Pokémon Reset Bloodlines – ¡Feliz Cumpleaños, Ash!

Por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


Summary: El día que Ash cumplió sus quince años marcó un punto importante en la vida para el joven entrenador y su madre. Una década y media de memorias para Delia, y el punto en el que este entrenador tenía la edad legal para iniciar oficialmente su sueño de convertirse en Maestro Pokémon.


21 de Mayo, Pueblo Paleta…

Aquel día estaba realmente ocupado el restaurante de Pallet House. Más de lo usual, pues aquel día iban a cerrar más temprano: para el día siguiente estaría reservado para un importante evento, y tenían que hacer las preparaciones. Una de las ventajas de ser la dueña del lugar era que podía usarlo cuando lo necesitara para lo que quisiera. Solo en ocasiones especiales, por supuesto, y esta era una de ellas.

- ¡Muchas gracias, vuelvan pronto!

- ¡Mime, mime!

Mientras Delia Ketchum y su Mr. Mime (o "Mimey", como afectuosamente lo llamaba) se despedían de los últimos clientes del día, se fueron a limpiar las últimas mesas antes de colocar el aviso de *CERRADO* en la entrada. Por fin podía empezar con lo que realmente importaba: después de todo, no todos los días celebrabas el cumpleaños número quince de tu hijo.

- ¡Mamá! – escuchó la voz de Ash desde las escaleras. – ¡Ya terminé de limpiar las habitaciones! ¿Podemos empezar a decorar para la fiesta?

- ¡Sí! ¡Solo dame un minuto! – replicó Delia. – Mimey, por favor ve a apagar la cocina, yo termino de arreglar las cosas aquí.

- Mime. – Mimey asintió y se fue hacia la cocina, mientras Delia se quedaba para poner encima de una de las mesas una enorme caja, llena de globos, serpentinas y demás decoraciones.

Un minuto o algo así después, Ash bajó las escaleras. El moreno pronto a ser quinceañero llevaba una camiseta negra con una raya roja horizontal, blue jeans y zapatos de correr azules y negros. Sacudió la cabeza ligeramente al ver que su mamá había empezado a poner los adornos de la fiesta por sí sola.

- Mamá, te dije que me esperaras para ayudarte. – le dijo.

- Ash, ya sabes que puedo hacerlo. – replicó ella con una radiante sonrisa. – No tienes por qué molestarte.

- Pero es mi fiesta, lo justo es que yo ayude también. – insistió él.

- Muy bien, si ese es el caso, ¿qué tal si vas a pagar el resto del servicio de festejo que ordenamos? – propuso Delia. – Ve por algo de dinero en la caja fuerte, debe haber suficiente para completar la cuota. Puedes quedarte el cambio.

- Está bien. – dijo con resignación. El servicio de festejo tenía que pagarse por partes, y la última tenía que ser cancelada el día anterior al evento para el que fue ordenado. Ash fue a sacar el dinero de la caja fuerte y salió del restaurante. El lugar estaba al otro lado del pueblo, pero volvería lo más rápido posible para ayudar a su mamá con las decoraciones.

Mientras Delia veía a Ash saliendo del restaurante, su mente comenzó a vagar por sus recuerdos. Aunque la mayoría de ellos eran felices, las circunstancias de la concepción de Ash fueron… inusuales, por no decir más.

Su vida dio uno de los vuelcos más irónicos a raíz de aquella sola fatídica noche. Delia tenía muchos sueños en vida, ser una gran entrenadora Pokémon y modelo, entre otras cosas. Lo único que no quería hacer en aquel entonces era seguir los deseos de sus padres: heredar el restaurante y continuar el negocio familiar. Y aquí estaba, manteniéndolo a flote por casi quince años, pero con gran éxito, quizás incluso más que cuando ellos lo dirigían.

No que tuviera muchas opciones: al enterarse de su embarazo su padre no estuvo nada contento, de hecho tuvo un enorme arranque de rabia, aunque ella no sabía si era dirigida hacia ella, o a… ese hombre (siempre lo llamaba así estando en privado; en lo que a ella concernía, no se merecía llamarse "padre de Ash"). Afortunadamente, su madre se mostró más comprensiva, e hizo su mejor esfuerzo para ayudarla a atravesar esa situación. Su padre siempre había sido un hombre muy temperamental, y Delia se preguntaba si eso habría contribuido de alguna manera a ese infarto que sufrió poco antes que Ash naciera. No que antes se llevaran demasiado bien, de todos modos. Su madre vivió lo suficiente para ver el nacimiento de su nieto, pero ella también falleció un par de años después. Por suerte, para entonces Delia había logrado agarrarle el hilo a manejar el negocio familiar por sí sola, e incluso mientras seguía dolida por la muerte de su madre, sabía que tenía que ser fuerte por el bien de Ash.

Criar ella sola a su hijo no fue sencillo, pero bien que valió tremendamente la pena. Aunque su propia madre solo estuvo para ayudarla por un par de años, sus enseñanzas le sirvieron como guía incluso después de quedarse sola. Hubo un tiempo en que Delia tuvo miedo de convertirse en una mujer amargada por haber tenido que abandonar sus sueños de toda la vida. Pero después de que Ash nació, todo cambió. Verlo crecer, tan sano, tan alegre, tan lleno de energía, eso le trajo a Delia más felicidad de la que podría haber deseado. Antes de darse cuenta, Ash se había convertido en el centro de su vida, y con el tiempo vio que no había perdido sus sueños. Solo los había cambiado por algo diferente, y quizás tal vez mejor. Haber sido madre soltera no le afectó para nada; tener a un hijo tan dulce y bueno como él la hacía sentirse más que satisfecha con su vida.

En la escuela primaria, Ash era capaz de hacerse amigo de casi todos los niños de su edad en poco tiempo. A todos parecía gustarles mucho su disposición alegre y enérgica. Académicamente hablando, aunque nunca fue el primero de su clase (fuera de algunos deportes o de actividades relacionadas con Pokémon), sus calificaciones eran buenas, y en su mayor parte, no era de los que buscaban problemas. De hecho, la única vez que a Delia la llamaron a la escuela por alguna queja del comportamiento de Ash, no tardó en enterarse que lo que sucedió fue que Ash se había agarrado a pelear con otro niño que se estaba metiendo con una niña más pequeña. Ash solo estaba tratando de defenderla, sin importar que ese abusón era más grande y fuerte que él, y aunque no se fue limpio, no se arrepentía de sus acciones. Como cualquier madre preocupada, Delia le dijo que no quería que volviera a agarrarse a pelear con nadie, y que si algo así volviera a pasar, no tenía por qué avergonzarse de pedir ayuda a un adulto. Con todo, se sintió muy orgullosa de que su hijo estuviera dispuesto a defender a sus amigos a tan temprana edad.

Ese incidente sí trajo consigo un lado positivo, sin embargo. No pasó mucho para que aquella niñita se enamorara de Ash, y muchas otras se impresionaron que se enfrentara sin miedo a ese abusón él solo. Así que no era sorpresa que esto, aunado a su naturaleza amable y amistosa, atrajera a unas cuantas niñas de su edad una vez que llegaban a conocerlo mejor, y el hecho de que al ir creciendo se iba poniendo más guapo tampoco hacía daño. Aun así, Ash no parecía particularmente receptivo a esta atracción que inspiraba en ellas. Delia no tenía prisa de que le diera nietos ni nada de eso, pero a una parte de ella le gustaría ver a su hijo en una relación con alguna chica dulce y bonita.

Apenas podía creer que ya hubiera pasado toda una década y media. Parecía que había sido apenas ayer cuando lo sostuvo por primera vez en sus brazos, cuando era tan pequeño, tan vulnerable. Su bebé se estaba convirtiendo en todo un hombre: a los catorce ya era casi de la misma estatura que ella, y durante el último verano había ganado uno cuantos centímetros más. Apenas un día le faltaba para ser de edad legal y comenzar su sueño de toda la vida de ser entrenador Pokémon, y eventualmente convertirse en un Maestro Pokémon.

De cierta manera, los sueños de Ash ahora eran suyos. Lo había cuidado durante toda su vida, pero pronto llegaría el momento en que tendría que caminar el sendero por sí solo. Ya no era un niño, y esta era una etapa por la que tenía que pasar para convertirse en adulto. Y ella quería estar allí para él, apoyarlo tanto como fuese posible, estar a su lado cuando alcanzara sus metas en vida, cualquiera que fuese el camino que eligiera.

- ¡Mime, mime! – la llamó Mimey desde la cocina, trayéndola de vuelta a la tierra desde sus pensamientos.

- ¿Necesitas ayuda? Muy bien, ya voy.

Suficiente de recuerdos por ahora. Había mucho trabajo por hacer.


22 de Mayo, en la mañana…

Como la fiesta no empezaría sino hasta la tarde, y con las preparaciones terminadas, Delia le dijo a Ash que era libre de irse a dar un paseo por el pueblo y hacer lo que quisiera, mientras ella arreglaba algunos "detalles de último minuto".

El aspirante a entrenador decidió irse a un lugar de pesca popular para matar el tiempo. Después de rentar una caña, se sentó al borde del río a esperar a que algo mordiera el anzuelo. Después de pasar un par de horas en aquel sitio, dejando que sus pensamientos divagaran un poco, lo único que atrapó fue una Pokébola; una bastante vieja. La bisagra estaba rota y oxidada, así que probablemente habría estado en el agua durante años. Definitivamente no era funcional, así que no era que pudiera quedarse con ella para utilizarla. De nuevo, hasta ahora nunca había tenido una Pokébola propia, así que tampoco haría daño guardarla por valor sentimental, y en caso de no atrapar nada. Y eso fue exactamente lo que pasó, los peces no parecían de humor para picar hoy. Media hora después regresó la caña y decidió dar otra caminata por el pueblo.

Pueblo Paleta a veces se sentía demasiado pacífico y tranquilo cuando Ash no tenía a su amigo y rival de la infancia para que pudieran molestarse uno al otro. Los dos nietos de Oak habían estado fuera durante dos meses, luego de que Daisy ganó el Gran Festival de Kanto, y arrastró a Gary a irse en unas pequeñas vacaciones para celebrar cumplir sus quince años. Él no pudo rehusarse: luego de que sus padres murieron, si el Profesor Oak fue quien llenó el vacío de la figura paterna, Daisy hizo lo mismo con la materna. Ash recordaba que ella fue su niñera en unas cuantas ocasiones mientras estaba en escuela primaria, y él estaba algo enamorado de ella (ella era muy popular entre los chicos del pueblo). Así era, hasta que Gary un día le dijo: "Ni siquiera lo pienses". Con el tiempo, él maduró y superó ese enamoramiento, y llegó a verla más como su propia hermana mayor (no que a Gary no le molestara eso también). Ash a veces se preguntaba si el Profesor Oak no se sentiría solo cuando ellos no estaban por ahí; después de todo eran la única familia cercana que tenían entre ellos. De nuevo, a Gary lo habían enviado a una escuela de internado en Viridian por algunos años para mejorar su educación a petición del mismo Oak, así que tal vez estaría ya acostumbrado a ello.

Los nietos de Oak podrían haber aprovechado la fama de su abuelo para subir escalones, pero al final eligieron forjarse sus propios caminos. Daisy se había hecho un nombre como una de las mejores coordinadoras Pokémon que Kanto jamás había visto, y Gary tenía la intención de convertirse en un entrenador muy fuerte por su propio esfuerzo una vez que consiguiera u licencia. Él y Ash todavía seguían esperando los resultados del examen que hicieron el año pasado durante el campamento de verano, pero si su estimación era correcta, deberían estar recibiendo los resultados muy pronto.

- ¡Hey, Ash! – Y hablando de eso, para cuando Ash iba pasando frente a la entrada del laboratorio, el propio Oak venía pasando, con una carpeta llena de documentos.

- Profesor, buenos días. – lo saludó.

- Muy buenos días, y feliz cumpleaños, por cierto. – replicó Oak. – El tiempo sí que vuela, ¿no lo crees? Parece increíble que ya estés cumpliendo tus quince. Pronto podrás tener tu propia licencia de entrenador.

- Sí. Hablando de eso, ¿ya tiene los resultados del examen del campamento de verano? – Ash no pudo evitar preguntarle. Ya llevaba un año entero esperando, así que para estas alturas ya tendrían que estar listos. Oak simplemente sonrió de lado y se rascó detrás de la nuca.

- Pronto lo averiguarás. – dijo el científico. – Relájate, tengo fe en ti, muchacho. Mientras tanto, necesito arreglar este papeleo para una reunión de la O.T.E.A. que se aproxima, pero no te preocupes. Me aseguraré de asistir a tu fiesta, quizás solo llegue un par de horas más tarde.

- No se apure, Profesor. – le aseguró Ash. – Le guardaremos un buen pedazo del pastel. Es lo menos que podemos hacer por todo lo que ha hecho por nosotros.

- Je, si ese es el caso, ¿te importa si me llevo un pedazo extra para Gary y Daisy? – dijo el científico sonriendo. – Me llamó la semana pasada, dijo que vendrían pronto. Quién sabe, tal vez también te traigan regalos.

Ash tuvo que contenerse una carcajada. ¿Daisy trayéndole un regalo? Posible, aunque considerando lo ocupada que había estado, no le guardaría rencor si no fuera así. Gary, por otra parte… él no era el tipo que haría cosas como esas, a menos que su abuelo y hermana lo obligaran, aunque fuera solo por cortesía.

- Muy bien, mejor me voy. ¡Nos vemos en el restaurante! – Y con esto, Oak rápidamente entró a su laboratorio, y Ash siguió su camino.

La brisa veraniega se sentía realmente agradable aquel día. Si no fuera por todo el trabajo que él, Delia y Mimey habían hecho para decorar el restaurante, a Ash no le molestaría celebrar su cumpleaños afuera. A él le gustaba estar al aire libre, le encantaba caminar por el pueblo, y una de las razones por las cuales quería irse en un viaje Pokémon era para ver muchos lugares. Libertad, aventura, esas eran las cosas que él quería. A esta hora su madre seguro ya habría terminado lo que estaba haciendo, así que tal vez debería volver al restaurante y esperar a que comenzara la fiesta. No le quedaba nada más excepto relajarse un poco…

¡POP! ¡POP! ¡POP!

- ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, ASH!

Apenas puso un pie en el restaurante, fue recibido por sonidos de petardos, confeti y serpentinas cayéndole encima, y la gente gritando y aplaudiendo a su alrededor. En un pueblo tan pequeño todos se conocían las caras, y considerando que él y Delia eran amigos de no menos de la mitad del pueblo, el restaurante tendría casa llena aquel día. En medio de todos, su madre lo recibió con su más radiante sonrisa.

- ¡Feliz cumpleaños número 15, Ash! – le dijo mientras le ponía un sombrero de fiesta con forma de corona de rey con el número 15 grabado. – ¡Vamos, no perdamos el tiempo! ¡Que empiece la fiesta!

Mientras todo mundo le daba palmadas y lo felicitaba, Delia lo arrastró a un pequeño escenario improvisado en el centro. Usualmente no tenían karaoke en el restaurante, pero cuando había eventos de fiestas solían rentarlo. Delia además era una muy buena cantante, así que no era de extrañarse que a menudo agarrara el micrófono para interpretar una o dos canciones. Y esta vez no sería la excepción.

- ¡Mimey, que ruede la música! ¡La celebración comienza ya!

- ¡Mime, mime!

*CLICK!* Y con eso, echó a correr la música, empezando oficialmente la fiesta.

- Magia parece, es de verdad. Me conduce, a recurrir a tu lealtad. – empezó a cantar Delia. Inmediatamente, una chica se le unió con su propio micrófono.

- Tú estás aquí, no te has de alejar. Pues he encontrado en ti, verdad y amistad.

- ¡Vamos, cumpleañero, baila conmigo! – Otra chica agarró a Ash por detrás y rápidamente lo jaló a la pista de baile. Ash no era exactamente un gran bailarín, pero estaba dispuesto a intentarlo, aunque fuera solo por complacer a los invitados…

- ¡Hey, no es justo! ¡Yo también quiero bailar con él! – Y si no fuera suficiente, otra chica más apareció para agarrarlo del otro brazo.

- Espera tu turno, yo lo agarré primero. – Las dos chicas empezaron a mirarse con ojos asesinos, y Ash casi pudo jurar que estaba viendo chispas volando de sus ojos. Trató de llamar a Delia por ayuda, pero ella o estaba disfrutando demasiado su canción para ponerle atención, o no le importó.

Aunque lo usaron para jugar a tirar de la cuerda por un rato, Ash logró escabullírseles usando su excusa (que no era falsa) de que le dio uno de sus frecuentes arranques de hambre para irse a la mesa de los bocadillos por un rato. Siempre funcionaba, y así podía fácilmente caminar por el restaurante saludando a los invitados y aceptando los regalos que le trajeron.

Después de un par de horas, cuando esas dos chicas empezaron a perseguirlo de nuevo, Delia decidió organizar un pequeño juego de sillas musicales para mantenerlas ocupadas, aunque a Ash no le hizo gracia cuando su madre anunció que si una de ellas ganaba, podría bailar con Ash la próxima canción. Con toda certeza, aunque el juego le dio un pequeño respiro, después le tocó bailar con la ganadora, y su madre tuvo que elegir una canción MUY larga.

El Profesor Oak llegó como había prometido, y tuvo un cálido recibimiento a pesar de llegar un poco tarde. De hecho, el buen científico había preparado uno de sus poemas para Ash, en su forma de felicitarlo. Un poco… extraño, pero esa era una de las pocas excentricidades que tenía Oak, y apreciaba la intención.

A la mitad, Delia decidió que era tiempo de abrir los regalos. Más de la mitad de los invitados habían traído cajas de tamaños variados. Algunos habían elegido las soluciones más simples, como comprarle artículos de ropa. Otros le trajeron libros, y aunque Ash no era muy aficionado a la lectura, muchos de estos tenían temas que probablemente encontraría interesante: "La Guía del Entrenador para lo Básico", "Cómo Sobrevivir en lo Salvaje para Dummies", y "Para ser el Mejor, Mejor que Nadie Más". La propia Delia no se quedó fuera: le había conseguido una gorra de la Expo de la Liga Pokémon, aunque esta tenía un logo más moderno en lugar del clásico. Ash se la puso de inmediato (una buena excusa para quitarse la corona), y una vez que abrió el último paquete, estaba listo para volver a la fiesta, cuando Delia lo sujetó del hombro.

- Espera un minuto. Resulta que todavía hay un regalo más, Ash. – Delia sacó otra pequeña caja del bolsillo de su falda. – Directo desde Pueblo Vaniville, Kalos.

- ¿Es de Serena? – Ash sonrió. No podía creerlo, su amiga kalosiana también le había enviado un regalo.

Delia deliberadamente guardó este para el final. Un par de semanas antes, recibió el paquete con una nota dirigida específicamente a ella, diciéndole lo que era y donde le pedía que lo mantuviera en secreto hasta el día para darle una sorpresa. Si bien Ash nunca se había puesto muy cercano con las chicas del pueblo, Delia tenía el presentimiento de que su amiga kalosiana podría ser la que lo sacara de ese encerramiento. Los dos se habían vuelto bastante cercanos en el campamento del Profesor Oak, y habían permanecido en contacto por correo tradicional durante todo un año. Ash siempre se ponía muy feliz de recibir una carta de ella, y no era para menos; esa chica era toda una dulzura. No muchos se tomarían el tiempo para enviarle a un amigo un regalo de cumpleaños a través del océano. Esperaba con ansias el día que ella y Ash se volvieran a ver.

- ¡Que lo abra, que lo abra! – Todo mundo empezó a aplaudir.

Ash le quitó el lazo a la caja para abrirla. El regalo era sencillo: una bufanda tejida a mano, aunque tenía un diseño bastante llamativo: era negra con rayos azules, y su nombre escrito en el borde. La nota en la tarjeta decía: "Feliz cumpleaños número 15, Ash. Si te topas con algún clima frío en tus viajes, espero que esto pueda darte algo de calor. Tu amiga, Serena."

- Vaya, ¿no es un lindo detalle? – sonrió Delia mientras agarraba la bufanda de las manos de Ash. – Veamos qué tal te queda.

- ¡Mamá, puedo ponérmela yo mismo! – protestó Ash, pero Delia ya se la estaba enrollando en el cuello.

- Oh, no seas un aguafiestas. Compláceme solo esta vez, ¿sí? – dijo mientras terminaba. – Muy bien, definitivamente te queda. Asegúrate de darle las gracias por esto.

El cumpleañero exhaló un suspiro; Delia no podía resistirse a tratarlo como niño solo para avergonzarlo en público, ¿verdad? Todo mundo por supuesto se quedó viéndolo divertido, y hasta el propio Ash también se rio después de un rato. El regalo de Serena era algo lindo solo porque vino de parte suya, y definitivamente le vendría útil para su viaje cuando tuviera que pasar por algún área fría.

- Muy bien todos, creo que ahora es un buen momento. ¿Mimey, si eres tan amable?

- ¡Mime! – Sin perder ni un segundo, Mimey se apresuró a ir a la cocina para traer lo que todos (especialmente Ash) estaban esperando.

Delia podría haberlo incluido en el servicio de festejos, pero considerando que Ash siempre disfrutaba más de la comida de ella que la de cualquier otro, decidió que haría el pastel ella misma. Y no era cualquier pastel: lo hizo de tres plantas, para que Ash pudiese comerse una completa él solo, y la decoró con glaseado rojo y blanco con líneas de chocolate negro para darle el diseño de una Pokébola. Los bordes estaban decorados de varias Pokébolas más pequeñas, alternando con Super y Ultra Bolas. En la parte superior había tres pequeñas figuritas de Bulbasaur, Charmander y Squirtle hechas de caramelo. Mucho tiempo y esfuerzo, pero ver la sonrisa de Ash al echarle una mirada definitivamente hizo que valiera la pena. Lo único que le faltaba era encender las quince velitas.

- Muy bien, Ash, pide tu deseo. – dijo Delia, asumiendo postura de directora de orquesta. – ¡Todos, canten conmigo!

- ¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños, querido Ash! ¡Feliz cumpleaños a ti!

En cuanto terminaron de corear la canción, Ash sopló las velas, sin dejar ninguna de ellas encendida. Todos comenzaron a aplaudir y a gritar de alegría, mientras Delia le entregaba el cuchillo y el servidor para cortar la primera rebanada. Por supuesto agarró una bastante grande, revelando el bizcocho de chocolate debajo, y le echó una mordida tan grande como le permitía su boca.

- ¿Y bien, qué tal está? – preguntó Delia, aunque ya sabía la respuesta.

- Delicioso, mamá. Muchísimas gracias. – Ash le dio un fuerte abrazo a su mamá, todavía con el trozo de pastel en la mano. Todo mundo se puso "Aww…" al ver la muestra de amor entre madre e hijo, pero claro, alguien tenía que echar a perder el momento exigiendo que le dieran su pedazo, haciendo que todos rompieran en risas.

El pastel había sido servido y los regalos abiertos, pero eso no quería decir que la fiesta había terminado. Todavía quedaba mucha diversión por el resto del día.


Al anochecer…

Ya que Ash todavía no tenía suficiente edad para andarse toda la noche de fiesta, la celebración terminó a eso de las 8:00 pm, y fue entonces que todos se marcharon a sus casas. A pesar de todo, él se sentía con ganas de salir a dar una última caminata antes de irse a dormir. Delia accedió, pero le advirtió que no se quedara demasiado tiempo afuera y que volviera en menos de una hora.

Ya para entonces casi todo mundo se había ido de vuelta a sus hogares, y había pocos lugares de negocios que se quedaban abiertos después de que el sol se había puesto. Incluso el laboratorio de Oak había apagado sus luces. Pero eso estaba bien: había ocasiones en las cuales solo necesitaba algo de tiempo para él. Encontrar un lugar tranquilo donde estar a solas con sus pensamientos, relajarse, y pensar sobre su futuro. Quizás el mejor lugar era hacerlo junto al río, mirando las estrellas por un rato antes de volver a casa.

Le sorprendió ver una figura familiar de pie en ese mismo lugar. Estaba de espaldas, pero Ash reconocería ese cabello donde fuera. Así que había vuelto de sus pequeñas vacaciones. Ash se sintió tentado a tomarlo por sorpresa, pero luego pensó, si esta fecha era un hito de su crecimiento, tal vez debería empezar a actuar con más madurez desde ya.

- Ya volviste. – le dijo, lo bastante fuerte para que lo oyera. La figura de pie junto al río se dio la vuelta, sin asustarse en lo más mínimo. Parecía más que lo estaba esperando.

- ¿Cómo te está yendo, Ashy-boy?

- Sabes que odio que me llames así. – Ash frunció el cejo ligeramente. No le parecía gracioso ese apodo. Gary solo se encogió de hombros, echándole una mirada al cuello de Ash.

- ¿Y esa bufanda? Hoy no está haciendo frío, ¿o sí?

- Un regalo de Serena. – replicó Ash. – Me parece justo usarla al menos por hoy.

- ¿En serio? Wow, debes gustarle mucho para que te mande un regalo desde tan lejos. – dijo Gary. Ash simplemente ignoró el comentario y rápidamente cambió el tema.

- ¿Dónde está Daisy, por cierto?

- Ya se fue, solo vino para dejarme aquí. – respondió Gary. – Aunque me pidió que te deseara un feliz cumpleaños, no me sentí con ganas de pasarme sin un regalo. Lástima, creo que me perdí el pastel.

- El Profesor Oak te guardó un pedazo, por si las dudas. – Ash se acercó más al borde del río.

- ¿En serio? – Gary parecía sorprendido de eso. – ¿Y cómo fue que no te lo comiste todo tú solo?

Ash rodó los ojos. Gary simplemente tenía que buscarle cualquier excusa para molestarlo. No le dejaría nunca olvidar la vez que ganó aquel concurso de Todo-Lo-Que-Puedas-Comer que terminó dejando en la ruina a uno de los rivales de Pallet House, solo porque rompió el récord de comerse cincuenta porciones en menos de una hora. Desde entonces, Gary no perdía la oportunidad de señalar que nadie en Pueblo Paleta podía comer más que Ash, sin lugar a dudas, aunque eso fuera solo porque él también participó, pero se desmayó al terminarse diecinueve platos. Cómo era que Ash podía comer tanto y no tener sobrepeso seguía siendo un misterio.

- ¿Y… cómo estuvieron tus vacaciones? – preguntó Ash, cambiando de tema.

- No estuvieron mal, supongo. – replicó Gary. – Aunque podría haber sido mejor sin tantos fanáticos persiguiendo a mi hermana a donde quiera que íbamos.

- ¿Y no los espantaste? – preguntó Ash. A pesar de ser el menor, y que ella lo había criado en parte desde que sus padres murieron, en algunas áreas Gary seguía siendo muy sobreprotector con su hermana.

- Nah. Ella puede cuidarse sola, ya lo sabes. Como sea… – Gary volvió a mirar al cielo estrellado. – Hoy ya tú también eres de edad legal para ser entrenador.

- Sí. No estamos muy lejos de conseguir nuestras licencias. – dijo Ash. Gary se volvió hacia él con una sonrisa.

- El abuelo podría molestarse si te digo esto, pero le eché un ojo a sus archivos mientras estuvo fuera. Resulta que los únicos que sacamos más del 90% en el examen del campamento fuimos nosotros dos.

- ¿En serio? – Ash se sorprendió con eso.

- Aunque hubo una puntuación promedio de 80%. Parece que casi todos lo hicieron bien en el campamento. Bueno, excepto tu amiga kalosiana, y ese tramposo, claro.

Gary parecía muy molesto al recordar a aquel chico albino. Al principio parecía agradable, si tal vez demasiado competitivo (hasta para los estándares de Gary) cuando estaban trabajando juntos, pero cuando hizo trampa en el examen final… se arrepentía de haberlo aceptado como compañero en aquel ejercicio. ¿Quién le decía que no había hecho trampa durante ese también? Quizás no era mentira que su Munchlax se había comido las bayas de esos gemelos.

- El abuelo nos dará los resultados en una semana más o menos, así que trata al menos de fingir un poco estar sorprendido, ¿de acuerdo? No vayas a decirle que te dije esto.

- Claro. – replicó Ash, poniéndose pensativo. – Gary… tal vez sí haya un regalo que puedas darme antes que el día se acabe.

- ¿Eh? – Gary arqueó una ceja mientras Ash registraba sus bolsillos y sacaba algo. – ¿Eso es… una Pokébola?

- La pesqué esta mañana. Está oxidada, y ya no sirve, pero… creo que puedo hacer algo diferente con ella. – Ash la partió por la mitad, dándole la parte roja a Gary. – Toma.

- Whoah, espera, ¿no se supone que soy yo el que te dará algo, y no al revés? – Gary seguía confundido. Y además, ¿qué podía hacer con media Pokébola?

- Sí. – asintió Ash. – Sí me vas a regalar algo. Una promesa.

- ¿Promesa?

- Desde hace años, siempre he sentido que en algunas cosas… en MUCHAS cosas, en realidad, siempre has estado uno o siete pasos por delante de mí. – Ash no pudo ocultar del todo el deje de amargura en la última parte. – Pero desde ahora, eso va a cambiar. Me volveré más fuerte, y te alcanzaré. Cuando llegue el día, nos enfrentaremos como iguales, y veremos quién de nosotros es el más fuerte.

Gary entonces entendió, y no pudo evitar sonreír. Así que se la estaba dando como un recordatorio. Un recordatorio de esa eventual confrontación, cuando estuvieran cara a cara, como iguales. Claro, Gary sabía que estaba adelante ahora, pero también sabía que Ash tenía el potencial de alcanzarlo e incluso superarlo si no tenía cuidado. No podía dormirse en sus laureles.

- Entonces… si tú ganas te la devuelvo, y si yo gano me das tu otra mitad, ¿de eso se trata? No está mal, puedo usarlo para motivarme un poco. – Gary agarró la mitad roja y se quedó viéndola por un rato. De pronto no parecía ser simplemente media Pokébola oxidada. – Muy bien, te daré ese regalo que me pides. Pero que quede claro, no creas que me dejaré vencer.

- Tampoco yo. – Ash cerró su puño con determinación.

Sintiendo que era apropiado, los dos chocaron sus puños, mirándose fijamente a los ojos por un rato y sin decir ni una palabra más. No las necesitaban; la promesa ya estaba hecha, y con ella, tendrían una fuente para motivarse con los desafíos que tuvieran adelante en su futuro.

- Más vale que vuelva a casa. El abuelo debe estar preocupado. – dijo Gary mirando la hora en su reloj.

- Mamá también me está esperando. – dijo Ash estando de acuerdo. – Gracias por la charla.

- Para variar, gracias a ti. – Gary sonrió otra vez. – Me ayudó a… poner las cosas en perspectiva, supongo. Bueno, buenas noches, nos vemos luego.

- Buenas noches.

Los dos muchachos se fueron cada uno por su lado hacia sus hogares. No fue una charla muy larga, pero definitivamente les ayudó. A aclarar sus mentes, y como dijo Gary, a poner las cosas en perspectiva. Ahora tenían algo qué esperar. Ash miró por encima de su hombro para echarle una mirada a Gary. Por ahora él estaba por debajo, pero un día, eso iba a cambiar. Algún día lo enfrentaría cara a cara, como igual, y lo superaría.

Hasta entonces, trabajaría duro y esperaría su momento. Hoy había comenzado una nueva etapa de su vida. Lo que fuera que el futuro tuviera reservado para él, lo enfrentaría con valor y determinación.

FIN.


Notas del autor:

Y aquí lo tienen. Este ya lo tenía preparado desde hacía rato. Nada demasiado especial, y aparte de agregar alguno detallitos menores sobre las vidas de Ash, Delia, el Profesor Oak y Gary, no es una contribución demasiado grande para el Resetverso. Solo me sentí con ganas de hacer algo para postear el día del cumpleaños de Ash (según Bulbapedia al menos). Por cierto, esta no es mi primera historia que hago con este tipo de celebración, hace años escribí otra, pero en ese entonces todavía no sabía la fecha "oficial". Quién sabe, ¿tal vez podría intentar esto en años futuros? Para marcadores de tiempo, este oneshot tiene lugar aproximadamente unas seis o siete semanas antes de que Ash comience su nuevo viaje, así que eso determina que Ash inicia a finales de Junio o principios de Julio de ese año.

Con esto también establecemos que Daisy Oak existe en Resetverso. Para ser honesto, no estaba seguro si debería utilizarla o mencionarla por nombre, pero al final decidí que sí. Para que conste, lo de que Ash estaba un poco enamorado de ella cuando era pequeño, está basado en el manga de Electric Tale of Pikachu. Lo admito, no es mi fuente favorita (salvo quizá por el fanservice, me cuesta olvidar aquel traje de baño de Misty), pero tenía algunos detallitos que valían la pena usar. En cuando a la edad de Daisy, estoy dispuesto a asumir que tendrá unos 24-25 años alrededor del inicio de la historia principal, y que sus padres deben haber muerto cuando Gary tenía alrededor de siete años. Quizá se haya tomado algunos descansos de sus metas para ayudar a su abuelo a criar a Gary, y sería la niñera de Ash por ese mismo tiempo, pero no profundizaré más en eso. Si alguien más quiere escribir de ella, siéntase libre de hacerlo. Por último, lo del "logo moderno" en la gorra, me estoy refiriendo al que se le ve en la nueva película por el 20 aniversario del anime (nada contra el clásico, pero el nuevo me gusta más).

Y bien, con eso me despido por ahora. Gracias por los reviews a dragon titanico y BRANDON369. Hasta la próxima, nos vemos.