DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "The Academy", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores: Emmaline Andrews y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.

Agradecimientos:

YukiYukiHana: También odie a Ichigo y a Byaluya y creo que si él no hubiese llegado en ese momento, talvez y le hubiesen cortado la mano x3 Es por eso que decidi hacer esta adaptación, me recordó a la Rukia que conocemos, decidida y fuerte, valiente sobre todo para proteger a quienes quiere :3 Espero te guste el capitulo y gracias por comentar :3

ichirukiyui: jajajajaja cuanta razón tienes en algo que dijiste xDD Pero no diré que es, hasta que leas el capítulo de hoy :3 Creo que si las cosas me resultaran así, si me molestaría porque pensaría que por esa persona me estaba cambiando de bando, pero a pesar de todo estaría dispuesta a escuchar sus razones y creo que al final darle la razón y no dejar ir a esa persona x3 En fin, gracias por comentar :3

ShioOnMisakiAyuzawa: No hagas eso x3 Mataria al hdp ¬¬ pero no, mejor será que el se olvide de sus hijos y los deje en paz para siempre ¬¬ Aquí el capitulo, espero te guste y gracias por comentar :3

Anniefrikycx: Tan expresiva como siempre Anita xDD Gracias por el comento :P

ninasifuentes: Si a mí también casi me da un infarto x3 Me asuste muchísimo y no me imaginaba a una Rukia herida x3 También me dio risa esa parte, después de todo Yamamoto tiene corazón xDD También siento lo mismo, pienso que no los quiere y mas por no acatar sus ordenes u.u Gracias a ti por leerme, saludos :3

jailys-sama: Si Byakuya ha resultado ser un patán y desalmado con su hija con solo desearle semejante cosa x3 Ya verás si las cosas se arreglan para Rukia, espero te guste el capitulo y gracias por comentar :3

yura afrody: Tendrás que esperar a que lo re edite y no sé cuando sea eso, talvez sea el próximo finde (pero no prometo nada x3) Claro que tendrá un final feliz, no te preocupes :3

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Capítulo 35

—Bueno, bueno, así que hoy es el gran día. —Momo, la sirvienta/carcelera que mi padre había contratado para cuidarme, trajinaba alrededor de mi cuarto, ordenando.

—Sí. Un gran día —dije débilmente sin molestarme de apartar la mirada de la ventana. La vista desde el asiento en mi ventana era la misma que había estado viendo en los pasados seis meses. Mostraba nuestro tranquilo y adinerado vecindario donde nunca nada sucedía.

Por supuesto hoy iba a suceder algo… yo iba a conocer a mi nuevo esposo. No tenía idea de a quién había encontrado mi padre para casarme. Presumiblemente era un hombre de fuera de Japón. Nadie en mi provincia natal habría tenido nada que ver conmigo, incluso si me hubiese permitido salir de la casa… Lo que no sucedió. Había hecho varios intentos poco entusiastas de escape, pero en vano. Mi padre había contratado guardias asignados alrededor de la casa tanto en el día como en la noche. Debía de estarle costando una fortuna pero aparentemente todo lo que le importaba era la certeza de que no me escapara antes de que me casara adecuadamente.

No hubiese tenido ningún lugar donde ir si lograba escapar. Mis sueños de trabajar en el sector privado estaban acabados. Con el fin de llegar a un aeropuerto donde me aceptaran, en algún otro lugar que no fuera Japón, necesitaba crédito. Y la primera cosa que mi padre había hecho era cancelar todas mis cuentas. Era una pobre prisionera en mi propio hogar, una prisionera de mi propia apatía tanto como de los guardias que estaban parados afuera de nuestras puertas y ventanas y de Momo, quien aún canturreaba animadamente mientras ordenaba mi cuarto.

Apreté mi frente en el frío vidrio de la ventana, intentando no pensar. Algunas veces, niños pequeños venían a pararse en la calle afuera de mi casa y mirar a la "mala mujer", como ellos me llamaban. Lanzaban pequeñas piedras y sacaban sus lenguas, algunas veces se quedaban alrededor por horas. Si sus madres o nanas los sorprendían, rápidamente los arrastraban lejos pero los niños siempre volvían. Yo era una verdadera novedad, un miembro de la más alta élite que había caído en pecado. No me importaban sus burlas y mofas, de hecho no me importaba mucho nada. Estaba demasiado ocupada siendo miserable.

Dentro de los límites de la casa, el tiempo se arrastraba como nunca lo hizo cuando Rukichi y yo habíamos vivido aquí juntos. Mi hermano había intentado contactarme una vez, pero la comunicación había sido cortada justo unos pocos minutos después de que la llamada fue establecida. Apenas hubo el tiempo suficiente para enterarme que estaba a salvo y para suplicarle que se quedara donde estaba, lejos del continente asiático, antes de que su amado rostro desapareciera de la pantalla.

Aparte de esa breve distracción, no tenía ningún otro entretenimiento o diversión. Estaba encerrada en la casa sin nada que hacer más que pensar en lo mucho que había arruinado mi vida. Algunas veces sacaba los viejos libros de mi hermano y los leía, preguntándome cómo le iba a Ichigo en Navegación sin mí. Pero intentaba no pensar acerca de eso demasiado, era un recuerdo demasiado doloroso. Ya todo lo que habíamos pasado juntos en la Academia parecía como un sueño muy vívido, algo que podría haberle pasado a alguna otra chica en otra vida. Sin embargo algunas cosas estaban aún muy claras, aunque lo intenté no pude sacar sus últimas palabras de mi mente. O esa última mirada que me dijo que me odiaba.

—Oh Ichigo —susurré, poniendo mi cabeza en mis manos—. Lo siento tanto. Muchísimo, lo siento muchísimo…

—Vamos, nada de eso —dijo Momo alegremente, tomándome del brazo—. En sólo unas pocas horas tu nuevo marido estará aquí. Es tiempo de que estés lista. Y pon una sonrisa en tu rostro, no quieres que te vea así de desanimada.

No me importaba mucho cómo el hombre que había escogido mi padre me veía, pero dejé a Momo bañarme y vestirme como si fuera una muñeca. Cepilló mi cabello, que había crecido rápidamente mucho más allá de mis hombros, hasta que brilló. Entonces ella me puso en un vestido de terciopelo carmesí.

El rosado era el color tradicional del matrimonio en mi ciudad pero debido a mi dudoso pasado, yo claramente no era apta para usarlo. Me dije a mí misma atrevidamente que el rojo oscuro se adecuaba mejor a mi pálida complexión, cabello oscuro y ojos de todas formas, incluso si era el color de las rameras y prostitutas. Además, mi esposo debe saber exactamente lo que está obteniendo, artículos usados. El vestido rojo carmesí lo anunciaba realmente bien.

No me opuse a los arreglos de Momo hasta que intentó remover el aro de plata y ónix de mi oreja. Estábamos sentadas en el recibidor, esperando, y Momo estaba haciendo los últimos retoques a mi atuendo cuando comentó, con fingida naturalidad, que el aro no combinaba realmente con el resto de mi atuendo de boda.

—Lo deberías sacar —dijo ella, moviéndose para tomarlo.

—¡No! —Puse una mano sobre él protectoramente cuando dio un paso adelante para sacármelo—. No, no me lo quitaré. No lo haré.

—Piensa en tu nuevo marido —imploró Momo—. Viene a recoger a una esposa… ¡No una prostituta! No debes dejar que te vea con esa cosa en tu oído.

—¡No me importa cómo me vea! —grité—. Ichigo me lo dio y no me lo voy a quitar.

—Yo creo que se ve encantador.

La hosca y desconocida voz desde la puerta del recibidor nos hizo a Momo y a mí saltar de sorpresa. Allí, de pie justo detrás del mayordomo que claramente lo dejó entrar, estaba una alta e impresionante figura vestida toda de negro.

Lo examiné, esperando ver cómo lucía mi futuro esposo pero desafortunadamente no pude saberlo, él estaba usando una máscara de plaga. Mordí mi labio al ver la amorfa y blanca protección con rayas rojas que tenía sólo una angosta hendidura para que los ojos vean hacia afuera. Aquellos que usaban esas máscaras estaban horriblemente desfigurados por un parásito que comía carne, dejando sólo los huesos desnudos detrás. "Skelly head*" era el término para tales desafortunados y normalmente se mantenían apartados, sólo saliendo cuando era necesario y nunca sin sus máscaras.

—Señorita Rukia —anunció el mayordomo antes de que pudiera decir nada—. Permítame anunciar al señor Mugetsu Shiba, su futuro esposo.

—Yo… yo… —No supe qué decir cuando Mugetsu pasó lentamente adelante y se inclinó sobre mi mano—. Estoy muy encantada de conocerle, mi señor —dije finalmente.

Se levantó con gracia y me observó a través de la pequeña hendidura de su máscara. Desearía poder ver sus ojos pero estaban escondidos, demasiado lejos de mí para captar algo más que un débil brillo detrás de la monótona máscara de plaga.

—Estoy muy contento de conocerte, Rukia —dijo él, en esa tosca voz suya.

—Yo también, mi señor —dije, intentando no encogerme lejos de él.

—Sí, extremadamente contenta, puedo darme cuenta —dijo secamente—. Me temo que no soy el tipo de esposo que habías soñado pero tengo que decir que tú eres todo lo que podría desear para una esposa. Estoy seguro de que seremos muy felices juntos.

Mordí mi labio.

—S-sí, mi señor —me las arreglé para decir.

—¿Por qué tan abatida, mi querida? —preguntó suavemente—. ¿Crees que es imposible aprender a amar el interior de una persona, incluso si el aspecto exterior no es lo que tú desearías que fuera?

Sentí mis mejillas calentarse.

—Por supuesto que no, mi señor. Yo… yo estoy segura que es posible.

—Bastante posible, te aseguro. Ahora ven, vamos a firmar los papeles y seguir nuestro camino. Tengo una agenda muy ocupada que seguir y mi nave sale al amanecer.

Ya que estaba en desgracia, nadie del clero de Tokio se hubiera dignado a presidir mi boda. Una ceremonia civil se haría ahora y luego una más formal, mi nuevo esposo prometió con su voz grave, cuando volviéramos a su hogar en la región mediterránea.

Estábamos de pie ante la pantalla en la sala de estar. Era el mismo lugar en que mi infortunada aventura había comenzado, con mi padre ordenándonos a Rukichi y a mí. El que sería mi nuevo esposo tomó mi mano y esperamos hasta que la pantalla se encendió, mostrando a un magistrado con mi padre, mirando salvajemente sobre su hombro.

Mi padre miró hacia mí todo el tiempo en que dijimos nuestros votos, mi nuevo esposo en su tosca pero estable voz y yo tropezando y trastabillando con las palabras. Fue sólo cuando el magistrado nos declaró esposo y esposa y que firmamos el contrato de bodas que él asintió en aprobación.

—Rukia —dijo él, caminando adelante cuando el magistrado dejó la pantalla—. Este hombre, el señor Shiba, es tu nuevo señor y patrón. Sé una buena y fiel esposa, obedécelo en todas las cosas y puedes con el tiempo redimirte a ti misma. —La curva en sus labios y la burla en su voz hizo claro que él consideraba esto como una remota posibilidad.

Yo no quería ser una "buena y fiel esposa" pero la elección no era mía, yo estaba casada ahora, me gustara o no.

—Desde este momento en adelante, no tengo hija. —Los ojos de mi padre se posaron sobre mí con disgusto—. Ni hijo, tampoco. Si ves a tu hermano otra vez, dile que está desheredado. No quiero tener nada que ver con ustedes miserables ingratos.

—Sí, padre —susurré, mi garganta apretada.

—No me llames así —espetó—. No más. —Miró hacia mi esposo—. Señor Shiba, Rukia es suya ahora, para hacer con ella lo que le plazca.

Mi nuevo esposo asintió con seriedad.

—Entiendo muy bien, Capitan Kuchiki. No tema… la trataré bien.

Mi padre resopló.

—No me importa una maldita mierda cómo la trates, Shiba. Golpéala cada noche si quieres… Sólo nunca me dejes verla otra vez.

El señor Shiba asintió otra vez.

—Como desee.

—Considero este asunto concluido —dijo mi padre. La pantalla se puso negra y el se fue.

—Creo que es tiempo de irnos. —Mi nuevo esposo tomó mi mano con la suya y entrelazó nuestros dedos firmemente. Había algo acerca de su agarre… Miré abajo para ver sus manos pero estaban con guantes negros, escondidas de mi vista. Me pregunté qué tan viejo era, su voz sonaba como si hiciera gárgaras con grava cada mañana. ¿Era eso el resultado de una vejez extrema o sólo otra parte de los efectos secundarios de los parásitos que se habían comido su rostro?

Supuse que iba a descubrirlo muy pronto.

Sin protestar, dejé a mi nuevo esposo llevarme afuera de la casa para entrar en una hermosa y lujosa limosina que esperaba.

Mi nueva vida había comenzado y no había nada que pudiera hacer para detenerla.

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Bueno, viendo que el capitulo es demasiado corto, 5 páginas de Word para ser exactos y que me confundí, pensando que solo faltaba 2 capítulos, eh decidió subirles el otro capítulo más, dejando el capítulo final, para el miércoles (eso espero e.e)

Creo que deje muuuuyyy en claro quién es el prometido de Rukia xDD Deje demasiadas pistas y eso que a mí me costó identificarlo en el libro, aunque tuve la leve sospecha de quien era xDD

En fin, pásense por el siguiente capítulo que este trae muchas aclaraciones y dudas que tal vez muchos tienen ^^ Nos leemos luego entonces :3

Para aclarar:

* Skelly head: Cabezas de esqueleto.