PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXXV

"Redención"

Los poderes dorados estallaron en el cielo, provocando una estela de luces que parecía de ensueño. Golpes y más golpes... La pelea era demasiado pareja, tanto que lograba provocar miedo en los presentes. Los saiyans presenciaron el espectáculo sumidos en la más inmensa sorpresa, pues jamás se habían esperado que, al despertar aquel día, se encontrarían con la batalla más desgarradora de la historia de su raza.

Esto, sin lugar a dudas, era histórico.

Vegeta y Broly, uno contra el otro. El Rey y el Guerrero Legendario, los dos saiyans más importantes del universo. Jamás había sucedido algo así ya que a Broly nadie le hacía frente. El antes muchacho y ahora maduro peleador era un ser sumamente particular, de difícil alcance y de enorme complejidad. Era distinto...

Estaba totalmente loco.

Tanto poder, quizá, era el causante de aquella locura que portaba con orgullo.

Tark, sin siquiera poder parpadear debido a lo que sus ojos presenciaban, recordó a Broly, a quién y qué era para los saiyans:

Desde niño había sido el mejor, ese título nadie se lo había podido quitar. Con un poder de pelea que rompía todo scouter que tuviera cerca, era el más cruel de todos. Destrozaba a sus enemigos y destrozaba sus cadáveres, envuelto en un velo de nula sanidad mental que, con el tiempo, se volvería su emblema.

Broly estaba loco y, al juzgar por lo que el Líder de Clase Media podía atisbar entre luces y poder, aún lo estaba. Era un hombre difícil de manejar, con el cual era imposible razonar. Mucho se había esforzado Paragus, su padre, en criar a su hijo como correspondía, mas le era imposible controlarlo. Su madre había muerto durante el parto y a él se le había asignado la difícil empresa de criar al saiyan más fuerte, cosa que jamás pudo llevar a término.

Al ver la inutilidad de Paragus para manejarlo, el mismísimo Rey Vegeta, padre de quien ahora peleaba con el Guerrero Legendario, tomó bajo su tutela al problemático joven, no sin antes matar sanguinariamente a su verdadero padre, hecho que sólo unos pocos afortunados conocían. Así, Paragus se fue del mundo sin honores y siendo recordado únicamente por haber ayudado a engendrar a ese monstruo. Murió siendo un miserable a los ojos de la sociedad, un guerrero sin grandes hazañas y con muchos errores a cuestas.

Por supuesto que el Rey Vegeta poco interés sentía en tener otro hijo. El asunto no poseía cariño ni nada que se le pareciera: estaba iluminado únicamente por interés. No era fácil para el Rey saber que había un mocoso muchísimo más fuerte que él, pero se dijo que era mejor tenerlo de su parte que en su contra, razón por la que no dudó en utilizarlo y controlarlo con el único fin de abusar de su poder. Prueba de esto era la batalla con Freezer: quien lo había matado, a él y su familia, no era otro que el Guerrero Legendario, mano derecha del Rey. La situación era por demás provechosa para el monarca de Vegetasei, pues teniendo a ese niño de su parte no sólo se aseguraba perpetuarse en el poder gracias al control que ejercía sobre el muchacho, quien jamás intentaría derrocarlo de esta forma, sino que además mantenía su poder intacto, respetado por todos, gracias a ser quien domaba a la bestia.

Aunque, se dijo Tark, cierto era que Broly no sentía ningún interés por el Collar Real; lo único que le importaba era destruir.

Una vez custodiado por el Rey, Broly siguió incontrolable, matando gente, ¡incluso saiyans! No podía parar de matar... Era más adicto a la sangre y los puños que cualquier saiyan que existiera: era un indomable de poder infinito. No mostraba interés por nada que no fuera matar y pelear hasta el cansancio. Más de una vez, el anterior Rey le había entregado mujeres para su divertimiento, a las cuales terminaba aniquilando cruelmente, dejando en el lecho escenas espeluznantes que provocaban ahorcadas en cualquiera.

Cuando nadie recordaba al padre de la criatura fue cuando el Rey pudo domar a la fiera; lo hizo mediante un entrenamiento exhaustivo y luego de años de paciencia y esfuerzo. Broly, entonces, era capaz de razonar, siempre y cuando no se cruzara con Kakarotto, hijo de Bardock, quien ya había vuelto a Vegetasei después de ocho años en la Tierra. Una vez, Broly casi había logrado matarlo, asunto que obligó a Bardock a no acercar a Kakarotto a donde Broly estuviera. En aquella ocasión, el mismo Tark había ayudado a salvar al joven guerrero de Clase Baja.

Era extraño... No estaba claro el motivo, pues la única conexión entre Kakarotto y Broly era haber nacido el mismo día. Nunca se supo el porqué, pero estaba clarísimo que en cuanto veía a Kakarotto, Broly sacaba el poder más grande que tenía y ya nada ni nadie podía hacerlo entrar en razón. No siempre era tan así, pero la vez del casi asesinato, Kakarotto, casualmente, estaba llorando...

La transformación a la que llegaba en momentos específicos de locura era a una muy particular: su cabello dejaba de ser dorado y empezaba a ser verdoso. Sus músculos se ensanchaban asquerosamente y sus pupilas desaparecían del universo. La imagen de ese guerrero sin raciocinio intimidaba a cualquiera. Dos veces se lo había visto así: la primera contra Freezer y la segunda frente al pequeño Kakarotto, quien había sido pillado justo antes de escaparse de Vegetasei en la Central Espacial, donde tuvo la desgraciada de cruzarse al Guerrero Legendario. Fue una suerte que su enfado y su sed de sangre no le hubieran hecho perder completamente la razón. Si así hubiera sido, ni Tark ni quienes los separaron hubieran vivido para recordarlo ni Vegetasei hubiera aguantado hasta ese día.

Sí: Tark le temía a aquella transformación.

Las décadas pasaron y el Rey domó completamente a Broly. Él, la parte pensante del guerrero, sabía que si llegaba al estado verdoso y gigante, su capacidad de pensar apropiadamente se iba con el viento, por lo cual debió aprender a controlarse apropiadamente. No era sencillo debido a que el estado supremo que su condición le permitía obtener era más fuerte que su razón y voluntad: el Guerrero Legendario era más fuerte que Broly en sí mismo.

Gracias a un arduo entrenamiento, pasó mucho tiempo sin tener arranques de locura que pudieran derivar en esa transformación, conocida popularmente como el Gigante sin pupilas; incluso, logró estar frente a Kakarotto varias veces y salir airoso. El Rey quería entregarle a ese Clase Baja, pero Bardock era demasiado respetado por su clase y al padre de Vegeta no le convenía ponerse en contra a gran parte de la población.

Así pasaron los años, las décadas... Broly cada vez estaba más harto, más aburrido de ser la mano derecha del Rey y tan respetado por la población. Alguien de su personalidad no estaba capacitado para convivir en paz; una vida así no era para Broly.

Tark bien lo sabía... Sus sospechas llegaron a su fin el día que Broly fue dado por muerto por Vegeta, quien ahora peleaba con el poderoso combatiente. Al ver a Broly pelear con tanta pasión, el Líder de los medios comprendió que esa muerte no había sido tal —como estaba a la vista— y que si se había marchado, seguramente, era por lo que él siempre había supuesto que se apartaría de los saiyans: la sed de sangre.

Ironía del destino: que los saiyans se hubieran vuelto tan civilizados y que hubieran abandonado tanto su entrenamiento estaba costándoles la vida. El Príncipe Trunks, con sus dichos, había despertado a la sociedad justo para ver cómo se la borraba del universo en tan sólo un instante. ¡Si Vegeta no ganaba, estaban perdidos! Haber entendido los errores demasiado tarde era la sentencia de muerte para la raza más poderosa de la historia. Tan negados a la verdad... Típico de ellos; saberlo le daba asco al afamado científico.

Con el cuerpo plagado de cicatrices y la ropa sucia y rota, estaba claro que Broly sólo se había dedicado a pelear, matar y disfrutar de los placeres que le exigiera su instinto. Caso contrario al resto de los saiyans, cuyos errores habían sido, ahora lo sabían, demasiado grandes.

Se acercó a Trunks, quien, al parecer, miraba la pelea bajo su casco con el mismo gesto estupefacto de todos los demás saiyans. Tocó su hombro, cosa que sobresaltó al muchacho, quien volteó inmediatamente hacia él, al igual que Mitis, Pan y ancianos de Clase Alta que rodeaban a Trunks.

—Será prudente no meterse —musitó para todos los que lo observaban—. Creo que si alguien lo hace, morirá. Estos dos jamás se llevaron bien... Esto iba a suceder algún día.

Trunks movió la cabeza, sintiéndose confundido, y fue atendido por una ahora comprensiva Mitis:

—No tengo idea de cómo es que Broly vive, no lo sé y creo que no me importa —aseguró ella, dedicándole una mirada respetuosa al Príncipe—. Sus intenciones para con nosotros no parecen buenas al juzgar por sus duras palabras. —Giró hacia Vegeta y Broly y frunció el seño para volver con Trunks y los demás—. No tengo idea de lo que está sucediendo, pero debo admitir que es fascinante.

Necesitó sonreír tétricamente para terminar de expresar su idea. Ver una pelea de tremendas características era un honor y, estaba segura, quedaría en la historia. La pregunta era: ¿quedaría, acaso, alguien que pudiera recordarla? ¿Vegetasei sobreviviría a tremenda demostración de poder? La respuesta inexistente emocionaba y asustaba a Mitis, quien veía en sus sentimientos encontrados a la esencia misma de los saiyan.

Trunks no podía evitar, por su parte, sentirse sumamente impotente ante la situación. Su padre le había pedido que no se metiera, pero...

"¿Ganará? ¿Será capaz de vencer?".

Se metería en caso de que su padre peligrara; nadie, ni Vegeta en sí mismo, se lo impediría. Debía hacerlo por el bien de su padre, de su mujer, de su hermana y, aunque pudiera parecer extraño, lo haría por el bien de su raza paterna.

Eso sí: increíble era ver lo pareja que se desarrollaba la batalla. Ninguno de los rivales daba tregua al otro y ambos se ganaban más y más respeto en las miles de miradas expectantes. Nadie podía dejar de mirarlos, eran dos guerreros realmente admirables.

Tanto que lograban hacer vibrar a toda la población saiyan...


Salió de la casa de Tark no sin antes tomar prestada una túnica negra que encontró tirada en esa especie de sofá que tenía en su casa el científico. Esa era, seguramente, la que había usado Goten cuando los cuatro llegaron a Vegetasei hacía menos de un día. ¡En tan poco tiempo había pasado tanto! Era hermoso y asqueroso al mismo tiempo.

Se tapó la cabeza y, desesperada, empezó a correr por las extrañas calles de ese planeta desconocido no sin antes recordar a Goten, su guardián desmayado por su ataque de ira...

Por su ataque saiyan.

—Espero esté bien... —susurró mientras corría en dirección a unos ruidos extraños que se percibían.

Se detuvo en seco al prestarle atención al cielo. ¡Era rosa! ¡Su color favorito! Era irreal estar allí y odió que no fuera en otros términos, pero ya nada se podía hacer.

—¡TRUNKS...! —gritó antes de reanudar su desprolijo paso.

En el cielo, una especie de fuegos artificiales de color dorado retumbaba una y otra vez, manchando el rosa con un dejo aterrador que desconcertó y emocionó a la muchacha, sorprendida de sí misma por su maraña de sentires dispares.

No importaba cómo, tenía que proteger a su hermano. Allí, bajo el cielo rosa, con lágrimas en sus ojos y sangre ajena en la mano que había derribado cruelmente a Goten, una epifanía la envolvió.

"No puedo vivir sin él...".

¡No! Pensar en perder a Trunks no era una opción, no era NADA. ¡No podía perderlo! Si lo perdía, moriría.

Entendió, con devastadora fiereza, cuánto significaba Trunks para ella.

—Eres lo que más amo en el mundo... ¡TRUNKS! No puedo perderte... ¡No puedo perderte! —Corrió más y más rápido y pronto se sorprendió por la velocidad.

Más y más rápido, casi como en el viaje que había hecho en brazos de su hermano al llegar a Vegetasei, cuando la velocidad era necesaria para no ser vistos por las personas que poblaban el planeta.

—Eres un saiyan, no pueden dañarte... ¡NO PUEDEN! —desgarró su garganta—. ¡Eres saiyan!... ¡SOMOS SAIYANS!

Y lo aceptó: ella también lo era.

Sentir la sangre guerrera en sus venas, con dulce sinceridad, le había calado hondo en el pecho.

Era saiyan... Saberlo le daba otro sentido a su existencia, le contestaba las eternas preguntas a la tumba de su madre, le hacía sentir orgullo...

Saberlo le cambiaba la vida.

Y lucharía por su hermano, porque él era la mitad de su corazón: él era lo que más amaba.

—¡QUIEN OSE METERSE CONTIGO MORIRÁ! Te lo juro, Trunks... ¡Te lo juro!

Más estallidos en el cielo y más y más velocidad en sus pasos.

—Si algo le sucedió... ¡ME LAS VAN A PAGAR! ¡LOS VOY A MATAR!

Lo juraba por su sangre saiyan, sintiéndola en cada milímetro de su cuerpo y en cada partícula emocional de su alma.


Chocaron sus puños en medio del aire, desatados por el odio que sentían el uno por el otro y, por qué negarlo, el respeto que se tenían como guerreros.

La pelea iba demasiado pareja y ninguno parecía estar dispuesto a dar tregua pronto. Vegeta se dio cuenta de esto y no pudo evitar explotar en entusiasmo, el que hizo que le diera un puñetazo en la mejilla izquierda a Broly, puñetazo lo suficientemente fuerte como para derribar por primera vez a su rival, desequilibrando la batalla. Hubo gritos de sorpresa entre la multitud, pues más de uno esperaba una victoria de Broly. El Guerrero Legendario era tan respetado que nadie imaginaba que el Rey, por más fuerte que se mostrara con esa misteriosa transformación, pudiera ser capaz de vencer en tan cruenta batalla.

—¡INSECTO! —gritó Vegeta con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡¿Este es todo tu poder? No bromees...

Descendió en medio de la Plaza Central de Reuniones, allí donde Broly había impactado luego de su golpe. El pueblo hizo una ronda entorno a los guerreros y nadie ocultó su estupefacción producto de tanto poder en el aire. Sin hacer caso a quienes los rodeaban, Vegeta dio los pocos pasos que lo separaban del cuerpo de su enemigo, quien aún no se había levantado, y no pudo evitar la tentación de patearlo en la cabeza.

—¡Eres un inútil, Broly! Cuánto poder desperdiciado...

El Guerrero Legendario no tardó en ponerse de pie y dedicarle al Rey una mirada por demás despectiva, desorbitada por lo inesperado. Se miraron fijamente y en completo silencio, únicamente audible la respiración agitada de toda la población saiyan que llenaba el espacio. Broly rechinó los dientes sin contenerse, delirando con fuerza por causa de su enemigo.

"No es posible...".

¡Su poder era superior! No era mucha la diferencia, pero Vegeta era un poco más fuerte que él, cuestión inadmisible para el guerrero más poderoso del universo que, al fin y al cabo, no era tal cosa.

La pregunta era... ¿Por qué?

—Veo que sólo te dedicaste a matar. —Como si estuviera leyendo sus pensamientos, Vegeta se pronunció con aquellas engreídas palabras—. No entrenaste, no buscaste superarte... ¡Y, para colmo —Una carcajada llenó el espacio entre ellos—, como nadie se te compara, es probable que jamás te hayan herido! 28 años, o quizá más, sin aprovechar ese maravilloso don que te dio nuestra sangre... El Zenkai Power.

Gritos de sorpresa, y Broly rechinó aún más los dientes.

—Estupideces —masculló—. Mi poder es infinito, no en vano soy el enviado por la sangre para ser más fuerte que todos... ¡¿Acaso olvidas que soy el Guerrero Legendario? —Rió exageradamente—. Vegeta, no me hagas reír... ¡Es imposible que tú, sólo por medio de entrenamiento, creas que puedes derrotarme! NADIE puede derrotarme... —Escupió al suelo—. ¡NADIE!

Y con ese último grito, el guerrero liberó su frustración.

Vegeta, tal vez, no estaba tan equivocado...

Pero no lo aceptaría.

No podía perder esa batalla, pues que eso sucediera significaría una humillación extrema, mortal... Una humillación que él no conocía y que, su orgullo mediante, no podría sobrellevar.

Sin nada ni nadie que lo detuviera, Broly atacó de frente a Vegeta, determinado a demostrarle de qué estaba hecho el guerrero más poderoso de la raza saiyan. El Rey lo recibió alegremente, con la misma aplastante determinación. Broly no le ganaría. ¡Había entrenado demasiado los últimos 28 años para permitirse claudicar contra él! Todos sus esfuerzos no podían ser en vano.

Era una cuestión meramente personal.

Broly, técnicamente, nunca le había hecho nada. La venganza de Bulma ya estaba totalmente saldada desde el día en que exterminó a su padre con un Big Bang; su rival nada tenía que ver en esa historia. Pero había una cosa que sí deseaba cobrarse del poderoso guerrero que lo atacaba en aquel instante: el orgullo.

De ambas partes había orgullo, éste se anteponía a cualquier cosa que pudiera importarles. Uno pisoteaba el orgullo del otro, y eso entre saiyans era una sentencia de muerte. Demasiados años bajo la sombra de Broly, ante su padre y ante las personas; el antes Príncipe y ahora Rey de Vegetasei se sentía humillado por el poder de Broly, razón suficiente para desear vengarse.

Su orgullo había sido humillado durante casi toda su vida, lo había sumido en un estado de inferioridad que era inaudito siendo él parte de la Realeza. Broly lo había humillado y su padre, el asesino de Bulma, lo había humillado a través de él.

Eso, para Vegeta, era imperdonable.

Sus puños chocaron y las baldosas del suelo volaron por los aires debido al intenso poder que los rodeaba. No tardaron en volver su batalla aérea; en el cielo, ambos rugieron en energía y se dedicaron los golpes más mortíferos. Esta era la batalla más cruel que había protagonizado Vegetasei en su historia.

La gente permanecía anonadada, exclamando sorpresa ante cada puñetazo, el de uno y el de otro, que demostraba ser lo suficientemente inteligente como para terminar donde debía. La pelea volvía a ser pareja pero fueron pocos, realmente pocos, los que notaron una minúscula ventaja a favor del Rey.

Mitis no pudo evitar sonreír.

—¿Lo ve, Príncipe? —inquirió llena de energía, sin poder despegar sus ojos de los movimientos de tan admirables guerreros.

Trunks, en su casco y sin que la mujer lo sospechara, tenía en su rostro idéntica expresión de adrenalina, condimentada por algo parecido a la esperanza.

—Claramente: papá ganará —aseguró con soberbia, esa que él no tenía, pero que le salía de adentro por la herencia del Rey.

En momentos como ese, padre e hijo eran dos gotas de agua. Sólo en lo que concernía al arte de las batallas entre guerreros formidables.

Tark observaba ir y venir a los puños, pero no lograba captar el sentir del Príncipe.

—Los veo parejos... —admitió un tanto avergonzado por no notar la ventaja de la que sólo Trunks y Mitis parecían percatarse—. ¿Príncipe, Usted...?

—¡Va a ganar! —gritó el joven de un instante al otro, con puños apretados por la emoción que le subyugaba las venas—. ¡Es superior! —Sin poder contenerse, corrió un par de metros lejos de las personas que lo rodeaban y vociferó hacia su padre—. ¡DEMUÉSTRALE! ¡Demuéstranos a todos!

Vegeta, un gran actor de las batallas, rió cínicamente al escuchar a su hijo.

"Me descubrieron...".

Decidido, desequilibró la contienda con un rodillazo directo al estómago de Broly y coronó como el movimiento perfecto con un Energy-ha que devolvió al Guerrero Legendario al suelo. Broly, al descubrirse derrotado y rodeado de saiyans que empezaban a reír por la humillación de la que era víctima, se puso de pie con más dificultad de la deseada y esperada, tembloroso por la furia, descolocado por el odio.

—¡NO ES POSIBLE! —espetó frente al Rey, quien ya estaba sonriente frente a él, inmutable en su regocijo de poder—. ¡Vegeta...! ¡¿Qué mierda...?

—Eres débil —dijo sonriente, más sonriente que nunca—. ¿Acaso no me escuchaste antes? —Hizo explotar su poder de pelea y una ráfaga dorada estalló a su alrededor—. No aprovechaste los dones de nuestra sangre... ¡Nunca aprovechaste el Zenkai Power! ¡¿Acaso crees que un guerrero puede mantenerse en el pedestal de la perfección sin entrenar, sin esforzarse, sin sufrir? Ese es el error que todos aquí han cometido... ¡Pero adivina! —Giró su rostro y observó a su hijo por el rabillo del ojo—. Alguien decidió no estancarse... ¡Y ese alguien soy yo! Ser el más fuerte de todos es mi legado a nuestra historia, basura... ¡Ser el más poderoso es lo que he logrado como Rey!

Quizá el discurso era egoísta, eso sintió Trunks al oír las prepotentes palabras de su padre, llenas de múltiples significados; pero había que admitirlo: ¡Vegeta tenía razón! ¡Kut, el anciano de la elite, también la había tenido en su discurso anterior a la llegada de Broly! El Príncipe repasó, eufórico, las palabras del Clase Alta:

Cuando hubo que derrotar a Freezer, nos sumergimos en la era más hermosa de la historia de nuestra raza... ¡Lo único que hacíamos era entrenar! Nada de naves, ni de comercio planetario, ni de pelear en guerras aburridas y ajenas. Eso se perdió: ya no entrenamos. No sé qué nos pasó, pero nos sumimos en una era asquerosamente aburrida, realmente insoportable. Ya no alimentamos la sed de pelea que nuestra sangre nos impone, ya no hacemos NADA para ser más poderosos... ¡Si hasta el Rey lo ha hecho! Se transforma en un estado similar al de Broly, cosa que lo único que hizo fue decirnos que nos cerramos a la idea de que Súper Saiyan únicamente había uno... ¡Y resulta que todos podemos!

Vegeta, su padre, no se había resignado. Quizá cegado por su soberbia, quizá comportándose como el saiyan más egoísta de la historia, como el peor Rey que gobernara a la sangre más poderosa... ¡Pero no! Vegeta no se había quedado con la idea de vivir una vida aburrida y sin batallas. ¡Se había dedicado a entrenar arduamente!

—Mis objetivos siempre han tenido más sentido que los tuyos, Broly... —volvió a hablar su padre, entrecruzando sus palabras con sus más vivos pensamientos—. ¡No me interesa destruir por destruir ni permanecer aburrido sintiéndome el mejor! —Lo último como golpe bajo para la población—. ¡Me propuse superarte y superarme a mí mismo! ¡Y LO HE LOGRADO! Así que sostente, quizá tus piernas no soporten el estallido de mi poder...

Extendió sus brazos en el aire y cerró sus ojos, buscando concentración.

—Somos saiyans... —susurró mientras su poder no hacía más que subir, cosa de la que solamente Broly se percató, quien sí lograba sentir el poder de pelea con la ausencia de scouter. Más allá de aquel detalle, esta vez la población pudo percibirlo místicamente—. ¡¿Cuál es el significado de nuestra sangre? Dímelo, Broly...

—¡Imbécil! —El Guerrero Legendario intentó atacarlo pero el estallido del poder de Vegeta, de un momento al otro, lo lanzó muy lejos de él: quedó pegado a una de las paredes del Palacio, incapaz de moverse o gesticular sílaba alguna.

—¡¿Cuál es el significado? —gritó nuevamente el Rey—. Se los diré... —Una última risa, y el resplandor dorado que envolvía su cuerpo cegó a los presentes.

A absolutamente todos...

—El significado de nuestra sangre... ¡El significado de nuestra raza! Nuestro significado es la ausencia de límites... ¡LOS SAIYANS NO LOS TENEMOS! Si tenemos sangre saiyan, entonces no hay imposibles para nuestro poder...

Y un estruendo atravesó el cielo, presagiando lo mejor y lo peor para la historia que Vegeta estaba relatando con su poder.


—¡¿Qué mierda es eso? —balbuceó la joven con desesperación.

Sus ojos estaban fijos en el aire, imposibilitados de alejarse de aquel resplandor de luz que había atravesado el cielo acompañado por un temblor que movilizó toda la humanidad de Bra. Desquiciada por los acontecimientos, se obligó a seguir corriendo hacia la luz, pero sus miembros no respondían a las órdenes de su cerebro. Estaba petrificada, y esa petrificación era causada por el miedo que la embargaba. Cayó de rodillas al suelo y no se propuso llorar, pero las lágrimas cayeron de sus ojos con una facilidad preocupante.

¡Estaba aterrada!

Sus manos, temblorosas por sus nervios y no por el temblor que movía todo a su alrededor, fueron a parar a su boca, enmudeciendo la agonía de la híbrida.

—Trunks... —masculló en un hilo de voz—. Trunks...

¡¿Y si su hermano estaba en peligro?

"No puedo detenerme, no ahora...".

—Kami, dame fuerzas...

Y había llegado al límite de suplicarle a Dios. Se estaba desconociendo.

¿O, más bien, estaba conociéndose?

Los temblores no se detenían, mas Bra logró ponerse de pie. El miedo a perder a su hermano por culpa de la crueldad de la población saiyan era motivo suficiente para seguir su camino.

Tenía que hacer algo...

"Esa luz dorada no es un buen síntoma... ¡Tal vez están luchando! Sin dudas lo están haciendo... ¡¿Será por Trunks? No hay otro motivo, no lo hay...".

—¡Tengo que seguir! —se dijo a sí misma—. Tengo que averiguar qué mierda está sucediendo en este maldito planeta...

Con pasos torpes y presa del más vivo terror, Bra reanudó su larga marcha hacia su primer encuentro con la raza que vio crecer a su hermano.

La raza a la que, increíblemente dados los acontecimientos, ella también pertenecía.


Cuando la luz amenguó su potencia cegadora y el humo se disipó por completo, la raza saiyan fue testigo de un fenómeno hasta ahora desconocido para los portadores de tan fuerte sangre:

Vegeta estaba transformado en Súper Saiyan, eso no había cambiado... o eso parecía. En realidad, algo sí había cambiado: las hebras rubias de su cabello se veían más finas, más levantadas. Al mismo tiempo, no sólo el resplandor dorado decoraba su cuerpo, sino que potentes descargas eléctricas danzaban a su alrededor.

—No tenemos límites —repitió con mirada amenazante al descolocado Broly, sin olvidarse tampoco de la estupefacta población—. Soy la prueba viviente de ello.

—¡No es posible...! —exclamó un petrificado Tark ante la imagen—. ¡Es el mismo, pero al mismo tiempo...!

—Es otro estado, no es el anterior —agregó Raditz, menos vehemente que Tark, pero igual de impresionado—. No es el mismo Vegeta de hace unos instantes.

Mitis escrutó con la mirada al hijo de Bardock.

—Es cierto... ¡Es cierto! —gritó con todas sus fuerzas—. ¡No es lo mismo! Es otra fase...

—¡La Segunda Fase del Súper Saiyan! —afirmó finalmente un Vegeta rebosante de poder—. La fase que te destrozará. —Y los ojos se clavaron en Broly.

El Guerrero Legendario no salía de su asombro: ¡el poder era monstruoso! Era una aplanadora que amenazaba con destruirlo en mil pedazos. Y eso sí que dolía: no había dudas de que Vegeta era más poderoso que él. La diferencia, él que podía percibirla perfectamente, sabía era abismal.

Su orgullo se rompió, sin más, en mil millones de pedazos.

¿Qué tanta razón tenía Vegeta? Demasiada a su ver. Con la fase anterior se había mostrado ligeramente superior a él, pero ahora era infinitamente más poderoso.

Iba a aplastarlo, no bromeaba.

—¡No es posible...! —La locura llegó más pronto de lo esperado—. ¡NO PUEDE SER!

—Sí, sí, sí... —Vegeta sonrió con la altivez más inmensa de su vida—. Te dedicaste a vagar por el universo, destrozando todo a tu alrededor... ¡Y nunca te pusiste a entrenar! ¡Nunca quisiste conocer tus límites! ¡Nunca los desafiaste! —Se acercó a su rival y arrojó una risotada en su rostro—. ¡HAS DESPERDICIADO TU SANGRE, INSECTO! La desperdiciaste asquerosamente, ya no hay vuelta atrás... ¡Soy el ganador de esta batalla!

—Papá... —Trunks temblaba de admiración, miedo y adrenalina—. ¿Cómo...?

Su padre se atajó con una nueva risotada.

—Sencillo: hace alrededor de diez años, me di cuenta de que había alcanzado mi límite —explicó sin abandonar su característica soberbia al hablar—. En principio me frustré, pero me di cuenta de que eso no era posible teniendo sangre saiyan en mis venas. Jamás se nos conoció un tope, eso es comprobable en cualquier escrito antiguo que nos remonte a lo más lejano conocido en el tiempo. Teniendo esto en mente —prosiguió, acercándose a Broly para desafiarlo con la mirada—, empecé a entrenar con el único fin de superar el tope al que había llegado. No fue fácil, pues es poco lo que nos conocemos a nosotros mismos, por más absurdo que suene. —Respiró profundamente y la sonrisa lo abandonó unos instantes, todo por culpa de dibujar la hermosa mirada de Bulma en sus recuerdos—. Para sacar nuestro máximo poder, como yo comprobé el día en que llegué al primer estado de Súper Saiyan, hace falta una emoción violenta... Mi frustración fue lo que me llevó a sentirla —mintió; su frustración sí fue un condimento, mas no significó la totalidad de la violencia que describía: la gran artífice de su transformación, nuevamente, había sido Bulma y el desgraciado recuerdo que siempre venía acompañado de los ojos de su mujer—. Tuve que hacer demasiados experimentos con y sin mi primera transformación; sin embargo, un buen día, todo rindió sus frutos...

—¿A qué se refiere, Rey Vegeta? —indagó Glomt, atónito por el discurso que profería el poderoso guerrero.

—Probé varias formas de alcanzar un poder mayor, como mantenerme transformado mucho tiempo o no transformarme en absoluto. Fue bastante divertido el proceso, aunque frustrante, pero frustrarse es una etapa más de la evolución de nuestro poder, así que fue necesario. —Arrojó más y más risas sobre el absorto Broly—. Hace unos tres o cuatro años, finalmente pude alcanzar este estado. ¡Y el poder es perversamente alto! Nuevamente compruebo que no tengo límite... ¡Y si sigo entrenando, seguramente mi Sangre Real vuelva a sorprenderme! Debe haber tantas fases como personas presentes ahora... ¡Tiene toda la lógica si lo pensamos desde el punto de vista de nuestra sangre! Y ser quien lo descubrió me pone por encima de este inútil. —Señaló al Guerrero Legendario.

Broly vio su respiración agitada por la enorme humillación, ésta le carcomía el cerebro en forma de murmullos inconscientes. Las palabras que su mente le susurraba hacían eco en sus oídos y le conferían un dolor insano. Las migajas de su orgullo estaban siendo pisoteadas y escupidas por el hombre a quien siempre miró por encima, al Vegeta que nunca le demostró potencial de superioridad, a pesar de ser él miembro de la, hasta ese momento para él, inútil Realeza saiyan.

Al ir a Vegetasei, sin dudas Broly había ido a buscar un rival de su calibre, mas no esperaba ese golpe de sorpresa: no estaba preparado para ser más débil que alguien. Había ido a buscar en Vegeta un rival digno, de esos que pocas o casi ninguna vez había conocido; jamás habría pensando en la posibilidad de perder.

Perder no era una palabra de la cual conociera el significado.

No: perder no estaba en sus planes; sí estaba en sus planes ganar y disfrutar; alargar, gracias al poder de quien lo enfrentara, una agonía placentera que llenara sus ansias. Buscaba ganar, buscaba el regocijo de vencer a un enemigo poderoso, buscaba ese éxtasis cercano a lo erótico de sentir que le ganaba a alguien que merecía combatir con él.

Buscaba a Freezer, a Cooler, a King Cold... Buscaba un rival que lo mereciera.

Pero no... No era posible. No había encontrado en Vegetasei lo que buscaba.

Había encontrado mucho más.

—Soy el rival que jamás esperaste conocer —espetó el Rey—. El rival que te ganará.

Y nada más había por decir.


Agitada por correr como nunca en su vida lo había hecho, Bra necesitó detenerse para tomar aire, sofocada por su actividad. Con sus manos en sus rodillas, agachó su cabeza intentando respirar con normalidad, justo cuando estruendos, de esos ya conocidos durante su marcha, la alertaron junto con gritos de una multitud. Sus huesos se tensaron y se incorporó lentamente limpiando el sudor de su frente, sólo para ser testigo de lo que se extendía frente a ella. ¿Tan alienada había corrido bajo ese cielo rosado? ¿Tan poca atención había prestado a lo que frente a ella se dibujaba?

Una edificación de soberbia hosquedad se erigía por sobre unas interminables escaleras, y al pie de éstas un incalculable espacio abierto resguardaba unas pocas miles de almas.

Los saiyans.

Rondando algo que estaba en medio de ese vasto espacio, parecido a un parque por los pocos aunque vistosos árboles de clases desconocidas para cualquier terrícola, así estaban las miles de personas que se encontraban en ese lugar, frente a esas escaleras y a esa inmensa y cúbica edificación.

"El Palacio Real", pensó sin equivocarse. Era difícil que ése no fuera el hogar de su padre y su hermano, pues destacaba en demasía con respecto al resto de las edificaciones que había visto con ojos desesperados en su larga marcha. Claro que no destacaba por su belleza física, se dijo recordando las palabras de Goten cuando le explicó sobre la cultura saiyan, pero sí lo hacía por su tamaño y por ese misticismo que lo rodeaba, ese que le decía a Bra que ese lugar era digno de los guerreros de la Realeza.

Sus ojos avistaron dos enormes resplandores dorados en el epicentro de aquella reunión, que cegaban por encima de las narices de todos los presentes.

"¿Qué será esa luz?", se preguntó inútilmente, pues la respuesta no podría obtenerla estando donde estaba.

Con la respiración levemente normalizada pero con los huesos aún tensados por el terror que le recorría las venas, la joven corrió hacia aquel parque, donde procuró esconderse detrás de unas columnas que servían de límite para el espacio y lo que lo rodeaba. Afortunadamente, nadie parecía haberla visto. Aferrada a la columna y sin pestañear ni por un instante, forzó sus oídos para oír un poco de lo que en el centro de la plaza se decía.

—¿Puedes creerlo? —susurró un hombre joven, de unos 25 años al juzgar por su apariencia, a uno mayor que, a pesar de las arrugas que decoraban toda su piel, se veía ciertamente parecido al más joven.

—Sí, puedo —afirmó el hombre más maduro—. El Rey no miente: no tenemos un tope. Sus palabras están cargadas de sentido, al igual que las del híbrido.

"¡¿Híbrido?".

Sin dudas, esa palabra se refería a Trunks.

"Eso significa que ya se los dijo...".

Saberlo le encogió el corazón en medio de sentimientos inmensos y contradictorios.

—El Príncipe tiene razón... —admitió el joven—. Nos dedicamos a tontear y desperdiciamos demasiado tiempo.

—Sí, chiquillo —contestó quien lo acompañaba, con voz cargada de ironía—. Si sobrevivimos a Broly, cosa probable teniendo al Rey de nuestra parte, nadie aquí tendrá derecho de volver a dormir: lo único que haremos será entrenar.

Ambos rieron.

"¡¿Broly?".

Bra hizo memoria, intentando recordar aquel nombre, el cual finalmente interceptó sus recuerdos:

¡¿ESTÁ VIVO? —gritó Trunks, completamente fuera de sí—. ¡¿ACASO BROLY VIVE?

Sí —se limitó a contestar de forma cortante su padre—. Y vendrá pronto; esa batalla contra Nappa debió haberlo despertado... Nos sintió, te lo aseguro.

Estamos en peligro... —afirmó débilmente el muchacho.

Así es —Y una sonrisa orgullosa, digna de él, decoró su rostro—. Vendrá y yo lo mataré... ¡Me preparé durante años para este momento! Así que no hay de qué temer, yo le ganaré... Lo destrozaré por todas las que me hizo pasar, por toda la humillación que regó sobre mi persona...

"¡¿Ese Broly?".

No entendía del todo bien quién o qué era Broly, pero por las palabras de su padre y su hermano, Bra podía atisbar un ápice de la verdad.

"Debe ser un sujeto muy fuerte".

¿Pero por qué lo nombraban?

"¿Acaso Broly estará aquí?".

La pregunta mental le provocó renovados nervios, por lo desconocido y retorcido del asunto.

"¿Cómo es que la confesión de mi hermano derivó en esto?".

La inquietud hizo que apretara los costados de la columna con todas sus fuerzas, y sus uñas terminaron por destruir parte del material, efecto que la asombró. Tuvo que ahogar un grito en su garganta, presa del miedo por ser descubierta.

Los dos hombres a los que había escuchado hablar voltearon pero, afortunadamente, su delgado cuerpo pudo esconderse totalmente tras la columna. Al no ver nada, los saiyans volvieron su vista al centro, hacia las luces doradas de fervorosa intensidad. Segura de que no la habían visto, Bra volvió a asomar su cabeza por detrás de la columna, cuando unas voces provenientes del centro dorado llamaron la atención de todos los presentes.

La incertidumbre llenó el aire que respiraban.

—¡No tienes otra alternativa! —afirmó una voz, la que Bra inmediatamente reconoció como la de su padre—. Deberás llegar a ese estado...

—¡¿Acaso está loco, Rey Vegeta? —vociferó otra voz, muy desesperada ésta, la que la joven reconoció como la de Tark—. ¡Esa transformación es demasiado poderosa...!

—¡Tonterías! —espetó el Rey—. Soy lo suficientemente fuerte como para enfrentarlo en ese estado... —Una risotada y el hombre prosiguió sin más—. ¿Qué dices, Broly? ¿Te atreves a sacar lo peor de ti para intentar ganarme?

—¡Papá...! —Y el corazón de Bra se llenó de alivio al escuchar a su hermano. Ni los nervios que su voz profería lograron perturbarla: estaba feliz, totalmente feliz, por saberlo vivo—. ¡¿Acaso vale la pena? ¡Puedes aplastarlo como deseas así como están; él no necesita esa transformación!

—¡Claro que la necesita! —tomó la palabra Vegeta—. La necesita para estar un poco más cerca de mí... ¡Anda, Broly! ¡Transfórmate en el Gigante sin pupilas e intenta derrotarme! Sabes que si lo haces estarás más cerca...

—¡No seas terco...! —Se escucharon unos golpes en seco y la voz de Trunks fue silenciada de un instante al otro—. Papá... —La voz entera se volvió un resuello cargado de ira y nervios—. ¿Y si tus cálculos están mal? ¿Acaso nadie aquí merece una oportunidad?

—Sí —afirmó su padre—. Broly la merece por ser el condenado Guerrero Legendario. Además, yo la merezco por ser el Rey y por ser el descubridor de esta fase de Súper Saiyan.

"¿Súper Saiyan? ¿Guerrero Legendario? ¡¿De qué mierda hablan?", se lamentó la muchacha, sin soltar la columna que le servía de sostén a sus temblorosas piernas.

Algo grave estaba sucediendo, se palpaba en los pocos rostros que lograban avistar, en los puños apretados de las personas que estaban al alcance de sus ojos.

Algo importante sucedía, algo que amenazaba con la vida de Vegetasei...


Desde su lugar en el suelo, ese donde su padre lo había depositado luego de cuestionar sus intenciones para con el Guerrero Legendario, Trunks vislumbró tras su casco la situación. ¡Su padre estaba loco! Completamente cegado por las deslumbrantes luces doradas que lo envolvían. ¿Esas luces eran suficientes para derrotar al estado que el Rey exigía en su rival?

El mito del Gigante sin pupilas era sumamente conocido entre la juventud de Vegetasei. Se decía que el Gigante sin pupilas era capaz de destruir las cuatro galaxias en un abrir y cerrar de ojos, razón que hacía que Trunks descreyera las palabras de su padre.

"No podrá derrotarlo".

¡¿Pero quién lo paraba? Era imposible detenerlo cuando una idea macabra asomaba en su mente.

No habría forma de detenerlo. ¡Tenía que hacer algo...! ¡¿Pero qué era ese algo?

—Papá... —susurró, aún en el suelo—. No puedes ponerte en riesgo así, no tiene sentido... ¡PIENSA, POR FAVOR! No lo derrotarás, eso es imposible...

Su voz fue tapada por las exclamaciones de varios de los saiyans que los rodeaban.

—¡Queremos verlo! —pidió una voz masculina desde algún punto de la Plaza Central de Reuniones.

—¡Será inolvidable! —gritó una voz femenina.

—¡La batalla de las luces doradas! El Gigante sin pupilas contra el Rey Dorado, ¡esto será apoteósico!

—¡Silencien al híbrido! No entiende nada, no sabe nada sobre nosotros los saiyan... —Era un hombre, y parecía no haber aceptado al Príncipe—. ¡EL REY DORADO GANARÁ! El Rey Dorado derrotará al Gigante sin pupilas... ¡Su poder es claramente superior!

Trunks se sintió más solo que nunca, y la sonrisa de su padre no ayudó en su situación.

—Escucha a la gente, mocoso... —exigió con vehemencia—. ¡Escúchalos! Ellos vieron al Gigante sin pupilas, ellos pueden decirte que su poder en NADA se comparaba con el mío...

—¡Pero...! —Con ojos desesperados, buscó los de Tark, donde encontró prudencia—. Dime, por favor, que él tiene razón...

Tark se caracterizaba por analizar el doble cada situación, y Trunks bien sabía que sólo él podría hacerle creer semejante afirmación de su padre.

—Es difícil, Príncipe —farfulló, nervioso al saberse mirado por los ojos azules y demandantes de Trunks—. No puedo asegurarlo, pero tampoco refutar al Rey. —Carraspeó y muchas miradas se depositaron en él; sin embargo, era la mirada del híbrido la única que le pesaba sobre los hombros—. Sólo puedo decir lo siguiente: he sentido mi piel erizada y cerebro consternado únicamente dos veces en mi vida; una fue durante la batalla de Freezer, al ver al pequeño niño convertido en el Gigante sin pupilas mientras mataba a ese asqueroso lagarto; la segunda vez, le juro, fue hace unos momentos, sigue siendo ahora mismo... Mi piel está erizada y mi cerebro consternado por lo que mis ojos están viendo: el poder del Rey Vegeta, del Rey Dorado, sobrepasando todo lo coherente de nuestra sangre. ¡El poder más hermoso que he visto en mi vida! La manifestación más pura de la sangre saiyan... —Bajó su mirada al suelo, sin aire y completamente nervioso—. Eso es lo que siento, espero me comprenda.

Mucha fue la gente que aplaudió a Tark, y Trunks poco pudo hacer para no creerle.

"¿Realmente será así?".

Era imposible saberlo, mas las palabras de su segundo padre pesaban demasiado en su pecho.

"Papá...", susurró en su mente al mirar a su progenitor. "¿Realmente le ganarás?".

—No puedo detenerte, bien lo sé... —admitió, derrotado—. No puedo sacarte una idea de la cabeza cuando ésta te posee con tanta violencia... —Se puso de pie y tembló, producto de las miradas que se clavaron en su espalda—. No me meteré más, padre... ¡Pero si corres peligro, ME VOY A METER! Y lo voy a disfrutar, te lo juro... OH, sí que lo disfrutaré...

Vegeta rió a carcajadas, sintiendo la ira de su hijo golpeando contra su cuerpo.

—Es un trato —dijo—. Pero no tendrás que meterte; ése será mi juramento para contigo.

La gente empezó a gritar con energía, exigiendo la transformación de Broly. El Guerrero Legendario, por su parte, continuaba incrustado contra la pared frontal del Palacio, incapaz de salir de allí a partir de la transformación de Vegeta. El Rey, sin parpadear al observarlo, se acercó a él por medio del vuelo y se detuvo justo frente a su contrincante.

—Muévete, basura —ordenó—. Muévete. Debes mostrarnos al Gigante sin pupilas, no puedes demorarte.

¡¿Acaso le estaba exigiendo que lo hiciera?

Sin moverse de su lugar, una risilla abandonó su boca.

—¿Por qué habría de hacerlo? —inquirió.

—Para salvar tu orgullo. —Vegeta lo tomó del cabello y lo arrojó en medio de la Plaza Central de Reuniones una vez más.

Broly no tardó en incorporarse, desquiciado por el atrevimiento de Vegeta.

—¡No tengo por qué hacerlo! Puedo salvar mi orgullo sin necesidad de transformarme.

Sabía que mentía, pero imploraba a su mente hacerle creer a su corazón que ésta era la verdad.

No podía transformarse; si lo hacía, era probable que fuera contraproducente. Las razones eran sencillas: en primer lugar, sus músculos se ensanchaban notoriamente, volviendo lentos sus movimientos. Vegeta y su Segunda Fase de Súper Saiyan gozaba de una velocidad escalofriante, motivo por el que no sería buena idea llegar al Gigante sin pupilas; en segundo lugar, estaba el problema de lo que le costaba llegar a esa transformación. Requería demasiado poder para lograrla, puesto que sólo llegaba a ella en genuinos ataques de ira. Sabía que podría en ese momento gracias a la enorme frustración que sentía, pero terminaría agotado tarde o temprano; en tercer lugar, por último, estaba el motivo principal: la cordura. Broly perdería mucho de su cordura si llegaba a ese estado, pues el Gigante sin pupilas anulaba casi toda su razón. Sabía que podía controlarse, pero no estaba seguro de cuánto.

Si perdía frente a Vegeta, quizá prefería hacerlo con su razón intacta.

"Pero hay una alternativa...".

El combate cuerpo a cuerpo, debido a la velocidad, sería fácil para Vegeta; mas había una forma de obtener la victoria:

"Combate a distancia...".

Sonrió levemente y el Rey lo notó.

—¿Te decidiste? —preguntó éste con diversión.

—Casi —contestó él en idéntico tono.

Luego de tan corto diálogo, el Guerrero Legendario volvió a sus pensamientos:

"Vegeta sabe que si lo ataco a distancia puedo ganarle... ¡Pero está demasiado confiado! Eso es... ¡Tengo que atacarlo a distancia! Buscar el momento más propicio para hacerlo...".

Lo único que esperaba al hacerlo, por su parte, era poder mantener su idea en su mente.

"Espero no me anule lo suficiente como para olvidar esto...".

Sin más, apretó sus puños e hizo estallar su poder.

"Si lo hago, podré ganarle... A él y a todos estos miserables".


La prisión subterránea entera tembló nuevamente, pero esta vez la violencia era extrema.

Era, tal vez, conocida.

"Es Broly", pensó Kakarotto sin soltarse de los barrotes que lo mantenían preso en aquel lugar.

Era sumamente frustrante permanecer allí sin saber qué le estaba ocurriendo a su familia; a su vez, lo frustraba no poder participar en ese combate. ¡Moría por ello! Esto a pesar de saber que se trataba de Broly, ese ser que por algún motivo no soportaba verlo.

"¿Por qué será?", se preguntó por enésima vez en su vida.

Recordó el día que más cerca estuvo de morir con una inesperada sonrisa en el rostro:

¡Quiero irme! —gritó el pequeño niño, su cuerpo mitad en una nave y mitad fuera de ésta.

Bardock sujetaba a Kakarotto literalmente del cabello, sin permitirle hacer lo que intentaba.

¡NO TE VAS! —espetó su padre—. ¡¿Por qué mierda insistes con irte a ese maldito planeta? ¡ERES UN SAIYAN! Este es tu hogar, chiquillo...

¡Quiero ir con mi abuelito! —lloró el pequeño de 12 años—. ¡Déjame ir con mi abuelito!

¡NO! —sentenció Bardock—. No te vas...

Continuaron forcejeando por varios minutos, en los cuales ninguno dio el brazo a torcer. Bardock no pudo evitar, por un lado, alegrarse al ver cómo se había incrementado el poder de su hijo en tan sólo unos pocos años de entrenamiento; por el otro, sin embargo, se decepcionó por lo obstinado del pequeño, quien seguía en su afán de marcharse inmediatamente de Vegetasei.

Que no amara a su suelo, a su raza y a su sangre como él lo hacía dolía en el orgullo del Líder de Clase Baja.

Unas naves esféricas arribaron, entonces, a la Central Espacial. Bardock desesperó al ver al mismísimo Rey Vegeta y a su mano derecha, el Guerrero Legendario Broly, salir de éstas para dirigirse al Palacio junto con Vaugun, Líder de los altos, el Príncipe Vegeta y Tark, el Líder de los medios. Caminaron varios pasos cuando notaron la presencia del hombre y su hijo menor, quien lloraba con todas sus fuerzas por la desesperación de no poder ir con su querido abuelo Gohan a su hogar, la Tierra.

¡¿Qué significa esto? —exigió saber el Rey, asqueado por el llanto de Kakarotto.

Bardock volvió a tironear del pequeño, pidiéndole en hilos de voz que se calmara.

Peleo con mi hijo, Su Alteza —respondió el guerrero de Clase Baja, avergonzado como pocas veces en su vida. Sus dientes rechinaban y se hacían oír a kilómetros de distancia.

¡Las peleas para tu casa, Bardock! —exclamó el Rey—. No tenemos por qué presenciar una escena tan desagradable. —Hizo un gesto a sus acompañantes para finalmente marcharse de allí, cuando la respiración agitada de Broly llamó la atención de todos—. ¿Qué sucede, muchacho? —inquirió Vegeta a su mano derecha—. ¿Qué...?

¡KAKAROTTO!

Todo fue anulado por ese grito. El poder de Broly explotó y se abalanzó sobre el chiquillo de Clase Baja, quien quedó petrificado al ver al Guerrero Legendario sobre él. Para sorpresa de todos, Broly acababa de transformarse en el Gigante sin pupilas, estado en el que no se lo veía desde hacía muchísimo tiempo...

¡¿Qué mierda...? —Bardock se aferró a la cintura del Guerrero Legendario, buscando separarlo de su hijo, quien estaba dentro de la nave y debajo de Broly.

Tark fue el primero en acercarse a ayudarlo, después también lo hizo Vaugun... ¡Nadie podía hacer nada! Broly gritaba ese nombre, Kakarotto, una y otra vez, desquiciado y fuera de sí.

El Rey, cansado de los gritos y no por otro motivo, se acercó a los Líderes de Clase para ayudarlos. Entre los cuatro, finalmente, lograron que Broly soltara a Kakarotto.

¡KAKAROTTO! —siguió gritando el Guerrero Legendario, aquel niño de poder escalofriante.

Abuelito... —farfulló éste en brazos de su padre, con un brazo y una pierna rotos debido a la violencia con la que ese monstruo lo había tocado.

Bajó su mirada al suelo y pegó su frente a los barrotes, aún con una sonrisa en el rostro. Nunca iba a entender lo que había sucedido ese día, pero Broly le generaba algo: ganas de pelear. Lo hacía como nadie en el mundo y, por algún extraño motivo, siempre había tenido la sensación de que entre ellos había algo sin concluir.

Era como una rivalidad, como si ellos fueran dos partes de una misma cosa.

—¡Nueva información! —gritó el guardia, un Clase Alta retirado de la elite, de notable edad—. ¡El Rey Vegeta se ha transformado en un estado más elevado! Es un Súper Saiyan superior y el Guerrero Legendario está siendo derrotado... ¡Pero, al parecer, Broly está pensando en transformarse en el Gigante sin pupilas! La gente lo pide y el Rey está confiado, cree que puede ganarle... ¡Esto se pone cada vez peor!

—¡¿Y por qué no vamos todos juntos a ayudar en caso de que suceda algo malo? —contestó Kakarotto al relato de quien iba y venía del Palacio para ver y contar lo que sucedía sobre sus cabezas—. ¡Es injusto que nos estemos perdiendo esto y, además...! ¡TENGO HAMBRE! Quiero ser libre, por favor... ¡Por favor! No me voy a escapar; confíen en mí.

El fastidio le estaba ganando a todo: sobre él algo histórico sucedía y lo único que podía hacer era estar aferrado a esos barrotes, aburrido y cansado, sin olvidarse de lo hambriento que se sentía.

¡Aquello era tan injusto...!

—¡¿Acaso crees que no sé quién mierda eres tú? —espetó el guardia a milímetros de su rostro—. ¡KAKAROTTO! El hijo menor de Bardock, Líder de los bajos... ¡El sujeto que hace despertar la ira de Broly! Si te dejo salir, imbécil, sí que estaremos perdidos... ¡Si permito que Broly te vea, todos aquí moriremos! Dejaré salir a TODOS, incluidas las esclavas sexuales, en caso de que la vida del Rey corra peligro... ¡PERO A TI TE DEJARÉ AQUÍ! Te dejaré morir sabiendo que es lo mejor para todos. ¡Y NO INSISTAS, TRAIDOR! Haberlo pensado antes de ayudar al híbrido a escapar.

Kakarotto lo miró de mala manera, harto de la situación.

—Bueno, bueno, bueno... —profirió—. Está bien, todo muy lindo... ¡Pero antes de irte déjame algo de comer! Mi estómago...

Poco caso hizo al guardia, quien se descostilló de risa ante él por su absurdo comentario; solamente se dedicó a fraguar un plan.

"DEBO salir de aquí... No sé cómo, no sé cuándo... ¡Pero me voy de aquí!".

Tenía que estar en esa batalla. Sus viejas cuentas con Broly se lo exigían al igual que la sangre que, apasionada, recorría sus venas llenando a su cuerpo de adrenalina, esa que únicamente los saiyans sabían sentir con tanto placer.

Necesitaba pelear: su instinto saiyan se lo exigía a gritos.


—¡VEGETA! —bramó Broly, sin ser visible para las personas aún. Estaba rodeado por el polvo y las luces que su poder habían levantado a su alrededor.

Una vez nada impidió a los ojos de las personas observarlo, todos fueron testigos de la manifestación más escalofriante de la historia: era el Gigante sin pupilas, el guerrero más sangriento de la historia de la sangre saiyan. Sus músculos inmensos, su cabello verdoso, las pupilas que efectivamente no estaban allí... ¡Qué ser tan imponente! Destilaba fuerza y autoridad sin siquiera proponérselo y eyectaba confianza y locura en cada movimiento de su pecho al respirar.

Mucha gente exclamó sus sentimientos, algunos asustados y otros admirados por su porte y su poder. Sabían que si Vegeta no le ganaba morirían, pero la emoción que presenciar una batalla de tal envergadura les generaba era más fuerte que todo.

Trunks lo miró fijamente, sin poder siquiera respirar por lo que veía.

"Es un monstruo".

Uno que, tuvo que admitirlo, se sentía casi honrado de conocer.

"Es imponente, demasiado imponente... ¡Cuánto poder! ¡Cuánta crueldad! Está loco, nos va a matar...".

¿Realmente lo lograría?

"No lo sé, lo único que espero es que papá sepa qué está a punto de hacer...".

—Derrótalo, padre... —pidió en un hilo de voz—. No tengas piedad...

—¡Jamás! —respondió el Rey—. Esto será fácil, pues tengo una estrategia...

La población gritó emocionada al escucharlo, ansiosa por ver el espectáculo de sus vidas. Vegeta estaba asegurándoles que esto, de verdad, sería imborrable de las retinas de toda la raza. Les estaba prometiendo la lección de sus vidas.

—¡¿Qué mierda esperas? —inquirió violentamente el Guerrero Legendario—. Pelea, basura...

—Será un honor, insecto...

Así, la batalla entre las mejores transformaciones de la historia de los saiyan empezó. El combate se dio en el cielo y de cuerpo a cuerpo: se atacaban y en cada movimiento se mezclaban las luces, la dorada y la verdosa, dando a la imagen una solemnidad que perduraría para siempre en ese cielo. Nadie salía de su asombro, nadie profería palabra alguna... ¡No había tiempo para nada más! Únicamente para recordar cada movimiento con enfermizo detalle, para ser testigos del infinito poder de la sangre que todos los presentes llevaban en sus venas.

Sorprendente fue ver cómo Vegeta tomaba ventaja de un instante al otro.

—¡Sí! —dijo mientras continuaba intercambiando golpes con Broly—. Eso es, ¡así es! Tu punto débil, sabandija... ¡TU VELOCIDAD!

¿Esas palabras estaban significando algo para el Gigante sin pupilas? En algún rincón de su alma sintió que sí, pero no estaba seguro de nada. Lo único que sus ojos veían y lo único que su piel percibía era a Vegeta, a la persona con la que combatía enardecidamente y que, con aplastante velocidad, empezaba a derrotarlo.

Un Energy-ha lanzado sobre su pecho lo hizo volar, una vez más, al suelo. El Rey no tardó en acercarse a él.

—¡VEGETA! —volvió a bramar el Gigante—. ¡No te lo voy a permitir, enfermo...!

Intentó ponerse de pie, pero Vegeta pisó su estómago para que no lo hiciera.

—Esta es la verdad —aseguró el Rey—. Tu maldita verdad, Broly... ¿Quieres saberla? —Un nuevo pisotón hizo gemir al corpulento guerrero.

—¡Déjame, maldita sea...!

—SILENCIO, ahora es mi turno. Soy yo quien debe hablar. —Vegeta se permitió sonreír.

La gente los rodeó y nadie se atrevió a decir palabra alguna, pues sólo querían escuchar una voz: la del Rey Dorado:

—No sabes controlar tu mejor transformación —sentenció Vegeta—. No sólo careces de pupilas, sino también de cerebro. ¡No hay estrategias! No tienes técnica; únicamente fuerza. Si tuvieras una estrategia podrías intentar vencerme, pero no la tienes, esta transformación no te permite tenerla. —Así terminó su discurso Vegeta, severo como nunca, orgulloso de sí mismo, pero con un sentimiento negativo llenando sus ansias de combate: se sentía totalmente defraudado por su rival.

"Esperaba mucho más de ti, basura...".

Broly, a merced del Rey y con la sangre decorando su barbilla producto del último ataque, necesitó escupir, acción que desató en su pecho un sentimiento hasta entonces desconocido, inaudito... ¡Sangre! SU SANGRE. Jamás había visto su sangre y, si lo había hecho, no lo recordaba en absoluto.

Limpió el hilo rojo que se extendía por su rostro y, por instinto, observó nuevamente su sangre. Sí, era suya, completamente suya.

Su sangre abandonándolo; con ella, ahora lo sabía, se iba a poca cordura que conservaba en su interior.

Perdió el control y no tardó en lanzarse encima de Vegeta. Arrojó los puños contra el rostro de la Realeza y fue esquivado fácilmente; lejos de que la agilidad de su rival lo detuviera, dio inició a una llamarada de ataques que el Rey continuó esquivando. Flotando en el aire, más parecían en medio de una danza que en una batalla, pues cada golpe de Broly era eludido por Vegeta con una elegancia tal que provocó nuevos gritos de admiración en el pueblo. Ningún puño llegaba a destino, y la balanza volvía a inclinarse a favor de Vegeta. Éste, aburrido por tanta facilidad, sujetó a Broly de ambos puños cerrados, deteniendo sus golpes.

—Aburrido —masculló—. Realmente aburrido. —Le propinó un rodillazo en la boca del estómago, que no solamente dejó sin aire al Gigante sin pupilas, sino que además hizo que tosiera sangre profusamente—. ¿Ves lo que te digo? —inquirió entonces, divertido e irritado—. ¡Te lo he dicho durante todo el transcurso de la batalla! TE FALTA ENTRENAMIENTO, te falta aprender a luchar, te falta técnica y, especialmente, creatividad. ¿Para qué has necesitado todo eso durante tu vida? Para nada, dirás; tu fuerza bruta era todo para ti pero ahora que tienes frente a tus ojos al rival más poderoso que has conocido, de nada sirve la fuerza... ¡Necesitas una estrategia! Y no la tienes, no sabes cómo hacerla. No sabes NADA, Broly. ¡Eres una vergüenza para los saiyans! ¡Para nuestra sangre! ¡UNA DESHONRA!

"Porque si tuvieras una estrategia podrías ganarme... ¡Eres más fuerte! Pero esta transformación te saca la cordura, anula tu raciocinio... ¡No te sirve! Y lo sabías, Broly... Sé que lo sabías, mas perdiste todo y ahora no puedes recordar tu estrategia...", agregó para sí. "Sé que es así; te conozco muy bien...".

Broly atisbó a quien tenía enfrente, desquiciado por las palabras y la supuesta veracidad de éstas. Pronto dejó de mirarlo, pues sus ojos se perdieron en la nada misma. Ya no veía ni oía. No pensaba, no discernía.

Sus sentidos, negados a serle de alguna utilidad, se volvieron algo inalcanzable para él. No sentía ni percibía la vida que lo rodeaba. En un estado mental más propicio, habría insultado a Vegeta por faltarle al respeto a su Sangre Legendaria y a todo lo que ésta significaba para la raza a la que ambos pertenecían. ¡Lo habría matado por semejante insolencia! Absurda insolencia, incluso viniendo del Rey, de la mismísima Realeza.

¡Inaudito! Era inaudito todo lo que Vegeta decía, pues él era el Guerrero Legendario, era el salvador de la raza, el que había derribado el frío imperio de Freezer y su familia. ¿Merecía ese trato?... ¿Y cuándo le había importado lo que se podía pensar de él?

"Jamás...", habló desde algún rincón de su mente que todavía tenía fuerzas para razonar. "Nunca me importó esta gente; sólo mi fuerza y mi sangre. NADA MÁS".

¡Lo único que había querido hacerles durante todos esos años era matarlos! Para ser el verdadero saiyan, el único que mereciera existir.

Nunca había sentido la necesidad de ser respetado. ¡Aquello no podía importarle menos! Sí había sentido, sin embargo, la necesidad de ser temido, incluso odiado; jamás amado, jamás respetado. Él, su fuerza y el miedo general por el potencial de su sangre, nada más. Pero Vegeta, el asqueroso Vegeta, acababa de atreverse a ponerlo debajo de él; lo había rebajado como si Broly fuera un saiyan más, un ser insignificante, no el más especial de todos.

Vegeta había, con mucho y muy poco, hecho dos cosas que nunca le había tocado experimentar: la humillación y, finalmente, la derrota. ¡La inferioridad! ¡Ese concepto que desconocía, esa paupérrima sensación que su piel y su alma nunca habían sentido... ¡La inferioridad, él, Broly! No era posible...

"Yo no soy inferior...".

Apretó los dientes y puños, endureciendo sus facciones.

"Yo no soy inferior...".

—¡NO! —gritó, fuera de sí—. ¡YO NO SOY INFERIOR! ¡Soy Broly, el ser más poderoso del universo! ¡El defecto más grande de las cuatro galaxias! ¡EL MALDITO GUERRERO LEGENDARIO!

La cordura abandonó al cuerpo, y fue el corazón del orgullo destruido quien lo domó a partir de tan escalofriante instante. No más remordimientos; solamente lugar para la muerte.

—¡VEGETA!

Cegado, atacó al causante de su locura: el guerrero más fuerte del universo; la persona que, por algún motivo, no era él.

Dirigió un puño recargado de poder directo al rostro del Rey, quien necesitó ambas manos para detenerlo. Forcejearon interminables minutos, donde la población enmudeció, pasmada por la incertidumbre que lo que sucedía les generaba. El forcejeo los privó de todo el aire que les fuera posible respirar y apagó por completo sus gargantas, eternamente silenciadas en un inmutable gesto de sorpresa y expectación, incluso de terror.

Vegeta y Broly se movían uno contra el otro, con énfasis en cada respiración y cada mirada, uno para inmovilizar y el otro para no permitirlo. Los ojos fijos en el otro, ojos eyectados de cólera y de todo lo que se generaban históricamente.

Vegeta tenía dificultades para inmovilizarlo; aquel odioso guerrero había liberado su máximo poder a partir de la locura que le generó saberse prontamente derrotado por su rival. El Rey, decidido a no dejarse vencer, lleno de orgullo desmedido y alimentado, al mismo tiempo, por la ira que Broly despertaba en su ser, apretó fuertemente el puño del Guerrero Legendario, casi logrando romperle los dedos, aunque sin conseguirlo.

Broly, desesperado, lo atacó con su mano libre, la que en un rápido movimiento fue sujetada por las manos de Vegeta. Debido a la frustración, el Gigante sin pupilas intentó librarse una vez más, actuando de forma impulsiva más que meditada; eso fue la luz verde para el Rey, quien en un rápido movimiento apoyó la palma de una de sus manos en el brazo inmovilizado. Un rayo y un rugido de la boca del Rey Dorado fueron lo único perceptible a partir de ese momento.

—¡BIG BANG!

Y, entonces, un gemido de dolor. Era sincero como nunca lo había sido.

—¡MALDITO! —El Guerrero Legendario, sin poder evitarlo, se precipitó hacia el suelo junto a Vegeta.

Su brazo, roto y herido. Ese rayo que Vegeta había depositado en éste terminó por romper los huesos de su brazo, prácticamente dejándolo sin una de las dos extremidades más importantes a la hora de pelear. Los músculos estaban, en la zona inferior a su codo, allí donde el Rey había apoyado su mano, en carne viva. El impacto del rayo había sido demasiado poderoso... ¡Si hubiera estado en otro estado, su extremidad ya no existiría! Era una suerte que su cuerpo se ensanchara; ésa había sido su salvación.

—¡ERES UN MALDITO, VEGETA! ¡MALDITO! —continuó bramando, sujetando su brazo izquierdo. Se sintió debilitado por el dolor y creyó que iba a desmayarse justo antes de llegar al suelo, pero algo pareció reaccionar en él; algo pareció despertar en su interior—. Vegeta...

Se soltaron antes de llegar al suelo y, así, se alejaron el uno del otro.

Aún flotando en el aire, se miraron sin piedad existente, uno satisfecho por el giro que tomaban las cosas y el otro, inesperadamente, consciente de lo que sucedía.

Broly lo supo, era oficial: estaba en desventaja.

... ¡Pero no tanto como el Rey pensaba! Eso fue lo que se dijo a sí mismo: había recobrado parte de la consciencia, ésta se había despertado y había poseído todo su ser nuevamente, con una lucidez que no recordaba haber sentido en el estado del Gigante sin pupilas.

Respiró con dificultad, distrayéndose debido al dolor que nacía de sus huesos rotos y su brazo en carne viva, y se alejó aún más del Rey, intentando evadir su sonrisa soberbia y sus aires de victoria que, a decir verdad, tenían fundamentos para existir.

"Necesito concentrarme", se dijo.

—Hay una manera para derrotarme y lo sabes —comentó Vegeta—. ¿El cerebro te funciona lo suficiente como para saberlo?

—¡Papá, silencio! —gritó su hijo desde alguna parte de la Plaza Central de Reuniones—. ¡NO LE DES IDEAS! Estás a punto de ganar, no es apropiado que sigas con esa actitud...

—¡SILENCIO! —espetó el Rey en respuesta—. Si gano, no quiero que sea fácil... —Se cruzó de brazos, adoptando sobre el cielo su característica pose—. ¡Él tiene una forma de ganarme! Dejemos que los engranajes de su cerebro giren un poco, a ver si se despabila lo suficiente como para darse cuenta de qué es lo que debe hacer...

—¡Pero...! —siguió Trunks—. ¡Padre, tú...!

Broly siguió retrocediendo, acción a la que Vegeta no pareció darle importancia.

"Está loco", pensó. Era obvio que no sabía qué hacer, pues se lo veía desquiciado por su desventaja. Sabía que estaba desesperado, lo sentía en el aire, pero no estaba tan acertado...

"No estoy loco, Vegeta...", sin saberlo, el Guerrero Legendario contestó en su mente a su Rey. "Sé perfectamente de lo que hablas...".

—¿Así está bien? —El Gigante sin pupilas extendió su brazo sano sobre su propio cuerpo. Sus músculos se endurecieron al igual que sus venas, las que resaltaron por toda su piel, especialmente en sus muñecas y su rostro—. Así, Vegeta... —Una bola de energía muy pequeña y verdosa, igual al aura que lo rodeaba, hizo aparición.

El Rey se sorprendió pero no pudo evitar alegrarse. ¡La consciencia de Broly había despertado! Era un milagro, se dijo, un maravilloso milagro.

"Eso es, Broly. ¡Un ataque a distancia!".

—Vales la pena, basura... —admitió, más divertido y emocionado que nunca—. ¡Demuéstrame que eres el rival más digno al que he enfrentado! ¡DEMUÉSTRALO!

Estaba seguro de poder derrotarlo, sólo tenía que contrarrestar ese ataque con un poderoso rayo de energía. Enumeró mentalmente sus ataques preferidos, ansioso por ver qué tipo de técnica le lanzaría Broly. ¿Y qué técnica usaría él para contraatacarlo? ¿El Big Bang? ¿El Final Flash? ¿O quizá el Garik Hó? ¡Tantos ataques mortíferos y únicamente tendría esta ocasión para usarlos! Sus ojos brillaron de emoción.

"La batalla de mi vida".

Y qué saiyan se sintió al pensar en ello.

Broly, concentrado como nunca, respiró profundamente mientras hacía crecer la bola de poder que flotaba sobre la palma de su mano. Creyó reír al escuchar la sorpresa y el horror de la población, al escucharlos decirle al Rey que era genial o que estaba totalmente loco por lo que estaba provocando. ¡Tantas opiniones dispares! Pero estaba completamente ajeno a éstas: únicamente podía pensar en su disparo, en esa única oportunidad de matar a su rival de toda la vida.

"Esta será la única forma. Si fallo, mereceré morir; si no fallo... ¡Quien morirá serás tú, maldito! Y así obtendré mi victoria: ¡seré el más fuerte de nuevo, y nada ni nadie podrá derrotarme!".

—Nada ni nadie... —afirmó—. ¡SI LO LOGRO, TODOS USTEDES MORIRÁN, INDIGNOS! ¡Luego de Vegeta seguirán ustedes!

Porque los odiaba con toda su alma: por ser civilizados, por dedicarse a tonterías y por llevar su sangre, esa que no merecían en absoluto.

Esa que solamente él merecía...

La bola de poder se acrecentó paulatinamente; al mismo tiempo, el dolor del brazo que ya no le servía era molestísimo. ¡Cuánto dolor le provocaba el ardor de su carne! Ese era el gran problema que tenía en ese momento: la desventaja física que le significaba como guerrero lo que Vegeta le había hecho. Bien sabía que al lanzar ese ataque se debilitaría demasiado. ¡Su razón estaba intacta, por eso lo sabía! Estaba herido y perdiendo sangre, motivo suficiente para saberlo: ese ataque, incluso, podría poner en peligro la transformación que portaba en ese momento. No estaba tan seguro de ello, pero era una posibilidad.

Mas no le importaba.

Si ésa era la última vez que el mundo veía al Gigante sin pupilas, no sería gratis: tenía que matar a Vegeta. Si no lo lograba, entonces, su honor moriría incluso antes que su cuerpo.

"Mi última oportunidad...".

Y casi como si una fuerza superior lo hubiera ayudado, algo lo distrajo.

"¿Qué significa eso...?".

Alejado del Palacio y de la Plaza Central de Reuniones como estaba, sobre el cielo y perdiendo sangre poco a poco, particular fue para su habilidad de percibir el poder de pelea de sus rivales notar un poder distinto al del resto. Destacaba demasiado y llegó a distraerlo genuinamente. Era tan distinto a los saiyans que estaban debajo de él, tan particular en esa marea de guerreros sin nada que los destacara más que tener la misma sangre que él, aunque en una calidad inferior...

La crudeza de esa presencia llegó a perturbarlo.

"Es como si no fuera saiyan...".

Sin descuidar su poder, se alejó más de Vegeta y la población, buscando acercarse a la persona que portaba tan particular presencia.

"Pero sí es saiyan", se dijo. "Su presencia tiene un ápice de saiyan; aunque tiene algo más".

Desde la lejanía, incrustó sus ojos en el casco del Príncipe Trunks.

"Sí, se parece a él... ¡Es exactamente como él! Dos presencias demasiado parecidas...".

Continuó alejándose más y más de la batalla que protagonizaba con el Rey, quien comenzó a reír con vehemencia al contemplar a su enemigo.

—¡¿Te alejas? ¿Así esperas ganarme? ¡¿Vas a lanzar tu ataque o qué? Estoy esperando, insecto... —lo provocó con placer.

Broly hizo poco caso a lo que su contrincante le decía; estaba demasiado concentrado en entender y ubicar la tan particular energía.

"Se parece al híbrido", continuó. "Es igual: dos gotas de agua estos dos poderes de pelea".

Sus ojos se alejaron de Vegeta y viajaron por todo el suelo de Vegetasei, buscando a la persona que poseía esa presencia.

"¿Dónde estás? ¿Quién eres?".

Y la vio. Allí estaba su boleto directo a la victoria... ¡Sí! ¡La humillación! Lo humillaría...

"A ti no te conocía... ¿De dónde saliste? Acaso...".

Intentó recordar ese día, el de la muerte del Rey anterior y el del nacimiento de la transformación dorada de Vegeta.

"Durante años me pregunté si no me había equivocado, pues juraba haber visto a dos... ¡Pero sólo sentí a uno! ¿Tan débil eras, niñita?".

Bra empezó a llorar mientras su cuerpo temblaba exageradamente.

"Me está mirando... ¡ME ESTÁ MIRANDO!".

Aún detrás de la columna, sin ser visible para quienes allí estaban; mas para Broly sí era visible: estaba muy cerca de ella, elevado en el aire como su hermano en la Tierra, pero sin pupilas y con una sonrisa totalmente desquiciada decorando su boca.

"Me va a matar...".

Y lloró con más fuerzas, sin proponérselo, simplemente haciéndolo.

Quiso gritar pero no había forma. ¡Acababa de perder la capacidad de hablar! Su voz se había ido, presa del miedo, muy lejos de ella. Era imposible moverse y huir; era como si esos ojos blancos la clavaran en el sitio donde estaba, como si la inmovilizaran para siempre.

"Me va a matar...".

Broly alejó sus ojos de ella, con la intención de no delatar sus intenciones ante el siempre perspicaz Vegeta. Pero Bra seguía sintiéndose observada, violada por los ojos blancos que le decían que pronto moriría. El Guerrero Legendario, asqueado por lo débil que parecía esa muchacha, volvió a reír una vez más.

"Ay, Vegeta... ¡Qué vergüenza! Si se parece tanto al cadáver... ¡Es tu hija! ¡TU HIJA! Una híbrida que no parece saiyan, una pobre muchacha débil y asustada, inútil... ¡Y el híbrido es igual a ella! Seguramente, él también tiene esos ojos y ese cabello indignos cuando de nosotros se trata...".

—Tus pecados, Vegeta... —profirió repentinamente, en una voz tan baja que apenas fue audible.

"Tan igual al híbrido... Pero hay una diferencia".

La bola de energía aumentó dramáticamente de tamaño, desatando sentimientos en todos los espectadores.

"A diferencia del mocoso con casco, ella es más débil. Pero no sólo eso los diferencia: las fluctuaciones inconscientes de su poder de pelea, demasiado notorias, dan a entender algo demasiado llamativo cuando de un saiyan se trata".

Atisbó a Bra sólo un instante y el horror de minutos anteriores estaba intacto.

"No está entrenada. A diferencia del engendro, ella no sabe controlar su poder...".

El miedo en los ojos azules de esa hermosa joven se lo hacía saber.

"No estás entrenada, muchacha. No puedes defenderte, no tienes escapatoria...".

¡Y ahí estaba la estrategia! Era perfecta y le aseguraba el éxito. Recordar a Vegeta llorando, aferrado desquiciadamente al cadáver de la terrícola, le daba la pauta de que esa era la forma de derrotarlo.

"Darte donde más te duele para sacarte lo peor de adentro... Lo lamento tanto...".

—Su poder de pelea, al nacer, era insignificante —masculló ante un ahora extrañado Vegeta—. Fue por ello que aquel día, en la Tierra, no la noté... ¡Pero allí estaba! ¿Verdad, Vegeta? Allí estaba, detrás de ti y junto al engendro de tu hijo...

La piel del Rey se erizó por completo. Las palabras parecían metáforas de lo desconocido.

Un mal presentimiento se dibujó en su corazón, con fatal honestidad.

—¡Si es idéntica al cadáver! —continuó bramando Broly—. Pero le falta algo para ser totalmente idéntica: morir.

Bra se tapó la boca, sabiendo perfectamente que hablaba de ella.

Y Vegeta, anulado por las últimas palabras...

"El cadáver".

Su corazón dejó de latir.

"Se refiere a Bulma...".

Trunks, atento a todo lo que sucedía, entendió a la perfección a quién se refería Broly. Su corazón se deshizo al armar el rompecabezas que le permitió entender lo que estaba sucediendo.

"No es posible... ¿Acaso, ella...?", pensó el Príncipe justo antes de reaccionar.

—¡BRA! —Vegeta escuchó el grito desgarrador de su hijo e, inmediatamente, lo vio volar en dirección a Broly.

Pero él allí, fijo en su sitio, sin capacidad alguna para moverse ni un milímetro de donde estaba.

"Igual al cadáver...".

Revivió los últimos segundos de la vida de Bulma en un instante.

"Junto al engendro...".

Me iré para no volver por largo tiempo, hasta el dichoso día en el que me demuestres que eres capaz de despertar la pasión por las batallas en los saiyan, hasta el día que sus poderes de pelea atraviesen las cuatro galaxias con crueldad y sin compasión... —Hizo silencio y se acercó a él, quedando cara a cara con el Príncipe—. Ahora, toma esto. —Le dio el Collar Real, al que Vegeta tomó sin demasiada fuerza, sin ningún interés—. Te lo ganaste sólo por ser cruel... Aunque por lo que vi había un niño detrás tuyo, ¿no? —El comentario hizo que Vegeta abriera enormemente sus ojos—. Un niño, un híbrido...

"Sólo vio a uno, al otro no...".

¿Realmente sólo lo había visto a Trunks? ¿O acaso sólo le había prestado atención a él debido a su poder?

"Bulma...".

Cuídate... Te extrañaré, Vegeta... —Volvió a acariciarlo, casi cerrando sus ojos—. Te espero en el otro mundo... Nos volveremos a ver, te lo juro... —Él la besó sin ser ya consciente de lo que hacía, cosa que la hizo sonreír enormemente—. Te amo, Vegeta...

Sus ojos, nerviosos, se movieron por todo el espacio. Su mente, al mismo tiempo, se concentró en buscar lo mismo que sus ojos. Gracias a su posición en el aire y al inmenso y excelente panorama que tenía del suelo, finalmente pudo verla y sentirla. Pudo percibirla en cuerpo y alma...

"Bra...".

Diminuta, detrás de una columna de piedra blancuzca.

Microsegundos duró aquella situación, a pesar de que al Rey más le parecieron días y años enteros. Veía todo en cámara lenta, petrificado y con el corazón acelerado y desacelerado por lo inesperado de la situación.

Cuídalos por mí, Vegeta...

—¡VEGETA! —Gritó finalmente el Guerrero Legendario, ajeno a todo lo que ocurría en su mente—. ¿Llegarás a tiempo esta vez? No me interesa... —Levantó más su mano y rió con énfasis, desquiciando hasta límites increíbles la bola de energía que se acrecentaba más y más a través del tiempo—. ¡Esta es mi venganza, imbécil! Mi venganza por la humillación y por haberte atrevido a superarme... ¡CONVERTIR EN CADÁVER A TU HIJA! Para volverla igual que a su madre... ¡Qué conmovedor! —Más risas y más poder, más locura en su rostro desfigurado por el placer que la situación le otorgaba en bandeja—. ¡Este es el pecado que llevas en la sangre! ¡HABERME SUPERADO!

—¡BRA! —exclamó nuevamente Trunks, buscando sin éxito a su hermana en la marea de gente, sin quitarle la mirada de encima a Broly. Estaba completamente desesperado, Vegeta se daba cuenta de ello apenas por escucharlo.

La gente exclamaba cosas, palabras que él no comprendía, dichas en un idioma que él no tenía la capacidad de entender, de discernir. Broly continuaba riendo y su hijo, incapaz de sentir el poder de pelea de su hermana y únicamente sabiendo que allí estaba por deducción, la buscaba con desesperación muy cerca de donde el Guerrero Legendario se encontraba.

—¡BRA! —Eso fue lo que le pareció escuchar a Vegeta—. ¡BRA! —seguía Trunks—. ¡CONTÉSTAME! ¡BRA!

La población continuaba profiriendo palabras extrañas, haciendo sonidos incomprensibles para él.

Y Bra...

Eternamente bella, eternamente idéntica a la Bulma de sus recuerdos, permanecía fuera de sí tras la columna.

Preciosa, perfecta...

—Bra... —balbuceó finalmente.

Nos volveremos a ver, te lo juro...

"¿Es éste el final?".

—¡MORIRÁS, CHIQUILLA! —Broly movió su brazo hacia atrás, buscando impulso para lanzar su ataque.

—¡BRA! —continuaba gritando Trunks.

—Bra... —volvió a balbucear Vegeta, sin respiración ni voluntad.

—Trunks... —Casi viéndose muerta, palpitando el inevitable desenlace de esa escena, Bra finalmente fue capaz de hablar, aunque sólo en un hilo de voz—. ¡Trunks...!

Nos volveremos a ver, te lo juro...

"¿Es eso lo que quieres, mujer?", se preguntó el Rey en su mente, la que no podía mover ni un ápice al cuerpo que la portaba.

—Quieres que yo...

"Tu promesa, Bulma...".

Y Broly lanzó el ataque, el que voló en dirección a su hija con increíble velocidad.

—¡TRUNKS! —gritó finalmente ella, con lo último que le quedaba de aliento.

—¡BRA! —Y él finalmente la encontró. Sin dudarlo, se aferró al cuerpo de su hermana con todas sus fuerzas, protegiéndola.

—¡NO! ¡Trunks, tú no...! —Lo abrazó, sin fuerzas y casi sintiendo el calor de la técnica en su rostro, muerta de miedo, más miedo por él que por ella—. ¡NO!

Y Vegeta, quien seguía viendo todo en cámara lenta, casi ajeno a los gritos que resonaban por todo Vegetasei...

—¡TRUNKS! —escuchó gritar a Pan, quien intentaba librarse del agarre de sus padres, Mitis y Tark—. ¡TRUNKS!

—Bulma...

Los hare felices y siempre aguardaré por ti... —dijo ella, aceptando encantadoramente el destino que le deparaba al lado de un guerrero—. Mientras ellos y tú estén bien, no me interesa nada más... No será fácil, pero lucharé por esta familia.

"Familia", Vegeta necesitó reír ante la mención de esa palabra.

Un guerrero necesitaba paz para pelear en su máximo poder y, según siempre decían los ancianos de su clase, una familia que sirviera de soporte sin dudas se la daría a un saiyan...

Por eso había tantas familias en Vegetasei...

"Porque son la paz que el guerrero necesita para concentrarse en las batallas que tan feliz lo hacen".

La paz que le daba al saiyan el poder de la plenitud mental y emocional...

La plenitud que lo llevaba sin escalas al máximo nivel de poder.

Yo también lo haré.

—Familia...

El cuerpo se movió a una velocidad que nadie logró captar, hija ésta de la Segunda Fase de Súper Saiyan que había alcanzado hacía ya unos años. La luz dorada viajó esa distancia sin que nadie se percatara de ello.

—Lucharé por esta familia...

Siguió volando, sin pensar y sin sentir, sabiendo qué sucedería pero asegurándose de que así estaba bien. Era un destino justo, totalmente justo.

Ahora lo sabía, acababa de comprenderlo.

"Tu promesa, Bulma...".

Y siguió volando, indetenible, seguro de lo que hacía, sin reproche alguno.

Cuídalos por mí, Vegeta...

—Bulma... ¿Cumplirás tu promesa?

Nos volveremos a ver, te lo juro...

—Llegó la hora de que la cumplas, mujer...

A no más de diez o veinte metros de sus hijos, el Rey finalmente logró interceptar el poder. Lo hizo de espaldas, sin titubear. Sus ojos fijos en sus hijos, especialmente en Bra, quien al atisbarlo pareció entrar en pánico, cosa que por algún motivo lo alegró.

—¡NO! —bramó Bra al ver cómo la bola de energía era cubierta por la espalda de Vegeta, su padre, el padre de ambos—. ¡PAPÁ! —Intentó soltarse del agarre de su hermano, con lágrimas gruesas y furiosas que caían de sus desorbitados ojos—. ¡PAPÁ!

Trunks, con sus brazos temblorosos y llenos de poder, ese que se sostenía con fuerza del dulce cuerpo de su hermana, necesitó girar para verlo, para saber que eso realmente estaba sucediendo.

—Papá... —Las lágrimas cayeron solas—. ¡Papá...!

Las miradas que se iban, los golpes que no se hacían esperar, las lágrimas, los espejos rotos, las cicatrices, las batallas...

El abrazo...

Vegeta lo tomó fuertemente del brazo y, acto seguido, pegó el pecho de su hijo al suyo, abrazándolo con la mano que acababa de tironearlo. Al sentir las manos de su hijo aferrarse con fuerza a su espalda, sonrió sin poder evitarlo.

Serás fuerte cuando salgas por esta puerta —exclamó el Rey—. Nadie te derrotará y nadie te cuestionará... ¡Nadie tendrá recriminaciones para ti! Serás el Príncipe que siempre debiste ser y el futuro Rey que todos desearán ver portar este collar.

Trunks lloró por unos segundos, sintiéndose más feliz que nunca en los brazos de la mejor y la peor persona que había conocido en su vida; absorbido por el deseo de quedarse así y, al mismo tiempo, de asesinar a quien se aferraba cálidamente.

Serás el Rey de una nueva era, esa que permitirá híbridos con poderes que jamás soñamos y Súper Saiyans que terminarán por eliminar la diferencia de clases —siguió exclamando Vegeta, con la mano estática sobre la espalda de su hijo—. Serás todo lo que yo tendría que haber sido... ¡Pero yo me llevaré el honor de haber destrozado al Guerrero Legendario! Broly morirá en mis manos y no serás perfecto en la historia de nuestra sangre únicamente por no haberlo hecho tú. Te lo juro, Trunks... —Nuevos sollozos de parte del hijo y el Rey recordó a Bulma y al amor que ella aseguraba tener por él—. El odio por lo que te hice y el afecto por tu hermana y la chiquilla insolente te harán el ser más invencible del universo... ¡Odio, pasión y tristeza! Esos son los secretos que te dejo de obsequio para el futuro.

¿Por qué, papá? —preguntó el muchacho, aún sin lograr entender cómo habían llegado a aquella inesperada situación.

Porque se lo debía a Bulma por no cuidarte como ella me lo pide en sueños hasta el día de hoy; por la felicidad incompleta de tu hermana y por la eterna desdicha que regué sobre ti con ese maldito casco, el que jamás te permitió demostrar la fortaleza que tienes por herencia mía y de tu madre.

Papá...

—¡PAPÁ! —El odio, la pasión y la tristeza llegaron a él—. ¡NO, PAPÁ!

Los hermanos se apretaron tan, tan fuerte... El amor fraternal los obligó a hacerlo, los obligó a unirse con fuerza por lo que sus ojos presenciaban. Estaban obligados a estar unidos y les daba felicidad tenerse el uno al otro.

Pero lo que veían era demasiado desgarrador para ser soportado... Para ser, de alguna forma, entendido...

La imagen era imponente: Vegeta, el Rey Dorado, nombre por el que seguramente sería recordado para siempre, hacía resplandecer su poder a su alrededor. Las luces doradas y las descargas eléctricas que explotaban en torno a su cuerpo tenían de fondo la inmensa bola de poder de Broly, quien no paraba de reír sobre ellos, exhausto pero satisfecho.

"Sabía que la protegerías, infeliz... ¡Mi estrategia! Provocar esto... He ganado".

—¡¿Sigues pensando que no tengo estrategia? Este es tu castigo por confiarte, por ser tan imbécil como tu padre, como todos los que están aquí... ¡MUERE, VEGETA!

Y el Rey, mostrándose más fuerte que nunca ante sus hijos, su pueblo y su rival, necesitó sonreír, aún aguantando el poder en su espalda, sabiendo el momento muy cercano.

"Bulma...".

Sus hijos vislumbraron su sonrisa y las lágrimas se agolparon en los ojos de ambos, mojando completamente sus rostros, el de quien portaba un casco y el de la que había tenido un mejor destino. Ambos lloraban y sintieron lo mismo que su padre: esos segundos estaban durando días, semanas, años... ¡Décadas! Esos momentos serían eternos, serían inolvidables, serían imposibles de superar...

—¡PAPÁ! —Un último grito de Trunks, alimentado por las lágrimas y el odio, la pasión y la tristeza, antes del esperado final.

El grito de Vegeta no se hizo esperar: fue devastadoramente fuerte... Se desgarró la garganta de forma casi literal, producto del dolor físico y emocional que llenaba cada milímetro de su persona. A su vez, el poder que lo rodeaba majestuosamente estalló en toda su extensión, provocando que la bola de energía del Guerrero Legendario empezara a extinguirse. El poder, el de la bola y el del guerrero, amenguaron poco a poco, hasta que un estallido final nubló la vista de todo Vegetasei.

—¡PAPÁ! —El grito de sus hijos fue lo último que escuchó antes de que la luz apareciera y anulara todas las miradas del universo. Un segundo antes de que esto sucediera, se permitió sonreírles por última vez.

"Tu promesa, Bulma...".

Nos volveremos a ver, te lo juro...

"Tu promesa...".

El estallido hizo temblar el planeta entero y debilitó muchas construcciones a lo largo del lugar. Las edificaciones de Vegetasei estaban hechas con resistencia a consciencia, pero ni eso hizo que soportaran del todo, pues el polvo y las rocas que muchas de ellas perdieron, incluso el imponente Palacio, fueron inevitables. Quebraduras en paredes e incluso derrumbes en los hogares más frágiles, muchos de éstos ubicados en el lugar de los Clase Baja. Era un desastre, dejaba su huella con crueldad y pasión.

El planeta, ahora, estaba marcado con fuego.

Todo tembló, y la gente tembló junto al planeta, consumada con el suelo que les pertenecía y que, desde hacía 200 años, sentían como suyo.

Cada una de las almas que poblaba ese planeta, cada ser que portaba orgulloso la sangre saiyan, supo que su vida y la del mundo que conocían jamás volvería a ser la misma. Fatalidad absoluta, punto de inflexión ineludible. Desgarrador todo lo que percibían con la piel, por los sentidos de la vista y el oído completamente anulados por Broly, Vegeta y la expresión más pura del poder de ambos.

Y Vegetasei, aquel planeta rosado perdido en alguna de las cuatro galaxias, tembló como jamás en su existencia lo había hecho. Tembló consumido por las sensaciones más indescriptibles de la historia, por todo lo que sus habitantes sentían y decían, por todo lo que se expresaban en medio de la explosión. Esto no era como la guerra entre saiyans y tsufur; era muchísimo peor.

Ya nada se escuchó. Nada se vio. No había nada, sólo la incertidumbre y el poder de una sola persona creciendo, alimentada por el odio, la pasión y la tristeza.

Y los ojos se abrieron al fin, y los oídos volvieron a escuchar...

—¡TRUNKS! —Pan golpeó a todos los que la sujetaban, librándose de ellos en un abrir y cerrar de ojos. Voló hasta donde la explosión había visto su epicentro, y la imagen que encontró frente a sus ojos le destruyó en mil pedazos el corazón—. ¡REY VEGETA!

Se recordó escupiéndolo en el rostro, llena de odio hacia él y de amor hacia su hombre, y no pudo evitar caer de rodillas al suelo gracias al impacto de aquel tristísimo cuadro. Lloró, lo hizo sinceramente; no por ella, por Vegetasei, por los habitantes, ¡ni siquiera por Trunks! Lloró a su Rey, lo hizo sintiendo cada gota que caía de sus ojos.

Sus padres, Tark, Raditz, Zuzik, los ancianos de Clase Alta... ¡Todos! Nadie fue indiferente. Se agolparon tras ella. Nadie se atrevió a avanzar más allá de Pan, pues las lágrimas y los gritos de impresión y tristeza que ella experimentaba quitaban todo deseo de ver más de cerca lo que acababa de suceder. Nadie quería verlo más que Pan; ella les transmitía lo que exactamente sentirían si daban un paso más al frente.

Tark, con lágrimas silenciosas en su rostro aventajado por los años, abrazó por detrás a la muchachita, sin quitarle los ojos de encima al Príncipe, a la Princesa... Y al Rey, sobretodo a éste.

"No es justo... Este no es un final justo...".

—No es justo... —repitió en un murmullo que sólo Pan escuchó—. El destino, los dioses, no sé decirlo... No creo en esas cosas... Pero... Esto... Esto no es justo. Si alguna fuerza superior decidió que esto debía acabar así, es demasiado cruel...

Sollozó al contemplar a Trunks, sintiendo más que nunca la necesidad de sentirlo su hijo, de sentirlo como su pequeño Onei, muerto en la guerra con Freezer. Siempre lo había visto de la misma forma y lo había sentido casi con igualdad; ahora, lo sentía en toda la extensión de su alma.

Raditz tomó la mano de Zuzik casi por instinto, necesitando el calor de su mujer para poder soportar esa imagen.

"Vegeta...".

Recordó cuando eran compañeros de escuadrón y el honor que le significaba combatir al lado del antiguo Príncipe. Tantas batallas, tantos entrenamientos. Complicidad, casi camaradería entre ambos...

Giró su cabeza a un costado, incapaz de seguir mirando e intentando con todas sus fuerzas contener la lágrima que su corazón deseaba derramar.

Un pensamiento, entonces, vino a su mente:

"Goten... ¡¿Qué pasó contigo? Tú ibas a cuidar a esa chiquilla...".

¡¿Y si ella le había hecho algo? ¡¿Cómo habría sido eso posible?

"No lo veo por ninguna parte".

Besó a Zuzik, quien sí se había permitido llorar levemente por lo que sucedía, y se despidió:

—Necesito saber si él está bien...

—Claro, Raditz. —Zuzik, a pesar de todo, le sonrió—. Ve...

Y desapareció del lugar.

Zuzik abrazó a Chichi, su cuñada, quien reflejaba con su llanto todo lo que se decía de la familia que ella y Kakarotto habían formado hacía ya muchísimos años: una bondad infinita. La mujer que llamaba Gokuh a su hombre en momentos de dulce intimidad expresó en nombre de él lo que esa escena simbolizaba para esa familia.

"Pobre Príncipe...", no pudo evitar pensar, con su instinto materno a flor de piel. "Es demasiado triste...".

Pan giró unos instantes, buscando en las miradas de las personas algún tipo de explicación, la cual por supuesto no existía. No podía ni quería acercarse a Trunks, sabía que no debía hacerlo en un momento así; por eso buscaba algo que ni ella sabía qué era en los ojos de la gente. ¿Realmente quería una explicación? No, se dijo. Quería consuelo, quería volver el tiempo atrás, quería despertar de esa pesadilla cuanto antes.

"Pero es real... ¡MALDITA SEA! Es real...".

Antes de volver sus desesperados ojos a su hombre, alejado de la mayoría de las personas pudo ver a su bisabuelo. Bardock no miraba la escena, sino que la miraba a ella. Al saber que ella le devolvía la mirada no bajó sus pupilas ni las alejó, simplemente dedicó a Pan los ojos más enigmáticos que tenía. Para su bisnieta fue imposible entender el significado de esos ojos, pero supo, de alguna forma, que esos microsegundos de contacto eran una especie de disculpa de él hacia ella.

"¿Lo has entendido, bisabuelo? Quizá te falta un poco más para hacerlo...".

Deseando que él pudiera comprender y agradeciendo poder distraerse con ese pensamiento en un momento tan límite, volvió a girar hacia su hombre, reanudando su llanto.

Bardock no sabía cómo volver a poner en funcionamiento a su cerebro. ¡Estaba en blanco! No le interesaba NADA de lo que estaba pasando, sólo podía pensar en su bisnieta, en su miembro favorito de la familia. Sólo podía pensar en la persona que, cubierta de sangre, estaba frente a todos ellos... El Rey Vegeta.

Mientras cada alma en Vegetasei vivía ese momento de maneras dispares, algunos tristes y otros furiosos, unos esperanzados y otros resignados con respecto a Broly, Vegeta aún se mantenía erguido sobre el aire, transformado en Súper Saiyan. Su posición era idéntica a la que había tenido al detener el poder del Guerrero Legendario, con los brazos extendidos a cada lado de su cuerpo, pero ahora estaba muchísimo más cerca de sus hijos, quienes ya no tenían tras sus espaldas a la columna, pues ésta había cedido ante el poder, derribada por los temblores del planeta. Ahora, el Rey estaba a dos metros de Trunks y Bra, dando a entender que la onda expansiva lo había empujado bastante... Pero su poder, evidentemente, había sido más: la técnica jamás alcanzó a sus hijos.

Su transformación no tardó en apagarse y su cuerpo, perfecto de frente pero en carne viva a sus espaldas, producto del ataque, cayó boca arriba al suelo, no sin antes de que el padre pudiera arrojar una pequeña risa a sus hijos.

—¡PAPÁ! —masculló Bra mientras corría a su lado. Sus rodillas flaquearon del lado izquierdo del Rey, mientras que las de su hermano hicieron lo propio del lado derecho. Dejándose llevar por lo difícil del momento, cada uno tomó una mano de Vegeta mientras un charco de sangre no hacía más que crecer debajo de él—. Papá... —La joven se percató de la sangre y chilló con fuerza, destrozada por todo—. No, papi... ¡NO! ¡POR FAVOR, NO! ¡ES MI CULPA! ¡ES MI CULPA, PAPÁ!

Pues si ella no hubiera ido hasta allí, se dijo, su padre hubiera ganado fácilmente la batalla.

—Pero no, obstinada como siempre... ¡ES MI CULPA!

Para sorpresa de los gemelos, Vegeta abrió levemente los ojos que mantuvo cerrados desde su caída; una media sonrisa asomó por su boca.

—Cállate, niña... —farfulló, apenas audibles sus palabras—. Silencio... Gritas demasiado...

Carraspeó sin parar por largos segundos, con un dolor que provocaba lágrimas en sus ojos. Tosía sangre profusamente y cada rincón de su cuerpo fue durmiéndose lentamente. Apenas si podía mover los ojos...

"¿Esto significa...? ¿Así es morir...?".

Giró su cabeza hacia Trunks, quien apretaba fuertemente su mano derecha. Su rostro tras su casco hacía imposible saber qué le sucedía; para todos menos para él: los sollozos, el temblor exagerado de su cuerpo y la respiración agitada simbolizaban el profundo dolor de su corazón.

—Odio... Pasión... Tristeza... —balbuceó como pudo Vegeta—. No lo olvides... —Con lo último de sus fuerzas, apretó la mano de su hijo—. Tú podrás ganarle... ¡Eres mi maldito hijo...! Puedes hacerlo...

Y Trunks agachó la cabeza, incapaz de decir o hacer algo más que llorar.

"No quería que terminara así, papá... ¡NO QUERÍA! No quiero... No te mueras, papá... ¡POR FAVOR!".

A pesar de sus errores, de sus golpes, de las miradas que esquivaba, de los secretos, de la crueldad...

—No estoy listo... No puedo dejarte ir... —musitó el Príncipe.

—No es cuestión de querer o desear... —El Rey se permitió reír nuevamente, ignorando el ruidoso llanto de su hija, quien clavaba sus uñas en su mano izquierda—. Es cuestión de hacer, chiquillo... —Una oleada de dolor lo invadió y se retorció en el suelo, sintiendo cada vez más apagado su cuerpo—. Debes hacer, no desear... Si te pasas la vida deseando no vas a lograr nada: debes llevar tus deseos a la realidad...

—¿Papá...? —Trunks no pudo creer lo que él le había dicho—. ¿Por qué...?

—Estos 28 años, sólo he deseado una cosa... —Se recordó en la acostumbrada ventana de su habitación; allí, donde meditaba, recordaba y anhelada—. Sólo he deseado... que Bulma cumpliera su promesa...

Nos volveremos a ver, te lo juro...

—¡PAPÁ! —gritó Bra nuevamente—. ¡Ya no hables! ¡BASTA! Debes recuperarte... ¡¿Trunks, hay algo parecido a un hospital aquí? ¡¿Algún lugar donde podamos curarlo? —El charco crecía bajo ella y manchaba de rojo sus rodillas flexionadas, descubrimiento que desató los más crueles temblores en su cuerpo—. No, papi... ¡NO ES JUSTO! Acabo de conocerte, papá... ¡No puedo perderte! —Los gritos se transformaron en incoherencias—. ¡No lo soporto! ¡NECESITO QUE VIVAS! ¡PAPÁ! Papi, por favor... ¡PAPÁ! ¡SOÑÉ TODA MI VIDA CONTIGO! ¡NO ES JUSTO! Te necesito...

—Bra... —Vegeta se dirigió a su hija, a quien le dedicó la mirada más dulce que habían tenido alguna vez sus ojos—. Cálmate... No es momento de llorar... ¡Es momento de luchar...! Ya no llores ni te eches la culpa... Esto debía terminar así... —Volvió a reír, descolocando a sus hijos—. Así tenía que pasar, ahora soy capaz de entenderlo... —Miró al cielo y, por instinto, sus manos soltaron las de sus hijos para intentar alcanzar las nubes que navegaban sobre ellos—. Esta es... Sí, así es... —Una lágrima rodó por uno de sus ojos y esto hizo estallar en llanto a los hermanos, incluso a parte de la población saiyan—. Esta es mi redención... ¿Verdad, Bulma? ¿Verdad, mujer? Sí, mujer... Es mi redención...

Por no haberla salvado a ella.

—A Bulma no pude salvarla, pero a ustedes sí... Así que esta es mi redención... —Más dolor y más retorcimiento en el cuerpo de Vegeta, cada vez más dormido, más debilitado por el ataque mortal que había cargado en sus espaldas—. Aunque ella diga que no, que no hacía falta redimirme... Yo sí siento que hacía falta... Porque por no morir yo aquel día, ella no pudo hacerlos felices... Por no morir yo ese día, me la he pasado deseando volver a verla... Y no me he ocupado de ustedes... Así que, Trunks... —Su hijo apoyó sus manos en su pecho, haciéndole entender que lo escuchaba—. Debes matar a ese imbécil... Con el odio, la pasión y la tristeza...

—Sólo es pasión, papá...

—Si así es para ti, entonces haz lo que se te plazca... Yo, por lo pronto... —Sus manos se elevaron aún más al cielo, completamente estiradas hacia arriba—. Debo exigirle que cumpla su promesa...

Bra entrelazó sus dedos y pareció rezar, atragantada de angustia, odio y amor; mientras, Trunks dejó caer sus manos temblorosas a cada lado de su cuerpo, sintiendo algo extraño, algo que el sufrimiento que lo embargaba le prohibió discernir.

—La pasión, Trunks... La estás sintiendo... Lo siento en el aire... Lo vas a lograr...

Los ojos del orgulloso guerrero se abrieron demasiado, su cabeza se inclinó hacia atrás y sus manos, apuntando totalmente hacia el cielo, se estiraron lo más que pudieron.

—No más pecados en la sangre... —Gimió de dolor—. Esta es mi redención... —Sus dientes se apretaron y, viendo una luz blanca sobre él, solamente fue capaz de llorar, de derramar unas hermosas lágrimas, tan brillantes como la luz que empezaba a envolverlo—. ¡Bulma...! Nos volveremos a ver, te lo juro...

Vegeta...

Su cuerpo empezó a convulsionarse. Las manos se seguían elevando. Sus hijos, muertos en vida, seguían llorando.

La luz, hermosa, empezaba a cegarlo.

"¿Lo estoy imaginando?", necesitó preguntarse. "¿Esto es real?".

Sonrió como jamás en su vida lo había hecho.

—Bulma...

Y las manos del Rey, sin vida, cayeron.

Y el silencio fue el preludio de la locura.

—¡PAPÁ! —Bra se abrazó al cuerpo de su padre con todas sus fuerzas, las conocidas y las desconocidas—. ¡NO! ¡PAPÁ! —Restregó su rostro contra su pecho, manchándose totalmente de sangre. Sacudió el cuerpo frenéticamente, descolocada, bloqueada—. ¡PAPÁ! —No se detuvo a verlo, ni siquiera a respirar: únicamente zarandear el cuerpo, intentando obligarlo a despertar, a despertarse ella de esa asquerosa pesadilla—. ¡PAPÁ! —siguió gritando una y otra vez, ajena al dolor que la población padecía por la pérdida del mismísimo Rey, al llanto de las mujeres y los niños, al respetuoso silencio de los hombres—. ¡NO, PAPÁ...! ¡NO! —Más zarandeos que denotaban la poca capacidad de la joven para entender lo que había sucedido. Muerta en vida, totalmente muerta en vida, con la culpa cernida sobre su cabeza y su alma, marcándola con fuego para el resto de sus días—. ¡NO!

Y Trunks, tiritando por la tristeza, endurecido ante el dolor de su hermana y el lejano llanto incontenido de su mujer a algunos pasos de ellos, sintió algo subir por su cuerpo.

No fue capaz de decir nada, solamente atinó a ponerse de pie, casi sin comprender lo que le sucedía. Una sensación extraña, desconocida...

Levantó las manos y vio sangre en ellas, sangre de su padre.

—Papá... —balbuceó; su rostro era un mar de lágrimas.

Tantos recuerdos, tantos malos momentos, tanto sufrimiento...

Y el abrazo, ese que sin quizá tener derecho a hacerlo, había enmendado todo entre ellos...

"Esa fue tu redención para conmigo, papá...".

—Esa fue tu redención...

Dio varios pasos hacia atrás, con su cuerpo incapaz de controlarse. Sentía un mareo intenso y un calor que le hacía hervir la sangre. Respiró con dificultad y ni siquiera sus convulsiones fueron capaces de despertar a Bra del trance en el que se encontraba, recostada sobre el cuerpo sin vida de su padre, llorando, gritando, golpeando y besando al hombre que le había dado, a ella y no a él, una oportunidad en la vida, oportunidad que él agradecía, pues nadie la merecía más que su hermana.

Sus músculos se ensancharon, sus venas se hicieron notar en su piel. El calor subió y subió, quitándole todo el aire de los pulmones, vaciando a su cerebro de cualquier razonamiento posible. Los dedos de sus manos formaron poderosos puños y su corazón le latió más fuerte que nunca, intentando salir de su cuerpo, intentando explotar en mil pedazos.

Pan fue la primera en percatarse de que algo le sucedía, un algo que no era normal. Antes de que los demás reaccionaran y con la sombra del silencioso y sonriente Broly sobre sus cuerpos, lo único que logró hacer fue tomar fuertemente a Bra, sabiendo que ella no soportaría lo que a Trunks estaba por sucederle. Tark pareció reaccionar segundos después de ella, aferrándose a ambas en gesto protector. Bra, por su parte, seguía gritando, seguía llorando, seguía muriéndose en brazos de Pan, quien la abrazaba con todas sus fuerzas...

Y nada la detendría, ella bien lo sabía.

Mitis se unió a la protección de la Princesa, para sorpresa de Pan, quien necesitó agradecerle con un rostro emocionado. Los cuatro junto a todos y cada uno de los saiyans que pisaban ese suelo, entendieron, al sentir el temblor del planeta llegar a sus cuerpos, que el Príncipe estaba experimentando algo, un algo especial, un algo que les cambiaría la vida para siempre.

Y Trunks, casi sin soportar el calor que le consumía el alma, necesitó gritar, liberando así el dolor y la tristeza, la pasión que tenía en su corazón.

—¡PAPÁ!

Una luz dorada, entonces, se encendió alrededor de su cuerpo.

—¡TRUNKS! —gritó Pan justo antes de que una enorme luz llenara sus ojos, la que casi terminó por cegarla.

Bra reaccionó en sus brazos y giró hacia su hermano, fuera de sí por el peso de la culpa y por el sufrimiento al que la muerte la había sometido.

Ambas, siguiendo un instinto más parecido al cariño que al miedo, se abrazaron con todas sus fuerzas y gritaron, al unísono, el nombre de la persona que más amaban en el mundo.

Y la luz dorada estalló.

Sólo fue visible una cosa: un círculo negro que se desquebrajaba poco a poco. Repentinamente, unos vidrios parecieron romperse, disolverse por acto de la luz. El casco de Trunks no había hecho otra cosa que desaparecer para siempre. Unas ráfagas envolvieron al cuerpo e iluminaron a todos los presentes, haciendo resplandecer las miradas, las lágrimas y la felicidad del Guerrero Legendario.

"Lo has logrado, engendro...".

Trunks, sin mente, sin alma, sólo con corazón, sintió la pasión recorrer sus venas, haciéndose una con la sangre. Un nuevo grito, un alarido de pasión, hizo temblar al suelo con la misma intensidad de su poder.

Y finalmente, para sorpresa de todos, apareció el Súper Saiyan.

—El híbrido... —balbuceó Bardock, con la mandíbula casi descolocada—. El híbrido... —Y se arrodilló, con el corazón lleno de respeto.

Trunks les daba la espalda a absolutamente todos y seguía sin reaccionar. ¿Dónde estaba su mente? ¿Su voz? ¿Su alma? Solamente sabía que estaba allí por el latir de su corazón.

Su corazón... Rebosante de pasión, de todo lo que esa palabra personificaba para para un saiyan y para un terrícola. Su corazón sentía más que nunca, y así lo había llevado a ese estado de su sangre, a ese poder que se hacía uno con su esencia, haciéndole entender que todo era por algo, que él estaba allí por algo, que realmente tenía una misión...

Permaneció allí, quieto, simulando una estatua, petrificado por lo inesperado de su pasión. Los gritos de aliento no se hicieron esperar y éstos, por algún extraño motivo, lo despertaron de su largo letargo espiritual.

—¡EL PRÍNCIPE DORADO! ¡EL NUEVO REY DE VEGETASEI! —exclamó Tark, con la voz quebrada por la emoción—. ¡EL SALVADOR DE LA SANGRE SAIYAN!

Las palmas sonaron: ¡todos aplaudían! El aire se llenó de aplausos, de afirmaciones, de admiración...

"Respeto...".

Y al sentir el respeto traspasar su alma, recordó que estaba vivo, que tenía una misión y, por sobre todas las cosas, se percató de que sentía el viento golpear su rostro.

Levantó sus manos pausadamente, casi con miedo, hacia su rostro. Sus dedos enguantados, increíblemente, lo sintieron.

"Mi casco...", pensó en éste mientras volvía a llorar.

Pan y Bra, sin soltarse, se pusieron de pie lentamente, alienadas por el amor que sentían por ese hombre.

No había casco que lo tapara: allí estaba, al desnudo. Su rostro sin casco frente a todos y cada uno de los saiyans del universo...

Volteó poco a poco, atajado por la vergüenza y alimentado por la pasión.

Todos, entonces, pudieron verlo.

—¡ES UN SAIYAN! —afirmó alguien, no sabía quién era—. ¡UN SAIYAN!

Y las exclamaciones taparon sus oídos.

Mitis necesitó taparse la boca, sorprendida y orgullosa de su Príncipe, de aquel precioso muchachito que tenía frente a ella.

—Es un saiyan, el más saiyan del universo...

Su cabello dorado y elevado al cielo, sus ojos turquesas. Un calco de Vegeta, pero algo era distinto: en sus ojos había otras historias, de su cuerpo desbordaba juventud. El alma, era palpable a simple vista, estaba llena de bondad...

Él dio pasos cortos, pausados, casi intentando no perturbar el sonido de la aceptación del pueblo. Una vez frente al cuerpo de su padre, se quitó la capa para taparlo con ésta. Al volver a erguirse, miró fijamente a su hermana y su mujer, con lágrimas que empezaban a borrarse de sus ojos. Nuevos pasos cortos únicamente decorados por la admiración de la gente, y finalmente estuvo frente a frente con las dos mujeres de su vida.

Sin decir absolutamente nada, con los ojos llenos de emoción, las abrazó. Los tres se fundieron en un abrazo corto que más pareció eterno, donde las exclamaciones y los aplausos quedaban de lado al lado de los tres corazones que latían fuertemente. Sin soltarlas, besó en la frente a su hermana y en la boca a su mujer, a la cual necesitó susurrarle algo antes de permitirse separarse de ellas:

—Cuida a Bra... Te lo encargo —dijo.

Pan sollozó y, con sus orbes negros clavados en los turquesas de su hombre, asintió.

—Lo haré, te lo prometo...

Lo dejó ir sin más, al contrario de Bra, quien se negó a soltarlo.

—Vamos a la Tierra, Trunks... —suplicó en un hilo de voz—. Por favor... Vamos con papá, para sepultarlo junto a mamá... —Se deshizo en llanto y clavó sus uñas en la espalda de su hermano, buscando estabilidad para la debilidad de sus piernas—. Vámonos de aquí, Trunks...

Él, para sorpresa de ella, negó con la cabeza.

—No es cuestión de querer o desear —repitió las palabras de su padre—. Es cuestión de hacer... Es cuestión de vengar, de redimir, de vencer...

Y se soltó, agradeciendo la pequeña ayuda que le dio una conmovida Pan para que su hermana lo dejara.

—¡TRUNKS! —espetó ella, furiosa—. ¡TAMBIÉN TE VA A MATAR!

Él, a pesar de todo, le sonrió en respuesta.

—Solamente hay una forma de averiguarlo...

Ajustó su espada, la que colgaba de su hombro, y salió volando en dirección al asesino.

Broly, a pesar de la debilidad que sentía producto de la herida que aún portaba y que quizá empezaba a infectarse, necesitó sonreír ante su nuevo rival.

—Aún tengo las fuerzas suficientes para derrotarte —sentenció—. Eres un Súper Saiyan, sí... Pero eres más débil que yo. Lo sé porque lo siento en cada fibra de mi cuerpo. —Cortó tela de los harapos que lo tapaban y, ayudado con su boca, lo ató a su brazo con la mano del otro, buscando detener la hemorragia provocada por el Big Bang de Vegeta. Luego de un par de minutos, finalmente terminó su tarea—. Voy a ganarte, engendro... ¡Esto será histórico!

"No desear, solamente hacer...".

Y Trunks, aún sintiendo el dolor en su corazón por la muerte de su padre, se juró a sí mismo que lo haría.

"Te voy a derrotar, Broly...".

Tomó el mango de su espada y se puso en posición de combate, con el poder dorado iluminando su cuerpo.

—Voy a terminar lo que papá empezó...

Lo juraba por el amor que sentía por su hermana, su madre y su mujer. Pero por sobre todo, lo juraba por su progenitor, por el hombre que con un abrazo, una confesión y un último consejo se había ganado el lugar más importante en su vida.

En el corazón lleno de pasión.

—Lo haré en nombre de papá...


Nota Final del Capítulo XXXV

¡Uf! Un viaje largo me pegué (sonó mal XD). ¿Cómo están? Extrañé mucho esta web. n.n

Ante todo: disculpen por el nuevo atraso. ¡Terminar este fic está costando mucho! Estoy más inspirada con un fic nuevo que estoy adelantando, situación que llevó todo de mal a peor.

Disculpen, en serio: terminar "Pecados..." duele muchísimo. Fueron meses durísimos en muchísimos aspectos (estudios, trabajo, problemas personales, obligaciones de la casa, mi familia, mis amigos, mi novio), y cada vez que agarraba el fic me costaba horrores inspirarme con esta historia. Es el capítulo que más fragmentado escribí, el que más me costó de todos. Fue un parto, de verdad.

Pero acá estamos... n.n

¡También perdón por lo extenso del capítulo! Pensé que iba a ser muchísimo más corto, pero en un momento me di cuenta de que era imposible que lo fuera. No me gusta hacer capítulos TAN largos y admito que es mi culpa: subestimé al capítulo, creo que ése fue el problema... Pensé que sería fácil pero no: me costó horrores y me demandó muchos sentimientos.

Y perdón por lo extensa que va a ser esta nota. MIL DISCULPAS. Tengo mucho por decir.

"Koe" de Tsukiko Amano no paró de sonar ni un minuto... La letra es muy linda, muy triste... Me imaginé toda la escena final con este tema de fondo y capta lo que intento transmitir. Recomiendo mucho esa canción, esa que suena ahora mismo.

Más con algo tan triste...

Perdón por matarlo, pero esta decisión hacía tiempo que la tenía tomada, incluso desde antes de empezar el fic. Vegeta tenía que reunirse con Bulma, eso es lo que sentí desde el día que empecé este largo viaje. Me costó muchísimo escribir este capítulo por el miedo a llegar a esta escena. Fue difícil, pero bueno. Espero algo de lo que intenté transmitir llegue a donde deba llegar. =)

¡Tres años esperando escribirla! Y acá está...

Sobre Broly: ¡Uf! Qué personaje complicado... Como dije en la nota final del capítulo anterior, es poca la información que tenemos del personaje e INMENSO el debate que gira en torno a su poder en internet. Hay quienes dicen que es más fuerte que un ssj3 y quienes lo ven inferior a un ssj2. Incluso, hay quienes aseguran que su estado "legendario" (el Gigante sin pupilas) no es más que Dai San Dankai, estado híper-musculoso por el cual Trunks pierde ante Cell. ¡No tengo ni la más remota idea de cuál es la verdad! Leí mucho e incluso volví a mirar dos de sus tres películas (la de Bio-Broly no, no me servía de mucho XD) con muchísima atención con la intención de sacar una conclusión más o menos creíble, pero NADA. Así que me basé en mi instinto y me agarré del "es un truco" de Mr. Satán, sólo que variando la frase y convirtiéndola en un "es un Universo Alternativo"... XD

Así que nada, lo que me interesa es explicar en qué me basé para "regular" su poder: siendo un personaje que salió de las películas (NO del manga), Broly posee las típicas incongruencias a las que Toei siempre nos condenó. Con esto en claro, intenté dar rienda suelta a mi imaginación y moldear a Broly "un poco" a mi gusto. Tampoco es un personaje al que se pueda mantener en IC (es decir su verdadera personalidad), ya que, como mucho, debe pronunciar diez palabras entre las tres películas que protagoniza. o.o

He leído Brolys sin cerebro (en Dragon Ball Multiverse, por ejemplo) y otros enamorados (?). Se ha escrito tanto con tan poco...

Para mí, Broly es un psicópata, punto. Tiene cerebro, puede ser inteligente, pero su afán de destruir y humillar es más fuerte que todo. Incluso lo veo como una metáfora de todo lo que no es Gokuh. El protagonista es todo lo contrario a un psicópata, y que su rival sea su polo opuesto tiene demasiado sentido. Son dos caras de la misma moneda: el bueno y el malo, el de Clase Baja y el Legendario, el que lucha por sus amigos y el que no tiene otro motivo para luchar más que el afán de destruir. Ambos, eso sí, lo hacen por placer; eso es lo que tienen en común.

Según leí, su transformación en SSJ Legendario/Gigante sin pupilas no le es fácil (consulté varias fuentes y eso fue lo que encontré siempre) y sólo la logra cuando se enoja MUCHO con Gokuh. Lo que intenté acá fue hacer que él pudiera contener un poco su furia al verlo mediante entrenamiento. En el capítulo que viene, muchas cosas que podrían generarles dudas seguramente se aclaren o, por lo menos, eso intentaré.

A Gokuh lo mantuve lejos porque en este fic se hace énfasis en la rivalidad entre Broly y Vegeta, así que meter a nuestro querido Kakarotto me parecía un exceso. Si bien la rivalidad Gokuh x Broly tiene toda la mística que adoramos de la serie, en esta historia sencillamente no encajaba. Eso siento.

Igual, quién sabe (yo sé nomás, porque escribo el fic XD). Habrá que ver qué pasa con Gokuh. XD

Sobre el asunto del "ataque a distancia": se me ocurrió jugando al Budokai Tenkaichi 3 (alias Sparking! Meteor para algunos), mi terapia dragonbolera cuando estoy de mal humor. XD

He notado jugándolo que a los enemigos más lentos es mejor usarlos a distancia, pues en un combate cuerpo a cuerpo con personajes rápidos como Gohan Fase 2, Kid Boo o Tapion (que te pega mil veces por segundo XD) llevan las de perder. A su vez, a los personajes rápidos les conviene más atacar a distancia a los lentos debido a que en los ataques cuerpo a cuerpo es difícil "embocarles" bien los golpes, de hecho varias técnicas de combos de ataques cuerpo a cuerpo no funcionan. Me parece un detalle MUY dragonbolero y por eso quise incorporarlo acá.

Sobre Vegetasei: ¿alguien sabe en qué Galaxia se encontraba? Estoy CASI segura de que estaba en la del Sur, pero no puedo asegurarlo. Por más que busqué información al respecto, no la encontré. Por eso puse eso de "perdido en una de las cuatro galaxias".

Yendo a los agradecimientos... ¡GRACIAS Greida por avisarme de un par de dedazos! Y por ser tan dulce conmigo. n.n

Y GRACIAS a Esplandian por haberme ayudado a detectar algunas cosas dentro de la historia. ¡Tus críticas y consejos fueron más que productivos! Mil gracias, linda. Por todos los reviews que te diste el tiempo de dejarme, por todo lo que me permitiste contarte y por cada palabra que me dijiste. =)

Por supuesto, GRACIAS a todos los que firmaron durante estos meses. A los nuevos lectores muchísimas gracias por leerme y, también, a los que me estuvieron preguntando cómo iba la evolución del capítulo durante todo este tiempo. Mil disculpas por el update tardío. ¡Y gracias por la paciencia! n.n

En fin... Disculpen esta nota extensa pero era inevitable: necesitaba decir ciertas cosas a fin de evitar malinterpretaciones.

Hago esto con cariño... Por amar escribir y por amar Dragon Ball.

Y la bomba:

Estoy corrigiendo TODO EL FIC. Lo estoy haciendo DE CERO, desde el Prólogo (que de por sí ya estaba corregido junto con, más o menos, otros diez capítulos) hasta el capítulo anterior a este.

Decidí corregirlo para que quede lo más normalizado y prolijo posible. Es difícil y poco recomendable corregirse a uno mismo, pero lo bueno es que después de releerme (?) exhaustivamente puedo captar algunos errores garrafales que suelo cometer, muchos de ellos relacionados con mi dialecto rioplatense, aunque no todos.

Entendí, hace MUY poco, que tengo un problema psicológico con los gerundios, palabras HORROROSAMENTE difíciles de usar. ¡Kamisama! Cómo renegué releyendo y corrigiendo con los malditos gerundios. Nuestra rivalidad es casi tan grande como la de Gokuh y Vegeta. XD

Igualmente, seguro empiezo a tropezarme con otros problemas gramaticales y demás y empiezo a arraigar otros errores al escribir. ¡Jamás voy a ser perfecta! XD... Tampoco lo intento, pero me gusta ser prolija. Corregir mis humildes fics me ayuda mucho con mi carrera (estudio para ser editora, como ya mencioné alguna vez), así que no sólo lo hago por hobbie sino que lo hago porque me afianza en muchas cosas. It's a pleasure. n.n

Es importante destacar que, de lo que corregí, nada revoluciona la trama de la historia... Bueno, "casi", porque corregí algunos datos que voy a contarles ahora mismo. n.n

Corrección 1) Acerca de una crítica puntual de un usuario que me dejó un par de reviews: consideré más que válidas muchas de sus palabras y me ayudó a hacer lo que hacía tiempo deseaba: cambiar algo de la historia que últimamente no me venía conformando. Por eso, corregí el diálogo entre Goten y Bra del Capítulo XXXIII ya que creo que erré mucho en esa escena. Escribir y publicar instantáneamente hace que decisiones que tomamos más adelante sean demasiado difíciles de corregir, razón por la que decidí no volver a escribir un fic sobre la marcha, por lo menos no hasta tener todo MUY decidido. Gracias por la crítica constructiva, me vino muy bien. =)

Más que nada el tema de la cultura, es en eso en lo que concentro al corregir esa escena. En el capítulo que viene les comento mejor, cuando tenga la escena más rematada. Hay cosas en las que no me decidí del todo.

Igual no subí esa corrección aún, lo voy a hacer la próxima. Hoy, con este capítulo, subo las versiones finales desde el Prólogo hasta el Capítulo XII. Como estos capítulos eran los más viejos y flojos (siempre pensé en el Capítulo XII, Reflejo, como un punto de inflexión en mi forma de escribir... Por cierto, LEJOS es mi capítulo favorito del fic n.n) fueron los más difíciles, sobretodo por el tema de la normalización, el pasar de los guiones a las rayas de diálogo. Fue extenuante por un lado pero enriquecedor por el otro. Mejoré un poco el vocabulario, las descripciones de las cosas y agregué alguna que otra línea con la única intención de volver todo más prolijo y rico.

Este es el "Ultimate Director's Cut Edition". XD

Aclaración: el único de los capítulos que subí en este update que quedó claramente más extenso fue el VIII, "Esencia Guerrera". Me agradaba, pero creo que lo hice medio a las apuradas cuando la subí y no logré expresar lo que yo quería. Lo alargué bastante, de hecho. En ese capítulo hay dos escenas que en mi opinión eran demasiado "frías": la de Trunks con las esclavas y la de él con Pan. Eran dos escenas TREMENDAMENTE importantes y al releerlas las sentí muy vacías, a ambas, especialmente la del calabozo. Al final del capi incluí una explicación, para que algunas cosas no se malinterpreten.

En esencia es exactamente lo mismo, pero sí expliqué un poco más todo el tema de las esclavas, además de algunas líneas que explayaran adecuadamente los sentimientos de los personajes.

Si leen este fic principalmente porque les gusta la pareja T x P, recomiendo echarle un vistazo en cuanto tengan un minutito. n.n

Pero si no lo leen está todo bien, la esencia es la misma así que no modifica en nada leerlo o no. =)

Si estuviera terminando "Pecados..." sin haber publicado ni un capítulo, ahora mismo le estaría agregando infinidad de cosas. Me arrepiento de mucho, como por ejemplo de no haber metido música (?). Al principio quería que hubiera una especie de "danza saiyan" típica de las mujeres mientras los hombres tocaban algún tipo de tambor, pero descarté la idea y ahora me arrepiento. Sentí que era demasiado bizarro y que no iba con el tono de la historia (?). En fin... XD

Les cuento una tontería: quería que Trunks y Pan se conocieran en una ceremonia donde ella estuviera bailando, era algo así como una fogata donde las mujeres se reunían a bailar, o algo por el estilo (!), para la Realeza; esa era mi idea original... Como verán, lo descarté. Me recordaba demasiado a "Doble Vida" y sentí que "no daba". XD

También me recordaba a El Clon, una novela brasileña (NO la de Telemundo, por diox, esa NO) de la que soy MUY fanática. Era todo muy Lucas y Jade. XDDDD

Otra forma de conocerse que pensé era un poquito más parecida a la que terminó siendo la oficial: quería que los violadores de Clase Alta lanzaran a Pan a un mar o algo por el estilo (?) y que Trunks, luego de matarlos, se sumergiera a salvarla. Para hacerlo, por supuesto, se quitaba el casco, por lo cual Pan lo veía en su estado de casi-inconsciencia. Lo abandoné justamente porque no me hacía gracia que ella lo viera tan rápido. XD

Corrección 2) "Miles de almas": en un capítulo anterior mencioné que sólo quedaban unos pocos cientos de saiyans, pero al pensarlo mejor decidí modificar ese número con el fin de no volver tan desesperante la situación de extinción de esta raza. Que quedaran 200 me parecía un exceso de dramatismo y una reverenda exageración, así que dejémoslo en unos pocos miles.

Disculpen estas decisiones tomadas sobre la marcha, pero tiene que ver con lo que ya comenté sobre escribir un fic en simultáneo con su publicación. Después, en el capítulo que lo mencioné (Venganza, parte II si no me equivoco) lo corregiré como corresponde.

Mil disculpas.

¡AH! Nota final eterna, de nuevo... ¡El capítulo es larguísimo así que no creo que le moleste a nadie! Disculpen. u.u

¡Y nos leemos! El siguiente capítulo, finalmente, NO es el último. Hay una escena en particular que sé que va a ser muy larga y otra que se me ocurrió hace relativamente poco, que sirve de puente a la continuación del fic, así que prefiero cortar la idea que tenía originalmente para el último capi en dos entregas. Esto sin contar el Epílogo, que en sí va a ser bastante corto. De por sí tendría que haber cortado en dos este capítulo, pero me gusta lo redondo que quedó.

Tengo todo bastante avanzadito en mi cerebro (por no decir que lo tengo asquerosamente planeado XD) y, además, se viene MUCHO MUCHO MUCHO Trunks, que me sale casi naturalmente (?), así que confío en no tardar demasiado en subirlo. =)

Eso sí: se viene MUCHO de otros personajes también. No me olvidé de Bardock ni de tantos otros. Habrá un poco de cada uno, o eso quiero.

Valerie-son-brief-cullen 68: XD

Sobre lo que decís: la vida es complicada y no gano ni un centavo por esto, es un gran esfuerzo hecho con mucho cariño hacia la serie, así que es inevitable que haya lapsos de poco update. Qué le vamos a hacer, son gajes del oficio de fanficker (?).

Un crossover Twilight-Dragon Ball (?) te lo debo. XD

=)

A todos: gracias por sus mensajes, me hacen sumamente feliz. n.n

Y... ¡300 reviews! Nunca esperé esta repercusión, GRACIAS TOTALES por su apoyo, sus consejos y sus críticas. GRACIAS por sus palabras maravillosas y por leer mis tonterías.

¡BESOTES! Nos leemos. Cualquier cosita, no duden en escribirme. =)


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.