SUPERNATURAL: WINCHESTER BUNCH
Adam: 13 años
Sam: 16 años
Dean: 20 años.
- Muy bien (John aun entrando por la puerta) quiero ver vuestros culos de idiota plantados en el sofá, primero quiero tener unas palabras con todos vosotros (los chicos no esperaban que fuera tan inmediato. Se sentaron un poco asustados en el sofá. John se quedó de píe apoyado, medio sentado, en un mueble). Primero. No tengo muchas normas. No soy de esos padres que dan mucho por culo con lo de que os lavéis los diente o detrás de las orejas, comáis verduras o veías o no veías algún programa en al tele. Tengo unas cuantas normas, si, es cierto. Pero son para manteneros con vida. Y de todas las reglas que tengo hay 3 que son sagradas. Obedecerme, respetarme y no mentirme. Y creo que son las que por alguna extraña razón, que no llego entender, os ha dado últimamente por desobedecer casi sistemáticamente. Quizás os haya dado la sensación que ya no son de obligado cumplimiento. Pues os pido perdón, porque siguen estando en vigor como el primer día, Y la consecuencia por no desobedecerlas sigue siendo la misma. Mi boca deja de hablar y mi cinturón empieza a actuar (Adam y Sam tragaron saliva).
John hizo una pausa y miró de arriba a bajo a cada uno de sus hijos, se cruzó de brazos y se preparó para retomar su discurso.
- Este fin de semana, me habéis manipulado, mentido, desobedecido y a vosotros dos (señalando a Dean y a Sam con el dedo) casi os matan. Solo una de esas mierdas os hubiera garantizado un viaje directo sobre mis rodillas. ¡Pero no! Habéis decidido hacerlo a lo grande. Pues bueno, el castigo también será a lo grande. (A los tres se les erizaron los pelos del todo el cuerpo) Para empezar. Los tres, si no estáis en la escuela, estaréis en casa de Bobby ayudándole o conmigo entrenando. Todo el mundo a la cama a las 9. Adam tú a las ocho. A las 5 en píe, para correr o lo que a mi se me ocurra. No hay salidas hasta próxima noticia. Y eso te incluye a ti Dean. Del taller a casa y de casa la taller. No más chicas de gasolinera. Cómo siempre estaréis bajo la vigilancia de la escuela, mía o de Bobby, nada de teléfonos. Nada de tele, nada de música, nada de nada. Solo trabajo, trabajo y más trabajo (ninguno de los tres tuvo valor para replicarle. John se quedó unos instantes observando las caras de sus hijos. Dean tenía la mirada clavada en el suelo lleno de pena. Sam intentaba mirar a un punto infinito pero sus ojos vidriosos no engañaban a nadie y Adam le clavaba la mirada llena de odio). Muy bien (empezando a remangarse las mangas, los tres tragaron saliva), pongámonos manos a la obra. Cómo ya he dicho habéis hecho un gran trabajo cagándola, cabreándome y decepcionándome. Así que ahora es mi turno para dejar una buena, clara y duradera impresión en vuestras cabecitas de chorlito y en vuestro trasero de lo que nunca fue aceptable ni nunca lo será. Samuel, ve a buscar la pala, ya sabes donde está ¿verdad?
- si, señor (Sam tragó saliva y fue a la camioneta de su padre y agarró la maldita pala de madera con el maldito "board of education" tallado. Ni Dean ni él sabía como narices había llegado a las manos de su padre aquel temido objeto salido del infierno. Pero Sam des de que tenía uso de razón recordaba aquella maldita pala en el maletero del impala. Aunque no fue hasta que tuvo 11 años que no tuvo el "placer" de enfrentarse en persona al "comité educativo". Sam entró de nuevo en el salón y casi en cámara lenta se acercó a su padre, cerró los ojos tragó saliva, y finalmente le dio la dichosa pala).
- Dean (Dean se levantó como si tuviera un muelle en el culo. Sam y Adam miraron a Dean atónito. No podía ser Dean tenía 20 años) Samuel, Adam. (Para llamar l atención de los tres, aunque no era necesario, los tres estaban esperando el fatídico veredicto). Ahora los tres os llevareis la parte de mentirme y manipularme. Mañana por la mañana, vosotros dos (señalando a Dean y a Sam) la parte de desobedecerme y no seguir los protocolos. Y Dean, esta noche saldaremos nuestra cuenta tratando la estupidez esa de poner tu vida en peligro. Sé que normalmente hay un número determinado para cada una de esas trasgresiones. Pero hijos, si tuviera que seguirlo me iba pasar zurrándoos hasta el día del juicio final. Y al menos yo, quiero pasar hoja de este horrible capítulo. Así que no hay números, cuando crea que el mensaje ha llegado a vuestros cerebros daré por acabada la zurra y todo estará perdonado
- Excepto que por lo de estar siempre contigo o Bobby y lo de a la cama a las ocho. Levantarnos a las 5, para correr. Nada de salir, nada de teléfonos. Nada de tele, nada de música, nada de nada. Solo trabajo y aburrimiento (Adam no llevaba nada bien lo de los castigos, sobretodo cuando no era una alternativa a unas nalgadas sino un más a más).
- Si, Adam, lo has entendido a la perfección (John no podía creer que el niño aun tuviera los santos cojones de replicarle). Tú primero (Dean y Sam se levantaron para darles un poco de privacidad)
- ¿Yo? ¿Por qué yo?
- ¿Dean, Sam, os he dicho que os levantarais? 8John lanzó a sus hijos como una daga envenenada)
- No señor (dijeron Sam y Adam al unísono y se volvieron a sentar. Aquello era peor de lo que se habían imaginado, su padre no los iba a castigar en privado)
- Adam, si, tu primero y primero porque yo lo digo, obedece (John no estaba gritándole pero aquel tono dejaba muy claro que no iba a permitir más dilaciones).
- Pero papá, tu ayer ya me (Adam se puso rojo como un tomate, como podía su padre hacerle pasar esa vergüenza ante Dean y Sam) ya sabes,
- Hijo, ayer te zurré por que me desobedeciste cuando te dije que recogieras el taburete y me faltaste al respeto cuando me sugeriste que me lo podía meter por el culo (Adam estaba ahora rojo como un tomate, parecía que le iba a salir vapor por las orejas. Sam y Dean se miraron el uno al otro y después a su padre, aquel chico los tenía bien puestos). Ahora (agarrando una de las sillas de la mesa del comedor y poniéndola en el centro del salón) vamos a tratar esa manía tuya de manipular y mentir (John le explicó tranquilamente y se sentó en la silla y se golpeó suavemente el muslo para indicarle que se pusiera sobre su regazo). Y Adam, realmente espero no volver a tener que repetir esta charla
- papá, por favor, no delante de ellos (Adam le rogó con ojitos de perrito abandonado)
- No veo porque, os pusisteis los tres de acuerdo para engañarme, manipularme y desobedecerme. Lo lógico es que os castigue también juntos. Adam, venga, NO TENGO TODA LA TARDE (Adam pensó en decirle que eso no era cierto, que tenía toda la tarde, todo el día, toda la semana, al fin y al cabo él no era como su madre no tenía un trabajo de verdad. Pero Adam creyó que aquella no era la mejor ocasión para decirlo). Vamos, no querrás que vaya yo a por ti ¿verdad? (Adam negó con la cabeza con cara de miedo) Pantalones y calzoncillos abajo y sobre mis rodillas (Adam y John se sostuvieron las miradas durante unos segundos, pero finalmente Adam obedeció y se bajó los pantalones y calzoncillos y rápidamente se puso sobre el regazo de su padre).
John no perdió el tiempo en cuanto el muchacho estuvo sobre sus rodillas comenzó a castigar duramente sus posaderas. John solo estaba usando su mano, pero estaba haciéndolo a conciencia. Se estaba tomando su tiempo entre nalgada y nalgada. Realmente quería acabar con esa costumbre de Adam de manipularle. Adam al igual que Sam era muy vocales cuando se trataba de recibir alguna que otra nalgada. Adam gritaba, se retorcía, pataleaba y no paraba de intentar librarse de la zurra. John, que una el quedaban dos hijos a los que castigar vio que si seguía así acabaría agotadísimo. Así que puso de píe al muchacho, y se quitó la correa, la dobló en dos, manteniendo la hebilla bien a salvo en su puño.
-papá no (Adam era un mar de lagrimas y mocos. La cara la tenía desencajada, John estaba seguro que la zurra no sería tan difícil para el chico si no se estresara tanto. Desde que cayera la primera nalgada Adam había estado luchando por liberarse su castigo) Por favor, no, duele ya mucho, tu mano es muy dura, por favor no, el cinturón no.
- Adam (John intentaba calmar a Adam con un tono más cálido) no consentiré que me manipules a mi o a tus hermanos o que me mientas. Ambas ofensas son totalmente inaceptables. Hay unas normas y están ahí por algo. Para manteneros con vida y a salvo. Así que se acabaron las mentiras, las insubordinaciones, las faltas de respeto y el manipular para saliros con la vuestra. Sé que sabes que está mal. Eres un buen chico y tu madre te educó bien. (Aquello tocó el alma de Adam, pero no por eso dejó de pensar que John estaba jugando sucio mencionando a su madre. Pero era cierto, su madre se moriría de pena si supiera como se había estado comportando con John) Te sugiero que a partir de ahora utilices esa inteligencia tuya para algo más provechoso que para mentirme, manipularme, desobedecerme, molestarme, faltarme al respeto o poneros en peligro. (John tiró del chico y lo colocó de nuevo sobre su regazo y con las piernas le hizo una pinza para inmovilizarlo mejor y empezó a darle chirlos con el cinturón)
Adam suplicaba, lloraba, gritaba y decía todo tipo de disculpas habidas y por haber. Pero John se había marcado un objetivo con esa zurra. Y no era otro que grabar en las posaderas de su hijo al rojo vivo que se habían acabado las chiquillerías. Y que NO significa NO. Y solo paró cuando finalmente vio que Adam cambiaba de actitud y dejaba de luchar y aceptaba su responsabilidad y el castigo. John dejó el cinturón, agarró la pala y le dio 4 palazos. No muy fuertes, solo como aviso.
- si tengo que volver a tener esta discusión contigo, no serán 4 ¿entendiste Adam?
- Si, señor (dijo sin moverse).
John, con cuidado lo levantó y le ayudó a ponerse los calzoncillos y los pantalones, después lo abrazó fuertemente mientras le decía palabras de consuelo. Cuando, al fin John notó que el corazón y la respiración volvían a la normalidad, le besó en la cabeza y se separó de él.
- Muy bien, hijo, todo perdonado, ahora siéntate (señalándole una de las sillas de madera de la mesa del comedor) y nada de frotarse (Adam estaba convencido que aquel dolor le iba a durar de por vida, pero tanto Sam como Dean, sabía que John no había sido excesivamente duro con el muchacho que en unas horas la picadura había pasado) Muy Bien. Dean, tu turno. (Dean se sorprendió, pensaba que ahora sería le turno de Sam, John siempre lo disciplinaba a él primero porque Sam se ponía muy nervioso, con la espera o sintiendo como Dean era castigado y eso siempre era peor) ¿Dean? (John volvió a llamarlo) hijo, tu turno. Sobre el respaldo del sofá (y John agarró de nuevo el cinturón).
- papá (Sam empezó, pero John lo miró fijamente y el chico tragó saliva)
- Todo esto, ha sido por ti ¿no? Para que tú tuvieras tu fin de semana romántico con Rebbeca. Pues ahora vas a tener el honor de ver los fuegos artificiales finales en primerísima fila. Hijo, nunca os he permitido traer a ningún amiguito (el diminutivo fue un golpe bajo) a dormir a casa. Nunca. Ni siquiera Dean, tuvo los santos cojones de TRAER UNA MUCHACHA A CASA.
- Papá (esta vez fue Dean) Sammy no (John lo interrumpió en seco)
- No hijo, tú y yo ya hemos hablado antes. No quiero oírte nada más. El momento para actuar como el hermano mayor se te pasó. Tú no debiste permitir que nada de esto pasara. Y tú (volviendo a Sam) no debiste permitir que tus hermanos participara en toda esta farsa. Han mentido, desobedecido y puesto en peligro sus vidas para que el señorito tuviera su rendezvous. (Sam bajó la cabeza, avergonzado. lo que había dicho John era cierto. Quería tanto ver a Rebbeca de nuevo, que no le importó que sus hermanos se metieran en un lio para lograrlo) Dean sofá (John dijo con un tono severo) pantalones y calzoncillos abajo. Lo mismo que Adam. No pienso contar y ambos sabemos porque es así. Hijo, no abandones la posición hasta que yo te lo diga. (Dean obedeció de inmediato)
Aquella no fue la peor paliza que había recibido Dean, pero si que podía colocarla en el top ten. John dejaba su tiempo entre cuerazo y cuerazo. Dejaba que el chico se recuperara un poco para volver a escarmentar la zona ya castigada. Dean aguantaba el dolor como nadie. Incluso mejor que John. Solo se oía la respiración entrecortada y algún que otro tímido gruñido. John dedicó su tiempo. Dean tenía 20 años. Era el mayor. Debía de poder confiar en él. No solo en la caza, también en la vida. Y en la cabeza de John solo hacía que dar vueltas la Gorgona. Si hubiera llegado solo unos minutos más tarde, ahora en vez de estar dándole una zurra a su hijo de 20 años, le estaría dando sepultura a sus dos hijos. John finalmente dejó la correa y tomó la pala. John estaba convencido que Dean ya había llegado a su límite, pero se había comprometido a darle el mismo trato que le iba a dar a Sam. Y eso es lo que iba a hacer. Levantó la pala y la dejó caer sobre los muslos de Dean. Dean se maldijo mentalmente, si John tenía la intención de castigarle los muslos no iba a poder sentarse en días sin sentir molestias. Efectivamente los siguientes golpes recayeron todos sobre los muslos. Finalmente John subió un poco la intensidad y la velocidad a la vez que castigaba el punto exacto en que las piernas y los glúteos se unen. Esa zona era especialmente dolorosa. Por tierna, porque es imposible sentarse sin apoyarse en ellas y al caminar también es imposible no rozarla. Dean, lloraba en silencio y comenzó a respirar con dificultad y a ser un poco más vocal. Fue entonces cuando John dio por acabado el castigo. Dean en seguida se subió los pantalones y calzoncillos. Tal y como hizo con Dean John lo abrazó fuerte y le dijo al oído palabras de cariño y confort. Dean enseguida se separó de su padre, por vergüenza y porque no creía que mereciera esas palabras.
- Dean (señalando la silla de al lado de Adam. Dean con cuidado se sentó junto a Adam y acabó de recomponerse). Muy bien, Samuel, (dejando la pala y volviendo a tomar el cinturón) tu turno. Sobre el respaldo del sofá, pantalones y calzoncillos abajo y no abandones la posición hasta que yo te lo diga.
- Papá, yo lo siento, lo juro. No lo hice con la intención de
- Hijo, sé con que intención lo hiciste. Y como he dicho antes las reglas están ahí para algo. Y es para manteneros a salvo. Y sé que sabes que una cita no es suficiente motivo para poner en peligro vuestras vidas. Lo sé, eres un chico muy listo y con sentido común. Y cuando decidiste seguir con ese estúpido plan sabías que hacías mal y a pesar de eso continuaste adelante. Así que hijo mírame a la cara y dime que no te mereces esta zurra.
- No, puedo, señor. Pero, papá, lo siento, siento haberte fallado y sobretodo siento haber puesto en peligro a Dean.
- Y a ti mismo (añadió fulminándolo con al mirada).
- Y a mi mismo (dijo bajando la cabeza y con un hilillo de voz).
- No hay nada más que hablar, asume la posición (Sam lo miró con ojos de cachorrito, no para que su padre cambiara de opinión sino porque realmente se sentía fatal) Samuel, venga hijo. (Sam se bajó los pantalones y los calzoncillos y agarró con todas sus fuerzas uno de los reposacabezas del sofá).
Esa fue la segunda peor paliza de toda la vida de Sam. Después de su escapada a Flagstaffs que no recordaba una paliza tan dura. Recibió exactamente lo mismo que Dean. Pero a diferencia de Dean, Sam no dudo en gritar, llorar y pedir clemencia y hacer todo tipo de juramentos para que su padre parara. Cuando hubo acabado, le permitió subirse los pantalones y le hizo devolver la pala a su lugar. Y después una vez los tres estuvieron sentados en la mesa. Él también se sentó y respiró hondo y les puso a limpiar armas por más de tres horas, mientras Adam hacía ejercicios de latín. John estaba convencido que para el verano Adam ya sabría mejo latín que el mismísimo Séneca.
A las 8 Adam se fue a la cama. John aprovechó para darle a Dean 20 cuerazos más por poner en peligro su vida. Obligando a Sam a darle su propia correa para castigar el ya pobre dolorido trasero de Dean. Cuando llegaron las nueve ni que mencionar que los dos no hicieron muchos ascos a lo de irse a al cama a dormir. Al menos durmiendo boca arriba podrían darle a sus pobres traseros el tiempo suficiente para recuperarse. A la mañana siguiente justo después de correr 6 millas John volvió a convocar a los 3 en el salón y acabó con la parte de castigo de Sam y Dean que correspondía a diferencia del día anterior cada palazo fue acompañado de un "seguiré siempre los protocolos, señor". 20 en total par a cada uno. El resto del día fue dedicado a ejercicios de supervivencia, memorizar invocaciones y exorcismos en latín y hacer inventario y puesta en punto de las armas que tenían en los coches.
