Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Sólo la trama es mía.
Gracias por los reviews, los alertas, los favoritos, por las preguntas, sugerencias y suposiciones... sobre todo por las ganas y cariño que le tienen a la historia.
Llegó el momento... no interrumpo y sólo espero que lo disfruten.
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¿Cuánta soledad puede soportar un alma cobarde?
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Epílogo...
*29 de agosto de 2009: Sobreviviendo*
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Jacob dejó escapar otro suspiro que se sumaba a una seguidilla mientras ordenaba desganado los papeles que acababa de revisar aceptando los burocráticos cambios en el personal de su área del hospital.
El elegante reloj negro análogo adornando la esquina derecha de su escritorio marcaba las 9:15 de la noche, pero para él el tiempo había parecido dejar de tener peso, como muchas otras cosas en su vida.
Otra vez terminaba tarde, otra vez saldría a última hora del trabajo, otra noche llegando tardíamente a su intento de hogar… ¿Pero qué importaba ya?
Nadie le esperaba en el frío y vacío apartamento que había decidido alquilar unos días atrás, cansado de soportar las incómodas miradas que le lanzaba su padre y sus hermanas en la casa de Billy. Él no quería que lo mirasen así, él no se merecía que le tuvieran pena, era un hombre grande e independiente no un niño al que se le perdió su mascota.
Jacob volvió a suspirar dejando caer sus pesados hombros, él siempre había cavilado que tan mal podrían ir las cosas al final del camino, incluso antes de ofrecerle matrimonio a Bella hace casi seis años atrás. Y para ser sinceros, pensó que todo podría resultar muchísimo peor entre ellos, aunque no por eso esta nueva y desconocida soledad a la que se veía enfrentado desde hace unos meses y que lo había sorprendido con la guardia baja, nunca dejaba de doler un carajo cada vez que entraba en ese feo apartamento casi desocupado, cuando compartía con su familia o cuando sus casi inexistentes amigos insistían en tratarlo como a un deficiente emocional al borde del suicidio.
¿Por qué demonios no le dejaban en paz? ¿Por qué ese ridículo afán de su familia por obligarlo a confesarles todo con lujo de detalle? ¿Acaso no podían entender que le dolía hablar de ello y que no por callar iba a morir?
Todo eso es por tu jodida culpa. Por tu imbécil manía de ser el chico afectivo y abierto. ¡Ahora hazlos entender que no quieres hablar! ¡Haz que lo entiendan y lo respeten!- se recriminó a la vez que se reclinaba en su silla negra de cuero, sin ánimos como para mover su trasero y salir de allí.
Tenía que asumir las consecuencias de su buen corazón. Jake soltó una carcajada al recordar como hace muchos años Edward le había hecho un comentario burlón que estúpidamente terminó siendo cierto, algo así como que "no vale la pena ser tan bueno, porque al final, al único que le importa que tengas un buen corazón es al cardiólogo" ¡Jodido bastardo con razón!
Jake rió sin humor un poco más fuerte, reconociéndose a sí mismo que en este momento le gustaría ser un poquito de lo cabrón que ese bastardo ha sido toda su vida. De seguro nadie estaría hostigando ni tratando a Edward como un bebé llorón, que si él hubiese dicho que lo dejasen tranquilo ya lo habrían hecho… en cambio para Jake, por más que gritase que dejasen esa mierda sobreprotectora y que no cuestionasen más a Bella como lo estaban haciendo, no había resuelto nada. Su familia seguía empecinada en actuar como una manada al rescate y aquello lo estaba ahogando.
Quizás no debería haber estado tan dispuesto a gritar a los cuatro vientos su alegría cuando se sentía feliz, porque ahora que no lo era y no quería comentarlo, la gente simplemente no lo entendía. ¿Cómo cerrar la puerta cuando siempre has dejado abiertas las ventanas?
Comprendía que sobre todo para Billy el tema de su separación lo tomase por sorpresa, también entendía que sus hermanas la agarrasen en contra de Bella porque siempre le han visto con ojos de cariño y eso les impedía ver que su hermano también se equivocaba, aunque él confesó de entrada que le había sido infiel a su mujer varias veces; pero lo que no lograba comprender era porque todos se empeñaban en sobarle la espalda diciéndole que todo se arreglaría y otros le daban palmaditas de aliento junto con palabras que parecían haber sido sacadas de un mal libro de autoayuda en vez de regalarle el silencio y espacio por el que rogaba.
Jake se pasó las manos repetidas veces por el rostro en gesto de hastío; sólo existía una persona en el mundo a quien podría soportar a su lado en estos momentos, sólo ese alguien sería capaz de darle su espacio y a la vez escucharle en silencio… el pequeño problema recaía en que desde hace años que esa persona era su enemigo.
Sin dudas, Edward sabría que decirle o por último se encargaría de espantar al resto con una de sus bruscas acciones y luego acompañarle con una copa de whisky.
Pero para qué pensar en lo que no se puede, en lo que ya está roto. Edward ya no era parte de su vida y él debía de aprender a andar con sus sombras por sí solo.
No podía evitar sentirse incómodo al recordar el pequeño y redondito rostro de su princesa, su hija, lo que más amaba sobre esta tierra; pero lo que más lo aturdía era esa extraña sensación que le apretaba en pecho cada vez que al evocar su preciosa imagen una vocecita en algún rincón de su cabeza le gritaba enloquecido que esa niña no le pertenecía, que él era un iluso imbécil al pensar que ella le querría sobre todo ahora que, desde hace poco más de un mes, la verdad se había destapado.
Ese era un día que a él no le gustaba recordar y que de haber podido borraría del calendario para siempre, pero que de todos modos una parte de él se obligaba a recordar, como si quisiera autocastigarse a la vez que ese dolor le recordaba que debía sacar fuerzas para continuar.
Tal vez, a estas alturas, ya no sabía a ciencia cierta la seguidilla de sucesos de aquel día pero habían detalles que lo marcaron de por vida, recordaba como le sudaban las manos heladas cuando llegó a la pequeña casa de Bella esa mañana, como el pánico lo hacía temblar de pies a cabeza cuando a los minutos vio a Edward llegar no en mejores condiciones que él, como le zumbaba la cabeza y el nudo en la boca del estómago lo tenía a punto de salir corriendo despavorido de aquel lugar.
También recordaba a Bella… una aterrada Bella, pero como ella inteligentemente había contactado a Charlotte hacía unas semanas y les había obligado a ambos a hablar con esa estrambótica psicóloga para enfrentar de mejor manera esa circunstancia, su ahora exmujer parecía estar en control de la situación… sólo lo parecía, pues Jake sabía que Bella interiormente era la más horrorizada, aunque luego de su separación las conversaciones se volvieron más difíciles y por lo mismo intentaron no pisar terrenos pantanosos y nunca hablaron abiertamente de sus sentimientos, ambos sabían que se querían y que se extrañaban y Jake ya había asumido que rogarle sólo la haría sufrir más. Además, él tan temeroso como se sentía, había estado evitando el día de confesar lo de la paternidad de Lizzie como si se tratase de un jodido juicio final.
Pero en el camino se había dado cuenta de algo, una cosa era hablar con los familiares y contarles la verdad, pues no en todos los casos era necesario ser 100% honestos, bastaba con decir lo justo y mandarlos al diablo cuando su curiosidad pasaba a invasión, pero hablarlo con Elizabeth… eso recurría a una valentía superior, sobre todo para no confundirla.
¿Cómo explicarle algo así a una niña de casi 5 años si él a sus casi 30 no lo entendía?
Tanto Bella, Edward y él estuvieron de acuerdo en que lo mejor era ser lo más claros posibles, explicándole a Lizzie que una cosa es ser padre por medio de la genética y otro por afecto, sin hacer parecer que una u otra era más o menos válida.
Y así fue, sentaron a la pequeña en el sofá de la sala aquella mañana, costó un rato que Lizzie les prestase real atención pues estaba ansiosa por volver al jardín trasero a jugar a "La pastelería" con barro y flores. Pero una vez que los tres se calmaron y lograron que la niña se concentrase empezaron a explicarle lo más fácil que pudieron las distintas formas de ser padres.
Bella se comportó de manera increíble, de alguna forma inventó una especie de cuento donde habló de cómo lo importante de ser padre es el cómo amar a tus hijos, cuidarlos, enseñarles y velar por ellos, independiente si llevan tu sangre.
Le contó sobre los niños que son adoptados porque sus padres biológicos no pueden darle ese amor mientras que hay otros sin la posibilidad de tener hijos que si lo anhelan, también le contó de cómo a veces uno de los papás muere y con el tiempo llega un padrastro o una madrastra que también puede amar a ese niño como su hijo… ahí Lizzie tuvo inconvenientes en creerlo, según ella las madrastras eran brujas malas que odiaban a las princesas… luego de media hora lograron convencerla y de paso Bella comentó que iba a hacer desaparecer la influencia de Disney en la videoteca de su hija.
Jake sabía que mucho del cuento que Bella relataba había sido idea de Charlotte y estaba profunda y sinceramente agradecido de la brillante inteligencia emocional de su excéntrica amiga, sin ella los tres estarían perdidos.
Así Bella terminó la historia hablando de los casos menos comunes en que por cosas de la vida algunos niños tienen más de una padre o madre, le explicó los casos de los padres separados con nuevas parejas, para terminar, luego de un segundo de respiro donde el silencio pareció golpearlo en la boca del estómago, Bella exhaló la verdad contándole a su princesa que ella era una de esas niñas afortunadas con una madre y dos padres que la amaban más que a sus vidas.
Elizabeth les miró en completo silencio unos cinco minutos que le supieron eternos, lo único que evidenciaba que parecía haber entendido era su ceño fruncido como si estuviese concentrada entendiendo un ejercicio de matemáticas de ser posible a su corta edad.
De pronto el rostro de Lizzie se enfocó en un nervioso Edward y todavía con el ceño fruncido le preguntó: - ¿Tú eres mi papi de sangre?- él asintió-¿Y me queres?-inquirió la pequeña realmente interesada.
-Muchísimo-contestó Edward sin dudar.
Entonces Lizzie giró el rostro y lo miró, haciendo la misma última pregunta.
-Te amo mucho, princesa-respondió Jake fingiendo una sonrisa relajada.
Elizabeth volvió a guardar silencio, pero el ceño fruncido de pronto fue cambiado por una mueca que terminó con un súbito y fuerte ataque de llanto que los congeló a los tres. Bella fue la primera en reaccionar al poner a Lizzie sobre su regazo mientras intentaba calmar el llanto de su hija, Jake y Edward se observaron petrificados sin saber que hacer o decir, pues no tenían idea del porqué lloraba realmente y con tanta fuerza.
Lo único que Jake sabía en ese momento era que vendería su alma a cambio de las lágrimas de su princesa, que si de él dependiese nunca jamás la hubiese expuesto a tamaña confusión.
-No llores mi Beth-susurraba Bella sobándole la espalda mientras la niña se aferraba a su pecho-¿No te gusta la idea de tener dos papás?-preguntó con cautela en un tono conciliador.
-Gusta-dijo asintiendo sin levantar la cabeza con la voz gangosa y casi inentendible al estar presionada sobre el pecho de su madre.
-¿Entonces por qué lloras, Beth?- inquirió Edward acercándose con cautela, Jake tuvo el impulso de gruñir pero lo contuvo y en vez, imitó a Edward y se acerco a su Lizzie.
Al sentir la cercanía, la pequeña salió de su escondite con el rostro rojo y húmedo acompañado por un puchero mientras los miraba a ambos apenas conteniendo las ganas de volver a llorar, a Jake se le apretó el corazón al verla así y se sintió peor, "Los niños no deberían porqué tener que pagar por los errores de los grandes" se dijo a sí mismo.
-Dime preciosa… ¿qué te tiene triste?- preguntó él entonces acariciando la mejilla de su niña.
-Es que… es que… yo-hipó sollozando- yo quero…-elevó la voz antes de volver a llorar.
-¿Quieres qué?-Bella alejó a la niña de su pecho mientras le acariciaba el cabello.
-Yo quero- dijo apuntando con su mano a Edward y a Jake- ¡Quero a los dos!-chilló otra vez- ¡No quero devolver uno, mami!- dijo implorando mientras seguía llorando. Bella pestañeó confusa mientras su hija la seguía mirando de manera suplicante, como si en sus manos estuviese arreglar algo.
-No tienes que devolver a nadie, Lizzie- le sonrió Jake más tranquilo entendiendo a su hija mientras por el rabillo del ojo vio el rostro absolutamente confuso de Edward.
-Pero, pero… mami dijo que hay niños que les falta un papá… ¡Y yo tengo dos!-gritó enfadada- ¡No quero darle uno a un niño que no tiene! ¡Yo quero dos papás míos!- contestó volviendo a hacer un puchero pero con la frente arrugada, en un universal gesto de que ella iba a luchar por lo que quería.
Fue entonces cuando el peso en el alma de Jake pareció esfumarse de pronto. Su niña era perfecta… tan perfecta como puede ser un pequeño diablillo egoísta de casi 5 años. A ella realmente no le preocupaba entender porque tenía dos padres o cual de ellos era más importante, ni cómo había sucedido tal cosa… al menos por ahora, su único drama era que ella los quería a los dos y no estaba dispuesta a compartir, ni siquiera con algún niño que no tuviese ninguno.
Quizás en un par de años las inquietudes de Elizabeth serían otras y las temidas preguntas y enjuiciamientos llegarían para todos de manera lapidaria, pero Jake había optado por esperar a que ese momento llegara, por ahora se conformaba con saber que su niña seguía amándolo del mismo modo, que lo abrazaba, que se reía con él y que cada vez que se despedían ella le decía que lo quería y seguía llamándolo "Papá", aquellos momentos eran por los que él vivía y se levantaba cada mañana.
Sin embargo, ahora él se veía obligado a compartirla y no podía evitar que le incomodara la súbita adoración que Edward había despertado en su Lizzie.
Jake sabía que los celos eran estúpidos en este caso, pero de todos modos con el estado "emo" que cargaba aquello lo torturaba… Lizzie estaba encantadísima con Edward, siempre hablaba del doctor de niñas y niños, de cómo su papá Edward la había llevado al parque o cómo había jugado con ella a la casita, de los regalos lindos que le hacía y de cómo le estaba enseñando a tocar guitarra.
En un momento pensó en competir por aquel trono de adoración, estuvo dispuesto hasta a comprarle el cachorrito que Lizzie siempre soñó, pero afortunadamente recapacitó… aquello sólo se convertiría en una bola de nieve sin control y Bella les cortaría las pelotas a ambos si llegaban a convertir a Lizzie en una competencia como las que solían tener en su adolescencia.
Así que uso la inteligencia y de la manera más sutil que pudo le comentó a Bella de cómo Lizzie hablaba y hablaba de lo que Edward le compraba o le compraría… obviamente su exmujer frunció el ceño de inmediato, si había algo que Bella detestaba era a las niñas mimadas y Lizzie, que de por si tenía un carácter difícil y era algo manipuladora, corría el serio riesgo de convertirse en una niña odiosamente malcriada si no se le controlaba un poco.
Así que desde esa semana Jake empezó a dejar de escuchar hablar a su hija sobre los regalos de Edward.
Pero de todos modos, Edward parecía haberse convertido en la persona favorita de Elizabeth de manera muy rápida y eso le molestaba.
Su maldito complejo de superhéroe le impedía ceder el lugar tan fácilmente al villano resarcido.
Pero no había mucho que él pudiese hacer ¿No?... de alguna manera lo asumió inconscientemente: Edward era el maldito nuevo ídolo de Lizzie.
La sorpresa había llegado ayer, cuando por la mañana pasó a ver a su hija y conversando con Bella se dio cuenta que Edward ahora también era la persona favorita en el mundo de su exmujer.
Jake cerró los ojos e increíblemente el rostro de Bella aparecía tras sus párpados, observándolo ansiosa y temerosa de pie en la pequeña cocina con una taza humeante de café entre sus manos, mientras de sus labios salía esa maldita frase "Las cosas con Edward están mejor. Él está haciendo realmente las cosas bien, Jake, realmente se está esforzando, tu sabes que Edward no es tan malo como todo el mundo cree" le había susurrado para luego desviar la mirada.
Jacob sabía lo que se escondía tras ese gesto, porque él la conocía, sabía que ella era capaz de ocultar lo que estaba en su interior tras una muralla blindada de quererlo así, en cambio ese simple gesto de desviar sus ojos le dio a entender que ella quería que él leyese entre líneas, que entendiese que ese "están mejorando" significaba mucho más pero que no lograba reunir el valor para decírselo...
¡Su puto tiempo se había terminado! Ahora parecía ser el tiempo de Edward… de un jodido Edward que de la noche a la mañana se había convertido en el hombre perfecto… pero para Jacob, Edward era más símil a un expresidiario recién salido de la cárcel intentando reencaminar su vida; de ese tipo de gente de la cual nunca estarás seguro si realmente cambió o si en cualquier momento puede volver a cometer un crimen haciéndote su víctima.
Pero bueno, al parecer tanto Bella como Lizzie confiaban en este Edward… poco parecía importar su opinión en dicho asunto, aunque no por eso dejaba de preocuparle.
Jake tenía que aferrarse a esa imagen para que las cosas en su cabeza siguiesen teniendo algo de sentido.
¿Pero a quién quería engañar? Él, muy en el fondo, siempre lo supo y aunque tal vez pensó que era solo un estúpido miedo o que era algo que él tendría capacidad de manejar llegado el momento, siempre, muy en el fondo tuvo clara noción que algún día Edward lograría llegar hasta Bella y Lizzie, y que cuando eso pasara sería del único modo que existía: siendo él mejor persona.
Podría haberlo pensado para prevenirse, podrían haberle avisado o incluso podrían habérselo consultado… pero de todos modos ya estaba hecho ¡Y dolía como el carajo saberlo!
Lo único sensato a lo que Jacob atinó en ese momento fue a gritarle un "No" para detener cualquier explicación o frase de más que Bella quisiese agregar de haber podido, sobre todo si las palabras que viniesen intentasen justificar a Edward o confesar que ya estaban juntos. Él no podía con esa mierda justo ahora, así que luego de callarla se despidió rápidamente, escuchando como ella le llamaba gritando a su espalda, pero él no volteó, simplemente se subió al maldito auto ignorándola y despareció de allí, como si el poner distancia hiciese que le afectase menos.
Edward y Bella iban a estar juntos… si es que ya no lo estaban desde hace un tiempo, juntos con su hija ¡La puta casita feliz!… ¿Y qué pasaba con él entonces? ¿Cuál era su papel en ese asunto? ¿Tenía derecho a pedir explicaciones por el abrupto cambio de escenario o mejor, le tocaría conformarse con el tiempo y migajas que ambos le dieran misericordiosamente? Su Lizzie… él no quería perderla, porque aunque Bella jurase y re-jurase que él siempre tendría su papel de padre asegurado Jake no podía dejar de dudarlo… pero sólo el tiempo resolvería ese miedo.
¡No era justo!- gritó en su cabeza mientras la dejaba caer fuertemente contra el respaldo de la silla, asqueado con su existencia.
¡Era asqueroso sentirse un impostor en su propia vida! ¡Él jamás pidió esa mierda! Nunca quiso que su chica lo engañase con su mejor amigo, que además era un hijo de puta de lo peor y que este la tratase como a una mujerzuela sólo porque era un traumado del demonio incapaz de valorar nada. Tampoco quiso que Bella resultase embarazada… pero no pudo evitar intentar ayudarla, cuidarla y protegerla del mundo entero ¡Puto complejo de superhéroe el suyo! ¡Sólo terminó metiéndolo en medio de una bola de fuego donde él era el único que sobraba! Terminó dejándolo…solo, completamente solo.
¿Dónde quedaban sus buenas intenciones ahora? ¿Habían servido de algo? ¿Qué hacía con todo el tiempo que al parecer había malgastado en estos años? ¿Había sido él el idiota egoísta o Bella? ¿A quien debía de pasarle la factura y exigir una indemnización por como lo habían estafado?...
¿Por qué el chico malo terminaba quedándose con todo mientras el menos malo era arrojado fuera de la historia?
No era justo, para nada justo… él sabía que no era un santo rumbo a la canonización, que en más de una ocasión el dolor y el miedo le había hecho obrar de manera precipitada, idiota y algo brusca, pero ¿De eso va la vida, no? Nadie sabe desde antes cual es el camino correcto y más de una vez hacemos trampa buscando un atajo.
A ratos Jake se preguntaba de qué le servía darle vueltas y más vueltas a todo esto… si al final, tal como temía, estaba a dos pasos de ser un "inconveniente" más que un apoyo para Bella y su Lizzie…
Él sentía que les había dado tanto, no es que ahora fuese a sacarlo en cara, menos cuando lo hizo por voluntad propia… pero una espinita dentro de él punzaba haciéndole pensar que todo lo dado había sido en vano y que al final, además de un corazón roto no iba a conseguir nada más en esta historia…
¡Maldita vida! Maldita, maldita vida de mierda que juega y revuelve el destino, que te ciega y orilla a tus límites sólo para terminar pateándote el culo y hacer que te arrastres en medio de la nada, rodeado de soledad. ¡Maldita vida!
¿Cuánta soledad puede soportar un alma cobarde?- Se cuestionó por enésima vez en silencio mientras miraba un punto muerto dentro de su oficina, se sentía cansado y fastidiado de andar siempre triste y de sentirse solo y vacío, pero también estaba el cansancio del alma, el agotamiento de cargar con ese incómodo dolor presionándole el pecho, que se había intensificado desde ayer, que el peor de sus miedos, parecía cobrar fuerzas.
A veces, en sus arranques ínfimos de optimismo pasajero, quería pensar que las prometedoras palabras de Bella eran ciertas y que en algún lugar del mundo estaba esperando por él esa mujer hecha a su medida, a la que él pudiese amar y que esta le correspondiese, esa mujer que le entregase la paz y la magia que su alma requerían, que algún día podría mirar a Bella a los ojos y ya no dolería, que podría sonreírle y abrazarla sin sentirla parte de él.
Pero en otra ocasiones, desechaba sus palabras completamente y se empecinaba en buscar el punto en que la había perdido, el momento en que todo se había arruinado; era casi enfermiza esa obsesión por aferrarse a algún hecho significativo para ver si esa relación aún tenía alguna esquina que agarrar y reparar, que Edward en realidad no significaba nada y que de algún modo Bella, Lizzie y él era como debía de ser siempre.
Era triste para él reconocer que lo último no tenía sentido alguno, ¿pero que más le quedaba que sus obsesiones y deseos de cosas imposibles?
Él amaba a Bella, siempre lo haría y nada de toda la mierda que pasó por encima de ellos lo cambiaría, ni siquiera que Edward la amara o que ella lo amase a él...
Jacob masajeó su frente intentando despejar su mente y espantar inútilmente al dolor de cabeza que comenzaba a torturarlo.
La amaba… pero de una manera extraña.
La amaba porque esa mujer le había enseñado a ser pareja, a ser amigo y sobre todo le había confiado la oportunidad de ser padre… la amaba porque él estaba seguro que ella lo amaba a él también aunque no con la suficiente fuerza o del modo correcto y porque precisamente ese amor complejo pero persistente había sido lo que la llevó a tomar la difícil decisión de terminar todo cuando ella se lo planteó.
Bella era mil veces más valiente que él- pensó taciturno.
Pero ahora, que la soledad le había dado tiempo inútil para pensar, veía la grandeza del sentimiento que ella sentía por él y Jake sabía que de alguna manera estaba en deuda con ella, con la libertad que le entregó… porque de ser por él ambos seguirían en ese limbo, él no era más que un jodido cobarde herido profundamente, tan lleno de temores que no le permitían ver las cosas con claridad, ni siquiera ahora que había pasado un poco de tiempo, aunque sabía que dejarla libre era lo único que podía hacer… pero eso le estaba destrozando el corazón.
¿Qué tipo de amor raro era este que no exigía ni se empeñaba en poseer aunque agonizase?
Jacob estaba seguro de que lo que sentía por Bella no tenía un nombre definido ni era algo que alguien te pudiese explicar en palabras sencillas sin confundirse o caer en la redundancia. Ya sabes, a la gente le encanta ponerle nombre a todo, un ridículo afán de encasillar cada sentimiento desconocido para así, de alguna manera, poder jactarse de tener algún tipo de control.
Pero a Jake no le importaba, él sabía que amaba a Bella tanto como amaba a Elizabeth, su hija, aunque no llevase su sangre, algo que para él era un detalle a estas alturas de su vida. Había tanto de ese raro amor dentro de él que lo que más lo atormentaba es que sus mujeres habían pasado de estar dentro de su vida a ser un complemento de esta… ¡Maldito miedo que todo lo complica!
¿Su vida?-reflexionó- ¿Qué tipo de vida tenía si estaba solo y adolorido?-Se cuestionó otra vez.
Solo. No porque el mundo le hubiese dado la espalda, ni porque su familia hubiese puesto el grito en el cielo al enterarse de su infidelidad o que a su padre casi le dio otro ataque cuando le explicó que Lizzie no era realmente su nieta biológica, pero que eso estaba bien, porque él siempre lo supo y siempre adoró a Beth como su hija, como si fuera carne de se carne… No, él estaba solo porque pese a que todo mundo se empeñaba en acompañarle, nadie, absolutamente nadie podía siquiera entender algo de lo que le pasaba por dentro. Irónicamente ni él mismo se entendía ya.
Así que sí, estaba solo, su vida era una mierda, se había convertido en un trabajólico malhumorado y su nuevo apartamento olía a naftalina. Pero no iba a lloriquear como un marica, Jake iba a enfrentar a esta soledad, asimilarla y buscarse a sí mismo dentro de toda esa sombra.
Con el alma cansada, decidió que ya había sido mucho trabajo por un día, que si bien refugiarse en el hospital era la mejor opción para no pensar, su cuerpo no estaba tan de acuerdo luego de más de 14 horas de trabajo.
Sintiéndose veinte años más viejo que esta mañana recogió sus cosas y arrastró su culo fuera de la oficina mientras se preguntaba porqué rayos hacía todo eso de la autoflagelación al obligarse a pensar en lo mismo una y otra vez.
Jake miró hacia su escrito por si olvidaba algo. Nunca imaginó que su vida laboral se reduciría a un montón de papeles, que ser el más destacado en su área le acarrearía responsabilidades administrativas que jamás le interesaron.
¿Tanto estudio para esto? ¿Tanto sacrificio y seguía sin sentirse a gusto con su vida profesional?
¿Tanto esfuerzo para terminar con las alas atrofiadas a causa de no usarlas jamás?
— ¡Doctor Black! — gritaron a sus espaldas mientras avanzaba por el solitario pasillo del área administrativa luego de dejar su oficina.
Jacob cerró los ojos y ahogó un quejido de indolencia, sabía a quien pertenecía esa voz y realmente estaba muy cansado como para tener esa absurda e inútil conversación otra vez.
— ¡Jacob, espera! — insistieron y no le quedó de otra que detener sus pasos y girarse en medio del pasillo tenuemente iluminado.
—Dígame— dijo intentando marcar distancia, pero al parecer la mujer no percató su sutil movimiento porque le sonrió como si acabase de ver algo glorioso.
— ¿Ya te vas? —preguntó la morena esperanzada, a lo que Jacob asintió suavemente —Yo termino mi turno en 10 minutos, si me esperas podríamos irnos juntos. Supe que abrieron un nuevo restaurante chino que nos queda de paso—dijo intentando hacer sonar el comentario como algo sin mayor importancia, pero el brillo en sus ojos denotaba su anhelo.
—Leah…—musitó Jake sin evitar la mueca incómoda que estaba reprimiendo— No creo que sea buena idea…— susurró lentamente.
—Jake, sabes que no me importa lo que diga la gente de este hospital— rebatió firme, haciéndolo soltar otro suspiro pesado… "Lo que decían en el hospital".
En los últimos meses en los pasillos no se hablaba de otra cosa que de él y su repentino divorcio. Cosa que no hizo más que dar fuerza al antiguo rumor del secreto affaire del Doctor Black con su anestesióloga estrella la Doctora Leah Clearwater.
—No es eso, Leah… He tenido un día agotador y estoy exhausto, no soy buena compañía—intentó evadirla de manera educada.
—Será solamente un rato, Jake, a lo mucho una hora— insistió obstinada.
—Leah—masculló— te lo repito, estoy cansado, con sueño y de mal humor… además ya te lo he dicho… esto no va para ninguna parte—repitió aquella incómoda frase que le había repetido delicadamente a esa mujer en varias ocasiones.
Miró sus pies para evitar ver los ojos de Leah llenos de desilusión otra vez, no quería herirla más, pero la mujer podía ser agotadoramente insistente, aunque nunca fue maleducada, mordaz o insinuante, pero el tener que pensar en como rechazarla sin herirla era algo agotador.
—Jacob, sé que todo sucedió de la manera incorrecta y sé que tu separación es algo nuevo a lo que debes acostumbrarte, no pretendo invadir tu espacio, abrumarte, imponerme ante ti ni mucho menos… solamente quiero pasar un tiempo contigo, sin mayores expectativas, aunque sea un café, aunque sea para que te desahogues de cosas del trabajo… No me gusta verte tan solo—susurró esperanzada.
Jake se masajeó la sien pesadamente. Esa mujer era un dulce ángel lleno de buenas intenciones y él no podía estar menos interesado.
Lo suyo con Leah había sido una estupidez, ni siquiera entendía que le había llevado a tener algo con ella, cómo se habían enredado las cosas y cómo él no supo detenerse.
La mujer era guapa, inteligente, divertida y tenía esa mirada de admiración absurda hacía él cada vez que abría la boca… con muchas cualidades sin duda y sobre todo era una chica respetable y él, como un maldito bastardo, la había reducido al vapuleado papel de la amante, sometiéndola a las miradas acusadoras y chismosas del resto del hospital que por supuesto Leah no merecía. Aunque lo más triste era verla frente a él como ahora, anhelando una migaja de algo que él no podía darle.
—Leah, por favor, ya lo hablamos… Yo no puedo…
—Porque no quieres— le interrumpió— Jake, yo sé que si sólo nos dieras la oportunidad lo nuestro podría funcionar… si dejases toda esa culpa de lado que te impide estar conmigo, este tiempo podría ser más llevadero, podríamos conocernos más y si me dejaras yo podría cuidar de ti, ayudarte a sanar… podríamos hacer que lo nuestro funcionase— y ahí fue cuando Jake sintió que le daban un patadón en las bolas.
El peor de sus remordimientos sobre aquella aventura estaba siendo reflejado en los oscuros ojos de esa mujer… Amor.
Él lo sabía, Leah se lo gritaba con todo menos con palabras y Jacob se sintió aún más miserable.
—No puedo dejar que hagas eso Leah, no puedo permitir que te conformes con algo así—musitó—Tú eres mejor que esto, mereces alguien que esté para ti al 100% y yo… yo soy un maldito caos de pies a cabeza, no tengo idea si al decirte esto estoy siendo un maldito idiota o un bastardo sensato. Tal vez en un tiempo me arrepienta, pero ahora, justamente ahora… no puedo Leah, no puedo aceptar lo que me ofreces porque no tengo nada para dar a cambio… ¡No quiero dar nada, estoy cansado!
Leah se alejó un paso evidenciando el golpe que acababa de recibir
—Yo…—dudó antes de tomar aire para hablar—Yo puedo esperar, Jake. Yo puedo darte el tiempo para que veas que hoy estás siendo un maldito idiota, hasta que veas que tienes mucho por entregar todavía… Jacob, yo estoy enam…
—No me esperes, Leah—se apresuró a interrumpir antes de que esas palabras saliesen de sus labios—Por favor no me esperes, no hagas una estupidez como esa.
—Te amo— insistió ella en afirmar con esos ojos oscuros llenos de ilusiones y anhelos.
Jake cerró momentáneamente los ojos abrumado por la pureza del sentimiento confesado en contraste con su espíritu tan marcado por imposibles y aflicciones que le dio la vida y sus propias malas elecciones.
Estaba claro que esa mujer estaba decidida a luchar por él, el problema estaba en que Jake no necesitaba esa lucha, no le interesaba en lo más mínimo.
Lo peor es que ella no tenía la culpa de lo que había pasado, su affaire no había sido algo sucio, tránsfugo, ni libidinoso como todo mundo en el hospital comentaba. Leah no era una zorra rompe hogares ni nada por el estilo.
Su extraña relación había nacido de la cotidianeidad, de lo bien que ella lo hacía sentir siempre. Había veces, cuando estaban en medio de una operación, en que él la sorprendía mirándolo como si estuviese ante un dios magnánimo, cuando hablaban ella siempre era dulce y dócil, siempre preocupada por si él se alimentaba o descansaba como se debía, siempre atenta a lo que él le comentase, siempre regalándole alguna sonrisa tímida. Y sin más un día se encontró acercándose a su boca cuando ella se había inclinado suavemente para besarlo.
Un jodido error priorizar su ego y su soledad ante la admiración y amor sincero que esa mujer sentía por él, ante el respeto que merecía quien en ese entonces era su esposa.
Jake suspiró viendo a la mujer esperanzada frente a él, sabía que el camino amable no serviría con Leah, lo mejor era un corte limpio, pero duro.
—Pero yo no te amo a ti—respondió odiándose por decir aquello, que aunque fuese verdad no era justo decirlo de manera tan fría y lejana.
—Jake…
—Lo nuestro fue una aventura, Leah. Lamento que confundieras las cosas, pero nunca hubo planes ni promesas y definitivamente no las va a haber—remató marcando cada palabra con el gesto impasible de su rostro.
Él sinceramente prefería que ella lo odiase por ser un cabrón manipulador e insensible a que viviese aferrándose a una ilusión de un amor imposible. ¡Vaya que sabía él sobre ilusiones imposibles!
El futuro rencor de Leah es algo con lo que podría vivir sobre sus hombros, pero no como con el peso de un corazón enamorado y expectante ante algo que no funcionaría.
—No digas eso… yo sé que tu puedes llegar a quererme. Sé que ahora estas mal por tu separación, que estás confundido y herido pero no te cierres, no conmigo, yo te conozco, yo sé como eres Jake… tu puedes quererme como yo a ti—susurró aquella mujer totalmente quebrada y los ojos llenos de lágrimas que apenas lograba contener.
—¡No estoy interesado! ¿Qué maldita parte es la que no entiendes?—preguntó fríamente elevando la voz. — ¡No te quiero y no voy a hacerlo! ¡No me interesa!
—No… tú no eres así Jake, sé que aunque ahora te estés comportando como un imbécil no eres así… habla conmigo. —pidió dando un paso en su dirección.
—No, Leah… No estoy siendo un imbécil, estoy tratando de ser amable pero me estás sacando de quicio… No estoy interesado, entiéndelo de una vez… lo siento—habló como si no lo sintiese realmente— Pero es mejor que no desperdicies tu tiempo ni tu amor con algo que no va a pasar nunca. Buenas noches—habló firme antes de voltearse y dejar a esa mujer rota tras de él.
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La gente suele juzgar, suele decirte lo que haces bien y lo que mal, coinciden en rebatirte al decir "Yo hubiera hecho las cosas de otra manera"… manera que suele ser la correcta, la valiente, la éticamente esperable por todos.
Pero siempre ha sido más fácil decidir y aconsejar desde el otro lado de la acera… todos en nuestros pensamientos somos más valientes, pero en lo hechos las decisiones no parecen haber sido tan buenas ideas siempre… es fácil enjuiciar, lo difícil es tomar la decisión cuando los zapatos te aprietan los pies, el miedo te consume y el pecho late herido… allí es cuando lo correcto y lo incorrecto cambian según tu encarecida necesidad de hacer que las cosas mejoren… como sea.
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Lo más sensato hubiera sido dirigirse a su departamento y dejarse caer inconsciente en su cama aprovechando que mañana era su día libre, de preferencia haber tomado alguna pastilla que le ayudase a dormir… pero no, en cambio estaba aquí, en un bar cercano al hospital, sentado frente a la barra con la cabeza a punto de explotar, aunque tenía la duda si la bomba que sentía latiéndole en el cerebro era por causa del jodido dolor de cabeza que traía desde la tarde, por haber pensado en la mierda de Bella y Edward o por haberse comportado como un maldito bastardo con Leah… tal vez eran todas las anteriores, así que lo mejor era ahogas aquello en alcohol antes de explotar.
Jake no se dio cuenta si el lugar estaba atestado o no de gente alegre, triste, fiestera o solitaria como él, no se quejó de que el volumen de la música estuviese muy alto como tampoco se sintió incómodo por el par de mujeres que intentaron acercársele inútilmente. Él no quiso notar nada de eso, su mente absorbía todo y de lo único que estaba preocupado era de los cortos tragos que le daba a su vaso de Whisky y de cómo los hielos empezaban a derretirse.
—¿Jacob? — la familiar voz masculina y un toque pesado en su hombro lo sacó sorpresivamente de su ensimismamiento.
—¡James! —exclamó sorprendido al ver a su antiguo compañero de universidad sonreír cuando llegó a su lado. Ambos habían obtenido una beca para estudiar fuera una vez terminaron su carrera.
—¡El mismo! — dijo sonriente acomodándose a su lado—Muchos años sin vernos, amigo…
—¿Qué haces aquí? ¿No se suponía que estabas en Alemania o algo así? — inquirió Jake sinceramente interesado y agradecido por poder salir unos minutos de su mierda.
—Volví hace unos meses… de nada sirve pasar tantos años fuera de la patria aprendiendo millones de nuevas técnicas y avances médicos si no puedes ayudar a los tuyos… o a los que realmente lo necesitan y no tienen los medios económicos para costearse los tratamientos—dijo simplemente encogiéndose de hombre.
—Lo entiendo…—Bufó. James soltó una suave carcajada.
—¿Pero cómo estas, hombre? — preguntó.
Jacob normalmente hubiese respondido que bien, porque eso es todo lo que la gente suele querer escuchar realmente, pero por alguna extraña razón cuando observó el rostro de James, contestó:
—Como la mierda—exhaló— Sinceramente no entiendo nada de lo que me está pasando, ni hacia donde voy y menos a dónde quiero ir. De un tiempo a esta parte siento que sólo doy vueltas alrededor de mi vida mientras otros deciden asignarme un papel dentro de la suya. Y ahora que estoy por mi cuenta no sé que hacer. Tengo la esperanza de que las cosas van a mejorar, pero no sé como hacerlo si lo único que sucede realmente es que me hundo más y más…—cuando terminó se sintió avergonzado, no veía a su amigo desde hacía 5 años, ni siquiera mantuvieron contacto y lo primero que hacía era soltarle su mierda como si realmente a James debiese importarle.
Intentó observar el rostro de James por el rabillo del ojo, pero apenas pudo ver su semblante serio antes de que su amigo levantase la mano llamando al barman.
—Lo mismo que mi amigo— pidió apuntando el vaso casi vacío de Jake— y uno nuevo para él… esta será una larga noche— susurró lo último dándole una sonrisa contenida.
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Cuando Jacob bajó del ascensor y avanzó por el pasillo rumbo a la puerta de su silencioso departamento estaba seguro de dos cosas: Uno, que daba gracias a quien fuera que estuviese allá arriba entre las nubes por haberse encontrado con James esta noche. Y dos, cinco vasos de whisky ya no lograban volverlo un borracho totalmente ido, por lo cual estaba seguro que la figura masculina sentada a un lado de la puerta no era una puta alucinación…
-¿Qué mierda haces aquí?- gritó cuando estaba a medio metro. Supo enseguida que todo lo bueno o liberador que le había traído su encuentro con James se iría al carajo a causa de lo que seguramente sucedería ahora.
-Necesitaba hablar contigo y en el hospital dijeron que saliste cerca de las diez así que le pedí a Bella tu dirección… como no estabas decidí esperarte- La voz de Edward sonó relajada y casual.
Jake entrecerró los ojos, quizás no estaba ebrio pero sí lo suficientemente bebido como para que sus sentidos se entumecieran y no pudiese estar seguro de si Edward estaba o no siendo honesto.
-Ahora no, Edward… de verdad, ahora no es el momento para lo que sea que quieras… pide una cita con mi secretaria, pero ten paciencia no creo tener tiempo para ti antes del 2020-gruñó mientras rebuscaba en sus bolsillos la llave de la puerta, eso no fue difícil, la hazaña vino a la hora de acertar en la cerradura.
-Ahora sí, Jacob. Bella quedó muy mal luego de que te fuiste ayer…-murmuró en voz baja.
Jake velozmente se giró para mirarle con una ceja alzada.
-Bella quedó mal- repitió con un tono que dejaba ver un "¿Y desde cuando que Bella esté mal es asunto tuyo como para que vengas a defenderla?".
Edward evitó su mirada por un segundo y ahí fue cuando Jake tuvo su gran confirmación.
¡Estaban juntos! Un cartel de neón imaginario se instauró sobre la cabeza de Edward para luego esfumarse.
-¡Vete a la mierda, Edward… váyanse todos a la jodida mierda y déjame en paz, aunque sea por una maldita noche! ¡De seguro Bella soportará una noche mal! ¡Necesito dormir!-masculló a la vez que finalmente logró abrir la puerta y entró a su apartamento bruscamente y tambaleándose un poco.
-¿Cuánto has bebido?-inquirió Edward tras de él, entrando también. Jake gruñó, "jodidos reflejos ebrios"
-Al parecer no lo suficiente porque estoy seguro que mañana recordaré tu puta cara-gritó ya casi rendido dejándose caer desparramado sobre el sofá rojo oscuro que decoraba la sala mientras toda la habitación comenzaba a girar más y más rápido.
Jacob sabía que Edward no entendería su negativa, soñar con que respetase que no tenía ganas de verlo era una estupidez y la puta habitación seguía girando, lo que descartaba que él mismo pudiese echarlo a patadas…
-Ahórrate cualquier discurso… ya sé a lo que vienes, así que simplemente dispara y luego vete-susurró cerrando los ojos resignado.
Sintió como el sofá se hundía a su lado. "Perfecto, el bastardo se da el tiempo para ponerse cómodo antes de terminar de apuñalarme el alma"
-Bella y yo… nosotros-Jake se sorprendió al notarle titubear, pero no cambió su posición- Yo la amo-juró.
Jake siguió a la espera de más, pero no sucedió, entreabrió los ojos, repentinamente molesto por como las luces quemaban y miró en dirección al que fue su hermano.
-Somos dos entonces-dijo sin humor- Pero eso no importa mayormente… porque ambos sabemos a quien eligió, por eso estas aquí ¿no? Para confirmarlo- habló acelerado intentando ponerse de pie- Eso se merece un brindis- gritó mientras avanzaba hacia la cocina americana que estaba a su derecha.
Husmeó torpemente los muebles y el refrigerador sin poder encontrar nada más que una solitaria lata de cerveza. Tal vez no era mucho, pero de seguro la mezcla con el Whisky ayudarían a fomentar la borrachera.
-Yo…- comenzó Edward acercándose a él mientras pensaba bien las palabras a decir-¿No existe forma de arreglar esto, verdad?-preguntó dando por obvia la respuesta-Tú y yo jamás podremos volver a tener una conversación como las de antes…
-No-fue toda su respuesta mientras daba un sorbo a la lata y Edward bufaba hundiendo los hombros.
-Entonces creo debemos encontrar un punto medio, una manera para que las cosas sean menos tensas… por ellas-intentó dialogar.
Jake apretó los dientes queriendo saltarle encima.
-Ellas…-dijo en una exhalación- Llevo demasiado tiempo viviendo por ellas, Edward, sólo por ellas-dijo con sinceridad agotada.
Jake pasó por el lado de Edward y volvió a la sala, dejándose caer sobre el sofá nuevamente. Cerró los ojos otra vez, pensando en todo aquello que lo venía atormentando, mordiéndose la lengua para no estallar frente a Edward que se sentaba a su lado dejando pasar el último comentario pues sabía que era el dolor y el alcohol los que hablaban por Jacob.
-Siempre supe que iba a perderla-susurró al rato- desde la noche en que la conocí sabía que un día la perdería… pero nunca pensé en la forma en que sucedería, así que dentro de todo, cuando pasó no me sorprendió tanto… Lo que nunca imaginé fue que algún día iba a perderte a ti-continuó sin abrir los ojos- Siempre di por hecho que estarías en mi vida para siempre, que de alguna manera seguiríamos creciendo y compitiendo por estupideces hasta envejecer. No Edward, nunca vamos a volver a ser los de antes, ni siquiera por el amor incondicional que ambos sentimos por ellas-argumentó finalmente.
De alguna forma demasiado incomprensible algo dentro de Jake, demasiado agotado para continuar en guardia, decidió ceder ante la enorme necesidad que la añoranza por su antes mejor amigo le provocaba.
Es como si en ese preciso momento, necesitase que Edward lo escuchase.
-Entonces, decir que lo siento tampoco servirá…-comentó este con desinterés fingido.
-Lo dudo, las palabras entre nosotros siempre han sido innecesarias. Siempre supe cómo eras, Edward- dijo por fin abriendo los ojos e inclinando la cabeza para observarle- te lo dije una vez, lo único que me hacía mirarte diferente a como lo hacía el resto del mundo era que al menos yo tenía la absoluta convicción de que podrías ser esa mierda de ser humano con todo el mundo menos conmigo, porque eras mi hermano fiel… ¿Cómo volver a ese tiempo si ya sé que no es así?-inquirió con voz contenida.
-¿Con más tiempo?-propuso Edward intentando expresarse.-Mira Jake, tú siempre fuiste mi familia, alguien importante para mí aunque me empeñase en fingir que no necesitaba nada ni a nadie, tú y Emmett son lo más cercano que jamás tuve, las únicas personas con las que alguna vez pude bajar la guardia… Lo de Bella-bufó meciéndose los cabellos- fue algo que jamás estuvo en mí controlar, ella simplemente desbarató todo y yo reaccioné mal, pero quiero que tengas una cosa clara, jamás… nunca estuvo en mis planes herirte de manera intencional, eras… eres mi hermano.
-Lo sé-le cortó cuando vio que la ansiedad comenzaba a consumir a Edward- no olvides que te conozco bastante pedazo de mierda-río sin humor- Me costó un tiempo entenderte, pero creo que con la distancia de los años las cosas fueron más claras… pero de todos modos, llámame un bastardo orgulloso, pero simplemente no puedo verte a la cara sin sentir asco y rabia… Podrías haberte enamorado de mi mujer, pero sigo sin entender como tu amor por ella pudo pesar más que la amistad que nos unió tantos años-dijo entrecerrando los ojos- No es que no dimensione lo que sentías, pero…- su voz se perdió en palabras que no supo encontrar.
-Creo que de alguna manera siempre pensé que hiciese lo que hiciese tú siempre estarías ahí- respondió Edward con el mismo pesar en la voz- Soy egoísta, siempre lo he sido.
El silencio volvió a reinar. Jake se sentía realmente agotado de una manera espiritual que lo hacía sentir débil, ya ni siquiera el alcohol ayudaba a relajar su mente, simplemente quería dormir y olvidarse de todo por unas horas. A su lado Edward se removía incómodo, buscando la manera, las palabras que ayudasen a tranquilizar esta situación. Él sabía que tenía una enorme deuda con Jacob, pero no sabía de que manera comenzar a saldarla.
-Durante todos estos años… la mayoría del tiempo te extraño, quiero de vuelta a mi hermano- susurró avergonzado, seguía siendo tan malditamente malo con las palabras.
A su lado Jake suspiró hondo y largamente pero no habló por, al menos, cinco eternos minutos, hasta que soltó lo que tenía atorado en la garganta.
-Me voy- dijo bajito- Me he encontrado con James, me habló sobre un voluntariado en la India del cual él es partícipe y encargado de buscar profesionales del área de la salud, es una especie de médicos sin fronteras pero más anónimo y sencillo… sin camaritas y se financia por un pequeño grupo de mega millonarios que necesitan evadir impuestos de alguna manera.- le explicó sintiéndose absurdo por querer justificarse o darle tantos detalles.
-¿Por cuánto tiempo?-preguntó Edward con mucho cuidado sin procesar realmente lo que acababa de escuchar.
Jake se encogió de hombros- El periodo de servicio depende de cada persona, puede ser de seis meses hasta dos años, quizás más…
-Es demasiado tiempo…-dijo denotando su desacuerdo.
-Lo sé. Quizás es tiempo lo que necesito, no puedo conmigo mismo en estos momentos así que mucho menos puedo lidiar con todo el resto. Creo que un poco de aire nuevo me vendría bien-dijo antes de dar otro sorbo a su bebida ya desvanecida.
-No puedes huir de esto, Jake. Créeme, ni poniendo millones de kilómetros de distancia dejarás esto atrás, esta mierda te seguirá donde vayas- Jacob le miró frunciendo el ceño antes de hablar.
-¿Quién está huyendo?-preguntó alzando la voz- He ahí la diferencia entre tú y yo, Edward. Yo estoy escapando de nada, creo no estar en deuda con nadie más que conmigo mismo, estoy yendo en busca de lo que soy. Por una vez en mi vida necesito dejar de hacer las cosas pensando en el resto del mundo, por primera vez quiero hacer esto por mí, porque lo necesito, porque me apetece…
-Pero… pero, Beth, Bella… dos años en la India, ellas…
- No las estoy abandonando, Edward-dijo levantándose de un salto del sofá y caminando hacia la ventana- Es la India, habrá mala conexión pero no me desapareceré. Creo que no lo has entendido todavía. Ellas son parte de mí, para siempre… son mi familia, nunca las abandonaré.
-¡Te vas a la India a dártelas de salvador budista, Jake!-explotó Edward- ¡¿Vas a estar a miles de kilómetros por dos años y me dices que eso no es abandonarlas?
-¡Ellas te tienen a ti!- dijo duramente encarándolo- Mira Edward, estoy seguro que Bella lo entenderá. ¡Para mí no es fácil irme!- dijo abriendo los brazos- ¡Pero siento que es lo que tengo que hacer por mí mismo!
-¡No me lo puedo creer!- dijo tomándose la cabeza- Es una completa estupidez… ¡Si quieres tiempo para ti ándate a la playa, al campo… o a acampar al bosque, pero no a la jodida India! ¿Qué mierda te hace creer que es una buena idea? ¿Todo esto es por qué Beth ya sabe que soy su padre?-preguntó exasperado- ¿Qué es esto, una especie celos paternales mal enfocados?- gruñó.
-¡Cállate de una vez y escucha! ¡Esto es por mí!-gritó- ¡Necesito saber quien soy, pero por mí mismo, no por como me ven los demás! Además, pueden ser sólo seis meses… ¡Deja de comportarte como una madre sobreprotectora o como lo hacen todos a mi alrededor, maldita sea! ¡En vez de aprovechar el tiempo que te estoy dando te quejas!
-Puedo ser un gran hijo de puta, Jake, pero no esperes que me alegre del dolor que le vas a causar a las dos mujeres que son mi vida ahora, ni que entienda esta veta de salvador de mártires que nunca has tenido… ¿Sabes lo peligroso que puede ser?-dijo entre dientes.
-Me alegra escuchar eso, que te preocupes por ellas… pero no voy a cambiar de opinión. Ellas sobrevivirán a mi ausencia por un tiempo porque sé que entenderán lo que este viaje significa para mí. No sé como explicarlo, sólo sé que tengo que hacerlo.
-¡Eres una jodido idiota!- masculló consternado pasándose las manos por su desordenado cabello- Vete a la India, a la China o al Polo Sur si te da la regalada gana… Escala montañas o lánzate en paracaídas… Pero encuéntrate a ti mismo de una vez y vuelve pronto porque aquí las cosas no funcionaran igual sin ti-le advirtió mirándole a la cara, como lo haría un hermano mayor cediendo ante la necesidad.
Jake asintió sintiendo levemente reconfortado con el reconocimiento de Edward en su última frase. Porque sí, Edward era un bastardo, pero uno demasiado traumado como para reconocer el valor de alguien en su vida de no ser cierto.
Edward respondió con otro asentimiento solemne antes de volverse hacia la puerta, no podía seguir allí, ya había dicho lo que necesitaba hablar y de paso se llevaba mucha información por comprender.
-Sólo te advierto una cosa- dijo deteniéndose con la puerta abierta apuntándole seriamente con el dedo- Tu tendrás que decirle esto a Bella… Ni por un carajo lo sabrá por mí.
Jake arrugó la frente y gimió mentalmente, aquello no iba a ser fácil. Edward soltó el aire de modo parecido a una risita de compasión que Jake se encontró respondiendo sin querer, realmente extrañaba a ese bastardo más de lo que reconocería algún día.
-¡Edward!- le frenó cuando este estaba a punto de cerrar la puerta- Cuando vuelva… quizás- convino moviendo la cabeza a modo de despedida, lo más probable es que no se volvieran a topar antes del viaje, ya que Jake pretendía partir en no más de dos semanas.
Edward volvió a asentir entendiendo la promesa de paz que Jake intentó darle.
Luego de tan pocas palabras, para Jacob su odio contra Edward había dejado de parecer algo fiel a lo cual aferrarse. Quizás era culpa del alcohol o de la nueva decisión, pero la pequeña interacción entre ambos le había reconfortado… tal vez, el tiempo les daría alguna especie de tregua.
Para cuando el eco del sonido de la puerta al cerrarse desapareció, Jake sintió algo de alivio. Su vida era una mierda de principio a fin, acababa de tomar una decisión que parecía descabellada y estúpida… iba a renunciar a un trabajo soñado por muchos, esta tarde acababa de rechazar a una de las mujeres más buenas que había conocido, se había emborrachado con una amigo que no veía hace años y extrañamente terminó teniendo una conversación medianamente normal con su mayor enemigo que a la vez era la única persona capaz de soportarlo; mañana su familia pondría el grito en el cielo y su exmujer y su hija serían difíciles de convencer y casi imposibles de dejar, pero por alguna razón el riesgo le merecía la pena, por alguna razón dentro del hoyo en el que se encontraba hundido, había decidido aferrarse con todas sus fuerzas a la pequeña luz endeble que James le había brindado con un inocente comentario.
¿Qué otra opción le quedaba?
Al parecer un corazón roto podía aprender a sobrevivir por si solo de alguna manera, quizás tendría que tomar un par de malas decisiones antes de dar con el camino indicado, tal vez para Jake seguir adelante no iba a ser sencillo, pero tampoco parecía que fuera tan imposible o eso quiso pensar…
Muchas gracias a mi Beta por dedicar su domingo a corregir mis horrografías y además, gracias por todo el apoyo que me has dado con este proyecto.
Gracías, gracias y gracias... es difícil dejar esta historia porque es mi bebé. pero vamos... nunca se sabe.
Lamento no poder responder a todos los rr, estoy un poco estresada, últimamente todo en mi vida es para ayer :(
Besitos enormes! Gracias por la oportunidad, nos leemos en la próxima.
