EL JARDÍN DE LAS HADAS SIN SUEÑO
El fantasma del lago
A Senna no le gustó la idea de que me fuera sola con Ashido. Coincidía con ella en que no parecía de fiar, pero aun así quería saber qué había descubierto en el bosque… ¿Y si era algo importante?
—¡Lo único que quiere ese empanado es ligar contigo! —exclamó Senna.
—Si a Rukia no le importa correr ese riesgo, opino que es una buena manera de conseguir información —dijo Kenzaki—. Ashido es el más lúcido de esa casa… Tal vez sepa algo.
—No es difícil ser más listo que ese gorila unineuronal que solo sirve para cortar leña —dijo Senna refiriéndose a Giriko—. En cuanto a la rastafari pija, me parece lamentable… Sus rastas son tan perfectas que apuesto a que se las hacen en una peluquería de diseño.
En aquel momento pensé que era mejor no explicarles mi conversación con Jackie. Era preferible no preocupar a mis amigos hasta averiguar algo más de la República del Bosque.
—Ocultan algo —dije convencida.
—¿Esos perroflautas? ¡Pero si no son más que unos hippypollas, —exclamó Senna—. Es solo una casualidad que hayan llegado a la Dehesa… Si no se hubieran cruzado con el imbécil de Kaien, se habrían vuelto a su casita.
—Es posible —reconocí—. Pero aun así, no perdemos nada por echarles un ojo.
—Puesto que somos la República Democrática del Lago —bromeó Kenzaki de forma solemne—, sometámoslo a votación: quien esté a favor de que Rukia acepte la invitación de Ashido para averiguar algo sobre nuestra comunidad vecina que levante la mano.
El inglés y yo nos miramos un segundo y alzamos a la vez el brazo. Senna puso los ojos en blanco antes de imitar nuestro gesto. Aun así, objetó:
—Aprobado por mayoría. Os seguiremos de cerca por si acaso…
—No llegarás muy lejos con el tobillo torcido. Además, ¡sé cuidarme sola! ¿Por qué no aprovecháis que os dejo solos para… conoceros mejor?
Las orejas de Kenzaki se tiñeron de rojo.
—¿Y si te ocurriera algo?
—Los iPhone tienen una función para localizar otro iPhone que se encuentre cerca —nos explicó Kenzaki—. La activaremos y así sabremos dónde estás en todo momento… Si ves que la cosa se tuerce, llámanos y yo acudiré enseguida.
—Estoy segura de que no hará falta —repuse convencida.
Aun así, me guardé el móvil confiada en el bolsillo y dirigí mis pasos de nuevo hacia la Dehesa.
Ashido me estaba esperando junto al rótulo de madera de la entrada, era noche cerrada. Le alumbré con mi linterna y pude ver cómo se iluminaba su rostro. Corrió hacia mi encuentro y dijo:
—Me alegro de que al final hayas venido. Empezaba a dudar que lo hicieras…
¿Y perderme eso tan misterioso que quieres mostrarme?
Sonrió satisfecho y me pasó un brazo por los hombros.
—No te va a defraudar…
Empezamos a caminar por el bosque, bordeando el río, en dirección a un lugar que yo conocía muy bien. Al estrecharse el sendero, le retiré con amabilidad el brazo y le hice un gesto para que pasara delante.
Ashido parecía conocer bien el monte. Deduje que era el único que no había seguido la recomendación de Kaien de no internarse en él.
Me pregunté si algún otro miembro de la República del Bosque estaba al corriente de lo que pretendía enseñarme.
Cada vez estábamos más cerca de la cabaña del diablo… O, mejor dicho, de sus escombros.
—¿Siempre vienes solo?
—Sí —respondió frotándose el mentón confuso, como si hubiera perdido el camino, para volver a retomarlo al instante.
—¿No le has contado a nadie más de la comuna eso que has descubierto?
—¡Esos solo piensan en divertirse y en liarse entre ellos! Están aquí porque no tienen dónde caerse muertos, pero no les interesan para nada los ideales de Walden3.
—¿Qué es eso?
—Lo que explicaba en mi web. Un proyecto de vida solitaria y austera, al aire libre, cultivando nuestros propios alimentos, sin más leyes que las de la naturaleza…
—Durante dos años, dos meses y dos días —dije recordando sus palabras—. ¿Por qué ese tiempo?
—Fue el que vivió Thoreau en una cabaña que construyó junto al lago Walden. ¿Sabes quién es?
Negué con la cabeza.
—Escribió el ensayo Walden, o la vida en los bosques, a partir de sus propias experiencias. Reivindicaba la vida en la naturaleza como la única posible para el hombre libre. Vivir como un ermitaño para liberarse de las esclavitudes de la ciudad y alcanzar la elevación espiritual.
—¿Eso de vivir en los bosques y extraer todo el meollo a la vida es de Thoreau? —Recordé la frase con la que se había presentado un día atrás.
—Sí…
—¿Y por qué no Walden2?
—Hay una novela que ya lleva ese título. La escribió Skinner, el padre del conductismo para describir una sociedad perfecta.
—Pero tu comuna está muy lejos de ser perfecta, ¿no es así?
Se encogió de hombros.
—¿Qué tal os va a vosotros? Aunque seáis un trío, me he fijado en que el inglés prefiere a la otra. A mí, personalmente, me gustas más tú. Así que, si quieres… yo podría…
—¿Me has hecho venir hasta aquí solo para eso? —Me detuve y empecé a caminar en dirección contraria.
Ashido tomó mi mano para detenerme.
—Espera —dijo en un tono suave y conciliador—. Aún no has visto lo que quiero mostrarte.
Le miré unos segundos indecisa antes de dejarme llevar de nuevo.
Pasamos de largo la cabaña de mi ermitaño y Ashido se adentró por el sendero que conducía al lago. El sonido del agua se volvió cada vez más audible.
—Lo que no entiendo es por qué te han seguido hasta aquí si no están dispuestos a cumplir las reglas… —Retomé el tema decidida a averiguar más cosas sobre ellos—. El proyecto es tuyo, así que ¿por qué no les invitas a que se larguen?
—Los necesito para la misión. Yo solo no puedo hacerlo…
—¡No me tomes el pelo! —Reí— Tu misión es buscar raíces alucinógenas y vivir como un chamán del Amazonas. Y eso puedes hacerlo solo.
—Mi misión aquí ha sido encontrarte a ti.
Aunque era un simple piropo, lo dijo de una forma tan seria que logró asustarme.
En aquel momento oímos el rumor de agua y Ashido apartó un dosel de plantas. Me pidió que me agachara y nos ocultamos tras un arbusto.
—Mira, eso es lo que te quería enseñar.
Me quedé sin aliento al contemplar una figura bañándose desnuda en el lago.
Suspendida en lo más alto del cielo, una tímida media luna iluminó la escena. Incluso en la penumbra de la noche pude reconocer aquel cuerpo de bellas formas y elegantes gestos. De no estar Ashido a mi lado, mirando alucinado hacia el estanque, hubiera pensado que se trataba de un espejismo.
Temí desmayarme.
Era Ichigo.
Mi ángel se movía con sigilo, como si temiera despertar a los peces.
Un escalofrío me sacudió por dentro.
—No tengas miedo —susurró Ashido tomando mi mano temblorosa—. No es real.
—¿Cómo lo sabes?
—Al principio creí que era un loco o un prófugo… Pero ahora sé que es un espíritu y que es mejor no meterse con él. —Me miró fijamente un instante para calibrar mi reacción—. Hace tiempo que lo observo y puedo asegurarte que ese chico no es de este mundo. Le he visto sumergirse en el lago y tardar más de una hora en salir a la superficie… También he visto su rostro en la casa.
Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no gritar su nombre y abalanzarme hacia él.
Después de meses de separación, por fin lo tenía delante, a pocos metros de mis brazos. Ahogué un suspiro desesperado. Aquel no era el momento. No podía acercarme a él sin delatarlo ante Ashido.
Con una agilidad sorprendente, Ichigo se sumergió. Esperamos varios minutos a que reapareciera, pero aquello no ocurrió.
—Ya te lo he dicho: no es humano. Tal vez se trate del fantasma de alguien que se ahogó en el lago… —dijo Ashido—. Vayámonos de aquí.
Tuvo que tirar de mí con fuerza para arrancarme de nuestro escondite. Quería verlo una vez más…
—Y ahora que te he mostrado mi secreto, ¿cómo piensas agradecérmelo? —Me rodeó por la cintura y me atrajo hacia su pecho—. Un beso sería lo justo.
—¡Ni lo sueñes! —dije zafándome como pude de su abrazo.
—¿Por qué no? El bosque es un lugar perfecto para amarse.
—¡No es el bosque lo que no me gusta! ¡Eres tú!
—¿Por qué no? —insistió ofendido.
Aquella pregunta no necesitaba respuesta, pero aun así le ataqué donde más le dolía. Sabía que así lo alejaría de mí.
—¡Porque eres más fantasma que el chico del lago! ¡Walden3 apesta! Cervezas de importación, un iPad, una casa ocupada con agua caliente… El día que construyas tu propia cabaña y vivas como un auténtico Robinson me llamas.
Me miró un instante boquiabierto antes de fruncir el ceño y marcharse ofendido por donde habíamos venido.
To Be Continued...
