Bueno, por acá sigo yo. Espero que les guste el capítulo y, explicaré lo que sucedió en la última parte mientras lo desarrollo; saludos y besos de ambas. Nos estaremos leyendo.

Lady Adry (Desde el trabajo. ¿Quién rayos imagina que trabaja un sábado? ¡Demonios!)


Capítulo 36: Severus.

Hermione estaba en la cama, alzando un oso de felpa de color negro. Lo había recibido de sus padres, para que sus hijas jugaran con él en cuanto nacieran. Snape observaba al muñeco, mientras Hermione sonreía acomodándole un enorme listón azul en su cuello.

Se hallaba recuperada de lo sucedido anteriormente. No tenía idea de qué era lo que le había sucedido, pero lo último que recordaba era; que había derramado lágrimas por ella. La había sentido tan alejada de él, tan inerte y fría. Y ahora, una sensación de una extraña "pureza". Un sentimiento nuevo.

Hermione alzó la cabeza y le observó, sonriente. Estaba tan ansiosa por ver a sus hijas, y apenas habían pasado unos cinco meses y unas pocas semanas; si seguía esperando explotaría. Colocó al muñeco a un lado y se giró para acostarse junto a su esposo. Ella también lo había sentido, en cada gota de esa sangre que había derramado. Sintió que, no era suya; que la sangre pertenecía a otra persona. Tan negra como la oscuridad misma. Aunque, la oscuridad no existe; tan sólo es la ausencia de luz.

Severus le mantuvo la vista, tratando de hacer memoria sobre los sucesos. Lo sucedido bien podía interpretarse, como parte de todo lo que él consideraba maldición; o algo perteneciente a la unión de sus cuerpos. Pensaba que, al unirse a algo tan puro como Hermione; debía de causarle algún tipo de daño. Pero, desconocía las implicaciones. ¿Y si todo eso era un conjunto de horrocruxes? ¿Y si la maldición formaba parte de ello? Un Horrocrux verbal, eso era nuevo para él.

Aún así, el alma de Voldemort debía de estar lo suficientemente rota, como para perderse entre tantos pedazos. Suspiró, desconcentrado; desencajado y nervioso. Ya sabía que eso no preocupaba a su "amo" eso más bien le gustaba; le gustaba sentirse atrapado y luego salir victorioso. Resurgir como el dueño del maldito universo.

- ¿No te parece hermoso el regalo Severus? Es un buen juguete.

- Sí, lo es.

Hermione asintió, levantándose de la cama. Tenía tantas cosas que hacer, quería hacer tantas cosas a la vez. Sonrió como una tonta y se giró a mirar a Snape; a sentarse en la cama nuevamente. Lo había olvidado, pero entendía el motivo.

- ¿Qué?- preguntó el hombre, luego de contemplar su sonrisa por largo rato- ¿Qué sucede?

- Acabo de acordarme, de que cumplo años mañana.

Parpadeó varias veces antes, de focalizar de nuevo su vista en ella. No tenía idea de esa información pero, suponía que era algo que eventualmente se daría a la luz. Ella río suavemente, cerrando los ojos. Luego, volvió a abrirlos y continuó hablando.

- Mañana tendré veintidos años, serás dieciseis años mayor que yo.

Asintió, mientras ella se abrazaba de él. Habían apsado tantos meses, que eso debía de venir en algún momento. Hermione se mantuvo allí por largo rato, y luego se levantó lentamente; su largo y brillante cabello caía a un lado de su rostro.

- Espero durar, para ver lo suficiente de nosotros; de mí misma.

- Lo harás.

Ella sonrió, besándolo. Luego de ello, volvió a reírse mientras se levantaba. Una vez de pie, se giró para mirar a su esposo y volvió a reírse antes de poder comunicarle lo que pensaba.

- Luego, tendrás que decirme cuando será tu cumpleaños.

- Información confidencial, aunque creo que; está en manos de la orden.


- Severus está siendo utilizado para mantener con vida la magia. Su cuerpo es un "Horrocrux ambulante" El señor tenebroso sabía, que el plan tendría un éxito rotundo, así que se "implantó" dentro de él. Una vez allí, encontraría al "portador" adecuado y; creo que lo encontró. Las hijas de Granger, una de ellas parece ser el cupo perfecto. Por supuesto, el señor tenebroso sabía que su plan podía fallar, que Severus podría enamorarse así que; utilizó su sangre para transmitirse.

Dumbledore levantó la vista y miró a Minerva quien no podía creerlo. Debían separarlos, antes de que sucediese una cosa como esa. Voldemort no podía volver a la vida; no debía. Además, Hermione iba a sufrir mucho dolor; sus almas debían ser separadas antes de que una cosas similar sucediese. Cuanto antes.

- Tal vez mientas.

- ¿Por qué mentiría Dumbledore? Si no me crees a mí, podrías preguntárselo a Bellatrix Lestrange. Obviamente, para introducirse en su interior, tenía que estar junto a alguien quien ya lo portase. ¿Quién no idolatraba más al señor tenebroso que Bellatrix Lestrange? Ya ella estaba "intoxicada" con él; todo su cuerpo era su obra.

- Existe una forma.

- Existe Albus, sí existe; pero es muy compleja. La forma de sanarse a sí mismo, es bastante compleja; pero por supuesto yo no la sé. Es una magia antiquísima y requiere de investigaciones que podrían tardar meses, o inclusive años.


Había estado almorzando, tenía tantos antojos diferentes. Se rió y se acarició el vientre con parsimonia. Sí, cada vez más podía sentir, cada vez más; se sentía llena de vida. Pero, no descartaba el otro sentir.

Podía jurar, que la unión con Snape; la "empujaba" hacia algo que desconocía. En cuanto ella puso su mano sobre su vientre, sintió una esencia bastante extraña; particular. Sus hijas parecieron haberse movido fuertemente, algo haciendo presión dentro de todo su ser. Algo que quería separse de ambos. ¿O eran sus paranoías?

No lo había experimentado, mientras hacían el amor por ejemplo. Quizás, no estaba lo suficientemente concentrada en ello y por ende; no había notado la "extraña" sensación.

Negó con la cabeza, no pensaría en ello; no tendría preocupaciones. No le haría bien a su embarazo, ni a ella misma. Se quedó meditando, imaginándose como serían sus hijas si nacieran; ese mismo día.

Severus cruzó el pasillo y se detuvo en el salón. Seguía creyendo, que Dumbledore debía de estar enterado de lo que sucedía; que él debía decírselo personalmente.

Hermione le alcanzó tiempo después, traía muchas cosas en la mano que parecían ser; para el cuarto de las pequeñas. Sí, sin duda su esposa a veces era demasiado muggle. Pero, lo soportaba.

- ¿Azul o negro?- preguntó, algo que tenía que ver con pintura. Cosas que no entendía, pero que a ella le encantaba compartir.

- Azul.

Sonrió, devolviéndose hacia la habitación. Allí pasó el resto de las horas, haciendo cosas que él desconocía. Al menos tendría entretención y no estaría preocupándose por las situaciones. Eso, lo haría él.


- Una vez dentro de Granger, puede que ella experimente varias cosas. Puede también, que el que tenga dos bebés se deba al señor tenebroso; dos almas que quieran ser incrustadas. O simplemente, se deba al destino. Pero sé, que le hará mucho daño; así la "ame" como todos afirman.

- ¿Eso te dijo tu señor? ¿Te dijo que nos dijeras todo esto?

- Es una advertencia. Severus no es el culpable totalmente, pero no está ayudando. Granger puede perder a sus hijas, con facilidad y; cada contacto que tiene con Snape es una forma de hacerlo. Enviciará su alma, hasta que no quede nada de ella.

- Entonces, ¿Por qué no podía tocarla cuando le quitó el anillo?

- Bueno, eso fue un revés. El anillo había sido otorgado bajo odio y desprecio, con lo cual fácilmente se le incrustó la maldición. Pero él, no distingue sentimientos; absorbe cualquier cosa. La chica Granger, debió de amarlo; tanto así como para que el odio no pudiera tocarla. En un sentido más exacto, la protegió; como protegió a la última dueña del anillo.

- Una pariente de Voldemort.

- No sé, supongo. Al ser uno de los padres de Snape muggle; se vio afectado por la maldición existente en el anillo. Severus ya había experimentado el odio, ya había experimentado el dolor y fue fácil.

- ¿Y Hermione?

- Ella también. Ella se odiaba a sí misma por ser hija de muggles y sufrir, ella lo odiaba por tener que casarse con él. Bastó y sobró con colocárselo. Pero el anillo, jamás fue el creador de la maldición. El anillo, no deja libre la maldición.

- No lo comprendo.

Lucius volvió a sonreír con lentitud, observando a los reunidos con un rostro que parecía ser de triunfo. Su amo era tan inteligente, tan meticuloso y calculador. Nunca, podrían hallar mejor que él. Bueno, todavía no.

- Al anillo, se le colocó la maldición para que una vez que esta estuviera libre por el mundo; se pudiera controlar eficientemente. El señor tenebroso sabía que, pese a que lo odiase; algunos de sus adeptos serían hijos de muggles. Eso les permitiría mantener el control sobre el cuerpo y sus funciones. Por supuesto, si se lo quitaban; eso sería por su propia cuenta.

- Severus no pudo quitárselo.

- No, para él no iba a ser tan fácil. Sin embargo, al "enamorarse" de Granger se unió a ella en otros sentidos. Sólo ella podía quitárselo por que su "alma" está residiendo dentro de ella y el anillo le estaba protegiendo de su propio "odio" de su propio toque mortal. Ella es lo suficientemente pura como para, dejar ese anillo sin su efecto.

- Y luego no pudo amarla.

- No, cuando él le quitó su anillo; la contaminó con su propio odio. La había rechazado, y quedaba sobre entendido; que no la "amaba". Su alma se separó de ella, y enseguida la maldición cobró vida. Ella sentía el dolor de su rechazo, y eso sirvió para hacerle daño.

- Pero se unieron.

- Sí, digamos que Severus es "demasiado" inteligente. Aún así, dudo que esté excento.

- ¿A qué has venido Malfoy? ¿A que te agradezcamos por la información y te dejemos en paz?

- Considéralo como un aviso- sonrió- Si quieres proteger a Granger, debes separar a Snape de su lado.



Se había dormido, sobre el sillón. Había estado meditando tanto, que había terminado exhausto en el salón. Sintió una suave brisa; y se llevó las manos al rostro para despertarse. Mientras se levantaba, observó algo curioso.

Hermione le observaba desde la habitación de las pequeñas en penumbra. No hacía nada más que eso, y apenas parpadeaba. Parecía estar en alguna especie de transe o algo por el estilo. Se levantó con cuidado y comenzó a caminar con lentitud hacia el lugar. ¿Qué podía estarle sucediendo?

Se acercó hasta ella y le mantuvo la vista, pero ella siquiera pareció darse cuenta de que estaba allí. ¿Cuanto tiempo tendría de esa forma? Estiró su mano con nerviosismo, tratando de tocarla pero; lo único que hizo fue soltar un gemido de dolor. Su mano se había cerrado completamente sobre la suya.

¡Dolía en demasía! Su marca enseguida comenzó a arder con fuerza, ¡Cómo si miles de brazas cayesen sobre su brazo a la misma vez! Hermione había comenzado a temblar, y mantenía una sonrisa distante sobre su rostro. En el momento en el que le tocó; miles de cosas surgieron en su cabeza.

Hermione estaba al final de lo que parecía un bosque sin fin; algo que parecía el bosque prohibido en sí. La magia brillaba y se desbocaba a su alrededor; y mientras más le veía más veía a la Hermione del presente. ¿Qué demonios representaba todo eso?

En el sueño o lo que fuese, había una visión; el nacimiento de algo. La sensación era terrible, el poder avasallante le encantaba; era una sensación dulce que comenzaba a carcomerle. Ese poder, ese poder podía ser suyo si seguía hacia la luz; si seguía aquel camino.

Trató de mantenerse estable, olas de intenso calor le golpeaban; parecía que la magia de Hermione estaba detrás de él. Le estaba gustando, tenía el control sobre todo lo vivo y muerto; era estupendo.

Cayó de golpe, sobre la tierra. Debía despertar, debía despertar antes de que todo eso terminara formando parte de él y de ella. Miró a su alrededor; ¿dónde estaba ahora?

"Despierta Hermione" "Regresa" "Eso no lo necesitas, no te conviertas; no lo hagas"

Su cuerpo que temblaba sin control, dejó de hacerlo paulatinamente y entonces; fue cuando la sostuvo contra sí. No había hecho nada, más que estar allí y tratar de detenerla. Los ojos de Hermione vibraron, y suavemente se abrieron. Una vez más.

- Severus, he visto el poder.

TBC.

Bueno, nos estaremos leyendo pronto en "Mi gato Snape" Así que, parto de por acá; saludos y besos.