Capítulo 35: El nuevo mapa


Madame Pomfrey le ordenó a James que moviera su hombro en círculos una vez más, mientras lo miraba con ojo crítico. El golpe que se había dado en el partido de Quidditch no había sido nada extraordinario, y en realidad, no hubiera sido necesario que él estuviera en la enfermería. Sin embargo, como Sue sí tenía que hacer reposo por el golpe que se había dado, James consideró que la chica se aburriría sin su compañía. De modo que, solicitando la ayuda de Tom, aumentó un poco su herida en gravedad. Lo único que no había planeado era que le doliera tanto.

- De acuerdo, parece estar bien. –concluyó la enfermera. – No hagas movimientos bruscos y ten cuidado en los entrenamientos de Quidditch. Y la próxima vez, Señor Potter… –agregó, dándose vuelta y anotando algunas cosas en un pergamino. Levantó la vista al finalizar. -… simplemente puede pedir quedarse.

- No tendría estilo. Y Poppy, no intentes disimularlo. Te encanta cuidar de mí. –repuso James, sonriente. Madame Pomfrey simplemente le devolvió la mirada, pero no le sonrió. Aunque, a favor de James, las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente. Inmediatamente después se dirigió al otro ocupante de la habitación, que estaba sentado en una silla al lado de la cama de Sue.

- Señor McKenzie, ya entendí que quiere hacerles compañía hoy también, deje de sangrar por favor. Está ensuciando todo.

- Peddón, Poppy. –le sonrió el chico. Su voz estaba ligeramente pastosa por la cantidad de sangre que estaba saliendo de su nariz. No obstante, introdujo una pastilla en su boca y la hemorragia se detuvo al instante.

- Tom, parece que estás a punto de morirte. Límpiate. –le dijo Sue, observando a su amigo. La vista le causaba un poco de impresión.

Tom le sonrió ampliamente y acercó su rostro al de Sue. La chica se alejó instintivamente del sangriento rostro del chico.

- ¿A qué te defiedes?

- Señor McKenzie, es suficiente. –le espetó Madame Pomfrey, sacudiendo su varita y limpiando el rostro y las túnicas de Tom. El chico se cruzó de brazos, algo decepcionado de que la enfermera hubiera acabado con su diversión.

- Poppy, ¿crees que me puedes prestar esta sábana? Tengo que enviar a esta pequeña a que la reparen.

- Señor Potter, qué… -Madame Pomfrey se detuvo a mitad de la oración y cerró los ojos por un momento, buscando reunir toda la paciencia que poseía.

Al parecer tomándose la rotura de su escoba muy seriamente, James estaba envolviendo los dos trozos en los que se había partido en una blanca sábana de la enfermería. De hecho, la perteneciente a la cama que él mismo había estado ocupando, dado que su "fallecida Nimbus no podía quedarse lejos de él en un momento tan difícil".

- Absolutamente…

- Poppy, la devolveré. Lo prometo. Por favor. –le rogó el chico.

- De ninguna manera puedo…

- Si se la presta, se irá. –acotó Tom.

James le dirigió una mirada sonriente a su amigo. Luego volvió a dirigirse a la enfermera.

- Exacto. Me iré, y prometo no volver…-se detuvo a mitad de la frase, pensativo. -… por algunos días.

- Dos semanas. –rebatió Madame Pomfrey.

- Diez días y no digo ni una sola palabra más.

- De acuerdo. Váyase de una vez.

El chico le sonrió ampliamente, mientras recogía el bulto de la cama y se dirigía hacia la puerta.

- Gracias, Poppy. No me extrañes. –se despidió. Antes de que la mujer pudiera responderle, no obstante, ya se había ido del lugar.

- Quiero tranquilidad. –les advirtió a los dos alumnos que todavía se hallaban allí. Tom frunció los labios e hizo un gesto de cerrarse los labios como si fueran un cierre. Acto seguido, Madame Pomfrey se retiró a un pequeño despacho que había adjunto.

- Estoy aburrida. –gruñó Sue, después de estar aproximadamente un minuto en silencio.

- No podemos hacer mucho aquí. –dijo Tom, en voz baja. Inmediatamente después, su rostro se iluminó. - Pero tengo más pastillas, si quieres…

- Verte desangrar no es divertido, Tom. No me importa lo que diga el envoltorio.

- Tengo otras para vomitar. –se ofreció el chico.

Sue arrugó sus facciones ante el comentario.

- Eso ya es un asco.

- Creo que todavía me quedan…

- Tom, no… -intentó frenarlo la chica, pero no había caso. El chico se había puesto de pie para revisar en sus bolsillos. Finalmente, encontró lo que buscaba. Se tragó una nueva píldora y, tan solo un instante después caía hacia delante, quedando inerte sobre el regazo de Sue.

A pesar de que lo intentó, la chica no pudo evitar sonreír. Se incorporó levemente y tomó el puño del chico, extrayendo de su mano la otra píldora que venía en el envoltorio. Si bien el efecto se pasaría dentro de poco, también podía ser revertido con aquélla, cuyos efectos eran similares a un hechizo "Ennervate". Forzó a su inmóvil amigo a tragársela, y no más de un segundo después, Tom abría los ojos nuevamente.

- Una de las cosas más divertidas de tomar estas píldoras es que no sabes dónde vas a despertar. –comentó, mientras se incorporaba.

Sue rió.

- Algún día te vas a desmayar de verdad y nadie te va a prestar atención. –le advirtió.

- No lo puedo creer, Sue, después de todo lo que hago por ti… -fingió indignarse él. - ¿Me estás diciendo que me dejarías tirado sólo para darme una lección?

Ella adoptó una expresión reflexiva por unos momentos.

- No es mala idea. –concluyó.

- Me estás lastimando. –repuso el chico seriamente, aunque eventualmente ninguno de los dos pudo contenerse más y rieron. Finalmente se calmaron, y se quedaron callados, sin desviar la mirada. Tom se había cruzado de brazos y los había apoyado sobre la cama, descansando su mentón sobre ellos.

La que habló primero fue Sue, aunque su voz no quebró el silencio de una forma brusca. Más bien, empleó un tono de voz sosegado, y Tom aguardó expectante lo que tuviera que decir.

- Gracias, Tom.

- ¿Por qué? ¿Por desmayarme? No te preocupes, no fue nada. –repuso él, en un tono despreocupado, encogiéndose de hombros.

- No estaba hablando sólo de eso. Y tampoco de desangrarte. –aclaró, al ver que Tom abría la boca para hablar.

Ahora sí el chico parecía confundido. Se incorporó, aunque dejó los brazos apoyados en la cama.

- No entiendo.

- Quería decirte gracias por… haberte quedado aquí. Y evitar que me muriera de aburrimiento.

- No hay problema. –le sonrió, pero luego adoptó una expresión más seria. - Tan sólo ten cuidado en los partidos, ¿de acuerdo? Por un momento había pensado que…

Tom se interrumpió, tragando saliva y desviando la mirada un instante. Cuando la volvió a posar en los ojos de Sue, la misma era la más expresiva que le hubiera dirigido hasta entonces.

- Cuando te vi caer, realmente me...

Tom se interrumpió nuevamente, pero esta vez no siguió. No obstante, Sue entendió. Le sonrió de una manera reconfortante y apoyó una de sus manos sobre el antebrazo de su amigo que tenía más cerca.

- Está bien. Estoy bien. No pasó nada.

Tom asintió, sintiendo como un peso se le iba del estómago. Al parecer, había tenido la necesidad de hablar con Sue y ni siquiera se había dado cuenta. Finalmente cambiaron de tema, debatiendo sobre las renovadas chances de Gryffindor de alcanzar al líder Slytherin en la Copa de Quidditch.

Tal vez era la euforia de haber ganado, de ver a James volar nuevamente de manera excepcional, o quizás el alivio de que Sue se encontraba bien. O probablemente una mezcla de todo. Lo único que Tom podía asegurar era que le gustaba la agradable sensación que se había apoderado de él en los últimos instantes.

º º º

Mientras veía cómo tres lechuzas se llevaban los restos de su escoba envueltos en la sábana de la enfermería, James se percató de que había otra que volaba en sentido contrario, hacia él. Se sorprendió ligeramente al ver que el animal no pasó de largo, sino que se posó en su hombro, presionándolo ligeramente con sus garras. Acto seguido, extendió su pata, a la que venía atado un paquete y un sobre con su nombre escrito en él.

Intrigado, desató ambas cosas, y abrió el sobre para leer su contenido. Era una nota corta y reconoció inmediatamente la letra del remitente, aunque no estaba firmada.

James,

¿Podrías ir hoy después de cenar al despacho de Teddy?
Hay algo importante que quisiera pedirte.

Te envío la capa para que no te metas en problemas.

Y ni si te ocurra pensarlo. Me la pienso llevar de vuelta.

Demonios. Su padre lo conocía demasiado bien. Sin embargo, por esta vez podría perdonarle la descortesía de no prestarle la capa. En primer lugar, ahora tenía los hechizos desilusionadores, aunque el tiempo en que era realmente invisible era mucho más corto, y además quedaba algo exhausto luego de conjurarlos. Pero segundo y mucho más importante: estaba completamente intrigado. ¿Qué era aquello que su padre tenía que pedirle? Y en persona, nada menos.

Sonrió. Seguramente sería algo interesante.

º º º

Albus tosió unos instantes cuando Rose dejó caer un polvoriento y pesado libro encima de la mesa de la biblioteca. Al parecer, no había sido consultado en mucho tiempo, dado que había largado suficiente polvo como para crear una pequeña nube.

- Rosie, no sé si me entendiste bien cuando dije que quería tu ayuda. –comentó el chico, mientras miraba con recelo la cubierta del ejemplar, que no tenía título alguno. No obstante, Rose lo abrió y lo giró un momento para dejarle ver el título del libro.

- "Tratado sobre Contratos Mágicos Vinculantes y su…"-comenzó a leer Albus, pero no pudo terminar porque la chica lo había vuelto para sí, comenzando a revisar el índice. - Oh. Ahora entiendo.

- Tiene que haber algo aquí que nos de una idea sobre cómo comenzar. –explicó. Luego comenzó a murmurar, leyendo el índice en voz baja. – Juramentos, Legados, Uniones comerciales… ¡Uniones conyugales!

Ante la mirada confundida de Albus, Rose aclaró:

- "Conyugales" significa "de parejas".

Albus asintió, inclinándose sobre la mesa para poder ver. Rose giró el volumen de manera tal que ambos pudieran leerlo.

- Ahí. Donde dice "Contratos nulos". –señaló el chico.

Rose asintió y pasó las hojas rápidamente para llegar a la página indicada en el índice.

- "Se tendrán por nulos los siguientes contratos:" –comenzó a leer. – "Contratos con no vivos, contratos entre un humano y una bestia –ver consideraciones sobre veelas-"

Albus la interrumpió, sin poder evitar reírse ante lo que decía el libro.

- ¿Quién querría casarse con un animal?

- La futura esposa de Malfoy. –respondió Rose, sonriendo mordaz. – Vamos a tener que avisarle que no se puede.

- ¡Rosie! –la regañó su primo, aunque no pudo evitar del todo sonreír ante el comentario.

Siguieron leyendo y, en algunos casos, bromeando sobre las aclaraciones que hacía el libro, hasta que llegaran a una que finalmente les sirviera. Albus había sugerido probar que Flint era en realidad una bestia, pero Rose finalmente lo convenció de que no era así, por más que la palabra sonara adecuada.

Estaban llegando al final del apartado cuando Rose contuvo la respiración, al parecer teniendo una epifanía. Cuando Albus le preguntó qué le ocurría, señaló la oración que había estado leyendo, al parecer sin poder articular palabra alguna.

- "El contrato mágico vinculante será tenido por nulo cuando los firmantes de hecho, en adelante los contrayentes, no sean los que el documento estipule". –leyó Albus en voz alta. Luego levantó la vista. – Rosie, no entendí nada. –confesó.

Rose se inclinó sobre la mesa, y comenzó a hablar rápidamente en voz baja.

- Significa que el compromiso sólo se hará si las personas que firman el contrato son las mismas que aparecen nombradas en él. Si podemos hacer que otra persona firme en lugar de Flint, entonces el contrato será nulo y Ogden no se comprometerá.

- De acuerdo. –asintió Albus, comprendiendo. - ¿Pero de dónde sacamos a alguien que se vea como Flint, hable como Flint pero que no sea Flint? –no había terminado de hacer la pregunta que una expresión de realización se apoderó de su rostro. Al parecer, Albus acababa de tener su propia epifanía. – Rosie, ¿estás pensando en lo mismo que yo?

La chica asintió.

- Poción multijugos.

- Pero la receta… -comenzó a objetar Albus.

- La tengo. No preguntes cómo. –se anticipó. Su primo parecía querer insistir sobre el tema, pero ella pasó a otro tema más importante. – Sólo nos faltan los ingredientes.

- Yo me encargo de eso. –se ofreció Albus. A él solo le resultaría muy difícil, pero seguramente podría ver la forma de convencer a James para que lo ayudara.

- ¿Tenemos más de un mes antes del compromiso? –preguntó Rose, al recordar el plazo de elaboración de la poción.

Albus asintió.

- Seguramente harán todo cuando terminen las clases y Ogden vuelva a su casa.

Mientras volvía a su sala común y comenzaba a ponderar diversas formas de conseguir que su hermano mayor le ayudara a conseguir los ingredientes para la poción multijugos, Albus no pudo menos que sentir cierto entusiasmo recorriéndole las venas. Ahora tenían un plan.

Decidió no cuestionarse a sí mismo de dónde provenía tal entusiasmo por poder ayudar.

º º º

- ¡Pero, Poppy! –comenzó a quejarse Tom nuevamente. Sin embargo, no pareció tener muchos efectos dado que, un instante después, la enfermera en cuestión le cerraba la puerta de la enfermería en la cara. Al parecer, era hora de que Sue descansara, y no podía hacerlo si él seguía ahí. – Que carácter. – masculló el chico, dándose vuelta y volviendo a la Sala Común de Gryffindor.

Se había perdido la cena en el Gran Salón, ya que había comido con Sue y James, de modo que los corredores del pasillo estaban prácticamente desiertos. Su amigo se había ido hace un rato, al parecer con algo que hacer. Se apresuró un poco para no llegar después de la hora permitida. Podía hacerse un encantamiento desilusionador, pero, a decir verdad, no tenía ganas de hacer el esfuerzo.

Cuando subió a su habitación, vio que James estaba ahí. El resto de los ocupantes estaba debajo.

- Tom, eres tú. –lo saludo James, al parecer aliviado. Su amigo lo miró confundido, pero entendió un instante después al ver lo que James sostenía en las manos, y que había estado ocultando tras su espalda. Era la capa invisible.

- ¿Te la devolvió? –sonrió entusiasmado.

James negó, haciéndolo perder un poco el ánimo.

- Sólo por hoy. Te cuento en el camino. –le dijo, invitándolo a que se tapara con él con la capa. Comprobando que las cortinas de las camas de ambos se hallaban corridas, se pusieron en marcha hacia el despacho de Ted Lupin.

º º º

Justo cuando Harry estaba terminando de poner al corriente a Ted Lupin sobre las últimas novedades acerca del Elíxir y las Órdenes de Merlín, alguien golpeó la puerta del despacho. El Auror se ocultó detrás de la puerta mientras Ted la abría para recibir al visitante. Sin embargo, no había nadie allí. Al menos a primera vista.

- Soy yo, Teddy. –escuchó decir a la voz de James. Sonriendo, el flamante profesor se hizo a un lado para dejarlo pasar, cerrando la puerta nuevamente cuando sintió que ya había ingresado.

Una vez adentro, James se quitó la capa, dejando a Tom y a sí mismo al descubierto. Harry se acercó inmediatamente a saludarlos, despeinando afectuosamente el cabello de su hijo. No le sorprendía en absoluto que Tom estuviera allí. Hacían todo juntos. Lo que le extrañaba era que la otra parte del trío no estuviera con ellos.

- ¿Dónde está Sue? –preguntó, algo intrigado.

- En la enfermería. –contestó James. – Quiso demoler un aro del estadio con su cabeza, pero el poste se resistió. Eso sí, no tengo idea cómo, la cabeza de Sue es muy dura. –añadió luego, intrigado.

Harry decidió que si su hijo podía bromear sobre el tema, entonces la chica se encontraba bien. Pero primero lo primero.

- Gracias por venir. –le dijo a ambos. – Ahora les explico para qué los llamé. Pero antes, James…

No terminó la frase, pero por como su mirada se posó por un instante en la capa invisible que el chico sostenía firmemente, James captó el mensaje a la perfección.

- Pero, papá, la capa me extraña. –se excusó, acercando el objeto en cuestión a su pecho. - ¿Por qué no me la dejas aunque sea unos días?

Harry no le contestó, sobre todo porque estaba haciendo un esfuerzo por no reírse. En cambio, extendió su brazo en dirección a su hijo. Soltando un suspiro de resignación, James se la devolvió.

- Eres muy cruel. –le recriminó mientras se la alcanzaba.

- Lo sé. –le contestó Harry despreocupadamente, sabiendo que su hijo no le hablaba en serio. A decir verdad, los momentos en que James hablaba en serio eran terriblemente escasos.

- ¿Y cómo volveremos sin la capa? –preguntó Tom, agudo. James asintió enérgicamente.

- Exacto, papá. Nos castigarán. –le dijo James, adoptando una expresión de terror, como si nunca hubieran sido castigados.

Harry les sonrió a ambos.

- Buen intento, pero no. Ted los acompañará.

Los chicos asintieron, dejando caer los hombros, nuevamente derrotados.

- ¿Y de qué querías hablar? –preguntó James, notablemente menos entusiasta.

- ¿Recuerdas el Mapa del Merodeador? –cuestionó Harry.

James adoptó un gesto confundido. Tom, a su lado, lo imitó.

- Papá, no tengo idea…

- James.

- De acuerdo, sí. ¿Qué hay con el mapa?

- Necesitamos hacer uno parecido, pero de Hogsmeade. No sólo las tiendas, sino pasajes ocultos, escondites y demás. ¿Creen que pueden ayudarnos?

Todo el entusiasmo volvió a James en ese preciso instante.

- Por supuesto. Estás hablando con las personas indicadas.

- Lamentablemente, sé que es así. –repuso Harry. A James no pareció importarle el comentario de su padre.

- ¿Podremos quedárnoslo? –preguntó Tom, tan emocionado como su amigo.

- Muy probablemente lo necesitaremos por un tiempo largo. –les anticipó. – Pero luego de eso, sí.

Ninguno de los dos chicos pudo contener las exclamaciones eufóricas y triunfantes. Sin embargo, a James se le borró la sonrisa de la cara un instante después.

- Acabo de acordarme de que dibujo horrible. Y además no tengo idea de cómo se hizo ese mapa.

- Por los hechizos no deben preocuparse. –rebatió Harry. Los harían con la ayuda de Jeremiah Swane, que había sugerido unos cuantos encantamientos para mejorar incluso el Mapa del Merodeador original. – Pero por el trazado…

Todos se quedaron en silencio, meditando posibles soluciones.

- Creo que sé quien puede hacerlo.

James, Harry y Ted le dirigieron la vista a Tom, quien había hablado, expectantes.

- Sabe pintar, así que supongo que dibujar también.

- ¿De quién hablas? –le preguntó James, intrigado.

- De Camille.

James gruñó y cubriéndose por un momento la cara con las manos, en un gesto de frustración.

- ¿Y quién es Camille? –preguntó Harry, extrañado ante la reacción de su hijo.

Tom abrió la boca para contestar, pero James se le anticipó.

- Un moco. Una pesada. Una molestia.

- Una amiga mía. –precisó Tom.

- ¿Y los ayudará? –indagó Harry.

- Estoy seguro de que sí. –asintió Tom. Luego se dirigió a James, con un claro tono de burla en su voz. - ¿No es verdad, Jay-Jay?

º º º

Alyssa soltó un suspiro de frustración al ver cómo, por enésima vez, el ejemplar de Corazón de Bruja que tenía delante suyo se arrugaba y luego volvía a su estado anterior. Se encontraba nuevamente en el baño del segundo piso intentando destransformar la revista para encontrar, esperaba, algo que revelara los planes de sus padres. Con un poco de suerte podría arruinar su reputación públicamente.

"Se lo merecen por forzar compromisos", pensó.

Intentó no pensar en el asunto, pero inevitablemente se le vino a la mente. Si bien todavía le quedaban varias semanas para idear algún plan, aún no tenía ninguna idea en concreto. Había estado debatiendo con Scorpius la forma de zafarse, pero hasta ahora la única alternativa que realmente podría llegar a ser efectiva sería la de acabar con Flint, lo cual no era recomendable porque los enviarían a Azkaban. Pero era tentador, sin duda.

"Ya se nos ocurrirá la forma", se aseguró a sí misma para no entrar en un ataque de pánico. Tomo aire y lo soltó resueltamente. Intentaría por última vez en el día el hechizo para destransformar la revista que tenía enfrente.

Miró los diagramas que ya se conocía más que la palma de su mano, y repitió los movimientos.

El proceso se volvió a repetir: la revista se arrugó, contrayéndose en bollo en sí misma, y luego…

Alyssa abrió sus ojos de par en par sin dar crédito a lo que veía. El momento en que la revista volvía a su estado anterior no llegó, sino que pequeños destellos de luz habían comenzado a salir de entre los pliegues.

Su corazón latía a una velocidad casi alarmante y su respiración se había acelerado. Sin embargo, no pudo evitarlo.

¿Finalmente había funcionado?