XXXV.
En casa.
Todo lo que Katarina deseaba en ese momento era recordar la sensación de caminar por sí misma, así que cuando se bajó del equino y soltó las riendas probó dar unos cuantos pasos. Sin embargo, de las puertas dobles de la mansión DuCouteau un proyectil humano fue a estrellarse con ella tan solo unos segundos después.
-¡Tía!¡Tía! – gritaba Lilian mientras arrastraba a Katarina dentro de la mansión.
La noxiana sonreía dejándose llevar por la energía de su sobrina, en tanto veía como Cassiopeia aparecía con un par de criados para encargarse del caballo y lo que hubiere llevado consigo. Pero Katarina apenas había llevado un maletín pequeño con comida, un par de alforjas con agua y un cambio de ropa que solo utilizó porque terminó empapada en un aguacero. Aun así, Cassiopeia hizo que los sirvientes cargaran su equipaje y también que le dieran un poco de vino y hojaldre.
-¿Te vas a quedar no, tía? – preguntó Lilian con la boca llena de biscocho.
-Lilian, come primero… - la reprendió Cassiopeia tomando asiento en la primera sala.
Katarina sonrió, le revolvió el cabello a la niña y se encogió de hombros.
-No lo sé. Depende del General…
Antes de que Lilian pudiera seguir insistiendo con el tema, Cassiopeia le ordenó terminarse el pastel antes de seguir llenando los muebles de migas. La niña lo hizo, pero tampoco pudo seguir interrogado a su tía puesto que la pelirroja se levantó y fue directo a su habitación en el segundo piso con su madre, en tanto ella fue relegada a regresar a su entrenamiento. Aunque las dos mujeres le prometieron que se verían más tarde durante la cena, de manera que, a pesar de sentirse molesta por la exclusión Lilian obedeció sus órdenes y retornó al campo de prácticas.
Entre tanto, en la habitación, Katarina empezaba a deshacerse de su ropa mientras se dirigía al cuarto de baño y Cassiopeia buscaba entre los cajones un cambio de prendas para su hermana, había mandado llenar la tina con agua y esencias desde el momento en que le fue notificada la llegada de Katarina a la capital. Cuando entró al baño, Katarina ya se había metido en la bañera y tenía los ojos cerrados, una señal inconfundible de lo mucho que agradecía las atenciones de su hermana. Sin embargo, Cass tomó una silla y se sentó a espalda de Katarina, luego tomó una esponja y jabón para empezar a lavarle la espalda a la asesina.
-Estás del asco. ¿No te bañaste ni una sola vez? – comentó con una sonrisa.
-Cállate, llevo ocho días cabalgando, lo que menos necesito es que me recuerdes como estoy. Sigue sobando…
-¿Eso es un no?
Katarina levantó el brazo para salpicar a su hermana antes de empezar a reír junto a ella.
-Una vez, pero no tenía jabón.
-Debiste parar en algún lado. También apestas…
-Ya deja de fastidiar.
Durante un par de minutos, todo el ruido que llenó el espacio entre las dos hermanas DuCouteau fue el chapoteó del agua y el rozar de la esponja con la piel de Katarina.
-¿Vas a decirme porque mando por mí el General?.
-Tengo algunas ideas, pero eso no es tan importante ahora. Dime, Katarina, ¿Qué te ha parecido El Bastión? ¿Está como lo recordabas?
-Supongo. No me fije, solo quería llegar así que no presté atención a nada.
Cassiopeia asintió a sabiendas que su hermana no podía verla, quizá estaba depositando demasiada confianza en Katarina pero tenía la certeza que en el momento que prestare atención, la asesina notaría de inmediato el cambio que había sufrido el imperio desde su última vez allí. Después de todo, no había nada mejor que una prolongada ausencia para evidenciar las diferencias entre el antes y el ahora. Aun así, la menor creyó prudente dejarle saber un par de cosas.
-Katarina, debes tener un poco de cuidado, sé que antes hacías lo que se te venía en gana sin consecuencias, pero ahora las personas están algo… prevenidas, no es prudente que vayas buscándote problemas en cada esquina.
-¿En serio?. Qué aburrido, con las ganas que tenía de irme a los puños con el primer estúpido que se me atravesara – respondió la pelirroja con ironía.
-No es que te lo busques, Katarina. Pero por alguna razón, siempre terminas metida en alguna pelea, usualmente con un cadáver de por medio, y, en caso que lo hayas olvidad, ya no cuentas con la inmunidad de antes.
Katarina levantó los hombros y continuó sobándose las piernas, luego el estómago, los pechos y finalmente se lavó la cara. Cuando el agua empezó a enfriarse la pelirroja salió de la tina y se cubrió con una toalla que le facilitó su hermana, luego fue hasta la mesa y se vistió en silencio. Acto seguido, revisó un poco su apariencia en el espejo y bajó al primer piso. Fuera, la tarde comenzaba a caer.
-Sé que es inútil pedirte que vayas a verlo después de cenar, pero al menos llévate algo para para picar en el camino. En caso que no regreses esta noche al menos tendrás algo en el estómago.
-Cassiopeia. Entiendo los afanes del instinto materno, pero he pasado días sin probar bocado, no tienes por qué preocuparte tanto. Voy a estar bien…
-Eso espero. Ya vete, el caballo debe estar listo, si se te antoja hay carne y pan en la bolsa. Yo me encargo de Lilian.
Sin esperar más, Katarina abandonó la mansión y subió a la yegua que le dieron. Recorrió las calles del Bastión sin detenerse a analizar lo que veía. Pero, incluso para ella, era extraña la actitud que notó en la gente que se arremolinaba a lado y lado de las calles, todos parecían tensos y giraban para verla pasar, como si creyesen que de no hacerlo un chuchillo les atravesaría el corazón. A medida que se acercó al comando, el número de gente disminuyó, las calles se llenaron de soldados que perdían el tiempo en grupitos de cinco o seis. Reían y parecían contar historias, algunos claramente borrachos y otros lo suficiente tomados para que fuere Katarina quién los mirase al pasar. Al llegar al portón, la asesina tuvo que abandonar su montura y al hacer el resto del trayecto a pie, Katarina comprendió la pregunta de su hermana.
Allí dentro, los soldados no estaban en mejores condiciones. En lugar de entrenar, de prepararse para las próximas batallas los hombres y mujeres parecían disfrutar de una fiesta eterna, jarras de licor vacías se apilaban en las mesas, debajo de ellas, en los rincones, en los pasillos, cerca de los muñecos de entrenamientos. En general, en cualquier lugar que viere podía encontrar soldados borrachos y los recipientes vacíos cerca de ellos, pero eso no era lo peor. Lo que la asesina encontró más desagradable, fue atestiguar los grupos que parecían demasiado enfrascados en sus orgias públicas para recordar que eran legionarios noxianos y no mercenarios de pueblo.
Katarina apretó los puños, y siguió adelante acelerando el paso, pronto se encontró ene l jardín interior, dónde la situación parecía mejorar pero no demasiado. Había un montón de gente cerrándole el paso, y aunque intentó abrirse pasó, solo consiguió que la empujaran y se apretujaran todavía más. Era cierto que pudo haber buscado otra ruta, pero la pelirroja estaba ya lo suficiente ofendida para tomar una de sus dagas y cortarle el cuello al sujeto que la había empujado primero, luego a un segundo. Observó satisfecha como los demás le abrían espacio, hasta que se encontró en medio de la muchedumbre y descubrió el origen de todo el alboroto.
Al parecer, los soldados habían abierto su propia versión de una arena de gladiadores pues en el centro del improvisado cuadrilátero había un par de chiquillos llenos de golpes, con el rostro y los nudillos ensangrentados que jadeaban mirando nerviosos en todas direcciones. Al posar sus ojos sobre Katarina, ambos brincaron y se colocaron en posición de guardia, pero ninguno atacó. La pelirroja miró entonces su alrededor, había un par de cadáver cerca, sus rostros inflamados y lacerados daban cuenta de cómo habían fallecido.
-Fuera de mi camino – espetó Katarina guardando su arma y empezando a caminar en dirección al edificio central.
Los dos se miraron y empezaron a darle paso, pero un tercer sujeto se adelantó de un costado y detuvo a la pelirroja colocando una de sus manos en su hombro izquierdo.
-Entras a la arena, peleas. Son las reglas…
Katarina apenas miró al sujeto, luego a los chiquillos que pasaron saliva alternando la vista entre ella y el hombre. La pelirroja aprovechó el momento para detallarlos un poco, eran muy parecidos, así que debían por lo menos ser hermanos, también eran bastante jóvenes quizá ni siquiera pasaban e los quince años. Eran algo escuálidos, pero ya mostraban los músculos definidos de un soldado, pero fueron sus ojos azules y su cabello plateado lo que verdaderamente llamó su atención. No obstante, el sujeto que había hablado primero tuvo la pésima idea de empujarla. En segundos, Katarina le había clavado un cuchillo justo entre los ojos, fue tan veloz que los demás espectadores apenas pudieron reaccionar: entre ellos, un par de sujetos se lanzaron contra ella y no tuvo problemas para despacharlos también, luego otros tres se sintieron valientes y un cuarto que murieron antes de poder tocarle un solo cabello.
La gresca empezaba a cobrar proporciones épicas cuando uno pareció reconocerla, e intentó detener la pelea pero solo consiguió un puñetazo en la cara y que la multitud exaltada se abalanzara unos contra otros sin ninguna lógica. Katarina lanzo una de sus armas tan lejos como pudo y se transportó dejando atrás el problemita que acababa de crear.
Iba ya a medio camino del edificio principal cuando un contingente de soldados pasó por su lado, seguramente iban a detener la riña, así que no les prestó atención, pero cuando un segundo grupo hizo aparición Katarina se detuvo en seco y esperó.
El General DuCouteau hizo una señal para que se detuvieran, caminó delatante del grupo hasta quedar justo frente a su hija mayor y la observó durante algunos segundos antes de hablar.
-Ni siquiera llevas aquí una hora y ya estás matando mis hombres.
-¿Esa basura son sus hombres?. Creo que le hice un favor… General.
-Sígueme.
Acto seguido, el General do media vuelta y se adentró en el edificio, Katrina hizo como le ordenó y se mantuvo a una distancia prudente, siempre vigilada por la escolta de su padre, que al parecer no se fiaba de ella en lo mínimo. Después de caminar varios minutos, la escolta se quedó atrás y Katarina entró en el despacho de su padre.
-Necesito que hagas algo Katarina, pero primero vas a regresar a casa. Pasa la noche con tu hermana y Lilian, toma la calle principal y asegúrate que te vean la cara…
-No entiendo – empezó la noxiana.
-No hay nada que pensar. Solo sigue mis órdenes. Te quiero mañana aquí con la primera luz del día, sin retrasos, toma la misma ruta que tomes hoy.
Katarina apretó los dientes, pero asintió un par de veces y se quedó de pie esperando más instrucciones. Sin embargo, el General dio media vuelta y regresó al escritorio dónde comenzó a revisar algunos informes atrasados. Al ver que su hija no se marchaba, Marcus giró sobre sí mismo y la encaró una vez más.
-Largo.
-Si, General.
Con eso, la asesina abandonó la habitación con dos largas zancadas, la sangre hervía en sus venas como si fuere lava fresca de un volcán en plena ebullición. Más al llegar a la puerta, el General la llamó de nuevo, aunque sin despegar la vista de los documentos.
-No mates mi basura al salir.
Como le hubiere a Katarina gustado dejar un rastro de cadáveres a su paso, pero debía contenerse. Su padre estaba igual de distante que desde el incidente, también parecía ocupado en otros asuntos y no tenía el mejor aspecto. No había mucho por hacer, ella no tenía idea de que transpiraba en Noxus, pero quizá Cassiopeia aflojaría la lengua con el incentivo adecuado.
Al salir, Katarina vio como algunos soldados limpiaban los rastros de sangre que dejaron los cadáveres. Ninguno se giró para verla pasar, de modo que sintió un leve gusto al pensar que habían escarmentado y no se meterían en su camino. No obstante, el chiquillo que había estado luchando en la arena le salió al paso y la obligó a detenerse.
-Mi hermana y yo no tenemos mucho, pero déjeme ponerme a su servicio.
-Mocoso, no estaba ayudando. Solo tenía prisa y todos ustedes me estorbaban, que tuvieran el cerebro para hacerse a un lado en lugar de seguir como pasmarotes es diferente…
-Si. Es posible, pero no cambia el hecho de estamos vivos por usted.
-Bien. Fuera de mi camino si quieren seguir así…
-Mi nombre es Fren – respondió el muchacho colocándose de rodillas -. Por favor señorita, déjeme servirle. Soy… una carga para mi hermana, ella es más fuerte si no tiene que estar cuidando de mí…
Katarina bufó fastidiada. Lo que menos le interesaba en ese momento era hacerse cargo de un niño, pero, por otro lado, era la primera vez que se le presentaba la oportunidad de tener un sirviente, uno propio. Y, más importante, ese gesto parecía devolverle un poco la fé en el Noxus que dejó atrás.
-¿Qué sabes hacer?- preguntó al cabo de un rato.
-Lo que usted mande.
-¿De dónde eres?
-Del norte, mi señora. Mi padre era noxiano y mi madre freljordiana. Pero ambos murieron, en una emboscada. Mi hermana ha cuidado de mí desde entonces…
-¿Y dónde está ella?
El chico se levantó y señaló una tienda al fondo del patio, aislada de las demás. Katarina le entregó uno de sus cuchillos y le ordenó esperar por ella fuera del comando. El chiquillo obedeció, de modo que la pelirroja fue hasta la tienda y entró sin anunciarse. Dentro, una chica se vendaba los brazos y saltó a por su espada tan pronto la vio, pero siendo más veloz no le costó mucho darle sacarle el aire con un rodillazo y lanzarla sobre la cama.
-Recoge todo, vienes conmigo…
-Quien…
-Tu hermano está esperando. Esta pocilga no es para noxianos de verdad…
Acto seguido, Katarina salió del lugar y caminó a paso rápido hasta la salida. Su nuevo sirviente la esperaba con las riendas de su montura, subió al animal y esperó hasta que vio a la distancia como la chica corría hacia ellos. Una vez que estuvo segura de que no los perdería de vista dio la orden para marchar, y, tal como dijo el General, tomó la calle principal, desviando por el distrito de mercaderes para acortar un poco el camino y exponerse tanto como le fue ordenado.
Esta vez Katarina prestó atención a la gente, n tardó mucho en notar lo prevenidos que parecían todos, la mayoría caminaba silencioso y cabizbajo, muy atento a su entorno y a los demás. La pelirroja había recorrido muchas veces zona y siempre estuvo abarrotada de gente, pero ahora solo había unas pocas personas que negociaban sus bienes y se marchaban entre los callejones como alimañas asustadas. También vio un contingente de soldados, marchaban a un costado de la calle bajo el ojo vigilante y expectante de todos, estaba claro que no eran bienvenidos allí pero que nadie se atrevía a decírselos, o a impedirles continuar su camino.
-Oye, mocoso – llamó Katarina.
-Si, señora…
-¿Cuánto llevan aquí?
-Cinco meses, señora. Desde que la fortaleza de Delverhold cayó.
-¿Esta calle, estaba igual de desocupada hace cinco meses?
-Un poco menos, mi señora. Pero no sabría decirle con certeza. Mi hermana solía patrullar esta área cuando llegamos y solía decirme lo diferente que era de cómo imaginó la capital.
Katarina detuvo su caballo y esperó que la muchacha les diera alcance.
-Busca pelea con esos soldados – ordenó Katarina bajando de su montura.
Aunque no entendía la razón, la muchacha obedeció y fue directamente a romperle la nariz a uno de los soldados. Los demás intentaron responder, pero la asesina apareció en medio de todos y los despachó en cuestión de segundos, la gente los miró con curiosidad, pero nadie hizo el menor ademán de intervenir. De hecho, Katarina adivino por la forma en que miraban a los soldados que se alegraban de verlos muertos. Fue ese el momento en el cual la pelirroja comprendió que la fuerza militar de Noxus no era bienvenida en su propia capital.
Aquello no tenía sentido, las legiones eran el orgullo de todo noxiano. Cada mujer y hombre soñaba con formar servir a su imperio demostrando su fuerza en combate, su valía en el fervor de la batalla. Entonces, porque ahora parecían alegrarse de ver caer sus soldados. Katarina aceleró el paso, dejó atrás a sus sirvientes y confió que llegarían a la mansión por sus propios medios. Ordenó que los dejara seguir, que les dieren comida, una ducha y ropa. Luego, se encerró con Cassiopeia.
-¿Qué demonios está pasando aquí?
-Lo notaste. Bueno, ni siquiera sé por dónde comenzar…
-.-.-.-.-.-.-
Muchas gracias a todos los que leer, se los quiere, en serio. Me gusta saber que piensan, y si, Kahina llegando tarde, aunque es un personaje que me gustaría que salga más. A lo mejor lo incluyo en otras historias…
Tengo demasiado calor, no puedo jugar el maldito Odyssey pq la temperatura de la GPU se va a la mierda, y no, no tengo enfriamiento con nitrógeno. No soy tan adinerada.
