Hola a todooos! He regresado después de casi una eternidad o dos, para traerles este capítulo que es el primero de los 5 últimos de la historia. Siento que aún hay muchas cosas que contar, pero me he decidido y el capítulo 40 definitivamente será el último. Si bien todavía no sé cómo va a terminar la historia (típico), sí ya tengo en mente el hilo general y los títulos de los últimos cuatro capítulos ya están decididos. Muchas gracias por haberme esperado hasta este día después de mucho tiempo de ausencia; si olvidaron cómo iba la historia, esto es lo que deben recordar:

"Los elegidos se habían adentrado en el Mar Oscuro para encontrar a Daemon y derrotarlo de una vez por todas, a excepción de Tai y Matt, quienes se quedaron en la biblioteca de Gennai junto a Piximon buscando el método para utilizar el Anticuerpo X como un arma. Después de una serie de inconvenientes, nuestros amigos se separaron en dúos, y Daemon mandó a sus dos copias a atacar. Sora y Kari fueron secuestradas por una de esas copias, pero pudieron derrotarla y ahora vagan por la Fortaleza Marina buscando una salida. La otra copia atacó a Mimi e Izzy en un templo subterráneo, y cuando fue derrotada, el lugar comenzó a llenarse de agua, desencadenando una carrera contra el tiempo para no ahogarse. Por último, el verdadero Daemon se presentó ante TK y Joe, donde hizo gala de sus poderes aumentados debido al Mar Oscuro, y dejó a los humanos y sus digimon inconscientes".

Bueno, con todo dicho, los dejo con el capítulo, disfrútenlo y nos vemos al final.

PD: Digimon no me pertenece. Si así fuera, esta historia habría salido en pantalla.


Capítulo 36. Anubismon y el Bosque de las Sombras


Gennai apareció delante de dos enormes puertas metálicas, las cuales estaban recubiertas por un alambrado oxidado y desgastado. A ambos lados de los portones, una gran muralla hecha de arbustos altos y espinosos se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Tai, Matt, Agumon y Gabumon comprendieron que el hombre de datos los había llevado a la entrada del Bosque de las Sombras, aquel lugar donde se celebraba el juicio divino a los digimon que morían. Si ellos habían sido bondadosos, se les recompensaba regresándolos a la Ciudad del Inicio, donde podrían comenzar una vez más. Por el contrario, si el digimon en cuestión se había dedicado a hacer el mal, se le castigaba desterrándolo al Área Oscura, donde pasaría una eternidad de tormentos.

—Bien, hemos llegado—dijo Gennai—. Yo no puedo pasar de este punto, así que a partir de ahora todo depende de ustedes. Recuerden que los demás pueden estar necesitándolos, por favor, no nos fallen.

—Tranquilo, amigo. Haremos todo lo posible por encontrar esa fruta.

—Lo sé, Tai. Confío en ustedes.

Tras las últimas palabras, Gennai volvió a desaparecer y dejó a los cuatro amigos solos en la entrada.

—Miren—dijo Matt apuntando con su dedo a unas muy lejanas luces cerca de la línea del horizonte—. Eso debe ser Ciudad Light. Pareciera que fue hace una eternidad que estuvimos allá con Davis.

Luego de un momento de reflexión, un pensamiento cruzó por la mente de Tai.

—Esperen, si desde aquí podemos ver Ciudad Light, ¿por qué no vimos estas enormes puertas en nuestro camino la otra vez?

—Escuché alguna vez que el Bosque de las Sombras estaba rodeado por un campo de energía que impide verlo. A menos que estés muerto, claro—respondió Gabumon—. Gennai de alguna forma ha podido atravesarlo.

—Ese hombre y sus misterios…Muy bien, entremos.

Tai se aproximó rápidamente a los portones metálicos y se apoyó en ellos con todo el peso de sus brazos, para ser repelido violentamente por una descarga eléctrica que lo lanzó algunos metros.

—¡Tai!—gritaron Agumon, Matt y Gabumon mientras corrían a socorrerlo.

—Estoy bien, estoy bien—respondió el moreno mientras lo ayudaban a ponerse de pie—. Parece que tendremos que tener un poco de cuidado.

—Sí que eres confiado, Tai. Tenemos que hacer esto como se debe ¿Listos, muchachos?

Agumon y Gabumon asintieron a la pregunta del rubio y lanzaron sus técnicas Flama Bebé y Fuego Azul hacia el enorme portón, el cual se estremeció fuertemente y comenzó a lanzar chispas por doquier, para luego soltar una débil columna de humo que indicaba que se había roto.

—Listo, avancemos—dijo Matt, pero al estar a punto de tocar el portón, se detuvo esperando que pasara algo—. Creo que estaremos bien.

Matt puso su mano en la manija izquierda del portón y empujó con suavidad, tras lo cual el rechinido metálico de la entrada abriéndose resonó en todo el lugar. Matt fue el primero en entrar, seguido de Gabumon y por último Agumon, quien ayudaba a Tai a caminar mientras terminaba de recuperarse. El lugar donde se encontraban ahora era muy diferente a lo que habían dejado atrás. Mientras que del otro lado de la muralla se podían ver las luces de Ciudad Light a varios kilómetros de distancia, la neblina que dominaba el Bosque de las Sombras impedía a los elegidos y sus digimon ver más allá de unos cuatro o cinco metros. Los árboles, verdes de vida, cubrían completamente el cielo, por lo que la poca luz tampoco facilitaba la visión. Hierba alta y verdes lianas finalizaban la caracterización del follaje del lugar. De hecho, de no ser por la poca luz y la espesa niebla, Tai pensó que habría sido un bonito lugar. Sin embargo, los elegidos tardaron unos minutos en darse cuenta de lo que verdaderamente reinaba en el lugar: el silencio.

—Vaya…— exclamaron los cuatro a la vez, mientras caminaban hacia el interior del bosque.

—¿Cómo se supone que encontremos esa misteriosa fruta?—preguntó Agumon.

—No tengo idea, amigo. Podría ser el fruto de cualquiera de estos inmensos árboles.

—Tai tiene razón— agregó Matt—. Este lugar es inmenso y no tenemos mucho tiempo, pero tampoco podemos dividirnos para buscar porque quién sabe si podremos encontrar nuevamente la salida, o al resto de nosotros.

—Tal vez si digievolucionamos sea más fácil.

—Tengo un mal presentimiento, Gabumon, pero no perdemos nada con intentarlo.

Matt sacó su D3 azul y Tai lo siguió, pero tras ordenarles a los digimon que digievolucionaran, nada ocurrió.

—Lo sabía, no se puede digievolucionar— dijo Matt por lo bajo—. Estamos perdidos.


Izzy y Mimi, junto a Tentomon y Palmon, lograron salir del templo subterráneo antes de que el agua los atrapara, pero para su sorpresa, el agua había logrado subir cerca de un metro sobre la superficie, lo que dificultaba las cosas aún más. Mientras corrían, el agua avanzaba rápidamente y pronto tuvieron que comenzar a nadar (o volar, en el caso de Tentomon). Al cabo de unos minutos, finalmente llegaron a la pared de roca que los separaba del exterior, pero ahora el problema era que la salida de la cueva había quedado bajo el agua, y el caudal no dejaba de aumentar.

—¿Qué vamos a hacer, Izzy?

—No lo sé, Tentomon, no le veo salida a esto…

—Si seguimos así el agua terminará por llenar toda la cueva y se acabará el aire.

—Tranquila, Mimi. Sé que se nos ocurrirá algo—respondió Palmon, intentado confortar a su compañera.

—Creo que no tenemos otro remedio—soltó Izzy repentinamente—. Tendremos que bucear hasta alcanzar el exterior. Pero debemos hacerlo rápido, pues si el agua sigue subiendo, estaremos cada vez más lejos de la salida.

Viendo que no había ninguna otra opción, Mimi y los digimon nuevamente se apegaron al plan de Izzy, y tras una gran inhalada de aire, se hundieron en el agua.

Debajo del agua, la visión era de un negro absoluto, debido tanto al color del líquido como a la carencia de luz dentro de la cueva. Sin embargo, a medida que los elegidos se internaban más y más en las profundidades, se podía divisar un pequeño destello lumínico, que Izzy identificó al instante como la abertura en la roca que los llevaría al exterior. El pelirrojo buscó en la oscuridad hasta tocar la mano de Mimi y la sujetó, tomando a Tentomon con su otra mano. La castaña entendió que Izzy quería que lo siguiera e hizo lo propio, sujetando a Palmon con su mano libre, y los cuatro comenzaron a mover sus piernas para bucear lo más rápido que pudiesen.

Al cabo de unos escabrosos segundos que parecieron horas, los elegidos y sus digimon finalmente atravesaron la salida de la cueva y bucearon hasta la superficie, donde una gran bocanada de aire fresco los trajo de regreso al exterior, bajo ese cielo gris y lúgubre que hasta cierto punto extrañaban.

—¡Lo logramos! ¡Lo logramos!— exclamó Mimi abrazando a Izzy con todas sus fuerzas, provocando un ligero tono colorado en sus mejillas.

—Eso parece. Estuvo cerca. Nade… nademos a la orilla ¡Achú!— fue lo único que pudo contestar el pelirrojo antes de estornudar.

Tentomon batió sus alas y se despegó del agua rápidamente, secándose deprisa y volando hacia la orilla. Lo que vio al llegar lo sorprendió tanto que comenzó a gritar a sus amigos para que se acercaran lo más rápido que pudieran.

Al llegar, Izzy se puso pálido al ver los cuerpos de TK, Joe, Patamon y Gomamon tirados en la arena, y no pudo moverse. Mimi soltó un grito de preocupación y corrió hacia Joe.

—¡Superior Joe! ¡TK!— exclamó Mimi tomando la cabeza del mayor de los elegidos y apoyándola en sus piernas— ¡Por favor, responde! ¡Joe!

Izzy se acercó hacia TK y puso su mano en el pecho del rubio, sacudiéndolo lentamente.

—TK. TK, por favor, reacciona.

El hermano menor de Matt abrió lentamente los ojos, algo confundido y sin recordar por qué se había dormido. De repente, recordó la siniestra figura de Daemon en el cielo, y se incorporó de golpe, adoptando una posición defensiva. Cuando entró en razón, vio a Izzy y Mimi que lo miraban con evidente preocupación en el rostro, y se sentó en la arena.

—¿Izzy? ¿En verdad eres tú?

—Sí, amigo. Somos nosotros. ¿Qué ha ocurrido?

—Dae… Daemon nos atacó— respondió Joe, sentándose lentamente con ayuda de Mimi.

—¿Daemon? Otra de las copias debe haber aparecido— dijo Tentomon, quien traía a Gomamon despertando en su espalda.

—No, no es eso. Nos atacó el verdadero Daemon— dijo Patamon volando lentamente hasta detenerse en la cabeza de TK—. Él dijo que envió a dos de sus copias hacia ustedes, pero el Daemon real se nos apareció. Ha incrementado sus poderes debido a las fuerzas malignas del Mar Oscuro. No sabemos lo que está planeando ni por qué nos dejó con vida.

—Estoy preocupado por Kari, no sé nada de ella desde que Joe y yo caímos por ese barranco.

—Aún debe estar con Sora, ellas se protegerán mutuamente— respondió Izzy—. Además la copia de Daemon que nos atacó no era tan fuerte, era más bien una pantalla; ellas deben estar a salvo en algún lugar por aquí. Por cierto, ¿fueron ustedes los que destruyeron esa Aguja de Control? Veo los restos cerca del acantilado.

—No, no fuimos nosotros, así estaba cuando llegamos aquí— dijo Gomamon—. Deben haber sido Biyomon y Gatomon.

—Descansen un poco, por favor. Luego podremos ir por ellas donde sea que estén.

Joe y TK oyeron la petición de Mimi y se acostaron a descansar, mientras hablaban de todo lo que había ocurrido desde que el grupo se separó. El palacio destruido, el pequeño Lucemon, la corriente de agua que los trajo de regreso al pueblo, la cueva, el templo subterráneo y el ataque de Daemon fueron los temas que se intercambiaron entre los elegidos. Luego de alrededor de media hora, TK, Joe y sus digimon se sentían repuestos y con energías como para continuar. Izzy, Mimi y sus digimon aprovecharon ese tiempo también para descansar del nado agitado y la pelea que habían tenido, y juntos se pusieron de nuevo en marcha.


Kari, Sora, Gatomon y Biyomon habían logrado eliminar a la copia de Daemon y a las criaturas que las habían llevado a través de la niebla hasta la fortaleza donde se encontraban ahora, y viendo que no había ningún enemigo a la vista, decidieron recorrer el lúgubre lugar en busca de una salida. Luego de abandonar la celda donde las tenían cautivas, un largo pasillo con más celdas a ambos lados se extendía unos metros, pero todas se encontraban vacías. El aspecto del lugar hacía parecer que estuvo inundado en su totalidad anteriormente: paredes de bloques de piedra húmedos y cubiertos de moho, algas por doquier, casi todas las puertas de las celdas estaban oxidadas y algunas se encontraban fuera de sus bisagras, y un ligero aroma a tierra mojada completaba el paisaje. Parecía más el sótano de un barco antiguo que los calabozos de una fortaleza.

—No puedo dejar de sentir esa sensación extraña. Es algo que ya he sentido antes…

—Es normal que te sientas extraña, Kari. Estamos en el Mar Oscuro, más precisamente en la fortaleza de Daemon.

—No, no es eso, Gatomon. ¿Sabes? Creo que es lo mismo que sentía cuando esas cosas me llamaban a este lugar. Es algo más que el solo hecho de estar en el Mar Oscuro.

—Tal vez esas criaturas están merodeando por aquí— acotó Biyomon—. Tenemos que ser cuidadosas.

—En verdad no creo que estemos en la fortaleza de Daemon— dijo Sora repentinamente—. Quiero decir, tal vez lo sea ahora, pero algo me dice que ese bastardo se la arrebató a alguien más. Miren…

Luego de subir unas escaleras de piedra en forma de espiral, Sora advirtió otro pasillo similar al de los calabozos, pero solamente tenía tres puertas de madera. Una era la que acababan de atravesar, en un extremo del pasillo, y al final se encontraban las otras dos, una frente a la otra. En medio de las dos puertas se podía apreciar un retrato o una pintura de una criatura que las elegidas o sus digimon jamás habían visto. Kari sintió como si la pintura la estuviese llamando, y comenzó a correr hacia ella, con Sora, Gatomon y Biyomon por detrás. Al llegar al final del camino, la hermana de Tai se detuvo a contemplar cada detalle del ser que aparecía en el cuadro. Poseía un manojo de innumerables y múltiples tentáculos y tenía una apariencia humanoide, pero su extraña forma recordaba la de un molusco. Su rostro, por demás aterrador, tenía una serie de tentáculos a la altura de los pómulos a partir de los cuales comenzaba su boca, enorme y llena de afilados colmillos, esbozando una maliciosa sonrisa. La criatura poseía dos alas rojas en su espalda que contrastaban con el morado del resto de su cuerpo, y los detalles finales consistían en cadenas en sus brazos a la altura de los codos y una especie de rosario budista de color morado que le colgaba del cuello. En la pintura, el misterioso ser se encontraba sobre una roca, sonriendo mientras levantaba una especie de tridente hacia el cielo, mientras un rayo le daba de lleno, dándole una apariencia divina. Las olas del mar golpeaban contra la roca, y las criaturas oscuras emergían de éste, adorando a su líder.

—"Dragomon, el sacerdote pecador del océano"— dijo Kari leyendo el epígrafe de la pintura.

—Parece que finalmente sabemos la identidad de quien te llamaba hace diez años— comentó Gatomon, mirando la imagen con cierto desprecio.

—¿Qué creen que pasó con él?

—No es ningún misterio, Sora— respondió la digimon de Kari—. Daemon estuvo encerrado en el Mar Oscuro una década, debe haber encontrado a este sujeto y acabó con él, y de paso se quedó con la fortaleza y las criaturas oscuras. En cierto modo nos hizo un favor.

—Vámonos de aquí, por favor— dijo Kari en voz baja—. No quiero estar en este lugar.

—¿Por dónde deberíamos ir? Tenemos dos opciones.

Sora y Gatomon dudaron frente a la pregunta de Biyomon, pero si algo estaba claro, era que dividirse no era una buena idea. Finalmente optaron por la puerta de la derecha.


Tai y Matt caminaban a través de la espesa maleza mirando en todas direcciones, en busca de alguna pista que les condujera a la misteriosa fruta que necesitaban para controlar el anticuerpo X sin poner en riesgo la vida de Agumon y Gabumon, tal como había mencionado aquel digimon llamado GranDracmon en su diario. Sin embargo, las esperanzas eran pocas, pues todos los árboles en los alrededores eran de la misma especie, y de acuerdo al diario, la fruta tampoco crecía en un arbusto, lo que les restaba importancia. El tiempo se agotaba, y los elegidos ya habían perdido de vista los enormes portones por los que habían entrado; de hecho, Matt estaba seguro de que si volvía por el mismo camino que habían recorrido, los portones no estarían en su lugar.

—No podemos seguir caminando a ciegas— expresó molesto el rubio—. Nos necesitan en el Mar Oscuro, y no sabemos con exactitud ni dónde encontrar la fruta, ni la extensión de este maldito lugar.

—Estoy de acuerdo contigo, pero si queremos ir a ayudar a Kari y los demás, es necesario que dominemos primero el anticuerpo X, para tener un as bajo la manga en la batalla contra Daemon— respondió Tai.

—¡Cuidado!

Agumon trató de alertar a sus amigos, pero no llegó a tiempo y los elegidos, junto con Gabumon, palidecieron al ver que el camino se cortaba bruscamente, y cayeron por un barranco. Sin pensarlo, el digimon de Tai se lanzó tras ellos, y aterrizó unos cuatro metros abajo, sobre la espalda de su camarada, que lanzó un grito que debió escucharse hasta en la Isla File. Agumon ayudó a Tai a levantarse mientras se disculpaba una y otra vez, hasta que fue interrumpido por la voz de Gabumon, quien al parecer había visto algo mientras se ponía de pie.

—¡Ahí esta! ¡Ahí está!— gritó antes de echarse a correr.

—¡Gabumon! ¡Espera!— respondió el rubio mientras se incorporaba de la caída y comenzaba a correr detrás de su amigo.

Tai y Agumon lo siguieron, y fue cuando todos vieron el motivo de la emoción del digimon azul. Sólo unos pocos metros delante de ellos se divisaba el único claro que habían podido encontrar en el espeso bosque, y en medio, un pequeño árbol no más alto que Agumon, de color verde muy reluciente y repleto de pequeñas frutas similares a una cereza en tamaño y color. Los elegidos llegaron hasta el borde del claro y permanecieron inmóviles, atentos a cualquier trampa que pudiera alcanzarlos una vez que estuvieran bajo cielo abierto.

—Parece que no hay peligro— dijo Tai por lo bajo.

—De todos modos, no nos confiemos— respondió el rubio—. Y pisemos con cuidado.

Tai fue el primero en dar un paso, pero para su sorpresa, lo que encontró fue un poderoso e invisible campo de energía que lo repelió lanzándolo algunos metros hasta estrellarse con el suelo. Matt no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, era imposible que le pasara lo mismo dos veces en un día.

—¡Rayos!— exclamó Tai con evidente enojo una vez que se puso de pie con ayuda de Agumon—. La próxima vez, tú vas primero, Matt.

Nuevamente, el hermano de TK ordenó a los digimon que atacaran, pero esta vez, las técnicas atravesaron el campo de energía como si no estuviera.

—Qué extraño…— espetó el rubio, y procedió a acercar una mano lentamente hacia adelante, pero la débil descarga eléctrica que comenzaba a correr por la yema de sus dedos le hacía saber que el campo de energía seguía en su lugar—. Esa cosa sigue ahí, pero no podemos atacarla ni atravesarla.

—Tal vez nosotros no podemos atravesarla, que lo intenten los digimon— demandó el líder nato del grupo— sus ataques lo lograron.

Agumon y Gabumon sintieron el sudor frío correr por su espalda. Tai quería que ellos intenten pasar por el mismo lugar que lo arrojó a él violentamente. Los digimon se acercaron paso a paso, lentamente y emitieron un suspiro, pero Tai los empujó bruscamente con una mano a cada uno al grito de "¡deprisa!". Agumon cerró los ojos, pero al volver a abrirlos, notó sorprendido que se encontraba a otro lado del campo de energía, con Gabumon a su lado. Tai tenía razón.

—¡Bien, muchachos! ¡Vayan por un par de frutas para largarnos de aquí!— les dijo Matt con una genuina sonrisa en su rostro.

Agumon y Gabumon comenzaron a correr en dirección al árbol, pero de repente, un rayo cayó delante de los digimon, un rayo que al desvanecerse reveló una figura que exclamó "¡Deténganse!"

—Lo sabía…— musitó Tai con una mueca de desagrado.


Davis, Yolei, Ken y Cody se encontraban junto a sus digimon en un sofá en la sala principal de la base subterránea cuando el señor Gennai regresó. Centarumon, Piximon, Leomon y Ogremon se habían unido a los elegidos cuando Cody les avisó que los digihuevos habían comenzado a moverse. Gennai llegó justo a tiempo para ver cómo los tres huevos sobre la mesa comenzaban a agrietarse.

Habían pasado varios días ya desde que sus amigos habían dado su vida por proteger al Digimundo. Elecmon se había sacrificado al interponerse a un ataque de Daemon que iba dirigido hacia TK, salvando al elegido. Andromon había digievolucionado a HiAndromon, pero ni siquiera en el nivel Mega fue rival para Leviamon, "el digimon más poderoso", y murió en batalla protegiendo a HerculesKabuterimon, lo que permitió al digimon de Izzy digievolucionar a TyrantKabuterimon durante unos minutos para derrotar al demonio, junto a Gomamon y el Betamon de Michael. Impmon, por su parte, era antiguamente Beelzemon, el Demonio de la Gula, pero resultó que era un digimon pacífico que se encontraba bajo el control mental de Lucemon, el antiguo líder de los Demonios. Davis y Veemon consiguieron regresarlo a la normalidad, e Impmon condujo a los elegidos dentro del castillo de los demonios, en el Área Oscura, pero fue sorprendido y asesinado a sangre fría por un ataque repentino de Lucemon. Todo esto había quedado en el pasado, los digimon que cayeron estaban por volver, y la sorpresa fue muy agradable cuando tres pequeños digimon bebés salieron de sus digihuevos.

El primero era de forma redondeada, de color rojo, con dos ojos de color negro y tres picos en su frente. Se llamaba Punimon. El siguiente en darse a conocer era de color plateado, con una pequeña cola de metal y dos ojos anaranjados. Su nombre era MetalKoromon. El último digimon, Kiimon, era de color púrpura, con dos orejas como de gato a los costados su cabeza. Sus ojos negros tenían una expresión seria, pero con su sonrisa pícara daba la impresión de ser un digimon bromista. Los tres recién nacidos comenzaron a repetir continuamente su nombre, y Piximon notó que debían tener hambre. Davis tomó a Kiimon en sus brazos y lo alimentó con un biberón que Gennai había traído. Cody tomó a MetalKoromon y Yolei a Punimon y también los alimentaron, hasta que los bebés se quedaron profundamente dormidos.

—La verdad es algo muy agradable que estas tres pequeñas vidas lleguen en este momento de caos—dijo Ken—. Por seres como estos es que no tenemos que darnos por vencidos.

—Estoy completamente de acuerdo, Ichijouji—respondió Davis—. Es por eso que no puedo tolerar que Kari y los demás hayan ido a ese horrible lugar a pelear con Daemon mientras nosotros nos tenemos que quedar aquí sin poder hacer nada.

—Pienso lo mismo, Davis— dijo Gennai tranquilamente—. Pero dime qué pasaría si por alguna razón Daemon escapa del Mar Oscuro y viaja hacia el mundo real o aquí, al Digimundo. Sabemos que puede moverse entre dimensiones a su voluntad, y los elegidos no pueden hacer eso. Es por esa razón que ustedes deben permanecer aquí. En un caso de emergencia, ustedes tendrían que detener a Daemon solos.

—¡Nosotros también ayudaríamos, claro!

—Ogremon tiene razón, nosotros dos también tenemos que quedarnos aquí para ayudar en caso de emergencia—agregó Leomon.

Davis comprendió que su tarea en el Digimundo era más importante de lo que pensaba, y dejó de planear su escape al Mar Oscuro, y se dedicó a contemplar junto a sus amigos a los digimon bebés que dormían cómodamente.


El digimon que había aparecido ante Agumon y Gabumon les resultaba completamente desconocido. Tenía apariencia humanoide, pero poseía una cabeza canina, ojos verdes, y dos alas de oro emplumadas en su espalda. Llevaba un collar egipcio de usekh alrededor de su cuello, bandas con joyas en la parte superior de sus brazos, y pulseras en sus muñecas. Salvo el collar, su tórax se encontraba desnudo, revelando su piel de un tono azul pálido con patrones de color azul oscuro. Sus manos eran desproporcionadamente grandes y con afiladas garras en sus dedos. La única prenda de ropa que usaba era un sarouel que en los costados llevaba la frase " " (monstruo digital). Sus pies estaban cubiertos por un par de sandalias con pequeñas alas en el reverso.

—¿Qué creen que hacen, intrusos?—dijo el digimon—. Nadie tiene permitido acercarse a este árbol.

—¿Quién eres tú?—demandó Gabumon, sin retroceder ni un paso.

—Mi nombre es Anubismon. Soy el guardián del Bosque de las Sombras y el encargado de decidir si un digimon va a la Ciudad del Inicio o al Área Oscura ¡Prepárense para ser juzgados por irrumpir en este lugar!

—¡Momento! ¡Por favor, espere!— exclamó Tai desde el otro lado del campo de energía.

Al parecer, Anubismon no había visto a los dos humanos que esperaban a lo lejos, por lo que se sorprendió al escuchar a Tai.

—¡Humanos! ¡¿Qué demonios están haciendo aquí?!

—Demonios, precisamente—respondió Matt irónicamente—. Por favor, permítanos explicarle.

Anubismon desvaneció el campo de energía con un movimiento de su mano, y tras acercarse Tai y Matt, junto a los digimon le explicaron la situación en la que se encontraba el Digimundo y el motivo que los había llevado a donde se encontraban ahora.

—Entiendo. Estaba al tanto de que los demonios habían vuelto a despertar, y confieso que me pareció extraño que seis de ellos hayan venido a parar a este lugar—comentó el guardián del bosque—. Naturalmente, los desterré al Área Oscura pero esta vez sin sus cuerpos, para que ya no puedan volver a causar problemas. Sus datos sin forma física vagarán eternamente en ese terrible lugar, y además los he separado, para que no puedan encontrarse.

—Esa es una muy buena noticia—dijo Agumon.

—¿Cómo supieron que el fruto del árbol que se encuentra a mis espaldas tiene el efecto de mantener estable el Anticuerpo X?

—Encontramos un libro muy antiguo, un diario de un tal GranDracmon, donde…—la explicación de Matt fue súbitamente interrumpida por Anubismon.

—¡¿Qué dijiste?! Creí que nunca volvería a escuchar ese nombre. Ya no hace falta que sigas hablando. GranDracmon es un digimon muy poderoso, hecho de maldad pura. Para que se den una idea, GranDracmon es el encargado de vigilar toda el Área Oscura, pero se ganó ese "trabajo" porque fue el primer digimon en ser desterrado.

—Qué bueno que no se le ocurre a él causarnos problemas—dijo Tai con una sonrisa de lado—. Pero nosotros estuvimos en el Área Oscura hace poco, ¿por qué nunca supimos nada de él hasta ahora?

—Estoy al tanto de eso. Sé quién entra y quién sale de ese lugar en cualquier momento. Yo autoricé a las Bestias Sagradas a entrar al Área Oscura para rescatar al elegido de la Esperanza. Sin mi permiso, por más poderosas que sean, no habrían tenido la capacidad de cruzar la puerta— respondió Anubismon con aires de grandeza—. En cuanto a GranDracmon, su historia se ha vuelto una leyenda con el tiempo, pero es un ser real que sin duda sabe de los humanos que fueron elegidos, aunque desconozco sus motivaciones. Sé que en el pasado de alguna forma encontró este bosque y se llevó una fruta consigo, eso fue imperdonable de mi parte. Por eso vigilo muy de cerca este árbol, cuya verdadera función es ser mi fuente de alimento, lo del Anticuerpo X es un efecto secundario.

—¡¿Qué?!—exclamaron los humanos y sus digimon a la vez.

—¿Entonces vinimos a quitarle la comida, Tai? Eso no es muy amable—dijo Agumon.

—Tranquilos. Voy a permitir que utilicen una cada uno. Es lo menos que puedo hacer por los humanos que tantas veces protegieron al Digimundo.

—Creo que ya tienes un trabajo por demás importante—respondió Matt—. De todas formas, muchas gracias.

Anubismon extendió su mano y dos de las pequeñas del árbol volaron directamente hacia ella. El guardián del bosque se las dio a Tai y Matt, quienes se las ofrecieron a sus digimon.

—¿Qué rayos están haciendo? La fruta es para ustedes, no para sus camaradas.

El rubio y el moreno se detuvieron en el acto y miraron a Anubismon con completo asombro.

—¿Perdón? ¿Para nosotros?—increpó Tai.

—Exacto. Si fuese para los digimon, se las habría dado directamente a ellos—respondió el digimon Mega con total lógica.

—Creía que la fruta mantenía estable el Anticuerpo X en los digimon— agregó Matt — ¿Por qué tenemos que comer nosotros dos?

—Humanos tontos—Anubismon ya estaba perdiendo la paciencia—. Ustedes les proporcionarán el Anticuerpo X a sus digimon a través de sus Digivices Es la energía de ustedes la que va a mantener estable el anticuerpo en sus compañeros. Ergo, ustedes deben comer la maldita fruta.

Tai y Matt cruzaron una mirada de confusión, pero para no discutir con el digimon que en definitiva los estaba ayudando, asintieron el uno al otro y se tragaron la fruta de un solo bocado, que les dejó un sabor horrible en la garganta.

—¡Puaj! Creí que tú solo comías esto. Está horrible.

—A mí me gustan—respondió Anubismon a Tai, mientras él también degustaba una fruta con agrado.

—Yo quiero probar —dijo Agumon.

—No te lo recomiendo para nada, amigo.

—Muy bien, ¿y ahora qué?—preguntó Matt.

—Eso es todo. Ya pueden utilizar el Anticuerpo X con normalidad. Inténtenlo. El Anticuerpo X funciona como un cambio de forma que aumenta la fuerza y la velocidad de un digimon, pero no es una digievolución, así que pueden intentarlo aquí mismo. Sólo deben decir "cambio de forma. Modo X". En realidad no, pero suena bonito.

Mientras más tiempo pasaban con Anubismon, su percepción de un digimon serio y cauto se iba perdiendo poco a poco. Tai y Matt sacaron sus D3 y los apuntaron a sus digimon, y tras intercambias otra mirada entre ellos, comenzó la función.

—¡Cambio de forma! ¡Modo X!— exclamaron los dos al unísono, y esta vez los Digivices emitieron una luz de color gris que envolvió a los digimon.

—¡Agumon cambio de forma a… Agumon X!

El cambio de forma de Agumon era evidente. Si bien el aspecto básico era el mismo, Agumon X era algunos centímetros más alto. Las garras de sus manos y pies eran más grandes, y su cuerpo estaba cubierto de marcas azules similares a las de Greymon.

—¡Gabumon cambio de forma a… Gabumon X!

El cambio en Gabumon era más notorio. Ahora se asemejaba más a un mamífero, con su nariz canina y su cola peluda y flexible. La piel azul que lo cubre se había fusionado con su brazo izquierdo, dotándolo con unas afiladas garras, mientras que su desnudo brazo derecho se encontraba igual al Gabumon normal. El aspecto de la piel en los ojos de daba un aspecto serio y confiado, y su característico cuerno era mucho más grande que antes.

Tai y Matt corrieron a abrazar a sus amigos, felices de haber finalmente conseguido lo que habían ido a buscar, y le agradecieron profundamente a Anubismon la ayuda que les había dado. El guardián del portal les informó que podían cambiar de la forma normal a la X y viceversa cuantas veces quisieran y en cualquier estado evolutivo, siempre y cuando los digimon tuvieran energía para hacerlo. Era la única cosa en la que se asemejaba a la digievolución. Luego de la despedida, Anubismon llevó a los humanos y sus digimon a la entrada del bosque, donde sorpresivamente Gennai los estaba esperando y desapareció para volver a su puesto, esperando la próxima alma para juzgarla.

—Parece que llego a tiempo, muchachos— dijo el hombre de datos—. Les tengo buenas noticias. Los digihuevos de nuestros amigos han eclosionado y son tres bonitos digimon bebés.

Tai y Matt pensaron que dos cosas buenas en un solo día, con todo lo que había ocurrido últimamente, era demasiado para ser verdad, pero se alegraron al escuchar a Gennai, quien rápidamente tomó a los cuatro amigos y los teletransportó a la base subterránea, donde partirían de inmediato hacia el Mar Oscuro para unirse a la terrible batalla final que se avecinaba.


Aquí termina el capítulo. Extra largo para compensar la demora. ¡El final está a la vuelta de la esquina! Tai y Matt van al Mar Oscuro con nuevas habilidades, las cosas se van a complicar para Daemon, jaja. Al principio tenía pensado una batalla contra Anubismon, pero luego cambié de idea. Creo que ya era tiempo de darles una buena a los elegidos jaja, así que hice a Anubismon un buen digimon que les brindó su ayuda. Ya sólo estamos a 4 capítulos del final, y espero crear un ambiente atrapante para compensar la falta de peleas de este capítulo.

En el próximo capítulo: ante la llegada de Tai y Matt al Mar Oscuro, Daemon decide ponerse manos a la obra y comenzar la batalla final. Sus primeros objetivos son Kari y Sora, que siguen perdidas dentro de la Fortaleza Marina. El próximo capítulo será "El poder aterrador del nivel Súper Mega", no se lo pierdan y dejen reviews. Ahora es cuando la aventura digievoluciona. Bye!