36. ¿Y ahora qué?

Gracias a todos por leer mis historias y estar ahí. Disculpad si he estado un poco alejada de fanfiction y si no he sido muy comunicativa. Mucho trabajo. Prometo contestar los correos y reviews pendientes. :)

¡Qué emocionante se ha puesto el manga! Pero no quiero spoilear a nadie. Sí debo aclarar que en el pasado alternativo de este fanfic Yukio, tras sus grandes problemas que todos conocemos, se unió a los Illuminatti tres años atrás, pero fue gracias a eso que pudieron derrotarlos. (No, no os habéis saltado ningún capítulo del Antipapa. Eso no aparece. Quizá en un futuro lo escriba. Lo que si publicaré, una vez finalice el Antipapa, algo así como un OVA, es el motivo por el que Shura acabó en prisión. Vamos, el porqué Lightning la llama Lara Croft. )

Espero que os guste el nuevo capítulo.

Los personajes de Blue Exorcist son obra de Kazue Kato y la finalidad de este relato es solo entretener.


¿Y ahora qué?

Shura no dejó de observar el objetivo de la cámara de seguridad durante los minutos que se dedicó a intentar contestar esa pregunta.

Sus pensamientos no iban dirigidos a la crisis en que se encontraba Assiah causada por los hijos de Satán. No. En aquellos momentos lo que más le preocupaba era en que podría cambiar su relación con el que se había convertido en su amante, quien ahora estaba dormido a su lado.

No pudo evitar que una sonrisa dulzona pintase su rostro al contemplar como Angel parecía el ser más feliz y relajado, por fin, del mundo mientras se abrazaba al torso de ella.

Volvió a mirar la cámara y recordó cuando en mitad de… ¡Dios! , ¿El increíble mejor sexo de su vida? , había descubierto aquel pequeño espía robot con su lente grabándolo todo. Shura no era desde luego una mujer recatada pero que todo el Vaticano pudiese estar mirándoles…

Angel tan solo había gastado un segundo en mirar a la cámara y volviendo al cuerpo de ella había enunciado con cierto rencor:

-Nos han contemplado desangrarnos en las misiones olvidándose de que solo somos humanos y que podíamos morir, ahora que se convenzan que efectivamente solo somos humanos y nos dejamos llevar por nuestra naturaleza.

Si Shura en algún momento pudo llevar a pensar que se podía enamorar de aquel hombre, fue tras oir la franqueza descarnada de aquellas palabras sinceras.

Shura cerró los ojos tratando de olvidarse de la cámara que les espiaba, de la Orden, de profecías y de portales. Apoyó su cabeza en el hombro de Angel y se dejó arrastrar también por el sueño.

¿De verdad he hecho bien confiando en estos dos?

Esa pregunta se paseaba por las neuronas del cansado cerebro de Rin mientras contemplaba como Belial trataba de conectar de nuevo los cables de la enorme pantalla de televisión que Rin había arrancado en un pronto para salvar la intimidad de Shura violada por aquellos perversos dos demonios mirones.

Amaimon había tratado de darle un puñetazo mientras Rin aún tenía los cables destrozados en sus manos pero Samael lo había impedido al calmar la rabia del séptimo rey de Gehenna al advertirle que pelearse con el rey de Assiah no era un acción muy inteligente si quería conseguir ese salvoconducto.

Amaimon se habría engullido su rabia junto con tres pokys.

Rin, naturalmente, no le había agradecido a Samael su mediación y este se había reído por lo bajo mientras con sarcasmo le decía:

-Eres un aguafiestas, Rin. Igualito, igualito que Lucifer.

Rin cada vez estaba más convencido que aquellos dos iban a acabar de hundirle en el lodazal de Gehenna.

Si Assiah tenía una esperanza de salvarse quizá Rin tendría que buscarse otros aliados. ¿Pero quién? ¿Quién querría ayudar al cretino del Antipapa?

-¿Y ahora qué vamos a hacer? –les preguntó Izumo a los otros tres una vez la exorcista enviada por Lightning se había marchado.

-Esta claro que no podemos hablar con Rin –respondió enseguida Suguro sin ocultar su zozobra.- él, ya no está ahí más. Se necesita algó más que un grupo de exorcistas novatos para neutralizar a un rey de Gehenna.

-Sabias palabras, Bon – le alabó Shima con una risita nerviosa.

Suguro y Konekomaru suspiraron, pero Izumo dio un puñetazo en la mesa que hizo vibrar sus tazas con té.

-¡Rin es nuestro amigo! ¿Cómo podeis decir sin más que no podemos hacer nada? Y no somos unos exorcistas novatos, vaya que no. Con todas las aventuras que hemos pasado juntos en nuestras misiones, no os podéis acobardar ante esto. ¡Yo no lo hago!

Al ver como los tres la miraban con admiración y avergonzados por haber mostrado debilidad, Izumo recordó su miedo al ver el cambio que Rin había experimentado ante sus ojos al convertirse en el Antipapa. Con las mejillas ruborizadas añadió con un tono más suave:

-Sin Rin nunca hubiésemos llegado a ser el buen equipo que somos. La Orden no puede perder a su mejor exorcista.

El silencio que se generó tras las palabras de Izumo mientras los cuatros reflexionaban con aquel hecho fue roto cuando Suguro confirmó lo que todos pensaban:

-Nunca ha dejado de ser un idiota pero Rin es el mejor exorcista de la orden, sin duda. Sería una pena que Assiah se fuera a la mierda porque sus amigos no supieron cómo ayudarle.

Izumo y Konekomaru asintieron con vehemencia esas palabras de Suguro pero Shima señaló un inconveniente:

-Chicos, Rin es el enemigo ahora, ¿recordáis?

-¡No digas idioteces, Shima! –le cortó Suguro.

-¡Pero si tú mismo te acabas de referir a él como al enemigo hace unos momentos!

-¡Que te calles! Rin es nuestro amigo, y me importa un cuerno lo del Antipapa y lo de la profecía.

-Hablando de la profecía –tomó la palabra Konekomaru al fin- He estado reflexionando sobre ella, más que en ella, sobre el porqué Rin la eligió entre todas las distintas profecías que existen sobre los estragos que podría causar en Assiah la venida del Anticristo.

Konekomaru disfrutó de la atención conseguida y con cierto tinte dramático, continuó como si fuera un detective que descubre al culpable:

-¡Fuiste tú!

Shima contempló el dedo de su amigo que le señalaba.

-¿Yoooo? ¿Por qué yo? –pero la gota de sudor en su frente delataba su culpabilidad sin duda al juicio de los otros.

-¿Mephisto te ordenó que les hablases de la profecía, verdad? –enució Konekomaru su deducción.

-¡Sí, ahora lo recuerdo! ¿Fue en la boda de Kinzo? – Konekomaru asintió a la pregunta de Suguro- ¡Sí, fue entonces cuando Rin empezó a hablar de esa profecía!

-Sí, -confirmó Izumo con cierto entusiasmo al poder rememorar los detalles de aquel fin de semana en Kioto – Shiemi me comentó lo pesado que estaba Rin explicándole los detalles de esa profecía y que apenas la había dejado dormir.

-Estuvo pesado para todos, incluso dio la lata a mi padre…-Suguro dio un grito cuando una idea le vino a la mente -¡Sí! ¡Eso es!

Mientras buscaba en su bolsillo el móvil les explicaba a los otros:

-Si Mephisto eligió esa profecía, es por algo.

-¿A qué te refieres, Bon? –quiso saber Konekomaru.

-Las profecías contienen palabras con doble sentido, son complicadas de interpretar. Uno tiene que leerlas y analizarlas para sacar todas las posibles interpretaciones. Nosotros no tenemos el texto original delante. Yo no he leído esa profecía.

-Yo tampoco – Konekomaru comprendió a donde quería llegar Suguro y empezó a sonreir esperanzado por encontrar una salida a la crisis provocada por Rin Okumura.

-Yo…-empezó Shima.

-¡Tú tampoco la has leído! –le cortó Suguro – Si ya no eres ni un monje, nunca te ha interesado leer más que manga hentai. Te aprendiste de memoria lo que Mephisto te enseñó y Rin nos lo repitió a todos hasta que se nos quedó en el cerebro.

-Justo para que todos nos acordásemos –acabó la exposición de Suguro, Izumo.

-¿No creieis que estais exagerando la capacidad de controlar todo de Mephisto?

-¡Shima, silencio! –le ordenó Suguro porque justo en ese momento empezó a marcar el número de la posada de sus padres.

Al tercer tono descolgaron y Suguro casi no pudo creer en la buena suerte que hizo que fuera justo la persona que buscaba quien contestase el teléfono.

-¿Papá?

-¡Ryuji!

Suguro suspiró para sí imaginando que su padre iba a empezar a interpelarle con lógica curiosidad sobre la crisis que se vivía en el Vaticano y él quería ir directo al grano, por eso su asombro fue inmenso cuando Tatsuma Suguro le preguntó:

-¿Llamas para ver si tengo ya el texto íntegro de la profecía?

Descolado, Suguro miró los rostros llenos de intereses con que seguían la llamada sus amigos. Ellos no habían oído a su padre, y no podía perder el tiempo rebelandoles su inesperada cuestión para así pedir consejo sobre qué responder. Simplemente aprovechó la ocasión y mintió valiéndose de las circunstancias.

-Exacto.

Tatsuma se rió feliz al otro lado de la línea.

-Ya me avisó Lightning de que llamarías.

¡¿Lightning?!

¿Significaba eso que Lightning también había pensado que el texto de la profecía, tal como ellos lo conocían, no estaba integro y había llamado a su padre para que buscase el texto fuente? ¿Y lo más importante? ¿Lightning había deducido que él, Ryuji Suguro llegaría a la misma conclusión y acabaría haciendo la llamada que acababa de hacer a su padre?

Suguro volvió a sentir esa admiración que sentía por su maestro, por su inteligencia y por su confianza en él como alumno.

-Sí, ya tengo el texto completo.

Suguro apretó el teléfono mientras contenía la respiración. Solo cabía una réplica:

-¿Y dice lo de "cuando el Anticristo …"?

-Bueno, no exactamente –le interrumpió su padre. Suguro notó como su tono significaba que el texto íntegro confirmaba lo que ellos habían supuesto.

Suguro supo lo que tenía que hacer.

-¡Voy para allá!

-¿Cómo que vas para allá? –le repuso sin comprender Izumo tras despedirse Suguro de su padre.

-Mi padre tiene el texto completo consigo y estoy convencido que es la clave para ayudar a Rin y de paso salvar el mundo –respondió lacónicamente Suguro.

Poniéndose de pie fue hasta Shima.

-Préstame tu llave.

-¿Quéééé?

-Mi padre me espera en Kioto, dámela.

-Mephisto me la dio a mí y tengo prohibido entregársela a nadie.

-Mephisto, a través de ti, ha convertido a Rin en un maldito peligroso rey demonio, si no me das la llave ahora, te voy a patear de tal forma el trasero que te prometo que no te vas a poder sentar en una semana.

Para reforzar sus palabras, Suguro agarró a Shima de la pechera de su uniforme mientras le escupía su enfado a la cara.

-Tendrás que elegir en que bando te pones, Shima –le habló Konekomaru con una tranquilidad totalmente opuesta a la cólera de Suguro.

Izumo se puso detrás de Suguro e hizo el ademán de invocar a sus familiares.

-O les das la llave por las buenas o por las malas.

Rin miraba su propio rostro en el espejo del lujoso y extravagante cuarto de baño de invitados de Villa Faust. Los grifos de oro, la piedra de mármol de carrara, los apliques de diamante y los hologramas de idols japonesas no servían de nuevo para apaciguar su atormentado estado de ánimo.

Se volvió a mojar el rostro intentando frenar sus ganas de darse cabezazos contra la estatua de la diosa Afrodita en cuyos brazos estaban colgada la toalla seca manos.

¡Rin! ¿Qué vas a hacer?

Kuro le observaba sentado en el banco al lado de lujusos perfumenes franceses.

-No tengo más remedido que volver al Vaticano, Kuro.

Cerró el grifo mientras miraba el techo suspirando.

-Tengo que volver a ser su alteza el capullo rey de Assiah para poder hacer desaparecer ese maldito portal. ¡Oh, espera! –Rin levantó el dedo pulgar al recordar y con una risa cansada acarició a su gato- Solo soy el rey del subreino del Vaticano.

Entonces sus tripas sonaron de nuevo con lo habían hecho varias veces desde que habían olido la deliciosa presencia de la comida preparada por Belial que él se había negado a probar.

Con el estómago vacío uno no sirve para nada.

Rin recordó que aquello se lo decía su padre a Yukio cuando él se quería saltar una comida para poder prepararse mejor un examen de la escuela.

Yukio. Su padre. Shiemi.

A los tres les había traicionado al convertirse en todo lo que él había odiado.

No sabría si saldría vivo de su intento de librar al Vaticano de la amenaza que él había generado con su portal o si acabaría pudriéndose en Gehenna víctima de la ira de aquel dios desequilibrado a quien él había llamado "padre".

-¡RIN!

La voz de Samael le llamó con una firmeza tal que Rin abandonó su automiseria previendo su aciago futuro inmediato.

Rin notó esa incómoda sensación que le acompañaba cuando algo se torcía.

Quizá el Apocalipsis había ya empezado.

Al trote volvió al dormitorio de Samael con Kuro sobre su cabeza.

La pantalla enorme de televisión volvía a funcionar.

Amaimon estaba dando cuenta de su tercer o cuarto codillo mientras observaba las imágenes con distanciamiento, pero Samael estaba de pie observando todo con detenimiento y al oír llegar a Rin, intercambió con él una mirada muy seria.

Yukio

Cuando Kuro dijo el nombre de su hermano, Rin supo que había llegado al límite.

El móvil del Paladín volvió a sonar de nuevo pero esta vez la musiquilla ya no era estándar de la marca del teléfono sino la cabecera de la serie "Bonanza". Cuando había sonado el móvil por primera vez, cuando los dos ya habían entrado en tema, Angel le había dicho que lo ignorara. Y así lo habían hecho ambos, pero, para asombro de Shura, con esa llamada su amante se despertó y empezó a removerse en el mínimo espacio libre buscando el teléfono.

-Creo que está tirado por aquella parte del suelo al lado de mi sujetador –le dijó ella sin poder aguantar la risa al verle palmotear por el camastro.

Angel lanzó un quejido pero justo cuando se iba a intentar levantar, la música paró.

-Me imagino que ese tono personalizado pertenece a Lightning. –supuso ella porque recordaba bien que Angel siempre ponía un tono diferente para quienes consideraba más importantes en su agenda. A Lightning le pegaba esa música.

Por debajo de su cabello desgreñado Angel la miró con una sonrisa que solo podía considerarse bobalicona.

¡Dios! ¡Nunca se hubiera imaginado que Angel la pudiera mirar así algún día! A Shura le entró el pánico.

-Supongo que tendré que cambiar el tono dedicado a ti –le dijo juguetón mientras le daba un pequeño beso en el cuello.

Aquello iba a peor.

Shura intentó zafarse haciendo la cobra.

-¿Y cúal tengo ahora?

-Lightning me puso la banda sonora de Tomb Raider.

¡Ah! Sería cuando el juicio y cuando la empezó a llamar Lara Croft.

-Un poco peligroso para el Paladín dejarse toquetearse el móvil por otros, aunque sea su mano derecha.

-¿Y el compartir la cama contigo, no, viborita?

Le dio un pico rápido mientras se ponía en pie para buscar su móvil.

Shura hubiese disfrutado contemplando el cuerpo de Angel allí en pie si lo de "viborita" aún no estuviese dándole escalofríos. Diminutivos. Eso era lo último.

-¡Oye, Angel, esto…!

Angel había encontrado su móvil y recuperando su mejor porte de Paladín egocéntrico la detuvo:

-No empieces Shura con "esto quizá ha sido un error"porque los dos sabemos que no.

-¡Tú no tienes que pensar por mi!

-Ni se me ocurría jamás. Precisamente lo que me gusta de ti es tu impulsividad y descaro. Así que , cuando esta crisis acabe, te invitaré pasar un fin de semana en la Costa Azul.

Shura estaba sin palabras.

Arthur Auguste Angel era el tipo más engreído que conocía.

Sin embargo no podía negarse que la idea de repetir aquello durante un todo un fin de semana en un lugar tan romántico como la Costa Azul era muy atrayente.

Cuando Angel le guiñó un ojo, porque sin duda vio que le gustaba su plan, Shura sacudió su cabeza porque….¡Dios! le encontraba tremendamente sexy. ¡Ahhh! ¿Qué le estaba pasando?

-Dime – Angel puso su voz de profesional al teléfono mientras le devolvía la llamada a Lightning. Una risita y Shura supo que Lightning sabía lo que había pasado entre ellos y estaba haciéndole una broma a Angel.

Shura se tapó el rostro con la áspera sábana del camastro y deseó que la tragase la tierra porque se temía muchos chistes futuros de Lightning sobre ella y Angel.

-¿Cómo?

La voz de Angel había abandonado todo tono ligero y Shura notó la gravedad con que escuchaba lo que Lightning le contaba.

Apartó la sábana y tuvo un escalofrio al ver con que seriedad la contemplaba a ella mientra oía a Lightning al otro lado.

-Comprendo.

Angel se empezó a acercar a ella y aquello a Shura le dio cada vez peor mal espina.

-Gracias por informarme. Sí, enseguida iremos para allá.

¿Iremos? ¿Ella también?

Angel colgó y se sentó a los pies del camastro. Shura notó como dudaba qué decirle.

-¿Qué pasa? –acabó preguntando Shura notando como su voz se secaba de la ansiedad.

Angel le puso una mano sobre su hombro izquierdo mientras la informaba tratando de esconder los sentimientos:

-Yukio Okumura ha sido detenido tras ayudar a Rin Okumura a escapar. La acusación que cae sobre él por traicción no solo a la Orden, sino al Vaticano, a Assiah y por colaboración con el Anticristo, solo tiene una condena posible.

Shura supo lo que iba a decir a continuación y no lo pudo creer.

-No, no le harán eso. No le puede hacer eso después de haber entregado todo su vida a la Orden.

-Los hechos de hace tres años pesan mucho, Shura.

-¡Era un adolescente perdido! ¡Maldita sea! Y estamos hablando de los Illuminatti. Yukio volvió, sin él los Illuminatti no hubieran sido derrotados. ¡No pueden pagárselo, así! ¡No!

Angel la abrazó mientras Shura maldecía a todos aquellos cuyos nombres ella había jurado proteger y defender en la Orden.

Shiemi contemplaba con unos ojos desde donde ya no podían derramarse más lágrimas el patíbulo donde, al amanecer de aquel domingo de junio, Yukio Okumura iba a ser desangrado hasta morir por alta traición a la humanidad.

En aquel juicio rápido ante el Grigori, donde había sido llevados ambos tras ser detenidos por Lightning, ella no había podido alzar su palabra para defender a Yukio y él había oído su sentencia sin levantar el rostro del suelo. Como si supiese que nada podía hacer para evitarlo.

Solo cuando se lo habían llevado hacia unos calabozos de lo que solo iba a salir para ser ejecutado, Yukio había compartido con ella una sonrisa.

A esa sonrisa se agarraba ella. Era una sonrisa llena de esperanza. Yukio había planificado aquello. Lo debía de haber hecho. Tenía que haberlo hecho. Shiemi no podía, ella no podia, ¡Oh, por favor que le perdonase Rin!, ella no podía ver morir al hombre que siempre había amado.

La esperanza no estaba en Yukio, no estaba en Rin, no. La esperanza estaba en aquella pequeña llave que Ryuji Suguro sostenía en la mano tras Renzo Shima haber consentido en dársela, aun temiendo las represalias de Mephisto Pheles.

Abrió la puerta de la sala de descanso con aquella llave y fue en busca de la verdad sobre la profecía del Antipapa.


Notas:

Codillo: Plato típico de la cocina alemana. En Baviera, donde vivo, el codillo de cerdo se suele cocinar al horno y se sirve acompañado de col fermentada y bolas de patata. Yo al ser vegetariana he dejado de comerlo pero os puedo decir que para mi era muy pesado, lo que lo hace ideal para Amaimon y su siempre eterno apetito. Si venis a Alemania y, lo queréis probar, el nombre de este plato es Schweinshaxe. Por supuesto acompañarlo de una cerveza, de medio litro o de un litro. :)