BIEEEEEEEEN HOY EMPIEZA UN NUEVO DÍA CON UNA NUEVA ACTUALIZACIÓN.

Notas extras: Este capítulo todavía no ha sido beteado, pero le dí tiempo a mi beta para que los chequé con calma y gloria, por lo que dentro de unos días o más será editado de nuevo y corregido como se debe.

¡Disfruta de la lectura!

40. Cosas de Mexicanos.

Había costumbres extrañas del Mexicano a las que Hiro le costaba adaptarse a ellas. Y por adaptarse mencionaba entender y acostumbrarse un poco a lidiar con ellas diariamente. Le costó meses de estudios y platicas con Honey para saber porqué demonios se ponía a hacerlas.

Miguel tenía muchas manías y defectos.

Más defectos que manías, pero de las pocas que poseía cada una era extrañamente peculiar. Le hacía en más de una ocasión rodar los ojos o arquear las cejas con interés.

Batallaba para seguir su jerga dentro de la conversaciones, pedo, chingar, pendejo y verga eran las palabras a diario, cada una con sus diferentes contextos que hacía que Hiro se perdiera entre los diálogos de su mexicano.

Gritaba por cualquier cosa, maldecía a todas horas, maldecía en plan amistoso, maldecía en forma de saludo, maldecía porqué estaba enojado, maldecía porqué estaba feliz,¡Maldecía por todo! Ah, y también maldecía a Kyle, pero eso no era importante.

También poseía esa horripilante costumbre de echarle limón a casi todos los platillos, no sentarse a comer si no tenían tortillas en la estresaba con los trabajos porqué los dejaba para el último.

Su amplio vocabulario de palabras inexistentes, sus apodos pesados para calquier situación embarazosa que le pasará (Todavía sigue llamándole "Pisa mierda).

Aventaba su celular cuándo no funcionaba, golpeaba la televisión cuándo no trabajaba bien o simplemente cuándo quería reparar algo roto lo intentaba con cinta y una goma de mascar.

Ahí veía su inteligencia prodiga tirada a la basura por la necedad del mexicano de no preguntarle.

Claro, su inteligencia y excelentes calificaciones en robótica no podían competir contra la cinta y el pegamento adhesivo.

Todos eran una escalinata al disparate y la incomodidad de su convivencia junta.

Para Hiro era un poco extraño vivir con Miguel y lo que él llamaba sus cosas de mexicanos, pero no importaba que tan pesadas, tan extraños y desencajadas fueran con las suyas. Hiro terminaba abrazando éstas e intentaba acoplarse aunque le costará un poco de su orgullo.

Le preguntaba a Honey lemón sobre las jergas mexicanas, elevaba un poco la voz para que Miguel le entendiera, se acostumbraba a maldecir cuándo también tenía varios sentimientos desbordándole.

Probaba sus platillos con el litro de limón y el kilo de tortillas. Se desvelaba junto a él para terminar con sus proyectos (aunque a veces traía consigo una retribución económica). Investigaba de cada palabra imaginaria de Miguel, reparaba el celular que lanzaba y cuándo la televisión de plano no funcionaba por la sarta de golpes Hiro la reparaba a pesar de que no le había preguntado.

Sin embargo, no importaba que tanto se esforzará, siempre terminaba por fallar en ésta.

Había una cosa de mexicanos, UNA, una exactamente que no importaba que tanto se repitiera en la semana el Hamada no quería saber de ésta.

Las otras eran tolerables hasta casi graciosas, pero ésta era la que más odiaba de todas.

En esa fallaba miserablemente de acostumbrarse a verla, la aborrecía tanto como el villano final de un videojuego.

Y eso causaba un efecto letal en él debido a...¡¿quién ponía la música en plena mañana?!

Miguel bien podría levantarse, desayunar y continuar haciendo sus labores en silencio.

Pero no.

Él MALDITO MEXICANO tenía que levantarse y lo primero que hacer era prender el estéreo para que todo el estúpido vecindario se enterará que estaba barriendo, los molestos ladridos de Dante también era una cereza de pastel incluida.

Con un gruñido exasperado, unos pataleos a la cama e intentado crear su fortaleza anti sonido con las cobijas, Hiro se hundió en la cama.

¡Maldito Miguel! ¡Jodete!

¡¿Por qué las paredes tenían que retumbar con esa maldita habitación?!

MALDICIÓN.

El fin de semana pasado había tenido a Coco con él, y no es que no fuera malo pero le había dicho adiós a descansar a gusto, sobre todo con los dos Rivera encima de él.

Por eso, cuándo llegó este fin Hiro podía saborear la gloria de poder levantarse hasta la tarde o incluso poder pasar acostado toda la tarde.

Si no fuera por Miguel.

CON SU ESTÚPIDA MÚSICA QUE SE ESCUCHABA HASTA LA SÉPTIMA PUERTA DEL INFIERNO.

Hiro intentó ahogarse en la almohada, suicidarse de una vez por la insoportable canción. Agarró el edredón ajeno y la colocó en su cabeza para apaciguar el sonido que le retumbaba los oídos, pero ésto no era efectivo.

Tuvo un segundo para cerrar los ojos, unos diez segundos en lo que lo hacía con fuerza intentando otra vez conciliar el sueño y un minuto con un suspiró furioso de resignarse en saber que ya no iba a poder dormir en toda la mañana.

Aún estando en la sala el ritmo de la canción penetraba las adyacentes de la habitación con la intención de arruinarle su descanso.

Tardó un minuto en lo que pataleó, otro en lo que aplastó la almohada en la cabeza y unos dos o tres minutos en resignarse de que ya era hora de levantarse.

Su sábado se había jodido tan temprano por Miguel y su rutina de hacer la limpieza con música.

Su estúpida cosa de mexicano que le estaba reventando los tímpanos.

Lo detestaba, no, la palabra iba más allá de un simple refunfuño.

Aventó la almohada fuera de la cama, desesperado, enojado y odiando a todo el mundo tan temprano.

Especialmente a ese maldito mexicano entusiasta.

¡Estúpido Miguel!

Hiro al fin decidió arrastrar su mortal trasero fuera de la cama, bramando enojado en cada pisotón que daban con sus pantuflas. Buscó su sudadera matutina y salió con la intención de exigirle al castaño que apagará todo para volver a dormir.

Era sábado, día para levantarse tarde, el sagrado fin de semana en dónde ellos podían dormir todo lo que quisieran en la mañana y levantarse a tardía horas.

Pero Miguel parecía que no compartía esa tradición de chinos.

Estaba dispuesto a matar al mexicano por tener la música tan temprano, esto debería considerarse alguna clase de homicidio músical en algún país. Ahora ya con ojeras grotescas, un mal humor renaciendo desde sus entrañas y el portazo de la puerta, decidió salir a encarar al demonio vestido de mexicano.

Una vez afuera sus muy cansados ojos escanearon todo el departamento, cocina, baños, pasillos, y al final cayeron en la sala. Encontrando al objeto de su mal despertar alegremente recogiendo.

OHHHHHHHHHHHH

Hiro necesitó de cinco infartos a su corazón, dos asistencias de Baymax, una chachetada de su consciencia Tadashi, tres veces tallarse el ojo y que un montón de moscas entrarán por su boca para poder darle veracidad a lo siguiente que sus ojos podían percibir.

OOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

Estaba Miguel, con la música, en la sala y él haciendo las tareas domésticas de una forma muy peculiar.

O eso quería descifrar.

Porqué con peculiar estaba diciendo que...

¡ESTABA CON ESE DELANTAL MUY AFEMINADO Y BAILANDO CON UNA MALDITA ESCOBA!

¿Ese era Dante saltando igual de alegre que él?

Hiro tuvo que tallarse otra vez los bien abiertos ojos y que un Tadashi mental le llamará la atención.

Estaba Miguel, oscilando graciosamente lo que él suponía su delantal rosa con uno de sus brazos elevados y el otro sosteniendo la escoba, Dante igual bailaba con él, dando círculos a su alrededor, el perro lo saludó contento al notar su presencia y el gruñó en respuesta, sin dar crédito a lo que veía.

Su cadera se movía de un lado a otro al ritmo de la canción, parecía que hasta ahorita no había notado que le estaba dando un infarto al Hamada.

Hiro quería arrancarse los ojos de ver eso, no, quería que Miguel le rompiera la cabeza con la escoba.

Le estaba saliendo sangre de sus parpados en un estado de shock, ¿desde cuándo Miguel bailaba así? ¡¿Desde cuándo Miguel se movía con las canciones así?! ¡¿POR QUÉ CARAJOS SE VEÍA TAN BIEN SI TENÍA UN MALDITO DELANTAL ROSA?!

¡¿POR QUÉ DEMONIOS SE VEÍA SEXY AÚN ASÍ?! ¡¿POR QUÉ ÉSTO NO ERA ILEGAL?!

¡¿Por qué baila tan bien?! Eso fue lo que también se preguntó la consciencia Tadashi.

Pero más importante, ¡¿Por qué estaba con una maldita escoba para eso?!

Hiro no daba veracidad a que el mexicano tuviera como compañero de baile a uno de los objetos de limpieza a parte de la estúpida salchicha sin pelo.

Quedo perplejo.

De nuevo, el mexicano y sus cosas mexicanas que iban más allá de lo que él podía acostumbrar o adaptarse, esto era nuevo para Hiro.

De todas las cosas que podía hacer para este sábado, de todos los planes efímeros que podían tener, de todos los movimientos repentinos y de toda las sorpresas que pudiera darle este era la cúspide que se añadía la lista. A la peor lista que tenía del mexicano de tontería que tendría que hacer antes de morir.

Y todo eso aumentó cuándo la boca la abrió y no fue para saludarlo exactamente.

—Cada día es igual, por mi pasillo —tenía la punta de la escoba a la altura de su boca. Imitando un muy patético micrófono o eso suponía.

Hiro estaba que se cagaba de la vergüenza ajena.

Quería que Miguel lo dejará ciego con la escoba.

DEJA DE BAILAR TAN BIEN.

OLVIDENLO TODO LO ANTERIOR, ESTABA CANTANDO.

MIGUEL ESTABA CANTANDO UNA CANCIÓN.

MIGUEL ESTABA CANTANDO CON UNA ESCOBA, BAILANDO Y TENIENDO UN DELANTAL ROSA.

Aunque ahora más cerca Hiro se permitió observar mejor la prenda de limpieza que tenía el mexicano.

Rodó los ojos al ver que era el mismo fétido delantal que siempre usaba para limpiar, ese feo ropaje que le regaló su abuela cuándo se fueron a vivir juntos, ¿todavía lo conservaba? Se preguntó.

Hiro quería quemar y volver ilegal esa prenda que le lastimaba los ojos desde que la vio.

Era de un rosa chillón que le dejaba sin párpados, tenía florecitas en la manga y bolsillos mal dibujados de pollitos.

Todo un homenaje a la mala moda mexicana.

El Hamada sintió vergüenza por su novio, no le bastaba con simplemente salir a hacer el ridículo bailando y cantando canciones de dudosa procedencia junto a un perro sin pelo.

No, ahora tenia que tener ese ridículo y viejo delantal acompañándole con él en la desdicha.

MIGUEL. POR FAVOR, REACCIONA.

MIRA LO IMBÉCIL QUE TE ESTÁS VIENDO.

MIGUEL QUEMA ESE MALDITO DELANTAL AHORA MISMO.

Miguel ya había advertido de la presencia de Hiro, deleitándose con ese shock que emanaba en esos orbes negros y esa boca abierta que hasta podía meter su puño en ella.

No conforme con que lo viera bailar con una escoba y cantar en un andrajoso mandil, ahora también añadiría sabor a su deleite cuándo lo vería en su show matutino.

El mexicano colocó ambas manos en la cadera, preparando la siguiente estrofa de Selena, Dante a su lado ladró contento.

—Nunca llego a mi puerta sin oír el silbido.

Ante la genuina sorpresa de Hiro, Miguel simplemente silbó coqueto.

Guiñándole el ojo y haciendo que el japonés no entendiera este mensaje.

Mensaje que para él era fácil de leer Ven a verme bailar.

—Veo un chavo que me dice, que me está esperando.

Hiro volteó hacia atrás por curiosidad. Tomando la letra de forma literal y no metafórica.

Suspiró aliviado de notar que no era nadie y sólo era parte de la canción, lo que lo mentalmente le hizo golpearse por creérselo.

Desvió la vista al interesante pasillo, carraspeó queriendo recuperar su dignidad, intentando dialogar con Miguel.

—Miguel —comenzó, intentó alejar a Dante que iba corriendo hacia él tirando de su pijama de dibujos de microbots, Hiro lo espantó de un manotazo y éste regresó al pasillo —, es demasiado temprano para estas cosas —pidió amablemente, pidió decencia y raciocinio en esa mente mexicana.

—Lo qué él debía hacer es ir y darse un baño —el Rivera puso la mano libre en su nariz, imitando un muy notario gesto de asqueroso olor.

Hiro se molestó al ver que no, efectivamente el Rivera no iba a tener un gesto amable de prestarle atención, menos una charla.

—Y un aburrido me detiene otra vez —le apuntó, agitando la cabeza de arriba a abajo al mismo movimiento que confundía al nipón —y yo lo finjo interés.

Miguel dio un giro, y en movimientos lentos se fue acercando lentamente hacia él, viéndole con las cejas alzadas en un plan mañoso que no permitía que Hiro pudiera prevenir lo siguiente.

—Cuándo de pronto sale del ascensor —cantó, Hiro tenía un muy claro gesto confuso, Tadashi le gritaba que corriera pronto de ahí

—La imagen de mis sueños —cantó, viéndole de nuevo.

Hiro reculó, pero no demasiado lejos de él.

—¡Él que yo quiero para mi dueño! —y con ese pedazo, bajó a saborearle los labios, separándose agilmente antes de recibir un golpe del Hamada.

—¡Miguel! —fue lo único que atinó a protestar, cubriendo con su manga los labios usurpados.

No obstante, Miguel movió los pies esquivando su enojo y siguiendo una coreografía que dejó intrigado al genio.

—El chico del apartamento 512.

—¿De quién hablas? —Hiro frunció el ceño, de sólo en pensar lo peor de la canción.

—El que hace mi pobre corazón saltar.

Hiro miró de nuevo el utencilio de cocina, y sus labios se alinearon por el enojo. Miró el desorden a medio hacerse, le faltaban muchas cosas por terminar.

Sólo había barrido y recogido a medios, pero bien que se la pasaba cantando.

¡Agh!

—¡Ni siquiera estás limpiando! —reclamó cuándo la tarea doméstica pasó a segundo plano por la danza y el canto —¡Sólo estás cantando! —recalcó, pero Miguel omitió de aquello.

—Es al que le hago cartas noche y día que no le puedo entregar.

—¡Miguel para!

—El chico del apartamento 512 —imitió, ignorando su mal humor y como Hiro casi sacaba los colmillos de la rabia de ser claramente ignorado. —,ese que me deja tartamuda y más.

Miguel se hizo hacia atrás, sin dejar de menearse al ritmo de esa canción.

Dejando a Hiro flotando entre nubes de vergüenza, coraje y dignidad perdida.

—Ese en quién yo pienso noche y día, él, sólo él.

Después, Miguel se echó un poco de aire para aflojar el mal actuado calor, para afirmar más sus movimientos provocando que se viera más gracioso por su sutil flechazo.

—Y un viejo me invita, chica ven a verme.

Hiro tardó en entender el mensaje de la canción por lo que alineó lo labios.

—Y le digo no me caen los viejos rabos verdes.

El instrumental sonó y el mexicano aprovechó la oportunidad para dar una vuelta, aún saboreaba la expresión atónita de Hiro.

Su escoba, bueno, ella servía como un importante micrófono, ¿quién necesita de micrófonos si tienes a la confiable escoba de tu parte?

Hiro estaba que no se creía de verdad el hecho de que Miguel estuviera con tanta energía un SÁBADO EN LA MAÑANA, ¿Era el poder de la música? ¿Era el mandil que le daba super poderes? ¿Era la sangre mexicana? ¿Qué demonios era?

PORQUÉ ERA MUY TEMPRANO PARA TANTO MOVIMIENTO, Y MÁS IMPORTANTE, ESTABA BARRIENDO ALEGREMENTE.

NADIE ES FELIZ HACIENDO QUE HACER.

¿Era otra cosa de ser mexicano?

—Y camino por mi cuarto, muy lentamente —el mexicano prosiguió, la escoba que estaba baja por barrer ahora se encontraba a la misma distancia de su boca —, con la esperanza de verlo —un paso, dos y otra vuelta que acompañó con una sonrisa divertida, ese ridículo mandil se movió con él.

Hiro sentía demasiada sofocado hacia su novio.

DATE CUENTA DEL RIDÍCULO QUE ESTÁS HACIENDO.

DATE CUENTA QUE ESTÁS BAILANDO MIENTRAS BARRES.

¿ES COSAS DE MEXICANOS O QUEEEEEE?

Sin embargo, Miguel no entendía el mensaje a tráves de esos desesperados ojos que le pedían dignidad, al contrario, movió el cuerpo con más ritmo de la canción.

—Y cuándo sale, a caminar —alzó las cejas, advirtiéndole lo que iba a venir después.

Hiro entendió su maña y negó rápidamente, le pedía a gritos que no lo hiciera.

En cambio, Miguel bailó un poco más, dos pasos hacia atras y uno a la derecha. Entonces, lo apuntó con la mano que no sostenía la escoba.

—Me saluda con una sonrisa.

—¡Mueréte!

Miguel mostró el hoyuelo de nuevo, agarrándose el corazón y fingiendo un muy mal actuado desmayado.

—¡Qué de verás me conquista!

Hiro se sonrojó.

—¡El chino del apartamento 512! —nuevas maniobras acompañaron a su improvisada coreografía, levantó ligeramente la escoba y Miguel giró a la izquierda y luego a la derecha, esa sonrisa divertida no se borraba.

Hiro por su parte, no podía tragarse su expresión mezclada entre ira y vergüenza, ¡maldito mexicano! ¡De todas las costumbras raras que tenían ésta era la peor! Aggh, ¿Por qué tenía que ser así? ¡¿Por qué Miguel?! ¡¿Es un Karma por lo de Coco?!

—Ese que hace mi pobre corazón saltar —Miguel continuó, danzando con gacela directo al sofá para terminarlo de barrer, moviendo la escoba junto a la siguiente letra.

—Ese que le hago canciones todo el día que no le puedo cantar.

—¡Cómo quieras me las cantas! —intentó recuperar un poco de la cordura de todo ésto.

De este bizarro sábado en la mañana.

Miguel le guiñó el ojo, siguiendo modificado la letra con descaro. Todo sucediendo de pronto en esa danza coqueta, repentina e improvisada de la mañana, paseó por la otra esquina, barriendo los escombros que estaban ahí.

—El chino del departamento 512 —cantó de nuevo, ahora moviendo el brazo libre de arriba a abajo sin dejar de contenear esa cadera.

—¡Jodete!

—Ese que me deja tartumudo y mas.

—¡Eres insufrible!

Ignoró de su insulto, levantando la palma en señal de ofensa que combinaba con la canción. Un suspiró enamorado salió después.

—Ese quién pienso en noche y día —de ahí, sujetó la escoba para sostenerla con la mano y un grito muy mexicano de su parte nació de sus pulmones.

—¡Él sólo él! —cantó, cerrando los ojos y disfrutando de esa pequeña estrofa que le agitaba el corazón.

Dante aulló con él en el fondo.

Caminó alegremente hacia el siguiente rincón sucio, todo bajo la atenta mirada de Hiro que no paraba de preguntarse que clase de araña le picó, que comió que lo intoxicó o que clase de reto suicida está haciendo para que decidiera avergonzarlo con ésto.

No obstante, ajeno a todas sus premeditaciones, Miguel se detuvo, ahora volteando a verlo alegremente.

—Pero hoy me he decidido de veras —con el dedo índice tocó su frente, moviendo los hombres de arriba a abajo, sintiendo ese calor subirle por las mejillas—, todo mi amor a confesarle.

Hiro no tuvo más opción, retrocedió un poco de la siguiente estrofa. Temió lo que viniera después.

Tadashi le dijo que corriera, que huyera de ahí lo más pronto posible.

—Tocó su puerta y se me enchina la piel —El Rivera se puso de lado, imitó tocar una puerta invisible y movió el cuerpo de arriba a abajo.

—Miguel...

Hiro rogò, pero Miguel omitiò.

—Y me contesta una wera —apuntò hacia el oso de peluche de la sala que su hermana les había dado antes de irse.

Hiro entendió la referencia y casi le saca el gesto del medio por aquello.

Ese maldito oso que entre los dos habían apodado como Kyle.

Kyle el oso.

O simplemente Kyle.

¡Piérdete Miguel!

—¡Y mi corazón se quiebra! —explotó, tocándose el pecho como si le hubiera dolido la escena.

El japonés quedo en ese pequeño abismo en dónde quedaba la idea de ver a su novio, oscilando entre la idea de hacerlo parar o no, mirando el danzar de ese gracioso mandil rosado con pollos.

—El chino del departamento 512 —canturreó de inmediato el mexicano, no evitando los movimientos de sus hombros y sus acordes que iba con la canción.

—Ese que le hago canciones todo el día —masculló, haciéndose a un lado mientras el contonear no paraba.

Hiro siseaba la mirada y quedo abstraído en esa coreografía.

—Que no lo puedo cantar.

—El chico del apartamento 512 —Miguel giró rápido y se movió a la izquierda unos cuantos pasos sin dejar esa pequeña coreografía.

Topó hasta la mesa del medio, dónde en otra vuelta barrió el polvo que estaba haciendo.

—Ese que me hace tartamudo y más —dio otra barrida, el mandil ondeó suavemente y Hiro estaba que quería quitarle la escoba o el delantal.

En un intento desesperado, entre las letras y el sonido Hiro corrió hacia su lugar y estiró la mano para poder intentar robarle el utensilio. Miguel de inmediato, previendo ésto de su parte dio un nuevo giro alejándose de él, y dándose el espacio entre Hiro y su escoba para poder proseguir con su limpieza.

—Ese quién pienso en noche todo el día, él, sólo él —cerró los ojos, saboreando de nuevo esa estrofa y un Hiro gruñendo detrás de él.

Miguel continuó esquivando a Hiro quién seguía necio a intentar parar todo ésto.

Miguel entre maniobras y persecuciones terminó apoyado en el respaldo del mueble de la sala, poniendo la mano en la frente y actuando muy mal otro desmayo.

—De veras que sentí mi corazón quebrándose —insistió Miguel, haciéndose un poco hacia atrás elevando la mano con sutileza.

—Cuándo de repente me preguntó —puso ambas manos en su cadera, aprovechando de su descanso, Hiro en un movimiento se lanzó contra el sofá.

—¡Buscabas a mi hermano!

Se hizo a un lado, Hiro estrelló con el suave y mullido sofá mientras Miguel carcajeaba por haberse burlando tan fácil. Dante apoyó su risa con otro ladrido fuerte.

—¡Miguel! —se quejó, levantándose del lugar y mirándole con el odio.

—El chino del apartamento 512.

—¡Ese no es el número de nuestro departamento! —explotó de inmediato, ya refunfuñando.

—¡Ese que hace mi pobre corazón saltar!

—¡Deja de molestarme! —gritó iracundo.

En respuesta Miguel sólo encogió los hombros, disfrutaba del berrinche que brotaba lentamente desde los pulmones del Hamada.

—¡Ese que le hago canciones todo el día que no le puedo cantar!

Hiro supo que tenía que parar ésto, el instrumental sonaba alrededor de él, y Hiro sentía que le sangraban los oídos con tanta tortura.

¡Ya basta Miguel!

—El chino del apartamento 512!

Escuchó cantar, y con eso, salió disparado de su lugar, supo que tenía que detener ésto si o si. Ahora estaba en una nueva búsqueda de la sala.

Recorrió con sus ojos todo el reciente paseando por la alfombra, las pinturas, el cómodo sillón y ...

Sonrió de forma maliciosa, acercándose casi a saltos de felicidad hacia el enchufe del estéreo.

—¡El chino del apartamento 512!

Todavía escuchaba la voz potente de Miguel aún sobre la fuerte voz de la cantante, Hiro buscó el conector del aparato con tranquilidad, el canto del mexicano estaba que le perforaba el oído, pero pronto terminaría.

Estiró la mano, sujetando el enchufe y de un jalón, todo se apagó.

La cantante, la estridente voz del mexicano y el instrumental. Todo murió.

—¡El chino del...!

Por supuesto que la ahora sonora canción fue reemplazada por una queja iracunda, un ladrido y el sonido de la escoba siendo azotado furiosamente en el suelo.

—¡Pinche Chino yo no me llevó así contigo!

Hiro mantuvo un suspiro de satisfacción en el lugar, la voz furiosa de Miguel fue un dulce manjar y descanso para él.

Notas finales.

QUERÍA ESCRIBIR ESTE FANFIC Y TERMINARLO DESDE EL FIN DE SEMANA.

¡ESTE ERA UNA COLABORACIÓN QUE PLANEAMOS URESHI Y YO! LOL, la verdad nos mamó un putero Miguel limpiando con canciones de cumbia los sábados.

Fue divertido hacer yo el drabble y ella una pequeña escena de éste.

Porqué, ¿qué mexicano no hace eso? Miguel no debe fallarle a las costumbres.

Es algo random, es algo bonito, es algo que me divirtió mucho escribir.

¡Gracias por leer hasta aquí!

¡Espero hayan disfrutado ésto!