36. Camilla

Agua. Gotas de agua. Click, click.

Jacob no recordaba nada en la nube espesa en la que se encontraba. Estaba tumbado sobre algo confortable. Lógicamente estaba durmiendo al aire libre, sobre un prado y había empezado a llover, despertándolo. Las gotas de lluvia se resbalaban por sus mejillas hasta llegar a sus labios. Saladas. Deliciosas.

La nube en su cabeza se empezó a disipar y pudo notar que no estaba solo. Había varias figuras en su campo de visión. Olió profundamente y sintió náuseas. Malditos chupasangres. Iban a comerlo vivo. Alguien habló. Sonó como la suave brisa marina. Ese sonido lo relajó.

El putrefacto olor se fue desvaneciendo. Los espíritus cuidaban de él. Las susurros en el aire lo habían salvado. Nunca más despreciaría las creencias indias. Sólo quedó una figura que se cernía sobre él. Pasó un tiempo pero sus sentidos, iban poco a poco volviendo en sí.

Sus ojos distinguieron un techo de color caliza. Obviamente se encontraba dentro de algún sitio. Parecía una cueva.

La lluvia no provenía del techo. Estaba mareado y esto era un sueño. La lluvia eran lágrimas de unos ojos verdes tan hermosos que se quedó atontado mirándolos. Una joven lo miraba con gran intensidad. Era asombrosamente hermosa, desde las delicadas facciones, los jugosos labios o el pelo dorado como el sol. Ella era... la conocía. Te conozco quiso decir. Ella era importante. Ella era... Rennie.

Rennie. Rennie. Rennie. Como un fogonazo imágenes de la joven inundaron su sistema. La primera vez que la había visto estaba tumbado sobre una camilla. Todo la superficie sobre la que reposaba y era la misma. Rennie. El amor de su vida.

-Rennie.

Ella sonrió llorosa y hipó, abrazándolo con fuerzas. Él se quejó y ella se retiró disculpándose.

-Rennie- Quería que lo volviera a abrazar pero antes tenía que disculparse, comportarse de forma sincera, como ella se merecía-Rennie, discúlpate-No, no quería decir eso, era al revés, era él el que quería pedir disculpas, pero parecía que su cerebro estuviera hecho papilla. Lógicamente se había emborrachado. Emmett siempre le decía que comprara cerveza, que así camuflaría su olor natural. Emmett. Maldito Emmett lo había dejado k.o.

-Yo, lo siento-dijo ella- he sido muy tonta. Me he enfadado por algo sin importancia, la vida es demasiado corta como para perder el tiempo en detalles. No quiero perderte. No lo soportaría.

-Rennie, no-

-Escúchame. Me sentía muy insegura. Bella, Leah, ellas permanecen a este mundo. Te conocen. Compartís espacios, juegos, historias. Yo sólo soy un experimento de laboratorio que nunca había salido de Volterra.

-Rennie-la voz de Jake sonaba a censura. Por más mareado que estuviera no soportaba que nadie la humillara y menos ella misma.

-Es la verdad-añadió ella con un sollozo con el pequeño acento italiano que lo volvía loco más marcado que de costumbre-no me cabe en la cabeza que un hombre que pudiera tener a cualquiera de ellas se conforme conmigo.

-Rennie no quiero oir una palabra más. Tú eres una mujer. Nada de ser un experimento de laboratorio, señora Black.-Estaba furioso y la ira lo había despejado. Le daban ganas de sacudir ese hermoso y deseabe cuerpo para que le entrara el sentido común.-Buena elección me dejas entre una dominatrix con mal genio como Leah o una sosa egocéntrica con vocación de sanguijuela como Bells. Siento no haber sido sincero contigo pero no tenía la más mínima importancia para mí.

-Es la verdad- él continuó imitandola su voz, -Señora Black, eres el ser más hermoso en el que he puesto los ojos. De hecho, nada más me importa. Es cosa de almas. De reconocimiento de mi otra mitad. Y él único que se tiene que disculpar soy yo, cariño estás en estado y no deberías llorar.- Con ternura la cogió en brazos y la acostó encima suyo, en el círculo de sus brazos. Con una mano acarició su abultadísimo vientre.

-Es que estoy tan gorda y fea.-El pusó un dedo sobre sus temblorosos labios para silenciarla.

-Estás preñada- La corrigió él.- Redonda por mi hijo. Y eso de fea, sabes que es más probable que Emmett llegue a presidente.

Ambos rieron y se empezaron a relajar. Él la miró mucho más despejado. Llevaba un camisón blanco que con la luz de la mañana se le antojó transparente. Las curvas acrecentadas de su cuerpo bastaron para que el deseo surgiera en él hasta que estuvo rígido. Volvieron a mirarse a los ojos y él se alegró al comprovar que ella estaba igual. Se besaron.

Como siempre. El cuerpo les pidió más y cuando ella empezó a vagar codiosa por el pecho de él... no pudo evitar resentirse. Las costillas aún no se habían curado.

Ella lo comprendió y con una sonrisa de consuelo se apartó. Él insistía en volver a lo mismo.

-Jake, no puedes. Estas herido. Dolorido.

-Muy dolorido sólo tú puedes curarme-Añadió con desvergüenza.

No se esperó lo que ella hizo.

Pego sus labios a los de él.

-Ésta es para tí-Le dijo ella sobre sus labios.

Metió la mano por debajo de la sabana que lo cubría.

Lo acarició con su mano donde más sensible era, hasta conducirlo a la cima del placer.

Jake estaba borracho de satisfacción. La beso con ardor y suspiró.

-La siguiente es para tí.-Prometió él.

-Ya lo sabía, ¿a que soy lista?-Ella sonrió guiñándole un ojo.

Él rió y la beso por el único placer de sentir sus labios.

-¿Dónde están los demás?-Preguntó él, de repente al recordar -Cuando me desperté creí que había alguien más.

El hermoso rostro de Rennie se tensó y miró hacia otro lado.

-¿Qué pasa?

-Jake has estado un par de días inconsciente y ellos te han esperado hasta que han podido.-ella entonces lo miró a los ojos-La pelea contra los Volturi ha comenzado.