Capitulo Treinta y Seis
Las piernas se me tambalearon y me sentí débil. Eran las palabras del hombre que yo amaba, eran los sentimientos que yo jamás había reconocido. Pero… ¿y si no era cómo yo creía? ¿Si aquella canción no hablaba de mí si no… de Ginny?
Los pensamientos comenzaron a chocar entre sí en mi cabeza, provocando un completo caos en ella. La palabra amante era bastante clara, había utilizado la misma aquella vez que había escrito esa canción y estaba segura que esa hablaba de mí; pero ahora, las dudas comenzaron a atormentarme cruelmente, ¿estaría él pensando en mí? ¿Me extrañaría? ¿Me amaba? Deseé llevarme las manos a la cabeza para intentar acallar las voces en mi mente, pero sólo me limité a quedarme inmóvil.
Había algo en esa canción que gritaba mi nombre, estaba segura. Pero no quería parecer tonta y hacerme burdas ilusiones aun teniendo el corazón roto y el dolor abismal en mi pecho. Sentí mis ojos humedecerse, al menos esa canción me describía también. Deseaba tener la respuesta, tener alguna especie de poder o magia que me mostrara lo que yo quería saber. Me sentí… como si aun viviera en Venecia y él… estuviera a lado mío.
La cabeza comenzó a darme vueltas, pidiéndome la razón que, ya no la hiciera escuchar; pero el corazón, batiendo adolorido contra mi pecho, me rogaba que lo dejara seguir allí, que aun sintiendo dolor, le gustaban los recuerdos.
Yo no sabía a quién obedecer, ambos eran tan fuertes y yo tan débil, pero entonces, algo se removió dentro de mí. La fierecilla que llegué a pensar que ya no existía, se movía con cautela en mi interior, escuchando atenta cada palabra en esa canción y ya no pude luchar contra ella, se había vuelto igual de vulnerable como yo, pero esa era la cuestión, ambas lo éramos y ninguna de las dos teníamos la fuerza suficiente para ganarle a la otra.
Simplemente me quedé allí, escuchando, inmóvil, hasta que sentí que una lágrima cayó por mi ojo y resbaló por mi mejilla.
Al menos me alegraba una cosa, su sueño se había cumplido; sus canciones habían sido tocadas por un artista; al menos él era feliz, ¿no? Aun cuando la canción sonara triste, pero… es sólo una canción, escrita ya hace tiempo, estaba segura. De pronto me embargó la curiosidad, ¿dónde estará él? ¿Y Ginny? ¿Seguirán juntos? Entonces dejé escapar otro par de lágrimas.
Aquella canción era lo único que me hablaba de Harry y no estaba segura de qué me decía.
No supe a qué hora llegó Jesse y se situó a mi lado. Me miró.
-¿Cuántas fotos has tomado? –. me preguntó pero no respondí. Entonces me miró de verdad y notó el rastro húmedo que habían dejado las lágrimas- ¿Qué tienes?–. inquirió, visiblemente preocupado.
-Es su canción –. musité, sin apartar la vista del artista sobre el escenario.
-¿Su canción? –. repitió, sin comprender.
Desde el día en que llegué y le conté a Jesse todo, no había mencionado nada relativo a la historia de Harry y Ginny, aunque la llevara conmigo día y noche, impregnada en mi piel y no se lograra salir de mi cabeza.
-Él escribe canciones –. farfullé-. Es compositor –. lo dí por hecho-, y esa es su canción.
-¿Se la escuchaste tocar alguna vez? – . ¿Jesse creía que no era verdad?
-Mira la pantalla –. dije-. el nombre del autor –. especifiqué.
Jesse lo hizo, justo se estaba terminando la canción.
-¿Harry Potter? –. Preguntó, sin entender, luego de un corto silencio, abrió los ojos y me miró- ¡Harry Potter! –. soltó, acordándose.
-Quiero irme –. dije, dándome la vuelta.
-Claro, entiendo –. por eso Jesse me caía tan bien, no hacía más preguntas después de que veía que ya no obtendría respuestas-. Llévate mi camioneta –. sacó las llaves de su bolsillo y me las ofreció.
-Pero tu…
-Yo mañana paso por ella –. me aseguró-. Mañana nos tenemos que reunir para seleccionar las fotos que presentaremos a la revista. Anda, llévatela –. insistió.
-Debo de conseguir un auto, ¿no? –. suspiré y tome las llaves.
-No estaría mal, pero ya. Mañana nos vemos.
-Hasta mañana.
Salí de ese lugar apenas pude, trataba de contener las lágrimas después de la charla poco casual que había tenido con Jesse. Subí a su intimidante camioneta plateada y luego encendí el motor, haciéndolo rugir bajo de mí. Conduje hasta casa, ignorando las ganas de llorar que me embargaban pero era casi imposible.
Se trataba de Harry. Bueno, todo en mi mundo se trataba de Harry, pero esta vez había sido directo, en la realidad, fuera del mundo en mi cabeza. Quise bloquear los pensamientos en ella, que si era para Ginny, que si era para mí; porque todo eso sólo me provocaba un dolor infinito, porque, ¿qué posibilidades habría si fuera mi canción? Harry me extrañaría, pero ya había pasado un mes desde que me fui de Venecia y ya me habría venido a buscar si es que… me amaba. Entonces todas las ideas que giraban en torno a esa, se desbarataron en mi cabeza. No era mi canción. Era para Gin, pero si se trataba de ella, ¿por qué mencionaba la palabra "amante"?
Giré el volante hacía la derecha, haciendo rodar las llantas de la camioneta en esa dirección.
A menos que, la canción la haya escrito pensando en mí, pero no habría venido a Gran Bretaña por aquello que le pasó con Cho. ¡Por Dios! No era un bebé, tiene veintitrés años, ¿por qué no lo supera y ya? Resoplé, frustrada. Aquellas conjeturaciones no me llevaban a ningún lado, excepto al mismo laberinto de mi mente.
Pero había alguien que sí podía hacerme saber lo que quería.
Estacioné la camioneta de Jesse en la acera y bajé de ella rápidamente para subir las escaleras hasta mi casa. Miré el reloj, eran las nueve de la noche, allá sería a lo mejor la una o las dos de la mañana. Tenía que hablar con Asy, así que esperaría hasta que amaneciera.
No sabía si quería saber, pero necesitaba hacerlo. Estas especulaciones en mi cabeza causaban más dolor que la verdad, fuera cual fuera.
Nueve de la mañana. Era como si contara con un reloj despertador en la cabeza que me anunciaba la hora en la que tenía que tomar la computadora e intentar comunicarme con Astoria.
Me desperecé rápidamente y puse la lap-top sobre mis piernas; la luz que desprendió al prender me encandiló un poco los ojos.
Me conecté al Messenger y sentí un gran alivio cuando vi que Asy también lo estaba. No dudé ni dos segundos en iniciarle conversación.
¡Hermione¡ dice: Hola!
Tecleé sobre las negras teclas, haciendo aparecer la letra azul sobre la ventana de conversación.
A&D dice: ¡Hey, hola!
Me contestó al instante.
¡Hemione! dice: ¿Cómo está todo allá?
Deseaba que Asy entendiera a la primera lo implícito en mi pregunta.
A&D dice: Bien, supongo. Draco me llevó ayer a un parque, desayunamos juntos y anduvimos por casi toda la ciudad.
Podía apostar que su rostro dibujaba una sonrisa mientras tecleaba la respuesta.
¡Hermione! dice: Me alegro mucho, de veras.
A&D dice: ¿Y tú? ¿Qué tal? ¿Cuándo fue la última vez que hablamos?
¡Hermione! dice: No lo sé. El sábado creo. Yo estoy bien… mejor.
Me quedé con dedos indecisos sobre el teclado y luego suspiré. Tenía que preguntarlo.
¡Hermione! dice: Dime, Asy. ¿Cómo está Ginny? ¿Cómo está… él? ¿Sabes algo de ellos?
... A&D...Está escribiendo un mensaje...
El segundo que tardó en responder me pareció eterno.
A&D dice: Hermione... dijiste que no los mencionarías.
¡Hermione! dice: Por favor, Asy. Necesito saber algo. Mis especulaciones me hacen más daño. Por favor.
... A&D...Está escribiendo un mensaje...
Esta vez se tardó más en contestar.
A&D dice: Según Draco, Ginny y Harry ya no están juntos. Ginny entra y sale de su departamento sola y de vez en cuando Neville la visita.
¡Hermione!dice: ¿Y Harry?
A&D dice: Hermione...
¡Hermione! dice: Dime, por favor.
... A&D...Está escribiendo un mensaje...
Casi un minuto. ¡¿Por qué esta mujer se tarda tanto en responder?!
A&D dice: Se fue...
Al momento de leerlo, los ojos se me abrieron como platos. ¿Se había ido? ¿A dónde? ¿Desde cuándo?
A&D dice: ¿Herms?
Me pregunté cuánto me tardé en contestar. O reaccionar.
¡Hermione! dice: ¿A dónde fue?
Tecleé despacio, letra por letra.
A&D dice: No lo sé, nadie sabe.
¡Hermione! dice: ¿Cuándo se fue?
Volví a insistir.
A&D dice: Herms... realmente no lo sé. Cambiemos de tema, por favor.
Acepté, pero luego de ese momento mi mente se desconectó de aquella conversación y empezó a divagar, buscando posibles lugares a los que Harry se iría.
Él no vendría a Londres, eso estaba descartado. ¿Algún lugar en Europa o America? No precisamente los Estados Unidos, quizá… México, o más para allá… Chile, Venezuela… O a lo mejor no se fue del todo, quizá seguía en Italia; en alguna otra parte del país. ¡Ya sé! quizá se fue a Japón, allí quería irse desde un principio, ¿no?...
Un agujero se me expandió en el pecho, acrecentando el dolor… el estaba tan lejos…
A&D dice: ¡Hermione!
Casi puede oír la voz de Astoria a través de la pantalla de la computadora. Había dejado de escribir y ella esperaba respuesta a la pregunta trivial que me había hecho.
¡Hermione! dice: Perdóname. Llegó un amigo, Jesse, ¿recuerdas que te hablé de él? Bueno, tengo que ir a…
Mis dedos vacilaron.
¡Hermione! dice:… revelar algunas fotos, hablamos después.
No me gustaba mentirle a nadie, ni siquiera a distancia; pero tenía que ordenar el desorden en mi cabeza y encontrar alguna forma para ignorar el hueco en mi pecho, que se iba haciendo más grande conforme se producían los pensamientos en mi cabeza.
A&D dice: Oh… bueno, está bien. Extraño verte por aquí y ser yo quien revele tus fotografías. Te extraño mucho (L).
El hueco se hizo más grande, casi como si fuera un agujero negro que se tragara todo. Excepto el dolor.
¡Hermione! dice: Yo también te extraño. Te quiero. Hasta pronto.
¡Hermione! ha cerrado sesión...
Ni siquiera las despedidas cibernéticas me gustaban.
Dejé la lap-top a un lado y me puse a reflexionar más a fondo, aunque me doliera pensar en la posibilidad de que él estuviera lejos; más allá del otro lado del mundo.
Japón… irse a Japón para alejarse del problema en que yo lo metí, para alejarse de Ginny… De pronto, otra chispa de reflexión me hizo percatarme de algo que Asy me había escrito y que me había pasado desapercibido: Ginny y Harry ya no estaban juntos… Ginny y Harry…
Allí había dos cosas por comprender. Por supuesto, si Harry se había ido es porque ya no estaba con Gin, lógico. Pero, ¿Neville visitando a Ginny? Bueno, era normal que Nev visitara a Gin; yo sabía que la amaba y que estaba enamorado de ella, pero… ¿ya le habrá dicho? Probablemente no, Neville es prudente y a lo mejor no sería adecuado declarársele a alguien después de una tragedia como la que sucedió, aunque ya haya pasado un mes.
Aquello me hizo pensar de nuevo en Ginny. La extrañaba, la extrañaba demasiado; y cada una de sus risas que se proyectaban en mi mente como un recuerdo, dolían, porque sabía que ahora quizá ya no aparecerían, o ya no serían causadas por mí.
No podía vivir fingiendo que no pasaba nada, ni tampoco podía ignorar el hueco en mi pecho que a cada minuto se hacía más grande. Ya no estaba segura si todo lo que yo tenía adentro seguía allí ó si aquel hoyo negro ya los había consumido.
El tiempo no cura nada…
Me levanté de la cama y me serví una taza de café con leche. Caminé hasta el librero y saqué de la orilla izquierda el sobre amarillo que abarcaba el último espacio en toda la hilera de libros. Caminé de nuevo hasta la mesa y lo dejé allí, indecisa de mi siguiente acción. Me le quedé mirando un buen rato, ¿qué tanto daño podía causarme mirar su rostro en aquellas fotografías? Sabía que desde que se las mostré a Jesse, no las había vuelto a sacar porque cada vez que me acordaba siquiera de Harry, el corazón latía con dolor; pero, pensarlo lejos me hacía tener la necesidad de sentirlo cerca, aunque sea en fotografías.
Rocé con las yemas de mis dedos el borde del sobre y vacilé con el cordón rojo que lo mantenía cerrado. Quería verle… pero el timbre sonó. Alguien llamaba a mi puerta, de seguro era Jesse. Tomé el sobre y lo puse encima de una silla y luego agarré una frazada azul y me envolví con ella. Me apenaba un poco que la gente me viera en pijama. Pero entonces me acordé de Harry, aquella vez que había llegado al departamento de Gin y me había visto en el mismo pijama que ahora traía puesta; ignoré la punzada de dolor en el corazón y corrí escaleras abajo para abrir la puerta.
-Jesse, hola –. dije al verle.
-Veo que está a salvo, ¿no chocaste anoche?–. bromeó, mirando su camioneta.
Me reí.
-Pasa –. abrí más la puerta y lo dejé entrar.
Fue detrás de mí en las escaleras hasta que llegamos a la segunda planta, donde era mi casa.
-¿Te acabas de despertar? –. preguntó.
-Quizá.
Se rió y luego miró el sobre amarillo sobre la silla, en su mirada había un destello enigmático. La misma mirada que había puesto la primera vez que le mostré el contenido de aquel sobre.
-Jesse, ¿gustas chocolate caliente?
-¿Eh? –. me miró- Sí, claro –. me sonrió.
-Sírvete, mientras voy a cambiarme . –dije, ignorando esas miradas misteriosas de Jesse. Seguro sólo se acordó de lo que había en él, nada más.
Me fui a mi habitación y me vestí casual, a fin de cuentas no importaba mucho la ropa que usáramos, todo iba oculto debajo de algún abrigo que el frío invernal nos obligaba a usar.
Salí y vi a Jesse sentado a la mesa, tomando de su taza de chocolate.
-¿Lista? –. me preguntó, poniendo la taza al lado del sobre amarillo, sobre la mesa.
-Lista –le sonreí y me dirigí hasta él, tomé el sobre… ¿Qué no lo había dejado sobre una silla? Suspiré, a lo mejor ya me estaba volviendo loca. Coloqué el sobre en su sitio de antes, hasta el final de todos los libros que nunca abría y luego me giré hacía Jesse.
-Vámonos –. le sonreí, de nuevo.
Fuimos hasta un nuevo laboratorio de fotografías que Jesse había descubierto hace un par de días, estaba más cerca de mi casa y por lo tanto no tardamos mucho en llegar. Cuando revelamos todas nuestras fotografías, apartamos las mejores y luego, rumbo a la agencia de publicidad en donde se encontraba aquella persona de la revista, nos dirigimos.
-¿Ya estás mejor? –. me preguntó Jesse, dejando las bromas infantiles con las que íbamos divirtiéndonos todo el camino.
Suspiré. Él tampoco había olvidado lo sucedido ayer.
-Se fue –. musité, bajando la mirada.
-¿Cómo que se fue? –. dijo, sin comprender.
-Ya no vive en Venecia, ya no está con Ginny.
-¿Y tú cómo sabes?
-Astoria me contó, o mejor dicho, le supliqué que me contara –. levanté la mirada-. Él se fue.
-¿A dónde iría?
-A Japón, quizá –. me encogí de hombros, aparentando indiferencia al dolor interno.
-¿Japón? ¿Tan lejos?
-No estoy muy segura si se fue para allá. Lo que sí sé es que se fue para alejarse de Gin, de Europa, de… mí.
-Borrón y cuenta nueva –. me sonrió-. Tienes que seguir adelante, el pasado es el pasado y no podemos hacerlo parte de nuestro presente. A menos de que nos convenga o nos traiga un beneficio, mientras no, déjalo atrás.
Le regalé una sonrisa. Así era Jesse, un bruto de sentimientos pero con razón. Pero aunque la tuviera, yo no podía deshacerme tan fácil de todos esos recuerdos, ni abandonar el amor que aun sentía por Harry, era imposible ignorar la intensidad de este sentimiento. Y aun cuando quisiera, no podía, no tenía fuerzas para lograrlo.
