Hola! Gracias a todos los que me enviaron reviews en este tiempo, también a los que me esperaron y tuvieron paciencia. La facultad finalmente me está dando un respiro, pero la pesadilla parece inacabable. Voy a tener que estudiar en enero xD Primera vez en mi vida que voy a hacer algo así. En fin, acá les traje otro capítulo.

Por cierto, hace poco también subí un one shot nuevo, llamado "El desertor olvidado". A los seguidores de este fic que lo hayan leído, les agradezco todos los reviews. Y aprovecho para decir que tendrá continuación más adelante, cuando termine este fic.

Bueno, sin más, los dejo leer. En breve estaré subiendo otro. Mientras tanto, esperaré con ansias sus opiniones.

Cap 35: Una propuesta indeclinable.

–Necesitamos un plan –les comunicó Sasuke a sus compañeros.

Todos asintieron.

–Voy a atacarlo –dijo Sakura arrugando el entrecejo, observando la lejanía donde se encontraba Gaara.

Sasuke la miró directo a los ojos, serio.

–No creo que sea buena idea –la fulminó, sorprendiéndola.

–¿Por qué?

–El sello no es seguro –le dijo, recordando que la vez que Gaara había atacado Konoha él no había resultado ser más que una carga por el sello que le impedía luchar.

Ella lo miró furiosa. Naruto simplemente observaba la situación.

–¿Estás pidiéndome que me aparte? –preguntó en un tono desafiante.

Sasuke no le dijo nada. Su mirada era evidente.

Ella se alejó de él unos pasos, enojada.

–No puedes pedirme que me aparte. Esta es mi lucha.

Sasuke sacudió la cabeza.

–Esta no es tu lucha. Tu estado no es estable. Lo que hizo Kakashi no servirá de nada.

Ella acabó rompiendo en furia.

–¡Cállate! –gritó, sorprendiendo a ambos– ¿¡Tú cómo sabes lo que va a pasar!?

–Sakura, Sasuke tiene razón…–intentó calmar Naruto, haciéndola enojar incluso más.

–Tú eres el menos indicado para hablar de estar fuera de control –lo finiquitó con ojos de asesina. Naruto no respondió nada a sus palabras.

Los miró unos instantes, todos estaban en silencio. Ella sabía que él tenía razón… pero no podía. Simplemente no podía dejar que ellos la dejaran de lado como si fuese una inútil. No podía permitirse a sí misma ser tratada como una maldita inútil, como basura. Había hecho una promesa mucho tiempo atrás… e iba a cumplirla bajo cualquier costo. Iba a vengar a su familia. ¿Pero cómo podía hacerlo sabiendo que había fallado?

No podía darse el lujo de fallar. Ella nunca fallaría. Nunca.

–Al demonio –susurró, mirándolos a ambos.

Se dio media vuelta, dispuesta a correr sola hacia Gaara, ignorando todo lo que Sasuke le había dicho.

–¡Sakura, espera! –le pidió Sasuke a los gritos, pero fue inútil. Era demasiado testaruda.

Era muy veloz. En un segundo había desaparecido de sus vistas.

–¡Sasuke, vamos! –le ordenó Naruto, corriendo tras ella sin dudarlo otro minuto.

Ya no había tiempo para armar ningún plan.

Sakura llegó mucho antes que sus compañeros. Gaara estaba quiero sobre la rama de un árbol, convertido en una bestia, su rostro estaba deformado y su cuerpo tenía extensiones del bijuu.

Lo miró a los ojos, y él también a ella. Era distinto a antes… sus ojos exhalaban mucha más desesperación que antes.

Era… escalofriante. Incluso podía sentir que la piel se le estremecía. Su chakra era oscuro y malévolo, mucho peor que el de Naruto cuando perdía el control. Sin embargo, ella no cedió ante él.

Lo miró sin parpadear. De pronto él comenzó a reír de forma malévola, y ella frunció el entrecejo observando su actitud psicópata, algo confundida.

–Voy a matarte, voy a matarte… –susurraba el ninja para sí, sin quitar esa sonrisa escalofriante de su rostro.

Ella no lo dudó ni un segundo más. Se abalanzó hacia él corriendo, dispuesta a hacerle daño.

Pero él fue mucho más rápido y casi la alcanza con su brazo. Tuvo que esquivarlo y retroceder.

–Maldita sea… –murmuró, lejos de él.

Se dispuso a crear otro chidori, pero Gaara no le dio tiempo. En ese mismo instante intentó atacarla de nuevo, y esta vez logró golpearle el brazo. No pudo dejar escapar un pequeño grito de dolor.

–¡Mierda! –gritaba mientras esquivaba el brazo de su contrincante, quien no le daba un respiro.

Mientras intentaba alejarse comenzó a sentir un extraño malestar en el cuello, donde tenía la marca.

Tuvo que detenerse, porque pronto el dolor se hizo mucho más agudo.

Cayó de rodillas, en un tronco más abajo.

Definitivamente el sello estaba dejando escapar sus efectos ante el peligro eminente de la pelirrosa, y no había nada que pudiera hacer para impedirlo. Sasuke tenía razón.

Gaara no tuvo compasión, y aprovechando que estaba distraída y tirada en el suelo, aproximó lentamente su brazo hacia ella para atravesarla y acabar con su vida una vez por todas.

…Deseaba tanto ver su sangre derramada. No podía resistirlo. Era… como una droga.

Sakura presintió que era su fin y cerró sus ojos sin esperar nada más… Pero el brazo nunca llegó.

Los abrió, confundida... cuando observó que frente a ella estaba Naruto, de espaldas.

Le había salvado la vida. Había logrado detener el ataque a tiempo.

Ella intentó ponerse de pie, pero no pudo. Era imposible. Estaba demasiado debilitada…

–Sasuke, llévatela a otro lado… yo me encargo –ordenó el rubio con una determinación increíble y al mismo tiempo envidiable.

Sakura lo miraba con los ojos totalmente abiertos, respirando como podía. Él no le dijo nada, pero viró su cabeza y le regaló la sonrisa más alentadora del mundo.

Ella… no podía creerlo. Él la había salvado. Primero Sasuke, luego él… y ahora iba a encargarse de todo él solo. ¿Por qué? Porque ella… había fallado. Era débil.

…Se retorcía por dentro sólo con pensarlo.

Sasuke llegó después de Naruto, la tomó de la cintura sin siquiera hablarle y la llevó lejos, a un lugar seguro donde no pudiera ser herida ni una carga para Naruto.

–Sasuke… –quiso comenzar ella.

–No te muevas, pronto vendré a buscarte –la interrumpió él dejándola a media palabra, corriendo en la ayuda de Naruto.

Ella tragó saliva. Se sentía… impotente. Inútil. Estúpida.

Ni siquiera podía moverse. ¿Acaso ellos… iban a encargarse de todo?

Una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla. No lo podía entender, se sentía tan patética que quería morir.

Y simplemente se quedó allí, recostada en el suelo, imposibilitada de hacer algo por Konoha, esperando a que Naruto salvara el día… mientras ella descansaba como una niñita.

Cerró sus negros ojos, y la oscuridad se apoderó de su mente.

–Sakura… Sakura… –escuchaba susurrar a alguien.

Sus ojos fueron abriéndose de a poco. La luz se abrió paso, y no pudo reconocer el lugar donde estaba.

Una enfermera estaba observándola de pie, con una simpática sonrisa.

–Estás en un hospital. ¿Cómo te sientes? Llevas dormida varias horas –le comunicó la mujer al mismo tiempo que revisaba si la medicación intravenosa estaba en correcto estado.

Sakura se sentó en la cama y se refregó los ojos.

–¿Cómo llegué aquí…? –preguntó, un poco confundida. Se sentía mareada.

–Tus amigos te trajeron desmayada. Ellos lograron detener a aquel ninja de la Arena hace varias horas… Konoha está libre de invasiones por el momento… Todos hicieron un gran trabajo en la aldea. Nuestros especialistas contrarrestaron los efectos del sello, al menos momentáneamente. Descansa un poco, pequeña… –le decía la mujer acariciando su frente con cariño. Luego se fue de la habitación y la dejó allí, reflexionando lo que había pasado.

Volvió a acostarse. ¿Naruto había salvado a Konoha de Gaara con Sasuke? Recordó todo lo que había pasado. Cuando Gaara casi la alcanza con su brazo, cuando Naruto lo detuvo… cuando Sasuke la llevó lejos.

Una extraña sensación en su pecho se abrió paso… era perturbadora. Le oprimía el corazón, le hervía la sangre.

…Celos.

Todos habían hecho su trabajo, todos habían sido útiles menos ella… un simple estorbo.

La noche llegó rápido. La oscuridad reinó en aquel pequeño cuarto de hospital.

Ni siquiera se movía, ni se había dado cuenta de que había anochecido. No podía dejar de pensar en lo que había ocurrido en el bosque.

"Sakura…", escuchó en su oído como un susurro de repente. Se asustó, se dio vuelta pero no podía ver nada. Estaba todo oscuro.

Su voz era extraña y varonil.

–¿Quién está allí? –preguntó sin miedo, con la voz firme.

"Tú me conoces…", volvió a decir. Esta vez se había escuchado más lejos, como si viniera del centro de la habitación.

Aún no podía reconocerlo. Su voz se oía como un susurro. Quizás en realidad no había nadie allí y se trataba de algún jutsu que desconocía.

Se sentó abruptamente en la cama, dispuesta a luchar… pero su estado se lo impedía. Todavía no estaba en condiciones de hacerle frente a nadie.

–¿Quién eres? –preguntó con impaciencia.

"No vengo a luchar, pequeña Uchiha… vengo a hacerte una seductora propuesta", ofreció la voz extraña.

–¿Por qué no me dices quién demonios eres? –la joven estaba impacientándose demasiado.

"Aunque no estoy en esta habitación, te enviaré una pequeña pista".

Y allí, entre toda la oscuridad, se visualizaron dos ojos. Dos enormes, brillantes y perturbadores ojos.

Era él, aquellos inconfundibles ojos no podían ser de otra persona. Los recordaba como si los hubiese visto ayer por primera vez.

–Orochi… –comenzó la Uchiha, con los ojos totalmente abiertos. Estaba paralizada.

"Escúchame atentamente pequeño prodigio… sólo voy a ofrecértelo una vez", comenzó el hombre con su voz ronca, sin cerrar los ojos.

Ella simplemente se inmovilizó, escuchándolo atentamente.

¿Qué era lo que Orochimaru quería con ella después de atacar Konoha?