Nunca le había costado tanto investigar, ahora no contaba con los contactos de antes, pero eso era irrelevante, no tenía importancia, pues eran gentes a quienes recurría puntualmente; no, esto le había costado precisamente porque ese sujeto sabía ocultarse bien, y eso no le gustaba, ese maldito Jack Hodchins que había evitado que se llevase a Harry, que lo cogiese como pupilo, dado que él era el tutor adecuado para manejar el poder que Harry albergaba; al menos había averiguado su nombre, al demandarlo y presentarse como testigo había tenido que revelar su nombre y aún así le había costado averiguar quién era, y con quien estaba emparentado; con una antigua alumna de la casa Slytherin, eso era intolerable, los de esa casa no eran de fiar, no debían serlo y menos alguien que escapaba de su control, alguien quien nunca había estado bajo su control y no había indicios que hubiese pertenecido a Voldemort, aun así no era alguien de fiar, era alguien a quien vigilar, ver si había estado o estaba cerca de Harry, porque alguien lo había tenido que poner en su contra, y ese mago que lo recogió en la estación no podía haber sido, no había asistido a Hogwarts, ni su familia tampoco, no recordaba a ningún Hodchins en Hogwarts y sabía que el tipo era de sangre limpia, hasta donde había podido averiguar; un hombre importante en el mundo muggle.
Pero lo más preocupante no era él, sino su prima. Mientras había mandado a los que quedaban fieles a él a recabar información sobre Harry, él se había propuesto reunir toda la información que pudiese reunir toda la información que pudiese sobre Natalie Durant, usando un encantamiento desilusionador para aproximarse a esta y espiarla; había averiguado averiguado que trabajaba en un hospital, para sorpresa suya en un hospital muggle; eso no podía ser correcto, debía tratarse de un truco para engañar a los demás como hacían todas las serpientes, fingir tener una cara respetable. Permaneció escondido escuchando sus conversaciones, aunque no hiciese falta dad la presencia de su hechizo.
- Eh, Jeremy.
- Dime Nat.
- Mi primo se casa el próximo mes, me preguntaba si podías cambiarme un par de guardias.
- Claro, Traeré el horario cuando hagamos el parón para almacenar y lo miramos.
- Gracias; por cierto, hoy llegan los nuevos, ¿no?.
- Así es, cada vez vienen más verdes.
- Reúnelos a todos después del almuerzo, comprobaremos quienes tienen estómago.
- ¿Qué vas ha...?
- Ya lo verás, tan sólo he de llamar a un amigo que me debe un favor.
- De acuerdo, entonces.
Aquella conversación le hizo tener curiosidad, ¿Qué tenía preparado para esos novatos?; decidió seguirla a distancia durante todo el día. Finalmente lo descubrió, no era nada relevante, tan solo la típica novatada, cosa que no creía que se hiciese en un lugar tan serio como un hospital.
A última hora de la tarde la siguió por los túneles, perdiéndola en un punto de los mismos, se sobresaltó cuando ella le hablase por detrás.
- Nunca me habían visitado antiguos maestros de escuela.
- Señorita Durant, cuanto tiempo – dijo con su tono de anciano amable y paternalista al tiempo que se preguntaba como lo había burlado - ¿Cómo se encuentra?
- Bastante bien, ¿y usted profesor Dumbledore?
- Bien, bien; me había sorprendido que trabajase en un hospital.
- Perdí a mi madre siendo adolescente – Aquello a Dumbledore no le aportaba mucha información, pues recordaba la solicitud de inscripción de aquella antigua alumna – Tan sólo quiero evitar que a otros les pase.
- ¿En el mundo muggle?
- La medicina muggle es más divertida que la mágica; además cuando decidí dedicar mi vida a la sanación había un tal Voldemort por ahí suelto que practicaba una forma extrema del clásico pensamiento que tienen algunos en la sociedad; "o estás conmigo, o estás contra mí".
- Es una forma de definirlo y puede que el sombrero se equivocase contigo.
- ¿Sólo por qué decidí hacer algo útil con mi vida en lugar de que esta fuera regida por un loco?, no lo crea profesor; ser un verdadero Slytherin es no ser la mascota amaestrada de nadie.
No le gustaba el tono en que giraba la conversación, no iba a ningún lado y había esperado encontrar información, y por qué no una forma de conseguir acercarse aquel mago que le ataco en la estación impidiéndole el acceso a Harry.
- ¿Le apetece que tomemos algo mientras conversamos?
- Otro día tal vez, tengo mucho ajetreo últimamente, buenas tardes.
- Buenas tardes, señorita Durant – Tras esa conversación no le quedó otra que marchase del lugar sabiendo que no podía acercarse de nuevo fácilmente; eso sería sospechoso.
(***)
Había encontrado un lugar idóneo para practicar, no teniendo entonces la necesidad de ocultarse para ello, al menos para las pociones, los hechizos todavía no los había probado en realidad y dad la advertencia de la carta tenía serias dudas de emplearlos. Se había acercado al profesor Slughorn al final de una de las clases, exponiéndole su deseo de pulir su técnica mediante la práctica fuera del horario escolar, algo que al profesor en sí le había encantado, cediéndole gustosamente una de las aulas e invitándolo a tomar lo que necesitase de los armarios. Con ello podía dedicar el tiempo necesario a casa poción con calma. Aún a pesar de los permisos, tomaba precauciones; la actitud de Ronald Weasley respecto a él no había cambiado, seguir con esa actitud del curso anterior y eso era un poco molesto, así que se aseguraba que no le siguiesen u otras veces pedía al profesor que lo supervisase o bien contaba con alguno de sus amigos. Las opciones eran muy variables. En esa ocasión estaba Luna con él.
- Mira Luna – Dijo mostrándole el libro; confiaba lo suficiente en ella como para hacerlo – No lo he usado en clase, pero he estado comprobándolo y, bueno da mejores resultados que la fórmula de los libros.
- Mi madre estudió pociones; mi padre me contó que mi madre solía contar que sexto y séptimo curso eran para innovar; para, partiendo de una base escrita, mejorar el presente.
- Y a mí me reglaron este libro de pociones.
- Si, pero por lo que he visto tratas de llegar a esas conclusiones tú mismo, e incluso corregirlas.
- Sabiendo las propiedades nunca hay problema.
- Lo sé, ya lo he hecho con algunas de quito; variar ligeramente algunas proporciones y ver que pasa; pero mi padre no quiere que lo haga, creo que teme perderme como a mi madre.
- Podría ser, no sé lo que diría sweets al respecto, pero es más que probable.
- Este libro también tiene cosas que parecen un hechizo – Comentó mientras lo ojeaba.
- Si, tiene hechizos anotados, no los he probado aún y no sé si quiero hacerlo.
- Podrían tener malos resultados.
- Entre otras cosas.
- Pruébalos Harry, las bodegas tienen superpoblación de ratas y así ayudas a la señora Norris a desparasitar el castillo.
- Lo pensaré Luna; por el momento quiero ver si logro hacer bien las siguientes pociones, ya he repasado hasta donde me había quedado.
Puso el caldero al fuego, mientras el agua calentaba iba cortando los ingredientes y preparándolos al tiempo que Luna lo observaba atentamente, Harry se había propuesto hacerlo sin la receta delante como en un examen, y Luna la ayudaba corrigiéndolo, encontraba que ese era un buen método de estudio, al menos notaba como iba mejorando. Hasta el momento todos los días habían sido tranquilos, pero ese no lo fue, Ron entró súbitamente en el aula.
- Aquí estas, maldito traidor – dijo apuntando con la varita.
- Baja eso y hablemos, la varita y las pociones no son una buena combinación.
- ¡Cállate!, mago oscuro en potencia.
- Por favor, Hablemos, no es necesario que cueles el aula de pociones – dijo poniéndose delante del caldero – Luna, controla la poción, por favor.
- Esa poción es de sexto, y ella está en quinto.
- Bueno, tú no superaste en pocienes el nivel de cuarto y nadie te dijo nada – Replicó – Hablemos Ronald.
- No quiero hablar.
- No, prefieres sacar la varita y pelearte, pero así hacen las cosas los bárbaros, no los caballeros. ¿Eres un bárbaro o un caballero?
- ¿Qué...?
- La caballerosidad es una de las características de tu casa, Gryffindor. ¿Harás honor a ella o la deshonraras con una pela sin sentirlo?
- Está bien, pero aun así la usaré.
- Si, en un duelo, y acepto tu reto.
- ¿Qué reto?
- Si alzas la varita contra alguien aunque no uses magia estás incurriendo en un duelo mágico, pero te propongo algo, hablemos ahora y luego si quieres buscamos un juez para el duelo.
- De acuerdo,
Había logrado convencer al terco muchacho de que bajase la varita y ambas fueron al exterior del aula, caminaron por el pasillo, tranquilamente, en silencio; Harry sabía a donde iba, había pasado durante años mucho tiempo conociendo el castillo, aparte de que este parecía querer mostrarle sus secretos. No salieron en ningún momento de las mazmorras, tan sólo fueron a un lugar apartado de las misma, a una de las antiguas aulas de castigo, nada más entrar las velas flotantes se encendieron por si mismas, como si hubiesen detectado su presencia; la magia que tenía el castillo era asombrosa, había sitio para que ambos se sentasen a conversar.
- Muy bien, te escucho Ronald Weasley; ¿Porqué según tú soy un traidor y un mago oscuro?
- Mi padre no habría muerto si no fuese por tu culpa.
- Tu padre fue asesinado en el ministerio, no sé en qué circunstancias pero la gente no suele desangrarse porque sí.
- Tú debiste verlo, debiste contarle al director.
- ¿Por qué iba a verlo estando en Hodwarts?; es absurdo.
- Soñándolo, el director dijo que lo que hacía quien tu sabes, debías verlo.
- Dumbledore siempre sobrestimó mis habilidades, no soy un vidente, ni tengo la habilidad de la precognición.
-Pero...
- Ron, yo perdí a mis padres biológicos, no llegué a conocerlos, tuve suerte en ser adoptado sí, pero eso no quita que perdiese a mi familia, ¿Crees que de poder impedirlo permitiría que otros pasaran por lo mismo?; es más, es peor perder a alguien habiéndolo tenido antes, tu padre era un referente para ti, ¿no?.
- Dumbledore no es un mentiroso, pero entonces, ¿Por qué dijo que...?
- Dumbledore es un hombre, y los hombres podemos equivocarnos muchas veces en lo que hacemos, decimos y pensamos; si hasta los dioses que son perfectos se equivocan, ¿Cómo no se van a equivocar los seres humanos?
- Dumbledore afirma que te convertirás en un mago oscuro, sin un guía.
- Albus Dumbledore escribió a mi madre ofreciense como una especie de maestro mágico, algo que en un honor en parte, pero yo estoy bien con la formación que Hogwarts me da, aparte...
- ¿Y el tipo de la estación?
- Es Jack, un amigo de mi madre que al darse cuenta de a quien había adoptado esta le brindo toda la ayuda necesaria para comprender la magia; mi madre es una mujer de ciencia, es hiperracional; para ella todo tiene que tener un motivo comprobable, imagina lo difícil que debió ser aceptar lo de la magia para ella. Dumbledore fue el primero en sacar la varita en la estación.
- ¿Qué es hiperracional?
- Digamos que si mi madre fuera bruja sería una Revenclaw de libro.
- Mis hermanos dicen que tú eres más Ravenclaw que Hufflepuff. ¿Cómo acabaste en Hufflepuff?
- Bueno, la vida da muchas vueltas, es una rueda que no deja de girar – Sonrió el muchacho.
- ¿Por qué no hablamos de esto el curso anterior?
- Estabas demasiado ocupado juzgándome.
Tras aquel intercambio, hubo un momento de silencio, mucho menos tenso que el de antes, era más relajado; Harry sabía que al menos que hubiese un contratiempo, Ronald no volvería a molestarlo, y si había conseguido despertar algo de sabiduría en él; pensarían bien antes de creer ciegamente las palabras de cualquiera.
- Bueno, lo prometido es deuda Ron, si todavía quieres batirte.
- Por supuesto, quiero ser auror, y tú eres el mejor de la clase.
- Soy buen estudiante, pero eso no indica que sea bueno en duelo.
- Da igual, vamos a hacerlo.
- Si, pero antes necesitamos un juez, alguien imparcial y que sepa sobre batirse.
- Pues en como no sea alguien de la federación de duelo... – Protestó el chico.
- Había pensado en el profesor Flitwich, fue campeón de duelo.
- De acuerdo, vamos a buscarlo y el duelo será en una quincena.
(***)
En la sala común de Slytherin don jóvenes se sexto curso, observaban a dos hermanas de buena familia, habían estado días hablando entre ellos y pedirles una cita doble, a lo que las chicas para alivio de ese par de caballeros, habían accedido; por lo que, tras las observaciones iniciales pasaron a planear donde llevarlas.
- No puede ser a Hogsmeade, es un pueblo encantador pero carece de la elegancia necesaria para lo importante de la situación – Razonó Nott.
- Mi padre solía llevar a mi madre a restaurantes elegantes, tal vez podríamos pedir consejo a mi madre sobre el sitio en cuestión, cual sería mejor para la ocasión.
- De acuerdo, escríbele; de los nombres que te dé, decidiremos y haremos una reserva.
- Mientras tanto debemos empezar a cortejarlas.
- Si, esperamos que sus padres accedan a nuestras pretensiones con sus hijas.
- Theo, los greengrass no se negaran habiéndose casado ellos por amor.
- Por amor no pueden negarse, pero por política es otro cantar.
- De eso me encargo yo, a fin de cuentas no soy mi padre.
- Te costará mucho demostrarlo, en muchos aspectos.
- Lo sé, mi padre mancho el honor familiar al arrodillarse frente a un loco, yo tendré que labrarme mi propio nombre.
- Ya has empezado a hacerlo amigo mío, ambos lo hemos hecho; desde que decidimos dejar de lado las opiniones de nuestros respetables padres y elegir nuestras amistades en lugar de quedarnos con las preestablecidas.
- ¿Hacemos juntos el trabajo de transformaciones?
- Por supuesto.
(***)
Habían pasado ya esos quince días que Harry y Ronald se habían prometido; conseguir que el profesor de encantamientos dirigiese su duelo había sido bastante fácil , en realidad, el medio golbin se había alegrado que alguien mostrase interés por los duelos y por batirse según las normas oficiales de los torneos de duelo, según le pareció a Harry le alegraba que los alumnos se dejasen de peleas en los pasillos y decidiesen resolverlas como caballeros, al estilo clásico. Harry notó como los miraba con aprobación.
El duelo se celebró en el gran comedor, dispusieron una amplia tarima para el mismo y separaron completamente la estancia de las más mesas y las sillas de las comidas; Harry sabía bien cómo proceder, debía contenerse, no sabía quiénes eran de fiar en el castillo como tampoco quienes podían estar observándole. Ambos se habían presentado puntuales, para sorpresa de muchos, Ronald Weasley no había llegado tarde; ese duelo pues debía importarle mucho, dado que solo llegaba puntual a lo que le importaba, el Quidditch.
El profesor Flitwich dio la señal, ambos levantaron sus varitas haciendo la reverencia de saludo para después alzarlas apuntándose mutuamente. Harry observaba los movimientos de su contrincante, y pese a saber la prudencia con la que debía atacar y defender en los duelos, decidió hacer creer a todos que se precipitaba al atacar, con tal de mostrar públicamente una impaciencia e inexperiencia, aquello que todo el mundo eso esperaría.
- Everte Statum.
Ronald esquivó el golpe y atacó.
- Flipendo
- Protego – Exclamo Harry – Aguamenti
- Siguieron intercambiando hechizos de esa índole, hechizos tontos y de escaso efecto, al menos por su parte; hasta que con un expelliarmus consiguió derrotar al pelirrojo, haciendo parecer que había sido un golpe de suerte, de todas formas eso había sido fácil, pues Ronald había demostrado ser lo suficientemente diestro para que colara.
- Ha estado muy bien muchachos; ambos habéis combatido bien, de forma limpia y también bastante precisa – Los felicitó el profesor quien por su sonrisa parecía unos años más joven.
Harry bajó de la tarima seguida por Ronald y camino afuera del gran comedor, habían tenido público que todavía seguía aplaudiendo, pero no quería convertirse en el centro de atención por nada, tan sólo quería seguir estudiando.
- Eh, Harry espera.
- Profesor Lupin.
- Puedes llamarme Remus, al menos cuando estemos a solas.
- De acuerdo Remus, ¿pasa algo?
- Me sorprendió que accedieses a batirte.
- Tenía que hacerlo, era la única forma de que Weasley me diese la oportunidad de hablar.
- Ha sido un buen duelo, solo espero que no te salga demasiado caro, recuerda que cierta persona cuenta con su propia red incluso dentro del castillo.
- No te preocupes, tomé precauciones – miró a su profesor con una sonrisa acercándose más a él y bajando la voz – Eso no ha sido ni la décima parte de lo que puedo hacer.
- Le sé, pero ve con cuidado, cualquiera que sepa de tus talentos podría llegar a pensar que desarrollarás eso rápido.
- Lo tendré, de hecho sé que los de sexto y séptimo participan en duelos de magos.
- Es una actividad oficial de la escuela desde siempre, pero Dumbledore intento abolirla por ser demasiado perjudicial para la unidad de los alumnos.
- No voy a participar, no es lo mismo controlarse en un duelo esporádico que durante todo un torneo. Podría equivocarme.
- Muy sabio, ¿Qué tienes pensado hacer el fin de semana?
- Estudiar.
Terminada esa breve conversación se dirigió a la sala común, tras mucho pensarlo, había decidido que practicaría esos hechizos, pero no por su cuenta, necesitaba ayuda, necesitaba un guía; con sus conocimientos de aritmancia había desglosado lo que eran esos hechizos, la magia que contenían sus palabras, y lo veía bien claro, la mayoría estaban entre medias de lo que se considera magia reglada y magia oscura; otros no, otros eran ya artes oscuras, y bastante profundas; conocía el riesgo de practicarlas demasiado a menudo, lo conocía muy bien, había leído sobre sus efectos demasiado y sabía que necesitaría de un guía. Decidió escribirle una carta, sabía quién era realmente, pero, ¿Por qué no jugar ese juego?
Estimado príncipe mestizo,
Si viejo libro es extremadamente útil, preferiblemente lo utilizo para estudiar, si lo emplease en las clases me llevaría unas inmerecidas alabanzas por parte del profesor y no deseo aprovecharme de su trabajo; sin embargo me gustaría aprender de usted, precisamente el manejo de aquello hechizos que como anotaciones aparecen en algunos márgenes. ¿Podría ser eso posible?
Harry Brennan.
Nada más terminó de escribir aquella nota se la entregó a su lechuza, pidiéndole que se la llevase al profesor Snape.
