Feliz Pascua a todos, mi conejo de Pascua y yo les deseamos lo mejor para que… sean felices. Hoy es mi último capítulo de semana santa, pero ya la semana entrante tengo más, tengo hasta el capitulo 39 listo, así que no será problema actualizar rápido, quizás para el jueves o viernes tenga el próximo. Un saludo a todos y sean felices.

Capitulo 34. ¿Escrito en el futuro?

"Espero que Maynard sea feliz con ella… pero espero que cada vez que esté con ella en la cama piense en mi. Y que el anillo de matrimonio que le dará en algunos años pudra su dedo… ¿Por qué me engaño? Me siento tan desplazada y traicionada, incluso aunque Maynard quiera saber de mi, se que se mueve por la lástima y capricho, como una tortura lenta y pestilente. Como un engaño, si sus palabras fuesen ciertas habría esperado en el infierno tal como yo lo hubiese hecho por él, pero el no sería capaz de hacer eso y antes de ponerle a prueba luego de tantas promesas falló al primer intento. Ahora él mismo no es capaz de dejarla a ella… no puede, porque ella es su mundo ahora. Fui reemplazable, tan solo atraída por palabras vacías con el objetivo que significaran algo, y yo caí. Es un Snape, ¿en qué estaba pensando cuando creí que esto funcionaría? ¿Por qué me aferré tanto a algo para salvar mi vida si ahora eso mismo es lo que me hace morir lentamente…?

No me puedo engañar, porque debajo del odio que siento, el resentimiento de saber que fui echada a la basura, la herida que sangra por ser reemplazada, se que aun soy débil y que aun quiero verle a mi lado, pero dolería más sin duda… no puedo esconder que mi cuerpo lo necesita desesperadamente. Una parte de mi es agresiva y carece de lógica, esa parte de mi desea colarse en su cama y volver a las sensaciones físicas que alguna vez se sintieron tan bien. Pero no debería ser… pero allí está esa bestia en mi interior, esperando que mi razón sea débil para poder atacar a mi objetivo. Incluso sabiendo que lo que hago está mal, está mal desear a alguien de esa manera

¿Por qué tenía que hacerme esto?

¿Por qué no me morí cuando debí?

¿Por qué tuvo que salvarme aquella noche?

¿Por qué sigo soñando con su cara y su olor?

Es aterrador verle en sueños, ya que verlo tan cerca y saber que no es real desgarra mi alma. Lo que una vez existió, la felicidad que nunca duró… Y sentirle cerca para despertar sola me hace sangrar por dentro aunque mi cuerpo ahora está sanando. Mis muñecas han sanado lentas pero seguras, pero por dentro me caigo en pedazos. Habría muerto para saber que me amaba, y ahora estoy sola. No quiero volver a soñar sabiendo que lo volveré a ver, no quiero descansar sabiendo lo que debo enfrentar. ¿Y si tan solo todo desapareciera?

Hazlo desaparecer

Hazlo desaparecer, por favor..."

El verano fue bastante caliente, Hillary y Cassie procuraban ver a Harriet lo más seguido posible y así distraerla. Pero era en vano, porque Harriet parecía sumida en la tristeza sin tener ganas de hacer nada, ella estaba allí escuchando y respondiendo, pero en sus ojos había una expresión ausente. Se escuchaba un gruñido si en el vecindario parecía coincidir con Maynard y su flamante novia. Y la comparación era desastrosa, las ojeras mortecinas que enmarcaban sus ojos verdes de Harriet, contrastaban con la frescura de los ojos celestes de Owens. Harriet recuperaba más el peso por sus amigas y por su bien, más que por sus deseos ya que el apetito la había abandonado. Su cabello más descuidado que nunca, alborotado y sin remedio, arreglado de vez en cuando por Hillary o su abuela Molly, en contraste con la lisa cabellera negra de Kelly.

Era extraño ver a Harriet sonriendo, mientras que Kelly con una risa exagerada parecía sobreactuar su felicidad. La calle de Odette Walk era un campo de batalla silencioso. Los muggles batallando lo imposible, luchando contra la enfermedad incurable y enterrando sus familiares que morían lentamente sin distinción, mientras los magos intentando pasar desapercibidos y reorganizarse tras la muerte del Ministro Harolds declarado como accidente de salud.

En casa de los Snape el ambiente solía ser algo tenso tras algunos acontecimientos diarios y en la casa de Molly Weasley la batalla era por vencer la monotonía, los esfuerzos de Hillary y Cassie por revivir a su amiga eran considerables y poco a poco tuvieron buenos resultados. Rowen no podía dejar de mirar a su hermana y nunca fue tan generoso como lo fue ese verano, tras haber perdido a dos hermanos hace un año sabía que debía cuidar a su hermana, era lo más cercano y una de las pocas cosas que le quedaba.

Rowen enseñó a Harriet a manejar el coche de Molly, el había sacado la licencia hace poco y con la aprobación de Molly la llevaba tres calles al Oeste para practicar cerca del solitario parque, donde una vez los niños muggles (ahora muertos o enfermos) jugaban interminables horas. Los peores momentos para Harriet llegaban en la noche al verse sola inmersa en el vacío y la oscuridad, el silencio era aterrador. Los sollozos aparecerían inevitablemente acompañados de pensamientos atormentados.

Harriet despertó tarde aquel domingo, su madre llegaría en cualquier momento y decidió tomar un baño caliente. Sus músculos se relajaron al entrar en la amplia bañera, escuchando por la ventana ese particular sonido que le provocaba ira, el coche de Kelly Owens aparcándose en la acera de la casa de los Snape, oía su voz alegre:

- Hoy nos divertiremos. – Decía Kelly a alguien. Harriet estaba en la bañera y con solo pensarlo cerró la ventana del baño y no escuchó más nada.

El agua tibia envolvía su frágil cuerpo ahora y estaba sola, poco a poco se iba relajando. Se sentía cansada y fatigada, le tenía fobia a dormir ya que las pesadillas eran insoportables y más aterradoras que ponerse a pensar sobre su futuro. Pero ayer en la tarde el cansancio la había vencido y había quedado dormida en el sofá y su hermano la había llevado a cama, por fortuna no había soñado nada.

Harriet se sumergió en la bañera tranquilamente, parecía que el agua siendo su elemento le mejoraba los ánimos y permaneció un rato sin respirar con ojos cerrados, pero pronto se dio cuenta de algo, cuando aspiraba sumergida era como si respirara aire puro y al abrir los ojos vio que todavía estaba debajo del agua. El agua era su elemento sin duda, y se sentía por primera vez bien en mucho tiempo, su cuerpo desnudo reposaba tranquilo en la bañera. ¿Sería esto una alucinación también? Ningún mago podía respirar bajo el agua sin magia.

Al subir su mirada al techo, vio algo que la sorprendió bastante, era el reflejo de un gran Castillo blanco y veía como la luz del sol la alumbraba. Aquello era imposible, y para comprobar su grado de locura se movió algo desorientada y en dirección a la superficie ¿estaría volviéndose loca? Al salir del agua descubrió que el Castillo en realidad estaba allí, no estaba en su casa, vio que el reflejo era real. No estaba desnuda, ahora llevaba una túnica blanca y estaba en la superficie de un lago profundo ¿A dónde había ido? El Castillo era impresionante, blanco de marfil y ostentoso, sin entender si aquello sería una alucinación o sueño, nadó hasta la orilla sin apartar sus ojos del Castillo.

- Pensé que jamás saldrías del agua. – Dijo un hombre bastante sonriente, aunque su rostro denotaba severidad. – Lia, siempre disfrutas del agua.

- ¿Cómo? ¿Lia? No me llamo Lia – Harriet no entendía, su cuerpo salido del agua no parecía mojado sino más bien con una gracia celestial propia de un dios.

- Estás tratando de jugarme una broma sucia, ¿no? – El chico era joven, tendría alrededor de 20 años, era hermoso, de cabello negro rizado y ojos grises como los de Maynard, eran ojos de dragón. – He construido este Castillo para mis hijos, y bajo el pozo en el patio central de esta fortaleza indestructible, está la puerta directa a mi Reino. Para que me visites cuando quieras, Lia…

- ¿Quién eres? – Preguntó Harriet sin entender.

- Soy yo, Syr. El agua se te ha metido en la cabeza. ¿No? – El hombre la tomó de la mano, era bastante alto y ella era de su tamaño, vio su reflejo en el lago y reconoció el cambio, Harriet vio el reflejo de una hermosa mujer tan centelleante y perfecta como una diosa, su cabello en bucles rojos y su rostro angelical.

- Un momento… Tú eres Syr, ¿Syr? Sirceadeo. El Rey de las Tinieblas. – Dijo Harriet asustada.

- Si, ¿a que estamos jugando Lia?

- ¿Lia? Creo que ya entendi. Yo soy Galia… la diosa de la vida. Y esto es un sueño extraño. – Harriet sabía que aquello no tenía sentido. – Esto debe ser un mal sueño, sin duda. - Sirceadeo no era tan oscuro y tan malvado como lo pintaban, corrió hacía el Castillo y ella le siguió, ante la luz del Sol, el castillo brillaba por el blanco del marfil. Adentro del Castillo pudo ver el patio central un pozo rodeado de flores hermosas, de colores brillantes y densas, Sirceadeo estaba al lado del pozo sonriéndole como un niño.

- Es una lástima que estemos condenados a morir si estamos juntos. Ser mortal es horrible, pero a tu lado lo vale, mi amada Lia. No lo olvides, si quieres visitarme por el pozo. ¿Bien? Te llevará a mi Palacio…

- ¿Palacio? Debo estar loca al soñar esto… lo se. – Harriet se dio media vuelta, pero Sirceadeo le tomó de la mano.

- ¿Quieres probar? No te haré daño. – Sirceadeo reía ahora y tomó a Harriet entre sus brazos, ella miraba nerviosa.

- No soy Lia, no soy Galia… esto es un error. – Dijo Harriet, pero Sirceadeo la lanzó en el pozo y ella sintió que caía muchos metros adentrándose en la oscuridad y su cuerpo impactó el agua sin sentir dolor, el agua era fría y todo estaba oscuro, abrió los ojos… estaba de vuelta en el baño de su casa. Harriet salió a la superficie dándose cuenta de que había pasado mucho tiempo sumergida.

- Harriet, el Profesor Snape ha venido a verte… apúrate. – Dijo su abuela tocando la puerta del baño. Harriet se vistió lo más rápido que pudo. Al pisar la sala vio al Profesor Snape mirándola con indiferencia, llevaba su cabello grasoso negro y su túnica negra sin temor a vivir en aquel vecindario muggle.

- Potter, al fin nos vemos… - Dijo Snape secamente. – Muy afortunada usted de acompañarnos una vez más.

- ¿Qué desea Profesor?

- Hablarle sobre su estadía en Hogwarts. El Profesor Oddbrown ha considerado ser condescendiente con usted, pero creo que no podemos hacer nada para recuperar el tiempo perdido. Los profesores de Hogwarts hemos estado reunidos y hemos decidido que lo mejor es que usted repita sexto año.

- No me muero por volver a Hogwarts, así que me da igual. – Dijo Harriet con tono indiferente. – He considerado seriamente desertar la escuela.

- No, usted no hará eso. – Dijo Severus fríamente. – También he venido a llevarla a mi despacho donde está mi pensadero. Florence quiere saber que hay en los recuerdos que le fueron dejados a usted.

- ¿Mis propios recuerdos del futuro? – Harriet recordaba el frasco que tenía guardado en su armario. - ¿Es necesario ir a su casa?

- Me temo que si. – Dijo Severus. – Apúrese y traiga el frasco, mi tiempo es valioso.

- Profesor Snape, ¿Qué pasa si en verdad quiero desertar de Hogwarts?

- No le doy una semana de vida, su torpeza y poca habilidad para enfrentar problemas la dirigirían a una muerte segura. Considerando que muchas personas desean poner las manos sobre usted.

Harriet suspiró, aun debía cumplir su misión. Buscó el frasco y con polvos Flu el Profesor Snape la sujetó del hombro, en varios segundos estuvieron en la sala de la familia Snape. Harriet nunca había estado allí antes y vio que todo era oscuro, había poca ventilación y el aroma se concentraba, para su desgracia el aroma más concentrado que había era el de Maynard, quién vivía allí. Harriet procuró no alzar mucho la vista y seguir al profesor Snape, pero por mala suerte tuvo la desdicha de tropezarse con Maynard quién iba hacía la cocina.

- Disculpa Potter. – Dijo Maynard sin mirarla o sobresaltarse ni sonando personal. – Permiso

Ella se hizo a un lado. El chico desapareció de la vista, y pudo escuchar la voz de una chica que reía, era Kelly. Harriet se sintió tan irritada que hubiese preferido quedarse sorda y ciega también. En el sótano, quedaba el despacho del profesor Snape, quizás como una forma de hacerle recuerdo a sus amadas mazmorras en Hogwarts. Al terminar de bajar las escaleras Snape le señaló una silla vieja y llena de polvo.

Harriet sin decir una palabra se sentó, deseando que el profesor Snape le diese a beber alguna poción para dormir eternamente y no tener que volver a subir y enfrentarse con lo poco que quedaba de su vida. Pero contrario a eso, Severus parecía concentrado trayendo una vasija con alguna sustancia brillante adentro. Brillaba en el despacho oscuro, iluminando tenuemente el rostro de Harriet y Severus.

- Permítame el frasco. – Dijo Severus, mientras Harriet le entregaba el frasco con recuerdos. Harriet no tenía el menor interés de ver los recuerdos, no tenía muchos ánimos de nada. Con la varita, Severus puso los tres recuerdos en el pensadero.

- No quiero verlo, tenga usted el honor de escudriñar mis recuerdos del futuro. – Dijo Harriet sin mirar ni siquiera.

- Creo que usted misma debería verlo… son dedicados a usted y puede ser que haya algo que solo usted pueda entender.

- Soy masoquista, lo más probable es que yo misma me haya guardado recuerdos desagradables solo para sufrir. – Dijo Harriet.

- Potter, yo sabía de su mediocridad pero ser una llorona es algo nuevo. Haga el favor de observar los recuerdos…

Harriet ignoró el primer comentario y se levantó de su asiento con pesar, bajo aquella luz Severus se dio cuenta que lucía mucho más exhausta que de costumbre, con una mirada rápida, Severus se dio cuenta de sus brazos llenos de cicatrices. Con un movimiento rápido, el maestro de pociones examinó sus muñecas.

- Parece que sus heridas se están cerrando. – Dijo Severus.

- Si, al menos algo en mi está curándose. Han estado cerrándose desde que regresé del lugar ese… - Dijo Harriet en un tono sigiloso, como si temiera despertar los recuerdos. Severus dejó su brazo a un lado y le dio paso, Harriet sabía sobre los pensaderos, su padre le había contado sus incursiones en el pensadero de Dumbledore.

Harriet respiró profundamente y tocó con la punta de los dedos. Un torbellino de luz la envolvía, cayó de bruces en una colina hermosa, la hierba olía a húmeda, había llovido hace poco y el cielo estaba azul, despejado y sin una sola nube. Harriet se levantó y vio sobre la colina varias personas reunidas, miró a los arbustos cercanos y vio un par de ojos verdes asustados y llenos de tristeza. Harriet pudo reconocerse, era ella y parecía estar presenciando algo que le causaba sufrimiento. Harriet sabía que la acción estaba ocurriendo donde las personas estaban, al voltear vio al Profesor Snape y este se le quedó viendo fijamente.

- Es un recuerdo… se supone que usted no puede verme. – Dijo Harriet, nadie más la escuchó. Severus sonrió.

- No soy parte de este recuerdo, solo vine a ver qué cosas tan malas podrían hacerla perturbar. – Dijo Severus señalando la colina. Harriet subió y el profesor Snape la siguió, podía ver varios magos vestidos elegantemente, entre ellos al final algo que a Harriet le retumbara el corazón sin poder evitarlo. Maynard con 25 años, apariencia humana y nunca había notado lo hermoso que era (quizás solo a sus ojos, por supuesto), era la viva imagen de su madre Florence, tenía un pendiente en la oreja y Harriet supo que era el día de su boda. Ya sab;ia porque tenía un mal presentimiento de aquello. Se acercó a escucharlo y vio que allí estaba la novia vestida de blanco, Kelly Owens más hermosa que nunca y radiante, hablaba con Tanya y algunas ex alumnas de Hogwarts.

Dos niños pequeños correteaban y Harriet los observó entre la gente, ambos de cabello negro y tenía que admitir que eran los niños más hermosos que hubiese visto, de ojos azules y rostro angelical.

- Trent ven aquí. – dijo Maynard llamando a uno de los pequeños.

- Papá, papá… ¿Por qué estás vestido tan bonito? – El chico sonreía, era la viva imagen de Maynard pero con algo de ternura y belleza que su padre nunca había tenía en el rostro. Harriet miró aquello con bastante dolor. No dudaba de su masoquismo ahora o en el futuro, la familia que jamás tendría se burlaba frente a ella una vez más.

- Hoy me casaré con tu madre. – Dijo Maynard lógico apartándose con el pequeño a un lado.

- ¿Por qué?

- Porque eso… ¿qué más debo hacer? – Maynard sonrió y sujetó al pequeño en sus brazos. Trent sonrió.

- Mamá dijo que se casaba contigo porque te amaba, ¿tú la amas a ella?

- Haces preguntas profundas, jovencito. – Dijo Maynard sorprendido, Trent sonreía como un pequeño pícaro. – Te voy a decir un secreto.

- Dime. – Trent parecía ansioso por oír lo que su padre guardaba.

- Yo si te quiero, mucho. Pero no le digas a nadie. – Dijo Maynard en tono confidente.

- ¿Me quieres más que a Orbert? – Preguntó Trent ilusionado.

- No, claro que no. Los quiero igual a ambos. – Dijo Maynard corrigiendo al pequeño y lo dejó en el césped, el salió corriendo a alcanzar al pequeño Orbert. Maynard vio que a su lado se acercaba un joven de su edad, de cabello marón alborotado, la sonrisa de tristeza inconfundible de Ted Weasley.

- Weasley, me alegra que vinieras. – Dijo Maynard algo impaciente.

- Tu futura esposa me hizo llegar una invitación a mí y a toda mi familia. – Dijo Ted mostrando la tarjeta. – Al fin se casan, pensé que nunca lo harían.

- Idea de Kelly.

- Pensé que eras feliz. Sobre todo desde que curaste tu vampirismo… - Dijo Ted observando como Maynard se alejaba más de la gente.

- ¿Felicidad? No conozco esa palabra. – Dijo Maynard amargamente.

- Entonces… ¿Por qué te casas con Kelly?

- No puedo abandonar a Trent y a Orbert. Son mis hijos. – Dijo Maynard suspirando.

- Oh, si… tienes un punto. – Dijo Ted. - ¿Sabes algo? Siempre pensé que al final volverías con mi prima Harriet.

- Momento y lugar equivocado. – Dijo Maynard arrugando la frente. – Cuando Harriet volvió al graduarnos en Hogwarts, me pareció casi irreal que estuviese viva y más irreal que Kelly saliera embarazada. Irónico como los dos únicos motivos de vivir y seguir son mis dos hijos, que fueron accidentes.

- Solo espero que puedas tratar de ser feliz. – Dijo Ted sonriendo con tristeza. – Debe ser posible entre tantas desgracias.

- No lo sé. – Dijo Maynard. – Desde la muerte de mis padres todo ha sido más complicado. No sé porque en primer lugar permití que nacieran Trent y Orbert. Ellos tienen mucha probabilidad de llegar a la adolescencia sin padres. No puedo huir toda la vida. A veces pienso que fue mejor quedarme como un vampiro… era más fuerte.

- No hay que lamentarse, las cosas ocurren por algo. – Dijo Ted. – Yo también siento la complicación en mi vida, más bien la tristeza desde que Hillary murió. Estoy a punto de enloquecer… quiero investigar más sobre algo que he oído. Mis esperanzas se concentran ahora en teorías extrañas ¿Sabes algo del castillo de Rohm?

- Son solo leyendas… Harriet alguna vez me comentó eso. – Dijo Maynard pensativo.

- ¿Desde cuándo no ves a Harriet?

- Anoche. – Dijo Maynard con una voz de culpabilidad. – Weasley, sabes que es inevitable…

- Pensé que se odiaban.

- Si, es así. Ella me odia, yo la odio. Pero sabemos que la atracción es a veces inevitable y los ratos en la cama son geniales. – Dijo Maynard mostrándose culpable y suspirando. – Nadie sabe que nos vemos, ella…

- Se lo que es ella. – Dijo Ted algo extrañado. – Puedo apostar que Harriet es una olla de presión que algún día estallará.

Harriet miraba atónita y captó la mirada de desagrado del Profesor Snape, el también había oído.

- Creo que eso es mucha más información de la que necesitaba saber. – Dijo Severus mirando con desagrado, mientras Harriet miraba con vergüenza. No veía lo relevante de este recuerdo hasta que recordó… El castillo de Rohm, la Harriet del futuro lo había mencionado antes. Maynard se despidió de Ted, la ceremonia pronto comenzaría, todo se desvaneció.

- Nada de esto ha ocurrido. – Dijo Harriet irritada hacía el Profesor. – Mi otro yo antes de morir, también me advirtió del castillo de Rohm. Debe ser importante.

- Veo que mi hijo es un asunto que le obsesiona a usted, más de lo que yo pensaría jamás. – Dijo Severus en un tono acusatorio.

- Eso no importa. – Dijo Harriet. - ¿Sabe usted porque no está en la boda?

- Supongo que usted me asesinó en este futuro alternativo. – Dijo Severus mirando a la pelirroja.

- Si… eso mismo.

Harriet se encontró en un departamento a oscuras, el Profesor Snape estaba a su lado tratando de entender que se trataba aquello, una luz se encendió, la puerta estaba abierta y Harriet podía distinguir a ella misma, algo más volátil, fusionada y sujetada a un hombre de cabello oscuro, caminaban torpemente hacía la cama mientras se toqueteaban y besaban.

- ¿Por qué presiento que su vida adulta es un tanto fuerte en cada aspecto? – Preguntó Severus volteándose para no ver. Harriet reconoció a Maynard como el acompañante de aquel recuerdo y le daba vergüenza presenciar aquello en presencia del jefe de su Casa. Se volteó y miró fugazmente a Severus. La ropa cayó volando cerca de ellos y Harriet quería hundirse en un hueco, para no salir jamás.

- No es culpa mía, no ha sucedido aun. – Dijo Harriet intentando no escuchar los gemidos que provenían justo de atrás. Severus echó un vistazo y se arrepintió, por lo poco que vio supo que su hijo era muy creativo en la cama. Agradeció que Harriet no pudiera escuchar sus pensamientos.

- Esto es tan vergonzoso para mí, como lo debe ser para usted, Potter. Me gustaría saber que pensaba su otra yo del futuro al incluir este recuerdo. – Dijo Severus con rostro irritado y de incomodidad.

- Anoche descubrí algo Maynard. – Dijo la Harriet del recuerdo algo sonriendo.

- ¿Otra plática mientras lo hacemos? Es interesante… ¿de qué trata hoy?

- Malfoy no puede tocarme. – Dijo Harriet del futuro y Harriet echó un vistazo, en verdad esperaba cambiar el futuro y que no fuese tan… extraño para ella.

- ¿Tocarte?

- En mi sangre hay algo repulsivo que él no puede tocar sin sufrir dolor. El no es humano, como ya sabes. Se cree un dios, pero le molestaba no poder tocarme.

- ¿Para qué querría tocarte? – Maynard parecía seguir el hilo de la conversación. Harriet parecía paciente explicando.

- Me necesita, quiere realizar su voluntad a través de mí. – Dijo Harriet del recuerdo gimiendo. – Pero tengo miedo, porque hoy pudo lograrlo. No quiero seguir trabajando para él…

- No lo hagas. – Dijo Maynard deteniéndose en seco. – Harriet, he olvidado por completo. Hoy es el cumpleaños de Trent. Le prometí a Kelly que llegaría temprano y mírame.

- Eres un cobarde de primera. – Dijo Harriet rudamente mientras se vestía. – Todo está bajo control mientras a escondidas lo hacemos, sin tocar a tu mujer y sin ser capaz de ser sincero, sabiendo que no la amas.

- Si dejo a Kelly, es posible que pase lo que ocurrió la primera vez que la dejé.

- Deberías dejar que ocurra, si ella se suicida… una persona menos en el mundo. No hay diferencia. – Dijo Harriet sugestiva, Maynard miró algo incomodo.

- Harriet, ella es la madre de mis hijos, no quiero que… lo hemos hablado mil veces – Dijo Maynard. – Tú eres la diversión que no tengo en casa.

Maynard tomó sus cosas y dejó a Harriet en la habitación sola, ella permaneció acostada mientras fumaba un cigarro frustrada. Una tormenta comenzó a las afueras y Harriet apagó la luz. Todo se desvaneció…

Harriet y Severis ahora se encontraban envueltos en un lugar fangoso, a su alrededor varios cadáveres y lugares incendiados, el cielo gris de humo y el grito de desesperación de niños era inmenso. Harriet sentía el olor a humo y sangre, varios metros más adelante podía observar a una mujer de semblante duro.

- ¿Se supone que este sea el día del juicio final? – Severus caminaba a su lado también, algo incomodo entre tanto humo, pareciera que allí se hubiese librado una batalla.

- No me gusta el futuro. – Dijo Harriet caminando entre algunos cadáveres. – Es horrible, esto tiene que cambiar…

- NOELLE – Gritó un soldado, llevaba un casco, una túnica de protección, un escudo mágico y su varita en mano. – Lo tenemos entre nosotros. Ven, te cederemos el honor.

- Será un placer. – Noelle, era una mujer de mirada dura y paso firme, cabello rapado, piel oscura y en aquel momento tenía sucia la cara. Severus y Harriet la siguieron, esperaban encontrarse con algo conocido pero todo era nuevo, aquella ciudad parecía ser Londres y estaba completamente destruida, el cielo era gris oscuro.

Al llegar a un rincón, descubrió que varios soldados tenían encerrado en un escudo a un hombre de más de treinta años, su rostro denotaba severidad y su cabello grasoso estaba lleno de su propia sangre, sus dientes eran amarillentos y su piel cetrina, llevaba una barba corta y Harriet podía distinguir un par de ojos grises fríos.

- Maynard Snape, vaya sorpresa. Tengo el honor de estar aquí para tu ejecución. Necesitamos tu alma, sabía que np podrías seguir huyendo el resto de tu vida, ¿no? – Dijo aquella mujer llamada Noelle. - ¿Algún deseo final?

- Cometes un grave error. – Dijo Maynard. Entre los escombros una mujer de cabello rojo apareció amenazante, pero fue neutralizada por Noelle que tenía mucha más rapidez. Con un rayo verde y delicioso, Maynard estaba muerto en el piso. Harriet se dio cuenta que aquella mujer pelirroja era ella misma.

- Noo, ¿Por qué lo has hecho? – Lloraba en el suelo la Harriet Potter del recuerdo. La mujer llamada Noelle miró con indiferencia.

- Que sentimental, Potter. No parecen cosas tuyas. – Dijo Noelle estricta, pateando con su pie el cuerpo de Maynard.

- Yo lo amaba. ¿Dónde están sus hijos? – Harriet veía en su propio rostro el disgusto y la impotencia del rostro de la otra Harriet adulta.

- Dentro de la casa, o lo que queda de ella. Muertos. – Dijo uno de los soldados riendo. Harriet adulta desapareció de aquella escena. Harriet veía que todo desaparecía una vez más, estaba sumida en la total oscuridad.

Regresó pronto al despacho del profesor Snape con mucha más frustración y vergüenza. El Profesor Snape la miraba indiferente.

- Conclusiones: Investigar más sobre el Castillo de Rohm, Malfoy no puede tocarle pero lo hará algún dia y… ¿El final de todo?

- Es sobre Noelle, yo he soñado con una niña llamada Noelle. Es ella quién va a acabar con Maynard y es bastante poderosa también. Malfoy necesita el alma de Maynard y… mi alma también. – Dijo Harriet lógica. La parecía que todo encajaba de alguna forma extraña, pero no tenía todas las piezas. - ¿Cómo encontraremos a esa chica y evitaremos que se una a ellos?

- No lo sé… - Dijo Severus pensativo. – Pero creo que Florence estará interesada en escuchar lo que hemos visto.

La infelicidad que rodeaba la atmosfera de su futuro, ser la amante secreta de Maynard era tan deprimente como no estar a su lado, ya que el cuerpo de Maynard estaba con la Harriet del futuro, pero su mente estaba en mil lugares. Los hijos que nunca podría tener y que Kelly si podría… aquello la hizo desesperar y suspirar frustrada. Londres destruida y en ruinas era bastante triste, los cadáveres en el piso. Perder todo lo que una vez había conocido.

- No sé si pueda cambiar mi futuro. – Dijo Harriet frustrada. – En este momento no puedo cambiarlo.

- Usted apostó en el futuro por la Harriet Potter que tenía 17 años. – Dijo Severus. – No puedo luchar contra la mediocridad de vuestra familia y la flojera que trae en los genes. Pero puedo decirle que esto va más allá de lo que su familia y mi familia son. Es el destino completo de la humanidad.

- Soy lo que Malfoy necesita, si dejo de existir…

- ¿Cree usted que rendirse es una solución? – Severus Snape miraba con severidad y frialdad. Harriet captó su mirada penetrante, aquellos ojos negros vacios sin sentimientos que le decían la verdad. – Se todos sus fallos Potter, así como también se que sus intenciones son genuinas, se su mala sangre pero también sé que usted es una verdadera Slytherin, no puede rendirse tan fácil. Si usted se salva, todos nos salvaremos.

- Creo que es hora de irme a casa.

Harriet subió a la sala, podía ver a Kelly abrazando a Maynard. Ellos la observaron unos segundos. Maynard se detuvo como acto reflejo, pero Harriet caminó hasta la puerta sin mirar y pretendiendo que no había nadie, Severus Snape la detuvo y la hizo acercarse a la chimenea, sujetándola de nuevo por el hombro, a través de la Red Flu la dejó en su casa.

Harriet volvía a casa más clara en cierto modo, más confundida también por el otro lado. No tuvo tiempo de pensar porque cuando Harriet entró a la cocina, vio a su madre junto a su abuela haciendo la cena, ella quedó paralizada y por primera vez en varios días, una sonrisa genuina se escapó de su rostro.

FIN DEL CAPITULO

Morgan A. Riddle: Kelly sabe cosas y esas cosas indican que tiene las de perder. A mi también se me hace difícil no verlos juntos, pero bueno… siempre hay camino a la esperanza. Todo lo que puede pasar en pocos meses, es así… ¿Qué no puede pasar en 6 meses? Hace seis meses ni siquiera había leído Twilight, jeje. Un beso, creo que es la primera vez que he actualizado tres veces en una semana, gracias a la Pascua.