Capítulo 35: Señora Corpseblue.

Su cabellera castaña estaba recogida en un moño elegante, dejando al descubierto sus hombros y su hermoso cuello, así mismo dejaba a la vista el lóbulo de sus orejas para lucir los bellísimos aretes de perlas que su abuela le había heredado, un escote al borde de su pecho era la perfecta combinación para hacerla lucir como lo que era; la mujer más hermosa esa noche. Charlotte se inclinó para abrocharle un collar de perlas para hacerla combinar; mientras, Mary le sonreía por el espejo con los ojos brillosos a la luz tenue de la lámpara del buró. "¡Arruinarás mi obra de arte, Mary!" Chilló Natalie y corrió por un pañuelo para su amiga, se lo entregó y ella rápidamente lo presionó contra sus lagrimales para dejar una manchita negra sobre la tela y suspiró: "Justo a tiempo." Las tres chicas se miraron y en ese mismo instante sonó la puerta, entraron Ann, Angela y Diana todas vestidas con vestidos color champagne, muy hermoso y elegante.

Tras cerrar la puerta las seis amigas se pusieron en fila para que Mary las viera de una en una y no hizo más que sonreír y moviendo los labios sin sacar sonido alguno de su boca pronunció: Perfectas. Ann y Angela se colocaron una de cada lado de Mary y estiraron sus manos para ayudar a ponerse de pie a la hermosa novia. Su vestido era precioso, mandado hacer especialmente para ella en Bélgica; la parte superior era un corsé con detallado de bordados y al nivel de la cintura había un listón color champagne que se amarraba en moño por delante, los hombros estaban cubiertos por una extensión del corsé; como mangas decoradas por encaje hecho a mano. Al nivel de la cadera caía la bellísima falda de tul con bordados de flores belgas; capas y capas de tul hasta llegar a sus piernas, parecía una hermosa sílfide que reinaba en el bosque. La puerta se abrió de par en par y la cabeza de una mujer se asomó y soltó un gritito, era la madre de Mary, Lily. Eran idénticas, solo que su madre ya marcaba la edad en su rostro, sin embargo se veía radiante todos los días con esa blanca sonrisa tan propia de ellas. En ese momento se acercaban Natallie y Diana con el velo para colocárselo en el moño de la cabeza, Lily se acercó y dijo: "Ahora solo falta algo azul." Mientras decía esto tomó su muñeca y se desabrochó la pulsera de plata con piedras de saphiro incrustadas y dijo con voz suave: "Ésta es una reliquia que ha pasado de generación en generación. Tu tatarata tara abuelo se lo obsequió a tu abuela la noche que pidieron su mano, y de ahí se ha traspasado de hija a hija. Hoy, mi niña, te doy esta joya para que te de suerte y amor en tu nueva vida." Al pronunciar la última palabra cerró el broche en la muñeca de Mary.

Un hombre grande de traje negro y bien peinado tocó con sus nudillos la puerta que estaba abierta diciendo: "¿Ya puedo ver a la novia?" Era el padre de Mary, muy elegante y con los ojos brillosos que delataban su emoción al ver a su hermosa hija parada frente a él con su vestido perfecto rodeado de sus mejores amigas. "¡Pero con demonio!" gritó su padre, "¡Joseph!" riñó su esposa, el hombre carraspeó y dijo: "Lo siento, mi amor, pero jamás creí que vería una mujer más hermosa que tú." Las chicas soltaron unas risitas y Lily hizo un gesto con la mano pero igual sonreía, a Mary se le comenzaban a llenar los ojos de lágrimas nuevamente. "Si no estás lista, cielo, puedo bajar a decir que se pospone la boda." Dijo su padre a la joven mientras se aproximaba para tomar su rostro entre sus gruesas manos. "¡Qué va papá! Es solo la emoción." Lily se limpiaba las amenazadoras lágrimas que inundaban sus lagrimales para evitar que se manchara la cara, mientras tanto la habitación se llenaba de más y más gente; Thérèse entró por la puerta y soltó un suspiro enorme: "¡Pero qué hermosa! ¡Todas de verdad se ven lindas! Pero ya es hora."

El gran jardín que colindaba con el bosque estaba lleno de flores blancas de todo tipo, había velas que iluminaban el camino hacia el precioso altar que habían montado para la ceremonia, el sol se terminaba de ocultar detrás de los frondosos árboles y los toldos donde se habían acondicionado para las mesas y la pista de baile, comenzaban a iluminarse con una tenue luz que desprendía romance a todo ese jardín. Todos los invitados ya estaban sentados esperando para que comenzara la ceremonia, los chicos estaban parados en la puerta que colindaba al jardín, listos para salir con las damas de honor. El cuarteto de cuerdas que daría vida y música a la estancia terminaba de afinar, el novio estaba parado frente al altar con la vista hacia la casona y con los ojos sobre las puertas que colindaban al jardín para ver a su hermosa novia salir. Todas las luces de la casona habían sido acondicionadas para desprender una luz más tenue y suave que daba un toque perfecto a todo el ambiente romántico y amoroso que se lograba a la perfección, en conjunto con la luz de las velas y las hermosas flores blancas decorando el jardín y el sendero hacia el altar. Un silencio sublime inundó el lugar, las estrellas brillaban en lo alto y la naturaleza rodeaba aquella hermosa escena, las cuerdas de los instrumentos entonaron juntas la preciosa melodía que acompañaría la caminata de la novia.

Se abrieron las puertas y salieron Dorian y Diana, seguidos de Edward y Natallie, luego Angela y Henry, Biel (como cortesía, habían decidido invitarlo para agradecer a él, Charlotte y Thérèse por la casona) con Ann y la última pareja, Daisy con el hermanito menor de Mary. Tocaban unos largos y agudos acordes, como de danza de ballet, cuando salió Charlotte con su bello andar tan acorde con la música, desfilando hasta el altar; entre los invitados estaba Terry y le sonrió pícaramente y moviendo los labios dijo: "No te caigas." Charlotte sonrió de vuelta y continuó su camino con la barbilla en alto. Justo cuando la joven llegó al altar, las cuerdas entonaron la marcha nupcial y de la puerta salió Mary acompañada de su padre, ya con el velo puesto sobre el rostro y la larga cola de tul adornaba su paso con los bellísimos bordados y los pequeños encajes que lo hacían lucir como de la realeza. Al llegar a donde estaba Ben la música tocó una larga nota mientras Joseph levantaba el velo de la cara de Mary para besarle ambas mejillas y luego tomarla de la mano y entregársela al joven, muy buen mozo, que la tomaría como suya para amarla por siempre. La ceremonia fue hermosa, ambos dijeron sus votos desde lo profundo de su corazón y se miraron mientras atrás se oían las siguientes palabras: "Ya puede besarla." En ese momento todos se pusieron de pie y aplaudieron, mientras Ben y Mary se daban un tierno beso en los labios, se veían tan perfectos y hermosos como una estatua que recordaría ese momento para siempre.

Botellas de champagne se abrían por todos lados, ya que los invitados querían brindar por los novios y festejar la unión de dos personas increíbles. En la mesa de Charlotte estaban sus amigos junto con Terry, y al mismo tiempo todos levantaron sus copas cuando Charlotte chocaba su anillo contra la copa pompadour para hacer un brindis. "Era la primavera de 1920, Utrecht, las afueras de la ciudad. Fue ahí en una hermosa fiesta, no tan bella como esta, en la que dos de mis mejores amigos sintieron un flechazo que les lleno el corazón de amor… Tu hermano estaría muy orgulloso de ti, Ben y a ti Mary, te hubiera adorado…" Su voz se entrecortó un poco; "Pero hoy no vamos a ponernos tristes, no, hoy vamos a celebrar que dos personas de gran corazón han logrado encontrar la pareja ideal. Porque yo creo que no hay nadie mejor para ti, Ben, que Mary y para ella, ningún hombre más amoroso y honesto. Por el señor y la señora Corpseblue." Todos aplaudieron y bebieron un sorbo de su copa. Los músicos que tocarían para la velada comenzaron una suave melodía mientras Charlotte se sentaba junto a Terry, quien le apretaba la mano. "Tranquila…"

-"Gracias Terry."

La noche avanzaba y la gente comenzó a bailar, en el centro de la pista estaban los novios que no habían dejado pasar una sola canción sin que ellos la disfrutaran, más botellas y más se abrieron y la gente gozaba, bebía y comía; todos estaban muy felices. Natallie estaba bailando en la pista con Terry, en la mesa estaba sentada Charlotte con Edward charlando un poco mientras comían macarrones. Biel se acercó por un costado y le preguntó a Charlotte: "¿Me concederéis el próximo baile?"

-"Por supuesto, Biel." El chico no dijo más y sonriendo se fue. Edward bebió un largo trago de su copa y tras haberlo tragado dijo: "No creo que sea lo mejor." Charlotte le espetó: "No estoy haciendo nada malo." La música paro y así Charlotte se puso de pie igual, se apartó de la mesa y se dirigió a la pista de baile, en donde encontró a Biel y le extendió la mano. "Gracias petita, creí que no vendrías." Charlotte sonrió y comenzaron a bailar. "¿Sin resentimientos?"

-"¿Por qué habría de resentir?"

-"Porque escogí a Terry."

-"¡Oh claro! Sin resentimientos" al decir esto, Biel bajó un poco más su mano de la espalda de Charlotte, hacia su cintura, y la jaló contra él. "Sin embargo, no puedo negar que siento una gran atracción hacia ti, pero me conformaré con éste placer de bailar contigo. Un waltz a tu lado será mi equivalente a un beso tuyo." Sonrió porque había hecho ruborizar a Charlotte. Terminaron el baile sin decir nada más y así como la música cesó ambos entendieron que su pequeño romance que apenas lanzó chispas igual terminaba, ahí en la pista de baile.

La música no paraba y la gente se contagiaba de la alegría y la diversión, aún faltaban unas horas para el alba, pero la gente no parecía sentir cansancio. Charlotte había bailado con todos sus amigos y también con Ben, Terry la atrapaba cada vez que se iba a sentar, sus pies ya no podían más y tantas copas de champagne ya hacían que sintiera la cabeza muy caliente y la lengua arrastrara un poquito cuando decía la letra "s" o la "r". Angela se había ido ya a la cama junto con Ann, Natallie y Henry estaban desparecidos, (nada de extrañarse) Dorian y Diana bailaban las suaves canciones que anunciaban el próximo fin de la fiesta. Charlotte bostezó y luego bajó la mirada a su tobillo que movía en círculos para hacer reaccionar a su músculo dolido. "Creo que es hora de dormir un poco."

-"¿Dormir, Terry? ¡Pero si ya se acerca el alba!"

-¿Te gustaría ir a ver el amanecer conmigo?" Charlotte sonrió y Terry la tomó de la mano, pero al intentar ponerse de pie, ella se desplomó en los brazos del muchacho y soltó una carcajada; "Debe ser por tanta champagne que he bebido." Terry la agarró fuerte de los hombros y ambos se encaminaron al bosque. "No creo que sea la bebida, creo que estas cansada."

-"Eso puede ser." Terry cargó a Charlotte y cruzaron el bosque para llegar al castillo de él.

Terry había sacado dos sillas al balcón, cubría a Charlotte con una manta y a continuación se sentó en la silla de alado. El sol comenzaba a salir entre las montañas iluminando el rostro de Charlotte, que yacía dormida sentada. La fiesta había sido tan abrumadora, tan energética que había dejado tumbada a Charlotte entre tanto festejo, baile y bebida. Terry se acercó y le acarició el rostro, quitándole un par de cabellos que se habían venido cubriendo su frente, le besó los labios y Charlotte sonrió entre sueños. Aquel momento era muy cálido para Terry, aunque Charlotte no estuviera del todo con él, pero aún así se sentía muy bien porque ella era solo de él, así como él de ella. Sin embargo, no pudo evitar la sensación de que algo lo asechaba desde lo profundo del bosque, esperando el momento adecuado para brincar y atacar, desvió la mirada y con el rabillo del ojo miró hacia los árboles frondosos; sintiendo como la fría mirada de un reptil chocaba con la suya.