Una nueva apuesta.
Un fuerte grito y un jadeo repentino les avisó a Esme y a Rosalie que el momento había llegado. Bella tendría a su hijo.
Las carreras entre la gente de la casa no se hizo esperar, y mientras los hombres esperaban afuera porque no aguantaron estar dentro por el encierro y por no poder fumar, al estar afuera pudo Edward dar rienda suelta a su nerviosismo y miedo.
Jasper que ya había pasado por eso, a pesar de todas las palabras que le dijo, sabia que eso no terminaría hasta que todo hubiera sucedido, hasta tener a su hijo en brazos y comprobar que madre e hijo estaban bien.
Para Emmet, era otro cantar, pues su querida Rosalie, le acababa de decir que estaba embarazada, lo que lo alegró de inmediato y lo llenó de un pánico que nunca creyó posible sentir. Tenia miedo de muchas cosas, no las expresaba pero las tenia presentes, y eso lo hacia sentir mal, y con todo lo que sucedio en la familia, él solo deseaba que su esposa pasara todo sin problemas. Rosalie amaba a sus sobrinos pero estaba loca de felicidad por que iba a tener el suyo. Poco a poco comprendería Emmet todo lo que significa embarazo y parto.
Luego de más de 8 horas de labor de parto y finalmente un llanto conmocionó a todos, alegrándolos hasta la médula de los huesos.
Edward corrió hasta la habitación para ver a su hijo. El llanto fue lo mas maravilloso y a la vez angustiante que experimento Edward, él amaba a su hijo y no le importaba nada más, pero le preocupaba su esposa.
Finalmente se abrió la puerta y Esme salio con un pequeño bultito entre sus brazos, se veía tan feliz, tan contenta. Edward esperó y su madre le puso el pequeño bultito en sus brazos.
- Felicidades Hijo- fue todo lo que dijo, y espero. Edward miro a ese pequeño bebé que se removía entre sus brazos, y abrió sus ojitos como si se lo hubieran pedido. Tenía los ojos verdes de su padre. Quien extasiado besó a su bebé. dio gracias al cielo por esa hermosa bendición y se quedó de una pieza cuando su madre le dijo:
-Es una niña Edward - Era como estar en el paraíso. -Y Bella está bien. -Pero un grito de Bella les puso la piel erizada. Algo estaba sucediendo. Esme corrió de nuevo para la habitación y cerró la puerta dejando a un muy asustado Edward que esperaba ansioso cada segundo por saber qué pasaba. Jasper y Emmet estaban a su lado y él entregó a su hija en manos de ellos, tenía que saber qué pasaba con su esposa. Los gritos continuaron y el entró a toda prisa a la habitación y la vio: estaba pálida, muy pálida y sudorosa, ojerosa y cansada.
-Edward sal de aquí. Esto aún no termina.-le dijo Esme mientras lo empujaba fuera de la habitación. De pronto Edward se vio ante la puerta cerrado y preocupado por los gritos de su mujer, mas mujeres salían y entraban con cosas y cerraban la puerta, Edward iba a entrar, no podía soportar que su esposa sufriera, ¿y si se estaba desangrando y no lo dejaban verla? las peores tragedias se sucedían ante su mente, sin que pudiera evitarlo y tomó el pomo de la puerta cuando se dejó escuchar otro llanto de bebé.
Todos los presentes, desde Emmet, Jasper, Edward y demás gente en la casa se quedó sorprendida al escuchar otro llanto de bebé.
Minutos después, salía de nuevo Esme, exultante de felicidad con otro bultito en sus brazos, mientras Edward la miró sorprendido y conmocionado.
-¡Son gemelos Edward, es un varoncito! y ahora si, su madre ya está descansando. ¡Muchas felicidades!-él no tenia palabras, tomó a su hijo en brazos y lo miró que buscaba alimento desesperado, abrió sus ojos como pidiendo a quien lo tenía que lo llevara a donde se alimentara, de su madre. También tenía los ojos verdes como su padre. Que se inflamó de orgullo y dicha.
Entró a la habitación donde una muy extenuada pero feliz Bella, lo miró con felicidad absoluta.
Se acercó con cuidado mientras los demás salían dejando todo limpio y dándoles espacio. Se sentó junto a su amada Bella que comenzó a llorar.
-Te amo Edward, son tus hijos, son dos.-él la besó dulcemente mientras depositaba a su pequeño junto a su madre para alimentarlo. La pequeña estaba durmiendo en brazos de su tío Jasper, mientras era contemplada por todos. Y era recibida con amor.
3 años después:
Las cosas en el rancho Cullen habían cambiado drástica mente: Ahora la casa estaba llena de alegría y niños. Jasper y Alice también tenían dos hijos, El mayor Jasper jr. Y la menor Gretel Alice, Edward y Bella con sus gemelos Edward Carlisle y Caresme Rosalie, Rosalie y Emmet con su adorado Emmet Jr. que era todo un diablillo y esperando el siguiente bebé. Faltaban dos meses para que naciera.
Muchas cosas también cambiaron en los alrededores, pues la tribu de Jacob, era bien conocida por comerciar con el rancho Cullen y otros más, y ser excelentes rastreadores, que se ganaron el respeto de muchos, y vivían en paz con ellos y con otras tribus.
María y el capitán Jhon, jamás pensaron que les llegaría una sorpresa agridulce. Cuando fueron de visita a otro fuerte, este había sido arrasado por unos indios que no toleraron los abusos de los soldados con sus mujeres y las muertes que se provocaron, fueron muchas, si el capitán hubiera llegado unas horas antes, hubieran perecido todos. La matanza fue atroz.
Al recorres lo que quedaba del fuerte, que era muy poco, María encontró en un barril, al único sobreviviente de esa masacre, un bebé y a su lado a su madre, que se interpuso para que no lo encontraran y murió por ello. María levantó en brazos al bebé que lloraba presintiendo su desgracia. Y el capitán sabía lo que pasaría, tendrían que llevar al bebé, y reportar lo sucedido. Nadie cuidó con tanto ahínco y amor a un bebé, como aquel.
María no quería entregarlo, le rogó al capitán que no lo hicieran, que se quedaran con él porque era un regalo de Dios, pero el capitán a pesar de también anhelarlo, no podía. Su obligación era investigar si había parientes del niño y entregarlo a ellos. Ella lo odio por eso, pero sabía que tenia que ser así. Y no se dio por vencida, convenció al capitán para que se quedaran el tiempo necesario para saber si reclamaban al bebé y también para cuidarlo. Y efectivamente, después de un mes de esperar, supieron que no había más familia para ese bebé, que ahora si, estaba completamente solo en el mundo. Y no hubo impedimento alguno para su adopción. Así María encontraba por fin el perdón y un hijo al que amaba ya con todo su corazón.
Y fueron muy felices.
En el rancho Cullen, todo era alegría y movimiento, se preparaban para el cumpleaños de los gemelos, y la casa parecía hormiguero de tanto movimiento, acomodando todo para la fiesta. Carlisle y Esme felices de tener a sus nietos entreteniendolos mientras sus padres se arreglaban para poder empezar la fiesta.
-¿Me ayudas con los botones amor?-comentó Bella mientras intentaba abrocharse los botones del vestido azul que le acababa de regalar su esposo.
-Claro- murmuró Edward a su oído mientras le comenzaba a desabrochar los botones, y Bella no se dio cuenta porque él le besaba el cuello y los hombros lo que la tenia totalmente concentrada en sus caricias. Hasta que se dio cuenta.
-Edward, amor, tienes que abrocharlos no desabrocharlos-él soltó una sensual sonrisa y la miró con devoción.
-Señora Cullen, no tengo la culpa que se vea tan apetecible con ese vestido. Es usted un pecado andante.-Ella sonrió y se derritió ante su mirada. Pero se recompuso segundos después.
-Te tengo una noticia que te apuesto no esperas-él la observó por un momento buscando en su rostro algún indicio de lo que le decía.
-Mmm, si es lencería como la que te compraste la ultima vez, ya gané.-Ella sonrió sonrojándose y negando.
-¿Que apuestas Edward Cullen?-él la miró intrigado.
-¿Todo o nada?- sugirió ella.
-Todo. Apuesto todo a que es lencería.
-Acabas de perder mi querido tahur. No, no es lencería.-él sonrió pero estaba intrigado.
-Entonces, ¿qué es mi amor? -Ella lo miró emocionada.
-Vas a ser padre nuevamente- Se tocó el vientre y le puso la mano sobre éste, mientras Edward la miraba dichoso y sonriente.
-¿Estas segura que voy a ser papá nuevamente?-ella le afirmó con la cabeza mientras él la estrechaba entre sus brazos y la besaba apasionadamente.
Luego que se separaron de ese beso, ambos respiraban dificultosamente.
-Esa es una apuesta que me da mucho gusto perder amor. Y claro que te voy a mimar, te voy a consentir y me sigues haciendo el hombre más feliz sobre la tierra.
- Solo una cosa Edward- la miró a los ojos esperando.
-Si son trillizos, tú te encargarás de ellos.él la miró sorprendido y luego sonriente y orgulloso.
- No me deja lugar a dudas por la forma en que fueron concebidos. Eres insaciable amor.-Le dijo Bella al amor de su vida, que día a día se convencida mas de que le agradecía al cielo por la enorme suerte que tuvo de que Edward hubiera ganado esa apuesta hace años.
-Usted Señora Cullen, es un pecado andante. La culpa es enteramente suya. Pero acepto con gusto lo que venga.
Y ambos bajaron abrazados y listos a decir las buenas nuevas para la familia, que ahora seria más numerosa y feliz, lo que ambos habían deseado, ahora lo tenían, y lo disfrutarían durante cada segundo de cada día de su vida. La felicidad absoluta.
