Digimon no es mío. ¿Saben si lo fuera? Me encerraría en una habitación con TK a hacerle cosas que solo Dios sabría :D
Advertencias: Universo Alterno
Amigos especiales
El momento de la verdad
Eran alrededor de las 4.32 de la madrugada cuando Keima soltó su tercer vaso de Attomic Blue y paseó la mirada por el lugar para intentar encontrar a su hermana.
- ¿Qué haces? – preguntó Tai acercándose para sujetarse a su cuerpo, ante su tambaleo constante desde, aproximadamente, las tres.
- Estaba buscando a mi hermana… pera ya se debe de haber ido, ¡aburridaaaaaaaaaaaa!
- Sí, seguro que se fue… - murmuró Taichi, nervioso, desviando la vista para posarla en un rincón del living, tratando de descifrar en donde terminaba Akane y empezaba Davis. – ¡Hey, hey, ustedes! ¿Dónde creen que van?
Sus ojos habían encontrado algo más interesante que ver la casi violación de Davis hacia esa chica. Había visto a su hermana y a TK justo a tiempo antes de que ambos desaparecieran por la oscuridad del pasillo que llevaba a las habitaciones.
- Tengo sueño, hermano, nos vamos a acostar – dijo Kari, sonriéndole a ver si trataba de convencerlo.
- Siiii, sueeeño, seguro – se metió Keima levantando las cejas marcando algo obvio.
- Gracias eh – ironizó Takeru, riendo. – No vamos a hacer nada, Tai, no con tanta gente en la casa, puedes quedarte tranquilo.
- ¡Claro que no! Los voy a ir a mirar a cada rato, ¿ok?
- No es neces-
- ¡No me discutan!
- Bueno ¬¬
Continuaron caminando y desaparecieron por el lugar.
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- Creo que iré a ver que hacen – replicó Tai dirigiéndose por donde se habían esfumado los menores.
- ¡Te acompaaaaaño! – exclamó Keima, siguiéndolo de cerca.
Buscaron en el baño, la habitación de Matt, de Takeru pero no los encontraron. Por lo que, la última pieza que quedaba era la de Natsuko, la madre de los dos rubios.
Asomaron sus cabezas por la puerta y los vieron acostados sobre la cama. No estaban haciendo nada grave. Se besaban con tranquilidad. Bien, eso estaba bien. Y que Takeru acariciara su rostro…hmp, también estaba bien. Y que su mano descendiera y llegara hasta la cintura de su hermana… mmm… cuando la pierna de Kari se estaba por enredar con las de él, Keima suspiró.
- ¡Me aburro, Tai! – gritó colgándose del mayor.
- ¡Cállate!
Tarde. Takeru y Kari los habían vuelto a mirar y ahora los fulminaban con una mirada que asustaría a cualquiera. Taichi tragó saliva y señaló su espalda con el pulgar.
- Yo solo venía a… bueno, ya me voy… sí, nos vemos. Vamos idiota – masculló sujetando a su reciente conocido del cuello de su camisa.
Hikari resopló y se acostó nuevamente.
- Algún día lo mataré.
- Déjame eso a mí, a ti te quedaría demasiado cargo de consciencia – le dijo Takeru abrazándola y acomodando su cabeza en su pecho – Vamos a dormir un rato, estoy cansado.
El rostro de ella se levantó y dejó ver un puchero.
- Aburrido… dulces sueños – dijo besando sus labios y volviendo a acostarse.
Dos semanas después, la situación era la misma.
Kari despertó sintiendo el calor carcomerle la piel y se separó lentamente del pecho descubierto de su novio. Recorrió la habitación con la mirada y arqueó las cejas. Corrió la mano de TK de encima de su cintura y se levantó. Caminó hasta una de las paredes y enfocó su visión aún más. Si, el aire acondicionado estaba apagado.
Intentó prender y apagar la luz pero no pudo.
Bufó exasperada y bajó los hombros. No le gustaba para nada el calor en exceso. La hacía sentirse mal.
Abrió una de las ventanas para dejar que corra el aire pero no pudo dejar de sentirse mareada.
Decidió ir a tomar algo fresco, tal vez eso la ayudaría.
Salió de la habitación sin hacer ruido. Eran aproximadamente las seis de la tarde. ¿Tanto habían dormido? Se habían acostado luego de comer junto con Tai y Sora.
En la cocina encontró a su hermano, su cuñada y Matt, los cuales parecían estar simplemente hablando. En ese lugar no hacía menos calor que en su habitación. Los tres se hacían viento con lo primero que tuvieran a mano.
Estaba por saludarlos cuando todo lo que tenía frente a ella se tiñó de color blanco. Y eso fue lo único que pudo recordar.
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- Kari… Kari, por favor…
Abrió los ojos viendo a su hermano en forma doble. También vio una mancha de cabello rubio. Debía de ser TK… o Matt, recordaba que él también estaba cuando le pasó… lo que sea que fuera lo que le había pasado.
- ¿Cómo te sientes? – quiso saber una voz femenina. Sora.
- ¿Qué pasó? – amagó con levantarse de la superficie dura en donde estaba pero un par de brazos se lo impidieron.
- Quédate acostada, dime ¿Cómo te sientes?
- Mareada…
- Hay que llevarla a su habitación, TK…
Sin decir nada más, sintió que el suelo desaparecía bajo ella y que dos fuertes brazos la envolvían. No había visto a su novio por ahí, ¿tan mareada estaba?
Cuando sintió el colchón mullido de su cama, volvió a abrir los ojos. El simple movimiento de ser llevada hasta su cuarto la había hecho sentirse mal otra vez.
- Como odio el calor… - musitó Kari tapándose los ojos con su brazo.
- Ya lo se – replicó TK, recostándose a su lado y haciéndole viento con una revista. – Siempre te pasa algo así en verano.
- ¿Quieres que llamemos al médico? – preguntó Matt, con un deje de preocupación en su mirada.
El que respondió fue el rubio novio de la muchacha.
- No creo que sea necesario – Takeru sonrió suavemente y miró a su hermano – Kari siempre sufre cosas así los días de calor agobiante, no soporta las temperaturas altas…
Taichi asintió ante esa información.
- Es verdad, le baja la presión. Solo necesita descansar un poco, y espero que la luz vuelva pronto para poner el aire acondicionado. Luego, date un baño, ¿esta bien?
Hikari asintió sin moverse de su posición. Los tres mayores se retiraron de la habitación pero no cerraron la puerta, así correría más aire.
Cuando verificó que realmente habían quedado ellos dos solos Kari se abrazó a su novio sin esperar nada. TK correspondió el contacto sin preguntarle el porqué de esa repentina acción. Ya sabía la respuesta.
- Me da vergüenza pero… quiero que ir a comprar uno…
- Te acompaño – respondió el Takaishi levantándose de la cama.
Salieron del lugar a paso lento y llamaron la atención del grupo de amigos que se mantenía en la cocina haciéndose aire con lo primero que encontraran cerca.
- ¿A dónde van? – quiso saber Taichi.
- Vamos a ir a sentarnos en el parque. Tal vez estar cerca del lago sea más refrescante y le haga bien.
El moreno asintió con un poco de desconfianza y les dijo que volvieran temprano.
Ambos adolescentes concordaron y abandonaron el recinto en silencio. Caminaban por las calles sin decir ni una sola palabra, si sus manos no hubieran estado entrelazadas, tampoco creían el hecho de que notaran la presencia del otro a su lado. Pero iban muy ensimismados en sus pensamientos especulando en las posibilidades.
Se alejaron varios barrios del suyo y entraron a una farmacia. Los atendió un hombre mayor, parecía que rondaba los 72 años o algo parecido.
- Buenas tardes jóvenes, ¿Qué necesitan?
La mirada de la pareja se desvió hasta clavarse en un estante que estaba detrás del mostrador. El farmacéutico siguió la dirección de sus ojos y encontró el objeto.
- ¿Así que es eso…? – estiró su mano para sujetar la pequeña y alargada caja y la colocó sobre la mesa. – Son 22 dólares.
- Quiero dos – dijo Hikari con voz prácticamente forzada. El anciano asintió y buscó otra.
Tras pagarlo, sujetaron la bolsa con un sentimiento desconocido dentro de ellos y se fueron del lugar sin siquiera despedirse del amable señor.
Volvieron en sus pasos pero no se detuvieron en la casa de los Yagami sino que continuaron caminando las tres cuadras que los separaban del hogar del rubio y se instalaron allí, aprovechando la soledad.
Fueron hasta el cuarto de TK y se sentaron en la cama, todo sin soltarse de las manos. Seguían sin proferir palabra porque no sabían exactamente que decir en una situación así. Pensaban que, si hablaban, sería peor o que harían que los nervios o llanto del otro se destara de un momento a otro.
Hikari suspiró y cerró los ojos. Sacó una de las cajas desde dentro de la bolsa y se paró.
- Ya vengo.
Antes de que pudiera atravesar la puerta, los firmes brazos de TK la sujetaron en un nuevo abrazo. Un abrazo que demostraba su apoyo y todo su amor.
Kari sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y correspondió a la unión. Después de todo, lo necesitaba como nunca antes.
Al separarse, el rubio volvió a sentarse en la cama y ella se encerró en el baño frente a la habitación de su novio.
Takeru se refregaba las manos sin poder parar. La desesperación que sentía dentro de él era inexplicable con palabras por lo que solo optaba por suspirar y apretar los ojos fuertemente. No era capaz de pensar con claridad ni menos figurar lo que harían de ahora en adelante si el resultado llegaba a ser positivo. Solo sabía que, negativo o positivo, amaría a Kari tanto o más como la amaba en ese momento.
Un ruido lo sacó de sus reflexiones. Era su chica. Quien lo miraba con los ojos brillando por las lágrimas desde el marco de la puerta.
¿Ya habían pasado 15 minutos?
Los ojos de la castaña bajaron hasta enfocarse en el pequeño aparatito que sostenía entre sus manos y las lágrimas comenzaron a resbalarle por las mejillas.
Eso solo podía significar una cosa.
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:O
No tengo palabras para disculparme por no haber actualizado por tanto tiempo y, ya se que no es excusas, pero tengo la necesidad de contarles que ME ENAMORÉ (L)
Sisi, del chico más hermoso, inteligente, bueno y tierno de la tierra. Es perfecto para mi y yo soy perfecta para él (palabras textuales de él) más amoooooor :M
Y nada, ahora trataré de actualizar más seguido, si?
Dejen reviews queridosssss, ¿quieren saber el resultado? (Bueno, es un poco obvio, no? ;)
¡Los quiero!
Hikari x Takeru
