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EN LA ESTACIÓN DE LA CALLE BAKER, ME SENTÉ Y LLORÉ.
Autor: Deco
CAPÍTULO 35: "PERDIDOS EN UNA MASCARADA"
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En el cual Petunia aplica lógica al comportamiento mágico, y consigue fallar rotundamente como resultado.
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―Sirius ―dijo Petunia―, creo que es mejor para ti que regreses a París ahora mismo; no creo que debas arriesgarte a regresar a Las Tres Escobas. Puede que Moody este esperándote allí. Yo haré que Madame Rosmerta te envíe el equipaje.
―¿Estas sugiriendo que te deje sola para afrontar lo que pase? ―dijo Sirius indignado.
―Sí ―dijo Petunia―. Tu no puedes afrontar pasar más problemas ni con los Aurores ni con las autoridades. Y Moody menosprecia a las mujeres, me di cuenta al conocerlo. Yo podré usar eso. Déjame lidiar sola con él, Sirius, por favor. Estoy segura que no me lastimará, pero contigo no estoy tan segura.
Sin embargo, llevó algo de tiempo el convencerlo, era de la misma idea que los muchachos pensando que ella necesitaba protección. Bueno, ellos me conocen de cuando la necesitaba. Aunque creo que ahora no tanto. Espero.
Petunia le preparó un desayuno rápido, y le dio los puntos de lo que pensaba decirle a Moody, por si después él quería verificar la historia con Sirius, quería que coincidieran. Era muy vergonzoso, por supuesto, pero por lo menos puso instantáneamente a Sirius de buen humor.
Sirius se había ido un par de horas atrás cuando, como esperaba Petunia, Moody se presentó en la puerta de la mansión. Ella había tomado la precaución de mandar a Algy a casa de Hagrid, y advirtió a la señora Figg y los elfos que se mantuvieran fuera de vista. Petunia con deliberación no se cambió de ropa, y saludó a su visitante vestida todavía con su ropa de fiesta, despeinada, y bostezando.
Los ojos disparejos de Moody inspeccionaron la puesta en escena, incluyendo los restos de un desayuno para dos sobre la mesa, justo como Petunia quería. Ella le sonrió adormilada.
―¿Diga, en qué puedo ayudarlo?
―¿Señora Dursley? No nos conocíamos ¿o si? ―algo de la forma en que lo dijo le dio la impresión de que de verdad no la recordaba. Que bueno.
Con la expresión más simplona que pudo conseguir, le dijo―: Sí, ¿no se acuerda? ¿Yo le hice una consulta por mi hijo?
Moody se encogió de hombros para demostrar su opinión sobre consultas con padres bobos acerca de chicos bobos, y fue al punto―: Busco a un mortífago prófugo, un hombre viejo, ¿lo ha visto? Le perdí el rastro justo afuera de Hogsmeade. Anoche mismo, de hecho. ¿Usted fue al Baile de Yule anoche, no es así?
Petunia con una sonrisita afectada, dijo―: Bueno, digamos que se suponía que fuera. Me habían pedido que fuera chaperona, nada menos que la profesora McGonagall. Pero tomamos algo así como un desvío, y al final no conseguimos llegar anoche a Hogwarts. Arabella... Arabella Figg esta aquí de visita por las fiestas, y no se estaba sintiendo muy bien, así que nos pidió que fuéramos por el Flú hasta su casa en Surrey para alimentar a sus gatos antes de ir al Baile. Ella los cría, y son unos cuantos. Como un favor, ya sabe. Y bueno, es una casa agradable y silenciosa, y yo no había visto a mi escolta... él lleva viviendo en París mucho tiempo... ―ella dejó que su voz se desvaneciera y después dejó escapar una risita.
Moody pareció aburrido e impaciente. Excelente, se lo está creyendo.
―¿Salió en algún momento de la Mansión? ―preguntó él.
―No, que yo recuerde. Pero claro, nos tomamos una botella de champaña entre los dos, y me temo que nos pusimos un poquitito... ―consiguió dejar salir un pequeño hipo. Oh, Dios, espero no estar sobreactuando.
Por suerte, las expectativas de Moody iban a la par de la actuación. Pudo notar como él la descartaba mentalmente, igual que lo había hecho en su primera entrevista. Él deja que sus prejuicios lo gobiernen. Bueno saberlo, y recordarlo.
Moody se levantó de forma abrupta y dijo―: Gracias por su tiempo.
―Siempre lista para ayudar a la ley ―dijo Petunia de forma coqueta.
Moody miró a su alrededor, y dijo―: Ahora la recuerdo. La sobrina de Cressida Mayhew, ¿tengo razón? Esta es la Mansión Mayhew.
―Sí ―dijo Petunia―. La heredé hace unos años atrás ―agitó las pestañas tratando de no echarlo a perder riéndose. No tenía idea que tuviera esta veta histriónica.
―Los Mayhew tuvieron varios problemas con el Ministerio ―comentó Moody.
¿A qué esta apuntando?
―No sabría decirlo. Nosotros visitamos a Cressida unas pocas veces cuando era un niña pequeña, pero no recuerdo mucho de eso.
―El viejo Cassius se presentó frente al Wizengamot varias veces.
Moody la estaba mirando como si estuviera esperando algo de ella, pero Petunia no lograba imaginar que cosa pudiera ser. Él dejó escapar una risotada ante su expresión perpleja, y se fue.
Petunia se descubrió sin aliento, ni siquiera le había preguntado por Sirius, pero eso era mucho mejor de lo esperado. El nombre de su acompañante podría haberle hecho detenerse a pensar.
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Ella se encontraba todavía en pie cuando los chicos llegaron al mediodía, llenos de preguntas de dónde había ido la noche pasado, y con novedades de sus experiencias en el Baile de Yule. Petunia no estaba preparada para contarles la verdad, y pretendió haber estado siempre allí, y apostando en el hecho de que había mucha gente, se dijo que su ausencia podía haber pasado desapercibida. Por suerte, ella estaba en lo correcto.
―Qué pena que no te hayamos visto ―dijo Dudley―. Yo estaba planeando pedirte que bailaras conmigo. Y Harry también.
―¿Cómo, en frente de todos sus amigos? ―preguntó ella, sorprendida.
―Sí. ¿Por qué no? ―dijo Harry.
Petunia había notado que a ambos chicos no les importaba demasiado la opinión de sus pares, algo que se fundaba en su crianza aislada, quizás. Tal vez había sido injusta al amonestar a Dudley sobre su futuro tratamiento de Luna.
―Bueno, ¿y bailaron con sus citas? ―preguntó Petunia.
―Claro que lo hicimos ―dijo Harry, intercambiando una mirada exasperada con Dudley―. Siguiendo tus instrucciones.
―¿Y se divirtieron? ―inquirió ella.
―Bueno, la Copa Mundial fue mejor... hasta que Dudley le dio de puñetazos a Ron, por supuesto ―Dudley enrojeció y miró con irritación a su primo―. No sacas nada con mirarme así, Dud ―dijo Harry con indolencia―, ella iba a enterarse tarde o temprano, y es mejor que la explicación venga antes de ti.
―Si, y cuanto antes mejor. Ahora mismo ―dijo Petunia con severidad―. ¿Desde cuando acá empiezas las peleas? Normalmente eso es cosa de Harry.
Resultó ser que Ron Weasley no se resignado a que Hermione Granger fuera al Baile con Viktor Krum, y lo expresó en voz alta de forma grosera, enfrente de ella, sin mencionar delante de varias otras personas―. Y él seguía diciendo que Krum sólo la había llevado al Baile para que ella le entregara los planes de Harry, o para que ayudara a Krum a desentrañar las pistas.
―Nada de galante ―concordó Petunia, asintiendo.
―Bueno, ella lo provocó, o eso pensó él ―dijo Harry, encogiéndose de hombros.
―¿Pero cómo es eso? ―preguntó Petunia.
―Ella se veía bien ―dijo Harry―. Se arregló el pelo, ya no estaba inflado. Y también tenía un vestido bonito.
―Una clara provocación ―dijo Petunia. Ambos chicos resoplaron ante su tono sarcástico.
―Como sea ―murmuró Dudley―. Yo pensé que se estaba pasando de la raya, así que le di un golpe, él lo devolvió; y en ese punto Harry entró en la pelea, de cual lado todavía no estoy del todo seguro.
―Del tuyo ―dijo Harry―. 'Irlanda para siempre'(1), o quizás debería decir "Mayhews para siempre".
―Me conmueves ―dijo Dudley con sarcasmo, pero Harry no se dio por enterado.
―No es cierto, pero dejémoslo así. Yo también estaba del lado de Hermione. Ron es un buen amigo, pero también puede ser un idiota, especialmente cuando lo intenta demasiado.
―En eso no te equivocas ―dijo Dudley―, en que estaba intentándolo demasiado.
―¿Y ustedes abandonaron a sus parejas por esa trifulca? ―preguntó Petunia.
―Fue al contrario ―dijo Harry―, mientras resolvíamos eso, le pidieron bailar a Parvati como diez veces, y ella aceptó. No me importó. Ron de todas maneras no le estaba poniendo mucha atención a Padma, así que para ese entonces ella ya se había ido, y nadie puede culparla. Luna nos acompañó a la oficina de Madame Pomfrey para asearnos, y ayudarnos con eso.
―¿Están ahora peleados con Ron? ¿Voy a recibir un vociferador de Molly?
―Eso lo dudo ―dijo Harry―. Ron después se calmó, y Dudley y él hicieron una tregua, o algo parecido. Hermione todavía esta enojada con él, y él bien que lo merece, pero ese es su problema. Y si la señora Weasley le envía un vociferador a alguien, será para Ron, no para ti. Te puedes apostar que Ginny va a contarle lo sucedido.
Los chicos después le preguntaron por Sirius, con quien habían planeado tener un juego rápido de quidditch en el huerto. Cuando fueron informados de que él se había ido a París, ellos quedaron decepcionados. Para consolarlos, Petunia los dejó ir a la cabaña de Hagrid para recoger a Algy, pero advirtiéndoles―. Cuidadito con andar tonteando en el Bosque Prohibido, ninguno de ustedes, ¡y regresen aquí en una hora!
Una vez que se fueron, Petunia se preguntó si habría cometido un error. Ella le había dicho a Algy que era de vital importancia que no le contara a nadie acerca de Crouch, pero ella no tenía fe en su discreción, considerando su incapacidad para determinar que debería o o transmitir a la gente en cualquier ocasión. Ella estaba debatiéndose acerca si debería seguirlos, cuando la señora Figg salió de su dormitorio.
―Bueno ―le dijo ella a Petunia―, ¿y cómo estuvo?
―Mejor de lo que esperaba, Arabella. No creo que Moody sospeche algo.
La señora Figg asintió―. Que bueno. ¿Y ahora qué?
―Voy a hacerle una pregunta delicada: ¿Usted piensa que Dumbledore esta involucrado en todo esto?
La señora Figg quedó en silencio. Y finalmente dijo―: No lo creo, Petunia. Los crucios no son de su estilo.
―No, pero él podría que ser que alguno de sus secuaces los usara. He estado empezando a preguntarme... él trajo a Quirrell, Lockhart y Moody a Hogwarts, y todos ellos son peligrosos. ¿Fue deliberado? Seré franca con usted: no logro comprenderlo a él.
―Bueno, él es un mago. Usted todavía tiene problemas con la cultura mágica, hasta usted lo admite, y esta esperando que los magos se comporten como los muggles, pero con magia. Y eso no funciona así. O cuando menos no es así para los que no son nacidos de muggle.
―Buen punto ―dijo Petunia con pesar―. Pero me he quejado tantas veces con Dumbledore que él ya no me toma en serio, si es que alguna vez lo hizo. Necesito tener más evidencia.
¿Pero cómo conseguirla? Petunia no lo sabía, pero estaba poniéndose cada más ansiosa con eso de que los chicos fueran al colegio mientras Ojo Loco Moody enseñara Defensa. Y por el otro lado, a todos quienes les preguntaba por él, incluyendo a Sirius quien había sufrido a manos de los Aurores, decían que Moody era excéntrico, pero un enemigo dedicado contra Voldemort. ¿Se había convertido en lo que combatía?
Ella aun estaba pensando en ese problema, cuando los chicos junto con Algy entraron a la sala. Algy parecía haberse olvidado de su enojo de la noche anterior, y estaba muy excitado. Cuando estuvieron a solas más tarde, él le dijo a Petunia que había cumplido su promesa de no contarle nada a los chicos de lo sucedido la noche anterior.
―Quiero darte las gracias, Algy ―dijo Petunia―. Fuiste de mucha ayuda anoche, y supiste conservar la sangre fría muy bien ―No voy a mencionar su intento casamentero, porque para ahora ya debería haberme acostumbrado.
El dragoncito se enorgulleció, y le dio una mirada complacida. Quizás debería intentar felicitarlo con más frecuencia; parece funcionar mejor que los gritos.
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Neville Longbottom, Hermione Granger, Ginny Weasley, y Luna Lovegood llegaron a tomar el té, y pronto comenzó un juego de snap explosivo. Petunia se excusó, alegando cansancio, y fue a su dormitorio. Ella estaba cansada, pero no tenía sueño, y se quedó sentada varios minutos en el borde de su cama de cuatro postes pensando. Después se arrodilló y sacó una caja grande y estrecha de debajo de la cama. Abriéndola, vaciló, y después sacó de allí un objeto. La capa de invisibilidad de James Potter.
Petunia la examinó. Era una capa hermosa, la mejor que había visto. Y quizás ella debería usarla para descubrir las respuestas que necesitaba. Se la puso, y se miró en el espejo. No ver nada era extraño. Necesito revisar la oficina de Moody, y con esto podré hacerlo. Pero es mejor que refine mis encantamientos para abrir cerrojos.
Así que Petunia pasó el resto de las vacaciones localizando el alojamiento de Moody en el castillo, y determinando sus horarios en el Año Nuevo. No puedo creer que voy a hacer algo tan loco, pero claro, por algo soy Gryffindor.
Y hablando de locos, Petunia visitó discretamente San Mungo justo antes del día de Año Nuevo para visitar a su 'abuelo'. Marcella y Héctor no regresaban todavía de sus vacaciones navideñas, pero Titus habiaa conseguido estabilizar a Crouch, tanto física como mentalmente.
―Opino que podría recuperarse, si le dan un periodo de absoluto reposo y tranquilidad ―le dijo a ella―. Hemos conseguido hacer un progreso decente hasta ahora.
Y por cierto que Crouch se veía mucho mejor físicamente, y también más calmado. Miró a Petunia cuando ella se sentó al lado de su cama―. La conozco, ¿no es así? ―preguntó él de forma vacilante, con una media sonrisa nerviosa.
Petunia le tomó la mano y le sonrió―. Sí, ya nos conocemos. Yo soy Petunia Dursley. Me alegra ver que se esta sintiendo mejor.
―Sí ―dijo él suavemente―, mucho mejor.
―¿Recuerda lo que sucedió la noche de Navidad?
Hizo una mueca―. ¡Por favor, por favor, no me pregunte! ―gritó. Se cubrió la cara con las manos.
Titus negó con la cabeza mirándola. Ellos dejaron a Crouch en su cama, y fueron a hablar a la oficina de Titus―. Él no quiere hablar de eso ―dijo Titus―. Todavía no. Lo tengo un poco sedado, pero no me atrevo a darle algo más.
―¿Y qué pasará cuando Marcella y Héctor regresen? ―preguntó Petunia.
―Tendré que decirles la verdad, por supuesto ―dijo Titus.
Petunia suspiró. Eso quería decir que tenía menos tiempo del que pensaba. No podía imaginar que Marcella condonara el secuestro del señor Crouch, aun cuando fuera por su propio bien. Sabía que no tenía caso discutirlo, ni pretendía hacerlo. Titus ya había arriesgado demasiado con el escándalo de Sirius, y sentía que no tenía derecho a demandar nada más de él.
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Petunia pasó el resto de la tarde revisando ejemplares viejos de El Profeta en la biblioteca del Callejón Diagon. Su primera impresión del diario mágico probó ser acertada: era un pasquín. Pero resultaba informativo, y pudo confirmar detalles del pasado del señor Crouch. Su hijo ahora debería estar al fin de sus treintas, y las fotografías mostraban a un joven de facciones angulosas con una mata de pelo rubio. No había nadie que encajara con esa descripción ahora en Hogwarts, al menos nadie que ella conociera. Pero era obvio que Moody pensaba que el señor Crouch sabía donde se encontraba su hijo y heredero, de ahí los Cruciatus. ¿Sabría algo más Moody? Petunia pretendía descubrirlo.
Minerva McGonagall le había contado que habría una reunión acerca de la Segunda Prueba, que seria conducida en la oficina de Dumbledore el día sábado. Con todos los profesores allí, Petunia decidió que esa era su oportunidad para registrar la oficina de Moody. Dudó de esta decisión más de una vez durante los días previos, pero el sábado la encontró afuera de su puerta, con la capa de invisibilidad doblada sobre su brazo. Y, por milagro, había traído a Algy.
La presencia del dragón era resultado de un proceso de eliminación. Petunia necesitaba contarle a alguien de sus planes, como respaldo, pero los otros candidatos: Pompeyo, la señora Figg y Aberforth, vetarían dichos planes, así como alguno de los profesores. Titus, también, de eso estaba segura. Eso dejaba a Algy.
Algy era parlanchín e indiscreto, pero su habilidad de echar fuego, y aun más importante de no criticar sus planes, pesó a su favor, en lo que respectaba a Petunia. Sirius era el único otro adulto que haría lo que ella se proponía sin escrúpulos, así que suponía que era bueno para él que se encontrara en París. Sin embargo, cuando le preguntó por Flú acerca de hechizos avanzados para abrir cerraduras, él de inmediato la proveyó con un restringido Reserare, vestigio de sus días de entrenamiento de Auror, y otro más: Datglo, que según le dijo era preferido por los mortífagos. Sirius le advirtió que lo último se consideraba magia oscura, y que fuera cuidadosa al usarlo. Petunia aceptó la información con agradecimiento.
Ella se envolvió con la capa y levantó la capucha sobre su cabeza, y puso a Algy como vigía―. Pretende ser una gárgola, sé que puedes hacerlo. Colocate en ese nicho en la muralla y trata de no atraer la atención. Avísame si escuchas que alguien viene volcando una armadura, o algo parecido que haga mucho ruido.
La capa estaba diseñada para un hombre adulto, y le quedaba un poco larga. Petunia se tropezó con ella de forma poco digna un par de ocasiones. Dudo mucho que pueda hacer gran carrera como espía. Ella esperaba que esto fuera una buena idea, por alguna razón le molestaba algo que los chicos habían mencionado al pasar acerca de Moody y la capa. Deseaba poder recordar lo que era.
Alohomora no funcionó en la puerta de la oficina de Moody, lo que no sorprendió a Petunia. Ella trató de usar el hechizo restringido provisto por Sirius, y la puerta se abrió con un distintivo 'click'. Miró a los dos lados del pasillo, Algy seguía posado en lo alto, vigilando silencioso, y después la empujó para entrar.
La oficina de Moody era grande y espaciosa, Petunia la recordaba del año pasado cuando fue ocupada por Lupin. Tenia un salón dormitorio y un baño adyacente, lo que era la norma para los profesores. El escritorio de Moody era grande, con muchas decoraciones y talladuras, y cerrado. Se encontraba contra un trío de altas ventanas góticas.
Reserare funcionó de nuevo, y los cajones del escritorio se abrieron con un click. Había allí un nido de papeles, envolturas, elásticos, lapices, plumillas, y una botella de tinta. En el cajón grande del escritorio había ensayos de estudiantes aun sin revisar. Pero nada que pareciera ser de interés.
La mayoría de los libreros estaban vacíos, y un gran armario también estaba casi vacío. Petunia fue a la puerta que conducía al dormitorio, y usó de nuevo el hechizo restringido, que funcionó de nuevo, abriéndole la puerta. Petunia la empujó con cautela y entró a la habitación. Esta era fría y deprimente, la cama estaba sin hacer, y el único objeto grande allí era un baúl grande instalado en el medio del cuarto. Las ropas estaban apiladas en las sillas. ¿Por qué no las puso dentro del baúl? Eso es raro.
A ella le habían enseñado antes este tipo de baúl, tanto la profesora McGonagall como Madame Pomfrey tenían uno. Ella les había pedido ayuda porque Cressida también era dueña de uno, y Petunia no había sido capaz de descifrar su uso sin ayuda. Normalmente se usaba una serie de llaves diferentes, cada una de las cuales revelaba diferentes contenidos. En la habitación no se veía ninguna llave, y Petunia sospechó que Moody la traía consigo. Ella trató de usar Reserare, y por primera vez no funcionó.
Petunia vaciló, y después usó el hechizo de los mortífagos del que le advirtió Sirius. El baúl se abrió. Parecía estar lleno con cachivaches, libros de hechizos, otro montón de ensayos sin revisar, y cosas así. Ella lo abrió de nuevo, y los resultados fueron similares. La séptima vez que lo abrió, ella jadeó.
Se reveló un foso de diez pies de profundidad, y en el fondo yacía lo que parecía ser un cuerpo humano. Petunia levantó su varita sobre su cabeza para iluminarlo. El hombre estaba inconsciente, no muerto, pues aun respiraba. ¿Sería el hijo de Crouch? Ella descendió para darle un buen vistazo, y al ver su cara vio que se trataba de un hombre viejo. Entonces no se trataba del joven Crouch. Jadeó de nuevo al verlo de más cerca. Allí yacía una réplica de Ojo Loco Moody, sin su pierna de madera, y al parecer sin su ojo mágico. El cabello había sido sido recortado de cualquier modo, y estaba magullado y maltrecho.
―Enervate ―murmuró Petunia, y el ojo sano se abrió.
―¿Quién es usted? ―dijo el hombre con voz ronca.
―¿Cómo se llama? ―susurró Petunia.
Él la tomó por la muñeca―. Alastor Moody ―dijo.
Petunia se enderezó de repente ante las implicaciones de este descubrimiento. Y justo sintió el ruido de algo que caía afuera de la oficina ¿una armadura? La alarma de Algy. Alguien venia.
Tuvo un momento de terror. El baúl debía tener un hechizo de alarma en él, ella debió haberlo adivinado. ¡Estúpida, estúpida! El borde del foso ahora parecía a millas de distancia. Se puso la capa, pero Moody le dijo desde el piso―. Eso no funcionará. Mi ojo mágico logra ver a través de las capas de invisibilidad. Y él lo esta usando.
Petunia saltó al borde, pero falló, y cayó pesadamente quedando tirada en el piso. Hubo más ruidos desde arriba y Petunia entró en pánico. Volvió a saltar de nuevo, y aunque parecía sin esperanza, esta vez pudo tomarse del borde y subir. La tapa del baúl cayó con fuerza cuando ella salió. La habitación le parecía ahora fuera de proporciones, ¿antes no era tan grande, o sí? Ella fue hacia la puerta, y se cerró también detrás de ella.
Pero no fue lo bastante rápida. Ojo Loco u otro hombre desconocido entró a la oficina con el rostro ceñudo y la varita en la mano. Le pareció ridículamente enorme.
―¿Tu aquí? ―le dijo Moody, casi de forma ausente. No se vio preocupado―. Debes haber disparado las alarmas, supongo ―miró a su alrededor y se quedó escuchando. No había más ruidos en la oficina. Él se dirigió hacia el baúl y vaciló.
―Ve con Filch ―le dijo a Petunia.
¿Filch? ¿Qué quiere decir? De repente se dio cuenta que estaba casi a ras de piso ¿Por qué él se ve como un gigante?
Él la pateó en el costado mientras ella seguía allí en el piso casi laxa. Cierto instinto le indicó a Petunia que no tensara el cuerpo al recibir el golpe, y se relajó. Aun así, el impacto la hizo rodar varias veces.
Moody abrió la puerta―. Sal de aquí ―dijo él.
Petunia apenas pudo creer que él la estaba dejando ir, y se preguntó si lo hacía para tenerla de espaldas al lanzarle un Avada Kedavra. Pero el mismo instinto la urgió a escapar, y ella no necesitaba más invitación. Se escabulló cruzando el piso y corrió hacia la puerta.
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N/T(1): 'Éirinn go Brách': Irlanda para siempre, o hasta el fin de los tiempos.
Muchas gracias a mis comentaristas, y a quienes favorecen y siguen este fic.
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