Disclaimer: Harry Potter y su mundo son míos y... *Tomate* Vale. No lo son. Nada de lo que puedan reconocer es mío, todos es de la Gran JK (Amén). Esto está hecho sin fines de lucro, sólo diversión propia y de ustedes.
Summary: Su básicamente inexistente "vida" es todo lo malo que puede ser una vida porque se ha convertido lentamente en un perene infierno de eterna agonía en donde el único culpable es... ¿Pues quién va a ser? Entre la esfera, su vecina, su trabajo, su familia, su jefe y Scorpius Malfoy, iba a volverse loca. Er, más loca.
Oh, por Dios. Finalmente sucedió, chicas. ¡Sucedió! ¡He respondido a todos los reviews del capítulo anterior e incluso algunos de los que debía del 33! Les sonará tonto, pero me siento realizada xD De alguna manera se los debía porque son las mejores. Muchas gracias a: Ishbel, Sashabeth, Adarae, C.M.M.A, Lali Weasley, Diluz, Kirisuke, MayLiz Potter de Weasley (Yo tampoco puedo creer que nos acerquemos al final… ¡Y pensar en cuando ideé la metáfora del pájaro que te caga! xD Y pues… ya saber cómo llegan a esa disparatada escena del prólogo :/ Me alegra que te haya gustado el capítulo a pesar de la bocota de James y espero que disfrutes este!), wednesday mellark, Annie Thompson, Hermy Evans Black, FYA (Pues sí… a final de cuentas, creo que has entendido a qué se refería Rose cuando decía que la había cagado el pájaro xD Y bueno, James definitivamente no es la persona más considerada del planeta. A Ron le dará un ataque, eso seguro. Detrás de él caerá Hermione y después Harry… la cosa no está fácil! Yo tengo una idea ligeramente diferente a tu teoría de azkaban y los artículos porque, bueno… eso sería lo más predecible. Y siempre trato que no sea así. Por eso creo que te sorprenderás :D Albus,c on todo lo atravesado que siempre es, seguro hayará la forma de ayudar a la pareja si no lo hizo ya… En fin, espero que te guste mucho el capítulo. Saludos! PD: Yo tampoco :/), Maya Allen, Diane Potter, Erika Dee, Leprechaun07, Brianda (Yo tampoco puedo creer que nos acerquemos al final xD Pero es cierto y bueno, estoy sensible al respecto así que no hablaré más! Por otra parte, una está tan acostumbrada al dramatismo de Rose que se echa de menos cuando no está. Pero ha vuelto afortunadamente xD Besos!), Shar0n EspiPPirifLautik CulleN, luna712 (Hola! Me alegra que tu curiosidad esté satisfecha en cuanto al prólogo y espero que te agrade este capítulo :D Hasta la próxima!), Lucy (Jajajaja Yo estaré misteriosa, pero tú andas de lo más suspicaz! Lo de la duda de si publicar la prueba de Scorpius o no… no fue un chiste, pero al final decidí que no para apegarme a la idea original :) Y más quisiera yo tener cabeza para escribir otra historia de este talante, pero no tengo tanta creatividad xD Y por fin llegamos al dichoso prólogo rodeado de tanta expectativa y ahora falta saber cómo saldrán de tanto embrollo. En cuanto a tu duda, Rose entra en crisis con tanta frecuencia que quizás haya aprendido a manejarlas xD No sé si omitir la parte de la carcelera que se aprovecha de Scorpius (jajajajajaja), pero sí diré que ellos saldrán de esta de la forma menos esperada. Albus es un amor, es cierto… pero a James no puedo defenderlo. Probablemente los denunció casi sin querer; se preguntó en voz alta si acaso esa no era Rose y todo el mundo lo escuchó… en fin. No creo que se redima. Y bueno… se te ha pegado lo dramático de Rose. ¿Has leído algún review de la historia últimamente? No eres la única porque el drama parecer es contagioso xD ¡Saludos!), laurapsGranger (Jajajaja Los tacones sobrevivieron! Y no sólo por lógica, sino porque los necesitaba para la trama xD Un recurso poco usual… pero recurso al fin :) Ya te he dicho que no te preocupes, pero me alegra que me digas las posibles semejanzas de tu fic con AH porque así estaré psicológicamente preparada para leer algo que me haga sentir nostalgia cuando todo esto termine :/ Con respecto a tus teorías, sólo diré que las cosas no se desarrollarán de la forma esperada. Lo que sí es que ahora Harry y Hermione desconfiarán hasta de su sombra xD Pero aún quedan cosas por aclarar y ciertos acontecimientos que quizás te hagan feliz :D Oh, y aunque sea de forma egoísta, agradezco tus oraciones de creatividad para mí xD Besos!), TAMYmos, Lenna Weasley, adry mw (Hola! ¿Cómo te fue en las misiones? Espero que la hayas pasado muy bien :D No te creas… pensar en el final de la historia me pone bastante melancólica. Aún quedan cosas que aclarar, pero ya es obvio que estamos en la recta final :/ Y me pone muy feliz que aparte de gustarte, esta historia te esté ayudando a ganar entendimiento para ayudar a tu amiga y aconsejarla. Es una de las mejores cosas esto de escribir y que sin saberlo, estés ayudando a mucha gente :) También me alegra que hayas disfrutado cada momento de esta locura mía porque fue genial idearla, pero mejor aún fue compartirla. Con respecto a lo que me cuentas, no todo amor es imposible y aquí tienes a Rose y a Scorpius para demostrártelo. Eso sí, tómate todo con calma porque apresurarlo eleva muchas esperanzas. Las relaciones se toman su tiempo para que el cariño crezca y se fortalezca. Sumado esto, si este chico vale la pena, no veo por qué no podrían estar juntos :) Besos!), CamiCamila y Cia (Pues sí, hemos llegado a la cuenta regresiva de AH, pero estos dos aún deben salvarse de ese embrollo xD Y bueno, el no disfrazar a Scorpius "lamparita de luz" Malfoy fue parte de ese plan que al final no les salió como querían porque a Rose la reconocieron. Oh, y si James fuera real, probablemente le dolería la cabeza y le zumbarían los oídos por tantos pensamientos negativos hacia su ilustre persona jajaja Pero Sergio tiene razón y el chico sólo hacía su trabajo. Eso sí, me preocupa un poco sus tendencias de padre torturador, pero ya será algo que se corrija con el tiempo xD Scorpius sin duda no la tiene fácil esta vez, pero tendríamos las dos caras de una misma moneda implicados en un robo. Rose, que tiene todas las de ganar y él, que tiene todas las de perder. Oh, no… ¿cómo saldrán de allí? xD Por Dios, creo que omitiré toda la parte de Scorpius en la cárcel porque soy extremadamente gráfica y el comentario de Sergio me trajo imágenes indeseadas (e improbables) a la cabeza. Ahora, tanto como desubicados e indeseables no son, pero sí son hilarantes cuando se ponen en plan de discutir jajaja Leo los comentarios de Sergio seguidos de la vergüenza de Cami y río tontamente imaginándolos en la vida real xD No he estado perdida por ESA razón, pero si tanto extrañas tus halagos… no me dio la oportunidad de darte las gracias como se debe por hacer el grandísimo esfuerzo de dejarme un review tú solito porque Cami andaba muy afectada. Sé que odias escribir y por eso las chicas de por acá que te conocen te aprecian tanto. Digamos que entre tanto estrógeno, tú vienes a darle un poco de "cordura" a este lugar con tus despreocupados (y alarmantes) chistes. Sigue así, león cordobés jajaja Besos para los dos!), Bixu, Victoria Granger (Antes que nada, genial que te haya gustado la idea del capítulo del subconsciente porque sí, ya iba siendo hora de que Rose lo admitiera :) Ahora, no sé por qué se siente tan bien el saber que a pesar de que conocías cómo acabaría el capítulo, aun así te sentías ansiosa por ellos. Quise narrarlo de una forma diferente porque a pesar de que sería predecible, igual podría sorprenderlas adoptando otro estilo… y lo logré :D Oh, y a eso se debía la frustración de Rose! Por una vez qu ele dice que le quiere y el muy idiota está inconsciente… ¡Hombres! xD Y Albus jajaja el pobre nació para ser la tercera rueda, el violinista, el mal tercio… afortunadamente tiene a Connie. Sino, creo que sería diez mil veces peor. En cuanto a los reviews, no te preocupes! Sólo te deseo mucha suerte en los exámenes y aunque no puedas dejar un comentario, si te va bien en clases… creo que todos seremos felices :) ¡Saludos!), Luna Potter Granger, I'mAnatolia, Roulimystic, Mari (Hola! Qué bueno que encontraste interesante el capítulo anterior y despreocúpate porque el misterio aún no está del todo desentrañado. Y como ves, Rose y Scorpius fueron atrapados y aunque tus teorías son muy prometedoras, creo que conseguiré sorprenderte :) Saludos!), BronceCeniza16649, hermi23 (Hola y muchas gracias por la enhorabuena! Me alegra que te hayan gustado los dos capítulos anteriores porque ambos han servido para que Rose admita sus sentimientos en voz alta y los acepte para sus adentros. Era definitivamente un paso que ella tenía que dar y fue gracias a su subconsciente jajaja Irónico. Sólo me queda decirte que espero que te sorprendas gratamente con lo que nos espera para la pareja de tórtolos y que no puedo creer que odies a James casi tanto como a Marius! Hombres incomprendidos, pero idiotas, lo sé xD Hasta la próxima semana, besos!), Clickerland, Cora Lozar, CarlaMelinay a Viian Jntte M.
Muchas gracias chicas, se les quiere de corazón :D
Atrapados
(O del cómo todo es incluso peor de lo que suena)
–Rose Weasley –comenzó el auror que la interrogaría y ella lo miró con aburrimiento–. Mi nombre es Richard Thomas y necesito que respondas un par de preguntas. Te leeré tus derechos...
–Conozco mis derechos –dijo en medio de un suspiro y se retiró el cabello de la cara. El hechizo que lo había teñido de negro ya estaba desapareciendo y su melena estaba surcada por mechones de color rojo oscuro–. Escucha, Richard...
–Señor Thomas para ti –dijo con mirada retadora y Rose cerró los ojos un momento para suprimir su hastío.
–Richard. Estoy agotada, me duele todo el cuerpo, no he pegado ni un ojo en por lo menos tres días y tengo la muñeca fracturada. Lo menos que quiero es que te demores más de lo necesario.
–Bien, bien... James me advirtió que tienes temperamento –le guiño el ojo y Rose lo observó perpleja antes de bufar. Era el peor momento que alguien podía escoger para flirtear–. Él vendrá en unos momentos a hacerse cargo de ti, Weasley. Pero mientras esperamos, puedes explicarme cómo fue que decidiste arriesgarte a la exposición a las autoridades sólo para colaborar con el señor Malfoy.
–Te lo explicaría si tuviera alguna relación con lo que has venido a tratar –replicó mordazmente y el hombre le sonrió como si su irritación fuera infinitamente divertida–. Como bien has dicho, es mi decisión y hasta donde sé, el Ministerio aún no se las ha arreglado para escarbar en la mente de la gente en contra de su voluntad. La legeremancia es ilegal desde el fin de la guerra y sé que se necesita registrarse en la nómina como leedor de mentes autorizado. Seguro que tú no tienes permiso de hacerlo.
–Por eso necesito su cooperación, Weasley –dijo más seriamente y Rose se contuvo de rodar los ojos.
–Entonces pregunta algo que valga la pena responder.
–Bien, de acuerdo. ¿Qué relación tiene usted con Scorpius Malfoy? Como bien sabes, él está acusado de realizar magia negra y tú caerás con él bajo los cargos de cómplice.
–Mi relación con él no es problema suyo, Richard –dijo lacónica y el hombre endureció sus facciones–. Y, oh, no soy cómplice. Estoy tan implicada como él... y aunque es probable que él difiera, podría decirse que soy la mente maestra –sonrió con tranquilidad cuando el auror la miró con los ojos abiertos como platos. No debía ser muy común que alguien se echara la culpa en esa horrible sala sin ventanas de paredes grises y un espejo de aspecto añejo en una de ellas–. Para que conste, la esfera no tiene absolutamente nada que ver con la magia negra.
–¿Cómo puede estar tan segura de ello? –dijo luego de reponerse de la impresión y esta vez Rose sí puso los ojos en blanco.
–De nuevo, eso no le incumbe. Estoy segura de que han intentado de mil formas distintas sonsacarle algo a la reliquia, pero no han podido –él frunció el ceño y Rose se inclinó sobre la mesa, disfrutando eso de tener el control de la situación por primera vez en toda la noche–. El Ministerio es tan obtuso de mente y tan seguro de su propia omnipotencia, que es incapaz de ver que la relación entre la reliquia, Scorpius y yo no es más que una feliz coincidencia.
–Entonces admite que usted también está involucrada –dijo con un ligero rastro de incredulidad en su voz. Rose suspiró con fastidio y asintió.
–¿No me ha estado escuchando? Eso es prácticamente lo único que le he dicho –gruñó con impaciencia y se cruzó de brazos–. Richard, sí estoy involucrada, no fui hechizada de ninguna manera por Scorpius y colaboré con él voluntariamente. ¿Ha quedado claro?
–Cristalino –bufó el hombre y desenvainó la varita para pasearla entre sus dedos en un patético intento de intimidarla–. Entonces, dígame... ¿Qué la llevó a robar la esfera?
–Necesitaba respuestas. ¿Quiere la verdad, Richard? Scorpius y yo somos los únicos que podemos obtenerlas porque sólo a nosotros nos concierne –explicó con algo más de dureza de la que pretendía–. Usted y su departamento deberían dejarnos en paz.
–Antes llamó su relación con la esfera como una "feliz coincidencia". ¿Podría explicarme a qué se refería?
–Pues eso. Una casualidad. Scorpius la encontró y de alguna manera, nos vimos envueltos en la situación... pero insisto; en ningún momento fue en contra de mi voluntad –repitió queriendo que eso quedara muy claro; sabía de sobra que podían usar cada palabra en su contra, pero no tendrían forma de negar aquello.
–¿Y qué podría querer la esfera de dos personas al azar que antes no tenían ningún tipo de amistad? –preguntó mordaz, pensando ingenuamente que Rose comenzaría a ceder a la presión luego de esa pregunta.
–Dímelo tú, Richard –dijo en tono burlón y el hombre frunció el ceño–. Llevan casi un año investigando la procedencia y el objetivo de la reliquia y no habla muy bien de ustedes el hecho de no tener ni una pista.
–¿Usted sí?
–Por supuesto, pero eso no es asunto suyo. Si así fuera, la esfera no les habría dado tantos problemas –el hombre frunció el ceño ante la evidente mofa de Rose. ¡Claro que ella sabía qué quería la reliquia! Lo acababa de descubrir y no era como si ya lo hubiera asimilado completamente como para ir y confesarlo.
–Le exijo que...
–No está en posición de exigirme nada –aseguró Rose con tranquilidad y el hombre la fulminó con la mirada.
–Usted está sin varita, retenida en el Ministerio por cargos de robo, infracción contra el Estatuto del Secreto Mágico Internacional, allanamiento sin ninguna autorización, ataque deliberado al cuerpo de aurores del Ministerio, el descubrimiento de que vive en una zona muggle sin autorización –y este fue el único cargo que la hizo palidecer ligeramente. La tía Angelina y su mamá la matarían por haber olvidado tramitar el permiso para vivir junto a la señora Murray. El sermón duraría horas y… ¿Y qué rayos importaba eso? ¡Estaba en prisión, joder!–, y, más recientemente, por retener información importante. Claro que puedo exigirle lo que desee –señaló impaciente y Rose casi ríe al verlo tan molesto. En serio, debería pasar menos tiempo con Scorpius; su lengua se había afilado sin ningún remedio y su sentido del humor ya se había retorcido hasta niveles alarmantes de cinismo.
–Sí, no lo discuto... pero también soy la única que sabe la verdad acerca de la esfera, ¿no es así? Eso debería darme algún tipo de inmunidad.
–Es una criminal. Por muy hija de Hermione y Ron Weasley que sea, nosotros no...
–¡Eso no tiene absolutamente nada que ver! –exclamó de repente, ruborizándose por el enfado. Sabía que tarde o temprano eso saldría a colación, pero no de una forma tan idiota–. Lo ha dicho usted, no yo. En todo caso, quiero que le conste a esos que nos escuchan tras el vidrio que no he siquiera hecho referencia a mis padres en todo lo que va de conversación. Ya soy una adulta, Richard. Quiero ser juzgada como tal.
El hombre sostuvo su mirada por unos segundos con intención de hacerla bajar la cabeza, pero Rose no se dejó. ¿A qué mierda venían sus padres a la conversación? Sabía que debían estar muertos de preocupación... ¡Pero no tenían nada que hacer allí! Jodidos manipuladores crueles y despiadados.
–Bien, como usted lo desee, Weasley. Si no quiere…
–¡Que me suelten, joder!
Y con ese grito y una sacudida de hombros para soltarse de sus escuálidos captores, Ron Weasley entró al pequeño cuarto que repentinamente pareció iluminarse ante la furia que irradiaban sus brillantes ojos azules.
–Señor Weasley, usted no puede…
–¡Claro que puedo! Quizás ya no esté activo en el cuerpo de aurores, pero sigo siendo uno. ¡Y soy mejor que ustedes, chiquillos idiotas! –avanzó apenas un par de pasos antes de que dos pares de brazos volvieran a intentar detenerlo. Se los sacudió con facilidad una vez más y clavó su mirada en Rose.
De acuerdo, lo correcto sería tomarse estas líneas para describir el estado de esta chica en ese momento.
Allí estaba ella, sintiéndose poderosa mientras retaba a un auror experimentado cuando repentinamente, Ron Weasley entraba en escena y toda la situación se escapaba completamente de sus manos en cámara lenta.
¡Ni siquiera tuvo el aviso del jaleo que de seguro había armado en el pasillo! La habitación estaba hechizada para que ningún sonido externo interrumpiera los interrogatorios que allí se realizaban. Así que lógicamente, su llegada la agarró con la guardia baja.
Si por guardia baja se entiende su palidez enfermiza, su infarto, su desatada crisis de ansiedad, sus ojos desorbitados por la perplejidad y su aneurisma.
Rose había muerto del susto.
No literalmente, pero casi.
–¡Papá! ¿A que es un lindo día? –sí, eso había sido lo mejor que había podido pensar en esas circunstancias. ¿Fingir demencia? Vamos, que ni siquiera había amanecido aún y no se podía fingir cuando la situación era tan dolorosa y agónicamente obvia.
Su papa entornó los ojos y avanzó unos pasos hasta ella, que agradeció tener una mesa de aluminio y un auror fastidioso entre ella y su padre.
–Usted, señorita, tiene demasiadas cosas que explicar –gruñó rencorosamente y el enojo en sus palabras la hizo dar un respingo.
¿Por qué estaba enojado? Bueno, vale. Era obvio el por qué estaba enojado. Ella estaba en prisión por más cargos de los que podía recordar junto a Scorpius Malfoy. Eso lo explicaba, ciertamente.
–Señor Weasley –Thomas le dirigió una breve mirada burlona a Rose antes de continuar. Parecía encontrar alguna especie de diversión en la ironía de la vida. Y es que ella estaba diciendo que sus padres no tenían por qué meterse y… –, con todo el respeto que se merece, le pediré que abandone la habitación para continuar con las preguntas pertinentes a la sospechosa –Richard Thomas no podía ser un hombre muy inteligente si hacía amago de acercarse a su padre luego de llamar a la hija de Ron Weasley "sospechosa" frente a, bueno… frente a Ron Weasley.
–Tú, sabandija rastrera y apestosa, no vuelvas a llamar "sospechosa" a mi princesita en lo que te resta de existencia –siseó dirigiendo todo su poder intimidador hacia el hombre, que pareció ligeramente aturdido ante esto–. Y tú… –rodeó la mesa y Rose se encogió en su asiento cuando Ron hizo amago de tomar su mano–. Tú te vienes conmigo. Cuando lleguemos a casa, me dirás por qué estabas aquí a solas con Scorpius Malfoy y aunque ya no vivas conmigo, estás castigada hasta que uno de nosotros muera. Lo que ocurra primero.
Rose en serio esperaba que la primera en morir fuera ella porque como su padre siguiera tratándola como a una infante frente a tres integrantes del cuerpo de aurores, no resistiría la vergüenza y se moriría.
Ron la haló con vehemencia hasta la puerta y nadie lo detuvo en su camino, todos demasiado pasmados ante lo que estaba sucediendo. Entonces, él apretó su mano con fuerza y Rose no sólo agradeció que no la cogiera por la mano que tenía la muñeca lastimada, sino que notó que había algo allí apresado entre sus palmas y que aparentemente, su padre le estaba pidiendo silenciosamente que lo cogiera sin mediar palabra.
Estrujó su gigantesca mano en respuesta a pesar de que seguía sin tener idea de lo que estaba sucediendo.
«¿Qué rayos…».
–De camino recogeremos al bastardo de los Malfoy porque lo voy a matar. Oh, sí, lo haré. Nadie mete a mi niña en tantos problemas y sale librado. ¿Cuál será su celda? Ese tipo no sabe con quién se metió… –Ron siguió despotricando a lo largo del pasillo sin parecer sorprendido por el hecho de que hasta el momento, nadie había intentado detenerlos. Todo al que se encontraban se limitaba a observarlos con las mandíbulas desencajadas.
De ser así, entonces escapar no debía ser tan difícil.
–¡Señor Weasley, espere! –Richard Thomas se acercó trotando hacia ellos con por lo menos seis aurores a sus espaldas por si Ron se resistía–. Entiendo que sea su hija, pero la custodia de Rose Weasley me pertenece hasta que se pueda probar su inocencia.
Un par de hombres volvieron a sostenerla para llevarla de regreso al cuarto y Rose procuró que no se notara que tenía la mano apretada en un puño con lo que sea que su padre había querido que tuviera.
–Oh, de ser así… mire ese precioso rostro angelical y tendrá todas las respuestas que necesite –Gritó removiéndose para alejarse de quienes lo retenían y ella, como cosa rara, deseó morir en ese preciso instante–. El que se tiene que pudrir en la cárcel es otro, pero ustedes no…
–¿Ron? ¡Ronald! Te dejo solo un minuto y mira lo que haces –Merlín, ¿Por qué la vida era tan injusta? Vamos, que los aurores que la llevaban podían caminar un poquitín más rápido. Y es que Ron era una cosa, pero Hermione…–. ¿No ibas al baño? –preguntó su madre sonando exhausta por la carrera a través de las escaleras, pero Rose forzó a sus captores a apresurar el paso para encerrarse en la habitación de interrogatorio nuevamente.
Oh, genial. Ahora su madre estaba allí para empeorarlo todo. Ya no faltaba nadie más para que su vergüenza fuera infinita. ¿Podría la vida ser peor?
–Hermione, ¿lo encontraste? –gritó Harry desde las escaleras y Rose casi rió por su tremenda mala suerte.
Era hasta absurdo lo muy desafortunada que era, en serio.
–¡Estaba haciendo exactamente lo opuesto a lo que le dije que hiciera! –a pesar de la situación en la que se encontraba, Rose puso los ojos en blanco. Típico de su padre escabullirse de Hermione para desobedecerla. Al menos ya sabía a quién echarle la culpa por su herencia cuando se enfrentara a su madre–. Ron, estoy segura de que todo esto tiene una muy buena explicación, pero por los momentos no podemos hacer na…
No escuchó más. La puerta fue cerrada tras la entrada de Richard Thomas en la habitación.
Por Circe, había arruinado a la familia Weasley.
La arrojarían en prisión en una lejana celda a la de Scorpius y su padre siempre estaría intentando rescatarla, lo que ocasionaría discusiones constantes con Hermione, que no le hablaría nunca más a su hija criminal. Hugo no podría manejar solo la presión y se volvería loco, la obsesión de Ron por sacarla de Azcaban conseguiría que Sortilegios Weasley quebrara y él ocuparía su tiempo en entrenar gatos para que fueran su ejército de rescate, a su madre la despedirían por estar emparentada con semejante criminal y se mudaría a Nueva Zelanda para cambiar de identidad y tener otra hija que arruinaría a su posterior familia Rigofen…
Y Rose debía dejar de pensar, en serio.
Ella saldría de allí, estaba segura de eso.
Y también superaría su extraña fijación con Nueva Zelanda y los gatos.
Inhaló y exhaló continuamente, sintiéndose más calmada a los pocos segundos. Richard tuvo la decencia de esperar a que ella se repusiera. Y en eso estaba cuando consiguió relajar la tensión en sus músculos y se fijó en que continuaba aferrando algo en su mano derecha.
Si dirigía su vista hacia eso, Richard podría darse cuenta.
Lo acarició lentamente intentando relacionar su pequeño tamaño y su textura con algo que habitara sus recuerdos, pero nada. ¿Qué podría ser?
Richard carraspeó ligeramente, sacándola bruscamente de sus pensamientos.
–Todo ese debacle fue precioso, señorita Weasley. Pero como ya le decía, sus padres no pueden hacer nada mientras esté bajo mi custodia.
–Y menos mal… –asombrosamente, una sonrisa afloró en sus labios. Sus padres estaban como unas cabras, a decir verdad. Y Ron, en particular, acababa de demostrar por qué sería una pésima idea incluirlo en su defensa cuando fueran a juicio.
Porque habría juicio, ¿cierto?
¡¿Cierto?!
–Por ello, si usted no quiere cooperar con la información, estoy seguro de que el señor Malfoy estará encantado de delatarla.
Esta vez sí que no contuvo una risita sardónica. Malfoy jamás le haría algo así.
–Claro, puede intentarlo...
–Y lo haré, créame.
–… pero no creo que lo logre.
–Yo no estaría tan seguro en su lugar.
–Aunque sí, sí... quizás sí tenga algo de mérito el hacerlo –como ya es obvio, Rose apenas le prestaba atención a las interrupciones sinsentido del hombre. De hecho, colocó aquel pequeño objeto rectangular sobre su regazo y usó ambas manos para acariciarse las sienes antes de continuar–. Es más, dígale que yo le exijo que me eche la culpa a mí de todo esto y de paso, asegúrele que es un idiota si no lo hace. Adelante, le doy permiso –dijo despreocupadamente con una sonrisa. Rose nunca había deseado tanto como en ese momento ser capaz de alzar la ceja socarronamente.
Pero ese gesto pareció aplicar la cantidad necesaria de irritación, porque el hombre golpeó los puños contra la mesa y se incorporó, enderezándose cuan alto era y dirigiéndole una mirada feroz.
–¡Esta última hora de mi vida ha sido una completa locura y la culpo a usted por eso! ¡Le estoy pidiendo respuestas para hallar a los culpables! ¡Usted no tiene...
–¡Thomas! –gritó una voz familiar cuando se escuchó el crujir de la puerta y Rose respingó cuando ésta se abrió de golpe–. Dile a los que quedan en la sala contigua que desaparezcan –dijo James con voz autoritaria y Richard lo miró con los ojos entrecerrados, molesto por la interrupción–. Por lo que me ha contado el jefe, no has sabido manejar las situaciones que se han presentado a lo largo de la noche –con el "jefe", era evidente que se refería a Harry Potter. Thomas frunció el ceño–. Ya has comprobado que tu especial método de interrogación no es absolutamente infalible, así que te pido que nos dejes a solas –la observó con reproche antes de agregar–. Necesito hablar en privado con Rose.
El hombre salió entre gruñidos y susurros incoherentes y azotó la puerta al salir, causando que Rose soltara otro bufido de risa.
–Bien, te escucho –le dijo a James fingiendo que se alisaba el vestido y él suspiró antes de correr la silla al otro lado de la mesa y sentarse.
–Rose, no puedes hacer esto. La abuela morirá si se entera y mi madrina está desconsolada... –puso los ojos en blanco ante esto. No era que no le preocupara su madre; de hecho, si había algo que le importaba en ese momento era el bienestar de su familia, pero odiaba que usaran eso en su contra–. Papá no cabe en sí de la decepción y mi padrino ya está en peligro de acabar en Azcaban por agredir a un par de aurores que intentaron explicarles la situación cuando consiguieron alejarlo de esta habitación.
–James, diles que vayan a casa –usó un tono mucho más condescendiente y James arrugó el ceño–. Soy mayor de edad y ellos no tienen nada que hacer aquí.
–¿Entonces no te importan? Bien, eres una egoísta –ya se lo veía venir. Cuando estaba en plan auror fastidioso, James era insoportable; cualquier rastro del chico juguetón en las tardes de la Madriguera era completamente esfumado de su rostro y era reemplazado por una determinación abrumadora–. Estás poniéndote de parte de alguien que ni siquiera...
–No estoy de parte de nadie; mucho menos de Scorpius –siseó algo enfadada por la recurrencia del tema–. Hice lo que hice porque quería, James.
–A mí no me engañas; tú no eres así –entornó los ojos y Rose suspiró–. Tú eres amable, educada y jamás romperías las reglas. Tú eres Rosie, mi prima, no una criminal.
–Entonces si quieres hacerle justicia a esa creencia, deja de tratarme como a una –gruñó frotándose las sienes con los ojos cerrados–. Si estás tan seguro de que yo jamás haría algo que no valiera la pena, entonces demuéstralo y déjame ir.
–No puedo hacer eso, Rose. Lo sabes... –desvió la mirada con un palpable dilema mental y moral y se agitó el cabello con frustración–. Si estuviste cerca de dos horas esperando a que te interrogaran, es porque primero estábamos con Malfoy.
Por primera vez desde que estaba allí, Rose se interesó realmente por la conversación.
–¿Qué dijo?
–No estoy autorizado a decírtelo.
–James...
–Pero si puedo asegurarte que el hecho de que estés aceptando la responsabilidad por todo te pone en una situación delicada –la observó con ojos penetrantes, colocando sus manos entrelazadas sobre la mesa.
–¿Por qué?
–Porque ha confesado que has sido tú la culpable, que lo has arrastrado a fuerza de amenazas a esta situación y que fuiste tú quien lo planeó todo –Rose lo miró con incredulidad unos momentos y por apenas un segundo, sintió su firmeza tambalear.
Era imposible que él le hubiera hecho eso. Malfoy era una serpiente rastrera, pero a su manera era una buena persona.
No se dejaría engañar.
–James, no me mientas –dijo con seguridad y él compuso una mueca.
–No lo hago. Te estás echando tierra a ti misma y ese maldito se saldrá con la suya.
–En serio –afirmó más que preguntó y James asintió con vehemencia.
–Quiero ayudarte, Rosie –se inclinó hacia ella y susurró–. Sólo necesito que admitas que todo ha sido en contra de tu voluntad y que él es el único responsable.
Rose bufó y volvió a retirarse el cabello del rostro con brusquedad.
–Sé lo que buscas, pero no le echaré la culpa de nada porque también sé que mientes.
–¿Cómo lo... es decir, no lo hago.
–James, por Merlín –rodó los ojos y él desvió la mirada–. Simplemente lo sé y si de verdad quieres ayudarme... necesito trasladar la esfera a un sitio seguro.
Eso último lo dijo con la idea de que si se sinceraba con James, quizás él se ablandaría e incluso la ayudaría a salir. Al parecer funcionó, porque su mirada se suavizó.
–¿Por qué?
–Escucha... ¿Puedes insonorizar la habitación? No quiero que nos escuchen desde afuera –susurró y él la miró con duda antes de agitar la varita y dedicarle toda su atención–. Sé que dije que la esfera nos eligió por mera casualidad, pero no fue así. Scorpius estaba, en cierta forma, destinado a encontrarla y desde la celebración de la presentación de la reliquia, ambos supimos que éramos los únicos que podíamos tener contacto con ella sin ser repelidos.
–¿y qué tiene que ver con...
–James, no me estás escuchando... la esfera... –se inclinó sobre la mesa para susurrar y James la imitó–. La esfera se ha estado comunicando con nosotros desde ese día y te puedo asegurar que no es magia negra. Hemos estado junto a ella, hemos conversado con ella y nunca nos dio muestras de ser oscura o algo parecido.
–¿Cómo puedes estar tan segura?
–Porque nunca nos hirió de ninguna manera. Scorpius no practica las artes oscuras porque jamás lo vi mover ni un dedo cerca de la reliquia y ahora, ambos hemos hecho todo esto porque necesitábamos liberarla.
–¿Con qué objetivo? –preguntó curioso y Rose contuvo un bufido de impaciencia ante su curiosidad.
–Si de verdad necesitas saberlo, tienes que darme algo de tiempo... hace bastante poco nos hemos enterado de la verdadera procedencia de la esfera y es una historia bastante larga y compleja –se explicó lentamente, asegurándose de que James entendía todas sus palabras–. Nos ha encomendado llevarla a un sitio en donde pueda descansar hasta volver a serle útil a alguien más y es nuestro deber, el de Scorpius y el mío, cumplir sus deseos.
–¿Por qué?
Rose suspiró y se frotó el rostro para intentar deshacerse del cansancio que la embargaba. James la miraba con una mezcla de interés y sospecha y no parecía muy dispuesto a hacer nada si no tenía cada detalle de la historia.
–Porque ella ha hecho todo lo posible para ayudar a encontrarnos... y lo ha logrado. Es mi deber porque le estoy infinitamente agradecida –sus palabras la sorprendieron más a ella que al propio James, pero hablaba con la verdad.
Le gustaba Scorpius y eso jamás hubiera pasado sin la colaboración de esa misteriosa reliquia.
–¿Ayudarlos a encontrarse? –preguntó frunciendo el ceño con desconcierto. Rose asintió lentamente antes de responder.
–Tampoco lo entendí al principio, James, pero te prometo que si me ayudas, serás el primero al que le cuente todo lo que ha pasado –ante ese juramento, James entornó los ojos y la miró inseguro, pensando seriamente en la posibilidad de ser el primero de enterarse del chisme–. Tienes que confiar en mí, James... jamás te he dado razones para que no lo hagas, así que por favor, por favor tienes que sacarme de aquí –se detuvo e inhaló profundamente antes de añadir–. Y a Scorpius. Él tiene que venir conmigo porque yo... yo no podría hacerlo sola.
Hubo algo en la forma en la que Rose juntó sus manos para que no comenzaran a temblar que hizo que James se fijara en ella con atención.
Y lo vio.
Vaya que lo vio.
Joder que lo vio.
Había algo allí, en el brillo que disipó la turbulencia en la mirada de su prima y que le provocó un incipiente rubor, que logró que él se tensara sobre su asiento y crispara los puños sobre la mesa.
Y es que si le dieran la oportunidad, a James le gustaría dejar algo claro y eso es que él, de hecho, no ha nacido ayer. Quizás su cumpleaños fue hace unas tres semanas y aún es un poco inmaduro, pero eso no significa absolutamente nada.
Además, James es un muy competente y sensual auror, así que tiene olfato para ciertas cosas. Sabe identificar el miedo de los fugitivos como si los estuviera leyendo directamente de un libro (y tiene mérito porque, bueno, no le gusta leer), la desesperación de las víctimas las siente como propias y su magnífica entereza provoca que sea lo suficientemente comprensivo en cualquier tipo de situación.
Desafortunadamente, James tiene olfato para otras cosas. Y es que está seguro de que eso que vio en la mirada de Rose fue preocupación.
Todos sabemos lo que eso significa.
Si no lo saben, James es un persona tan espléndida que está dispuesto a explicárselos.
La preocupación implica que esa persona te interesa. Y si además de preocuparte, luces tan afligida y te tomas la molestia de interceder por ese alguien es porque es parte de tu familia, un amigo cercano o porque te gusta.
Gracias a Merlín, Malfoy no tenía absolutamente nada que ver con su excelentísima sangre. Si sospechara algo así, estaría dispuesto a cometer uno de los más horrorosos actos contra al humanidad al suicidarse.
Sin embargo, el excesivo sonrojo de Rose desmentía la hipótesis de que fuera su amigo y eso, señores, ya era lo suficientemente inquietante.
Se estremeció; eso no podía ser cierto.
Rose debió haber captado la perplejidad en su semblante y la indignación en las arrugas de su entrecejo, en sus puños cerrados con fuerza y en su mandíbula tensa, porque sus ojos se desorbitaron y agachó la mirada, ruborizándose aún más.
Aún más.
Y es que no contaba con que su magnánimo ser puede llegar a ser todos los sinónimos de grandioso y espectacular, pero despistado no estaba entre sus características.
James lo sabe todo.
No, no, en serio. Lo sabe.
Sabe que Dominique, por ejemplo, siente algún tipo de atracción enfermiza hacia ese imbécil que tiene como compañero de trabajo y esto es un problema por el buen rollo que tiene con el fulano de Liam. Sabe que Fred está enamorado de su ex novia (la de James) y que no se atreve a decírselo por miedo a su reacción y que Teddy está cagado por la expectativa de ser padre y no lo demuestra para no perturbar la alegría de Victoire. Sabe que Louis oculta algo y sospecha que Molly conoce y protege su secreto. También sabe que Roxanne no ama tanto a su novio como asegura, que a Hugo no podría importarle menos el estar soltero y que Albus y Connie se casarán algún día. Sabe que entre Lucy y Lorcan hay algo que ni ellos entienden aún y que Lysander no sabe qué hacer para volver a estar de novio con su enana hermana.
Y completamente fuera del tema, también sabe que Dominique lo ama porque, bueno... ¿Cómo no hacerlo? Él es sexy, atractivo, inteligente, valiente y todas las chicas se babean a su paso. Incluso él tiene serios conflictos de intereses cuando se observa en el espejo y se queda pasmado ante su propia belleza.
Merlín, él es el erotismo personificado. La seducción se desborda de su cuerpo como el sudor y se siente tan sensual cuando...
Se está saliendo de contexto, así que sí.
El punto es que él lo sabe, vamos. En temas amorosos, es un maldito experto.
Aclarado eso, James se siente un poco mejor ahora que ha recordado su propia excelsitud.
Sin embargo, eso no evita que se le revuelva el estómago cuando piensa en que a Rose le gusta...
Argh, no puede acabar la frase sin sentir arcadas.
¿Ya había dicho la tremenda desgracia que significaría suicidarse? Pues eso. Sería devastador, pero sentarse a ver el cómo un Weasley se relaciona con un Malfoy...
¡Era antinatural! Hay cosas que no deben mezclarse y una de esas eran esos dos apellidos.
Pero Rose seguía luciendo mortificada y le lanzaba eventuales miradas de súplica que lo hacían dudar de sus propias convicciones de lo que era correcto.
Por Circe, a Rose le gustaba Malfoy y le estaba pidiendo que lo rescatara.
Y él, que poseía una ética envidiable, estaba cediendo.
Joder, odiaba eso de querer tanto a sus primas. Era frustrante y muy desalentador descubrir que esas mujeres podían hacer con él lo que se les viniera en gana y lo peor era que no era de esa forma.
No.
Si lo fuera, se sentiría consolado por su pena, pero no era así.
Y a pesar de ello, él quería complacerla porque era su prima y la quería aunque que tuviera un pésimo gusto en los hombres. Eso le recordaba... ¿Rose no estaba comprometida con Nott? Oh, no. Había algo allí que olía muy mal y él, como ya dijo, tenía un olfato muy agudo, así que el hedor era espantoso.
Entonces, ahora que su prodigiosa mente había concluido todo eso en unos pocos segundos, la tentación de conocer todo eso que ignoraba se hacía aún más grande. Quería que Rose afirmara o desmintiera su teoría de que le gustaba Malfoy y, de paso, aclararle qué tan cierto era su amor por Nott.
Quizás se podría pensar que James es un cotilla, pero no lo es. Eso es una cualidad más propia de las mujeres y él es el ente más viril que ha pisado la tierra. Digamos que el primogénito de los Potter sólo debe cuidar sus intereses con mucha dedicación y que tiene la ventaja ser un ágil observador de su entorno.
Eso, sí. Un excelente observador.
Además, esa cualidad le daría la excusa perfecta para saldar un par de cuentas que eran ciertamente importantes; si Rose tenía algún tipo de sentimiento distinto al odio hacia Malfoy, luego el tendría que molerlo a golpes por siquiera atreverse a confundir a Rosie de esa forma tan poco noble al aprovecharse de su ya aludido terrible gusto hacia los hombres.
Es decir, ¿de qué otra forma hubiera conseguido Malfoy eso de engatusar a su prima? Seguro era una pervertida, arrogante, rastrera y asquerosa serpiente que había armado todo un complot para arruinar a la familia Weasley.
Sea como fuere, él lo sabría y tomaría cartas en el asunto porque no es cotilla, sino alguien que protege sus intereses.
Entre ellos, el bienestar de su familia y, por extensión, de Rose.
–Bien, lo haré –refunfuñó resignado y Rose suspiró de puro alivio. James no se había dado cuenta de su pequeño desliz delator–. Los ayudaré a salir de aquí, pero si me estás engañando, te buscaré y te atraparé aunque sea lo último que haga.
Emocionada por la confianza, Rose posó sus manos sobre las de James, que seguían crispadas por alguna extraña razón. Las apretó ligeramente hasta que él las relajó y le sonrió en agradecimiento.
–Si te preocupa que te mienta, estoy dispuesta a hacer un juramento inquebrantable para probarte lo contrario –aseguró y James palideció unos segundos antes de negar.
–Vale, no es necesario... sí sabes que ayudarlos a salir de acá puede costarme el pellejo, ¿no? –Rose asintió algo apenada y él le sonrió con cariño fraternal–. Más te vale que me expliques cuando regreses porque no soy cotilla... –se explicó con la nariz ligeramente arrugada y Rose ladeó la cabeza, evidenciando su desconcierto ante esa última afirmación–. ¿Qué es lo que necesitas?
–Primero que nada, quiero que traigas a Albus –él lució algo descolocado por la petición, pero no comentó nada–. Tengo que hablar con él en absoluta privacidad. Segundo, tienes que decirme qué rayos es esto. Me lo dio mi papá durante el jaleo que armó pero no he tenido la oportunidad de revisarlo –colocó el objeto metálico que le había dado su padre sobre la mesa y notó que parecía un encendedor muggle. James lo cogió entre sus dedos y lo analizó con ojo crítico–. Por supuesto, luego tienes que sacarnos de aquí a mí y a Scorpius y proporcionarnos un permiso para crear un traslador.
–Rose, me estás pidiendo demasiado...
–James, yo jamás te pediría algo así si no lo necesitara. Te juro que volveré... sólo tengo que ir, ocultar la esfera y regresar. Nada más –hubo dubitación en los ojos castaños de James, así que Rose apretó nuevamente su mano libre y le sonrió con timidez–. Si quieres, te diré incluso a dónde iré para que puedas buscarme.
–No, no... confío en ti, Rosie –suspiró pesadamente y volvió a clavar la mirada en el objeto plateado. Lo miró intensamente durante unos momentos y Rose lo imitó, intentando hallar ese encendedor en algún rincón de sus recuerdos–. ¿Dices que te lo dio el tío Ron? –inquirió curioso y Rose pudo ver en sus ojos que tal vez estaba imaginando algo que le parecía descabellado. Por ello, se limitó a asentir–. Dame un segundo… –deslizó el pulgar a lo largo de su superficie y ejerció presión cuando palpó lo que quería. En cuanto la parte superior del encendedor de plata se abrió, un pergamino enrollado y diminuto cayó sobre la mesa y James sonrió. Antes de que él apagara las luces de la habitación, Rose ya sabía lo que ese objeto era.
No era un encendedor. Era el desiluminador de su padre.
–Merlín…
–Sabes lo que es, ¿no?
–Por supuesto que sé lo que es, James –musitó incrédula y lo escuchó reír–. Enciende las luces, por favor.
–Rose, Ron es un genio y tú tienes mucha suerte. Con esto en tu poder, no necesitarás ningún traslador –Rose podría estar en desacuerdo con eso porque no tenía ni idea de cómo funcionaba. Cogió el pergamino que aún estaba sobre la mesa y se dispuso a leerlo.
Piensa a dónde quieres llegar, actívalo, cierra los ojos y confía en ti. Suerte.
Inexplicablemente, se le inundaron los ojos y tuvo que cerrarlos unos segundos para recomponerse.
–Igual necesito el permiso para el traslador por si ocurre cualquier even…
–Sí, sí… –James ni la escuchó. Sólo la vio a punto de llorar, se levantó de su asiento y rodeó la mesa para abrazarla–. Dame media hora; te sacaré de aquí.
–Y a Scorpius también –insistió y lo escuchó bufar.
Y es que James lo sabía todo con pelos y señales (y lo que no sabía se lo inventaba porque siempre tenía razón), pero no por eso le agradaba ser tan genio y superdotado.
Era algo muy exhaustivo tener tantas ideas inteligentes fluyendo en su cabeza cuando además, debes lidiar con una belleza varonil de forma diaria. Por otra parte, a veces le dolía algo el cuello por el peso de su gran cerebro ("enorme cabezota", diría Dominique si estuviera escuchando sus pensamientos) y era una situación muy frustrante que sólo alguien como él podría aguantar.
Suspiró; su vida era un poco trágica, a decir verdad.
–Vale, a ese también lo sacaré –le besó la frente y la abrazó un poco más antes de llevar sus pies con pesadez hasta la puerta de la habitación. Antes de abrirla, señaló el desiluminador y añadió–. Y guarda eso que si te lo ve alguien más, te lo quitará.
–James... –llamó Rose cuando él ya se disponía a salir–. Gracias.
Le sonrió, dejándose convencer por la convicción en los ojos de su prima de que todo estaría bien.
–No hay de qué. Esta profesión no me permite hacer muchas gamberradas, así que aprecio el gesto –le guiñó el ojo y Rose rió ligeramente mientras lo veía salir de la habitación.
Ahora sólo le quedaba esperar.
...
Cuarenta y cinco minutos después, ya daban las cinco y cuarto de la mañana y Rose dormitaba a intervalos con incomodidad y sin acabar de decidirse entre apoyar la cabeza sobre la fría mesa de metal que le entumecía los brazos o acabar con un serio dolor en el cuello por pretender dormir sentada.
Merlín, definitivamente esa sala en donde estaba encerrada estaba hecha para ser lo menos confortable posible y eso, si le preguntan a ella, era una soberana estupidez.
Es decir, la idea de ese lugar era interrogar a criminales peligrosos y extraerles información importante. ¿Cómo iban a lograrlo así? Las personas necesitan descansar para aclarar las ideas y no ser tan hostil cuando un auror al azar te trate como si fueras basura humana.
Era muy impráctico y bastante iluso pedir respuestas en un lugar como ese.
Si algún día salía de allí, lo comentaría con el tío Harry. Él merecía saber lo poco eficaz que resultaban sus métodos.
Oh, por Circe... estaba tan aburrida, cansada y preocupada que sólo atinaba a divagar tonterías sin sentido. Por supuesto que su padrino no la escucharía; por todo lo que sabía, ella era una más de todos esos delincuentes con los que se enfrentaba a diario y todo era peor porque ella, de hecho, era su sobrina.
¡Argh! ¿Dónde diablos estaba James?
Ya había pasado muchísimo más que media hora y quería acabar con todo lo antes posible para marcharse a dormir aunque tuviera que hacerlo en Azcaban.
Al menos allí tendría una butaca más cómoda.
Observó su muñeca cuando ésta le envió una punzada de dolor y su expresión se contrajo en una mueca de agonía. Estaba hinchada, comenzaba a teñirse de un inquietante color morado y prácticamente no la podía mover.
Dios mío, le iban a cortar la mano por idiota. Se había pasado toda la noche intentando comunicarse con un auror que no fuera descendiente de un trol de las montañas y cuando logró hablar con James, había olvidado su muñeca de forma penosa.
Además, le dolía la mejilla. Su pómulo punzaba y comenzaba a abultarse de forma preocupante.
Oh, Merlín, ¿por qué a ella? Ahora sería un monstruo con una mejilla deforme, un garfio en lugar de la mano izquierda y unas horribles ojeras porque jamás podría volver a dormir en esa sala infernal.
Y moriría.
Ya ni siquiera tenía el consuelo de que su gato Mussy se la comería. Seguro moriría allí, sola y sin hablar con nadie. Su cuerpo entraría en una lenta descomposición y se la comerían las moscas.
¡Argh! ¿Por qué se hacía esto a sí misma? Deberían prohibirle pensar. Sería lo correcto, en realidad. Ese simple acto le ha traído tantos problemas, que ella misma debería ofrecerse como voluntaria para una extirpación de cerebro.
Y cuando ya estaba concentrada en dar todo por perdido, James abrió nuevamente la puerta y se apartó de ella para empujar a Albus adentro, que contuvo un gemido y sostuvo sus costillas con el rostro lleno de dolor. Sin embargo, fue una agradable sorpresa encontrarlo completamente ileso, limpio y presentable.
–Tienen quince minutos. Me aseguré de que el turno de los siguientes aurores se retrasara –cerró la puerta tras él y Albus caminó lentamente hacia la silla vacía al otro lado de la mesa y se sentó con dificultad.
–¿Duele mucho? –preguntó Rose preocupada y él compuso una mueca de desdén.
–Connie y Dominique han hecho lo mejor que han podido, pero necesito reposo. Han curado la costilla, pero aún duele –se removió un poco hasta dar con la posición menos dolorosa y le sonrió con tristeza–. Los han atrapado, ¿eh?
–Fue inevitable –admitió Rose desviando la mirada–. Al menos has logrado salvarte.
–Eso es lo de menos... –bufó y sacudió con la cabeza antes de fruncir el ceño al clavar la mirada en su muñeca–. Dame tu mano –con algo de duda y sin entender completamente sus intenciones, extendió la mano derecha y Albus chasqueó con la lengua–. La otra, Rosie –hizo lo que le pedía y él sacó dos frascos de entre los pliegues de su impecable túnica y le aplicó una poción verdosa sobre la zona lastimada con cuidado antes de agitar la varita, sonreírle y pedirle que se tomara el otro frasco–. Le pedí a Connie que la preparara. Dijo que serviría hasta que volvieras; en teoría, contendrá el dolor y arreglara la torcedura durante un tiempo. Luego tendrás que ir a San Mungo.
–Gracias –dijo verdaderamente agradecida por el gesto, esperando unos minutos para mover la muñeca circularmente y comprobar la efectividad de las pociones y el hechizo combinados–. Es perfecto, gracias –repitió y Albus agitó una mano con despreocupación.
–¿Para qué me necesitabas?
–Creo que mereces saber todo lo que Scorpius y yo hemos descubierto. Mientras dormías, la esfera nos indujo a tener una especie de visión de los hechos que llevaron a su creación –Albus se inclinó sobre la mesa con obvio interés y Rose resopló antes de comenzar el relato–. Lo primero que vimos fue a Venus, la diosa del amor... –le contó todo lo que había visto junto a Scorpius en parte porque sabía que él tenía tanto derecho como ellos a saberlo y porque, bueno, necesitaba desahogarse de alguna forma.
Tuvo el impulso de saltarse todo el rollo de las almas gemelas, pero tenía que decirlo o explotaría. De alguna manera asombrosa, se las había arreglado durante horas para no pensar en ello y había sido tortuoso; necesitaba un escape a todos esos sentimientos y Albus le caía como anillo al dedo para eso.
La historia no duró más que unos cinco minutos porque quedaba poco tiempo para marcharse, así que finalizó prometiéndole que sería más detallada cuando no estuvieran tan apresurados.
–Pues... pues debimos haberlo sabido antes –dijo Albus sin saber cómo tomarse todo lo que acababa de escuchar–. Es decir, sabíamos lo de Cleopatra y Marco Antonio, lo de los siete soles, lo de los dioses... no era muy difícil hacer la conexión.
–Oh, claro que no –farfulló irónica y Albus frunció el ceño–. Y es que prácticamente todos los días dos personas que se desagradan descubren que están destinados a estar juntos.
Albus bufó ruidosamente y negó con la cabeza.
–No seas tonta, claro que no te desagrada –Rose enrojeció y desvió la mirada–. Te escuché cuando dijiste que...
–Sí, sé lo que dije, Albus, pero eso no viene al caso –él rodó los ojos, pero no comentó nada–. El punto es que, bueno... todo el lío ha sido por eso. Para juntarnos a los dos. ¿No te parece algo absurdo? El amor está sobrevalorado.
–Rose... –dijo Albus en medio de un suspiro lleno de paciencia. No era común que fuera ella quien se portara como una cría cabezota–. ¿Sabes esa estúpida noción que tiene la gente de que el dolor y el sufrimiento son poéticos y significativos en el amor? Pues no es así. Sólo es dolor y sufrimiento y no es hermoso ni nada. Por eso te digo que el día en que comiences a pensar que el amor está sobrevalorado, es el día en el que te equivocas. Lo único malo con el amor es no creer en él. Puede que aún sea muy joven como para comprender muchas cosas, pero te puedo asegurar que el amor es genial y si tú no lo deseas, no tienes que estar sufriendo a cada rato. Es decir, en algún punto habrá cosas que duelan, pero si pones en una balanza lo bueno y lo malo… estar enamorado siempre vale toda la pena del mundo.
Rose compuso una mueca reflexiva, mirando a Albus sin saber qué decirle. No hablaba con las palabras más poéticas y significativas, pero definitivamente había mucha sabiduría en esa frase.
–¿Lo dices por experiencia? –preguntó luego de unos segundos de silencio y Albus le sonrió.
–¿Te sorprende? –inquirió él y Rose rió ligeramente. No, en realidad no era una gran sorpresa–. Connie es lo mejor que me ha pasado en la vida, Rose. Es sencilla, alegre, divertida y cariñosa... me gusta estar con ella y cuando no lo estoy, no dejo de pensar en su risa y en su rostro. Me he aprendido su complicado horario de trabajo sólo para poder verla en esos quince minutos que tiene libres durante el almuerzo y puedo pasar el día completo con ella sin besarla o, bueno... sin besarla porque me gusta su compañía –carraspeó azorado y se removió sobre su asiento con incomodidad cuando Rose alzó las cejas con picardía–. Esas cosas sólo ocurren cuando estás enamorado y no importa si esto que tenemos durará para siempre o acabará muy pronto... sólo sé que mientras pueda contar con esos recuerdos a su lado, podré ser feliz sabiendo que la tuve. Nadie puede quitarme esas experiencias.
Albus hablaba más para sí mismo que para ella, pero nunca sabría el impacto que acababan de tener esas palabras en su interior.
Ese día había estado lleno de revelaciones, aceptaciones y conflictos, pero Albus tenía razón.
Nadie podría quitarle sus recuerdos.
Su subconsciente no se equivocaba al afirmar que le aterraba acabar tan mal con Scorpius como cuando terminó con Lysander y era algo ridículo si lo veía desde cierta perspectiva; había muchísimas más cosas que temer. La reacción de su familia, de la comunicad mágica, la enemistad de sus padres, lo que pasaría con Marius... y ella sólo le temía al fracaso de una relación que ni siquiera había empezado.
Merlín, ¿Por qué era tan idiota?
No tenía ni idea de cuando se había vuelto tan desinteresada de la opinión de los demás, pero lo único que quería en ese momento era ser feliz. Si Scorpius podía brindarle eso justo como Connie lo hacía con Albus y aunque fuera muy fugaz, valdría toda la pena del mundo.
–Albus... –susurró y él salió bruscamente de sus pensamientos–. Gracias.
Él le sonrió a pesar de no saber muy bien a cuenta de qué venía ese agradecimiento y Rose suspiró, frotándose la nuca y cerrando los ojos un momento. Estaba tan agotada...
–Rosie... –dijo Albus luego de una larga pausa y ella abrió los ojos perezosamente antes de mirarlo–. Hay... hay algo que no sabes.
–¿Qué? –preguntó somnolienta y Albus se agitó el cabello con nerviosismo antes de resoplar.
–Recuerdas... ¿Recuerdas aquel día en tu piso cuando me fui con Connie sin dar ninguna explicación? –alzó las cejas mientras su memoria le traía de regreso ese desconcertante momento. Lo miró con la cabeza ladeada en una muda pregunta y Albus tragó en seco.
–¿Cuando llegábamos de la Biblioteca de Hogwarts y te escapaste? Sí, claro que lo recuerdo. Después de ese día, no volviste a contactarme para visitar a la esfera.
–Es que... –suspiró una vez más y la miró con algo de vergüenza–. Ese día leí algo que resolvió todas las dudas que tenía acerca de la reliquia. Yo... yo busqué a la esfera para comprobar lo que sabía y ella me confirmó todo. Me dijo... –parecía que le costaba pronunciar las palabras, así que Rose esperó pacientemente a que se repusiera sin ocultar su curiosidad–. Me dijo que debía volver a contactarla el 30 de abril, que era de vital importancia que lo hiciera porque...
–Porque Scorpius regresó ese día –susurró abriendo los ojos tanto como pudo por la impresión–. Ella... ¿Ella sabía que Scorpius se iría?
–En ese momento no me lo dijo, pero asumí que de eso se trataba cuando me enteré que él se había marchado. ¿Sabes por qué se fue? Porque ese fue el día en que la esfera fue acusada de magia negra y recluida en una sala oculta.
–No –mintió ausente mientras las piezas del rompecabezas encajaban con ridícula facilidad en su cabeza. ¿Cómo no lo había notado antes? –. Albus, ¿tienes un registro de los días en los que la esfera brillaba con inusual intensidad?
–De hecho, sí... pero no aquí –dijo y Rose desvió la mirada. Tenía que ser una locura lo que estaba imaginando–. ¿En qué piensas?
–En que la primera vez que nos informaste sobre el brillo, fue un día después de que Scorpius y yo... –negó con la cabeza por la incredulidad; le costaba mucho creer en lo que estaba a punto de decir–. De que él y yo nos tocáramos, ya sabes... sin las mangas de las túnicas de por medio. Nos rozamos y luego... esa noche tuve un sueño de lo más extraño que... joder, Albus. Necesito salir de aquí.
Oh, tenía un mal presentimiento. Un horrible, catastrófico, bastante probable e ilustrativo presentimiento.
–¿Qué? ¡¿Qué?! No entiendo nada –farfulló Albus confundido y Rose sacudió la cabeza para aclarar sus ideas.
–Albus, tú ya sabías que el objetivo de la esfera era que nos enamoráramos, ¿cierto? Ya sabías toda la historia que acabo de contarte –Albus enrojeció levemente y Rose se sintió repentinamente enojada–. ¡¿Y por qué mierda no me dijiste nada?! ¿Tienes una maldita idea de cuántas cosas nos hubieras evitado?
Como su próximo matrimonio con Marius, por ejemplo.
–¡Es que sabía que te volverías completamente loca si lo sabías! –exclamó a la defensiva y Rose bufó con fuerza–. En aquel libro había unas páginas que mencionaban a la esfera y decían con qué objetivo había sido creada... si te hubieses enterado antes de tiempo, habrías salido huyendo. ¡Y te informo que la esfera estaba de acuerdo conmigo!
–¡Argh! Estás loco. La esfera está loca –gruñó con un renovado dolor de cabeza punzándole las sienes–. Hubiera sido mucho más sencillo si tú...
–No lo hubiera sido y lo sabes –dijo Albus con gravedad y Rose resopló. Claro que sabía que tenía razón, pero no por eso le frustraba menos–. A ti te habría dado un infarto y Scorpius hubiera colapsado justo después de ti.
–Idiota –gruño frotándose el rostro con rudeza y gimiendo cuando la herida en al mejilla le punzó dolorosamente–. Eres un completo idiota. Ojalá que el castigo por dañar la propiedad del colegio...
–¿Sabías que me aparecería esa horrible inscripción en la frente y que aparecerían pústulas en mis manos? ¡Eres diabólica!
–Oh, bueno, disculpa... ¿Sabías que Scorpius era mi maldita alma gemela? ¡Eres un imbécil!
–¡Pasé dos semanas excusado del trabajo porque no podía quitarme la frase "destructor" de la cara! ¡Y cuando volví, debí usar guantes hasta que las marcas de las pústulas desaparecieron!–Rose rió malignamente y Albus gruñó–. No te burles, fue horrible.
–Pues bien merecido que lo... –se interrumpió a sí misma cuando la puerta volvió a abrirse y James empujó a un hombre con brusquedad dentro de la habitación antes de entrar tras él–. ¿Quién es él? –el misterioso acompañante le sonrió ladinamente y por alguna razón, ese gesto se le hizo increíblemente familiar.
–Rose, es hora de irnos –dijo James y arrojó sobre la mesa un par de túnicas unas 10 tallas más grandes que ella–. Ponte eso. Albus...
–Sí, sí –Albus sacó otro frasquito de su túnica y se lo extendió. La poción de aspecto lodoso era inconfundible.
–Multijugos –dijo Rose gratamente sorprendida por el ingenio de su infantil primo. Pero si ella debía tomar la poción, eso significaba que aquel hombre corpulento y poco agraciado era...
Él arqueó una ceja del mal y sonrió con suficiencia. Era Scorpius.
James la distrajo de su análisis cuando le acercó un vello oscuro y grueso que ella tomó con la nariz arrugada antes de echarlo al frasco y esperar a que el líquido cambiara a un color rojo oscuro bastante poco apetitoso. Hizo el frasco a un lado y sólo una mirada bastó para que James conjurara una especie de velo para cubrirla mientras se cambiaba y cuando finalizó, bebió la poción de un trago y apretó los puños para no vomitar. Asco, asco, asco; jamás había probado a algún diablo, pero esa poción definitivamente debía parecérsele.
La incomoda sensación de tener la piel a punto de ebullición se disipó luego de un par de infernales segundos y lo siguiente que supo era que James le aventaba su varita, antes confiscada.
La tomó entre sus manos con alivio y observó a James expectante, a la espera de instrucciones.
–Ambos son Manfield y Mcdouglas. Acaban de terminar su turno y se retiran a sus hogares para descansar –comenzó a explicar mirándolos con seriedad–. Saqué la poción de un almacén donde guardan todo lo que se ha confiscado, así que es bastante añeja y calculo que tienen unos quince minutos de disfraz. Lo siguiente que harán será salir de aquí y dirigirse por la red Flu a mi casa; sobre la cómoda de la sala de estar está tu bolso, Rose. Allí encontrarás todo lo que necesitas –asintió rápidamente y su primo le dirigió una última mirada de advertencia antes de dirigirse al resto del grupo–. Tenemos dos minutos antes de que otro par de aurores lleguen a vigilar a los prisioneros y no tardarán mucho en darse cuenta de que no están, así que deben ser rápidos.
–¿Y tú, James? –preguntó Rose mordiéndose el labio inferior por la preocupación. Lamentaba haberlo involucrado en esto.
–Albus me hechizará y se escabullirá con ustedes bajo la capa invisible de papá, que ya me dijo que la tenía –lo fulminó con la mirada y Albus encogió la cabeza entre los hombros. Olvidaba que él la había "tomado prestada" del hogar de James hacía varios meses atrás– Yo fingiré que se las arreglaron para neutralizarme y deben llevarse mi varita para que parezca que han huido con ella.
–¿Y la esfera, James? ¿Dónde está? –James suspiró y se limpió el sudor que le daba a su frente un tenue brillo bajo la luz blanquecina de la habitación.
–Antes de recoger a Albus, tardé como veinte minutos tratando de ingeniármelas para deshacerme de los veinte aurores que rodean la sala en donde está recluida. Al final desistí y...
–Y fue a buscarme para cumplir al menos uno de tus dos deseos –Albus se quitó la capa de viaje que aun cargaba y sonrió con socarronería mientras removía el bolsillo interior de su túnica para buscar algo–. Me explicó todo lo que había pasado y yo...
–El maldito me dijo que quien tenía la verdadera esfera era él –James bufó sonando indignado a la par que los ojos de Rose y Scorpius se desorbitaban.
–¿Cómo es que la tienes tú? –preguntó Scorpius con el entrecejo fruncido.
–Pues Rose no es la única inteligente y tú no eres el único astuto –finalmente, logró extraer un maletín negro y pequeño de su bolsillo y lo colocó sobre la mesa–. Cuando James reconoció a Rose, supe que terminarían por atraparlos, así que aproveché que aún tenía la reliquia conmigo bajo la capa invisible y le supliqué que se dejara hacer un hechizo para replicarla.
–Y te llevaste el paquete con la esfera real y nos dejaste la falsa –Scorpius sonaba tan atónito como la propia Rose, que estaba boquiabierta.
–Sí, qué sorpresa –Albus bufó por su indignante asombro. Él era Inefable por una razón que nada tenía que ver con su padre; detestaba haber sido tan subestimado–. Me aparecí directamente en el Bosque de Dean y esperé unos veinte minutos por ustedes antes de aceptar que los habían capturado y allí fue cuando corrí a casa de Connie. Sabía que Rose encontraría la manera de contactarme, así que lo único que hice fue esperar.
–¡Oh, Albus! –Rose rodeó la mesa y lo abrazó con fuerza–. Eres un genio, Al. Te amo –dijo mientras le besaba la mejilla y Albus se apartó con evidente incomodidad.
–Rose, aún eres un hombre que pesa unos cuatrocientos kilos y tiene como cincuenta años de edad –Rose se sonrojó y se alejó rápidamente. Quienes la observaban, encontraron su vergüenza algo perturbadora en lugar del habitual adorable–. Guardemos las ofensivas muestras de incredulidad y afecto cuando seas de nuevo mi Rosie.
–Tonto –dijo sonriendo quedamente, pero tenía que admitir que tenía razón. Su voz grave y masculina sonaba ridícula cuando intentaba ponerle algo de femineidad, resultando en un escalofriante chillido aterrador.
–La esfera está allí dentro –señaló el maletín y Rose lo tomó sonriente–. ¿Nos vamos?
–No, aún falta algo –intervino James y palpó los bolsillos de su pantalón antes de extraer un pergamino arrugado–. Esto no lo necesitas, pero me lo pediste y aquí está. Es el permiso para hacer el traslador. Tuve que confundir a bastantes personas del Departamento de Transportes Mágicos para obtenerlo y que conste que tuve que ir a sus casas para lograrlo, así que más les vale que no lo arruinen.
Esto último lo dijo mirando seriamente a Scorpius, que asintió impertérrito.
–Vale, vámonos ya –dijo Albus colocándose la capa con presteza–. Lo lamento, James... –su hermano, contemplando a Rose una última vez y evaluando qué tan valiosa sería la información que ella tenía para él, se encogió de hombros antes de recibir un maleficio muy leve, pero lo suficientemente contundente. Rose miró el cuerpo inerte de James unos momentos antes de fruncir los labios, coger la varita de su primo y abandonar la habitación tras Scorpius.
Esperaba que eso funcionara.
Finito.
Capítulo corto y poco interesante si se compara con sus predecesores, lo sé. Quizás podría incluso calificar como "capítulo de transición".
Pero no importa lo que digan porque sé que hay al menos una o dos cosas que las sorprendieron y eso me hace feliz :D Por otra parte, como pudieron notar, Rose tiene mucha gente que la quiere y que la ayudaría sin importar el qué. Tiene sus ventajas eso de poner a los demás por encima de ti porque a menos de que esas personas sean despreciables, no te negarían un favor.
Oh, James. Sé que lo odian y no entendí por qué hasta que alguien me dijo que era una animadversión que nació desde el prólogo xD ¡Pero no es tan malo cuando lo conoces! Tiene la cabeza inflada, pero no es malo (Sí, Clio odia que odien a sus personajes y quiere que todos sean buenos y tengan un lado sensible. Demándenme xD)
Ahora, comenzaré a denominar esto como la sección de las confesiones. Antes que nada, estas 2 pasadas semanas estuve bastante ocupada y cuando no, andaba sin ganas de hacer nada. Lo que ocurre es que mi hermana (Sí, de la que tanto hablo) estuvo de viaje y la extrañé horrores. Soy patética, lo sé xD
Y lo otro era que tal vez no pueda publicar la semana entrante. Antes de que me maten, paso a explicar: Creo que me voy a la playa desde el jueves xD Probablemente eso no mejora las cosas, pero prometo que si resulta que me voy el viernes (porque el día no es seguro), publicaré porque en realidad, me conviene publicar. Cuestión de tiempos que sólo yo entiendo xD
Sin más, me despido deseándoles lo mejor para la semana.
Muchos besos, Clio :)
