CAPÍTULO 36: Aceptación
Les subo otro capítulo. Sólo decirles que quedan 2 más y el epílogo. ¡Estoy tan nerviosa!
Bueno una de las últimas preguntas que les quiero hacer. ¿Que nombre apuestan que será el de la pequeña baby Booth en la serie? Se que todos apostamos por Christine... a mi personalmente no me gusta. ¿Y ustedes? ¿Que dicen? ¿Cuál les gustaría? ¿Cuál creen que será?
Gracias por todos los comentarios recibidos. Sobretodo este último capítulo. Enserio que quiero agraceder todos y cada uno de ellos. Los leo repetidas veces y estos últimos han sido un chute de moral para el final de la historia!
Espero no defraudarles!
Un beso enorme!
Hodgins cogió el coche y se llevó con él a Brennan. La antropóloga no podía hablar, casi no podía pensar. Sólo podía sentir una intensa sensación que no podía describir. Iba a volver a ver a Booth, eso la hacía sentirse inmensamente feliz pero le daba mucho miedo pensar en que estado podía encontrarse a su novio.
Subieron las escaleras del hospital corriendo, no tenían tiempo para pararse a esperar el ascensor. Brennan iba delante y detrás Hodgins que cargaba con el bolso de la antropóloa, pesaba lo suyo. ¿Que demonios llevaba allí? ¿Piedras? Rezó para que no fuesen huesos.
Brennan se abalanzó sobre la puerta sin pararse a mirar el número, sabía que no se podía equivocar aunque todas las puertas fuesen iguales, llevaba meses haciendo del hospital su segunda casa.
Abrió la puerta y entonces allí lo vió. Incorporado en la cama con la doctora examinándole y Ángela a su lado. Sólo le hizo falta un segundo, incluso menos, para darse cuenta.
Brennan se apoyó contra la pared, sus piernas no aguantaban su peso y se fue dejando caer al suelo apoyada contra el muro hasta llegar al suelo y quedarse sentada con las rodillas dobladas.
No podía ser, allí no estaba Booth. Sus ojos estaban abiertos pero no eran los ojos de Booth. No era la mirada con la que tantas veces se había cruzado y se había entendido sin hablar. Allí estaba el cuerpo de Booth pero no su alma. Ya no quedaba nada de él. Ahora sí que lo podía confirmar al 100%, había abierto los ojos pero allí ya no estaba Booth.
-Doctora Brennan – dijo la doctora Baker acercándose hacia la antropóloga – Siento esto que acaba de suceder. La señora Hodgins se ha precipitado al llamarles. No debería haberlo hecho. Sabemos que ha sido con buena intención – dijo la doctora mirando a Ángela – Pero el señor Booth no ha despertado. Sólo ha abierto los ojos. Pero es algo involuntario, no lo domina su cerebro conscientemente.
-Pero usted me ha dicho que eso es un avance – dijo Ángela
-Sí, es cierto ,pero estos avances cuándo ya hace tanto tiempo del coma... - empezó la doctora llevándose la mano a la frente
-Diga – la increpó Hodgins para que siguiera.
-Verá, a estos adelantos se les llama la mejoría de la muerte
-Oh Dios – Ángela se cubrió la boca.
-En algunos casos la persona mejora antes de irse. Es como si el cuerpo quisiese dar un último intento para recuperarse antes del final.
-¿Está segura? - dijo Hodgins que no podía creer lo que la médico les decía
-No es algo exacto... tal vez medio año... No es seguro pero creo que es mi deber informarles.
-Es horrible.. - dijo Ángela - Brennan siento haber llamado, encima aún son peores noticias
-Da igual Ángela. - dijo Brennan que había permanecido todo el rato callada - No son peores noticias. Booth ya no está en esta habitación. - dijo levantándose del suelo. Cogió su bolso de la mano de Hodgins y salió. Durante una hora había creído que volvería a abrazar a Booth, que lo volvería a besar, que vería crecer a su hija. Pero no. Y lo peor de todo no era saber que no volvería, era haber pensado que sí lo haría. Durante esa hora había bajado todas sus defensas. Y el daño había sido mucho peor. Ahora que había conseguido volver a levantar los muros contra cualquier sentimiento se los habían derribado y le habían clavado un puñal directo en el corazón.
La antropóloga estuvo un rato en la calle, parada, necesitaba que el aire le diera en la cara. Necesitaba respirar un rato y darse cuenta que sus pulmones funcionaban y su corazón seguía latiendo. Al fin decidió coger un taxi y volver a casa. Sabía lo que debía hacer.
…
Sin darse cuenta Diciembre se les había echado encima y la Navidad estaba a la vuelta de la esquina. Booth seguía igual, la apertura involuntaria de ojos sólo había durado unas horas, y Brennan vivía cómo una autómata. No hablaba con nadie. Sólo vivía para su hija y para los huesos del Jeffersonian. También solía traer a Parker a casa y una vez al mes iba a ver a Stella. Fuera de eso no tenía relaciones con nadie. Todos sus amigos habían intentado ir a verla y hacerla entrar en razón pero Brennan no les abría la puerta.
El cartel de "se vende" llevaba colgado en el balcón algunos meses pero nadie había llamado. Vivir en aquel ático se le hacía imposible. Cada vez que entraba en aquella casa el techo se le caía encima. Aquellos pocos meses que había vivido allí con Booth se le aparecían en casa esquina de la casa. Sobretodo cuando entraba a la habitación de su hija y veía todo el esmero que había puesto Booth en ella. Brennan se hubiese mudado hacía ya tiempo a su antiguo apartamento pero los paletas tardaban mucho en acabar la habitación de Parker. Rebecca se había portado muy bien, dejaba que Brennan se llevara al niño los días que le habría tocado a Booth.
Aquella mañana de sábado Brennan estaba intentando escribir algo de su libro. Llevaba meses intentándolo pero le era imposible. Su cerebro no era capaz de hacer nada creativo. Sólo era capaz de trabajar sobre hechos concretos, pero no podía imaginar nada. Así que el libro se había estancado y aquello estaba sacando a su editora de quicio. Entendía la situación pero ya hacía meses de lo de Booth y las editoriales no entienden de problemas familiares.
-Ruth, ves con cuidado – Ruth se había vuelto una niña preciosa. Era igual que Brennan pero con el pelo más oscuro. Sus enormes ojos relucían cómo dos faros en su pequeña carita. Brennan se levantó de la silla para coger a su hija. La niña había empezado a caminar y estaba apunto de tirar el pequeño árbol de Navidad que habían montado ella y Parker hacía unos días.
Cuando Brennan apartó las manitas de su pequeña de la rama del árbol llamaron a la puerta. Debía ser su editora, llevaba días detrás de ella. Brennan abrió la puerta sin mirar por la mirilla.
-¿Sigues viva? - dijo Ángela al otro lado de la puerta
-¡Ángela! ¿Qué haces aquí? - dijo Brennan
-Antes tenía una amiga que vivía aquí pero ahora ya no lo sé. - ironizó la artista
-Pues sigo aquí - contestó Brennan - pero no por mucho tiempo
-¿Sigues pensando en vender el piso?
-Lo venda o no lo venda no me voy a quedar.
-Venga Brennan... este ha sido tu hogar... el lugar dónde ha vivido Ruth su primer año. - empezó Ángela, pero decidió desistir al ver que su amiga había optado por no prestarle atención. - Hablando de Ruth, dentro de poco será Navidad y el cumpleaños de la pequeñita, así que había pensado que podríais venir a casa, hacemos una comida y lo celebramos todos juntos.
-Oh gracias Ángela, pero no. Ruth y yo comeremos en casa y por la tarde vendrá Parker a comer pastel.
-¿Y Max? - preguntó la artista
-Va con Russ y su familia. - contestó Brennan
-Pues entonces ve con ellos – añadió Ángela – Pero ese plan que me has contado no me gusta nada. ¡Debes celebrar la Navidad y el primer cumpleaños de Ruth!
-No puedo ir con mi padre y Russ. No podría estar con Parker.
-Pues entonces venir con nosotros y luego vamos a buscar al chico – insistió Ángela.
-Creo que no. La Navidad además debería celebrarse en Marzo y Ruth es muy pequeña todavía para ser consciente de su cumpleaños. - dijo Brennan – Bueno debería trabajar, si no tienes nada más que decirme creo que mejor nos dejes solas.
Ángela no pudo más. ¿La estaba echando de su casa? Aquello ya era demasiado. No iba a celebrar la Navidad ni el cumpleaños de su hija, no les habría la puerta de casa, en el Jeffersonian no les hablaba... Aquello había llegado demasiado lejos.
-¡Está bien! – Ángela cerró la puerta que muy amablemente había abierto Brennan – Esto ya es demasiado. Sí, Booth se ha ido y es horrible. Es lo peor que podía haberte pasado. Pero debes afrontarlo Brenn
-Ángela no quiero hablar de Booth – contestó Brennan intentando que aquellas palabras no derribaran su pose de persona tranquila y compartimentada.
-Pues yo sí quiero. Y me vas a escuchar. - dijo Ángela muy agitada – Lo que te ha pasado es horrible pero Booth no querría esto. No querría que te abandonaras por completo.
Brennan intentó no contestar las palabras de Ángela. Sabía que si lo hacía perdería los papeles. No era capaz de hablar de Booth con total frialdad, por eso evitaba siempre el tema. Por eso les evitaba.
-Para nosotros también ha sido duro Brennan. Pero está siendo muy duro verte así. Estamos muy preocupados – dijo Ángela.
Brennan no pudo más. O se ponía a llorar o se revelaba. Optó por la segunda opción.
-¡Lo siento Ángela! - gritó la antropóloga – ¡Siento haber perdido al padre de mi hija y que por eso tengáis que preocuparos por mí! Pero tranquila, os lo pondré fácil. No hace falta que paséis más por aquí.
Ángela no podía creer lo que oía. Todos se estaban esforzando por ayudarla y ella no ponía nada de su parte. Sabía que era muy duro, pero no podía encerrarse así.
-Mira esto – Ángela sacó una fotografía del bolso y se la enseñó a Brennan. En ella se veía a Booth y Brennan con Ruth y Parker el día del bautizo de la niña. Se les veía felices, Brennan tenía apoyado en su regazo a Parker mientras que Booth sujetaba a Ruth y le cogía una manita para que saludara a la cámara. - ¿Ves esto? Algún día le enseñaré esta foto a Ruth y le explicaré que su padre era un hombre era un hombre magnífico, que la quería con todo su ser y que fue una desgracía perderlo ¿Pero sabes qué? También le tendré que decir que sí, que también perdió a su madre, que antes sabía sonreír. - Ángela dejó la foto encima de la mesa de un golpe. - Porqué Booth te enseñó a sonreír, te enseñó a sentir, te enseñó a querer. Antes entendía que fueses fría, porqué habías perdido a tus padres con 15 años y te habías cerrado tanto que te habías acabado creyendo ese papel. Te convertiste en una insensible. Yo lo entendía. - Ángela dejó caer una lágrima – Pero ahora se que no, se que Booth te cambio. Se que debajo de toda esta frialdad que muestras estás sintiendo, y lo estás pasando mal. Y eso será lo que le tenga que decir a Ruth cuándo me pregunte cómo es que ya no sonríes así. Le diré; ¿sabes cariño? Es difícil sonreír cuando has perdido a alguien que se quiere tanto pero tu madre aún sabe sentir lo que pasa es que se ha vuelto una hipócrita.
Brennan estuvo a punto de contestar pero la dureza con la que había hablado Ángela la bloqueó. No esperaba que le dijera eso. Esperaba compasión de todo el mundo. Así era cómo la habían tratado desde que había perdido a Booth y se había acostumbrado a ser la pobre "viuda" que daba pena. Nunca esperó que Ángela le hablara así. Y no sabía si le agradecía que la tratara con normalidad o le dolía terriblemente aquello que le había dicho.
La antropóloga no contestó y Ángela tampoco añadió nada más, solo cogió la puerta y se fue. La fotografía se quedó encima de la mesa.
Esa noche Brennan se acostó temprano. Ruth se había quedado dormida y ella aprovechó para meterse en la cama, no sin antes tomarse una de las pastillas para dormir que hacía meses que eran habituales en su rutina diaria.
La antropóloga no tardó en dormirse, la discusión con Ángela la había dejado tocada, pero pensaba que en parte era mejor. Así no tendría que preocuparse por ella.
Estaba en el más profundo de los sueños cuándo notó que algo suave rozaba su brazo.
-¿Booth? - dijo Brennan
-Shhh – contestó el agente que estaba estirado a su lado.
-Genial, un sueño – dijo Brennan
-¿Quién te ha dicho que esto es un sueño? - dijo Booth
-Estás es en hospital Booth. Todo esto es producto de mi imaginación.
-¿Crees que esto es imaginación, Huesos? – Booth besó suavemente los labios de Brennan
Brennan dejó caer una lágrima. Hacía tanto tiempo que no notaba esos labios.
-Nos has dejado Booth – dijo llorando Brennan – Me prometiste estar siempre a mi lado, que seríamos una familia, que me ayudarías con Ruth... Y ya no estás
-Eh, eh, eh – la calmó Booth pegándosela a su pecho. - Cálmate. ¿Me oyes? Esté dónde esté siempre estaré contigo.
-No Booth. Ya no estás. - dijo Brennan besando su mano – Te has ido y nunca podremos volver a estar así. Nunca más voy a saber que es ocupar el mismo espacio con otra persona. Nunca podré querer a nadie Booth. Nunca más romperemos las leyes de la física.
-¿No lo estamos haciendo ahora? Según tú estoy en el hospital, en cambio estamos aquí hablando
Brennan se despertó sudorosa, apenas hacía una hora que se había acostado. Aquel sueño la había dejado intranquila. Sabía que era una estupidez, que sólo era producto de su cerebro pero decidió llamar a Mariah que aquella noche estaba con Booth
Cuando Mariah le dijo que todo seguía igual se calmó un poco, pero aunque sabía que era total y completamente irracional sacar conclusiones de un sueño, la verdad es que no estaba tranquila. Había sido tan real... demasiado.
A la mañana siguiente Brennan vistió a Ruth y la puso en el cochecito. Darían un paseo y irían a recoger a Parker para ir a comer.
Se disponían a salir cuándo llamaron al timbre. Brennan observó por la mirilla y vio que era Sweets. Decidió no abrir. Lo último que necesitaba ahora era un psicólogo.
-Brennan, sé que estás ahí - dijo Sweets al otro lado de la puerta – He oído cómo desplegabas el cochecito de Ruth
Brennan sabía que no tenía escapatoria. En algún momento tendría que salir para ir con Parker y sabía que Sweets no se daría por vencido
-¿Necesitas algo Sweets? Ruth y yo tenemos que irnos.
-Necesitar, necesitar... no necesito nada pero quiero hablar contigo – dijo Sweets
-Pues ahora no es un buen momento – dijo la antropóla empujando el cochecito de su hija y dirigiéndose a la puerta.
-Por favor Brennan. Si no lo haces por mí, hazlo por ella – Sweets señaló a la niña – Es mi ahijada y apenas la veo. Déjame tenerla un rato en brazos mientras hablamos. Por favor.
-Está bien – accedió Brennan – Pero en menos de una hora debo irme a por Parker.
-Te prometo que no me extenderé – dijo Sweets cogiendo a su ahijada – ¡Hola pequeña! ¡Ven con el tío Lance!
-¿Podrías ser concreto Sweets? – dijo Brennan
-Angela apareció el otro día llorando en el laboratorio – dijo Sweets – Nos contó lo que te dijo. Le sabe mal haberte hablado así.
-Ella sólo expuso su punto de vista.
-Venga Brennan. Es tu mejor amiga. Sabes que no quería hablarte así. Pero nos tienes preocupados, tus actos son de persona distante y...
-No necesito un psicólogo – le cortó Brennan
Sweets suspiró.
-No estoy aquí cómo psicólogo. Estoy aquí cómo amigo. Sólo te diré una cosa y te dejaré en paz.- Sweets se sentó incorporándose hacia delante, justo cómo hacía antes de iniciar una explicación - Es posible que Booth se haya ido para siempre. Pero te diré una cosa que quiero que te quede muy clara. Escúcha con atención.
El resto seguimos vivos. Seguimos aquí. No nos hemos ido ni tenemos intención de hacerlo.
Se que te apartas de todos porqué crees que ya no puedes sufrir más pero... sería más fácil si te dejaras ayudar. Apartar a todo el mundo no es la solución. Es cierto que no te podemos prometer que estaremos para siempre. No está en nuestras manos asegurarte eso, pero apartarte de todos para no sufrir no es la solución. Es imposible. Para hacer eso deberías estar sola, completamente aislada en algun lugar remoto de mundo. Y para empezar eso ya es imposible porqué tienes una hija. - dijo señalando a Ruth - Debes entender que el resto seguimos aquí. Y que unas personas se van, otras vienen y todas se apoyan en los momentos difíciles. Eso es la vida. Y cuánto antes aceptes que Booth se ha ido pero que no por ello se tiene que ir todo el mundo, antes lo superaras. Se que sabes que es así. Booth te lo enseño. Y aprendiste mucho de Booth. Confiaste en él . Y sé – Sweets miró fijamente a Brennan – que volverías a elegir este camino con él aunque supieras cómo iba a acabar. Porqué se que sabes que por Booth ha valido la pena.
Aquella última frase fue demasiado para Brennan. Había intentado pensar cómo hubiese sido todo si él día que Booth entró a su clase para pedirle ayuda con un caso ella se hubiese negado. Pero en el fondo sabía que era imposible. Que aquellos años con Booth habían valido la pena. Y que pagaría ese dolor de por vida si ese era el precio por haber podido compartir aquellos años junto a Booth
-Debería haberle dicho lo que sentía antes – dijo Brennan llorando
Sweets la abrazó. Por fin había explotado.
-Ehhh tranquila – Sweets la abrazó – Lo se. Se que le querías y que ahora debes pensar que perdiste el tiempo intentando decidir si él no te haría daño. Pero piensa que tal vez vuestra relación fue tan especial precisamente por eso, porqué sabías que él no era uno más, que te importaba y que querías asegurarte. Y eso os dio tiempo para acabar siendo la media naranja perfecta uno del otro.
Brennan se abrazó a Sweets. Le dolía mucho el pecho. Su hija iba a hacer un año y su padre no iba a estar. Lloró durante mucho rato, hasta que tuvo que ir a buscar a Parker.
-Gracias Sweets – dijo Brennan – Debo irme.
-Me alegra haberte podido ayudar – contestó el joven
-No les digas nada a los del Jeffersonian, por favor
-¿Por qué Brennan? Ellos quieren ayudarte, ya lo hemos hablado.
-Déjame tiempo, por favor – le rogó Brennan
-Está bien. Pero prométeme que celebrarás la Navidad con nosotros
-Prometo pensármelo – Brennan era sincera. No sabía porqué, Sweets la había ayudado diciéndole aquello. Aunque la conversa de Ángela y la visita de Booth también habían tenido parte de culpa. No sabía si estaba preparada para aceptar que Booth no volvería y que aún así su vida siguiese normalmente, pero normalmente no significaba trabajando, sino siendo cómo era antes de que Booth entrase en el hospital. No sabía si sería capaz, pero iba a intentarlo.
