Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.
Leer bajo tu responsabilidad.
Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.
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Capítulo No. 34
Bella había tomado la peor decisión de su vida, de eso estaba segura. Haber abandonado el departamento de Edward y refugiarse en el de ella aumentó la nostalgia. No sólo le hacía falta Charlie, sino que también extrañaba demasiado a su fiscal.
No logró conciliar el sueño y luchaba contra las casi irrefrenables ganas que sentía por ir a buscar a Edward, pero su sentido común se imponía gritándole que él debía estar molesto y seguramente no quería verla. No hasta que se encontrase mejor.
Con pereza salió de su cama, arrastrando sus pasos se fue al baño, frente al espejo se quitó el camisón azul marino de seda que llevaba puesto y su desnudez brillaba ante las luces led que alumbraban con insistencia su cuerpo.
Esa mañana ya no tenía lágrimas que derramar, estaba desconsolada y cansada, ese vacío que se le había aferrado al pecho seguía torturándola, pero ya no quería sentirlo más, quizá debía luchar como Edward le pedía, pero hasta para eso estaba cansada.
Eran muchas cosas dando vueltas en su cabeza que jugaban con sus emociones. Era afrontar su vida sin el hombre que siempre la ayudó, era tener que empezar prácticamente de cero y no tenía idea cómo hacerlo sin Charlie a su lado. En pocas horas había perdido todo y ni siquiera Esme estaba a su lado para que le diera palabras de aliento.
— ¡Bella! —escuchó la voz de Edward que la llamaba y estaba segura que se encontraba en la habitación. Sin pensarlo salió corriendo del baño y lo vio acercándose a la cama pero al percibirla se volvió hacía ella.
Edward vio a Bella correr desnuda hacia él y sin previo aviso se le lanzó encima, no precedió esa acción por parte de ella por lo que aunque la atajó en sus brazos el cuerpo no encontró el equilibrio requerido y ambos cayeron en la cama.
— ¿Estás bien? ¿Acaso me has extrañado? —preguntó él una vez repuesto de la impresión y ella iba a asfixiarlo al cerrarle el cuello con los brazos.
—Demasiado. Lo siento Ed, siento ser tan estúpida, te juro que yo misma empiezo a odiarme, ya ni me soporto —confesó con el rostro enterrado en el cuello de Edward mientras él le acariciaba la columna vertebral.
—No digas eso, comprendo que te sientas realmente confundida y nostálgica, pero debes salir adelante. Intento ayudarte, no obstante sé que no soy bueno para eso. Como consejero sentimental soy un fracaso.
Bella alejó su cara del refugio que le brindaba Edward con su cuello y buscó la mirada de él, que esa mañana se encontraba brillante y no se dejaba opacar por las huellas que adornaban los párpados inferiores y daban fe de que tampoco había conciliado el sueño.
—No creo que seas un fracaso, sólo que estás batallando contra un imposible —murmuró y su boca buscó la de Edward.
Él con sus manos se apoderó de su cabeza para hacer el beso más intenso, una entrega más ardiente. En la cual sus lenguas se enredaban y desenredaban en una danza agónica y dolorosa. A las lenguas se le unía el roce y succiones de labios.
—Sí no quieres que cojamos como unos salvajes, debes detenerte ahora y vestirte —le dijo casi sin aliento y con sus pupilas fijas en los labios entreabiertos de Bella—. Porque me estás torturando.
—Ed, no es que no te desee. Sólo siento que no podré entregarme por entera, no quiero echarme a llorar como una tonta, cuando debería reír con las sensaciones que despiertas en mí.
—Te comprendo, tampoco quiero que me tires tus mocos encima —dijo con una sonrisa torcida.
Bella sonrió porque él intentaba aligerar el momento, aunque ella fuese consciente de la poderosa erección empalmándose entre sus piernas.
—Te has aguantado mis mocos todos estos días y no has dicho nada —le reprochó mientras le pellizcaba una tetilla.
—Auch… —se quejó ante el ataque de Bella—. Sería muy distinto aguantármelos mientras cogemos. Ahora ve a cambiarte que traje desayuno.
— ¿Lo compraste? —preguntó incorporándose y abandonando el cuerpo enfebrecido en deseos de Edward.
—Sí, no puedo mantenerte todo el tiempo a base de cereales y leche, pero no te obligaré a comer.
—En realidad quiero desayunar, tengo hambre.
—Supongo que anoche no cenaste.
Bella evadió dar cualquier tipo de respuesta huyendo al baño, de donde salió minutos después con una bata de paño negra y unas pantuflas en el mismo color, pero no se encontró con Edward.
Salió de la habitación y él estaba tras la barra con el desayuno servido. Aligeró el paso para ir a su encuentro y ese día la comida por fin tuvo gusto, la última semana, solo se alimentaba para poder mantenerse con fuerzas, porque todo lo que se llevaba a la boca parecía no tener ningún sabor.
—Sé que no quieres hablar del tema Bella, pero quisiera saber si vas a reunirte con los agentes del seguro el lunes para iniciar las reparaciones en la boutique o aplazo la cita —comentó mientras dividía un trozo de queso, no quería poner su total atención en ella para que no se sintiese presionada.
Edward se quedó esperando la respuesta por más de un minuto y ella dejó libre un pesado suspiro.
—No sé Edward, no sé si quiera si deseo reparar la boutique. Quizá lo que pasó ha sido una prueba. Creo que lo más conveniente sería venderla y dedicarme a otra cosa —abrió la boca para recibir el pedazo de queso que Edward le ofrecía.
—Una prueba que debes superar, no quiero que tus sueños se vean truncados por unos malditos infelices —le dijo acariciándole con el dedo pulgar el labio inferior, mientras Bella masticaba lentamente.
—Ese no es el punto. Lo que no sé es, si pueda volver a la boutique y que Charlie no esté. Sé que aunque no quiera voy a recordar ese momento y seguirá aumentando en mí la culpa que siento.
—No tienes que sentirte culpable por nada, ya te lo he dicho y comprendo que temas regresar y revivir mentalmente lo sucedido, eso será inevitable. Pero recuerda que no fue ese sólo momento el que viviste ahí. Tal vez en ese lugar están los mejores recuerdos de Charlie.
Bella se mantuvo en silencio evaluando las palabras de Edward y sabía que él tenía razón. Sus mejores recuerdos junto a Charlie también fueron en la boutique.
— ¿Quieres acompañarme a ver a Seth? —le preguntó, más que decidido a mostrarle el hospital y confesarle que era de él y porqué lo tenía.
—Claro que sí. Seguro se quedó esperando la semana pasada.
—No te preocupes Ben se encargó de comunicarle porque no pudimos visitarlo.
—Entonces voy a cambiarme —le avisó poniéndose de pie.
—No tan rápido —la detuvo tomándola por la muñeca—, primero vamos a terminar de desayunar. Ven a aquí —instó a que Bella se pusiera de pie y la guió entre sus piernas.
Edward se encargó de darle la comida a Bella y ella lo hizo con él. De vez en cuando sonreían y se besaban. Hasta que terminaron los alimentos.
—Ahora sí voy a vestirme, enseguida estoy contigo.
Edward le besó una mejilla y la nalgueó para que fuera a vestirse.
A medio camino Bella se dio media vuelta.
—Ed, ¿sabes si tienen alguna noticia de los asesinos de Charlie?
—Están trabajando en eso. Te aseguro que los van a atrapar, tienen las grabaciones de la calle y lo poco que se pudo recuperar del circuito de la boutique.
—No quiero que la muerte de Charlie quede impune.
—Juro que los van a encarcelar y haré lo que esté a mi alcance para que no salgan en muchos años.
—Gracias.
—No tienes por qué. Se hará justicia —decretó con seguridad.
Bella asintió y se fue a la habitación. Se colocó un jean negro y un abrigo que le llegaba hasta los muslos de botones cruzados en el mismo color, unas botas de tacón alto y una bufanda Burberry, con sus distintivos cuadros a colores, blanco, negro, beige y una línea roja.
Se hizo una trenza de medio lado y un maquillaje extremadamente sencillo que sólo constó de empolvarse un poco la cara, gloss en los labios, delineador y un poco de máscara para las pestañas.
Al salir se encontró con Edward concentrado en el mural que estaba en la sala y que era una fotografía de ella en la cual le habían hecho un close up de su rostro, con sus cabellos que se abrían como un abanico al ser agitados por el viento.
— ¿Acaso se le ha perdido algo señor fiscal? —preguntó para sacarlo del embeleso en el que se encontraba Edward.
—Mi cordura, se perdió en esa mirada —le confesó señalando los ojos violetas que lo miraban desde el mural—. ¿Tiene alguna idea cómo puedo recuperarla señorita Swan? —preguntó con una maravillosa sonrisa de esas que podrían iluminar el día más gris.
—Humm… —negó mucho antes de responder—. No, la verdad es que no tengo idea de cómo pueda recuperarla y peor aún creo que esa mirada se rehúsa a devolverle la cordura a cualquier fiscal —se acercó a él y se colgó con sus manos del cuello de Edward—. No sin antes encontrar mi propia cordura en los de este felino —manifestó perdida en la mirada tan clara como la miel caliente.
Edward elevó una de las comisuras en una sonrisa de complacencia y satisfacción, más que sentirse halagado por lo que acababa de decirle, se sentía muy feliz porque había recuperado a su Bella. Así con ese sentido del humor era como la quería. Sí, la quería de cualquier manera, pero la prefería juguetona y llena de vida. Era muy hermosa como para opacar su belleza con tristeza.
—Te quiero loca, desatada, lunática… así que tu cordura quedará indefinidamente atada a las pupilas de este felino. No depende de ti, si no de mi voluntad para liberarte.
—Supongo que no lo tengo fácil entonces —dijo arrugando la nariz en un graciosos mohín.
—Supones muy bien. ¿Nos vamos? —pidió y ella asintió en silencio.
Al bajar, en el estacionamiento los esperaban los guardaespaldas de Edward.
—Buenos días señorita Swan. —saludaron al unísono y disimularon su complacencia por verla con mejor semblante.
—Buenos días.
Edward la guió tomada de la mano hasta donde se encontraba la camioneta, mientras los escoltas los seguían.
Tayler subió al asiento del chofer, mientras que Ben les abrió la puerta del asiento trasero.
—Gracias Ben —Bella le dedicó una sonrisa.
—Siempre a sus órdenes señorita —contestó con una sutil reverencia.
Subieron a la camioneta y Bella no podía evitar sentirse algo incómoda como siempre le había pasado en las pocas veces que se trasladaban en compañía de los guardaespaldas. Supuso que Edward no tendría ánimos para conducir ese día.
—Tayler vamos a Children Dreaming's —le comunicó Edward.
El trayecto hasta el lugar lo hicieron en completo silencio. Aunque Bella se mantuvo entretenida al intentar descifrar los códigos con los cuales se comunicaban por radio los hombres y ella suponía que se mantenían en contacto con los guardaespaldas de Jasper.
Edward en compañía de Bella accedió por donde siempre lo hacía y ella miraba atenta el lugar, aunque permanecía en silencio.
—Es un hospital pediátrico —informó para obtener la mirada de la chica que revoloteaba sobre los niños que jugaban en el jardín—. Sé que poco te gustan los niños.
—Estás en lo cierto, pero tampoco soy una bruja que no los soporta. Este lugar es muy lindo, de niña me gustaban mucho los hospitales, sentía que me trataban con cariño —reveló con cierta nostalgia en la voz.
Edward detuvo sus pasos, obligando a que ella también lo hiciera. Él le besó la sien y siguió una línea de tiernos y cortos besos por el pómulo, la mejilla y por último en la comisura de la boca.
—No quiero imaginar el trabajo que le habrás dado a las pobres enfermeras —murmuró tratando de hacerla sentir mejor, mientras con el pulgar le dibujaba el pabellón de la oreja.
—No tanto, por el contrario era muy tranquila, los años me dieron la rebeldía.
—Estoy seguro de eso y ahora me toca lidiar con la mayor parte. —acercó su boca y le chupó el lóbulo de la oreja y eso le hizo percatarse a Bella que había olvidado ponerse pendientes.
Sentir la tibia, húmeda y además exquisita textura de la lengua de Edward en el momento en que le succionó el lóbulo, la hicieron estremecer y desearlo como nunca, se removió inquieta tratando de luchar contra la humedad casi automática que se apoderó de su centro.
—No te toca, te lo ganas por ser tan intransigente.
—Bells, me gustaría que tratases de superar el pasado. El hijo de puta que tenías por padre y la masoquista de tu madre, eran unos enfermos. Eran ellos, tú no tienes si quiera que atreverte a pensar que tenían una mísera de razón. Porque no la tenían. Quiero que eso lo tengas claro.
Bella apretó los labios formando una línea y asintió en silencio, luchando por darle crédito a las palabras de Edward y quitarle peso a sus convicciones de crianza.
Retomaron el paso y llegaron hasta la recepción, como siempre había familiares sentados en la sala contigua a la espera de noticias por sus pequeños que seguramente estarían siento atendidos y que los habían pasado por la puerta de emergencia al otro lado del edificio.
—Buenos días, Edith —saludó Edward a la enfermera del turno de la mañana y a la que más conocía ya que sus visitas normalmente eran a primera hora del día.
—Buenos días, señor Cullen —correspondió la chica con una amable sonrisa y percibió inmediatamente la sutil seña que el joven brasileño le hacía con la mirada, por lo que no habló más de la cuenta.
—Te presento a mi novia —con una mano hizo un ademán hacia Bella mientras que con la otra le acariciaba la espalda.
—Mucho gusto señorita. Edith Goncalves, a sus órdenes.
—El gusto es mío Edith. Bella Swan.
Ambas se sonrieron con sinceridad.
—Edith, ¿crees que sea posible que me dejen ver a Seth?
—Sí señor, aún está a tiempo para la visita —contestó, siguiendo la actitud del chico.
— ¿Está en la misma habitación?
—En la 203, la de siempre.
—Gracias Edith.
—Por nada señor —dirigió su mirada hacia Bella—. Hasta luego señorita.
—Hasta luego, Edith —se despidió Bella y acompañó a sus palabras con un ademán de su mano.
Se dejó guiar por Edward y entraron al ascensor.
—Es muy amable la chica, sin embargo noté cierta admiración en su mirada y no fue precisamente conmigo.
Edward bufó ante las palabras de Bella.
—No tienes por qué sentir celos, Edith sólo me tiene respeto.
—Créeme que hay más que respeto en su mirada, sé advertir cuando una mujer se siente atraída por un hombre.
—Si me pongo a hacerte saber cada vez que advierto que un hombre se siente atraído por ti, pasaríamos todo el día en eso.
Las puertas del ascensor se abrieron antes de que Bella pudiese dar una respuesta y entró una señora con un niño en brazos, que aparentaba tener menos de un año.
—Buenos días —saludó.
—Buenos días —Edward y Bella correspondieron al mismo tiempo.
El resto del viaje lo hicieron en compañía de la mujer que bajó en el mismo piso que ellos. Edward guió a Bella casi al final del pasillo y una de las puertas blancas al lado derecho, señalaba el 203.
Tocó a la puerta y recibió respuesta casi inmediatamente. La voz del niño al otro lado de la puerta se sentía llena de energía y eso le hizo saber a Edward que se encontraba de muy buen ánimo.
Edward giró el pomo de la puerta y primero asomó mitad de su cuerpo, se encontró con Seth que escondía algo debajo de la almohada.
—Buenos días, Seth —se hizo notar.
— ¡Edward!
— ¿Puedo pasar?
—Sí, claro que sí —acotó asintiendo con energía.
Edward sonrió complacido y entró instando a Bella a que también lo hiciera.
—Hoy he traído a alguien para que la conozcas —le avisó antes de que Bella apareciera.
La sonrisa en el rostro de Edward le hizo saber a Seth que quien lo acompañaba era su novia y no pudo evitar sonreír ampliamente mientras su pequeño corazón saltaba emocionado.
— ¡Es tu novia! —exclamó con más entusiasmo al comprobar que su suposición se convertía en certeza.
Bella ante la primera impresión sonreía con nerviosismo. Le agradaba el tono de voz del niño que aparentaba menos de once años, ella tal vez le hubiese adjudicado unos nueve. En la fotografía parecía ser más alto.
—Hola —saludó Bella y estúpidamente se sentía nerviosa, mientras Edward la conducía cada vez más cerca de la cama.
—Sí es mi novia, Seth te presento a Bella.
—Mucho gusto, Bella novia de Edward. Yo soy Seth —saludó con solemnidad y tendiéndole la mano.
Bella recibió la pequeña mano y la estrechó mientras miraba a los hermosos ojos grises del pequeño y tenía la naricita salpicada por pecas.
—Es un placer, Seth amigo de mi novio —dijo sonriente, invadida con una ternura que en ese momento se daba cuenta que desesperadamente necesitaba para sanar un poco su alma herida.
Edward observaba divertido y sumamente orgulloso, el encuentro entre Seth y Bella.
— ¿Cómo te has sentido? —indagó Edward observándolo con simpatía.
—Muy bien, sé que no pudiste venir la semana pasada porque estuviste muy ocupado. El señor Ben vino a avisarme.
—Sí, estuve muy ocupado —contestó tomando a Bella por la cintura, cohibiéndose en dar una respuesta concreta porque el tema de las muertes aún afectaba demasiado al niño y no quería que se le fuera al suelo el buen estado de ánimo con el que lo había encontrado esa mañana.
—Seth, Ed no me ha contado mucho sobre ti, me dijo que prefería que tú lo hicieras. Sólo sé que son buenos amigos.
En ese momento Edward la soltó y fue en busca de una silla la cual colocó justo al lado de la cama y le hizo un ademán para que Bella tomara asiento. Y él se sentó al borde de la cama.
—Sí somos muy buenos amigos, él me ha ayudado mucho. ¿Sabías que Ed ha pagado mis operaciones? —le hizo la pregunta.
Bella automáticamente giró la cabeza en busca de la mirada de Edward y él se la escondía, temía enfrentarla y verse expuesto de esa manera delante de ella.
Ella no podía describir la sensación de grandeza que le invadía el pecho, era orgullo, admiración y ternura mezclado, creando un vórtice que la emocionaba hasta las lágrimas, pero que se empeñó en retener.
—No lo sabías —aseguró Seth y en silencio decidió no decir nada más de lo que Edward hacía porque evidentemente no le había contado a su novia sobre el hospital.
—No lo sabía —musitó Bella sin desviar la mirada de Edward que se encontraba con las pupilas fijas a algún punto imaginario de la sábana que cubría las piernas de Seth.
Edward se sentía avergonzado, no entendía porque esa sensación de temor en que Bella se enterara definitivamente de algunas de las cosas que hacía. Exponerse de esa manera, lo hacía sentir más vulnerable y esa decisión que había tomado de confesarle por qué tenía ese hospital se había ido al lodo.
—La primera vez que te vi, no sabía que eras novia de Edward.
— ¿Sí? —preguntó Bella regresando la mirada al niño, para brindarle su atención. En ese momento divisó las huellas de las quemaduras en parte de su cuello y el dorso de su mano derecha, suponía que el brazo lo debía tener marcado con las cicatrices, pero su linda pijama amarilla con motivos infantiles no le dejaba ver más.
—Sí, te vi en una gran valla publicitaria. Estabas con otra chica, una rubia y le dije a Edward que tú eras más hermosa y que cuando fuese grande quería una novia como tú —bajó la mirada y el pequeño rostro se le sonrojó—. No sabía que eras la novia de Ed y él tampoco me lo dijo.
—En ese momento estábamos un poco distanciados, porque habíamos discutido —alegó Edward en su defensa y una vez más se ganó la mirada de Bella.
—Si fueses mi novia jamás discutiría contigo —dijo el niño tomándose la confianza de tocarle una mano a Bella.
—Si ella fuese tu novia, seguro no la soportarías porque es muy terca —dijo Edward sonriente.
—Creo que cambiaré de novio —comunicó Bella sonriéndole al niño.
—Pero yo, ya no quiero ser tu novio, porque eres la novia de Edward y no puedo quitarle las novias a mis amigos. Mi papá decía que uno debe ser leal con los amigos.
—No tienes opciones Bells —la forma en que Edward le dijo esas simples palabras la obligaron a reír.
—Además Bella, Edward te quiere —le hizo una seña con el dedo para que se acercase a él, Bella así lo hizo—. Un poco más —pidió sin dejar de mover el dedito de manera graciosa.
—Seth —Edward temía lo que él pudiese confesarle a Bella al ver que iba a secretearle algo. Bella le hizo un gesto para que dejara al niño tranquilo.
—Edward me confesó que cuando te besa se pone nervioso, le da algo en el estómago —le dijo al oído a Bella en voz muy baja, pero que ella escuchó claramente.
Bella no pudo evitar soltar una carcajada y más que sorprendida se sentía verdaderamente emocionada al saber las sensaciones que despertaba en Edward con sus besos.
— ¿Qué le has dicho Seth? —Edward completamente desconcertado se moría por saber qué era eso que le había confesado a Bella para que la hiciera reír de esa manera.
—Nada —contestó con una maravillosa sonrisa que hizo brillar sus ojos grises.
—No me ha dicho nada —secundó Bella tomando asiento nuevamente.
La conversación tomó otro rumbo. Le preguntaron al niño acerca de los estudios, Edward le notificó que en un par de semanas tendría que ir a tribunales y presentarse ante el juez que le haría algunas preguntas, para ver si se quería ir a vivir con Ben.
Seth le contó a Edward que lo había visitado una psicóloga y que le había hecho muchas preguntas, pero que dejó claro en sus respuestas que anhelaba vivir con el señor Ben y su esposa. Le contó que ella lo visitaba cuatro veces por semana y que le traía comida y se le llevaba los pijamas y se los traía limpios.
Les mostró el teléfono móvil que el señor Ben le había regalado y les dijo que lo llamaba dos veces al día, también le había obsequiado un PlayStation Vita, y eso le gustaba más que los juegos de destreza que había en el hospital. Lo sacó de debajo de la almohada donde lo tenía escondido como si fuera su tesoro más preciado.
La visita duró más de una hora, hasta el momento en que entraron las enfermeras y saludaron a Edward, y Bella se preguntaba por qué todos conocían al benefactor del niño.
Las enfermeras pidieron permiso porque debían llevarse a Seth a su terapia en el área de las piscinas, donde estaban ayudándole a fortalecer los tendones reconstruidos de las piernas.
Bella se despidió con un beso y un afectuoso abrazo del niño que con su espontaneidad la había dejado encantada.
Edward lo hizo con un apretón de mano y una mirada a los ojos, agradeciéndole en silencio que no confesara su pequeño secreto.
—Nos vemos la próxima semana, amigo —dijo Edward antes de soltarle la mano.
—Te voy a esperar amigo.
— ¿Puedo venir? —intervino Bella en la despedida de ambos.
—Claro, las novias de mis amigos, son mis amigas también — alegó con una sonrisa.
Bella rió de buena gana, ante las ocurrencias del niño que tenía ciertas actitudes de un hombre mayor. Y él lo hizo de igual manera mientras lo sentaban en la silla de ruedas.
Espero que les haya gustado el capítulo.
No creen que merezca Reviews.
Adelanto del próximo capítulo…
—Es adorable, ¿por qué no lo adoptaste tú? —indagó mientras atrapaba con la punta de sus dedos índice y pulgar la motita intrusa que cayó en el hombro de su fiscal.
— ¿Yo? ¡No! Sé que sería un desastre. Además el juez ni loco me cedería la custodia, sólo con mirarme sabría que no estoy capacitado para ser padre. Lo prefiero de amigo que de hijo. No tengo autoridad ni conmigo mismo, mucho menos podré ser ejemplo para un niño.
