— Porque él se ve mejor que yo con un lei*, corazón, —respondió Kurt a la pequeña Alice mientras se sentaba feliz sobre sus rodillas.
— Él baila gracioso, —dijo la pequeña niña, arrugando la nariz mientras miraba a Blaine tratando de bailar el hula junto con varios clientes más.
— Eso es porque tu papi sigue dándole cócteles, —dijo Kurt con conocimiento.— Creo que va por el cuarto. Puede no parecer mucho, pero es mortal.
— ¿Qué es "mortal"?
— La forma en que está bailando tu papi justo ahora. —Kurt se volteó para encontrar a Teresa, la esposa de Jonathan, sonriendo junto a ellos.— ¿Lo estás pasando bien? —preguntó ella cortésmente.
— De lo mejor, —sonrió Kurt feliz.— Todas estas vacaciones... estar aquí... conocerlos a ustedes... ha sido increíble. Sé que no voy a querer irme.
— Oh, lo sé. Es regresar al lúgubre Hampshire para nosotros. De hecho no es lúgubre en absoluto, es sólo que... no es Hawaii. ¿Cómo es Lima?
— No es como Hawaii, —sonrió Kurt con tristeza.— Conservadores, intolerantes, mezquinos, despectivos... y podría seguir...
— Wow.
— Tengo amigos, —agregó Kurt mientras hacía girar el popote en su vaso.— Amigos muy queridos, y Blaine también. Pero es que... En realidad no es un lugar totalmente acogedor para una pareja gay.
— ¿Entonces por qué siguen ahí? —le preguntó ella mientras acercaba su silla.— ¿Por qué no ponen manos a la obra y se mudan a California, o a Nueva York? A un lugar más tolerante.
— Lo haremos, el próximo año. Espero que a Nueva York- quiero ir a NYADA a estudiar teatro musical.
— ¿Por qué hasta el próximo año? ¿Por qué no ahora?
— Porque mi papá me mataría si no me gradúo de la preparatoria, —se rió Kurt.
— ¿Perdón?
— Um... Todavía estoy en la escuela. Tengo diecisiete -a punto de entrar a mi último año.
— Oh Dios mío, ahora me siento vieja, —Teresa rió.— No tenía idea. Simplemente asumí que eras un graduado de la universidad. Entonces... ¿Cómo encaja Blaine en todo esto?
— ¡Ja! ¿De verdad quieres saber? Te puedes sorprender.
— ¡Oh, vamos! Soy inglesa. Has visto a la familia real. Nada puede sorprenderme.
Kurt rió, poniendo a Alice de pie, quien corrió animadamente hacia Jonathan y Blaine, que ahora bailaban en una línea de conga.— Okay... Nos conocimos cuando yo tenía quince.
— ¡Qué lindo! —aplaudió Teresa llena de emoción.
— Sí. Nos... no lo sé. Nos atrajimos mutuamente, supongo. Simplemente... lo supimos. Supimos que había algo entre nosotros en el segundo en que nuestros ojos se encontraron. Pero entonces Blaine se rehusó a salir conmigo por mi edad, y pasamos meses rondándonos mutuamente, Blaine dejando que su conciencia fuera su guía, y yo siendo un malhumorado y hosco adolescente. Entonces mi padre tuvo un ataque masivo al corazón. Sobrevivió, —agregó rápidamente.— Pero fue complicado. Blaine fue mi ancla. Llegamos a conocernos mejor, sin todos los juegos tontos y pretensiones porque yo estaba en mi momento más vulnerable y Blaine... Blaine estaba justo ahí. Con las palabras adecuadas, la sonrisa correcta, el abrazo perfecto... y luego él hizo la cosa más linda. Fue con mi padre para pedirle permiso de salir conmigo. —Kurt sonrió complacido y le lanzó un beso a Blaine, quien a cambio, alzó su vaso de agua hacia él.
— Eso es lindo. Blaine es todo un caballero.
— De verdad que sí. Ha tenido que esperar demasiado, —se aclaró la garganta torpemente antes de continuar.— Pero un año. Un año más y podremos escapar.
— Debes tener unos padres muy comprensivos, para dejarte ir de vacaciones con tu novio.
— Así es. Mi papá y mi madrastra adoran a Blaine. Él tiene una relación muy divertida y extraña con mi papá.
— ¿Y qué pasa con sus padres?
— Son adorables. Su mamá le dice a todo el mundo "querido", ya sea a uno o a cien. Habla sin cesar y usualmente se las arregla para avergonzar a Blaine de alguna manera sin querer. —Kurt sonrió con cariño ante el recuerdo de los Anderson y de lo mucho que habían llegado a significar para él.
— Y los apoyan, ¿no es así?
— Oh sí. Completamente.
— ¿Y qué va a estudiar Blaine?
— ¿Estudiar?
— En la universidad, —aclaró Teresa.
— ¡Oh!... Debí haberme saltado algo acerca de Blaine y yo. Él tiene treinta y dos.
— Oh, ya veo, —Teresa asintió.— Es una gran diferencia de edades. Me alegro de que hayan hecho que funcionara. Bueno, para que conste, yo tengo treinta y cuatro y Jonathan treinta y siete. Alice tiene cinco. Ahora que ya sabemos nuestras edades, creo que podemos continuar con el resto de nuestra velada, ¿no lo crees?
— Gracias, —susurró Kurt con gratitud.
— Vamos, —Teresa lo puso de pie y besó su mejilla.— Si no puedes vencerlos, únete a ellos, supongo.
— Heyyyy, nene sexy, —Blaine canturreó cuando colocó un lei en el cuello de Kurt y lo acercaba más hacia él.
— Alguien está borracho, —señaló secamente.
— No estoy tan mal. Sólo un poquito mareado. ¿Tú estás bien?
— Perfectamente. De hecho podría unirme a ti con un coctel.
— Estoy bebiendo agua, —dijo Blaine con una pizca de orgullo.— No quiero perder la compostura. Sin embargo te traeré uno, —dijo mientras lo llevaba hasta el bar.
Una hora después seguían bailando, aunque su hula se había transformado en un balanceo suave con sus cuerpos presionados juntos al compás de la música mientras la pista de baile se iba vaciando poco a poco. Jonathan llegó con Alice dormida en sus brazos y les agradeció por una muy agradable velada.
— Fue muy divertido, —dijo Teresa por su parte.— Mañana iremos a un viaje en yate, ¿quieren unirse a nosotros?
— Claro. —ambos accedieron rápidamente y luego se dieron las buenas noches.
Mientras caminaban de vuelta a su cabaña más tarde, Kurt le iba relatando su conversación a Blaine, sonriendo cuando Blaine se rió.
— ¿Qué es gracioso?
— Que Jonathan me dijo lo mismo. Yo estaba algo avergonzado. Hablamos de su trabajo y del mío, después él me preguntó que cómo te ganabas la vida, así que le dije que seguías en la escuela y que eres quince años menor que yo. Me felicitó, —se rió lleno de orgullo.— Luego me dijo que no tenía importancia, que les agradamos a ambos y que podían ver que estábamos compenetrados.
— Me agradan mucho.
— A mi también. Y Alice es linda.
— Son nuestra primer pareja de amigos, —dijo Kurt emocionado.
— Así es. —Abriendo la puerta, Blaine hizo pasar a Kurt a la habitación donde la conversación se detuvo abruptamente cuando cayeron uno en brazos del otro.— Dios, extrañé esto, —gimió Blaine mientras acariciaba suavemente los brazos de Kurt.— Abrazarte cuando nadie está mirándonos es mucho mejor que abrazarte en una habitación llena de gente.
Se besaron sin prisas, sin presiones, cayendo abrazados sobre la cama. Kurt disfrutando de pasar sus manos en el cabello de Blaine mientras dejaba que su lengua explorara su boca antes de separarse con un jadeo.
— Oh Dios. Besarte es tan excitante, —sonrió Kurt, recorriendo con un dedo su fuerte mandíbula.— Eres tan increíblemente sexy, ¿lo sabes? Sin embargo me gustaría que me dejaras intentar lo del tapón anal, —bromeó.
— ¿Cuántos cócteles bebiste?
— Uno, —rió Kurt mientras lo atraía hacia él.— Sólo estoy tomándote el pelo. Pero amo sentir tu boca en la mía. Es increíble. Tú eres increíble.
Compartieron besos hasta que cayeron en un profundo y encantador sueño. Su viaje en yate al siguiente día fue idílico. Pasaron el tiempo buceando en el mar profundo, sosteniendo a Alice cuando jugaba contenta en el agua y los abrazaba a ambos mientras miraban al pez que nadaba entre sus piernas. Para el momento en que regresaron a la isla, una sólida amistad se había establecido entre los cuatro, con promesas de mantenerse en contacto. Blaine abrió la boca para decir que los verían en la cena, pero Kurt lo interrumpió, diciéndole que ya tenían planes -lo que hizo que los ojos de Blaine se abrieran como platos mientras Teresa se reía a carcajadas.
— ¿Qué planes? Me acabo de recuperar, —dijo Blaine mientras caminaban hacia su habitación, pero había una chispa de excitación que se disparaba a través de él cuando puso su barbilla sobre el hombro de Kurt en lo que buscaba la llave.
— Planes para cenar, —dijo Kurt simplemente.— No entres en pánico.
— No lo hice, —sonrió mientras se dirigía al baño y llamaba a Kurt con un dedo.— Todavía no es hora de la cena.
— ¡Blaine! —Kurt fingió una inocente sorpresa, sonriendo cuando escuchó la risa de Blaine desde el baño.
— Oh, mira Kurt, podemos estar en la bañera y mirar el océano, —le dijo, luego abrió los grifos y esperó. Como era de suponerse, segundos después, un desnudo Kurt llegó, cayendo ansiosamente en sus brazos y besándolo amorosamente.
— Hmm, me parece recordar que querías estar en la bañera y mirarme en lugar del océano, —comentó mientras pasaba sus manos sobre el pecho de Blaine.
— Me gustaría estar en la bañera y ver cómo te tocas, sí, —los ojos de Blaine recorrieron el cuerpo de Kurt con adoración mientras la bañera se llenaba, notando la manera adorablemente sexy en que el rubor se extendía por todo el pecho y cuello de Kurt antes de alcanzar sus mejillas y la punta de sus orejas.
— Okay.
— ¿Qué acabas de decir? —le preguntó Blaine mientras se sentaba en el borde de la bañera en shock.— En serio, ¿qué?
— Dije que sí. Entra a la bañera y te daré un espectáculo.
— ¿Estás bromeando? —Kurt sonrió ante la forma en que las manos de Blaine se agarraron al borde de la bañera tan fuerte que los nudillos se le pusieron blancos, sus ojos se agrandaron y prácticamente salivó mientras esperaba la respuesta de Kurt.
— Es en serio. Entra. Regresaré en un momento.
— ¡Es como una maldita Navidad! —chilló Blaine feliz mientras entraba a la enorme bañera circular.
Kurt regresó con el lubricante en una mano y se sentó del lado opuesto a Blaine, bloqueándole la vista del océano mientras metía los pies en el agua.— Entonces... Dime qué quieres que haga, —dijo Kurt, y Blaine notó el nerviosismo en su voz que desmentía su confiado exterior.
— Nada, —dijo Blaine con una suave sonrisa.— Entra en la tina conmigo y déjame abrazarte.
— ¿Qué? No. Tú querías...
— Lo sé. Y tengo que admitir que es una de mis fantasías... ver como te das placer. Pero no estás seguro. Lo veo en tus ojos.
— Pero yo...
— Kurt. Entra.
Deslizándose bajo el agua, se recostó contra el pecho de Blaine, jugando distraídamente con los gruesos vellos antes de besar sus labios suavemente.
— Gracias.
Blaine lo besó de vuelta, la acción transmitiéndole algo más que palabras mientras le retiraba suavemente un mechón de cabello de los ojos.
— Todavía estás duro, —notó Kurt con una mirada de sorpresa en su cara.
— Kurt. Estás desnudo contra mi. ¿Qué esperabas?
— En ese caso... —Kurt se acomodó en el lado opuesto de la bañera con una sonrisa juguetona en sus labios mientras miraba fijamente a Blaine.— Tal vez podríamos hacer esto juntos.
— Oh, mierda...
— Dime por qué es tu fantasía, Blaine.
Blaine siguió mirándolo por un momento, asegurándose de que Kurt luciera cómodo, pero parecía que se sentía mucho más contento estando en el agua con Blaine, menos vulnerable y expuesto. Pasó su pie a lo largo de la parte interior de la pierna de Blaine, deteniéndose provocativamente en la parte superior de su muslo antes de retroceder lentamente.
— Porque eres caliente, —dijo Blaine, excitándose claramente a cada segundo.— Y... quiero verte dándote placer a ti mismo. Y de verdad, quiero ver tu cara mientras te vienes, eso es lo mejor.
— Entonces tiene sentido que hagamos esto juntos, —delcaró Kurt.— Porque en caso de que no lo sepas, también creo que eres caliente, increíblemente sexy y el mejor amante que podría existir. —Ladeo su cabeza y sonrió dulcemente,— y cuando te vengas, quiero escuchar mi nombre en tus labios.
— Incómodo mi culo, —se quejó Blaine mientras acariciaba los pies de Kurt bajo el agua.
— Será más tarde, —bromeó de vuelta.
— Te lo dije una vez, eres un enigma. Dios, te amo tanto.
— Dime, Blaine. Dime qué hacer.
— Oh Dios. Excítate, Kurt. Pero no te apresures. Ve despacio. Quiero ver todos esos pequeños suspiros escapando de tus labios. Amo la forma en que te muerdes el labio inferior, como lo jalas entre tus dientes y cómo tu respiración se vuelve entrecortada mientras juego con tus pezones. Haz eso, Kurt.
Kurt lo complació, pasando un mojado dedo provocativamente sobre sus pezones, mirando a Blaine en todo momento, haciéndolo estremecerse de placer mientras su mirada se oscurecía.
— Mierda, Kurt, eres un provocador. Quiero ver cómo te acaricias el pene... ¡Joder! —dijo rápidamente mientras Kurt se tocaba con un gemido.— Esto es mucho mejor que Navidad.
— ¿Te gusta, Blaine?
— Sí, —suspiró feliz.— Es como si nuestras llamadas telefónicas hubieran cobrado vida.
Sonriendo mientras seguía frotando su miembro lentamente, Kurt asintió en dirección a Blaine.— Tu turno.
Blaine gimió dirigiendo su mano hacia abajo, impulsándose hacia adelante ligeramente para envolver sus pies alrededor de la cintura de Kurt.— Oh Dios, Kurt... esto es tan caliente... mirarte.
Un silencio cayó, ambos tratando de mantener sus ojos abiertos contra el inminente placer de ver al otro, el sonido del agua chapoteando en la bañera haciendo eco en toda la habitación. Todo se volvió demasiado para Kurt, que se acercó rápidamente hacia Blaine, acunando su rostro con su mano libre y besándolo desesperadamente.— No está bien... sin besarte... no está bien. Blaine, te amo.
— Yo también te amo... mierda... esto es tan caliente. No puedo. Necesito tocarte.— Envolvió su mano alrededor de la de Kurt, olvidando su propio placer por un momento mientras ambos perseguían el orgasmo de Kurt, los dos gimiendo mientras se venía. Su rostro era un cuadro de exquisita belleza para Blaine, quien jadeó mientras Kurt lo tomaba en su mano y se venía casi inmediatamente con el nombre de su novio en los labios. Cayendo hacia adelante, Kurt descansó su cabeza en el hombro de Blaine.
— Se volvió mejor de lo que esperaba, —murmuró débilmente contra su cuello.
— Hemos arruinado el agua de la bañera, —rió Blaine.— Vamos. —Saliendo de la bañera, sacó dos suaves toallas de la estantería y envolvió a Kurt en una, besando la punta de su nariz ligeramente.
— Lo siento... no pude...
— Kurt, no importa. Dijimos que este viaje era para experimentar, hemos experimentado y encontrado la forma en que nos viene bien a los dos.
— Lo haré un día, ya sabes.
— No tengo duda de eso, —dijo Blaine con una sonrisa mientras lo abrazaba fuertemente.— Para cuando cumplas veintiuno, no creo que haya nada que nos quede por probar.
— Tienes grandes esperanzas, Sr. Anderson, —dijo Kurt juguetonamente.— Esperanzas que con mucho gusto disfrutaré.
Se vistieron rápidamente y Kurt se vio muy tentado a desgarrar la camisa blanca de Blaine y quitársela en el segundo en que se la puso. Acentuaba su piel bronceada a la perfección, y toda su cara parecía brillar de felicidad mientras esperaba por Kurt.
— Me encantas en azul claro, —dijo Blaine, pasando sus dedos alrededor del cuello de su camisa.— Acentúa tus ojos.
— Y tú me encantas en blanco, —sonrió.— Vámonos.
— Puerta equivocada, —dijo Blaine mientras Kurt se dirigía hacia la puerta que daba a la playa.
— No necesitarás tus zapatos, —fue la única respuesta de Kurt cuando caminó hacia afuera y un curioso Blaine lo siguió.
— ¿Qué es todo esto? —A la orilla del agua había una mesa para dos, pequeñas luces nocturnas centelleaban en frascos de vidrio. Los lugares ya estaban establecidos.
— Es para nosotros, —entrelazando sus dedos con los de él, llevó a Blaine -aún desconcertado- hacia la mesa, retirando la silla para él antes de sentarse y servir dos vasos de agua.— ¿Debí haber conseguido vino? —Kurt se preocupó en voz alta.— Debí haber traído vino. Tal vez...
— Kurt. No necesito vino para mejorar mi tiempo contigo. Mírame. —Kurt lo miró tímidamente bajo sus pestañas, acelerando el corazón de Blaine. Fueron interrumpidos por la llegada del mesero, que pareció surgir de la nada y colocó la cena -atún a la plancha- para desaparecer casi en silencio.— Kurt... ¿cuándo planeaste todo esto? ¿Por qué planeaste todo esto? —agregó con una media sonrisa.
— Has estado durmiendo como tronco desde que llegamos, —comentó Kurt con una sonrisa indulgente en su dirección.
— Porque me has dejado exhausto cada noche, niño descarado.
— Bueno, como sea, viejito. Fui al edificio principal esta mañana y arreglé todo, regresé, me metí a la cama junto a ti, y tu ni cuenta te diste que me había ido.
— Lo siento.
— No lo sientas, —sonrió Kurt.— ¿Y en cuanto al por qué?... Te amo. Me has hecho tan feliz y es que... tal vez no lo demuestro... No soy tan bueno con las palabras como tú, pero eso no significa que no piense esas cosas. Quería una cena romántica y privada para celebrar el ser como eres, y a nosotros siendo como somos.
Sonriendo con lágrimas en los ojos, Blaine miró hacia su plato y se aclaró la garganta.— No tenías que hacerlo.
— No. No tenía que hacerlo, pero quise hacerlo. Dos cosas diferentes. Pero justo ahora, necesitamos comer.
Mucho tiempo después de haber terminado de cenar, Blaine descansaba feliz entre las piernas de Kurt en la arena -sus manos descansando en sus rodillas, su cuerpo de espaldas contra el pecho de Kurt. Tarareando de satisfacción mientras los dedos de Kurt se sumergían en el cuello abierto de su camisa.
— No puedo esperar por nuestro futuro, —dijo Kurt contra el aire tibio.
— Este es nuestro futuro, —dijo Blaine, inclinando la cabeza hacia atrás para besar la mejilla de Kurt.— Justo ahora. Cada segundo de cada día.
— Cierto. Pero esta semana contigo me está haciendo vislumbrarnos en cinco años. Y me encanta.
— No siempre será así, —señaló Blaine.— Aunque me gustaría que pudiera serlo.
— Oh, lo sé,—dijo Kurt a la ligera.— Sé que habrá malos momentos. Sé que habrá argumentos tontos sobre de quién es el turno de sacar la basura, o quién se comió la última de las galletas... Que serás tú, por supuesto, —se rió ante el golpe juguetón en su pierna,— Sé que habrá momentos en el que no podremos soportar la mirada del otro, o momentos en los que querremos encerrarnos lejos del resto del mundo. Pero sé que a final de cuentas -para mi- es todo acerca de ti. Y no puedo esperar para amarte, para acariciarte y cuidarte día tras día por el resto de nuestras vidas. Te prometo, Blaine, que siempre voy a estar agradecido por ti, y por la forma en que me amas tan completamente. Nunca te daré por sentado a ti o a nuestro amor, porque es todo lo que pude haber esperado y más.
— ¿No me habías dicho que no eras bueno con las palabras? —Girando en sus brazos, la voz de Blaine se volvió ronca de emoción mientras se recostaba encima de Kurt y lo besaba amorosamente.— Todo lo que acabas de decir, son el tipo de cosas con las que había estado soñando desde que era un niño pequeño. Un final feliz con el hombre de mis sueños. Y puedo verlo también, porque está pasando justo ahora. Esto es para nosotros, para los dos. Y es un pensamiento bastante embriagador para hacerle frente, por no hablar de ti. Pero el hecho de que puedas, de que quieras esto tanto como yo, y con sólo diecisiete... simplemente me reitera que somos el uno para el otro. Seamos honestos, no tenemos un camino fácil por delante. Muy pronto regresaremos al trabajo y a la escuela -y tu último año será condenadamente duro para ambos- momentos apresurados para compartir cuando tengamos la oportunidad. Pero entonces, cuando te vea graduarte, será el momento de mayor orgullo de toda mi vida. Espero que el próximo año, por estas mismas fechas, nos encontremos descansando en alguna playa antes de que te vayas a la universidad.
Kurt no dijo nada, confiando en su capacidad de hacer a Blaine cambiar de parecer el próximo año. Se besaron perezosamente por un largo tiempo, hasta que el sonido de unas voces se hizo más fuerte y se separaron a regañadientes.
— Aww, miren a los tortolitos, —dijo Jonathan desde la playa.— Iremos adentro, ¡no se detengan por nosotros!
Blaine levantó una mano a manera de saludo, después miró a Kurt con una suave sonrisa.— Tal vez debamos ir adentro también, —le susurró.— Creo que esta noche ha sido completamente perfecta y quiero que me hagas el amor antes de dormirme en tus brazos.
*Lei: Palabra hawaiana que designa a una guirnalda o corona. La noción más popular de un lei en la cultura hawaiana se refiere a una corona de flores que adornan el cuello y que se obsequia al llegar o marchar como símbolo de afecto.
