HOLA! QUIERO ACLARAR QUE EL FIC NO ME PERTENECE. LE PERTENECE A HIKARI X TAKERU. YO SOLO LO ESTOY ADAPTANDO

Amigos especiales

El momento de la verdad

Eran alrededor de las 4.32 de la madrugada cuando Alec soltó su tercer vaso de Attomic Blue y paseó la mirada por el lugar para intentar encontrar a su hermana.

- ¿Qué haces? – preguntó Emmet acercándose para sujetarse a su cuerpo, ante su tambaleo constante desde, aproximadamente, las tres.

- Estaba buscando a mi hermana… pera ya se debe de haber ido, ¡aburridaaaaaaaaaaaa!

- Sí, seguro que se fue… - murmuró Emmet, nervioso, desviando la vista para posarla en un rincón del living, tratando de descifrar en donde terminaba Jane y empezaba Mike. – ¡Hey, hey, ustedes! ¿Dónde creen que van?

Sus ojos habían encontrado algo más interesante que ver la casi violación de Mike hacia esa chica. Había visto a su hermana y a Emmet justo a tiempo antes de que ambos desaparecieran por la oscuridad del pasillo que llevaba a las habitaciones.

- Tengo sueño, hermano, nos vamos a acostar – dijo Bella, sonriéndole a ver si trataba de convencerlo.

- Siiii, sueeeño, seguro – se metió Alec levantando las cejas marcando algo obvio.

- Gracias eh – ironizó Edward, riendo. – No vamos a hacer nada, Emmet, no con tanta gente en la casa, puedes quedarte tranquilo.

- ¡Claro que no! Los voy a ir a mirar a cada rato, ¿ok?

- No es neces-

- ¡No me discutan!

- Bueno ¬¬

Continuaron caminando y desaparecieron por el lugar.

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- Creo que iré a ver que hacen – replicó Emmet dirigiéndose por donde se habían esfumado los menores.

- ¡Te acompaaaaaño! – exclamó Alec, siguiéndolo de cerca.

Buscaron en el baño, en la habitación de Jasper, de Edward pero no los encontraron. Por lo que, la última pieza que quedaba era la de los señores Cullen.

Asomaron sus cabezas por la puerta y los vieron acostados sobre la cama. No estaban haciendo nada grave. Se besaban con tranquilidad. Bien, eso estaba bien. Y que Edward acariciara su rostro…hmp, también estaba bien. Y que su mano descendiera y llegara hasta la cintura de su hermana… mmm… cuando la pierna de Bella se estaba por enredar con las de él, Alec suspiró.

- ¡Me aburro, Emmet! – gritó colgándose del mayor.

- ¡Cállate!

Tarde. Edward y Bella los habían vuelto a mirar y ahora los fulminaban con una mirada que asustaría a cualquiera. Emmet tragó saliva y señaló su espalda con el pulgar.

- Yo solo venía a… bueno, ya me voy… sí, nos vemos. Vamos idiota – masculló sujetando a su reciente conocido del cuello de su camisa.

Bella resopló y se acostó nuevamente.

- Algún día lo mataré.

- Déjame eso a mí, a ti te quedaría demasiado cargo de consciencia – le dijo Edward abrazándola y acomodando su cabeza en su pecho – Vamos a dormir un rato, estoy cansado.

El rostro de ella se levantó y dejó ver un puchero.

- Aburrido… dulces sueños – dijo besando sus labios y volviendo a acostarse.

Dos semanas después, la situación era la misma.

Bella despertó sintiendo el calor carcomerle la piel y se separó lentamente del pecho descubierto de su novio. Recorrió la habitación con la mirada y arqueó las cejas. Corrió la mano de Edward de encima de su cintura y se levantó. Caminó hasta una de las paredes y enfocó su visión aún más. Si, el aire acondicionado estaba apagado.

Intentó prender y apagar la luz pero no pudo.

Bufó exasperada y bajó los hombros. No le gustaba para nada el calor en exceso. La hacía sentirse mal.

Abrió una de las ventanas para dejar que corra el aire pero no pudo dejar de sentirse mareada.

Decidió ir a tomar algo fresco, tal vez eso la ayudaría.

Salió de la habitación sin hacer ruido. Eran aproximadamente las seis de la tarde. ¿Tanto habían dormido? Se habían acostado luego de comer junto con Emmet y Rosalie.

En la cocina encontró a su hermano, su cuñada y Jasper, los cuales parecían estar simplemente hablando. En ese lugar no hacía menos calor que en su habitación. Los tres se hacían viento con lo primero que tuvieran a mano.

Estaba por saludarlos cuando todo lo que tenía frente a ella se tiñó de color blanco. Y eso fue lo único que pudo recordar.

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- Bella… Bells, por favor…

Abrió los ojos viendo a su hermano en forma doble. También vio una mancha de cabello rubio o cobrizo? . Debía de ser Edward… o Jasper, recordaba que él también estaba cuando le pasó… lo que sea que fuera lo que le había pasado.

- ¿Cómo te sientes? – quiso saber una voz femenina. Rosalie.

- ¿Qué pasó? – amagó con levantarse de la superficie dura en donde estaba pero un par de brazos se lo impidieron.

- Quédate acostada, dime ¿Cómo te sientes?

- Mareada…

- Hay que llevarla a su habitación, Edward…

Sin decir nada más, sintió que el suelo desaparecía bajo ella y que dos fuertes brazos la envolvían. No había visto a su novio por ahí, ¿tan mareada estaba?

Cuando sintió el colchón mullido de su cama, volvió a abrir los ojos. El simple movimiento de ser llevada hasta su cuarto la había hecho sentirse mal otra vez.

- Como odio el calor… - musitó Bella tapándose los ojos con su brazo.

- Ya lo se – replicó Edward, recostándose a su lado y haciéndole viento con una revista. – Siempre te pasa algo así en verano.

- ¿Quieres que llamemos al médico? – preguntó Jasper, con un deje de preocupación en su mirada.

El que respondió fue el novio de la muchacha.

- No creo que sea necesario – Edward sonrió suavemente y miró a su hermano – Bella siempre sufre cosas así los días de calor agobiante, no soporta las temperaturas altas…

Emmet asintió ante esa información.

- Es verdad, le baja la presión. Solo necesita descansar un poco, y espero que la luz vuelva pronto para poner el aire acondicionado. Luego, date un baño, ¿esta bien?

Bella asintió sin moverse de su posición. Los tres mayores se retiraron de la habitación pero no cerraron la puerta, así correría más aire.

Cuando verificó que realmente habían quedado ellos dos solos Bella se abrazó a su novio sin esperar nada. Edward correspondió el contacto sin preguntarle el porqué de esa repentina acción. Ya sabía la respuesta.

- Me da vergüenza pero… quiero que ir a comprar uno…

- Te acompaño – respondió el cobrizo levantándose de la cama.

Salieron del lugar a paso lento y llamaron la atención del grupo de amigos que se mantenía en la cocina haciéndose aire con lo primero que encontraran cerca.

- ¿A dónde van? – quiso saber Emmet.

- Vamos a ir a sentarnos en el parque. Tal vez estar cerca del lago sea más refrescante y le haga bien.

El pelinegro asintió con un poco de desconfianza y les dijo que volvieran temprano.

Ambos adolescentes concordaron y abandonaron el recinto en silencio. Caminaban por las calles sin decir ni una sola palabra, si sus manos no hubieran estado entrelazadas, tampoco creían el hecho de que notaran la presencia del otro a su lado. Pero iban muy ensimismados en sus pensamientos especulando en las posibilidades.

Se alejaron varios barrios del suyo y entraron a una farmacia. Los atendió un hombre mayor, parecía que rondaba los 72 años o algo parecido.

- Buenas tardes jóvenes, ¿Qué necesitan?

La mirada de la pareja se desvió hasta clavarse en un estante que estaba detrás del mostrador. El farmacéutico siguió la dirección de sus ojos y encontró el objeto.

- ¿Así que es eso…? – estiró su mano para sujetar la pequeña y alargada caja y la colocó sobre la mesa. – Son 22 dólares.

- Quiero dos – dijo Bella con voz prácticamente forzada. El anciano asintió y buscó otra.

Tras pagarlo, sujetaron la bolsa con un sentimiento desconocido dentro de ellos y se fueron del lugar sin siquiera despedirse del amable señor.

Volvieron en sus pasos pero no se detuvieron en la casa de los Swan sino que continuaron caminando las tres cuadras que los separaban del hogar del cobrizo y se instalaron allí, aprovechando la soledad.

Fueron hasta el cuarto de Edward y se sentaron en la cama, todo sin soltarse de las manos. Seguían sin proferir palabra porque no sabían exactamente que decir en una situación así. Pensaban que, si hablaban, sería peor o que harían que los nervios o llanto del otro se destara de un momento a otro.

Bella suspiró y cerró los ojos. Sacó una de las cajas desde dentro de la bolsa y se paró.

- Ya vengo.

Antes de que pudiera atravesar la puerta, los firmes brazos de Edward la sujetaron en un nuevo abrazo. Un abrazo que demostraba su apoyo y todo su amor.

Bella sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y correspondió a la unión. Después de todo, lo necesitaba como nunca antes.

Al separarse, el cobrizo volvió a sentarse en la cama y ella se encerró en el baño frente a la habitación de su novio.

Edward se refregaba las manos sin poder parar. La desesperación que sentía dentro de él era inexplicable con palabras por lo que solo optaba por suspirar y apretar los ojos fuertemente. No era capaz de pensar con claridad ni menos figurar lo que harían de ahora en adelante si el resultado llegaba a ser positivo. Solo sabía que, negativo o positivo, amaría a Bella tanto o más como la amaba en ese momento.

Un ruido lo sacó de sus reflexiones. Era su chica. Quien lo miraba con los ojos brillando por las lágrimas desde el marco de la puerta.

¿Ya habían pasado 15 minutos?

Los ojos de la castaña bajaron hasta enfocarse en el pequeño aparatito que sostenía entre sus manos y las lágrimas comenzaron a resbalarle por las mejillas.

Eso solo podía significar una cosa.

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Lamento la tardanza, tuve serios problemas familiares, y además q comenzaron los exámenes en mi colegio, y no he tenido tiempo de nada, gracias por la paciencia.

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