Capítulo XXXV.

Lily tomaba una ducha, preparándose para ir a casa de Kaltz y Marlene; Genzo, mientras tanto, miraba la invitación que le hacía un tal Hanz Schubert para una fiesta de beneficencia que se realizaría en cuestión de días. Dadas las circunstancias, lo que Genzo menos deseaba era ir a alguna fiesta en donde medio mundo le preguntara cómo andaba el juicio. Además, Genzo había recibido una llamada de Eriko preguntándole si acaso él conocía a ese mentado Schubert.

- No.- negó Genzo.- Ni idea de quién es.

- Yo lo he oído mencionar, vagamente, pero estoy segura de que no tengo el placer de conocerlo.- dijo Eriko.- ¿Por qué habría de invitarme?

- ¿Tal vez porque eres una de las modelos y actrices más famosas del mundo?.- aventuró eso.- Podría ser eso, hermanita.

- No me la trago.- negó Eriko.- O sea, entiendo que me haya invitado a mí, hasta entiendo que te haya invitado a ti aunque no seas tan famoso.

- Vaya, gracias.- bufó Genzo.

- De nada.- Eriko prosiguió.- El caso es que no me explico qué tienen que hacer nuestros padres, Hana, Kenji y Touya junto con todo el clan agregado ahí.

- ¿También ellos están invitados?.- se sorprendió Genzo.

- Sí. Y no me lo explico, el resto de nuestra familia es exitosa pero no es famosa.- respondió Eriko.- No tienen nada que andar haciendo en fiestas como ésas, y mucho menos Hana. Ella rara vez ha salido de Inglaterra.

- ¿Y qué piensas que puede ser esto?.- cuestionó Genzo.- Porque si me lo dices, es por algo.

- Creo que hay alguna especie de trampa aquí, aunque no sé cual.- explicó Eriko.- Este tipo no nos conoce y sin embargo nos quiere a todos juntos. ¿Para qué?

- Quizás no es a ustedes a quienes quiere.- opinó Genzo.- Quizás solo quiere sacarles comentarios sobre la demanda, qué se yo.

- ¿Crees entonces que es algo contra ti?.- bufó Eriko.- Traes la paranoia en el nivel más alto, hermanito.

- Por el contrario, la paranoica eres tú.- replicó Genzo.- Tú eres la que piensa que hay algo raro, yo creo que simplemente este tal Schubert quiere aprovechar el morbo de la demanda y llamarnos a todos porque quizás así vaya más gente a su condenada fiesta.

- Uhm.- gruñó Eriko.- Si eso quieres creer... Pero si yo fuera tú, no iría a esa dichosa fiesta. Quédate en casa, con tu esposa.

- Prefiero no hacerlo.- Genzo recordó lo que estuvo a punto de suceder con Lily horas antes.

- ¿Tanto te sigue desagradando esa muchacha?.- suspiró Eriko.- Creí que ya te llevabas mejor por ella.

- Es precisamente por eso por lo que no quiero quedarme solo con ella.- bufó Genzo, y sin darle tiempo a su hermana de decir nada más, se despidió y colgó.

Genzo volvió a ver la invitación que le habían enviado, la cual únicamente iba dirigida a él. Meses antes, a Genzo esto no le hubiera sorprendido pero ahora ya todo el país sabía que él estaba casado y todas las invitaciones que le mandaban estaban dirigidas a él y a su esposa. Quienquiera que fuera ese tal Schubert, por algún motivo no quería que Lily fuese a la fiesta con Genzo.

Lily salió de la ducha, ya medio vestida con un vestido largo, de color rosa pálido, aunque tenía problemas para subirse el cierre de la espalda.

- ¿Podrías ayudarme?.- preguntó ella.

- Claro.- Genzo puso sus manos en el cierre del vestido, cuidando de no tocar la piel de Lily, y se fijó en el tatuaje que ella tenía en la zona en donde la espalda pierde su casto nombre.- Lindo tatuaje.

- Leo no fue el único que se hizo un tatuaje al cumplir los 18.- Lily se sonrojó.- Él me llevó en persona con la persona que se lo hizo a él al cumplir la mayoría de edad en nuestro país.

- Interesante.- Genzo tuvo deseos de ver mejor ese tatuaje, pero se controló.- ¿Estás lista?

- Ya casi.- Lily se separó y fue a cepillarse el cabello..- ¿De qué fue la invitación que te llegó?

- Para una fiesta de caridad.- respondió Genzo, dubitativo.

- Ya veo. ¿Vas a querer que vayamos?.- preguntó Lily, sin dejar de arreglarse.

- No sé.- dijo Genzo.- Aunque la verdad es que la invitación solo está dirigida a mí...

- Ah.- Lily se escuchó algo desconcertada.- Entiendo... Bueno, como digas entonces.

Genzo ya no quiso seguir hablando sobre el tema, así que apresuró a hablar de otra cosa. Más tarde, cuando ambos se dirigían ya a casa de Kaltz, el portero notó que Lily iba muy callada, como si algo la hubiese entristecido, pero no quiso preguntar. Ya en su destino, Marlene le dio a Lily un abrazo muy fuerte para felicitarla por su titulación. Kaltz ofreció un vino especial a sus invitados y Genzo se sorprendió por el detalle.

- Bueno, tenemos mucho qué festejar.- dijo Kaltz.- Nosotros por vivir juntos, Lily por su título y tú por... Bueno, tú sabes por qué.

El tono del alemán fue bastante sugerente, pero el japonés no le quiso hacer caso. Rato más tarde, cuando Lily se ofreció a ayudarle a Marlene a servir el postre, un pastel de fresas que la mexicana preparó, Kaltz aprovechó para hablar con su amigo.

- ¿Todavía piensas divorciarte?.- preguntó.

- Claro. Ése es el plan original.- respondió Genzo, tranquilo.

- ¿El plan original?.- cuestionó Kaltz.- ¿Y cuál es el plan alternativo?

- No hay ningún plan alternativo.- mintió Genzo.

- ¿Y esperas que te crea que nunca te ha pasado por la cabeza la idea de pedirle a Lily que se quede contigo?.- se rió Kaltz.- Te conozco, amigo, y por eso sé que has cambiado. Ella te ha cambiado. Ya no sueles mirar al mundo con esa amargura de antes, ahora lo ves con los ojos de alguien que desea creer. Por eso sé que tienes el deseo de no dejarla ir.

- Aunque eso fuera cierto, y aunque quisiera hacerlo, no puedo hacerlo.- murmuró Genzo.- Le di mi palabra, debo cumplirla...

- Sí, pero cuando lo hiciste tus sentimientos eran diferentes, y no tiene nada de malo que quieras no cumplir si es porque ahora sientes algo nuevo por ella.- replicó Kaltz.- Vas a ser muy infeliz si dejas que Lily se vaya de tu lado.

- Deberías ser psicólogo y dedicarte a ver pacientes para que así a mí me dejes en paz.- gruñó Genzo.- Nada de lo que dices es cierto.

Y sin embargo, y a pesar de todo lo que Genzo pudiera decir, Kaltz vio como a su amigo se le iluminaron los ojos cuando Lily regresó de la cocina con Marlene. Y eso, lo decía todo.

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Deb releía nuevamente la invitación que Marie había dejado sobre la mesa. ¿Quién rayos era Hanz Schubert? ¿Y para qué estaba haciendo una fiesta de beneficencia?

- Yo no lo conozco, pero Karl sí.- dijo Marie.- Y la fiesta es para recaudar fondos para los niños pobres de África.

- ¿Y por eso te invitó?.- preguntó Deb.- ¿Por ser hermana de Karl?

- Supongo.- Marie se encogió de hombros.- Pero no sé si vaya, a Gino no le gustan esas fiestas de caridad.

- Que se vaya acostumbrando, porque cuando se case contigo, tú vas a organizar miles.- se mofó Karl.

- Qué simpático.- gruñó Marie.- ¿Y tú que haces aquí? Si Elieth te ve te va a querer matar.

- ¿Qué tiene de malo que quiera venir a ver a mi hermana?.- protestó Karl.- No es culpa mía que ella sea prima de tu compañera de cuarto.

- Si supiera que fuera por eso por lo que vienes aquí, no te diría nada.- bufó Marie.- Pero sé que estás aquí solo para fastidiarla a la pobre (ni tan pobre) y créeme que no tengo ganas de planearte el funeral.

- Esa chica se muere por mí.- dijo Karl, con su actitud de pavo real.- No podría matarme.

- Sí, como no...

Débora tenía una mueca de burla en el rostro. A esas alturas, y después de lo ocurrido en el río, la mexicana ya había comprobado que a Elieth sí le gustaba Karl, pero la chica era tan terca que jamás lo iba a reconocer.

- Déjalo, le gusta la mala vida.- dijo Deb.- Al rato que mi prima lo quiera golpear, lo ignoras y ya.

- Eso si me dejo.- replicó Karl.

Deb estaba a punto de replicar cuando de repente le entraron unas náuseas tremendas y tuvo que correr al baño con urgencia. Karl y Marie se miraron con sorpresa y después fueron a seguir a Deb, quien estaba vomitando en la taza. Marie mojó una toalla y le limpió el rostro a su amiga cuando ella se sintió mejor, y Karl la cargó después a pesar de que Deb dijo encontrarse mejor.

- Mejor llamaré a un médico.- dijo Marie.

- No será necesario, yo soy médico, ¿recuerdas?.- replicó Deb.- Fue algo que comí...

- ¿Estás segura?.- cuestionó Marie.

- Sí.- Deb, sin embargo, se refugió contra el pecho de Karl (tonta no es).

Karl cargó a la chica y la llevó a su cama, justo en el momento en que Elieth iba regresando de hacer sus compras. La chica vio a su prima y al hombre que según ella detestaba muy juntitos y sin saber por qué, se sintió mal.

- ¿Pasa algo?.- preguntó Elieth, con voz seca.

- Me sentí algo mareada.- musitó Débora.- No es nada serio...

- Quizás fue algo que comiste.- sugirió Elieth, deseando que Karl soltara a Deb.- Tú eres la doctora.

- Por eso digo que no es nada serio.- dijo Deb, pero no bien lo acababa de decir cuando la chica tuvo que volver a vomitar en un bote de basura que Marie le acercó, al tiempo que Karl la sostenía.

Una vez más, Débora tuvo que volver a pasar por la desagradable sensación de devolver todo el contenido de su estómago, al tiempo que experimentaba unos mareos intensos. Su instinto de mujer y sus conocimientos como médico le advertían a Deb que su malestar no se debía a una simple indigestión, sino que había una cosa más seria de fondo...

Elieth, por su parte, se sintió algo molesta al darse cuenta de que por primera vez Karl no le prestaba atención, ya que el alemán estaba más preocupado por ayudar a Débora que por otra cosa, ya que a pesar de ser un petulante pretencioso, Karl era un caballero; aunque estaba claro que Elieth estaba más preocupada por Débora, de manera que mandó todo al demonio y se concentró en su prima. Una vez que Deb se sintió mucho mejor, Marie fue por agua fresca para continuar poniéndole lienzos húmedos en la frente (no sé para qué XD), mientras que Karl se ofreció a prepararle a la chica mexicana un remedio para los malestares del estómago. Elieth se sentó en la cama y tomó la mano de su prima.

- ¿Qué te pasa?.- preguntó ella, en español.

- Ya te dije, una indigestión.- replicó Deb, en el mismo idioma.

- ¿Estás segura?.- insistió Elieht.- ¿No crees que sea otra cosa?

- ¿Algo como qué?.- Deb se dio cuenta que su prima estaba pensando lo mismo que ella.

- No sé.- negó Elieth.- Pero tú lo debes saber mejor que nadie.

Débora no dijo nada. No, era una simple indigestión y nada más.

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El juicio continuó. Las declaraciones iban y venían, pasaron los familiares de Yuki a testificar que Genzo se había negado a responder por su hija, y que se habían visto obligados a tomar medidas drásticas, sin éxito. A pesar del término usado, los abogados de la parte demandante no quisieron insistir en las "medidas drásticas", dado que obviamente Genzo estaba como si nada. Por su parte, los familiares de Genzo habían declarado que él era un buen muchacho, que a pesar de su carácter mantenía bien la sucursal de la empresa que le tocaba por herencia y que su verdadera pasión era el fútbol sóccer. Eriko incluso dijo que su gemelo era incapaz de hacerle daño a nadie, físicamente hablando. Y de ahí, las declaraciones siguieron con los vicepresidentes de la empresa que manejaba Genzo.

Los abogados de Yuki hicieron ver que Genzo tenía muchas quejas en contra por maltrato laboral y que en general él era un completo desgraciado con sus empleados. El abogado de los Wakabayashi y Jean Lacoste bufaron al escuchar estas acusaciones, ya que no habían encontrado la manera de encubrir y mucho menos de corregir los errores que Genzo había cometido en su empresa, pero una sorpresa estaba a punto de ocurrir. El último vicepresidente en testificar fue uno de los socios con mayor antigüedad en la empresa Wakabayashi. Era un japonés serio, reservado, con tres hijas, todas casadas, y al menos unos diez nietos. Era un hombre muy recto, del tipo que no toleraría nunca una violación y que en definitiva iba a atacar a Genzo con todo. Los abogados casi se relamían los bigotes de gusto, el vicepresidente daría fin a todo, pero para sorpresa de ellos, la declaración no salió como se esperaba. Después de una breve introducción, el vicepresidente dijo que al principio Genzo tenía la actitud de un chico pretencioso que está acostumbrado a tenerlo todo y que podía desperdiciar miles de euros solo por remodelar su oficina; dijo que efectivamente Genzo tenía muchas acusaciones en contra por maltrato laboral, pero el vicepresidente recalcó que todos los regaños e insultos que el portero había dado habían sido hasta cierto punto justificados. Los empleados que Genzo corrió y degradó de puesto fueron gente pendenciera y poco trabajadora, por lo que sus decisiones jamás fueron injustas. Y a pesar de su mal carácter poco tratable, Genzo siempre había sido justo con sus empleados.

- ¿Entonces está usted justificando el mal comportamiento de su patrón?.- preguntó el abogado, francamente desconcertado.

- No lo estoy justificando.- negó el vicepresidente.- Simplemente digo que cada uno de nosotros tiene su carácter, forjado en base a lo que a cada uno de nosotros le tocó vivir. El señor Genzo tenía su carácter fuerte, irascible y amargado, pero a pesar de eso puedo asegurarle que no por eso él no trató mal ni injustificadamente a nadie.

- Bueno, quizás antes no, pero podría hacerlo después.- señaló el abogado.

- Objeción.- dijo el abogado de los Wakabayashi.- Eso no tiene nada que ver con el caso.

- Ha lugar.- dijo el juez.- Y más le vale que se concentren en lo actual, no en lo que puede pasar.

- El caso es.- continuó el abogado de Yuki.- Que no se sabe lo que el señor Genzo Wakabayashi puede hacer, ¿cierto? Con el carácter intratable que tiene, no se sabe lo que puede ocurrir.

- No lo creo.- negó el vicepresidente.- Tengo años de conocer al joven Genzo y él nunca ha hecho nada impredecible. Y además de eso, debo decir que él cambió. Yo lo vi con su esposa, en una visita reciente que ellos hicieron a la empresa y su actitud era muy distinta, se mostró más cálido con los empleados y fue directo con nosotros. Por eso, puedo decirle con firmeza que Genzo Wakabayashi manejó bien la empresa y que los motivos de queja son bastante injustificados.

El abogado, desilusionado, decidió terminar pronto. No encontraría nada ahí que lo pudiera ayudar. Y sin embargo, el máximo show estaba por comenzar. Al fin, después de muchos días, los abogados se decidieron jugar su carta máxima.

- Llamamos a la doctora Lily Wakabayashi a declarar.- dijo el abogado de los Wakabayashi.

(Insisto, ya era para ponerle un apellido, pero a estas alturas, qué flojera).

Se escuchó un murmullo general. La declaración de Lily podría decidirlo todo, cualquier error que ella cometiera y Genzo perdería el juicio.

Notas:

- Ya, mezclé todo en el juicio y me hice bolas, pero me vale XD. Me dan mucha flojera las leyes.

- Bueno, ahora sí, no sé cuantos capítulos falten pero esto ya se va a acabar.