DE VUELTA A LA ENFERMERÍA
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Aquí estoy de vuelta con un capítulo más...
No es muy largo... Falta de tiempo...
Ahí va...
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Todo se volvió un caos en el Gran comedor, nadie podía entender que había pasado con el pequeño y valiente Gryffindor.
Sirius había conseguido sostenerlo en sus brazos, antes de que el ojiverde aterrizase en el frío y duro suelo, y salió corriendo con el niño en brazos hacia la enfermería.
Poppy, Dumbledore, Severus, Remus y Minerva lo siguieron de inmediato, mientras los aurores, los profesores y los patriarcas Weasley intentaban detener a todos los chicos que querían ir trás Harry.
- ¡Tenemos derecho a estar con Harry! - protestó Ron.
- Nosotros también somos su familia - añadió Hermione.
- Calmaros, Dumbledore sabrá que hacer... - intentó calmarlos Arthur.
- Está en las mejores manos... Y ahora sentaros... - pidió Molly.
- ¡Ni hablar! - se negó, Charlie, indignado.
- ¡Queremos ir! - gritó Blaise.
- ¡No podéis detenernos! - discutió Draco.
- ¡Sileeeeeeeeeeeencio! - vociferó Bill.
- ¿Qué te pasa? - le preguntó, el dragonista, de mal humor.
- El enano necesita que se ocupen de él ahora... Mucha gente allí sería una distracción para Dumbledore y Pomfrey... - contestó, intentando mantener la calma, el primogénito de los Weasley.
- Bill tiene razón... - asintió Daphne.
- Pero es mi amigo y... - protestó débilmente Ron.
- Lo sé... - afirmó Theo, con tristeza.
- Potty es fuerte... - aseguró Draco, que confiaba en la fortaleza y la capacidad de superación, de su recién adquirido amigo y primo.
- Confiemos en él... - sugirió Cedric.
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Mientras, en la enfermería, el director y Poppy revisaban al ojiverde bajo la atenta y ansiosa mirada de los histéricos "padres" del menor y una maternal Minerva.
- ¿Y? ¿Qué le pasa? - preguntó Sirius, con un hilo de voz, tirándose del pelo y retorciéndose las manos por la preocupación.
Dumbledore y la enfermera ignoraron al animago y siguieron observando los resultados de los hechizos de diagnostico que le habían realizado.
- ¡Podéis hablar de una puta vez! - exigió el ojigris.
- ¡Cálmate! Tus gritos no ayudan... - siseó Snape.
- Lo siento... Yo... - se disculpó Canuto, al ver las caras de angustia de sus amigos.
- Tranquilo, te entendemos... - lo disculpó Lupin.
- Perdóname tú también... Yo también estoy muy nervioso... - fue el turno de disculparse del pocionista.
- Me alegra que hayan aprendido a disculparse a tiempo... Pero me alegra aún más, comunicaros que vuestro chico está perfectamente... - intervino Dumbledore.
- ¿De verdad? - preguntó, Sirius, con ojos brillantes por la esperanza.
- Sí, sólo duerme... - respondió el anciano, con una deslumbrante sonrisa.
- ¿Y por qué no se despierta? - interrogó Minerva, que se había quedado muda de la impresión cuando vio caer a Harry, pero que parecía haber recuperado el habla.
- Porque este segundo capítulo ha consumido su energía... - explicó el director.
- Le daremos una poción para que se recupere y lo despertaremos - añadió la medimaga.
Tras darle la poción, Poppy le lanzó un ennervate al niño y éste comenzó a despertarse poco a poco.
- Me ha pasado otra vez, ¿verdad? - preguntó, el ojiverde, sintiéndose muy avergonzado.
- Sí, pero esta vez nosotros somos los culpables... - respondió, con amargura, el heredero de los Black abrazando a su ahijado.
- ¡No es cierto! - protestó el pequeño león.
- Nunca debimos haber accedido - reconoció Remus, abrazándolo él también.
- ¡Pero es mi culpa! ¡Yo os convencí! - replicó el despeinado azabache.
- Pero tú tienes once años y nosotros somos adultos... - rebatió Severus en su cuello, al que le había llegado su turno de abrazo.
- No os culpéis por favor... - suplicó el buscador.
- Harry... - susurró su padrino, con dolor.
- Nos equivocamos... Pero ya aprendimos la lección, ¿no? - insistió el ojiverde.
- Te aseguro que sí - se apresuró a afirmar su profesora de Transformaciones.
- ¿No podemos olvidarlo entonces? - preguntó, con tono de suplica, el azabache.
- No es tan fácil... - contestó Lupin.
- Por favor... - rogó el niño.
- Tú ganas... - se rindió el ojigris.
- Como siempre... - farfulló el ojinegro.
- Eso parece... - observó el ambarino.
Dumbledore decidió llevar a Harry a su habitación, aprovechando que todos estaban en el comedor, y el azabache, pese a la dura mirada que le envió Poppy al director, recibió con enorme felicidad esa decisión.
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Minerva volvió al Gran Comedor para comunicar las buenas noticias a todos, que respiraron aliviados en cuanto supieron que el ojiverde se encontraba en plena forma..
- ¡Menos mal que sólo ha sido un susto! - suspiró aliviada Molly, que había hecho un corrillo con los aurores y los profesores..
- No debimos permitir que se leyera un nuevo capítulo - se lamentó Alastor.
- Harry está bien y eso es lo único que importa... - aseguró Kingsley, pasando un brazo por los hombros de Dora, que había tenido el pelo de color azabache desde que se habían llevado al menor, y recién había recuperado su color rosa chillón.
- Potter no quiere que nadie se culpe - los informó Minerva.
- Eso es muy propio de él... - sonrió, con ternura, Pomona.
- Sabes de qué estábamos hablando antes de que entraras, Minerva - intervino Filius, queriendo pasar a un tema más positivo.
- Sorpréndeme... - lo animó la profesora.
- ¿Te has fijado en los alumnos? - le preguntó Charity, la profesora de Estudios Muggles, que había captado las intenciones del entusiasta profesor Flitwick..
- ¿Qué han hecho ahora? - se preocupó, inmediatamente, Mc Gonaggall.
- Relacionarse - respondió, con simpleza, Pomona.
- ¿Relacionarse? - se extrañó la jefa de los leones.
- Sí, relacionarse entre ellos sin prejuicios... - asintió, con enorme felicidad, Filius.
- Parecen haber olvidado esa estúpida rivalidad entre casas... - asintió la metamórfaga.
- Y todo es obra de Potter... - afirmó, Alastor, con tono de orgullo y respeto.
- Mi primito... - sonrió, orgullosa, la pelirrosa.
- Dumbledore va a trasladar a Harry a su cuarto, y piensa que le vendría bien ver a su familia de pelirrojos... - informó Minerva a Molly y a Arthur.
- Ahora mismo reúno a los chicos... - dijo el señor Weasley, poniéndose en movimiento.
- Llévate a Granger... - recomendó Filius.
- ¡Pues claro que vendrá! ¡Hermione también es una Weasley! ¡Y es familia de Harry! - exclamó, ofendida, la pelirroja.
- Claro, claro... D-disculpa... - tartamudeó el profesor de Encantamientos.
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Al final, el ojiverde, fue instalado en el cuarto de Sirius, donde ya lo estaban esperando todos los Weasley y Hermione.
Ron y la castaña lo apretujaron en un ansioso abrazo en cuanto cruzó la puerta, cuando lo soltaron fue Charlie el que lo envolvió en un abrazo de oso, mientras murmuraba algo en su cuello, que Harry no alcanzó a entender.
Después de pasar por la revisión microscópica de Molly y ser abrazado por el resto de los pelirrojos, el ojiverde fue obligado a acostarse en la cama de su padrino para dormir una pequeña siesta.
El azabache se encontraba mejor después de la poción reponedora que le había dado Poppy, pero no tuvo otro remedio que tomarse una poción de sueño que su tío Severus le dio.
En cuanto Harry se quedó dormido, todos salieron del cuarto para que éste pudiese descansar tranquilo.
Sirius, Severus y Remus fueron al cuarto del último, el más próximo al del ojigris, ya que querían permanecer cerca del niño.
Los tres necesitaban hablar sobre el ojiverde y el libro, había decisiones que tomar, no querían otra visita de Harry a la enfermería.
Ron,Hermione, los gemelos y Percy fueron en busca de Los Guardianes para ponerlos al día y esperar juntos a que su amigo se despertase.
Bill decidió hacerle una broma a Filch para animar un poco a Charlie, y al final la idea resultó un éxito y para la cena, el dragonista, ya había recuperado su buen humor.
Los patriarcas Weasley, decidieron aprovechar el tiempo libre hasta la cena para dar un romántico paseo por los terrenos de Hogwarts, y así visitar antiguos escondites de su época de estudiantes.
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Los tutores del aventurero ojiverde discutían los pros y contras de continuar con la lectura del mágico libro.
- No sé porque seguimos discutiendo... Ese libro no le hace bien... - gruñó Sirius.
- Canuto... - lo interrumpió el hombre lobo con un suspiro cansado - Yo tampoco quiero volver a ver desplomarse a Harry...
- ¿Entonces? - preguntó el animago, también cansado de la discusión.
- El libro os trajo a vosotros... Y eso es lo mejor que le ha pasado a la culebrilla desde que tiene uso de razón... - se adelantó a responder el ojinegro.
- Yo no quiero separarme de mi cachorro... Ni de mi lobito... - murmuró, con tristeza profunda, el ojigris.
- Canuto... - susurró Lunático, sintiendo que su corazón se desgarraba.
- Y tampoco soportaría volver a Azkaban... - confesó Sirius.
- ¡NO VAS A VOLVER ALLÍ! - gritaron sus dos amigos.
- Prefiero pasar el resto de mi vida allí y que mi ahijado esté bien... - replicó el animago, mirando fijamente a ambos.
- No sabía que habías cambiado tus entrenamientos de auror por clases de arte drámatico - se burló Severus, intentando que el ojigris recuperara su buen humor.
- Severus tiene razón, no seas tan dramático... Leeremos un único capitulo por día y todo saldrá bien... - lo apoyó Lupin.
- Pero mi cachorro... - insistió Canuto.
- Estará bien... Confía en mi - le pidió su lobito.
- Tenemos que hablar de algo más... - intervino el ojinegro
- Te escuchamos - lo animó el castaño.
- Me he dado cuenta que la culebrilla tiene el poder de manipularnos... - empezó el pocionista, que había captado la atención absoluta de los otros dos.
- Lo sé... Pero es que me pone esa carita y... - protestó Sirius.
- Te entiendo... A mí me pasa lo mismo... - se sumó Remus.
- Y a mí... Ese es el problema... - confirmó el Slytherin.
- Entonces me parece que vamos a tener que pensar una estrategia... - pensó en voz alta, el animago.
- Algo me dice que tú ya has pensado en algo - intuyó el hombre lobo.
- Debemos unirnos... Pero unirnos de verdad... Si uno dice no, los otros no pueden decir sí... - explicó, con entusiasmo, el ojinegro.
- Pero los otros pueden intentar convencerlo - matizó el ojigris.
- Sí, eso es legal - asintió el pocionista.
- No es un mal plan... Yo añadiría también que no discutamos delante de él... - propuso Lupin.
- Eso es importante... - afirmó Canuto.
- Tampoco deberíamos competir... Pero con Black es imposible... - se burló Snape.
- ¡Claro! Porque soy su favorito indiscutible... - exclamó el ex prisionero de Azkaban, sacándole la lengua al Slytherin.
- Sí, por eso lo decía... - rodó los ojos Severus.
Una vez resueltas sus preocupaciones más urgentes, los ex alumnos de Hogwarts se sirvieron unos whiskies y se pusieron cómodos, mientras intentaban conocerse mejor, una costumbre que habían comenzado unas noches atrás, pensando que conociéndose en profundidad los unos a los otros les aseguraría una mejor convivencia en el futuro.
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Harry abrió los ojos después de un par de horas de siesta y se encontró con muchos pares de ojos observándolo.
Los Guardianes al completo estaban allí desde hacía una hora, velando el sueño del ojiverde y esperando con ansiedad que se despertara para comprobar que se encontraba bien.
- ¡Vaya! Por un momento pensé que me había quedado dormido en Historia de la Magia - rió el azabache, cuando pudo recuperarse del susto.
- Olvídate de tus siestas en esa asignatura a partir de ahora... - le aseguró Parvati, con una risita.
- No me molesta escuchar a mi tío Rem... - se encogió de hombros Harry.
- Nosotros también haremos el esfuerzo de mantenernos despiertos por respeto a ti - prometió Cedric.
- Os lo agradezco - agradeció el pequeño buscador, sonriendo a todos sus amigos, sabía que a algunos les costaría más que a otros mantener esa promesa.
- ¿Y cómo estás? - le preguntó Pansy, que había perdido su habitual gesto de frialdad desde hacía un par de semanas.
- Bien, sólo necesitaba dormir - los tranquilizó el ojiverde.
- Fue una locura lo de leer dos capítulos... - lo acusó, la maternal Daphne.
- Me encontraba bien... - se defendió el azabache.
- Pero te habían advertido - le recordó Penélope.
- Bueno... Ahora ya no se puede hacer nada... - intentó ayudarlo Percy.
- Claro que sí... A partir de ahora... - aseguró, con firmeza, Hermione.
- Nosotras cuidaremos de ti - terminó por ella Hannah, con el mismo gesto firme que la castaña.
- Se acabó lo de ponerte en peligro - añadió Lisa, mirándolo ceñuda.
Todas sus amigas lo miraban fijamente, con un amor maternal y un instinto de protección que empezaban a preocupar al ojiverde, que tragó saliva asustado.
- No me gustaría estar en tu pellejo - se burló Michael.
- ¿Es que no pensáis decir nada? - preguntó Harry, buscando el apoyo de los chicos.
- Mmmm... No se me ocurre nada... - negó Blaise.
- Cobardes... - los acusó el azabache.
- ¡Ah! Nosotros no somos Gryffindor... - se excusó, con una sonrisa traviesa, Draco.
- Pero habéis demostrado que no sólo hay valientes en nuestra casa - replicó el león mirando primero a los Slytherin y luego al resto de Los Guardianes - Todos vosotros lo habéis hecho...
- Yo nunca pensé que podría ser valiente - confesó Justin.
- Ni yo - se sumó Terry.
- Pues os equivocabais... - aseguró el Gryffindor.
- Yo pensaba que con ser listo era suficiente... - reveló Michael.
- Todo suma... - intervino Hermione.
- Y recordad que habrá una guerra... La valentía, la astucia, la inteligencia, la lealtad... Va a ser necesario todo eso... - les recordó Cedric.
- He estado pensando en algo... - confesó Harry.
- ¡Eh! Ese es el papel de Hermione... - se burló Ron.
- Gracias por concederme un descanso... - agradeció, divertida, la castaña.
- De nada. He recordado que el paquete tenía siete libros... - empezó el buscador más joven del siglo.
- Sí, yo también lo recuerdo - asintió la leona.
- Siete libros... Siete años en Hogwarts... - siguió el azabache.
- Sí, ya lo había pensado... Supongo que será un libro por año... - explicó al resto, Hermione.
- Claro... El primer libro es tu primer año... - asumió Padma
- Lo que quiere decir que la guerra será dentro de seis años - reveló el ojiverde, haciendo que todos saltaran en sus asientos.
- ¿Qué? - preguntó, sin recuperarse de la sorpresa, Ron.
- ¡Tienes razón! - exclamó Theo
- Claro, el último es la batalla final... - asintió Hermione, entendiendo de inmediato lo que su amigo había descubierto.
- Falta mucho para eso - replicó el azabache, que no quería saber nada sobre las vidas que se perderían en la guerra.
- Mi mejor amigo tiene razón - lo apoyó Ron, pasando un brazo por sus hombros, y encontrándose algo pegado a la espalda de su amigo - ¿Qué tienes ahí?
- ¿Dónde? - preguntó Harry.
- Aquí - respondió el pelirrojo, alcanzándoselo - Es un pergamino...
Harry agarró el pergamino que le tendía el pelirrojo y lo abrió, desdoblándolo con cuidado, había unas pocas palabras grabadas en el.
Si vuelves a hacerlo, todo se terminará y volverás al día del banquete
El pequeño león se quedó lívido al leer la amenaza, Hermione le quitó el pergamino de las manos, al ver el estado del ojiverde, y lo leyó con el ceño fruncido.
- No pasará nada... - le prometió la castaña, abrazándolo.
- ¿Qué pasa? - preguntó Blaise, preocupado.
La leona les leyó la carta, mientras Harry seguía en su mundo, paralizado por el miedo a perder a su recién adquirida familia.
Draco miró a su primo sabiendo lo que estaba pasando por su mente en esos momentos, y de pronto se le ocurrió algo, salió del cuarto de los leones corriendo y volvió cinco minutos más tarde con compañía.
- Chicos, bajemos al comedor... - les dijo el rubio, a Los Guardianes, para dejar intimidad a su primo con los visitantes.
- Pero... - protestaron algunos.
- Nos vemos en un rato Harry... - dijeron Hermione, Daphne y Pansy, ayudando al platinado a sacar a todos del cuarto.
Los Guardianes salieron de la habitación dejando a su líder con los recién llegados, a los que Draco ya había puesto al corriente de la situación.
- Ya estamos aquí cachorro... - susurró Sirius.
- Y no vamos a desaparecer... - añadió Remus.
- Pero si volvemos a ese día... - habló, por fin, el niño.
- No vamos a volver a ese día porque tú no vas a volver a hacerlo... - replicó Severus.
- Así es... Nada ni nadie va a separarnos... - aseguró el animago.
- Tengo miedo... - confesó, el azabache, con voz temblorosa.
- ¿A qué? - se interesó el ojinegro.
- A perderos... - respondió el ojiverde.
- No vas a perdernos... - repitió el animago.
- Pero la guerra... - rebatió el pequeño león.
- No vas a perdernos - interrumpió, esta vez, el hombre lobo.
- Pero vamos a tener que apurarnos si no queremos perdernos la cena - aseguró con una carcajada, el ojigris, aliviando la tensión.
- Está bien... - accedió el ojiverde.
Los cuatro bajaron a cenar y se reunieron con el resto, Harry fue recibido con cariño y alegría, pero esta vez el niño no se sintió acosado, sino querido.
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Gracias a los que habéis estado desde el principio...
A los nuevos lectores os doy la bienvenida...
Hasta la próxima...
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