Notas de la autora: Disculpen la tardanza en la actualización. Estoy reescribiendo el capítulo final, así que no debería tardar en llegar.
—¿Qué, te perdiste el sombrero floreado en Navidad? Pensé que las botas de tacón alto lo revelaban —respondió Neville, divertido.
Ron parpadeó. Hermione asintió. Neville continuó.
—Y tienes que admitir que Fawkes es bastante ardiente —terminó solemnemente.
Ron torció los labios hacia arriba un poco. Harry rodó los ojos y el pelirrojo estalló en carcajadas. Hermione y Draco soltaron un respiro de alivio y se unieron a su risa.
Cuando por fin terminaron de reír, los magos notaron que Neville se veía como si hubiera peleado y perdido con un colacuerno húngaro.
—Neville, ¿qué te pasó? —preguntó Hermione.
—¿Qué? ¿Esto? —Neville hizo caso omiso de sus heridas, negando con la cabeza—. No les hagan caso. Lo que quiero saber es si es verdad que ustedes irrumpieron en Gringotts y escaparon montando un dragón. Terry Boot dice que lo hicieron.
—Es verdad —dijo Harry.
Neville palmeó su espalda con gusto.
—Lo sabía. Pero, ¿qué estaban haciendo? Debieron haber ido allá por una buena razón.
—Es complicado, Neville. Por cierto, permíteme presentarte a Draco.
—Hola, Draco —dijo Neville, extendiendo su mano—. Soy Neville Longbottom.
—Gusto en conocerte —dijo Draco suavemente, mientras tomaba la gran y cálida mano del Gryffindor con su propia, delgada y pálida.
—Draco es… él es alguien muy importante para mí —dijo Harry, mientras miraba al rubio con unos ojos que eran intensamente verdes.
Todos se quedaron callados. Draco se sonrojó profundamente y esquivó su mirada.
Neville se aclaró la garganta fuertemente, para tratar de dirigir la conversación al asunto entre manos. Ansiosamente, relató la situación en Hogwarts, desde el abuso de los mortífagos a la rebelión de los alumnos que se había propagado entre los que eran fieles a Dumbledore y Harry. El moreno escuchó atentamente y midió su siguiente movimiento. El último Horrocrux estaba en Hogwarts, invadida por los mortífagos, y necesitaban entrar.
XxXxXxXx
La primera impresión de Hogwarts para Draco fue de confusión, tapices de colores, mapas y muchos rostros. Se mantuvo detrás con timidez, mientras Harry, Ron y Hermione eran abrazados por una multitud de aliados, y miró a su alrededor en la cavernosa habitación. Hogwarts. Él y Dobby habían soñado con Hogwarts. Para ellos, había sido un asombroso lugar lleno de posibilidades, donde las escaleras cambiaban de lugar y el techo estaba cubierto de estrellas. Era el castillo encantado en todos sus libros de cuentos. Cuando era pequeño, había pensado que podría ir allí, y lloró cuando Dobby le reveló con gentileza que, para él, nunca llegaría una carta. Aun así, se había mantenido cerca de la ventana el día que había cumplido once años. Sus ojos escanearon el nublado cielo hasta que se puso oscuro y tuvo que irse a la cama. Y, ahora, estaba ahí.
El tapiz al centro del cuarto tenía un león dorado adornado con escarlata. Reconoció el león de Gryffindor de una de las cartas de Harry. Draco buscó el tejón de Hufflepuff y el águila de Ravenclaw. Tenía la sensación de que no iba a encontrar la serpiente de Slytherin entre los amigos de Harry.
Por fin, el moreno quedó libre de la multitud y presentó a Draco con rapidez. Sabía que el rubio se sentiría un poco fuera de lugar. Los magos recibieron al squib con calidez y Draco trató de tener todos los nombres en orden, pero después de un rato, los Corner, las Patil, los Boot y los Goldstein se mezclaron en una masa irreconocible de personas. Draco sacudía una mano tras otra cuando, por el rabillo del ojo, vio una ráfaga pelirroja arrojando a Harry hacia el suelo. Se giró rápidamente y vio que quien embistió a Harry era una chica alta con cabello rojo, que lo abrazaba y lloraba al mismo tiempo.
Su confusión debió haberse reflejado en sus ojos, por lo que el chico que podría haberse llamado Seamus le dijo con calma:
—Es Ginny Weasley. La novia de Harry.
XxXxXxXx
Era tan estúpido. Había creído que alguien podría encontrar algo que amar en él. ¿Por qué no podía aprender que el amor no era algo a lo que alguien como él podría aspirar? Las únicas personas que en verdad lo amaban habían sido Dobby y su madre, y ambos se habían ido.
En cuanto a Harry… bueno, debía haber sentido pena por él, dado que lo había encontrado tan perdido y solo. Probablemente quería darle algo a lo que sostenerse, para que el duelo no lo consumiera pero ahora, enfrente de su verdadero amor, no podía continuar con su amabilidad.
Amabilidad. Lástima. Caridad. Parecía que había vivido de esas emociones toda su vida.
Draco se había disculpado y había ido al baño que la sala de los Menesteres había proveído para sus ocupantes. Se lavó el rostro y, ahora, estaba frente al espejo. Se aferró con fuerza la orilla del lavabo. Su agarre era fuerte en la fría porcelana y su mirada estaba fija en su reflejo.
Sus ojos ardían por las lágrimas que amenazaban con derrotarlo. Luchó para contenerlas porque tenía que ser fuerte. Por una vez en su vida, necesitaba ser fuerte. Había solo una cosa que tenía que hacer, antes de poder dejarlo ir por fin.
La puerta se abrió y Draco se giró para ver a Harry entrar lentamente. El rubio se giró hacia el espejo y miró cómo el mago se le acercaba.
—Quiero explicarte —comenzó a hablar, vacilante.
Draco negó con la cabeza.
—No. Está bien, te entiendo —dijo, girándose alejándose del espejo—. Entiendo perfectamente.
—¿A qué te refieres?
—Estos son momentos difíciles para ti. El señor tenebroso está amenazándote, a ti y a tus amigos, y luego con lo que pasó en la mansión y en Gringotts. Nadie espera que te encargues de mí, pero de todas formas lo intentaste. Lo entiendo.
—Creo que no lo entiendes…
—No quieres que me sienta mal. Quieres protegerme de la verdad. Está bien… —dijo, sonando sofocado—. Sé lo que soy, y lo que nunca podré ser.
—¿Y qué es eso?
—Tuyo.
—Draco, no… —El Niño que Vivió lo tomó entre sus brazos y el rubio dejó salir su dolor e inseguridad. Cualquier atisbo de seguridad lo abandonó, y se puso a llorar como un pequeño. Harry limpiaba sus lágrimas mientras murmuraba palabras de consuelo. Esperó pacientemente a que el rubio se calmara y habló cuando solo escuchó algunos sollozos—. Por favor, no dudes de lo que siento por ti, porque es muy nuevo y maravilloso. Por mucho tiempo, creí que no volvería a verte, y tu ausencia fue algo insoportable. No sabía dónde estabas y, después de un tiempo, me convencí a mí mismo de que había encontrado la felicidad y de que podría seguir adelante. Después de un tiempo, se volvió un poco más fácil y me resigné a los recuerdos. Me permití encontrar nuevos lazos y uno de ellos fue Ginny Weasley.
Draco enterró el rostro en la camiseta de Harry.
—No… No es como si no me dejaras de importar por Ginny. Porque me importas… Bueno, es algo mucho más grande que eso, pero ahora no es el momento. Hay cosas que tengo que hacer antes de poder tener mi vida de vuelta, pero te prometo que tú estarás incluido.
Draco asintió, pero sabía en su interior que todo eso era imposible.
—Está bien, Harry —dijo, convenciendo al Gryffindor. Harry le sonrió y lo abrazó con fuerza. Después de unos momentos de comodidad compartidos, Draco se apartó para lavarse el rostro y arreglar su desaliñada apariencia. Harry esperó y, juntos, regresaron a la refriega.
XxXxXxXx
Ginny sabía que algo andaba mal cuando ni su hermano ni Hermione la miraban a los ojos. La más joven de los Weasley era también la más lista, por lo que no le tomó mucho tiempo entender que tenía que ver con el amigo squib de Harry.
Antes de que comenzara la trifulca, ella y Harry se habían vuelto muy cercanos. Había llegado a creer que, una vez que Harry terminara con la amenaza que era Voldemort, ella estaría a su lado. Pero ahora, las cosas no parecían tan certeras.
Mientras Harry le preguntaba a los Ravenclaws reunidos acerca de la diadema de Rowena, ella enfocó su atención en Draco. No había nada especial en el chico. Era delgado y se comportaba bastante humildemente. Llevaba ropa vieja de su hermano Bill, pero el suéter gris metálico hacía que la plata de sus ojos resaltara. Podía decir que su rostro era atractivo, si no fuera tan delgado que llegaba a lo afilado. Su cabello rubio, casi blanco, la molestaba. Pero lo que lo hacía tan mala opción para el próximo salvador del mundo mágico (de lo cual, ella no tenía duda en lo absoluto) era el hecho de que era un squib, y no pertenecía entre magos del calibre de Harry.
Recordó la ocasión en la que había ido a la Madriguera para Navidad. Había sido cortés y un poco tímido. En ese momento, no la había alterado, a pesar de que se había molestado porque habían atrapado la snitch al mismo tiempo y habían compartido una mirada muy rara. Había sido muy joven, como para decirse a sí misma que no había sido nada, y que Harry sería suyo algún día. Ginny se imaginaba que ese eso sería pronto.
No. no iba a dejar que ese chico se llevara lo que ella se había ganado. Había sido lo suficientemente paciente durante el enamoramiento de Harry con Cho. Necesitaba alejarlo de Harry, y de eso estaba segura.
~TBC~
Notas finales: Les pido de la manera más atenta cero bashing a Ginny. Los estaré vigilando…
Adigium21
