Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 36
Alec y Jane se mostraban recelosos y molestos con su padre, pero no encontraron forma alguna de evitar cumplir con sus nuevas obligaciones.
Así durante la primera semana, sus nuevos jefes le comunicaban a Edward cómo se estaban tomando su nuevo lugar en la empresa.
Alec había sido el más reticente y rebelde ante las órdenes de Liam, ya que, llevando tantos años en la empresa, se sentía humillado por haber tenido que pasar a responder ante un superior.
Jane se había mostrado más receptiva buscando recuperar el lugar que había perdido con su padre.
Pero Edward se mostraba aún bastante escéptico y, si bien estaba más que dispuesto a darles una oportunidad y un voto de confianza, estaba decidido a no dejarse enredar ni manipular por sus hijos, por primera vez en veinticinco años.
Por primera vez en su vida estaba decidido a tomar las riendas de su vida sin permitir que nada ni nadie interfiriera en ella o acabara decidiendo por él.
Lo había permitido siempre desde aquel día que, con lágrimas en los ojos, Chelsea se había presentado en su casa para decirle que estaba embarazada, y que no tenía idea cómo enfrentarse a esa situación.
Ese día el destino había elegido por él, impidiéndole realizar su sueño de ir a la universidad y obligándolo a enfrentarse a unas responsabilidades mayores a cualquier otra que hubiera tenido que enfrentar.
Se negaba a permitir que nuevamente sus sueños se vieran truncados por la decisión de alguien más, incluso si ese alguien fuesen sus hijos.
Desde luego que no quería romper su relación con ellos, ya que eran, sin dudas, las dos personas más importantes de su vida, pero confiaba en que lograría ganarse su aprobación.
Creía ciegamente que en el momento que sus hijos comprendieran lo dura que podía ser la vida, y lo duro que era trabajar para conseguir lo que uno quería, entenderían lo importante que era para él no perderse la oportunidad de ser feliz, incluso si esa oportunidad estaba en compartir su vida con una mujer bastante más joven que él.
Sabía que necesitarían tiempo para asimilarlo, pero confiaba en que finalmente lo harían.
Entonces él podría dedicarse por completo a conseguir el perdón de Bella y reconquistarla.
Con lo que él entendía como un plan perfectamente trazado, se sumergió en la OPA en la que estaban trabajando sobre una empresa maderera que Cullen buscaba adquirir.
Y siendo el trabajo la mejor distracción, Bella hizo lo propio implicándose en dos diferentes casos que le entregaron en el bufete, dejándolos en sus manos.
—Buenos días, Bella —la saludó uno de sus jefes entrando en el despacho de la chica con un gordo dossier en las manos.
—Buenos días, Quil.
Quil Ateara, uno de los socios del bufete, era un tipo bastante agradable y simpático, aunque las constantes insinuaciones que le hacía a Bella, la ponían nerviosa.
Desde el día de su incorporación al bufete, Quil no había ocultado su interés por la joven abogada.
Quil rondaba los cincuenta, pero se mantenía en forma y su cuerpo atlético no tenía nada que envidiarle al de cualquier hombre de treinta. Llevaba el cabello oscuro y largo, atado en una coleta discreta que le daba un aire juvenil. Sus ojos eran dos orbes oscuros que fijaban su profunda mirada intimidante ante quienquiera que se enfrentasen.
Bella solía sentirse muy pequeña cuando Quil la miraba con atención, dejándole más que claro su inocultable interés en ella.
—¿Cómo estás? ¿Qué tal tu día?
—Bien, gracias. ¿Qué tal tú?
—Muy bien. Confiado en que hoy será el día.
—¿El día? —preguntó Bella confundida
—Sí. El día en que por fin aceptarás mi invitación para cenar juntos este viernes —explicó sonriente arrancándole un sonrojo y una sonrisa nerviosa a la chica.
—Oh, Quil, te agradezco la invitación, pero...
—No más peros, Bella. ¿Por qué no quieres salir conmigo? Te aseguro que soy un tipo perfectamente confiable y todo lo discreto que tú quieras que sea. Soy agradable y estoy seguro que haré que te diviertas.
—Sí, lo sé. No dudo de ello... pero... es que... acabo de romper con mi novio, y la verdad que no estoy de ánimo para citas...
—Oh, no te preocupes. Si quieres podemos llamarlo una cena de negocios.
—No es una cena de negocios y lo sabes...
—Bueno, será una cena de amigos. De hecho puedo llevarte a alguna pizzería, nada de restaurantes acogedores y románticos. —ofreció —Iremos a una pizzería de esas viejas, con las paredes despintadas. Pediré antes que tú, una pizza y una cerveza y eructaré después del primer trago.
—Jaja —rió Bella —Dudo que hicieras eso.
—Lo haré si te hace sentir más cómoda. No te recogeré en tu casa, ni te moveré la silla para que te sientes. De hecho, ni siquiera pienso pagar por tu cena, dividiremos la cuenta y pagaremos a medias. ¿Qué te parece?
—No creo que hicieras nada de eso.
—Lo haré si sirve para convencerte de cenar conmigo cualquier noche de estas.
—De acuerdo —aceptó por fin —Iré a cenar contigo el viernes.
—Perfecto. Tenemos una no cita, entonces. —sonrió el hombre petulante —Ahora, a lo que vine —dijo entregándole el dossier que tenía en las manos. —Tengo este caso entre manos y quiero que lo estudies porque quiero que trabajemos juntos en él.
—¿De qué se trata?
—Seattle Woods —explicó —No está viviendo su mejor momento y ha recibido una OPA parcial. Quieren que nosotros nos ocupemos de los trámites legales a fin de obtener el mayor beneficio. Tenemos una reunión con los abogados de la otra parte, el viernes por la mañana.
—Vaya, Quil. Yo no sé mucho de esto. No creo poder ayudarte en sólo tres días.
—Tienes que ser tú —aseguró su jefe —Nadie podrá serme más útil en esta negociación.
—¿Por qué yo?
—Porque quienes quieren comprarnos las acciones son Cullen Holdings, Inc.
—¿Cullen? —inquirió dando un respingo que aceleró los latidos de su corazón.
—Sí. ¿Quién mejor que tú para asistir a esa reunión? Tú les conoces, sabes cómo trabajan, conoces a sus abogados, estoy seguro de que podrás leer entre líneas en sus expresiones...
—Oh, no sé, Quil —intentó negarse —No me parece ético...
—¿Por qué no? La oferta surgió después de que tú marcharas de su empresa, no estarás utilizando información confidencial. Creo que será muy útil contar con tu presencia en la reunión.
—No sé...
—Está decidido, Bella. Estúdiate el dossier y lo comentaremos el viernes antes de ir a esa reunión. —ordenó su jefe poniéndose en pie para abandonar el despacho dejándola agitada y nerviosa.
Cuando ese viernes por la mañana entró junto a su jefe a las oficinas de Seattle Woods, sus manos transpiraban y su corazón corría acelerado dentro de su pecho.
Con apenas diez semanas de embarazo, aún no había indicios físicos de su estado, pero por alguna razón, estaba segura que si Edward estuviese allí, vería claramente todas las señales y lo adivinaría.
Por si acaso, estaba utilizando una camisa algo holgada y la chaqueta que llevaba cubría sus pechos levemente más abultados que semanas atrás.
En cuanto entraron a la sala de juntas, los representantes de Cullen aún no estaban allí.
Bella y Quil se sentaron junto a los directivos de la maderera y se pusieron a comentar la oferta que habían recibido.
Cuando la secretaria anunció la llegada de los interesados, Bella se puso en pie secando sus manos en su falda, a la vez que bajaba la mirada, intentando calmarse antes de enfrentarse a los recién llegados.
El primero en entrar fue Emmett, como representante legal de Cullen. Emmett se sorprendió al verla, pero su reacción no fue tan abrupta como la que se vislumbró en el rostro de Edward que entró tras él.
—Buenos días —saludaron ambos hermanos sin quitar la vista de quien hasta hacía un mes atrás había sido la abogada de su empresa.
—Buenos días —respondieron los presentes.
—Os presento a nuestros abogados —explicó el director general de Seattle Woods —Ellos son los doctores Quil Ateara e Isabella Swan, de Ulley, Ateara y asociados —explicó
—Buenos días —saludó Quil estrechando las manos de Emmett y Edward —Estoy seguro que ya conocéis a mi colega —agregó sonriente alejándose para que Bella les saludara.
—Ya lo creo —aseguró Emmett sonriendo divertido mientras estrechaba la mano de Bella —¿Qué tal, Bella? Es una grata sorpresa verte por aquí. ¿Cómo estás?
—Bien, gracias, Emmett —sonrió con la simpatía que siempre había sentido por su jefe —¿Cómo estás?
—Muy bien.
Bella se giró hacia Edward y estiró su mano hacia él.
—Buenos días, Edward —saludó con formalidad sin ser capaz de fijar su mirada en el rostro del hombre al que tanto amaba y que tanto la había lastimado.
—Buenos días, Bella. ¿Cómo estás? —respondió con calidez dando una suave caricia a su mano antes de que ella la retirara agitada.
La reunión se alargó un par de horas. Dos horas en las que Edward no fue capaz de alejar su mirada del rostro ruborizado de la mujer de su vida.
Era y estaba hermosa, aunque identificó claramente en su semblante signos de su cansancio.
Seguramente, las noches para ella fueran tan largas como lo eran para él, pensó.
Pero él se encargaría de ponerle fin al tormento que estaba seguro les estaba desgarrando a partes iguales.
Cuando finalmente dieron la reunión por concluida y fijaron una cita para la semana siguiente, Edward apenas se había enterado de lo que allí se había dicho.
Edward y Emmett se despidieron y abandonaron la sala, pero al llegar al enorme vestíbulo, Edward se negó a salir, mientras esperaba que Bella saliera.
Quil salió del edificio en busca del coche que los devolvería al buffet, mientras Bella intentaba refrescarse un momento en el baño.
Cuando se dirigió a la puerta lo vio, de pie en el vestíbulo. Solo.
—¡Bella! —la detuvo poniendo la mano sobre su brazo cuando la vio intentando evitarle —Espera.
—¿Qué quieres, Edward? —preguntó volteándose hacia él pero sin mirarle mientras movía su brazo para que él la soltara.
—Bella, cariño ¿cómo estás? —preguntó con un tono tan tierno y preocupado que la enfureció.
Cuando su mirada oscura se clavó en la de él, sus ojos llameaban furiosos.
—¿Cariño? —rugió iracunda —¿Qué coño te importa?
—Desde luego que me importa —aclaró —Yo estoy desgarrado, destrozado, pero me hiere más pensar que tú lo estés.
—¿Destrozado? ¿Desgarrado? Eres un cínico, Edward —espetó frenética —¿Cómo están tus hijos, Edward? —indagó desafiante levantando el rostro altanera—¿Cómo está Jane? ¿Y Alec?
—Lo siento, Bella. Siento mucho haberte lastimado, pero voy a resarcírtelo con creces —prometió —Estoy arreglándolo, nena. Te prometo que estoy arreglándolo y voy a recuperarte, Bella. Vamos a recuperar lo que teníamos. Solo necesito un poco más de tiempo.
—Vete al infierno —soltó sintiéndose rabiosa —No quiero recuperar nada contigo. Estoy perfectamente feliz tal como estoy. —mintió
Quil se acercó a ellos en ese momento, mirándolos de uno en uno extrañado.
—¿Bella?
—Sí, Quil —respondió girándose hacia su jefe.
—¿Estás lista para irnos?
—Desde luego —le sonrió —Adiós, Edward. Que tengas un buen día. —saludó sin siquiera dedicarle una mirada —Saluda a tus hijos de mi parte.
Edward abandonó el edificio sintiéndose furioso y frustrado.
Emmett no tuvo valor para dirigirle la palabra en el viaje de regreso a las oficinas de Cullen Holdings, pero se imaginaba fácilmente la razón del insoportable humor de su hermano. Y al verlo encerrarse en su despacho, decidió inteligentemente que lo mejor sería evitarlo.
Los ánimos de Bella no estaban mucho mejor, por lo que decidió trabajar hasta última hora para evitar pensar en su doloroso encuentro con su ex novio, o lo que fuese que pudiese llamarse lo que habían tenido.
Verlo la había hecho temblar y estremecerse, y todo lo que había sentido cuando estaban juntos, había vuelto a ella rasgando el muro que había puesto alrededor de su corazón.
Cuando la había interceptado en el vestíbulo de la empresa, por un momento había deseado que la besara de la forma que sólo él sabía hacerlo.
Que la besara y la hiciera olvidar el último mes. Que le dijera que la amaba y que no la había podido olvidar. Que la llevara a su departamento y le hiciera el amor en el sofá del salón porque no tuviera fuerzas para llegar a la habitación.
Pero nada de eso había sucedido.
Edward le había dicho que lo arreglaría, pero no lo había hecho. Y eso para ella, había sido solo una promesa vacía.
Le había pedido tiempo, pero ella no tenía tiempo, porque cada día, su hijo, el hijo de ambos, crecía en su vientre y se perdía la oportunidad de que su padre lo viviera con él.
Intentando no pensar en Edward, llegó a casa y se coló en la ducha para prepararse para su cita de esa noche con Quil. O mejor, su no-cita.
Vestida con un vestido negro, con corte princesa, que se ampliaba levemente por debajo de su pecho, bajó al vestíbulo cuando llamaron al timbre.
Para su consternación, no era Quil quien la esperaba en la puerta, sino Edward.
La mirada de Edward la recorrió de arriba abajo especulativo.
—¿Qué haces aquí, Edward? —preguntó con un suspiro cansino.
—¿Vas a salir? —inquirió él dando un paso al interior de la casa sin ser invitado.
—¿Tú qué crees? No suelo vestirme así para sentarme a ver televisión.
—¿Con quién? —indagó con dureza.
—Con... ¿nadie que te importe? —soltó ella con rabia.
—¿Con quién vas a salir? —preguntó sintiéndose furioso a la vez que se acercaba a ella atrayéndola hacia él con un brazo posesivo en su cintura.
—No es de tu incumbencia —respondió Bella con la respiración entrecortada, mientras sentía su cuerpo reaccionar a la cercanía del cuerpo de ese hombre.
—Ya lo creo que es de mi incumbencia —le corrigió acariciando su rostro con sus dedos —Tú y yo no hemos acabado aún, Bella. Desde luego que es de mi incumbencia.
—Tú me dejaste —susurró ansiando sentir sus labios sobre los de ella —Me dejaste y terminaste con lo que teníamos. Yo estoy siguiendo con mi vida.
—Me equivoqué. —murmuró acariciando con su pulgar el labio inferior de la joven —Me equivoqué y me he arrepentido cada día, pero voy a solucionarlo, nena. Voy a arreglarlo para nosotros —prometió.
El timbre de la puerta les interrumpió y rápidamente Bella se separó de él.
—Es hora de que te vayas, Edward —dijo antes de abrir la puerta.
—Buenas noches —saludó Quil mirando sorprendido de Bella a Edward.
—Hola, Quil —le respondió ella con una sonrisa que ocultaba la tormenta que se debatía en su interior —Edward ya se iba, así que ya podemos irnos —dijo mirando a Edward mientras cogía su bolso y su abrigo.
Ante la mirada molesta de la chica, Edward salió.
—Hablaremos, Bella —dijo haciéndolo sonar como una amenaza, antes de dirigirse a su coche aparcado frente a la casa.
Bella tembló ante su promesa, sin poder decidir si era o no lo que ella deseaba.
La presencia de Quil, la volvió a la realidad y decidió olvidar el encuentro disfrutando de su cita.
No creyó que fuera a resultarle tan difícil.
Disculpas por no haber podido actualizar ayer, pero realmente mis días se están volviendo demasiado complicados, y me temo que por un tiempo irán a más, así que no puedo asegurar que pueda seguir actualizando al mismo ritmo.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer y gracias a todos por el apoyo.
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.
Besitos y a leer!
En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.
NOTA: Supongo que tendrá que ver con que últimamente estoy demasiado cansada, pero la verdad que ya me estoy hartando de recibir insultos o comentarios insultantes de forma anónima. Si no tienes lo que hay que tener, ni te tienes suficiente confianza o alta autoestima como para poder defender tu opinión firmando tu review o dándome un medio para que te conteste, lo mejor es que te abstengas de darla.
Te quejas de que mis capítulos son cortos. ¿Qué quieres que te diga? Si llegaste al capítulo 35 sabes que mis capítulos son cortos, porque siempre lo han sido. Algunos más, otros menos, pero son cortos. Lo siento. Ya me lo han dicho, ya lo sé, pero no puedo cambiarlo, es mi forma de escribir y lo ha sido desde el primer capítulo del primer fic que publiqué de los 16 que tengo. Podría decir que los haré más largos pero no me voy a comprometer a escribir nada diferente a lo que yo quiero escribir. De hecho, si tuviera cómo te haría llegar una lista con el largo de todos los capítulos para que veas que este último no ha sido ni de lejos el más corto.
Me gustaría que supieran que si pudiera publicaría más a menudo, de hecho publicaría a diario, si tuviera tiempo, pero, gracias a Dios, mi vida no se reduce a escribir fics, sino que tengo cosas bastante más importantes que insumen mi tiempo y que en estos últimos días, me insumen más del que imaginaba, así que haré lo que pueda. Lamento no poder hacer más, pero como he dicho millones de veces, esto para mí es un hobby y no puedo ni quiero estresarme por ello, ni poner en juego mi salud, mi trabajo, o mi vida familiar.
Dices que llegado este punto no piensas "entrar en mi juego" y seguir leyendo mi fic, y yo te digo que, llegado este punto, agradezco que no lo hagas, porque me gusta saber que mis lectoras son lo suficientemente listas como para reconocer que una historia no es mejor por tener más reviews ni es peor por tener pocos o ninguno. Si yo pensara que es así, y escribiera solo para tener mayor número de rr, me los dejaría yo misma.
Como autora, te explico, y creo que la mayoría de las autoras pensarán lo mismo, lo bueno de los reviews es ver que la gente te lee, que opina sobre lo que escribes, te dicen lo que les parece bien y lo que no, para que puedas saber si lo estás haciendo bien o no, si tu historia gusta o no. Si me quieren dejar su opinión por PM o por correo o como quieran, a mí me es igual que si lo hacen con un review. Lo importante es el contenido, no la cantidad.
