Antes que nada, perdón a todos y todas por la espera. Como algunos sabréis, empecé con otra historia y digamos que me emocioné; me dejé llevar. Bueno, lo importante es que he vuelto para ayudar a Chitaru Holmes y a Hitsugi Watson a resolver el misterioso caso de los robos de las chicas. ¡Gracias por esperar por este capítulo! ¡Sigamos!
CAPÍTULO 34
-Cuando quieras, Azuma.
Mentiría si hubiese dicho que esta mañana me quedé dormida hasta un poco más tarde sin razón alguna. Normalmente, me despertaba a las 7.00, una buena hora para aprovechar los primeros rayos de sol haciendo un poco de deporte. El caso es que me dormí. No sin un buen motivo, por supuesto.
La noche anterior, serían sobre las 0.00 o la 1.00 de la madrugada, oí un ruido en el pasillo. A aquella hora, Ichinose ya estaba durmiendo, y lo último que quería hacer era despertarla; necesitaba descansar. Procurando no hacer ni un ruido, me acerqué a la puerta y la abrí levemente. Lo único que vi fue una sombra corriendo silenciosamente hacia las demás habitaciones, y luego escuché el ruido de una puerta cerrándose. ¿Qué podría hacer una de las chicas volviendo tan tarde a su habitación? ¿De dónde venía?
Sin llamar la atención, salí de nuestro cuarto, y con la luz que producía la pantalla del teléfono móvil alumbré el suelo; exactamente por el mismo lugar por donde había pasado corriendo antes la sombra. Fue grande mi sorpresa al distinguir pequeñas partículas de tierra seca sobre la moqueta. Luego, volví a la habitación, aunque me costó dormir a causa de las decenas de pensamientos que se me venían a la cabeza. Todos ellos relacionados con la sombra sin identidad.
-¿Eso quiere decir que... la tierra que había en la habitación número 2 no era del jardín?- cuestionó Chitaru, confundida y desorientada.
-No entiendo nada...- declaró Hitsugi, un poco desesperada por el hecho de no encontrar a la culpable.
-Creo que ya se lo que está pasando aquí.
Todas pusieron su atención en la pelirrosa que acababa de hablar.
-Isuke-sama ha encontrado la respuesta~
-Cállate, idiota. Bueno, a lo que iba: está claro que sea quién sea la ladrona, intenta despistarnos. Como bien dijo Namatame-san, lo más probable es que la tierra que vimos antes en nuestro cuarto no sea del jardín, eso nos vuelve a extender la lista de posibles sospechosos.
-¿Pero si no es en el jardín, dónde puede encontrarse tierra?
-Yo tengo alguna idea de eso.- alzó su voz Tokaku, que para misterio de todas había dejado de lado su mal humor para intentar ayudar.
-¿De v-verdad, Tokaku-san?- Haru, por su parte, escupía las palabras entre sollozos, impresionada y esperanzada por que su querida compañera de habitación quisiese ayudar.
-No te preocupes, Ichinose. Encontraremos a quien hizo esto y se arrepentirá.
Le mostró a dicha pelirroja de coletas una mirada tierna y tranquilizadora, antes de volver a fijarse en las demás con un gesto serio. Estaba decidida a coger a la chica que había echo que su Haru llorase; costase lo que costase.
-Los posibles sitios, a parte del jardín, en los que se puede conseguir tierra son: el invernadero y el laboratorio.
-¿Alguien de nuestras demás compañeras suele visitar alguno de esos sitios?
-Creo recordar que Takechi va a menudo al invernadero, le deben de gustar las flores exóticas...- dijo Haruki no muy convencida con su propio comentario.
-¿Una psicópata amante de las tijeras y además jardinera? Esa lo que es, es una bollera sadomasoquista con complejo de soltera.
-Isuke-sama, eres muy cruel.
-No soy cruel; soy realista. Y además, es insoportable. Casi tanto como tú.
Mientras las dos comenzaban (de nuevo) a argumentar sobre cosas sin mucho sentido, Tokaku y Chitaru idearon un plan para pillar a la ladrona antes de que cometiese un nuevo robo.
-Vale, atención todas, por favor.
Cuando cierta pelirrosa y cierta pelirroja olvidaron sus "diferencias" durante unos instantes, Chitaru prosiguió explicando lo que iban a hacer.
-Bien, eso es lo que haremos. Nos dividiremos en dos grupos para terminar antes. En el grupo número uno iremos Inukai, Azuma y yo. En el grupo número dos estarán Ichinose, Sagae y Kirigaya. ¿Entendido?
Las demás murmuraron un leve "sí".
-Nosotras iremos a preguntar la versión de lo ocurrido esta mañana a Kenmochi y Takechi. Vosotras iréis a preguntar a Hanabusa y Banba, ¿de acuerdo? Es importante que las horas coincidan. Repasemos que hay que tener en cuenta que el culpable actuó entre las 7.19 (hora en la que nada había ocurrido hasta el momento) y las 7.45 (hora en la que comenzó a llover). Aunque debemos tener en mente la posibilidad de que la tierra encontrada sea del invernadero o del laboratorio, por eso tenemos que preguntar. Intentad ser disimuladas, puede que Hanabusa sea lo suficientemente testaruda como para mentir.
Dicho esto, las seis muchachas salieron de la habitación número 1 para dirigirse a los cuartos correspondientes.
Delante de la puerta de la recámara de la ojou-sama, tres de las chicas debatían quién iba a picar.
-Por favor, pica tú, Sagae-san. No soy buena disimulando..
-Pues yo tampoco... Será mejor que pique Ichinose...
-¿¡Eh!? ¿Yo? ¡Para nada, será mejor que pique Hitsugi-chan! Es más mona, seguro que consigue engañarla con su carita de buena aunque no sepa disimular...
-¡No, ni hablar! O picas tú, o lo hace Sagae-san.
-Entonces voto porque lo haga Haruki-san, es la más fuerte y todo eso al fin y al cabo.
-Ara~ ¿Qué es este jaleo justo delante de nuestra puerta?
Las tres quedaron sin palabras ante la imagen de Sumireko sonriendo justo a unos treinta centímetros de ellas.
-...
-¿Necesitáis algo?
Ambas; Haru y Hitsugi, empujaron hacia delante a Haruki indicándole sin piedad que hablase.
-Emhh...esto...
-¿Si, Sagae-san?
-Esto... necesitábamos preguntar una cosa...
.¿Y qué cosa es?
-Hmm... ¿podrías decirnos con detalle q-que hiciste esta mañana?
La ojou-sama la miró atónita, con un claro gesto de confusión y desconfianza.
-... ¿A qué se debe esa pregunta?
Haruki comenzó a ponerse nerviosa aunque intentaba por todos los medios posibles no tartamudear o cualquier cosa que las pudiese delatar. Detrás de ella, Haru y Hitsugi rezaban para que se le ocurriese alguna excusa buena, o al menos, creíble.
-Pues... es que...e-esta mañana han desaparecido... ehm... ¡cinco kilos de patatas! ¡S-si, eso! Y los cocineros se han enfadado un montón, es por eso que nos han mandado a preguntar a todas que hicieron hoy; para descubrir al ladrón de patatas, por supuesto.
Sonrió orgullosamente, con tensión, pero se relajó al ver la sonrisa que le devolvió Sumireko. Mentalmente, Histugi y Haru se regañaban a sí mismas por dejar que Haruki se inventase una tontería semejante. ¿Qué clase de persona iba a robar cinco kilos de patatas por la mañana en un sábado?
-Oh, entiendo. En ese caso, pasad; os prepararé un poco de té y os contaré como me ha ido el día.
Las tres muchachas siguieron a la ojou-sama hasta el interior de su cuarto, decorado casi excesivamente con muebles antiguos, caros y muy pomposos para el gusto de las demás. Les ofreció un sitio en el sofá y aceptaron. Compartieron miradas tensas hasta que la dicha joven de cabello anaranjado les trajo a cada una, una delicada taza de té servido en porcelana probablemente francesa.
-Pues bien, ahora que todas estamos más cómodas, os contaré con mucho gusto.
Esta mañana me desperté temprano, teniendo en cuenta que es fin de semana. Cuando abrí los ojos y miré al pequeño reloj que hay en la mesita de noche, éste marcaba las 7.25, un minuto más o un minuto menos. En la cama vecina, la adorable Banba-san, quién sabe si entonces era la atrevida Shinya o la tierna Mahiru, dormía plácidamente. Me quedé varios minutos inundada en aquel mar de suspiros cálidos que llenaban el ambiente. Cuando volví a mirar el reloj, eran las 7.33, y justo entonces, Banba-san se despertó. Todas las mañanas me despierto primero que ella y me voy a duchar antes de que ella se levante; para darnos un poco de intimidad a ambas (incluso sin ser necesaria, la verdad sea dicha), pero hoy, perdida en mis propios pensamientos y atada a aquellos mechones albinos despeinados, me olvidé completamente de la tan fiable rutina. Procurando ser lo más rápida y sigilosa posible, salí corriendo de puntillas hasta el baño y me encerré. Recé para que no me hubiese pillado, e intentando evadirme de preocupaciones tan tontas, me fui a duchar.
Cuando salí de la ducha, debían ser las 7.47 más o menos, y para entonces, Mahiru estaba allí, sentada a la mesa con una mirada a medio camino entre nerviosa y complacida. Desayunamos juntas, charlamos sobre cosas sin mayor importancia, y miramos el paisaje por la ventana. Nada interesante, nada fuera de lo normal, pero algo maravilloso por vivirlo con ella.
-Supongo que eso te excluye de ser la "ladrona de patatas".- dijo Hitsugi, fulminando con la mirada a Haruki, que en silencio pedía perdón por aquella excusa tan idiota.
-Pero, entonces, ¿qué hay de Banba-san?
Sumireko abrió los ojos, sorprendida por el echo de que la jóven pelirroja de dos coletas pudiese ver a alguien como Mahiru como una ladrona, o por que ni había caído en la cuenta de que su adorada compañera pudiese haber echo algo así sin ningún problema.
-...¿Banba-san?
-Sí. ¿Qué hizo ella mientras tú te duchabas, Hanabusa-san?- preguntó la pequeña peliazul, esperando obtener una respuesta nerviosa, o algo que le indicase que la chica albina tenía papeletas suficientes para ser una de las mayores sospechosas.
-Pues...la verdad...
Todas posaban sus miradas en los ojos azules de la ojou-sama, que intentaba pensar en alguna ventaja a favor de su querida Banba, pero para su desgracia, no se le ocurría ninguna.
-Se sincera, Hanabusa.
-Esto...yo...ella...
De repente, un ruido sordo captó la atención de las cuatro, que miraron a la puerta sin saber muy bien a quién esperar.
-Ya estoy aquí, Sumireko. ¿Me echaste de menos?
-...¿Shinya-san?
El suspense continúa. ¿Quién será la tan buscada "ladrona de patatas"? Gracias a Dios que Isuke no estaba presente cuando la gran excusa vio la luz del día. No me matéis mucho por haber tardado tanto, por favor. Yo os quiero. A todos, y también a Chitaru, a Hitsugi y a las demás. Pero también quiero a Nozomi, y a Eli, ¡el amor es muy complicado!
Moraleja: querer tanto a tanta gente es difícil.
