo en Hamburgo le habían permitido escuchar una radio mágica y leer algunos libros en inglés, pero ahora añoraba esos pequeños lujos.

Durante el tercer día de aislamiento tomó el libro Argumentos Filosóficos a favor del uso de Artes Oscuras, solo para entretenerse con algo.

El libro resultó ser una obra humorística y provocativa. El autor enunciaba que casi cualquier hechizo y encantamiento podía mal utilizarse y que todo dependía de la mente del mago.

El autor utilizó el ejemplo del hechizo Aturdidor. El mismo era ampliamente usado por los magos y brujas pertenecientes al lado correcto de la magia; de hecho los Aurores lo usaban para capturar a los criminales sin provocarles daño. Sin embargo también puede usarse por criminales para cometer sus fechorías. Imperio es una maldición oscura, pero si se es utilizado en un raptor para liberar a la víctima? Una maldición oscura que sirve a buenos propósitos.

Tom sonreía mientras leía; el autor se valía de escenarios muy específicos para sus justificaciones, y algunos eran muy ingenuos. Pero un argumento al final del libro le dio qué pensar.

Se podía justificar matar a una persona a sangre fría para salvar a miles? O a diez? O a un millón de personas? La justificación parecía fácil si había que salvar a muchos, pero la cosa se complicaba cuando no eran tantos.

No era exactamente el caso de su padre? Acaso no había venido a ese tiempo a matar a un infante? El héroe del mundo mágico, el elegido, había decidido que asesinar a una indefensa criatura era una acción justificada por lo que esa criatura podría hacer en un futuro. Ese razonamiento persiguió a Tom durante toda la noche.

De nada sirvió la vocecita en su mente repitiendo que, al final, su padre no lo había matado y había decidido criarlo como a un hijo.

Al amanecer, Tom se levantó luego de una noche en la que no había podido dormir, soñando con James Evans y Harry Potter luchando entre sí para decidir si el pequeño Tommy Riddle vivía o moría.

Unos momentos después recibió el desayuno, traído por un elfo completamente silencioso. Quiso distraerse mientras comía con un libro que tomó al azar, relacionado con hechizos oscuros de duelo. Los hechizos no parecían demasiado distintos de los que su padre le había enseñado; solo hacían más daño al oponente.

Uno de ellos era similar a la maldición Flecha que vio utilizar a su padre. La maldición conjuraba tres flechas y las disparaba al blanco en formación cerrada o separada; las flechas no eran detenidas por los escudos mágicos. Sin embargo una versión oscura del hechizo permitía que el mago pudiera encenderlas con fuego, o transformarlas en flechas de plata, o que contuvieran un veneno. Varias de esas flechas podrían provocar la muerte del mago: cada flecha podía contener mínimas cantidades de veneno, pero varias de ellas ocasionarían un paro cardíaco. Algo que también podía lograrse con Aturdidores.

Durante sus lecturas esa misma mañana, Tom no se percató de que en sus pensamientos había comenzado a llamar James a su padre, en vez de papá.

Un elfo le llevó la bandeja del almuerzo cerca del mediodía; Tom siguió leyendo mientras comía. Usaba la cuchara para practicar los movimientos de varita de los hechizos que aprendía; cuando terminó de comer la puerta se abrió repentinamente.

Christina entró, seguida de una mujer de expresión severa y cabello firmemente atado hacia atrás con un moño. Tom notó que era bastante parecida a Christina.

"Buenas tardes señor Slytherin. Espero que haya estado cómodo."

"Señor Slytherin? Mi apellido es Evans. Puedo esperar que me digan señor Riddle para molestarme, pero señor Slytherin?"

Christina seguía con su cortés sonrisa. "El gran Señor no quiere llamarte como a ese mago debilucho que ha intentado alejarte de tu herencia, y menos aún como a ese disgustante padre muggle. Eres el heredero de Slytherin, mereces llevar su nombre."

Christina gesticuló a la mujer que la acompañaba. "Serena, éste es el nuevo aprendiz del Señor, Tom Slytherin. Tom estudiará conmigo por el resto del verano y luego asistirá a las clases de sexto año cuando comiencen."

La mujer de mirada severa estudió a Tom. "Vale él la pena?" Preguntó con voz ríspida.

Christina le dedicó a Tom una sonrisa de orgullo. "El señor Slytherin ha recibido Extraordinarios en Defensa, Transfiguración, Pociones, Encantamientos y Aritmancia, y Supera Expectativas en Herbología, Cuidado de Criaturas Mágicas y Astronomía. Creo que te darás cuenta de que es un excelente estudiante."

Tom se alegró al escuchar eso, ya que no se había enterado de sus notas. Por supuesto que las tres S lo desilusionaron un poco, pero junto a las E´s eran suficientes para sus EXTASIS; eso si podía volver alguna vez a Hogwarts.

"Tom, déjame presentarte a la jefa de investigación y a la bibliotecaria de Durmstrang: Madam Raven. Es, además, mi hermana." Prosiguió Christina, señalando a su hermana. "Mientras estés a mi cargo, ella te proveerá del material que necesites y vigilará tu progreso cuando yo esté ausente."

El muchacho miró a la intimidante bibliotecaria. "Encantado, madam." Ser cortés no dañaría a nadie.

"Veremos si realmente merece esas notas, señor Slytherin. Soy una profesora exigente, por lo que espero que sus esfuerzos estén a la altura." Tom solo asintió, intimidado.

Christina sonrió satisfecha. "Vamos, señor Slytherin. Quiero examinar sus dotes defensivas; siento curiosidad por saber si es merecido ese E otorgado por el Ministerio inglés."

Tom siguió a las dos brujas hacia el extraño conducto elevador. "Planta baja" ordenó Christina, y al instante descendieron a través del conducto como si fuera en caída libre. Pero en este caso, la caída aminoró su velocidad a medida que llegaban al destino; finalmente sus pies tocaron el piso suavemente y salieron de la torre caminando.

Durante el día Durmstrang parecía oscuro y amenazador. Para un colegio situado en lo alto de una montaña, uno se sentía como si estuviera en una mazmorra. Siendo de Slytherin, Tom estaba acostumbrado a vivir en sitios parecidos, pero ese colegio lo hacía sentir aún más aislado y subterráneo. Mientras que en Hogwarts había retratos mágicos y armaduras a modo de decoración, en Durmstrang había estatuas de criaturas oscuras y peligrosas, como hombres lobo, gárgolas, harpías y otras criaturas que colgaban de las paredes de los pasillos y vestíbulos.

"A cuántos de primer año deben enviar de nuevo a sus casas por tener pesadillas recurrentes solo por caminar por aquí?" Preguntó Tom, en un tono de voz baja que retumbó por doquier. Serena le dedicó una mirada de fastidio, pero Christina esbozó una media sonrisa.

Llegaron a un aula que, obviamente, estaba preparada para las prácticas de la asignatura de Defensa contra las Artes Oscuras. "O probablemente Artes Oscuras a secas." Pensó con cinismo, mientras observaba la larga plataforma de duelo ubicada en medio del aula; una baja tribuna con algunas filas de asientos llegaba desde casi el borde de la plataforma hasta una de las paredes laterales.

Mientras Serena se sentaba en uno de esos asientos, Christina guió a Tom al área abierta entre la entrada y la plataforma. "Este es nuestro salón de entrenamiento para los estudiantes avanzados. La plataforma es obviamente destinada para la práctica de duelo." Explicó la bruja, señalando la tarima. "Y en esta área se practica combate mágico. Al contrario que en Hogwarts, les enseñamos a nuestros alumnos que en un combate mágico las reglas de duelo no suelen respetarse."

"Nunca has visto a entrenar a mi padre, bruja demente." Pensó Tom.

Christina se alejó unos pasos y se di vuelta para encarar a Tom. "Veamos cómo lo haces."

El muchacho se arrojó al piso y rodó hacia un costado antes de que la bruja terminara su frase; un par de hechizos que Tom no reconoció pasaron furibundamente por donde estaba parado un segundo antes.

"Muy bien. Veo que sabes cómo estar listo; quizá ese profesor Evans no sea solamente un presumido. Toma."

Tom cogió del aire su varita de tejo de 13 pulgadas y media y núcleo de pluma de fénix, y volvió a sentirse completo por primera vez desde que lo habían capturado en Hogsmeade.

Conjuró un Protego para bloquear una maldición que había sido arrojada justo detrás de su varita, y a continuación contraatacó con un Corycus. El hechizo generaba un área de alta presión que golpeaba con fuerza al oponente; Christina pudo esquivar el inusual hechizo pero trastabilló ante su fuerza. Antes de que Tom pudiera aprovechar el momento, la bruja lanzó una maldición rebanadora.

Los escudos de Tom absorbieron la mayor parte de los efectos, pero no pudo evitar un tajo en su pierna del cual comenzó a emanar sangre. Tuvo que valerse de la Oclumancia para ocultar su dolor pero comenzó a enojarse. "Sagitto Toxium!" Murmuró.

Tres flechas brotaron de la punta de su varita y volaron hacia la bruja, tomándola por sorpresa: pudo evitar dos de ellas pero la tercera se clavó en su hombro derecho.

Christina miró la flecha sorprendida. Se la quitó y observó a Tom admirada. "Oh, mi perverso muchacho! Llevas sólo cuatro días aquí y ya utilizas magia oscura. Me haces sentir orgullosa!"

Se apuntó a su hombro con su varita y murmuró un encantamiento. Tom aprovechó para alejarse unos cuantos pasos de la bruja. "Bien hecho, teniendo en cuenta que es tu primer intento. Pero necesitas concentrarte en el agente paralizante: aún es muy débil."

Christina dejó caer la flecha. Antes de que tocara el piso, dos hechizos volaron hacia Tom, quien apenas pudo esquivarlos. Por los siguientes quince minutos el muchacho luchó para contener los ataques de la bruja oscura, ganándose cortes, magullones y algunas heridas leves.

"Suficiente." Dijo, finalmente, una voz.

Serena se había levantado del asiento y se había acercado al área de práctica. "Christina, esto ha ido lejos. Se suponía que ibas solo a probarlo y no a llevarlo a un combate a muerte. Había sido suficiente con esa flecha que atravesó tus defensas." Su tono de voz carecía de emoción alguna, aunque sonaba un poco desilusionada.

Christina simuló ofenderse. "Pero Serena, solo quería ver de qué era capaz el muchacho. Creo que aún se está conteniendo conmigo."

La bibliotecaria observó a Tom como si analizara un insecto. "Entonces no es muy lúcido. Míralo! Ahora tendrá que ir a la enfermería para que esté en condiciones para mañana."

Tom no había querido mostrar todo lo que sabía. El entrenamiento especializado que había recibido de su padre podría haber sido reconocido por Christina como algunas de las tácticas y estilos favoritos del Conde. Se negaba a dejar que Grindelwald y Christina se percataran del verdadero alcance de su poder.

"Está bien." Concedió Christina. "Lo llevaremos a la sanadora y luego a un paseo por el colegio. No podemos dejar que se pierda en medio de alguno de sus intentos de escape, cierto?"

Las dos brujas guiaron a Tom hacia el vestíbulo, y luego de una larga caminata llegaron a un extenso ambiente. A Tom le costó reconocer que estaba en una enfermería, ya que no presentaba nada de lo que usualmente uno encontraba en la de Hogwarts: camas confortables, olor a esterilización y la cálida luz que entraba por las ventanas. La enfermería presentaba la misma sensación de oscuridad que en el resto del colegio, y en lugar de camas había catres.

"No hallarás nada de lo que sueles ver en la enfermería de tu antiguo colegio, muchacho. Buscamos que nuestros estudiantes se hagan fuertes y resistentes curándose a su debido tiempo." Explicó Christina. Serena suspiró pero no dijo nada, y le ofreció una silla a Tom mientras abría un gabinete repleto de pociones. Tomó dos frascos y se los facilitó a Tom.

"Bebe ambas pociones." Tom las miró dubitativo. "No volveré a repetirlo. Son solo pociones curativas y no te harán daño."

Tom se resignó y luego de unos momentos de indecisión bebió la primera. Al instante sintió cómo sus golpes y heridas comenzaban lentamente a sanar; luego se tragó la segunda.

En lugar de la buena sensación provocada por la primer poción, Tom comenzó a sentir neblinoso su cerebro.

"Terminaron ya?" Preguntó impaciente Christina, sentada en el borde de uno de los catres.

Su hermana suspiró. "Sí. Tenga cuidado con sus heridas, señor Slytherin. Las pociones las cierran y aceleran el proceso de cicatrización, pero se pueden volver a abrir." Y mirando a Christina, agregó: "Ahora podemos ir a realizar el paseo."

Mientras caminaban hacia el vestíbulo Christina puso un brazo alrededor de los hombros de Tom. "Debo confesar que has luchado mucho mejor de lo que esperaba para un estudiante de Hogwarts. Soy la encargada de examinar a todos los graduados que quieran ingresar al Ejército Oscuro." La bruja sonrió. "Debo asegurarme de que la calidad del entrenamiento no se pierda." Y sonriendo, agregó: "Creo que podrías derrotar a muchos de esos graduados, algo impresionante para un estudiante que apenas comienza sexto año."

Tom asintió bajo los efectos de la segunda poción, aunque no pudo decir nada. Le daba la impresión de que su mente corría en dos direcciones: una, escuchaba lo que decía la bruja oscura en su tour y la otra observaba todo a la distancia. Esa era la parte que se preguntaba qué era esa poción y qué estaba haciendo con él. Su madre seguramente lo sabría.

Las dos hermanas Raven guiaron a Tom en una recorrida por el colegio. Durmstrang encerraba una sensación prohibida y oscura, y sintió que lo observaban continuamente. Como esperaba, el aula de Artes Oscuras era la mejor equipada de todas, aunque una en particular le había llamado la atención: poseía un extenso pozo rodeado de un encantamiento permanente de protección. Al ver la expresión de confusión en su rostro, Serena le explicó que el aula estaba destinada al estudio y observación de criaturas oscuras capturadas.

"Traemos hombres lobo dos veces al año, para que los estudiantes observen su transformación y alimentación. Muchos vuelven luego de terminar sus estudios; es una unidad de estudio muy popular." Narró Serena, con su típico tono monótono y seco de voz. "Normalmente echamos una oveja al pozo, pero a veces nuestro Señor recibe algún muggle indeseable para sus amigos muggles. Así se puede estudiar el efecto de la licantropía y de la infección antes de deshacernos del problema."

Tom se sintió enfermo al comprender el eufemismo de la bibliotecaria. Los amigos muggles de Grindelwald eran los nazis, por lo que los muggles que terminaban dentro del pozo eran seguramente los prisioneros de los campos de concentración.

El tour continuó, pasando por el laboratorio de pociones, un aula para el estudio de varitas y muchas más. Una clase estaba faltando en la recorrida.

"No tienen Estudios Muggles?"

Serena bufó con desdén. "Nuestros alumnos no tienen tiempo para perder en semejante tontería. Si una familia de sangre pura está interesada en los muggles, pueden enseñar a sus hijos al respecto fuera del horario del colegio."

"Por lo que he escuchado, su Ejército Oscuro parece tener problemas trabajando entre los muggles." Comentó Tom.

Christina respondió ese comentario. "Parte de su entrenamiento es actuar como muggles. Aprenden a vestirse y relacionarse correctamente. Lord Grindelwald especifica que es solo temporal, hasta que logre su objetivo; luego, los muggles no volverán a ser un problema.

Tom sospechó que había otro eufemismo en esa explicación, pero no dijo más nada.

En una extensa caverna bajo el colegio, Tom vio el campo de Quidditch y los terrenos de entrenamiento. Los invernaderos y el sector de herbología también se hallaban bajo tierra, iluminados por encantamientos lumínicos que simulaban la luz solar.

"Creación de uno de nuestros primeros directores. La luz imita la actividad del sol y emite la misma cantidad de luz y calor dependiendo de las estaciones. La cueva, además, imita el clima de Berlín o de cualquier otro lugar. Lluvia, viento, todo. Es ciertamente maravilloso."

Tom asintió. Él también consideraba que era una grandiosa muestra de magia. "Me pregunto si podría duplicar eso en la Cámara de los Secretos." Pensó vagamente; sus recuerdos del colegio le parecían lejanos, ajenos a él.

Luego de un largo rato que dedicaron a explorar el ambiente subterráneo, Christina indicó que era tiempo de que se marcharan. Tom no quería irse; ansiaba tomar una escoba y volar, pero la bruja insistió.

Los efectos de la poción comenzaron a desaparecer mientras ascendían desde la caverna rumbo al vestíbulo. Su ser flotante pareció desvanecerse hasta que finalmente su voz terminó desapareciendo. Se sintió aliviado de que su mente volviera a recuperar su claridad.

La parte final de la recorrida impresionó al muchacho. Las brujas hermanas lo guiaron hacia una puerta lateral que conducía a los terrenos exteriores del colegio, los cuales estaban rodeados por altos y gruesos muros de piedra. Todo parecía un jardín de hielo: decenas de hermosas estatuas talladas en hielo decoraban los terrenos, y si bien la montaña era muy alta como para albergar árboles, había pinos mágicamente creados y jardines que le daban un especial colorido al área.

"Vamos, quiero mostrarte algo." Sugirió Christina.

Tom la siguió rumbo a una escalera que corría pegada a los muros, y al subir caminaron por un sendero que recorría las murallas por su borde superior. Desde allí Tom podía ver todo el panorama que apenas podía adivinar por la pequeña ventana de su habitación.

Los Alpes se extendían maravillosamente ante su vista. No había signo alguno de presencia humana en ninguna dirección. Las cimas nevadas de las montañas y los valles cubiertos de densos bosques capturaron la mirada fascinada de Tom.

Christina notó el éxtasis del muchacho. "El bosque de allí abajo es similar al bosque prohibido de tu antiguo colegio. Tenemos algunas tribus de gigantes viviendo allí, al igual que Yetis, Trolls y muchas criaturas más. Durmstrang hace carreras de escoba a través de algunos de esos valles que terminan en el colegio."

"El ganador es el primero que llega al colegio?"

Christina sonrió maliciosamente, negando con su cabeza. "El colegio tiene barreras mágicas de todo tipo, y algunas maldiciones. Si las atraviesan de ida y vuelta, pasan. Pueden intentarlo de nuevo si fallan pero muchos no sobreviven en el segundo intento."

Tom frunció su ceño. No sabía si la bruja oscura estaba tratando de persuadirlo de que no escapara asustándolo, o si solo era más evidencia de que era una maldita psicópata. Súbitamente sintió una presencia detrás de él.

"Esperaba poder encontrarlos." Dijo el señor oscuro en un tono jovial.

"Mi señor, cómo podemos servirlo?" Respondió Christina, haciendo una pequeña reverencia.

"Oh, los buscaba porque he recibido noticias." Replicó Grindelwald. "Nuestros operativos han finalmente podido llegar a nuestro cuartel general en Hamburgo. Parece que, luego de que te enviara aquí, Fin liberó el Demonio que yo había dejado bajo su cuidado. Algo causó que las protecciones mágicas del depósito colapsaran y ahora tanto Fin como el Demonio están perdidos."

Christina se preocupó. "Ha sobrevivido el Conde?"

"Aparentemente el Demonio y ese inefable inglés se eliminaron a sí mismos. Nuestros instrumentos indican que la violenta tormenta de fuego generada en esa área fue provocada por la lucha entre ambos. Nuestros enviados hallaron los restos calcinados de una persona vestida con atuendos casi irreconocibles; una túnica de inefable. El cuerpo del Demonio estaba a solo unos metros.

Christina pareció contrariada ante las noticias, y Tom notó que apenas podía controlar su ira. "Lamento comunicarte que tu salvador ya no existe." Concluyó Grindelwald, sonriéndole a Tom.

El muchacho giró su cabeza y miró hacia las montañas, confundido y aturdido. James estaba vivo, estaba seguro de ello. La conexión que tenía con la cicatriz debería haber reaccionado de alguna forma si esa información era verídica. Su padre nunca se daría por vencido. Y Tom estaría listo.