REMUS:
Los meses que siguieron hasta Navidad fueron relativamente tranquilos para los Merodeadores. Los terribles castigos que recibieron bajo supervisión de Filch (generalmente con varitas confiscadas, los baños de varones más sucios y grasa de codo) hicieron que la actividad Merodeadora disminuyera momentáneamente, incluso para James y Sirius. Esto también se debía a las prácticas de Quidditch extra, a las que tenían que ir como preparación para el siguiente partido contra Hufflepuff, en Noviembre.
El día del partido fue triste y gris, lo que no bajó para nada los ánimos de los dos miembros más nuevos del equipo. Hasta Sirius, que generalmente no aparecía por voluntad propia en el desayuno antes de las once, se despertó temprano para ayudar a James a arrastrar a Remus y Peter fuera de sus camas y llevarlos al comedor.
-Todavía no quiero despertarme, -se quejó Remus mientras Sirius lo arrastraba de la manga a través de las puertas y lo llevaba hasta la mesa de Gryffindor.–
-¡Claro que sí! –Le dijo Sirius animado.- Es el primer partido de Quidditch oficial de tu jauría. Quieres estar ahí.
-No, no quiero. Quiero una jauría nueva. Hufflepuffs. A los que no les guste el Quidditch y que hibernen en invierno.
-Come esto. –Sirius le agarró la mano, la abrió, le puso una tostada y una salchicha en ella, le volvió a cerrar los dedos y le dio una palmadita en la cabeza.- Buen chico.
Remus miró su mano cansadamente.- Soy un lobo, no un perro. ¿Dónde está Hamish?
-Durmiendo en tu bolsillo. –Sirius se sirvió un plato lleno de avena y después le tiró medio frasco de jarabe encima.
-Cambié de idea, -anunció.- No quiero nueva jauría. Quiero ser un erizo. Así puedo dormir cuanto quiera, me dan de comer y voy a todos lados en el tibio bolsillo de alguien.
-Y te transfiguran en alfiletero, -le recordó James.
-Y te encantan para que seas rojo y dorado, -agregó Peter.-
Remus se rindió y masticó medio dormido la salchicha que tenía en la mano.-
-Tenemos muy buena oportunidad contra Hufflepuff, -dijo James contento, aparentemente no pudiendo resistir el tema del Quidditch por más de cinco minutos.- Son tan malos como era nuestro equipo antes de que entráramos.
-No hables, -pidió Remus.- Haces que me dé vueltas la cabeza.
-Te dije que debías buscarte nuevos amigos. –Levantaron la vista para ver a Lily, Alice y Rebecca sentarse en la mesa, usando los colores de Gryffindor para ir a ver el partido.-
-¡Evans! –James parecía muy contento.- ¿Viniste a ver cómo destrozamos a los de Hufflepuff? ¿O a admirar mis asombrosos movimientos en escoba?
Lily hizo una mueca mientras Remus se quejaba y golpeaba su cabeza con la mesa.- No me hables, Potter. Es muy temprano para andar sintiéndose así de homicida. –Se dio vuelta y comenzó a servir su desayuno.
-¿Crees que debamos explicarle cómo hablar con las chicas? –Susurró Sirius a Remus, masticando una tostada mientras observaba la escena con interés.-
-No tiene caso, -suspiró Remus.- Ese grueso cráneo Gryffindor que tiene repele cualquier cosa que tratemos de decirle.
-¿Están hablando de mí? –Exigió saber James.-
-¿Por qué piensas eso? –Preguntó Sirius.-
-Porque tienen las mismas caras de exasperación que tienen los maestros cuando hablan de mí. –Respondió James malhumorado.
Media hora y muchas tostadas después, finalmente salieron del comedor y fueron hacia el campo de Quidditch. A pesar de estar bien envuelto en un grueso abrigo de James que había tomado prestado, le dio un escalofrío al sentir el frío viento de Noviembre. Sólo habían pasado unos días de la luna llena, y era el momento donde más débil se sentía.
-¿Estás bien, amigo? –Preguntó Peter mientras los dos iban hacia la tribuna.- Estoy seguro de que no les molestaría que te sientas mal y no quieras ir.
Remus le dio una mirada incrédula.-
-Está bien, -corrigió Peter.- Sí les molestaría un poco, pero una vez que les explicaras por qué no fuiste, lo aceptarían. Especialmente Sirius. Sabes lo mucho que te protege.
-Sí, -le contestó, girando los ojos.
-Sólo se preocupa. Además, -Peter miró a Remus de reojo.- Tú eres igual.
Remus bajó la vista, inseguro de por qué la conversación lo hacía sentir tan incómodo. Los amigos podían cuidarse entre sí, ¿no?
-Estoy bien, -le dijo a Peter, cambiando de tema.- Sólo hace un poco de frío. –Sonrió de repente.- Un poco de ánimo al estilo Merodeador debería ocuparse de eso.
La cara de Peter se iluminó.- ¿Tienes una idea? ¿Es difícil? ¿Podrías enseñarme?
-Te enseñaré las partes más simples, -aseguró Remus.- Lo encontré en un libro cuando buscaba encantamientos para el mapa. Había todo tipo de cosas sobre animar imágenes y eso. Bastante interesante, pero nada que pudiera usar para el mapa. Esperaba encontrar un encantamiento que siguiera las escaleras y las habitaciones que se mueven, para que se muestren en el lugar correcto. Y quizás advertirnos cuando se acercan los maestros. Estaba pensando en alterar un encantamiento de quinto año que escribe automáticamente el nombre de una persona en su ropa, para que en vez de eso escriba automáticamente el nombre de las personas en el mapa, para marcar dónde… -dejó de hablar al notar la mirada de Peter.- ¿Peter?
-¡Perdón! –Pidió Peter, luciendo culpable.- Sólo entendí como la mitad de todo eso. Suena bien, pero James y Sirius seguro lo entienden mejor. De verdad lo siento. Es que soy un poco lento. Ya lo sabes.
Remus sintió que se llenaba de compasión.- Eh, todos tenemos nuestras debilidades, Pete. Al menos eres humano. Y también tienes tus cosas buenas. Eres leal y tienes un gran sentido del humor, eso es genial en un merodeador. Y también notas cosas, cosas de las que James y Sirius no se dan cuenta todo el tiempo. Sobre la gente y lo que piensan y sienten.
Peter lo miró.- ¿De verdad piensas eso? A veces siento que no pertenezco al grupo. Como que un día James y Sirius se cansarán de mí y me abandonarán.
-Yo también, -susurró Remus.
-¿Tú sientes eso? –A Peter parecía hacerle gracia.- ¡Nunca te harían eso! Especialmente Sirius.
-Eso no se sabe, -le dijo.- Es tonto, pero algo que dijo Sirius el otro día cuando colgábamos las telarañas me hizo preguntarme qué pasará cuando que yo sea un ya-sabes-qué deje de ser novedad, y comiencen a notar lo malo de ser mis amigos. Sé cómo te sientes, Pete. Como si estuvieras metido en su amistad hasta que de repente se den vuelta y te miren bien y se den cuenta de cometieron un error. ¿Pero sabes lo que me digo cuando pienso eso?
-¿Qué? –Preguntó Peter, con los ojos grandes.-
-Me digo que ellos también tienen sus cosas malas y sus inseguridades. Y que una de ellas es la completa falta de tolerancia por cualquiera que les caiga remotamente mal. Piensa en los Slytherin, y Slughorn, y Snape. ¿Y qué tal el nuevo profesor de DCAO, que parece estar compitiendo con Binns para ver quién es el maestro más aburrido del mundo? Nunca dejan de molestarlos, ¿o sí? Entonces realmente debemos caerles bien si se juntan con nosotros. Ellos solamente tienen los que "de verdad les caen bien" y "gente a quien atormentar". Nada en el medio. ¿Recuerdas cómo eran conmigo?
-Oh, Rem. ¡Perdón por eso!
Remus sonrió y negó con la cabeza.- Ya me compensaron por eso mil veces. No tienen nada que lamentar.
Los dos subieron a las tribunas de Gryffindor y se metieron entre los demás alumnos de cuarto año.
-Deja que te enseñe el encantamiento, -dijo Remus y Peter inmediatamente sacó su varita. Para cuando el partido estaba por empezar, Remus estaba bastante seguro de que su amigo hacía correctamente tanto el encantamiento como el movimiento de varita.-
-Hazlo cuando Gryffindor meta el primer gol, -susurró por encima del ruido de la gente cuando salían los jugadores.-
-¿Qué vas a hacer tú?
-Ya verás.
No tuvieron que esperar mucho. A pesar de que muchos jugadores del equipo de Gryffindor no eran exactamente buenos, el pobre equipo de Hufflepuff era aún peor. Los cazadores iban por ahí medio perdidos mientras James y Tor Patil se metían entre ellos, y sus golpeadores, aunque no eran muy malos, no eran rivales para Sirius, que se veía borroso en el campo y hacía llover bludgers sobre el equipo contrario. Remus pudo ver su cara por un momento, cuando hizo una pausa para ver al guardián de Hufflepuff perder el control después de ser golpeado por una bludger. Tenía la cabeza hacia atrás, se notaba la risa triunfante en su cara, y sus mejillas se veían rosadas por el aire de invierno, mientras era despeinado por el viento.
En ese momento algo pareció romperse en su interior y esparcirse, llenándolo con un calor que comenzó en su estómago y subió por su pecho. Maravilloso, fue la palabra que le vino a la cabeza sin que la pensara conscientemente. Simplemente maravilloso.
Fue quitado de su trance por Peter, que le dio un fuerte codazo en el brazo.- ¡Remus! ¡Despierta! ¡Metió un gol!
Remus alejó su vista de Sirius y vio a James haciendo una pirueta victoriosa por el aire mientras las tribunas temblaban por el peso de la gente festejando. Se sintió culpable por perderse el primer gol de su amigo.
-¡Rápido, has el encantamiento! –Le dijo a Peter, antes de sacar su varita y murmurar su propio hechizo.
Rayos de brillante luz roja y dorada salieron de la varita de Peter y cayeron inofensivamente como chispas parecidas a estrellas sobre los espectadores. Peter parecía completamente sorprendido y feliz de que su hechizo hubiera funcionado. De la varita de Remus un gigante y brillante león dorado con melena roja salió y comenzó a caminar elegantemente por el aire. Se concentró y movió su varita una vez más. El león se dio vuelta y saludó al equipo de Gryffindor, antes de levantar la cabeza triunfantemente, de una forma que era extrañamente parecida a la de Sirius, y dejar salir un rugido que ahogó las voces y exclamaciones de la gente. Entonces explotó en una ducha de chispas doradas y rojas que, de nuevo, les llovieron a los espectadores.
Remus sonrió orgullosamente cuando la gente comenzó a gritar más fuerte, y sintió el mismo calor de antes aparecer al ver a Sirius darse vuelta y mirarlo asombrado, antes de ponerse dos dedos en la boca y dejar salir un silbido de apreciación.
La muestra pareció darle nueva motivación al equipo de Gryffindor y los Hufflepuff quedaron perdidos al verlos pasar. Luego de veinte minutos de juego, el buscador de Hufflepuff hizo un intento desesperado y logró atrapar la snitch, pero incluso entonces, el equipo de Gryffindor les ganó por cuarenta puntos.
-Voy a esperar a los demás cerca de las duchas, -le dijo Peter, todavía emocionado.- ¿Vienes?
Remus puso sus manos bajo los brazos y comenzó a saltar cuando una nueva ráfaga de frío viento les sopló encima.- Creo que esperaré bajo las tribunas, -le contestó, le empezaban a castañear los dientes.- ¿Me buscan antes de ir a la sala común?
Peter sonrió y asintió, antes de salir corriendo.
Le dio otro escalofrío, así que dio la vuelta hasta quedar casi completamente bajo la tribuna de Gryffindor, que lo cubría del viento. Se sorprendió cuando la pequeña figura encorvada que miraba hacia las duchas de Gryffindor le indicó que no era el único buscando refugio ahí.-
-¿Estás bien? –Preguntó.
La persona se dio vuelta y Remus se encontró frente a frente con un par de enormes ojos grises que eran casi iguales a los de Sirius, excepto que Sirius nunca había tenido esa expresión de temor, derrota e infelicidad.
-¿Regulus?
-¡No me hables! –Le contestó, su mirada dirigiéndose por un momento a la tribuna de Slytherin, donde algunos grupos de los alumnos de verde y plateado seguían estando.-
-Está bien, no nos ven, -aseguró Remus.- ¿Buscabas a Sirius?
-¡No quiero nada con ese traidor de la sangre! –Sus ojos lo traicionaron al dirigirse, contra su voluntad, en dirección de las duchas de Gryffindor con una expresión de extrañeza.
Remus se mordió el labio.- Es tu hermano. Tu sangre, -le dijo lo más suave que pudo.- Eso es mucho más importante que el prejuicio entre las casas. Nada debería interponerse entre ustedes. Te extraña, Regulus. Le duele mucho que no le hables.
Los ojos de Regulus se volvieron a dirigir a Remus y puso una expresión burlona, deliberadamente mirándolo de arriba a abajo, observando su usada túnica y zapatos, y el abrigo que le quedaba demasiado grande.- ¿Sangre? –Preguntó.- ¡Interesante que lo diga alguien que testificó contra su propio padre para meterlo en Azkabán!
Remus retrocedió un par de pasos ante al comentario, una pelotita de dolor se formó detrás de sus costillas y pareció crecer para ahogarlo.- Eso f-fue distinto, -susurró.- Sirius te quie…
-Sirius no quiere a nadie de nuestra familia, -interrumpió Regulus fríamente.- ¡Me soportó porque necesitaba que pusiera velas y pergamino en el sótano para cuando lo dejaban ahí por ser demasiado Gryffindor! ¡Sólo quería que yo fuera igual!
-No… -Le dijo.- No es así, para nada…
-¿No? ¿Tienes idea de lo mucho que me cuesta estar en Slytherin, mientras él va por ahí haciéndose una reputación como ídolo Gryffindor?
-No es que quiera…
-¡No! ¡No le importa! Creí que sí, pero en realidad le importa una mierda.
Remus sólo lo miró y Regulus volvió a levantar su cara y poner una expresión de burla.- Eligió estar en Gryffindor, -le dijo, enojado.- ¿Alguna vez te lo dijo? El sombrero lo quería poner en Slytherin como al resto de nosotros, pero él tenía que ser diferente. No le importas tú. Ni Potter, ni Pettigrew. Todos ustedes son parte de la armadura y armas que usa contra nosotros. Es todo por nosotros, no por ustedes.
Las palabras le llegaron y Remus sintió a Lunático levantarse para defenderse, el dolor parecía recorrerle el pecho y la garganta.- ¡Aléjate de mí! –Siseó desesperado. No podía lastimar al hermanito de Sirius.
-¿Un punto débil? –Se burló Regulus, sin darse cuenta de nada.
-¡Aléjate! –Ya ni estaba seguro de si le hablaba a Regulus o a Lunático. De lo que sí se dio cuenta fue de que su voz se agravó y de que un gruñido estaba peleando por escapar. Cerró los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas de las manos.
Regulus finalmente pareció sentir que algo pasaba y retrocedió un paso nerviosamente. Lunático aulló triunfantemente en su mente.
-¡Regulus, vete! –Repentinamente apareció Sirius, alejando a su hermano de la tribuna mientras Remus se quedaba parado, con los ojos y los puños cerrados con fuerza, desesperadamente tratando de regular su respiración.
Podía oler a Regulus irse. Su olor era parecido al de Sirius, y supuso que por eso había reaccionado tan mal. Lunático había reaccionado a lo que le había dicho como si representara la traición de uno de los suyos.
-¿Remus? ¿Lunático? Mírame.
Se forzó a abrir los ojos y nuevamente se encontró con un par de ojos grises. Sin embargo, esta vez tenían una expresión de preocupación y cuidado y algo más que parecía salir desde sus profundidades. Le recordaba a esa emoción que había sentido al ver a Sirius riendo en su escoba.
Sintió su respiración lentamente calmarse mientras Lunático retrocedía. Al irse la emoción volvió a sentir el frío del aire de invierno y sus dientes volvieron a castañear.
-¿Qué te dijo? –Preguntó Sirius, acercándose para darle un fuerte abrazo.- ¿Qué te dijo ese idiota?
Se apoyó en el pecho de Sirius, inhalando ese conocido aroma verdigris que era diferente al de Regulus. Lo era. Se sentía seguro y protegido y de repente todo el enojo que sentía hacia el hermanito de Sirius se alejó. Esto era lo que había perdido Regulus. Por eso el niñito asustado había atacado a una de las personas que le había robado a su hermano. No podía culpar a Regulus porque sentía que haría mucho más que burlarse un poco si estuviera en su lugar.
-Nada, -suspiró.- No fue su culpa. Tenía miedo y estaba solo y no sabía qué hacer además de molestarme.
-No debería haberlo hecho.
-Sí, debería, -susurró Remus.- Podría ayudarlo a que lo acepten como uno de los suyos.
Sirius resopló y lo apretó un poco más fuerte antes de soltarlo.- Creí que ibas a atacarlo. Estaba tan preocupado. Por los dos.
-Lo sé. Yo también. Qué bueno que llegaste cuando lo hiciste. –Le dio un escalofrío al pensar en qué podría haber pasado si Sirius no hubiera llegado.- Fue porque olía un poco a ti, creo. Lunático asocia ese olor con jauría.
-Eso podría haber sido feo, -concordó James, desde donde él y Peter observaban, fuera del refugio de la tribuna.-
-Vayamos adentro, -le dijo Sirius.- Creo que te estás poniendo azul del frío, Lunático. No queremos que andes mostrando los colores de Ravenclaw.
-Es su Ravenclaw interno queriendo salir, -comentó Peter.- Sabía que estaba por algún lado.
Comenzaron a ir hacia la escuela, trotando para intentar entrar en calor.
-Hablando de eso, -dijo Sirius, sonriéndole a Remus.- Ese león fue asombroso. Lo mejor que has hecho además de la broma del hielo, creo.
Remus le devolvió la sonrisa, su estómago se retorció un poco por el cumplido.- El primer partido de los Merodeadores tenía que ser memorable, -explicó.- Además, ustedes también estuvieron asombrosos. Algo tenía que marcar la ocasión.
-Creo que también necesitamos algo más, -dijo James.- Como una fiesta y mucha comida de la cocina. Y música fuerte.
-¡Y ese fue James mostrando su propia asombrosidad! –Exclamó Sirius, orgullosamente pasándole un brazo alrededor de los hombros.- Guíanos, mi amigo.
Fue raro para Remus desearles felices fiestas a sus amigos esa Navidad. El hecho de que ahora eran una jauría hacía que la separación le doliera más. Iba sentado en el viejo auto de Neil y se dirigían a la pequeña casa de los Anders en la ciudad muggle, Hempstead Green.
-¿Estás bien, Remus? –Preguntó Angela preocupada, dándose vuelta para estudiar su expresión.- No te ves muy bien.
-No es nada, -aseguró.- Sólo los extraño, ¿sabes?
-¿Es algo de jauría? –Preguntó Neil, mirándolo a través del espejo.-
-No sé, -admitió Remus.- Podría ser algo de amigos. Las dos cosas son bastante nuevas para mí. –Les sonrió.- He estado esperando volver todo el año.
-¿En serio? –Angela parecía muy contenta.-
-Sí. Será la primera vez que tenga una buena Navidad desde que mi madre murió.
-Bueno, será asombrosa, -le dijo Angela.- Vamos a tener una gran cena de Navidad y comer hasta que nos den ganas de vomitar y la mañana siguiente nos levantaremos y abriremos los regalos juntos.
-Suena maravilloso, -le contestó, pero al decirlo pensó en Sirius y cómo había tenido que mentirle a su familia para pasar la Navidad con James. Le hubiera gustado también invitarlo de visita, pero su casa era chica y los ingresos casi tan pocos como habían sido los de su padre. Remus no entendía adónde estaba yendo el dinero si los dos tenían un trabajo de tiempo completo en el Ministerio, pero no se animaba a preguntar.
-Puedes ver a tus amigos el día después, -le dijo Neil, obviamente notando su expresión pensativa en el espejo.- El señor Potter habló conmigo en el trabajo. Ya sabes que también es auror. Aunque está un poco más arriba que yo. Buen tipo. Dijo que querían que fueras para allá la semana antes del comienzo de clases. ¿Quieres ir?
Se le iluminó la cara.- ¿El señor Potter dijo eso?
-Sí, -respondió Neil.- ¿Lo conoces?
-No, pero James habla mucho de él. Parece bueno. Sólo me pareció muy amable de su parte invitarme cuando ni siquiera me conoce.
Angela le sonrió.- ¿Todavía te cuesta tanto escuchar que la gente está dispuesta a darte una oportunidad?
Se le achicó un poco la sonrisa.- Bueno, él no sabe que soy un hombre lobo.
-No importaría, -le dijo Neil con seguridad.- Me dijo que has sido muy buen amigo con James. Dijo que James y Sirius hablaban de ti todo el año pasado. –Le sonrió a Remus mientras estacionaba en la entrada.- Parecía creer que tenías un conejo malo. Aparentemente escuchó a James y Sirius hablando de tu "pequeño problema peludo".
-¿Mi qué? –No estaba seguro de si le tenía que dar ternura o vergüenza. Abrió la puerta y fue hasta el baúl para sacar sus cosas.- ¿No se les ocurrió un mejor código para eso?
Angela casi se cayó del auto de la risa. Una de sus bufandas parecidas a serpientes se agarraba de la puerta para sostenerla, mientras la paloma blanca de peluche que tenía en el gorro de invierno se quejaba ruidosamente.-
-No es gracioso, -le dijo indignado, aunque no pudo evitar sonreír.-
-¡Pero lo es! –Exclamó ella, le caían lágrimas de risa por la cara.- ¡Tu pequeño problema peludo! –Volvió a reír.
-¡Angela! –Le dijo Neil fingiendo seriedad.- ¡Asustarás a los pobres Muggles si sigues así! Y tú no deberías animarla, -agregó hacia Remus.-
-¿Animarla? –Remus puso expresión de superioridad.- Yo no soy el que se casó con ella. Seguro que ya sabías cómo era.
-¡Eh! –Angela caminó hacia la puerta.- Por eso, dejaré que Remus cocine esta noche.
-¡NO! –Neil se corrió hacia ella y se arrodilló a sus pies.- Te amo, querida Angela. ¡Haré lo que sea por ti! ¡Pero no me hagas comer lo que cocina Remus!
Remus negó con la cabeza, arrastrando su baúl hacia adentro.- Y yo que creía que James y Sirius eran bastante malos, -murmuró.-
La novedad de tener una familia a la que le importaba todavía no se había acabado para Remus. La Navidad pasó como si fuera de un cuento, lleno de deliciosas cenas, risas y calidez. Los Anders no tenían mucho dinero, pero Remus creía que no hubiera podido estar más feliz si vivieran en un castillo y le dieran regalos todo el tiempo.
Tristemente, no podía recordar mucho de la Navidad en sí, dado que su transformación fue en Nochebuena, pero los Anders resolvieron ese problema adelantando la Navidad un par de días, para poder celebrarla el veintiuno y veintidós de Diciembre, en vez del veinticinco. Se había sentido tan tocado por el gesto que le había parecido que su corazón explotaría de amor y felicidad por su nueva familia.
Los últimos nervios sobre si lo aceptarían se derritieron bajo el calor del pequeño fuego de la sala, sentado en el suelo contra el sillón el verdadero día de Navidad, con Angela pasándole los dedos por el pelo. Sabía que la mayoría de los chicos de quince años deberían ser demasiado grandes para eso, pero mientras nadie más lo supiera, no creía que lo podían culpar por querer amor maternal. Especialmente porque estaba envuelto en vendas y acababa de recuperarse de su estado infantil.
-Creo que deberías hablar con los Potter y decirles que irás pasado mañana, -comentó Angela, dejando su libro y adelantándose para ver a Remus.- Te ves mal. Tienes que recuperarte.
-¡No! –Se sentó repentinamente y la miró.- Esta luna fue mala porque no estuvieron conmigo. Por favor no me alejes de ellos. La he pasado muy bien con ustedes, pero en serio, en serio quiero ver a mis amigos de nuevo.
Angela suspiró, luciendo preocupada.- Bueno, ¿cómo explicarás tus heridas?
-Las esconderé, -le respondió.- Como siempre. James y Sirius ya les dijeron que me enfermo muy seguido.
Angela se recostó en el respaldo del sillón y alejó la vista.- Sólo quiero que estés bien cuidado. Odio que tengas que pasar por esto.
Remus se arrodilló para poder verla a los ojos.- Angela, tú y Neil han hecho más por mí que cualquier otra persona. Me han dado una familia y me han hecho sentir cómodo, y no puedo recordar haber sido tan feliz. No puedes haces más por mí. Así soy yo.
-Lo sé, -susurró.- Y claro que puedes ir con tus amigos mañana si crees que estarás lo suficientemente bien.
Remus sonrió.- Gracias, Angela.
Ella le devolvió la sonrisa y se acercó para darle un beso en la frente.
Resultó que la mansión de los Potter estaba en Surrey, cerca de Londres. Neil los transportó ahí apareciéndose con Remus una vez que los Potter los habían dejado pasar por sus barreras. Una experiencia que esperaba no repetir en el futuro cercano, como si lo metieran en un tubo de plástico demasiado pequeño para él.
Al abrir los ojos, un poco mareado por el dolor, dado que sus heridas habían sido afectadas por el viaje, sintió que se le abría la boca por el asombro. Estaban parados en un camino de piedra, rodeado de pasto verde, árboles y jardines a cada lado. En frente de ellos, rodeada por los mismos árboles, estaba la mansión. Era un enorme edificio de roca pálida, con altas ventanas, que llegaba a los cinco pisos. Pilares de piedra intrincadamente tallada rodeaban la entrada, que era una escalera de piedra que llegaba hasta dos enormes puertas de madera.
Remus nunca había visto que una familia tuviera tanta riqueza fuera de un libro. A pesar de que sabía que su amigo era rico, nunca había soñado que la riqueza de los sangre pura pusiera a James al mismo nivel de los aristócratas del pasado. Repentinamente se preguntó cómo sería la casa de Sirius. Sabía que estaba en Londres, así que seguramente no tenía el mismo terreno, pero se imaginó que debía ser igual de grande, aunque la piedra debía ser oscura y el tallado siniestro y sombrío, contrario a la residencia de los Potter.
-Por Merlín, Remus, -comentó Neil, parado al lado suyo con una expresión de sorpresa igual a la de su hijo adoptivo.- De verdad que sabes elegir a tus amigos.
-No lo elegí porque fuera rico, -se quejó Remus, todavía mirando la casa.- Quizás te equivocaste de lugar.
Neil apuntó a la piedra encima de la puerta. Mostraba un escudo con la palabra "Potter" debajo. El escudo tenía un sol dorado y un león en un lado, y un hipogrifo en el otro.-
-¿Deberíamos tocar? –Preguntó Remus nerviosamente, mientras iban hacia la casa y subían las escaleras.
-Supongo, -contestó Neil. Puso su mano bajo el codo de Remus para ayudarlo a subir las escaleras cuando se tambaleó un poco en el camino.- Esperemos que no te pongan en un piso de arriba, ¿eh? –Llegó y levantó el tocador, dejándolo caer contra la madera de la puerta. Podían escuchar el eco atravesar la casa.
Un momento después, se escucharon tres conocidas exclamaciones seguidas por gritos de "¡Llegó Remus!" y un sonido seguido por un ruidoso choque. A continuación unos gritos de mujer.- ¡Qué les dije de bajar por los barandales! ¡En serio! ¡Y yo creía que tener un chico era bastante malo! ¡Reparo!
-¡Perdón, mamá!
-¡Perdón, señora Potter!
La puerta se abrió y Remus fue aplastado repentinamente cuando James y Sirius se le tiraron encima.- ¡Lunático!
Peter los siguió más lentamente, dado que había bajado las escaleras en vez de usar el barandal.
-¡Ay! ¡Chicos! –Exclamó con una mezcla de alegría y dolor.- ¡Estoy enfermo! ¡Levántense!
-¿Estás enfermo? –James se sentó y lo miró a la cara, obviamente notando las ojeras y la fuerza con la que apretaba la boca gracias al dolor.- ¡Ah! Ah, perdón, Remus. ¿Te lastimamos?
-No, no. Estoy bien, -aseguró.- Aunque estaría mejor si Sirius se levantara de mi pecho y me dejara respirar, antes de que comience a demostrar mis colores Ravenclaw de nuevo.
-¡Perdón! –Dijo Sirius, saliéndose y ayudándolo a pararse.- No te ves bien, amigo.
-Me sorprende que siga respirando después del horrible saludo que le dieron, -comentó una voz seria. Remus levantó la vista para ver una mujer alta y de pelo rojo oscuro, con los ojos marrones de James.- Hola, Remus.
-Hola, señora Potter, -le dijo, sabiendo que su voz sonaba muy bajita. Se veía bastante intimidante parada frente a la enorme y llena de retratos entrada de los Potter, con su túnica verde oscuro y el largo cabello peinado elegantemente alrededor de su cabeza. Entonces su cara formó una expresión de preocupación tan parecida a la de James, que Remus sintió que casi todos los nervios se le iban.- Sirius tiene razón. No te ves bien. ¿Cómo te sientes?
-Estoy bien, -aseguró Remus.- Me enfermo mucho. Ayer estuve mal, pero ahora estoy perfectamente.
-¿Ayer? –Preguntó Peter, horrorizado.- ¿En Navidad?
-Sip, -le contestó.- En realidad no recuerdo mucho. Pero está bien. Tuvimos una asombrosa Navidad antes de eso.
-¿De verdad está bien? –Le preguntó la señora Potter a Neil.
-Remus está bien, -aseguró él.- Ha pasado por esto casi toda su vida. Sabe cuánto puede aguantar. Tiene pociones en su mochila por si se siente mal, y sabe que no debe esforzarse demasiado. –Miró a Remus con un poco de duda al decir lo último.- Lo sabes, ¿no, Remus? No quiero escuchar después que anduviste deslizándote por los barandales o haciendo bromas o explotando pedazos de pergamino y prendiendo fuego la sala, ni usando magia cuando sigues siendo menor.
Remus resopló indignado.- ¡Eso fue sin querer y lo sabes! –Le dijo.- No quería que explotara. ¡Me tomó mucho tiempo hacerlo!
-¿Explotaste algo? –Preguntó Sirius, luciendo muy contento.
-No fue a propósito, -explicó Remus.- Estaba tratando de encantar las escaleras en el mapa.
-¡Oh no! –Exclamó James.- ¿Qué le pasó al mapa?
Remus puso cara triste y fingió una dramática explosión con efectos de sonido, antes de hacer una mueca y agarrarse el costado.
-Sillones, cortinas, alfombra, -agregó Neil a la señora Potter, quien parecía pensar que la escena era una mezcla de graciosa y alarmante.- Todo humeando, y Remus en el medio diciendo "¡Mi mapa, mi mapa!" tomó muchos hechizos restauradores, eso lo aseguro.
-Y parecías un niño tan dulce y educado, -se quejó la señora Potter.- Debí haber sabido que eras igual que esos tres.
-Oh, Remus es el cerebro detrás de nuestras operaciones, -le dijo James.- ¡Es un genio! Mientras no le pidas que cocine o haga pociones, porque entonces las cosas suelen explotar.
Sirius asintió gravemente, y repitió la explosión que Remus había fingido antes.-
-Le deseo suerte, -le dijo Neil a la señora Potter.- Juntar a esos cuatro sólo puede ser considerado una receta para el desastre.
-James me prometió que Remus los calmaba, -comentó la señora Potter, mirando dudosamente al hombre lobo que le dio una sonrisa traviesa.-
-Mentí, -le respondió James animadamente.- Vamos, Lunático. Te ayudaremos a llevar tus cosas. Sólo estamos un piso arriba. ¿Crees poder subir?
-Estaré bien, -le respondió. Se dio vuelta para abrazar a Neil y sonrió cuando él le pasó su mano por el pelo.
-¡No hagas magia! –Exclamó Neil mientras James y Peter comenzaban a llevar su baúl y la canasta de Hamish, y Sirius le pasaba el brazo alrededor de los hombros para ayudarlo a subir.
-¡No te preocupes! –Le contestó.- ¡Tengo que volver a dibujar el mapa antes de hacer algo más!
Extrañamente, ese comentario no pareció calmarlo ni un poco.
Bueno, aquí estamos de vuelta.. queda una semana para que termine el año escolar, y por alguna razón mañana nos entregan a todos diploma y medalla… a pesar de que la mayoría no hemos terminado de cerrar materias. Así es la educación u.u
Muchas gracias por dejar reviews, y perdón por la tardanza. Pero lo bueno es que cuando termine voy a volver a actualizar como antes.
